Porque el verano muerde, porque me aburro, porque sí

A estas alturas creo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que esta temporada de verano 2017 se presenta como una de las más flojérrimas en bastante tiempo. Mucha penita da, al menos su aspecto resulta de lo más mustio por lo que, tal como anuncié ya por twitter, no voy a comenzar ningún estreno. No dudo de que al final alguna serie consiga alcanzar cierto interés incluso sorprenda para bien, a pesar de lo que en inicio haya podido aparentar, pero tengo el cuerpo ya muy gandul para según qué cosas. Todos los anime estivales de este año o me provocan perezón con obesidad mórbida o los considero unos zarrios. Sin más. Si leo que alguno mejora basándome en las opiniones de colegas blogueros, quizá le dé su oportunidad. Sin embargo, no albergo grandes esperanzas y la desidia, además, se me apodera. Tienes pinta de tostón, veranito del 17, no offence.

Así que, ¿cómo puede perder el tiempo Sho-Shikibu? Pues imaginando que ya ha llegado su amado otoño, disfrutando del fresquecillo, las maravillosas hayas de fuellas rojas y escribiendo sobre los anime que piensa ver. Por supuesto, no se sabe todavía el total de estrenos, pero las tardes del estío derriten el cerebro y alucinar un ratillo tampoco viene mal. Y que este es mi blog y desvarío sobre lo que me da la gana, claro. No hay gran cosa todavía anunciada, apenas trailers ni demasiada información, no obstante algo he sacado en limpio. Que sirva de pequeño adelanto para olvidar el pegamento de este verano anestésico.

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El plato fuerte de este otoño, como ya sucedió en primavera, van a ser las segundas temporadas. Al menos para mí. Vuelvo a recordaros que aún desconocemos gran parte de la que va a ser la parrilla otoñal, así que son impresiones hasta justo este mismo preciso momento. Me encantaría que aparecieran nuevas obras que me obligaran a desdecirme, así que a la espera de un buen revés quedo.

¿Cuál va a ser mi prioridad absoluta? Pues Hôzuki no Reitetsu. Un día por desvelar de octubre y con un número indeterminado de episodios, regreserá a nosotros el maestro de ceremonias más sardónico de los Infiernos búdicos. Bueno, Hôzuki y toda la cohorte de personajes mitológicos y del folclore popular sinojaponés que desfilan sin cesar. Si la primera temporada y sus respectivas OVAS me encantaron, deseo fuertefuertefuerte que esta segunda logre, como mínimo, lo mismo. hoozukiSu humor negro y absurdo, el rico panorama cultural que despliega en cada capítulo, los pequeños sketches que aprovechan cada segundo para exhibir un espectáculo delirante que se ríe de sí mismo si hace falta, su elenco heterogéneo y dinámico, etc, etc, etc, hicieron hace unos años de esta serie una de mis favoritas sin ninguna duda. Se aprende un montón con ella y encima es divertidísima. Estoy ansiosa por el reencuentro y espero que no cambien demasiado el formato, que resulta perfecto. También es cierto que no todo el mundo disfruta con las historias autoconclusivas y muchos buscan una continuidad argumental en cada episodio; pero hay que tener en cuenta que la esencia de Hôzuki no Reitetsu es otra: las viñetas de comedia.

Osomatsu-san también tendrá su segunda tanda. Este clásico moderno no podía permanecer sin continuación, lo pedía a gritos. Sin saber aún fecha de estreno y cantidad de episodios, se deduce que será en octubre y constará de 25 capítulos. Pero a saber. Es curioso, pero dos de mis top otoñales son comedias. Me parece extraño porque es un género por el que no me suelo inclinar. En contadas ocasiones logro conectar con el sentido del humor de las series, la mayoría me produce vergüenza ajena o directamente sueño, sin embargo Hôzuki no Reitetsu y Osomatsu-san me engatusaron, sobre todo la primera. Para variar, mi tercera opción en las reanudaciones es algo diferente: Kekkai Sensen & Beyond.

La primera temporada, que sin duda me gustó, también me dejó un regusto agridulce. Así que esta será la oportunidad de resarcirme si va todo bien y no resulta un truñaco, por supuesto. Reconozco que, como no cuentan con Rie Matsumoto esta vez, siento bastante desconfianza. Para mí la presencia e ideas de Matsumoto fueron clave en 2015, y no todo el mundo además consiguió sintonizar con su forma de crear. Tratar de innovar es lo que tiene, que no siempre se redondea ni se comprende. Aun así, el parón que sufrió este anime lo perjudicó muchísimo. Veremos lo que nos depara Kekkai Sensen & Beyond, ya que Shigehito Takayanagi posee unas cuantas tablas y, aunque es probable que pierda originalidad, también podría ganar en solidez shônen. Un alivio para los más tradicionales.

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El asunto es peliagudo, porque muchos de los anime que han llamado mi atención guardan altas posibilidades de germinar como cerdadas supremas. Sinopsis incompletas, no fotos, no vídeos promocionales y un rosario de falta de datos estupenda. Pero es normal, estamos en julio; y, ¡qué carajo!, de esta manera también es divertido hacer apuestas. Empecemos.

Kujira no Kora wa Sajô ni Utau me atrae como un imán gigantesco. Del manga solo he tenido oportunidad de leer cinco capítulos (un dibujo precioso, por cierto), pero a poco que el anime le sea fiel, creo que tendremos entre manos uno de los productos más interesantes del otoño. No el que más, pero muy destacable. Está catalogado como shôjo, y no sé hasta qué punto seguirá los cansinos patrones de la demografía; aunque también pertenece a la ciencia-ficción, el misterio y la fantasía, así que a priori me tiene ganada. Su trailer es bastante elocuente en ciertos aspectos, me ha gustado mucho por lo que… ¡COMPRO!

En una línea más clásica dentro de la fantasía y el shôjo, en octubre se estrena también Mahôtsukai no Yome, que ha estado precedida de tres OVAS. Solo he visto dos de ellas, y no me han dicho gran cosa. El manga, que está siendo publicado por Norma y lo estoy siguiendo, ha terminado decepcionándome un poquillo. Quizá porque tira demasiado para mi gusto de los tópicos de la fantasía haciéndose previsible; y que la protagonista, con un ligero aroma a Mary Sue, tiene ese rollo de chica frágil e indefensa que me satura bastante. A pesar de que a estas alturas le encuentro más defectos que virtudes, la veré porque tengo fe en que me entretenga y los cuentos de hadas siempre merecen un par de vistazos. O tres. Harina de otro costal es Inu Yashiki, cuyo manga también estoy leyendo pero ¡sin desencanto alguno! Altamente recomendable, de hecho llevaba un tiempo calibrando si escribir una reseña de lo que tenía recorrido, pero sabiendo ahora de la serie, merece un manga vs. anime como la copa de un pino. Es uno de los estrenos relevantes de la temporada, una serie para adultos (existimos, ¡sí, estamos aquí!) y de temática inteligente. Sci-fi de calidad, mis queridos otacos. Y mucho, mucho más cuando se rasca la superficie, con Oku-sensei ya se sabe. A la dirección estará Keiichi Satô, así que no puede ocurrir nada malo, ¿me oís? NADA MALO. He dicho.

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Y para cerrar, aclaro que no he querido introducir ningún school life porque estoy hasta el moño de adolescentes. Es lo que sucede cuando trabajas demasiadas horas con ellos, que al final del día quieres enterrarlos vivos o arrojarlos por un puente. Atados y con bozal. Así que nada de Just Because! y otras majaderías de colegiales. La única excepción es Poputepipikku, pero los que ya conozcáis el tebeo sabréis que se trata de una cosita bastante enferma que poco tiene que ver con los entornos escolares. Tengo una curiosidad insana por este anime, que supongo será de duración corta (2-5 minutos) y me las veré luego canutas para lograr ver. Ese estilo de antigua tira cómica, donde las dos protagonistas vomitan sin parar insensateces (algunas bastante profundas, no es broma), en realidad es muy posmoderno, muy pop.

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Aunque tengan la mayoría de ellas fecha de estreno, en Occidente suelen pasar meses hasta que conseguimos visionarlas. La paciencia es una virtud, dicen. Reducir cabezas como hacen los shuar, una habilidad que no me importaría adquirir para ponerla en práctica en momentos de exasperación. A lo mejor encuentro algún tutorial en youtube al respecto. Volviendo a las películas, Godzilla: Kaijû Wakusei cuenta con mi beneplácito, a pesar de que la animación de Polygon Pictures no sea precisamente de mis preferidas. Pilotarán los directores de Ajin y Sidonia no Kishi con la colaboración de Gen Urobuchi, por lo que unos mínimos hay garantizados. Rezaremos a Nyarlathotep el Caos Reptante para un pronto estreno por estos lares.

