Entre lluvia y sombreros tropecé con cierta historia

Lo he comentado en otras ocasiones, pero lo vuelvo a proclamar de nuevo: el yaoi me aburre. Not my cup of tea. Pero eso no es óbice para que curiosee y busque relatos que puedan atraerme. De hecho, he leído obras que me han entusiasmado y he descubierto que es un género donde se está arriesgando muchísimo, acogiendo tebeos la mar de originales y con autoras que se han convertido en imprescindibles para mí, como Asumiko Nakamura o Est Em. Se podría decir que se encuentra en unos momentos de creatividad muy interesantes, y evolucionando rápido; cosa que no sucede en otras demografías y estilos, algo más estancadillos. Esto no significa que no haya becerradas mojabragas y fanservice a dolor en el Boys’ Love. Porque haberlos, haylos. Sin embargo, los productos que destacan lo hacen de verdad, muy por encima de la media general. Aunque claro, como existe cierto prejuicio hacia el género (posiblemente yo también lo tenga) y su fandom es algo “nervioso”, comics estupendos pasan desapercibidos para una gran mayoría. Hay que ponerle remedio.

Como os decía, no soy fujoshi ni tampoco lectora habitual de BL; así que el tebeo de hoy, Canis Stories de Zakk (pseudónimo de Ishie Hachi), seguro que es un viejo amigo para los connoisseurs. Mis queridos malolientes otacos, pido disculpas por haberme caído de un guindo. Aun así la entrada de hoy estará dedicada al manga en cuestión. Porque me está pareciendo fetén, oigan.

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Canis, canis. Sustantivo de género común perteneciente a la tercera declinación, tema en -i. Traducción al castellano: perro, sabueso, subordinado. Estas “historias de perro” poseen, como sugiere el título, algo de canino. A veces tierno, otras salvaje… pero siempre leal. Las facetas más conocidas de nuestros amigos ladradores aparecen en este manga representadas de forma bastante original, demostrando que peludetes y humanos tenemos bastante en común. Este es el sustrato sobre el que la autora desarrolla sus relatos. Y digo relatos porque, aunque Zakk comienza y parece que finiquita cierta historia, el perro continúa su vagabundeo por otra bien distinta. Canis Stories sigue en publicación, además. Desde 2012 que empezó a serializarse en Opera,  ha alcanzado los 4 tankôbon. Y deseo que le sigan más, uno por lo menos porque no nos pueden dejar así, coñe.

Los tres primeros, Canis: Dear Mr. Rain y Canis: The Hatter (2 y 3), están dedicados a Satoru Kutsuna, de oficio sombrerero, y a su extraña relación con el enigmático Ryô Kashiba. El cuarto volumen, Canis: The Speaker, se enfoca en unos personajes del antiguo entorno de Ryô Kashiba. Hombres con vida muy espinosa desde la niñez, siendo su infancia precisamente el punto de partida. Mientras el trío inicial resulta la acostumbrada narración BL, con dos bishônen de protagonistas y el romance como médula argumental, el último es… otra cosa. Horrible, sórdida y dura como un diamante. De un cuento tierno e inofensivo, pasamos a una novela negra. Me ha sorprendido bastante ese cambio tan radical de tono, aunque posee su lógica interna. Y me ha gustado mucho también. Sin embargo, admito que el giro no será de agrado general, pues el público del yaoi más rosado no suele sentirse atraído por cuentos de yakuza y violencia sexual. Pero vayamos con un poco de orden (solo una pizca, no os malacostumbréis), comencemos por el principio.

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Satoru Kutsuna es un artesano, un diseñador de sombreros que mediante su talento está consiguiendo abrirse camino en el mundo de la moda y los complementos. Dirige su propia tienda junto a dos colaboradores, que sufren estoicamente su alarmante perfeccionismo. Kutsuna es un hombre con el que resulta arduo trabajar por su irritante minuciosidad y falta de tacto, lo que está haciendo muy difícil conseguir que se mantenga en su empleo el imprescindible cuarto miembro del equipo. Todos acaban despidiéndose, por lo que el negocio no termina de despegar tampoco. Un día se tropieza con un joven que se encuentra tirado en la calle y, llevado por la compasión, en un impulso se lo lleva a casa. Como si fuera un perrillo desamparado. No puede evitar recordar la llegada a su vida del que fue su mejor amigo durante la infancia, un Shiba Inu abandonado en una caja: Kotarô. Kutsuna siente debilidad por las cosas rotas y desvalidas, no las puede dejar pasar. La cuestión es que este nuevo cachorro le agujereará el corazón sin darse cuenta.

Ryô Kashiba, que así se llama el chico, es de Nueva York, aunque su familia sí proviene de Japón. Dice que ha ido hasta allí para morir. Nada más, es todo un misterio. Kutsuna lo contrata para que haga tareas de maniquí en su tienda, y descubre que todos, todos, TODOS, los sombreros que ha hecho y que piensa realizar, le sientan maravillosamente. La presencia de Ryô lo inspira, y a los clientes también. Y a partir de estas premisas, Zakk nos zambulle en el día a día de un profesional de la moda, su pasado, su presente y su futuro, presentándonos a su querida abuela, a su sempiterno rival Gotô (que es su acicate para progresar y le ayuda más de lo que le gustaría reconocer), a su ayudantes A-ko y B-O o a su amigo peludo Kotarô. Cierto que son más bien figurantes con las pinceladas justas para hacer congruente la historia, pero son importantes en la vida de Kutsuna.

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Ryô es el enigma que se va desentrañando. Poco a poco, lentamente. Su pasado en Estados Unidos está relacionado con el crimen organizado, aunque él se encuentre en el escalafón más bajo de la jerarquía. Es el chucho, el chico de los recados que todos usan y al que no prestan atención a pesar de su conmovedora fidelidad. Y hasta ahí puedo contar, sin embargo aclaro que Ryô Kashiba es transparente como un vaso de agua. Un alma pura.

Me llamó inmediatamente la atención lo bien que plasmó la autora, al inicio del manga, ese prejuicio que tienen los japoneses hacia los extranjeros, la inmediata desconfianza que provocan; así como el estereotipo del hâfu o medio japonés, que se les encasqueta el papel de modelos o actores por su, ejem, exótica belleza. Y como modelo lo contrata Kutsuna, por cierto. También muestra esa ineptitud hacia los idiomas extranjeros del que hacen gala en las islas, sobre todo hacia el inglés, y otras pequeñas pero muy curiosas críticas sociales de baja intensidad que sirven para enmarcar el argumento. Zakk se sirve también del humor para suavizar algunas aristas que podrían hacer del tebeo una historia algo más cruda, pero también más vulgar. Los recursos cómicos son modestos pero muy naturales, lo que otorga una espontaneidad candorosa.