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¿Merece la pena que me trague la película de ese clásico animierder que fue Dance with Devils? Porque el 4 de noviembre verá la luz Dance with Devils: Fortuna. Fue un bodrio tremendo al que le cogí cariño, sobre todo por Peluchón ❤ y esa autoparodia terrorífica que se gastaba. Risas, muchas risas. Ya lo decidiremos cuando llegue el momento, no hay por qué apresurarse, y menos con engendrillos de esta especie. Asimismo, en el undécimo mes se estrenará la adaptación a largometraje del clásico del manga de los años 70 Haikara-san ga Tôru, de Waki Yamato. Tuvo su serie televisiva hace casi cuarenta años también, y parece que contará con una segunda parte en 2018. Estoy bastante interesada en este film, pues trabaja temáticas sugestivas (liberación de la mujer) en un contexto histórico fascinante, la Era Taishô (1912-1926). Su protagonista es una mujer joven que ha sido educada de forma poco convencional, cercana a los tradicionales valores masculinos (practica kendo, bebe sake, rechaza las labores domésticas, viste al modo occidental, etc) y cree que una mujer debe casarse por amor y elección propia. Lo que se conocía en la época como una modan gâru (chica moderna). Apesta a shôjazo que mata, pero el planteamiento da la impresión de ser algo diferente. No obstante, ya sabemos cómo se las gastan los japoneses respecto al feminismo… todavía les queda un largo trecho por avanzar, bastante más que a los europeos.

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Menudo feeling tenían los anime de los 70, ¡inconfundible!

¿Me habré dejado alguna obra en el tintero? Seguro que sí. ¿Kino no Tabi, a lo mejor?Aunque para acabar de pulimentar la entrada, necesitaré más información, que supongo irán desgranando a lo largo de las semanas. Quizás esté pendiente por desvelar una joya animesca, ¡quién sabe! Por ahora, esto es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Sayonara, Samurai

Los que llevéis leyendo un tiempo esta bitácora, ya habréis percibido la evolución que ha tenido. De un blog dedicado al anime y manga, acabé incluyendo todo lo que me apetecía que estuviera relacionado con Japón. Principalmente cine y literatura, sin hacer ascos a obras de otros países. Es el caso de Samurai Jack (2001-2017), que a pesar de que es una serie estadounidense, tiene su lugar en SOnC por sus referencias claramente niponas. También porque es uno de mis dibujos animados favoritos de todos los tiempos, por supuesto. En el tag dedicado precisamente a la animación no japonesa apareció con todos los honores. Samurai Jack es un clásico, sin más. Porque los clásicos también pueden brotar en nuestro presente, en algún momento tienen que nacer, digo yo. Y esta quinta temporada, tras un doloroso hiato de 11 años, cierra, por fin, el ciclo vital de la obra. ¿Es una conclusión a la altura de las circunstancias? ¿Ha resistido su concepto el paso del tiempo? ¿Han sabido brindarle una continuidad coherente o se nota esa década de diferencia? ¿Tiene la capacidad de gustar a los fans del pasado y a los actuales? Ah, menudos dilemas. Estos interrogantes y muchos más suelen aparecer cuando uno se enfrenta a la reanudación de una creación mítica. No resulta tarea fácil ser objetivo, porque las expectativas y frustraciones personales pueden afloran; así que en esta entrada procuraré ser escueta, centrándome ante todo en sus diez últimos capítulos.

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Fifty years have passed, but I do not age. Time has lost its effect on me. Yet, the suffering continues. Aku’s grasp chokes the past, present, and future. Hope is lost. Gotta get back. Back to the past. Samurai Jack.

¿Quién es ese samurái de máscara pavorosa y montado en una fiera moto, golpeando a diestro y siniestro a unos artrópodos gigantes que amenazan la vida de dos jovenzuelas azules con antenas? El arranque de la quinta temporada de Samurai Jack no puede ser mejor, una declaración de principios que disipa cualquier tipo de duda: viene pisando fuerte y no va a dar tregua. Exacto, ese guerrero con cierto aire a Mad Max es Jack… pero 50 años más tarde. No ha envejecido, una de las consecuencias de los viajes en el tiempo, sin embargo su mente sí que ha sufrido el paso de las décadas. Jack, luciendo una barba lacia y aspecto desaliñado, es un hombre con el espíritu quebrado.

En las cuatro temporadas anteriores teníamos delante al samurái compasivo y racional que siempre soportaba con estoicismo las terribles pruebas a las que le sometía ese agujero negro cósmico de maldad que es Aku. La fortaleza de Jack se cimenta en un profundo respeto hacia el código bushidô y la posesión de la única arma capaz de destruir a Aku. Él ha sido elegido para luchar contra él y considerado digno de blandir la katana del Emperador pero, ¿qué ocurriría si Jack extraviara la espada? A pesar de que algo así resulta impensable, es lo que sucedió. Jack perdió su poder, y el equilibrio que mantenía cohesionadas la voluntad y determinación de Jack se reveló en toda su fragilidad. El guerrero ha pasado 50 años sobreviviendo, sin esperanzas y acosado por alucinaciones que le reprochan su derrota.  Su salud mental pende de un hilo, y el fantasma de la muerte lo acompaña en su errar. Lo único que lo mantiene vivo es la fuerza de la costumbre, luchando en pequeñas escaramuzas contra los monstruos mecánicos de Aku, pero incapaz de enfrentarse a él directamente.

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¿Sabe todo esto Aku? No, por supuesto que no. Si hubiera sido consciente del verdadero estado de Jack y la pérdida de su katana, hace mucho tiempo que habría aniquilado el universo entero. Pero Aku también ha sufrido el tedio del medio siglo transcurrido y, a su pérfida manera, echa de menos tener un rival a la altura. La incertidumbre de no saber con exactitud qué ha sido de Jack lo carcome. Aun así, poco a poco se está haciendo con el control de todo, y solo unos escasos románticos y pirados mantienen una oposición activa a su tiranía. Algunos de los que resisten lo hacen en la clandestinidad, protegiendo con su memoria y discretas acciones el legado de Jack. Para ellos es una leyenda que les hace sentir esperanza. Este no tiene ni idea de cómo lo idolatran, claro, ya que se encuentra en graves apuros. Una secta femenina dedicada al culto de Aku ha conseguido engendrar siete vástagos de su esencia. Siete jóvenes, con el fuego del demonio en su interior, que han sido adiestradas desde bebés para matar a Samurai Jack. El guerrero se encuentra acorralado, lo que antes habría sido un trago más, lo ha arrastrado al borde de la muerte. ¿Qué sucederá?

La serie está dividida en dos partes diferenciadas en las cuales hasta el ritmo resulta diferente. Siempre dinámico, pero el compás es distinto. Y su atmósfera también. La primera mitad es austera, algo oscura y muy solemne. Se enfoca en destacar la severidad de las condiciones vitales de Jack, no solo físicas, sino psicológicas. Una larga caída a los infiernos del remordimiento y la tristeza. Nuestro protagonista se siente como un moribundo que se resiste a recibir el golpe de gracia. Hasta que toca fondo. Con la percepción del mundo y de sí mismo distorsionada por la culpabilidad, se producirá la inevitable crisis existencial de la que renacerá. Un punto de inflexión que inicia un nuevo camino en el destino del guerrero. Tras liberarse de sus demonios interiores, recupera su poder para enfrentarse al gran demonio del mundo real: su archienemigo Aku. La segunda parte nos reconcilia con el Samurai Jack de hace una década, retomando su cadencia más luminosa y psicodélica; con ese maravilloso sentido del humor entre absurdo e ingenuo que lo ha caracterizado siempre. Hay hasta numerito musical.

Una de las cosas que más me han  gustado de esta última temporada es como su creador, Genndy Tartakovsky, nos ha mostrado nuevas facetas de Jack, exponiendo su vulnerabilidad. Ha roto el hieratismo que rodea siempre al héroe definitivo, humanizándolo. Hemos podido observar al samurái enfrentándose a situaciones inéditas que nunca había tenido que experimentar en el pasado; y ver evolucionar ante nuestros ojos, capítulo a capítulo, su espíritu. Todo un privilegio. Esto es debido a que estos 10 capítulos han sido más bien la historia de la búsqueda interior de Jack, su sanación. Las metáforas que lo revelan (el lobo herido, la ceremonia del té…) son meridianas. De ahí que Aku, salvo al inicio y al final, haya tenido escasa presencia.

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Samurai Jack fue, y es, una revolución pop a la que se le endilgó la etiqueta de de culto, cuando la serie es una historia que todos conocemos y hemos leído millones de veces. Continúa fascinándonos porque es atemporal y universal: la lucha entre el Bien y el Mal. Trabaja nuevos y viejos arquetipos que resuenan constantemente dentro de nuestros cráneos; sin embargo es su presentación y ese extraordinario envoltorio los que han sabido siempre realzar (a veces hasta transmutar) esos cuentos de aroma eterno que encontramos en la serie. Su arte es grandioso, un perfecto pastiche de cultura popular, misticismo oriental y fantasía exuberante. Ecléctico como él solo, e imbuido de reverencia hacia la naturaleza. Porque en Samurai Jack también hay poesía, en sus elegantes nociones de la geometría, en sus contrastes de luz y sombra, en su simplicidad sobrecogedora. Y los combates, ay, esas estupendas peleas. La alta definición le ha sentado muy bien, incluso el uso de un CGI comedido le ha aportado cierta brillantez.

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Esta quinta temporada de Samurai Jack era muy necesaria, y ha estado completamente a la altura de lo que se le pedía, incluso más. No es un mero ejercicio de nostalgia, también ha abierto las puertas a nuevas dimensiones que, aunque no son demasiado inesperadas, han enriquecido el universo de Jack. Desde un principio se siente la despedida, resulta en sus planteamientos tajante y no se recrea tanto como en las anteriores. Natural, es el adiós. Y por eso mismo, porque deja la miel en los labios, se hace muy corta. Esta quinta temporada no es suficiente, señores. ¿Solo 10 episodios cuando las demás han sido de 13? Meeeeeeeeeeh.  Si tengo que ser honesta, en realidad nunca hay bastante de Samurai Jack. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Primavera 2017

Ya estamos acabando la temporada invernal de anime 2017, ¡qué rápido se me ha pasado! Siempre hago comentarios similares, pero es la purita verdad. Como se intuía, ha sido bastante fofilla… pero había que darle su oportunidad, porque alguna cosa en limpio se ha sacado. Al menos servidora lo ha logrado, pero sin mucha alharaca. ¿Cómo se presenta esta primavera? Pues de forma muy distinta. Hace un par de semanas ya empecé a echarle un ojo, porque barruntaba marabunta de estrenos apetecibles. Y al ahondar, se confirmaron mis sospechas, of course. ¿¡De dónde voy a sacar tiempo para vivir si tengo que manducar todo este anime!? ¿Eh? ¡A ver! ¿De dónde? Pero no hay problema, camaradas otacos, como siempre ocurre, la mayoría de ellos se caerán del cartel. O si el panorama es tan-tan-tan maravilloso,  me veré obligada a aparcar algunos. Pero dudo que se dé el caso.

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“Mujer jugando con gato” (circa 1825) de Utagawa Kunisada

Como es habitual, aviso de que solo tendré en cuenta los estrenos. Tampoco voy a añadir ni sinopsis, ni estudios, ni tralarí-tralará. Me agota toda esa burocracia del anime, y creo que a estas alturas la mayoría de vosotros ya conocéis esa información. Y si no, os remito a la entrada pertinente de mis compis en Otakus Treintañeras, que seguro han añadido algunos datos. Son mucho más aplicadas que yo. Sin embargo, antes de meterme en harina, tengo que admitir que la temporada primaveral está marcada para mí por el regreso de dos series. Un dúo del que esperaba ansiosa segunda temporada: Shingeki no Bahamut y Uchôten Kazoku. Luego ya, aparte, la arribada de la película Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome de Masaaki Yuasa, que se estrenará el 7 de abril (cuando San Juan baje el dedo en el resto del planeta). Lo demás es casi casi accesorio. Nah, tampoco tanto, aunque sí es cierto que ese tándem eclipsa algo lo demás. Por lo menos en mi caso. Veremos si entre tanto pastelito de frambuesas equinoccial, alguno aguanta el tirón de los dos primeros episodios y es capaz de rivalizar con mi pareja de ases. ¡Empecemos!


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Para los novatos en SOnC, en esta categoría coloco los anime que, aunque me apetece ver, tampoco me entusiasman demasiado. A priori. Las tornas pueden cambiar… para el escaparre absoluto o el amorsinfin. Nunca se sabe. También pueden continuar pareciéndome indiferentes, lo que supone en muchas ocasiones que hace falta cavar zanjas en las islas Sandwich del Sur.

TSUKI GA KIREI

Es el que menos me convencía de los que tenía seleccionados para NiFúNiFá, tanto por la ambientación escolar (estoy haaaartaaaaaaaaa) como por el dibujo, que en el trailer me pareció la cosita más anodina del multiverso. Cada vez tolero peor ese lustre informático de textura plasticoide y peste ultrahigiénica. Me da un yuyu tremendo esa asepsia que hay tan extendida ahora. Pero quería darle una oportunidad, quizá vaya más allá del típico slice of life hasta el ojete de barbitúricos, o del school life de prepúberes desentrañando el sentido de la amistad y la vida. Si no abusa del melodrama la cosa prometerá; ante todo que no sea muy cursi. Por favor.

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FUKUMENKEI NOISE

Más adolescentes en la dieta. Esta vez con la música de telón de fondo, que es lo que realmente me ha atraído de este anime. Es un shôjo, por lo que las posibilidades de que la protagonista sea una lerda en busca de novio se multiplican por mil. En este caso tiene pinta además de rarita traumatizada. El trailer me ha dado una sensación desagradable, con esa gosurori del parche pululando y tanto niño malote haciendo poses. No sé si será una serie sin mucha sustancia al final o que realmente merezca la pena. Como albergo bastantes dudas, tendrá sus dos episodios de gracia.

P.D.: Las chicas, aparte de cantar, también podemos componer música. Algunas de hecho lo hacemos. Yo informo, porsiaca.

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ALICE TO ZÔROKU

Ciencia-ficción, slice of life y muchitas dosis de ternura. Una niña con poderes y un anciano de carácter agrio. No sé por qué, pero me viene a la cabeza Heidi y su abuelo. Imagino que el asunto tirará por ahí, aunque modernizado. Bueno, en realidad espero que no tire por ahí, porque entonces mandaré la serie a escaparrar. Heidi no hay más que una. El tema de la redención del típico personaje asocial mediante la intervención de un niño me cansa enseguida. Y la mozuela protagonista encima tiene como pinta de loli. Agh. No sé si bascularán más hacia la vertiente sci-fi, con el rollo conspiranoico de la experimentación, la persecución, los otros especímenes, etc; o la irrupción del terremoto infantil en la escrupulosa vida de un hombre mayor. Lo ideal sería un equilibrio entre ambas, que además le brindaría originalidad. ¿Qué será? Pues habrá que esperar, chavalada.

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Como bien da a entender el cutredibujito, estas son las series que, por lo leído y visto, me provocan más hambre. ¿Es factible que me indigeste con alguna? Por supuesto, es ley de vida otaca. Aunque de momento solo puedo elucubrar, y no tengo demasiado de sibila. Ya veremos qué sucede. Meanwhile…

ATOM: THE BEGINNING

Como ya sabréis, suelo avalanzarme como perro famélico sobre todo aquello que huela a Osamu Tezuka. Atom: The beginning es una precuela del archiconocido clasicazo Astro Boy o Tetsuwan Atom (1963) que si se enfoca adecuadamente, puede resultar muy interesante. El trailer no me ha dicho gran cosa, para bien o para mal. No sigo el tebeo en el que se basa, donde el hijo de Manga no kamisama, Makoto Tezuka, trabaja también junto a Tetsurô Kasahara y Masami Yûki; pero a poco que el anime me convenza, intentaré hincarle el colmillo. Que el director de la serie sea Tatsuo Saitô me brinda algo de confianza por la absurda razón de que su adaptación de Nekojiru Udon (1990) me dejó encantada, aunque esto en realidad no significa gran cosa. Puede perfectamente descolgarse con un adefesio, todos los directores tienen como mínimo uno en su haber. No obstante, le tengo fe. Y ganas. Veremos si se encuentra a la altura de las expectativas.

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WARAU SALESMAN NEW

Un clásico del suspense. Warau Salesman es el epítome de la maldad enmascarada de buenas intenciones y una sonrisa. Me alegra que hayan retomado la idea del manga del gran Fujio Fujiko para darle nueva vida. El anterior anime data de hace más de veinte años, requería una actualización. Desconozco qué formato tendrá, imagino que episodios de cinco minutos, pero habrá que esperar a más información. El vendedor que sonríe es una recreación del mito de Fausto a la japonesa, con mucho humor negro y cientos de escalofríos. No está mal que dejen caer alguna perlita así dirigida al público adulto, que seremos pocos, ¡pero ahí estamos!

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SEKAI NO YAMI ZUKAN

Estoy bastante entusiasmada con este anime, con sinceridad. Tendrá formato de capítulos cortos y estará dedicado a distintas historias sobrenaturales y fantásticas del mundo. Por la información que me ha llegado, hará hincapié en el espíritu pulp de los años 50-60, lo que me parece ma-ra-vi-llo-so. Como obstinada fanática del género de terror que soy, no me lo podía perder. El director es Noboru Iguchi (Yami Shibai) y cuenta con la colaboración del actor Takumi Saito como narrador también. Mucho me temo que será de esas series que no podré seguir semanalmente tal como me gustaría, ya que dudo que la subtitulen al mismo ritmo que las más populares. Porque Sekai no Yami Zukan la veremos cuatro y el de la guitarra, claro. O a lo mejor no, ¿podría ser? Hum.