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En Dear Mr. Rain y The Hatter hallamos la habitual idealización de las relaciones homosexuales del Boys’ Love, así como el acostumbrado peaje de fanservice. Nada del otro jueves, sin embargo a su favor debo señalar que Zakk lleva los tópicos del género con sencillez y sutileza. Plantea la historia como un slice of life, sin complicaciones. El romance se va introduciendo de manera paulatina e inclinándose por la vertiente ingenua y limpia. Más que un yaoi, parece un shônen-ai. Es el reencuentro de Kutsuna consigo mismo para lograr un autoconocimiento más profundo, y superar la pérdida del amor verdadero. Ese sería el resumen en bruto. Kashiba no deja de ser un instrumento al principio, un mero sustituto que cubre temporalmente el vacío, para luego convertirse en un descubrimiento vital. De inumimi psicológico pasa a ser humano. Son muy interesantes los paralelismos que la mangaka realiza en sus viñetas, mostrando el fuerte contraste entre la vida de uno y otro. Cómo han llegado hasta donde están, su proceso de evolución personal y, a pesar de las tremendas diferencias, cómo su colisión logra que se complementen de manera natural. Y según funcionan las relaciones humanas, la suya también padece de altibajos, por supuesto. Pero Zakk soluciona todo con la suficiente dosis de terneza. Y candidez. Como en las buenas comedias románticas de antaño, sin empalagar. ¡Gracias! Lo del azúcar está siendo una plaga en casi todos los géneros, resulta complicado encontrar una obra que no esté sobreedulcorada. Y encima los paladares se van acostumbrando a ello, que es lo peor.

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The Speaker se podría considerar un spin-off o también una precuela, no obstante pienso que habrá que esperar a que la serie finalice, porque también puede ser que se trate de una historia más de las que Zakk tenga pensado engarzar. O no. El registro es muy diferente al de los tankôbon anteriores. Pero mucho, de hecho la transformación resulta brutal. La vida de algunos perros puede ser tremendamente cruel. Ya no se trata de un delicado shônen-ai, dudo incluso de que se pueda catalogar como yaoi. Es un tebeo feroz por el que desfilan violaciones, torturas y maltratos; prostitución infantil, trata de blancas y tráfico de drogas. Los bajos fondos en su más deleznable esplendor.

Si la historia del sombrerero tiene lugar principalmente en Japón, este último volumen nos traslada a Estados Unidos y unos cuantos años atrás en el tiempo. Se trata del relato de tres chavales en un orfanato católico, de cómo tratan de no ser separados y advierten que en su entorno hay algo que no es normal. Algunos niños son adoptados, otros enviados a instituciones educativas y otros… desaparecen. Harold, Samuel y Tadanobu son familia, son amantes, son indivisibles. Cada uno con una virtud que lo hace brillar sobre todos los demás y que les sirve de protección: la asertividad y valentía, la inteligencia y estrategia, la capacidad de observación y el espíritu de sacrificio. Pero todos sus esfuerzos son inútiles, al final el trío es disuelto y Zakk dirige nuestra mirada al perrezno más débil de la camada. La nueva vida de Tadanobu, que ha sido vendido a la yakuza y destinado a un prostíbulo en Tokio, no resulta precisamente la misma que la de sus amigos. Lo que experimenta allí es inenarrable y su única arma para sobrevivir (y lograr reunirse con ellos) son las palabras.

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Una de las cosas que más me han gustado de ambas narraciones es el arte de Zakk. Da la sensación de que tuviéramos frente a nuestros ojos un manga de los años 90, pero triturado en la batidora de Moebius o Battaglia. Muy, muy interesante. Y bonito. Es rudo cuando tiene que serlo, y como confitura de fresas en el momento adecuado; el estilo fluye y se adapta al tono requerido a la perfección. Posee un registro amplio y versátil, me ha sorprendido para bien. Simple, contundente y muy expresivo. La composición general de las viñetas también refuerza esa noción de mutabilidad del dibujo, conservadora en sus formas pero que, en ocasiones, rompe la corriente con ángulos o planos imprevistos, dando gran importancia a ciertos detalles. A grandes rasgos, las formas de Zakk tienen todo lo bueno de la comercialidad moderna y las ventajas de añadir diminutas chispas vintage. Un win-win total.

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El arco del sombrerero es un cuento gentil sobre las facetas del amor y su floración; con brochazos bastante originales pero sujeto a ciertos convencionalismos del shônen-ai. Muy agradable y con ligera intriga. En conjunto tiene el potencial de gustar tanto a fujoshi como a profanos, y eso es todo un meritazo. Es indudable que va dirigido al público femenino japonés, no obstante la virilidad de los lectores masculinos heterosexuales no sufrirá ningún tipo de agravio por leerlo, de hecho es bastante entretenido. The Speaker es el reverso tenebroso, su argumento es más propio de un seinen de lo más inmundo, por lo que puede despistar a los que hayan quedado encantados con los 3 primeros tankôbon. Personalmente estoy disfrutando más la dimensión sombría de Zakk, porque además no se anda con remilgos ni melodramas. Es directa pero a la vez grácil, y su pluma secciona como un escalpelo. Veremos hacia dónde se dirige en los siguientes episodios, estoy impaciente por leer más. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Tránsito XI: 3 josei para leer bajo el edredón comiéndote las uñas

Ya hemos dejado atrás el 31 de octubre y 1 de noviembre, pero no podía prescindir de esta entrada. Además no iba a dejar reposar el texto hasta el 2017, ¡quién sabe lo que puede ocurrir en un año! Por lo que cerraremos con ella los Tránsitos del 2016.

El título que le he cascado es una exageración, pero sí os garantizo que son cómics perturbadores. Además de esta manera aprovecho para presentaros tres autoras actuales que están haciéndose un hueco en el panorama del manga por méritos propios. No sé si representan una nueva generación o un movimiento concreto en el tebeo independiente, pero comparten cualidades en común. Y se alejan bastante del producto estándar. A la vanguardia no hay que perderla de vista nunca, amiguitos.