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SAKURA QUEST

Cuando leí la sinopsis de este anime, me acordé automáticamente de un colega bloguero que se encuentra estudiando turismo (paladeando también los sinsabores del feroz mundo laboral): Juan de El Baúl de las Opiniones. Por cierto, lleva milenios sin actualizar su bitácora, y es una lástima porque siempre tiene buenas ideas. A lo mejor cuando se sienta más ligero nos da una sorpresa. Sakura Quest me ha recordado bastante a Shirobako, y si resulta la mitad de buena que fue esta última, pienso que se convertirá en una de las apuestas seguras de la temporada. El tema no es que me atraiga demasiado, pero puede ser una estupenda forma de conocer mejor el medio rural japonés y sus problemas, como la despoblación y el envejecimiento. Por otro lado, creo que es un desafío pelín arriesgado máxime teniendo en cuenta que el público habitual de anime no suele ser muy paciente con las temáticas que se salen de la tónica. Y ya solo por eso merece mi apoyo. MyAnimeList indica que es una comedia, lo que me parece de lo más adecuado para lograr mayor accesibilidad. Deseo muy fuerte que no me aburra ni la encuentre una estupidez. Veremos.

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KABUKIBU!

Llevo desde hace unos meses, cuando vi por primera vez germinar esta serie en MyAnimeList, soportando una enorme curiosidad. Hay tres motivos para ello: el diseño de los personajes ha corrido a cargo de las CLAMP; trata un tema que me gusta mucho, el teatro kabuki; y el proyecto lo saca adelante el estudio DEEN, que el año pasado me dio dos grandísimas alegrías: Rakugo y Tonkatsu DJ Agetarô. Lo único que me chirría es el sempiterno entorno escolar (con sus sempiternos arquetipos en los personajes), y que se olfatea cuál va a ser la dinámica del argumento a leguas. Pero absolutamente todotodotodo será llevadero si me narran una buena historia… y encima aprendo algo nuevo sobre este arte escénico. Mis expectativas con Kabukibu! son muy altas, sería magnífico no verme defraudada.

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animierder

SÔRYO DE REON MAOMI A MAJIWARU SHIKIYÔKU NO YORU NI…

Con este prodigio de la aberración animesca aproximándose, era inevitable que regresara el animierder semanal durante esta temporada. Serán episodios cortos, de apenas cinco minutos, pero la tufarrada a bosta es grandiosa como pocas veces. No tengo claro todavía si irá en Otakus Treintañeras o aquí, en SOnC. Es algo que todavía tengo que conversar con Pau y Magrat. Pero este pedazo de bodrioeróticoreligiosodelinfiernosatanás será escrutado de cerca, muy de cerca. El trailer, que os dejo por aquí, lo explica TODO.

Como usualmente añado, permaneceré alerta a las sugerencias y consejos de otros compañeros bloggers. Por si me estoy perdiendo algo que merezca la pena y lo he obviado. Puede ser el caso de Sakurada Reset, pero no he querido añadirlo a NiFúNiFá porque estoy hasta el moño de adolescentes lloricas con habilidades paranormales. PRAU. Estaría majara de todas formas si decidiera seguir todas estas series, así pues habrá criba tarde o temprano. También es posible que me suba al carro de otras. O no. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

5 y 5 del 2016

Sí, ha llegado esa época del año. Ya tocan los inevitables repasos de lo que ha dado de sí, también de lo que se avecina. Aunque la previa de este invierno todavía tardaré en hacerla. Bastante, añado (entre nosotros, es un rollazo confeccionarla). Este 2016 he comenzado muchas series que me han acabado aburriendo o directamente decepcionado. Creo que la oferta parecía más suculenta que en 2015, pero se ha ido desinflando como una pelota de baloncesto pinchada. No han botado ni . Chof, chof. Caca. Pero, por otro lado, también he tenido grandes alegrías. No ha sido un año tan sosito como el anterior, no se puede negar que movimiento ha habido. Y eso además se agradece, que sepan mantener tu atención ocupada… aunque luego todo concluya en una esparraguera.

No voy a hacer una entrada excesivamente larga, para mí son días complicadetes, así que procuraré ser concisa y directa, ¡a ver si lo consigo, claro! Como siempre, informar que esta es mi opinión, una más. No estoy en posesión de la verdad ni aspiro a ello, solo vuelco mis impresiones con las que puedes estar de acuerdo o no. No me estoy metiendo contigo ni insultando a tu familia, a tu perro o a tu hámster. Solo escribo sobre animanga y tú puedes también compartir ideas en los comentarios. Siempre siguiendo escrupulosamente las mínimas reglas de cortesía y sin faltar. Me parece un poco ridículo tener que recordar estas cosillas, pero vivimos tiempos bastante absurdos, sobre todo en internet. Bueno, allá vamos.

faveones

Mob Psycho 100

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Su serie hermana (al menos lo es mi cabeza) One Punch Man también fue una de mis fave ones del año pasado. Era inevitable que Mob Psycho 100 apareciera por aquí. De hecho, a pesar de que duplica algunos de sus recursos y ha perdido a causa de ello fuelle en efectismo, me ha gustado muchísimo más que su antecesora. Quizá porque el argumento lo veo más redondo o la temática me atrae más. Admito que me habría encantado que este anime me sorprendiera, pero las teclas que ha pulsado hacían la melodía general bastante reconocible. Nada nuevo bajo las estrellas, un sólido shônen de cabo a rabo, sin embargo no defrauda. Es fresco, es entretenido. No obstante, el problema que le veo a Mob Psycho 100 y a su hermano brota a largo plazo. Si no se reinventan, quemarán la fórmula muy rápido. Es lo que tienen los fuegos de artificio, aunque resulten espectaculares. Último apunte: ¡una animación GENIAL! A pesar del ordenata.

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Fune wo Amu

舟を編む

Ojalá no hubiera visto la película, porque el factor sorpresa en el anime se ha volatilizado por completo. Y el argumento tiene una serie de giros que habría disfrutado más acudiendo completamente virgen. Pero tampoco es justo quejarme demasiado, rediez. La estoy disfrutando infinitamente más que el film. Sin ser mala cinta, conste en acta, no puede plasmar la cantidad de matices y detalles que estoy observando en el anime, enriqueciendo la historia que conocía. No quiero ni imaginar la novela en la que está basado todo, claro. No sé cuándo podrá caer en mis manos, quizá nunca. Fune wo Amu es como la propia creación de un diccionario, serena y profunda. De ritmo pausado y que no gustará demasiado a los espíritus impacientes. Es un anime para público adulto (¡también existimos, jopetas!) y sus prioridades son distintas. Una de sus grandes virtudes es no caer en el melodrama sobado; que no haya adolescentes hiperhormonados dando por saco también es un alivio, uf. Además Majime es un hombre encantador y su gato tortilla también. ME LOS COMO, ÑAM-ÑAM.

funewoamu

Tonkatsu DJ Agetarô

とんかつDJアゲ太郎

Este 2016 me he enganchado un montón al anime de duración corta. Desde la adorable Muco hasta insensateces como Bananya. No quitan mucho tiempo y la mayoría ofrecen diversión concentrada. No todas las que empecé me han gustado, como por ejemplo Nyanbo!, que a pesar de una interesante propuesta visual, se me hizo tediosa a causa de sus personajes estereotipados. Pero, sin lugar a dudas, Kanojo to Kanojo no Neko, inspirada en el cortometraje del mismo nombre (reseña aquí), fue una mini-serie que sí disfruté y me dejó buen sabor de boca. Modesta pero esponjosa como un bizcochito. También me ha gustado mucho Onara Gorô, una bizarrada de humor surrealista que casi nadie habrá sabido apreciar. El que conozca un poco al animador Takashi Taniguchi y sus extraños cortos, ya sabe qué esperar de la sabiduría que irradia el señor Pedo Gorô. Muy escatológico todo, soy fan. Sengoku Chôjû Giga es para los amigos de la historia y tradición japonesas, de hecho es recomendable saber un poco de ambas si se quiere captar algo. Es una serie graciosa y con un arte curioso. Recomendable.

Sin embargo, mi anime preferido en este formato ha sido Tonkatsu DJ Agetarô, que también ha logrado ser uno de mis favoritos de este 2016. Sus premisas son básicas pero han sabido desarrollarlas de forma tan inteligente y amena, que ciertas carencias se pasan por alto sin problema. Además que los melómanos y amantes del tufillo nostálgico del disco y hip hop incipiente de los años 70, lo hemos disfrutado todavía muchísimo más por sus guiños y referencias a la cultura DJ. Entrañable y muy, muy salado.