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Una de las características más importantes de la ciencia-ficción, tal como indica su nombre, es poseer una base científica especulativa verosímil y prolija en sus detalles. U (2010-2012) de Machiko Kyôa pesar de estar embalada con los rudimentos del género, no cumple esa premisa. Al menos no al pie de la letra. Kyô-sensei prefiere tomar derroteros más truculentos, de índole casi fetichista, para ilustrarnos acerca de esta historia sobre clones humanos. Fue publicada en Manga Erotics F y consta de un único tankôbon de 11 capítulos.

Una vez que terminé de leerlo, no pude evitar pensar que Môto Hagio se sentiría muy orgullosa de este manga, pues tiene mucho de las ideas que introdujo en sus obras. Me recordó algo al one-shot Hanshin (1984) por cómo gestiona el resentimiento o las emociones más básicas; pero, evidentemente, Machiko Kyô dispuso de 11 hermosos capítulos para desarrollar un argumento bastante más turbio y retorcido.

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Yu y su hermana gemela Ai son muy distintas en realidad. Yu es tímida y apocada; Ai extrovertida e impetuosa. Yu trabaja en un laboratorio junto a su amor platónico el doctor Mizuno, célebre genetista dedicado a un proyecto secreto de clonación. Yu no está sola, a pesar de que su gemela se encuentre en Norteamérica con un nuevo novio. Yu tiene una copia de sí misma a su lado, un clon; y acostumbrada a vivir con una persona idéntica, no se siente incómoda. De hecho encuentra que es una ventaja, pues su doble no es tan insegura como ella y ha hecho avances importantes en su relación con el doctor Mizuno.

Pero los clones tienen fecha de caducidad: 12 horas. Después de su transcurso, quedan reducidos a una masa de gelatina informe de la cual solo es reconocible el soporte genético principal, la lengua. Sin embargo, la copia de Yu ha encontrado una forma de sortear ese inconveniente; y la pequeña doctora Nishimura, entrometida y malcriada, también se ha percatado de ello… tachán-tachán. Más o menos así Machiko Kyô nos plantea un manga con numerosos recovecos, intrigas y varios ases en la manga.

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U juega con el minimalismo y la ingenuidad de su estilo infantil para crear un fuerte contraste con el argumento. La acuarela suaviza la dureza y extravagancia que brotan con naturalidad por las viñetas, porque se trata de un manga muy serie B.  Aunque su envoltorio sea pulcro y simple. Por eso desconcierta en un principio, y fascina la antítesis que expone. Los que tengáis el corazón sensible no tenéis de qué preocuparos, porque todos los elementos bizarros, aunque rotundos, quedan mitigados por un arte candoroso.

Desde luego U es un tebeo fluido que se lee del tirón. Su argumento engancha a traición, complicando la trama conforme avanza y haciéndola terrible y divertida al mismo tiempo. Repito: muy serie B todo. La mangaka además solo explica lo más básico del contexto, obligando al lector a centrarse en las relaciones personales entre copias y originales, sus pensamientos y decisiones. ¿Puede un clon superar a su primario? Esa es la gran pregunta. Y toda la riada de sentimientos que genera en las copias, dudas existenciales también de muy difícil resolución. No se trata de un cómic especialmente filosófico, pero hace reflexionar y sabe mantener la expectación con sencillez. Encima tiene una serie de giros a la manera de Hitchcock bastante entrañables, por lo que aumenta todavía más su interés.

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La sexualidad humana es poliédrica de forma natural, y en este Memento Mori (2013) Fumiko Fumi no tiene ningún problema en mostrarnos esa complejidad mediante su protagonista, Meno. No se trata de un manga enfocado en el sexo, conste en acta, pero su función resulta una apuesta seria dentro del argumento. Sobre todo para entender su psicología. Pero comencemos por el principio: memento mori es una frase latina que podríamos traducir algo así como “recuerda que vas a morir”. Ha sido motivo de inspiración para numerosos artistas y escritores a lo largo de los siglos, y a Fumi-sensei le ha servido para crear un manga bastante inquietante. Consta de 7 capítulos que fueron publicados por Feel Young.

Memento mori es en esencia un slice of life. Punto. Solo que sus dos personajes principales, Meno y Kurokawa, no son adultos normales y desde un inicio establecen un vínculo emocional insólito. Además voluntariamente. Dadas sus personalidades, era inevitable que gravitaran uno en torno al otro hasta colisionar. Los secundarios, aunque no estén delineados con mucha precisión, son los que aportan esa sensación de realidad cotidiana al cómic, calmando un ambiente que sin ellos sería como poco violento.

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Meno es una mujer joven con un profundo vacío interior. Se siente culpable por la desaparición de su hermano en un bosque donde solían jugar juntos. Nunca se ha recuperado de ello. Pero una persona en el velatorio de su abuela le hizo volver a ser feliz por unos instantes: el empleado de la funeraria. Así que decide buscar trabajo en unas pompas fúnebres, como una forma rara de consuelo, topando fortuitamente con el caballero que le brindó alivio: Kurokawa. Pero este hombre, que en realidad dirige el negocio, tiene un carácter tan desagradable que no ha logrado retener un ayudante más de un mes a su lado. Hasta que Meno, a la que todo el mundo llama Meme por error, llega a la empresa, claro.

Nadie se explica cómo Meno aguanta sus continuas humillaciones e incluso amenazas de muerte, pero ahí sigue ella. “¿Eres masoquista?”, le preguntan. Meme no responde, pero en realidad sí lo es, y se ha enamorado de Kurokawa de manera genuina. Él tampoco es así de hiriente por casualidad, todo forma parte de una máscara para ahuyentar a la gente. Como imaginaréis, es un hombre con pasado.

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¿Es Memento mori un josei romántico? Pues algo de romance tiene, qué duda cabe, pero Fumiko Fumi no vaga por las sendas habituales. Cierto que es el manga más corriente de los tres; corriente en el aspecto de que utiliza elementos reconocibles y habituales en las obras comerciales, incluso el arte es candoroso y de líneas simples. Pero que eso no os lleve a engaño. Memento mori es tortuoso, a ratos incómodo, y no tiene piedad. La corrección política brilla por su ausencia, ante todo por cómo trabaja el humor. Y plasma bien la mecánica de los negocios dedicados a la muerte, lo que puede turbar un poco. Aun así deja buen sabor de boca y es interesante recorrer los pasadizos afectivos de Meno y Kurokawa. Un tebeo interesante para leer en soledad.

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Y dejando atrás estilos más aniñados, cerramos el Tránsito de hoy con una mangaka de arte muy clásico y enérgico. Aun así, posee un aire contemporáneo indudable, con una elección de los planos original y delicada, muy cinematográfica. Es mi autora favorita de las tres, y ya hablé un poquito sobre ella en la entrada dedicada al dôjinshi Alenzyas (2015).

Equus (2011) de Est Em no es un manga dedicado al terror, pero cuando me topé con él por primera vez reconozco que me dejó bastante con el culo torcido. Es extraño: centauros, hombres y sexo. ¿Lo podríamos considerar un yaoi con un toque de zoofilia? ¿Es material comestible para las insaciables fujoshi? Grandes misterios del universo, soy incapaz de responder a esas preguntas. Lo que sí puedo deciros es que Equus es un tebeo estupendo, y que lo recomiendo a todo el mundo, le guste el BL o no. Est Em publicó otro manga de temática similar, Hatarake, Kentauros! (2011), que no he tenido todavía la oportunidad de catar; pero si solo resulta la mitad de bueno que este Equus, merecerá la pena hincarle el colmillo. Tarde o temprano lo devoraré.

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Equus es un conjunto de 6 relatos cortos distribuidos en 8 capítulos. Todos son de espíritu diferente, pero poseen una cosa en común: los centauros. Centauros como criaturas casi inmortales, que ven pasar la existencia de los humanos como un borrón; pero de profundos sentimientos y habilidades sobrenaturales. Las historias llevan por título el pelaje del centauro protagonista: grullo, alazán, blanco y negro, leopardo, tordo y bayo plateado. Y algunas tienen escenas de sexo bastante explícitas… interespecie. Pero Est Em lo sabe llevar magníficamente, no hay lugar para el morbo gratuito. Resulta todo muy natural. En algunos cuentos el sexo tiene especial protagonismo, en otros es inexistente. Pero ninguno se libra de una potente carga emocional. Tienen cierto regusto melancólico muy hermoso y triste a la vez, pero sin excesos sentimentales. Creo que es esa languidez tierna la que me ha conquistado de este Equus, y lo ha colocado en mi top actual de BL.

Es curiosa la parquedad de un par de estas historias, esbozadas de forma impresionista con un par de pinceladas aquí y allá, sin embargo de una eficacia a la hora de transmitir flipante. Soy fan del “menos es más de Mies, y en Equus encontramos ese planteamiento totalmente sublimado. Utilizar los recursos básicos con sabiduría, como la luz, planos cortos o detalles fuera de campo, puede impactar muchísimo más que una explosión barroca. En eso Est Em resulta una auténtica maestra.

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Los cuentos que más me han entusiasmado han sido los dos últimos: Tordo y Bayo plateado. Son mis preferencias personales, no estoy diciendo que sean los mejores (hay que saber distinguir entre una cosa y otra); y, por supuesto, los cuatro restantes me han gustado mucho también.

Tordo nos retrotrae a un momento impreciso del Periodo Sengoku (1467-1603) a través de la memoria de un centauro, que ha servido fielmente a un clan de samuráis durante siglos. A nivel visual es deslumbrante, pues podemos admirar al sagitario en plenitud, aunque con galas japonesas: el yabusame. Se trata de una historia tradicional sobre el honor y la lealtad; de cómo el tiempo y las generaciones se suceden, pero la fidelidad del centauro Harukoma se mantiene inamovible. Muy emotiva. Bayo plateado es bien distinta. Se desarrolla en tres capítulos con un acento BDSM evidente. Es el relato sobre un centauro sin nombre sometido y maltratado durante años por una familia que lo considera un mero objeto sin voz ni alma. Pero cuando el heredero y nuevo amo le ofrece la oportunidad de escapar, la desdeña. Decide continuar viviendo humillado, a la espera de que su señor se acerque a él. Un cuento sobre el dolor y el amor perdido, cruel pero precioso.

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Y hasta aquí llegaron los Tránsitos de este 2016. Al año que viene no sé si esta bitácora seguirá funcionando, porque aunque mi intención sí sea mantenerla, cada vez dispongo de menos tiempo. Voy a procurar buscarle un espacio al menos una vez a la semana… y finiquitar las entradas que tengo a medias supongo que también ayudará a sustentar cierta constancia. O eso espero. Nos leemos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Peticiones estivales: Copernicus’ breath

¡Continuamos con vuestras sugerencias veraniegas! Jane, que junto a Umibe dirige el excelentísimo blog El Destino de la Flor de Cerezo, me propuso dedicar una entrada a alguna obra de la mangaka Asumiko Nakamura. No es la primera vez que hablo de ella por estos lares (ni será la última), los lectores habituales ya sabéis que me considero fan absoluta de esta mujer, por lo que la petición de Jane fue muy bienvenida.

¿Cuál escogí? Pues me incliné por la primera serie que publicó completa: Copernicus no Kokyû o Copernicus’ breath. Consta de 13 capítulos distribuidos en dos tankôbon y salió a la luz entre 2002 y 2003 en Manga Erotica F. Este magazine de carácter bimensual ha alojado entre sus páginas a gente como Inio Asano, Natsume Ono, Shintarô Kago o Takako Shimura. Os podéis imaginar que sus contenidos no son para adolescentes, sino que van dirigidos a un público maduro y algo curtido. No está dedicado exclusivamente al erotismo como podría hacer pensar su nombre, pero el sexo tiene una presencia importante… al igual que otras temáticas menos comerciales. Tiene también especial cuidado con el arte y sus autores, lo que hace de Manga Erotica F una publicación a la que siempre vigilar. Y Copernicus’ breath se encuentra encajado a la perfección en su línea editorial.

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No sé muy bien cómo afrontar esta reseña, porque se trata de una manga bastante crudo y explícito en numerosos aspectos. Aquellos que conozcan a la autora por Utsubora o Dôkyûsei, que son las obras publicadas en español, pueden encontrarse con una tremenda sorpresa. Su registro es bastante diferente, no en vano es una mangaka versátil dentro de ese estilo tan característico suyo. No tiene la ternura o ingenuidad del BL púber de Dôkyûsei ni por asomo; es más próximo a Utsubora, pero mil veces más salvaje. Y si digo salvaje, es que es brutal: incesto, pedofilia, coprofilia, sadomasoquismo y otras parafilias emergen en sus trazos. Y no solo eso, la historia que cuenta es retorcida y feroz. Así que los niños a la cama, Copernicus’ breath es para mayores. Y ni siquiera sé si este manga es para todos los mayores, so handle with care.