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¿”In the Court of the Crimson King“? Nah, es Tonkatsu DJ Agetarô :3

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

昭和元禄落語心中

Todo lo que tengo que contar sobre este anime lo podéis encontrar aquí. Es una reseña que escribí antes de que finalizara su emisión, y a día de hoy no cambio ni una sola coma. Esa opinión vertida continúa vigente. Lo único que puedo añadir es que, lamentablemente, no ha aparecido ninguna serie que haya desbancado Shôwa Genroku Rakugo Shinjû de mi top 2016. Es mi favorita del año, sin más. Deseo con todas mis fuerzas que la segunda temporada a la que le restan pocas semanas para su estreno (¡por fin, por fin!) esté a la altura y nos brinde grandes momentos también.

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3-gatsu no Lion

3月のライオン

Le tenía un poco de miedo a esta serie porque olisqueaba dramas y traumas ciclópeos y, sobre todo, diabetes. El que uno de los personajes fuera el típico renacuajo kawaii sin nariz ya me puso en guardia. La armadura completa me puse. No sé si lo he dicho alguna vez, pero los niños me repelen. Cuando era niña también los rechazaba, que compartiera rango de edad con ellos no fue óbice para que me siguieran disgustando. Pero, sobre todo, odio el cliché del niño tierno que lo arregla todo gracias a su dulzura e inocencia. Ok, pisa el freno de la misantropía un poco, querida Sho. Volvamos al tema que importa: 3-gatsu no Lion. Todas mis reticencias respecto a este anime se han ido atenuando gracias a Luzbel. Que lo hayan dotado de una visión introspectiva llena de simbolismo, y una calculada dosificación de la expresión de las emociones ha sido todo un acierto. Aunque, si tengo que ser honesta, lo que me hace continuar la serie es su maravilloso arte. La historia no me entusiasma pero la encuentro interesante; y los personajes van creciendo a buen ritmo. Algún capítulo se me ha hecho más pesado que otro, pero en conjunto la valoro de forma muy positiva. Además los gatetes molan muchísimo.

3gatsu

No busquéis, no he incluido Yuri on Ice. A pesar de que no me parece mal anime ni mucho menos y cumple su función de entretenimiento conmigo, no la considero al nivel de las cinco anteriores. La cosa no es para tanto, resumiendo. Hay un hype tremendo con esta serie que no logro descifrar, pero seguramente muchas de mis opiniones también resulten incomprensibles para otros. Biodiversidad lo llaman. Y eso.

mehones

Como adelantaba al principio, este año he comenzado bastantes más series que el pasado 2015. Me han resultado tentadoras un buen número, pero gran parte también han acabado en agua de borrajas. Unas me han aburrido y otras me han decepcionado; algunas las he finalizado, otras las he dropeado sin compasión. Shumatsû no Izetta, por ejemplo, me sorprendió con un inicio decente y me fue aburriendo pooocooo a pooooooco. 再见! Hai to Gensô no Grimgar tenía un bonito arte en acuarela… pero el argumento acabó siendo de un subnormal insultante. Megadrop. En Norn9:Norn+Nonet no se salvaba ni el apuntador, horrible y cursi, un animierder en toda regla. A cavar zanjas. Descubrí que Handa-kun poseía rasgos muy persistentes que lo emparentaban sin duda con la familia del ajo. Adieu! Sakamoto desu ga? despertó mis instintos homicidas y OrangeOrange no aguanté el manga, el anime menos todavía. Podría continuar despotricando un ratillo, pero prefiero centrarme en las cinco que, de una forma u otra, me ha fastidiado que no estuvieran a la altura de mis expectativas.

 

Boku dake ga Inai Machi

僕だけがいない街

Erased es el ejemplo meridiano de cómo una serie lo puede tener todo para ser grande y, conforme avanza, empiezan a aparecer goteras por todas partes hasta que una inundación lo engulle todo. Se puede lograr achicar agua, pero ya no será lo mismo: todo se ha echado a perder. Este anime fue una decepción completa. Tengo que hacer esfuerzos para tratar de recordarlo incluso, así que imaginad cuán triste me llegó a parecer. No puedo decir que fuese una mierda total, porque no lo creo. Pero sí resultó al final vulgar y pretenciosa, con decenas de flecos y alguna que otra incoherencia gorda. Supermeh.

erased

Kôtetsuyô no Kabaneri

甲鉄城のカバネリ

El género zombi está ya bastante agotado, así que a priori un anime de esa temática no me atraía demasiado. Pero decidí probar y el primer capítulo me engatusó hasta las cachas. Una animación old school estupenda, unas propuestas originales dentro de lo que cabía y una galería de personajes aparentemente vigorosa. ¿Iba a ser la serie de acción y terror del año? JAJAJA. No. La cosa no tardó tanto como pensaba en torcerse, y se convirtió en una ensalada de hostias previsible y estúpida. Una muesca más en el cinturón. Kôtetsuyô no Kabaneri intentó salir de la horma con excelentes intenciones (ese ramalazo steampunk es glorioso) pero se cayó de culo. Plof. Es posible que a los fans del género les haya satisfecho, pero una ya está muy de vuelta de todo. Este anime es simplemente un cagarro con ínfulas, he dicho.

kab

91 days

Y al hilo de lo que escribía sobre Kabaneri, ¿se debe transigir con todo contenido de aire adulto y aceptarlo como bueno sin más? Solo porque se salga de los patrones habituales no quiere decir que tenga que ser excelente por obligación. A 91 days le sucede un poco eso. Cuando te has cansado de ver películas sobre mafiosos y te enfrentas a una nueva obra de la temática, esperas que te atrapen y ofrezcan una perspectiva diferente. Un mínimo, porque es un campo muy trillado. Muy trillado y tan repleto de clichés que provoca náuseas. Y 91 Days es una recopilación de topicazos y referencias mal digeridas que me aburrieron muchísimo. He visto esto miles de veces. Con ciertos géneros se tendría que ser más exigente, sobre todo porque cuando se trabajan, acaba siempre lloviendo sobre mojado. Yo por lo menos intento serlo, a fin de no perder tanto el tiempo. Los demás pueden hacer con el suyo lo que quieran, por supuesto.

91days

Joker Game

ジョーカー・ゲーム

Más de lo mismo pero con un resultado no tan cansino. Joker Game fue la gran esperanza del anime para adultos tras la apoteosis de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Y es que durante los primeros capítulos parecía que todo marchaba sobre ruedas… más o menos. Pero al alcanzar el ecuador de la serie, muchos ya se habían dado cuenta de que su formato estaba echando a perder su enorme potencial. Lo que podría haber sido una buena serie sobre espionaje y la II Guerra Mundial, se quedó en mera anécdota. No un mal producto, pero perfectamente olvidable. Con algún episodio más brillante que otro, aunque en general mediocre. Una lástima, la verdad. No me importó terminarla de ver, sin embargo no repetiría experiencia ni en broma.

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Fukigen na Mononokean

不機嫌なモノノケ庵

¿Cómo decir NO a una serie sobre yôkai y el folclore japonés? Personalmente no podía resistirme a verla, aunque el aire general me repeliera un poco por too happy. Y sí, es un too happy anime, de preciosa animación, brillantes colores ácidos y protagonista bobalicón que esconde un misterioso y gran poder. Creo que no me suena de nada. Pero como resultaba tan ligera y agradable, la veía semanalmente con ganas. Hasta que me di cuenta de que el anime estaba finalizando… y no había ocurrido absolutamente nada de importancia. Fukigen na Mononokean era un bonito manojo de globos que se los llevaba el aire. ¡Adiós, adiós! Por mucho que hubiera yôkai supermonosos, siempre se esperaba algo de contenido. Y todo quedó en una simple presentación. Si tienen planeado hacer una segunda temporada, entonces cierro la boca. Si la cosa al final permanece así, Fukigen na Mononokean engrosará las filas de esa ingente cantidad de series que quedaron petrificadas en la flor de su existencia. Lloremos.

kawaii

That’s all, folks. Con vuestro permiso, voy a dormitar un rato. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Tránsito VIII: La familia Poe

Y hemos alcanzado ya esa época del año donde los Tránsitos reaparecen. Esa pequeña sección enfocada en el terror, lo sobrenatural, lo fantasmagórico. Son temas que me gustan mucho, así que tampoco es extraño toparse con ellos por el blog; pero a partir de ahora hasta el 2 de noviembre serán más abundantes. O esa es mi intención. El año pasado tuvimos nada más y nada menos que siete tránsitos dedicados al cine, literatura, manga y anime. Este 2017 procuraré algo similar, aunque la escasez de tiempo no me permitirá una dedicación como la que me gustaría.

Aprovechando que, ¡por fin de los porfines!, Tomodomo publica este 31 de octubre ¿Quién es el 11º pasajero? (de cuyo anime escribí aquí), manga que llevo esperando desesperada todo el año, inauguro los tránsitos 2016 con una obra de la misma autora, Môto Hagio. Una obra que se llevó, junto a esta, el galardón Shôgakukan al mejor shônen del año 1976. Hagio-sensei fue premiada por partida doble. Aunque antes debo advertir que no voy a escribir una reseña del tebeo completo, simplemente porque no he conseguido leerlo todavía. Así que esta entrada, aparte de estar dedicada a los 9 episodios de 15 en total que hay rulando por internet, es una humilde petición para que alguna editorial del sector se atreva a dar el paso y publicar en español este clásico del shôjo. Si existen ediciones en polaco e italiano, no veo razón para que el público hispanohablante, mucho más numeroso, no pueda conocer este tebeo histórico. Ah, que cuál es el manga. Mis disculpas: Poe no Ichizoku (1972-1976) o La familia Poe.

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Portada del cofre de la reedición limitada especial 40 aniversario

Como indica la ilustración, se trata de un manga que consiste en 5 tankôbon y 15 capítulos. En sucesivas ediciones se acortó el número de volúmenes, y las polacas e italianas, por ejemplo, constan solo de 2. Este año se anunció la publicación en diciembre de dos episodios más bajo el nombre de Haru no Yume. La información suministrada es que la acción tendrá lugar en Gales en 1944, con un personaje nuevo femenino de origen alemán. ¿Esperaba Môto Hagio que La familia Poe tuviera esta enorme repercusión? Yo diría que no, pero eso no la amilanó y continuó creando un cómic la mar de extraño. Hizo un poco lo que le dio la gana, y eso es maravilloso. No hay nada más atractivo (al menos para mí) que la libertad creativa. Y en esos momentos el Grupo del 24, del que formaba parte Hagio-sensei, estaba haciendo literalmente historia. Esto no quiere decir que nuestra querida mangaka estuviera partiendo de tabula rasa; el mundo del shôjo ya existía, pero poseía unas características alejadas de lo que el Grupo del 24 tenía en mente. Eran sobre todo obras de orientación conservadora y escritas por autores masculinos (aunque había excepciones), y Môto Hagio junto a sus colegas querían ampliar los horizontes de la demografía. Aun así, las influencias de Osamu Tezuka y otros creadores eran inevitables (y necesarias). En el caso de este Poe no Ichizoku, la propia Hagio reconoció que le sirvió de inspiración la colección de cuentos Ryûjin Numa (1964), del gran Shôtarô Ishinomori. En concreto el número 4 de la recopilación, titulado La niebla, la rosa, la estrella. Una historia que me recordó muchísimo a la Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu. Y de aquellos polvos vienen estos lodos… aunque para bien.

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“Kiri to Bara to Hoshi” (1964) de Shôtarô Ishinomori

Poe no Ichizoku tiene de protagonistas iniciales a Edgar y Marybelle, una pareja de hermanos huérfanos que fueron convertidos en vampiros a temprana edad, por lo que permanecieron inalterables en sus 14 y 12 años. Cómo llega a suceder es algo que en los 9 capítulos que he leído no se aclara, aunque parece que es su familia adoptiva, los Poe, los responsables de su transformación. Pero el manga en realidad no sigue un orden cronológico, empieza con los dos hermanos viviendo como hijos de otra pareja de vampiros, los condes de Portsnell. Los cuatro simulan ser una familia normal, trasladándose de un lugar a otro de forma regular para no despertar sospechas. Suspicacias por las consecuencias de sus hábitos alimenticios y la falta de cambios en los adolescentes. Además Marybelle tiene una naturaleza bastante delicada, y representa una fuente de preocupación para todos. Esta vida itinerante les obliga a ser extremadamente cuidadosos, sin embargo Edgar está muy harto de toda esa situación desde hace tiempo. Busca refugio en la compañía de un compañero de colegio, Allan Twilight, del que termina enamorándose. Atención: La familia Poe no es un manga yaoi aunque se sugieran y emerjan ciertos elementos. Edgar y Allan además son más bisexuales que otra cosa, y su relación no acapara el protagonismo del cómic. Al menos hasta el episodio 9. Pero es innegable que esos elementos que aparecen son un precedente a tener en cuenta dentro de la historia del género.

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Edgar y Marybelle

Si habéis leído alguna vez una novela gótica, La familia Poe no os sorprenderá, porque tiene muchos de sus ingredientes: grandilocuencia e hipérbole emocional, escenarios tenebrosos, la consabida falacia patética, argumento rocambolesco, circunstancias sobrenaturales, erotismo velado de alta intensidad y sobredosis de misterio. Como fan de este género, fue un placer encontrar muchos de sus tópicos tan bien representados y, muy importante, sin caer en la parodia. Pero reconozco que no es una variedad del terror que suela gustar, y menos al público profano. Se ha caricaturizado tanto a lo largo del tiempo (porque se presta a ello, no obstante) que comprendo resulte algo difícil tomárselo en serio. Pero sigue siendo uno de los pilares fundamentales del horror moderno, y Môto Hagio en La familia Poe lo conjugó sabiamente con el Romanticismo y la renovación que supuso para el género Edgar Allan Poe.

No es fortuito que Hagio-sensei eligiera un título así para su obra, es un homenaje claro al escritor bostoniano, una declaración de principios donde encontraremos la truculencia tan característica de este autor, reflexiones sobre la muerte, la culpa, los deseos, etc.; y la omnipresente figura femenina lánguida, pasiva. De deslumbrante belleza aunque moribunda. No llega a los abismos metafísicos de Poe, pero lo encontramos muy presente junto a otras referencias, más dispersas, de espíritu victoriano como el Prerrafaelismo.

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“La Ghirlandata” (1873) de Dante Gabriel Rossetti

La estructura no lineal del manga sigue las directrices de los clásicos relatos breves de terror del s. XIX. Podrían ser episodios autoconclusivos en los que se nos narra, cada vez, una historia particular en la larga existencia de estas criaturas; pero en realidad se encuentran engarzados, formando una crónica completa. Al principio desde el punto de vista de un humano, que nos presenta a los monstruos en diferentes momentos del tiempo. El marco social de sus personajes, como es de esperar, pertenece al de la alta burguesía o la nobleza; y no tiene reparos en manifestar sus abundantes prejuicios de clase, que forman parte del drama. Pero no solo se centra en la fantasía oscura del cuento de vampiros, sino que Hagio-sensei contextualiza las tramas y subtramas acudiendo al realismo.

Existe una clara dicotomía: el mundo eterno, casi etéreo, pero siniestro del vampiro; y el mundo humano, trivial y en perpetuo cambio. Su eventual (e ineludible) confluencia es el origen de todo conflicto. El vampiro de Hagio, aunque no es un depredador psicópata, posee una fascinación hipnótica para los humanos, que caen bajo el hechizo de su juventud y delicadeza sin remedio. Sin embargo, también la criatura sucumbe a la fascinación de la belleza fugaz humana. Camina a la luz del sol y lleva una existencia más o menos disimulada, pero siempre distante. Y no es para menos, las consecuencias del encuentro de esos dos mundos suelen ser imprevisibles. ¿Cómo enfrentar desde una perspectiva racional la existencia de unos seres inmutables, sin aparente vida y que se alimentan de sangre? Es la variedad de reacciones humanas a este hecho extraordinario el centro de la mayoría de los capítulos y, a través de ellos, conocer más sobre las vicisitudes de Edgar y Allan, los personajes centrales. Efectivamente: Edgar Allan… Poe.po2

Hace falta armarse de paciencia para ojear este manga, porque tanto por su arquitectura como por la gran cantidad de personajes y hechos que se suceden, es necesaria cierta atención. No se trata de un tebeo convencional y, a pesar de que en realidad no es una obra complicada, requiere una lectura activa. La familia Poe es melancólica y poética, resulta asombroso que años después las sagas exitosas de Anne Rice, Whitley Strieber o Stephenie Meyer repitieran en sus novelas conceptos idénticos a los que podemos encontrar en este manga. En el primer caso de una forma muchísimo más afortunada que en la tercera. Las semejanzas con Entrevista con el vampiro (1976) son extraordinarias. Podemos afirmar que este tebeo se adelantó a su tiempo en muchos aspectos, y aunque el arte sí ha quedado desfasado, continúa siendo una obra perfecta para todos aquellos que sean amantes de la novela gótica y los vampiros. También es verdad que el que busque “pasar miedo” con La familia Poe no lo conseguirá. Aunque utilice las moléculas del género, su objetivo no es asustar. Se trata más bien de un manga melodramático, con mucho de folletín y algo de romance, pero bastante inofensivo.