Nakamura cuenta que se inspiró a la hora de crear este cómic viendo al Circo de Bombay, en un viaje al sur de la India. El mundo del circo indio tiene una reputación terrible, con actividades que van desde el secuestro y compraventa de niños, explotación laboral, maltrato, lenocinio, etc. La autora no pudo dejar de observar esta sordidez, aunque no presenció ningún delito, y decidió crear un manga dedicado al circo y la prostitución. Para ello también consideró idóneo enclavar temporalmente su historia en los años 70, una década en la que el mundo del circo en general estaba sufriendo una profunda reforma. El concepto de Circo que se constituyó en el s. XVIII y tuvo el apoyo de la burguesía a lo largo de los siglos XIX y XX, ya no tenía lugar en una sociedad capitalista que satisfacía su ansia por el espectáculo y lo asombroso en otros ámbitos. El Nouveu Cirque estaba naciendo, fue un momento de renovarse o morir; y esta crisis, como resultan ser todas, no fue fácil para ese mundillo.

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Nido de Pájaro es un payaso que trabaja en el decadente Cirque du Soir, dirigido por el déspota Auguste Kirillov. Este es un hombre de edad madura que no tiene ningún escrúpulo en disponer de sus artistas como si fueran meros trozos de carne. Nido de Pájaro, que es un adolescente, es utilizado como desahogo sexual de Kirillov, y obligado a realizar las tareas más humillantes del circo. Ser payaso es pertenecer al escalafón más bajo de este microcosmos, y casi todos lo tratan con desprecio, incluida la estrella del lugar, Mina la trapecista. Esta es especialmente cruel con él, aunque ella a pesar de su posición dentro del circo, no puede evitar, ni muchísimo menos, ser ofrecida por Kirillov a clientes de exigencias brutales.

Nido de Pájaro esconde un pasado trágico, que se irá desvelando poco a poco, y en torno al cual orbitarán como si fuera el sol, todos los acontecimientos que sucederán a lo largo de su vida. Le acompaña un espectro llamado Michel, que reclama su atención sobre todo aquello que no desea afrontar. Nido de Pájaro es un chico muy atormentado y presa de una anhedonia autodestructiva, que le hace ser completamente insensible a los sentimientos de los demás, y actuar en ocasiones de forma tan cafre como el resto. Es su coraza, es su máscara que, con el paso del tiempo, se irá resquebrajando.

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Un día acude al circo un diplomático japonés, Makoto Oonagi, y decide comprar a Nido de Pájaro para hacerlo su amante. Oonagi es un pedófilo, pero esta vez ha seleccionado a un chico más crecidito. Lo lleva a su casa, donde residen su esposa y cuñado, más o menos de su misma edad. La relación con ella, que es consciente por entero de las desviaciones de su marido, no es nada fácil. Es una mujer fuertemente traumatizada y con una obsesión enfermiza hacia su hermano. Este, de nombre Michel (como el fantasma), es el único humano de la casa que podríamos considerar medio normal, aunque no tardará en salpicarse de inmundicia. De hecho, casi puedo aseverar que no hay personaje en Copernicus’ breath que no acabe revolcándose en una pocilga. Todos terminan de una forma u otra afectados seriamente por la malicia y el egoísmo. Nakamura no es compasiva, pero conoce bastante bien los mecanismos humanos mentales, recreándolos en todo su abyecto esplendor.

I fly. In accordance with Copernicus’ breath, through Copernicus’ starlit sky. Eventually, I’ll break off from the swing and become a constellation. I’ll become Copernicus’ constellation.

El argumento podríamos dividirlo en tres partes distintas: vida en el circo, residencia con Makoto Oonagi e independencia. En cada una de ellas la autora presenta un planeta distinto, con sus propios personajes y dinámicas; muy bien perfilados y que conforman un tapiz bastante intrincado. Sin embargo, el sempiterno fantasma de Michel, símbolo de su culpabilidad, es una constante que lo acompañará sin darle tregua alguna, desquiciándolo lentamente. Un pequeño epílogo al final solventará algunas dudas respecto a personajes secundarios, pero el final no deja de ser abierto. ¿Es eso malo? Yo creo que no. Después de tremendas montañas rusas y vaivenes a lo largo y ancho del manga, es un regreso a lo ordinario que resulta hasta esencial para una conclusión coherente.

El desarrollo de la historia, y cómo va dosificando la información para mantener el suspense, es brillante. Los juegos de espejos, la mezcla de realidad y delirio, así como el misterio que envuelve el pasado de Nido de Pájaro y otros personajes, saben mantener el interés. Otro tema es la densidad del argumento y cómo los más minúsculos detalles hacen precisa una lectura atenta y reposada. No es conveniente leerlo rápido aunque el dinamismo del arte invite a ello. La estructura básica de Copernicus’ breath son, precisamente, los giros copernicanos que Nakamura utiliza para hacer avanzar su historia. No son simples vueltas de tuerca, las perspectivas globales cambian, y encima en momentos de gran trascendencia. Pero quizá sea la enorme cantidad de sentimientos exacerbados, la acumulación anómala de desgracias o que el tratamiento de algunos secundarios es más desflecado, que a ratos me encontraba algo aturdida y con la sensación de no creerme la historia. Pero solo en momentos concretos, nada serio.

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Por supuesto, Nakamura no dudó ni un instante en invocar la obra clásica circense por antonomasia del manga: Shôjo Tsubaki (1984) de Suehiro Maruo. El nivel de perversión es similar, y la autora usa algunos recursos de Maruo que resultan hermosos guiños para aquellos que admiramos su obra. Pero Copernicus’ breath no es ero-guro, su horror (que lo hay y mucho) es más bien de tipo psicológico. Y golpea duro. La influencia de Maruo, sin embargo, no es estilística, pues la mangaka posee una personalidad muy marcada bastante alejada de la de él. En Copernicus’ breath tenemos una Nakamura segura en su forma, pero a la que le falta todavía un poquito de refinamiento en algunas viñetas. Está algo sin pulir y, aunque el dibujo es fluido y elegante, hace algunas concesiones a cierto histrionismo que más adelante desaparecerá. Esa frialdad distante tan atractiva, minimalista a ratos, está muy presente sin embargo. En general es un arte delicado y preciosista, sin ninguna duda bellísimo, y que bebe de las fuentes del art nouveau y la psicodelia. Tampoco es muy complicado distinguir rastros de Peter Chung o Egon Schiele en su manierismo, que es uno de sus sellos como dibujante. Pero atención, esa deformación lánguida y acuosa también ha echado atrás a muchos lectores. Es lo que tiene alejarse tanto de lo convencional.