Me habría gustado contar alguna cosa más sobre La familia Poe, pero como os indicaba al inicio, no he podido finalizar su lectura ya que he sido incapaz de encontrarlo. Si alguien logra hallar este manga completo, me sentiría muy agradecida si dejara algún comentario. Mientras, solo resta esperar a que alguna editorial se anime a publicarlo. ¡¡¡Por favor!!! Desconozco cómo finaliza y qué sucede con sus personajes principales; tengo muchos interrogantes que en los 6 capítulos restantes seguro conseguiría despejar. No es que se haya quedado a mitad de una trama emocionante, porque este cómic no tiene ese tipo de disposición, y además es pausado. Pero faltan datos. Deduzco que son los relacionados con el pasado lejano y el presente, pero no sé más.

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¿Merece la pena comenzar este tebeo a sabiendas de que no es posible leer los últimos capítulos? Ya lo creo que sí. La familia Poe, aparte de ser un clásico a reivindicar, resulta que es ameno y cuenta una historia de historias bastante buena. Es como una matryoshka, dentro de ella hay más y más y más. Eso sí, como shôjo primigenio, hay flores y pétalos al viento que embisten a traición continuamente. Lo digo por las alergias. Y tampoco es justo ni adecuado aproximarse a él con la típica actitud cínica posmoderna (qué lacra, dios mío). Es una obra del año 1972, juzgarla según nuestros parámetros de principios del s. XXI sería una tremenda gilipollez. Así que Poe no Ichizoku exige un poco de esfuerzo. No mucho, pero algo sí. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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No, no tengo escáner

Este 25 de agosto el blog cumple dos añetes. No pensaba que el experimento fuese a durar tanto, la verdad. En realidad ni de coña. Tampoco sabía qué hacer para el día de hoy, así que he prestado atención a una voz insensata que me ha dicho: “¿ Y por qué no dibujas algo? Escribes sobre mangas, ¿no?”. A falta de más ideas, he pillado los pilot que hay rulando por casa, un edding apestoso de los que intoxican cosa rica, y esto ha sido el resultado. No me lo tengáis muy en cuenta, que está realizado con amorrrrrrr.

Pero lo más importante: GRACIAS. Muchas gracias a todos los que aguantáis todavía mis bizarreces. Un abrazo.

Siúil A Rún o la niña del otro lado

La verdad es que hacer una valoración sobre un manga del que solo he leído 7 capítulos es algo arriesgado por muchos motivos. Lo admito. No se tiene una visión panorámica completa, eso para empezar. Con probabilidad faltarán datos de suma importancia que aparecerán conforme se desarrolle más la obra, y la conclusión puede resultar indispensable en su evaluación. Pero Totsukuni no Shôjo me ha embrujado totalmente, así que no he podido evitar redactar esta entrada que, para ser más ecuánimes, podéis considerar la presentación de un tebeo que ya en su primer tankôbon promete muchísimo. La publicación de siguientes episodios, tengo entendido, se reanudará en septiembre; así que estamos en ese lógico e insoportable parón veraniego que los lectores ávidos solemos padecer durante estos meses.

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Shiva y el maestro

Totsukuni no Shôjo es un manga insólito y enigmático. Parto de la base ya de que no sé quién o quiénes son los autores siquiera: Nagabe. No he oído hablar de ellos nunca, lo que he rastreado me ha llevado a otro manga, de género yaoi y temática bastante loca, que tampoco he podido leer. Así que se trata de un estreno total y sin referencias de ningún tipo, lo que no me desagrada, más bien lo encuentro emocionante porque encima el descubrimiento no ha podido ser mejor.

El título del manga está acompañado de estas palabras: Siúil, a Rún. Es el nombre de una canción tradicional de la Isla Esmeralda, y se podría traducir algo así como “Ve, mi amor”. No es casual que Nagabe haya recurrido a una apostilla en gaélico irlandés, pues todo lo referido a ese mundo celta idealizado, hijo del Romanticismo del s. XIX, refleja muy bien el espíritu fantástico y brumoso de este tebeo. En la carrera me tocó hacer unos cuantos trabajos dedicados a lenguas goidélicas, grupo al que pertenece el irlandés moderno y, por cierto, relacionado con el antiguo celtibérico, aunque este se encuentre ya extinto y sea mucho más arcaico, claro. El tema es realmente interesante y se siguen varias líneas de investigación, pues los restos de celta continental no son tan abundantes y tenemos en España una auténtica mina filológica al respecto. La documentación que hemos descubierto de celtibérico, como los Bronces de Botorrita (Zaragoza), el Bronce de Luzaga (Guadalajara) o la epigrafía rupestre del santuario del dios Lug en Villastar (Teruel), son realmente joyas filológicas que nos cuentan muchas cosas de ese antiguo pueblo ya desaparecido, el celta. Esto, como podéis comprobar, es pura deformación profesional, ya disculparéis. Es que me emociono yo sola, jo.

Pero volviendo al tema de las influencias decimonónicas occidentales en Totsukuni no Shôjo, es algo con lo que nos vamos a topar continuamente, pues este tebeo intenta (y logra) cristalizar la esencia de los cuentos clásicos infantiles de ese siglo de diferentes maneras.

Shiva, una niña de unos 6 años, vive en una tierra donde existen dos regiones, dos países, dos mundos. Aparentemente son iguales, pero las gentes que los habitan no. El mundo de fuera es solitario, agreste y poblado de gente infectada por una maldición. Un leve roce es suficiente para contaminarse irreversiblemente, y tornar en un ser de profunda negrura y noche. El mundo de dentro lucha contra la paranoia y el avance de la maldición, y lo hace con crueldad, justificando cualquier atrocidad en nombre del bien común. Nadie sale fuera, salvo la soldadesca en su guardia y vigilancia de los límites, porque lo que se encuentra fuera de ellos no se considera humano siquiera.

Shiva no sabe mucho, salvo lo que su abuela y el Maestro le han dicho. Ella no está maldita, pero ha sido abandonada fuera y acogida por el Maestro, que procura cuidarla y protegerla a pesar de sufrir él mismo la maldición. Y es a través de los ojos de Shiva, principalmente, que vamos aprendiendo y desenmarañando el misterio que envuelve esta tierra y sus habitantes; y que va adquiriendo tintes legendarios. La inocencia y pureza naturales de la niña, así como su ignorancia, son un tesoro que pronto chocará contra la realidad tozuda, de la que el Maestro no puede mantener a Shiva apartada para siempre. Él mismo ignora muchas cosas, por lo que su cometido es difícil.

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Totsukuni no Shôjo es un cuento. Un cuento que se nutre de los tradicionales folktales. En el s. XIX, con el auge del Romanticismo, las historias fantásticas y fabulosas fueron muy apreciadas entre el gran público, que con los trabajos de los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen e incluso las aportaciones de Lewis CarrollOscar Wilde o Rudyard Kipling, impulsaron la literatura para niños a una Edad de Oro hasta entonces desconocida. Y ahí tenemos en The Girl from the Other Side ese aire confuso, entre medieval y victoriano/eduardiano, que vuelve a remitirnos de nuevo a los cuentos de hadas que durante esa época fueron tan queridos. Pero como todo märchen, tiene su reverso tenebroso. Y en Totsukuni no Shôjo es como una corriente submarina fría que, desde la primera página, se nota fluyendo entre los dedos de los pies. Y va creciendo, creciendo, lentamente, aumentando su intensidad hasta acariciar las lindes del cuento gótico. ¿Se adentrará en él? No lo sé, pero tampoco resultaría extraño, de hecho sería una evolución coherente.

Hay algo que me gustaría apuntar y que me molesta: el abuso de la ternura y/o la comedia blandita cuando se introducen niños pequeños en los mangas o anime. Bueno, para ser sincera, me enerva like hell el tratamiento que se les suele dar casi siempre a los críos, como si fueran todos algodoncillos de azúcar flotando como nubes, dispersando millones de esporas de lo kawaii por el planeta, infestando nuestras vidas de candor rosa chicle y risas plateadas. Qué le voy a hacer, soy alérgica a eso. Por lo que fue un alivio no hallarlo en The Girl from the Other Side. En ese aspecto es comedida y elegante; y aunque Shiva sea muy mona e ingenua, no hay reparto de pasteles pasados de fecha. En realidad no hay pasteles. Punto. ¡Bien!

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The Girl from the Other Side está repleto de arquetipos (la niña el más reconocible), símbolos y alegorías, que nos hablan del ancestral miedo a la Oscuridad, a lo diferente; y la perentoria necesidad de proteger la tribu, a la familia de la amenaza de lo extraño. Lo familiar y lo ajeno, civilización y barbarie, luz y sombra; la dualidad habitual de los cuentos que, conforme avanza la lectura, en Totsukuni no Shôjo se va difuminando. Caperucita viviendo con el Lobo Feroz tras ser abandonada por la Abuelita. Pero no va a ser todo tan diáfano como en los fairytales; se barruntan laberintos morales atractivos y sutiles tinieblas de las que congelan el alma. Boira que se enreda entre las piernas, traspasa el pecho como un fantasma y deja sin respiración a pesar de su belleza. Como comprenderéis, ¡quiero más!