Como último detalle, y no menos importante, señalar el estupendo trabajo que realiza con las viñetas, donde la mayoría de las veces desaparecen, intercalando planos y rompiendo límites de manera audaz. Sirve a los propósitos de amplificar unas emociones ya de por sí desmesuradas: la locura, el odio, la lujuria, el esplín. Se observan también muchas ideas, en fase embrionaria en Copernicus’ breath, que terminarán de germinar en mangas posteriores con muy buenos resultados.

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En general Copernicus’ breath es una obra soberbia, no perfecta, pero impresionante. Nakamura es muy cuidadosa, y ha sabido hacer evolucionar a sus personajes física y psíquicamente con acierto. No es desde luego un manga para todo el mundo, esta autora es muy amiga de tocar asuntos espinosos, incluso tabú, sin miramientos. Pero también posee una pulcritud que atempera el primer impacto. No es una historia dulce sobre la amistad o un amor naciente, habla de las miserias humanas, la oscuridad del alma y la complejidad del dolor, que tiene también su belleza. A pesar de sus sutilezas, no es para lectores aprensivos, requiere temple. Es excesiva e intensa. Aunque… bueno, tampoco tanto. O a lo mejor es que tengo la sensibilidad de una alcantarilla, que también puede ser. ¿Lo recomiendo? Pues miren, hagan lo que les dé la gana, señores. Mis gustos siempre han sido muy particulares y con pocas personas suelo coincidir en criterio. Así que ustedes mismos verán.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Dôkyûsei

Pues sí, una nueva edición de esta sección que tuve abandonada vilmente casi un año… y ahora en cuestión de menos de un mes, dos entradas. ¿No querían caldo? Pues hale, se atraganten ustedes. Sin embargo, tranquilos, el post va a ser cortito.

Llevaba tiempo esperando, desde que estrenaron su adaptación animada, a que un alma caritativa subiera Dôkyûsei con los subtítulos pertinentes. Dudo muchísimo que llegue a estrenarse en España (pero quién sabe); y mucho menos que se publique en BluRay, aunque en Estados Unidos sí que saldrá a la venta en septiembre al módico precio de 75 pavosMuy bien todo, ¿no? Servidora no es millonaria, pero desde siempre ha hecho sus pequeños gastos en libros, cómics, música, cine, etc. Lo que el bolsillo me ha permitido. La segunda mano también la frecuento bastante, pero 75 dólares por una película se sale por completo de mi presupuesto. Soy pobre, por lo que me seguiré conformando, de mil amores además, con los mangas que Tomodomo tuvo a bien editar bajo el nombre de En la misma clase.

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Isis, la Guardiana del Manga

No soy especialmente fan del yaoi, la verdad. El BL me ha dado siempre un poco igual, pero me sucede lo mismo con cualquier tipo de obra que tenga como tema principal el romance. Me cansan los tópicos que se repiten una y otra vez y suelo coger mucha manía siempre a un miembro de la pareja. El que sea. Con Dôkyûsei no me ocurrió. La primera sorprendida fui yo misma. ¿Por qué?

Pues porque Dôkyûsei tiene clichés a cascoporro, los clichés típicos encima del romance. Cuenta una historia rematadamente sencilla: chicos de temperamentos complementarios se conocen y, sin darse apenas cuenta, se enamoran. Como escribí por aquí hace ya un tiempo, un back to basics inteligente y bien conducido. Que no será el colmo de la originalidad, pero tampoco hace falta crear algo demasiado alambicado para narrar un excelente relato. Nakamura, con los ingredientes más simples, ha conseguido engendrar un cuento con eficacia y ternura sobre el manido paso de la adolescencia a la madurez, la sexualidad y el amor. Y eso es un mérito. También es un meritazo el haber trabajado el tema del rechazo social con honestidad y, a la vez, perspicacia. Porque no nos engañemos, la homosexualidad todavía genera gran cantidad de prejuicios. Eso siendo amable. Nakamura no se limita a contentar a la audiencia femenina ávida de idilios entre bishies de esqueleto lánguido. Uno de los defectos que le encuentro al yaoi, precisamente, es esa forma que tiene de desentenderse del contexto. Me refiero en general, porque existen tebeos y tebeos; pero la idealización absoluta, en ocasiones deformación, que se hace del amor es muy llamativa. También sucede en el mundo del shôjo o el josei, btw.

Pero estoy divagando. Lo que realmente quería declarar es que la autora no ha olvidado ese contexto. Y aunque no tiene por qué ser obligatorio el soplo reivindicativo, es de agradecer que Nakamura haya escrito Dôkyûsei con los pies algo en la tierra. Ojalá no fueran necesarias estas mini-labores pedagógicas, pero el mundo está como está.

Doukyuusei

Dôkyûsei tiene el argumento más viejo del mundo, pero también el que más gusta a la gente: el del primer amor. Hikaru Kusakabe y Rihito Sajô son dos mozalbetes que van a un instituto masculino. Nunca se han hablado, nunca se han fijado el uno en el otro, hasta que un día Kusakabe, que toca la guitarra en una banda, se percata de que Sajô finge cantar en la clase de música. Sajô, estudiante aplicado y de naturaleza reservada, no canta. Y eso despierta la curiosidad de Kusakabe. Así que, dejándose llevar por su impulsividad, le ofrece ayuda para poder llegar al día de la actuación del coro con la canción sabida. Pero lo que ninguno de los dos sabe es que, lentamente durante el tiempo que han ido ensayando solos, ha surgido algo más entre ellos.

Sajô es consciente de su orientación sexual y de los problemas que puede acarrearle. Ha aprendido a aislarse, ser discreto y abstraerse en sus estudios, donde destaca con brillantez. Pero sus compañeros ya saben que es uno de esos. Kusakabe nunca se planteó que pudieran gustarle los chicos y, a pesar de que le sorprende haberse enamorado de Sajô, lo acepta con naturalidad. Es directo, extrovertido y muy efusivo, pero honrado con sus sentimientos. Sajô piensa que es una etapa para Kusakabe, opinión que ve reforzada por el parecer del profesor Hara, un hombre de carácter atrabiliario que ofrece a ambos la perspectiva de su experiencia como gay en una sociedad que no lo acepta. Pero respecto a Kusakabe, tanto Hara como Sajô están equivocados. No es una fase. Además Kusakabe se ha dado cuenta de que Hara anda medio enamoriscado de Sajô; y eso espolea sus celos, haciendo que la relación avance y prospere.

De eso va esta obra, de las subidas y bajadas, de los malentendidos y alegrías de una relación amorosa entre adolescentes. Y también de la zozobra que se siente ante la inseguridad de un futuro juntos, con la universidad y una trayectoria profesional por delante. ¿Hasta dónde van a ser capaces de llegar? ¿Sacrificarían su relación por mantener esa falsa armonía de las aparienciasSotsugyôsei  y O.Bresponden un poco a esas preguntas, pero de ellos no voy a escribir. Tampoco de Sora to Hara, aunque os los recomiendo. Este último lo va a publicar en breves Tomodomo. Y no, no me pagan comisión ni nada parecido.

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Asumiko Nakamura ha estructurado el manga de manera muy clara y precisa, acorde a la simplicidad general que planea por todas sus páginas. El humor que ocasionalmente brota, es bastante ingenuo y contribuye a aligerar lo que podría haber sido un tebeo bastante más melancólico. Pero de esta forma, con un par de toques de humor, Dôkyûsei se muestra chispeante. No obstante, su arte es lo más peculiar. Nakamura es una de mis mangakas favoritas de este momento, pues se aleja de los aburriiiiiiidos diseños clásicos. Su estilo es vítreo, ondulante; y estira sus líneas hasta un horizonte de perspectivas grequianas. Es muy probable que ese manierismo tan suyo le resulte chocante a algunos lectores, pero merece la pena adentrarse en él. Es toda una experiencia.

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No tengo ninguna duda: gana el manga por mil. Y también estoy segura de que el mini-análisis que hago a continuación será una opinión impopular. Qué le vamos a hacer.

Hay una palabra en navarroaragonés que define muy bien lo que es esta película: esbafata. No tiene traducción al castellano, lo siento; ni tampoco en inglés, francés o alemán me viene un término adecuado, así que lo explicaré. Esbafar es que algo pierda su aroma, su fuerza de manera imperceptible, silenciosa, pero irremediable. Cuando se pierde la esencia, aunque el continente esté presente, es que se ha esbafato. Todos los elementos están ahí, además este anime es maravilloso a nivel visual. Ha sido un placer de verdad poder ver el dibujo de Nakamura en movimiento, su historia coloreada con ácidas y delicadas acuarelas; observar sus meticulosos detalles; disfrutar de ese elegante minimalismo que transmite tanto con tan poco. El film también ha aportado una riqueza a los escenarios que en el manga no había, ha respetado la historia  y, aunque haya omitido alguna cosa, Dôkyûsei formalmente está.

Pero Nakamura es una autora muy carnal, orgánica, que hace fuerte hincapié en el mundo sensorial. Ese latido erótico, casi lascivo, está muy presente. No solo en Dôkyûsei, sino en casi todas su obras. Y la película abusa de una idealización etérea que, aunque en el manga también aparece, copa el protagonismo dejando la sexualidad con escasa fuerza. El contacto físico, los planos detalle y muy cortos, expresan una intimidad que en la película prácticamente se ha evaporado.

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Es importante también resaltar que Nakamura es una autora de matices y pequeños detalles. Una señora minuciosa que con un ligero movimiento que le otorgue al dedo meñique de un personaje, puede estar explicando todo un universo. Y eso es algo muy complicado de trasladar a la animación. Lo que me lleva a una conclusión: no han sabido interpretar bien el lenguaje de Nakamura… pero es que no es una lengua fácil tampoco. Por supuesto, he echado en falta muchísimo la enorme traducción de Ana Mª Caro, que vertió tan estupendamente ese aire desenfadado y juvenil del manga. No es ninguna tontería, una traducción mediocre puede arruinar hasta la mejor de las obras; y una buena, engrandecerla todavía más.

La película ha seguido la disposición del manga, lo que a veces se hacía un poco raro ya que interrumpía el flujo natural de la historia. Tebeo y anime no deberían llevar un ritmo tan similar, el medio y lenguaje son distintos. Y más en un caso tan especial como el de esta mangaka. Aun así, ese orden y cadencia añaden su no poca particularidad, realzando el atractivo del slice of life.

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¿Entonces es Dôkyûsei un mal anime? En absoluto. Si uno se olvida por completo del tebeo, encontrará un lindo relato, quizá algo insípido, pero realizado con mucho cariño y elegancia. Me ha gustado aunque no haya encarnado del todo bien el espíritu del tebeo. No soy ninguna novata, sé perfectamente que por norma general el manga suele superar al anime. No esperaba que ocurriera lo contrario con Dôkyûsei; es más, ha resultado lo que barruntaba. Por eso tampoco ha sido una decepción. Y recomiendo que, si no se conoce la obra, primero se acuda a la película. Luego el manga se saboreará mejor y podrá continuarse con la historia además. Dôkyûsei se queda en una adaptación decente, pero que por sí sola no se termina de mantener.

A los fans del manga con toda seguridad les va a encantar. Yo soy fan y la he disfrutado, pero tampoco puedo engañarme. Me ha parecido insulsa, porque un argumento tan simple si pierde la magia, se convierte en algo incoloro. Lo dicho, una película bonita, pero esbafata.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Lecturas on fire!

No, no me estoy olvidando del anime a pesar de que esté destinando varias entradas seguidas al manga. Pero tengo que admitir que la lectura es una de mis actividades predilectas… por lo tanto siempre abundarán un poco más por estos lares que las entradas dedicadas a la animación. Un poquito solo.

Tengo ya burbujeando dentro del cráneo mi resumen de las series de esta temporada, que me vendrá muy bien volcarlo porque, aunque ha sido una estación algo raquítica, para mí no ha sido tranquila. Como pronosticaba, he abandonado series, a mi pesar en algunos casos; y comenzado de improviso otras a las órdenes de, como siempre, impulsos absurdos. Pero de todo ello ya hablaré en el próximo post.

Como este es un blog joven todavía, no había aún escrito sobre los mangas que mi magra economía me proporciona en lo que se refiere a novedades editoriales. Me he quedado con ganas de adquirir más, pero existen necesidades que son prioritarias sobre otras. Vamos, que comer y pagar el alquiler, por poner un par de ejemplos, van por delante. C’est la vie. Así que he tenido que discriminar.

Todos estos tebeos, menos uno, los he leído ya previamente por scanlations; pero como me gustaron tanto, quería tenerlos físicamente conmigo. No hay nada comparable a sostener en las manos un volumen, deslizar las páginas entre los dedos, disfrutar del aroma de la tinta y la celulosa, el aval de una traducción fidedigna y cuidada (aunque esto último no siempre suceda así)… en fin, que la experiencia no es la misma ni por asomo a leer de una pantalla y, cuando existe la posibilidad, procuro aprovecharla. Sobre todo teniendo en cuenta además que una buena cantidad de los mangas que me entusiasman ni siquiera se licencian fuera de Japón (algunos ni se terminan de traducir por internet, véanse mis amores frustados) así que, cuando ese milagro sucede, me lanzo cual chacal con hidrofobia sobre ellos (contando antes bien los leuros, paaayo).

Utsubora

ウツボラ

2008-2012

Asumiko Nakamura no es una desconocida en esta bitácora y, como en otra ocasión comenté, la conocí sobre todo por obras de orientación BL. Pero Utsubora no es yaoi, es una historia que me recuerda, en cierta manera, a la novela negra. No he tenido la oportunidad de leerla antes, para mí es completa novedad, sin embargo el argumento me atrajo inmediatamente. Por descontado, todo lo que tenga que ver con esta mujer siempre es interesante.

He de decir que la edición de Milky Way es preciosa, sobre todo por el acabado aterciopelado de la cubierta, que evoca perfectamente la sensualidad grácil que planea por todo el manga. Bueno, por todo el manga no lo sé, van a ser 2 tomos en total y de momento solo hay publicado uno… a la espera estoy.

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El guión es oscuro, y parte del suicidio inexplicable de una joven vinculada a un famoso escritor, que se encuentra en su cúspide creativa gracias a la novela que está publicando: Utsubora. Todo se acaba de complicar cuando hace acto de presencia la aparente hermana gemela de la fallecida, desconcertando a la policía y al escritor. Nada es lo que parece. La trama se va enrareciendo y Asumiko Nakamura introduce otras variables: plagio, asesinato, obsesiones personales. Como buena historia inspirada en el hard-boiled, la protagonista femenina es una auténtica mujer fatal, enigmática, distante, casi fantasmagórica; y los personajes secundarios, muy bien bosquejados, resultan imprescindibles para componer un misterio de aire casi sobrenatural. Este manga explora los límites de la realidad, pone a prueba la elasticidad de la psique humana hasta que se quiebra. Y qué decir del arte… es espléndido, como siempre lo es con esta señora; barroco y, a la vez, de una languidez elegante. A mí personalmente me evoca el Art Nouveau y, sobre todo, al artista inglés Aubrey Beardsley, tanto por el estilo como por la atmósfera fatalista y erótica.

Muy pendiente estoy de la publicación del segundo volumen y conclusión de este tebeo. Espero que no me decepcione.

Ao Haru Ride

アオハライド

2011-2015

Escribir sobre este manga creo que es un poco redundante ya, porque se ha ganado con toda justicia ser considerado un clásico del shoujo actual. Para mí es compra obligatoria y se agradece que Ivrea se decidiera a publicarlo haciendo caso al clamor popular. La edición publicada es más que correcta, con un bonito detalle de brillantina (¡viva el glam! 😛 ) en las letras del título de la cubierta. Lo que no sé es qué pensar de la traducción. Como no lo he leído en el original japonés (mis nociones de este idioma se reducen a balbucear en plan incoherente y pegarme un día completo descifrando un par de líneas) sino en inglés, he notado ciertas diferencias. La versión española es menos rica, da menos detalles que la inglesa pero, como digo, mi japonés es de mongolismo profundo y desconozco qué es lo que ha sucedido. Con toda probabilidad sean manías mías, ya que por lo que me ha tocado (latín, griego, árabe clásico), las labores de traducción me las tomo siempre muy en serio, soy enfermizamente meticulosa, por eso me fijo mucho en general. De todas formas, es un primer volumen solamente el que ha caído en mis manos, a la espera de que me llegue el segundo estoy. Veremos qué va ocurriendo al respecto.

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Dôkyûsei & Sotsugyôsei

同級生 – 卒業生

2006-2009

Tengo muchísimas ganas de ver el anime que está previsto se estrene en los próximos meses sobre estos dos mozuelos. Me sorprendió muchísimo este anuncio y la curiosidad me carcome… porque transportar a animación el estilo de Asumiko Nakamura (sí, de nuevo ella) es un reto de los gordos. Es A-1 Pictures, así que tengo esperanzas fundadas en que lo harán genial (está a la dirección artística Chieko Nakamura) y el trailer tiene una pinta excelente.

Como Jane me sugirió hace ya unas semanas, me he hecho con los dos volúmenes que Tomodomo ha publicado por ahora en España. Falta un tercero, porque en realidad Sotsugyôsei es una secuela de dos tankôbon del inicial tomo único Dôkyûsei. Leí estas historias (y su spin-off Sora to Hara y secuela O.B.) hace ya un tiempo vía scanlations; y que una pequeña editorial española se arriesgara a sacar adelante estas obras me alegró bastante. La edición de estos mangas está siendo puro amor, se nota que en Tomodomo son fans, y fans con criterio. Espero de corazón que con la llegada de la serie animada sus ventas aumenten; están poniendo mucho cariño y esmero en sus “hijos” editoriales. Y si las cosas les van bien, que se atrevan a continuar con Sora to Hara (me encantó, pero es que a mí el sensei siempre me cayó muy bien) y O.B.  YO NO QUIERO HACER PRESIÓN.

Todo es de una simplicidad tierna en esta obra. Un back to basics vibrante y emotivo. La historia es un slice of life que evoluciona con naturalidad: vida escolar y dos adolescentes de personalidades complementarias enamorados. No hay mucho más que decir, porque la autora maneja esos elementos primordiales sin complicaciones. El arte es también sencillo, de líneas puras y con un manierismo muy peculiar. Nakamura es versátil como ella sola, su dibujo en este manga es de una plasticidad bellísima.

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Tengo unos vecinos bastante cabrones (me abren el buzón y desperdigan mi correo entre el principal y el entresuelo cuando les da el sirocazo), así que llevo unos días con algo de estrés, porque estoy pendiente de la llegada de otros libros, mangas (14-sai no Koi, el segundo de Aoha Ride…) e historias varias para la guitarra. Antes ponía la dirección de mi madre, pero es un engorro porque PASO olímpicamente de tener que moverme tropecientos kilómetros para buscar mis putos pedidos. A los chicos de artes gráficas del tercero también los llevan por la calle de la amargura; yo creo que es la australiana del primero, que está como unas putas maracas y es una alparcera de cuidado. Para mi cumpleaños espero poder tener ya en mi poder Shigatsu wa Kimi no Uso y el segundo de Utsubora (no sé si es mucho pedir) pero en fin, que no os voy a contar mi vida.

Buenas noches.