It is a story full of sadness.

From now let’s recite

a slow and beautiful

story from long time ago.

¿Y qué decir del arte? Nagabe vuelve, de nuevo, a invocar el espíritu del pasado. Las influencias de magníficos creadores e ilustradores como Beatrix Potter (1866-1943) o Edward Gorey (1925-2000) son muy patentes y otorgan ese clasicismo que contrasta en cierta manera con su trazo fino y desaliñado, casi como si fuera un boceto. Las caracterizaciones de los dos personajes principales son casi esquemáticas, pero dotadas de gran fuerza expresiva, sobre todo el Maestro. Los contrastes de luz , el uso del negro o blanco totales, son puro simbolismo. Sin embargo, encuadres y planos se alzan contemporáneos, con un dinamismo que marca un rumbo y movimiento de forma muy acertada. Un conjunto armonioso y mesurado, acorde con la historia que narra.

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“The doubtful guest” (1957) de Edward Gorey

Totsukuni no Shôjo es lirismo. Esas similitudes superficiales con The Ancient Magus’ Bride son eso, superficiales. Ni el argumento, ni el trasfondo, ni los personajes, ni el arte se parecen. Lo que tienen en común es una pareja protagonista desigual, uno de ellos con aspecto demoníaco; y que la ambientación y elementos mágicos son tomados de Occidente. Poco más. Mientras The Ancient Magus’ Bride es un tebeo standard, con un dibujo de estilo clásico manga y un desarrollo de la historia muy bien delimitado dentro de los parámetros de su género; Totsukuni no Shôjo es una rareza delicada, discreta  e imprevisible. No es mala obra The Ancient Magus’ Bride, quiero dejarlo muy claro, pero The Girl from the Other Side es, simplemente, otra cosa. Muy distinta.

¿Lo recomiendo? Sí, fuerte. Pero fuertefuertefuertefuerte. Es hermoso, es melancólico, es inusual. ¿Cabe la posibilidad de que se convierta en algo que no espero o una decepción? Pues también, pero para averiguar si Totsukuni no Shôjo muta en bosta de cabra o continúa fascinándome, habrá que esperar hasta el otoño. Mi querido otoño.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Verano 2016

Menuda primaverita. La verdad es que solo he sacado en limpio al DJ cocinero, con el que he disfrutado como una perraca. El resto de series pues… no mucho. Lo más decente, aunque nada del otro mundo, ha sido Joker Game. Tenía bastantes expectativas puestas en esta serie aunque también muchos recelos, y ha resultado un producto formalmente bueno pero con un contenido mediocre. No malo, pero sí vulgar. La terminaré de ver, por supuesto, ya que su función de entretenimiento la cumple y no me irrita en ningún aspecto. Sin embargo, Bungô Stray Dogs, a pesar de mis reiterados esfuerzos, no la he podido continuar. Lo he intentado, pero no tengo ya talante para histrionismos. Kabaneri of the Iron Fortress empezó fetén y se ha ido convirtiendo en un producto harto convencional. Consecuencia: me aburrí y la mandé a escaparrar. Me puse con Flying Witch y no pasé del cuarto capítulo. Demasiado tranquilota, los narcóticos tienen su momento. Quizá más adelante le dé otra oportunidad, sé que la merece, pero ahora el cuerpo me pide otra cosa.

Conclusión: ¡viva Tonkatsu DJ Agetarô! Que un anime de 5 minutos y ejecución simplona me parezca lo más destacado de los estrenos de esta temporada, creo que lo dice todo. No voy a añadir más. Así que veamos lo que nos ofrece el verano, esa estación del año que lo único bueno que tiene para mí es que le sigue el otoño, mi favorito. Sin ánimo de presumir (qué va, jojo), mi zona se pone preciosa en esa época, con mis queridos arces y hayedos ardiendo entre las primeras nieves. ¡Ay, pero qué ganas de que llegue octubre ya, joder! Bueeeeno, las noches estivales las suelo disfrutar también, lo admito. Agosto y mi telescopio cutre-salchichero son geniales, quizá porque no hay sol. Odio el sol.

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“Luna de verano en Miyajima” de Tsuchiya Koitsu (1936)

Expongo a continuación una pre-selección de lo que planeo olisquear esta temporada. La mayoría de los anime los he elegido guiada por mi intuición de topo o porque el argumento me atrae, pero no he tenido en cuenta ni estudios, ni directores, ni nada parecido. ¿Por qué? Porque al final acabo viendo solo lo que me gusta de verdad, proceda de donde proceda. Ya después prestaré atención al resto de detalles, pero lo principal es que retenga mi atención lo suficiente para que finalice la serie. Últimamente no son muchos estrenos los que lo logran, y eso tampoco me tiene muy contenta. Bueno, al turrón.

lagrimaslluvia

Tenía en mente los siguientes anime, pero al final he decidido no verlos. Por ahora. El primero de ellos es ReLIFE, que atraerá mucho público porque parte de una base atractiva: slice of life y vida escolar con una chispa de mmm… magia. O algo así, un adulto que tiene la ocasión de regresar a su adolescencia y al instituto. Es bastante común encontrar en series y mangas la idealización (más bien obsesión) que padecen los japoneses por esa época de la vida. Personalmente, no se me puede ocurrir escenario más pesadillesco: un momento donde todavía no se sabe de la misa la mitad pero sí se tiene la arrogancia para creerlo, se hacen y dicen gilipolleces en modo AK-47 y encima brotan miríadas de granos. La adolescencia es una mierda, señores. La edad adulta también, pero menos. Regresando al tema, ReLIFE no me convenció y el cupo de school life con fenómeno anómalo de por medio ya lo tengo cubierto con otra serie.

Sweetness and lightning. Ya solo el título se me atragantó. A veces me pregunto por qué narices los japoneses son tan cursis. Aun así me planteé seguirla durante cinco minutos. Luego reflexioné y se me pasó. Estoy segura de que los amantes del slice of life y la comedia blanca, con criatura kawaii hiperactiva y megafeliz que aporta las dosis pertinentes de ternura y gracietas espontáneas, la disfrutarán. Yo no. Soy una misántropa que solo se regocija en descuartizamientos, obras del precámbrico y galimatías hipster. Estoy de guasa, claro, pero necesito unas vacaciones. Y tras ellas, no creo que las aventuras culinarias de la familia Inuzuka me sigan llamando mucho la atención. Aunque a saber.

sweetness

Adoro los vampiros, así que durante un par de segundos pensé que Servamp podría resultar divertida. Luego leí la sinopsis completa y me dí cuenta de que el peligro de que ese anime fuera excremento de trol era muy real. Por lo que extirpé el deseo de mi débil mente. Cosa semejante me ocurrió con Hitori no Shita: the Outcast, y es que el género zombie está ya muy xocarradito y la imaginación brilla por su ausencia. Deberían dejarlo descansar unos años, y no solo en el mundo del manganime. Que ya huele.

Con Handa-kun he dudado, de hecho mis intenciones iniciales eran seguir la serie. Pero como con el manga estoy bien servida y la historia no me cautiva tantísimo como para verla de nuevo en su versión animada, he preferido aparcarla. Dependiendo de cómo marche, igual me subo al carro más adelante.

nifunifa

Como indica el estupendo encabezado (¡dios salve mi arte con el Paint!), son series que tantearé pero que tampoco me emocionan demasiado. A priori. Estas cosas cambian y mucho. Veamos entonces.

Fukigen na Mononokean

Tiene unas premisas que recuerdan levemente a xxxHolic, pero le voy a dar su oportunidad because yôkai. Es muy posible que se me haga insoportable por mis problemas en general con la comedia y me da un pelín de mal rollo. Vamos, que me parece tiene aspecto de bosta, pero Fukigen na Mononokean tendrá sus dos episodios de gracia because yôkai. Eh, y quién sabe, a lo mejor me llevo una sorpresa agradable y todo.

Orange

Este slice of life con toques de sci-fi es el caramelito de la temporada. Tienen que meter el patón muy profundo y con saña para realizar un anime abyecto con esta materia prima. Orange es un producto que viene ya con sello de garantía; probablemente tenga una recepción estupenda además, no puede ser de otra forma. Y si ya se esmeran un mínimo con el arte, tendremos uno de los productos no ya solo de la temporada, sino del año. Lo tienen muy fácil. Personalmente no estoy muy ilusionada con él porque el manga tampoco me atrapó, pero sé valorarlo a pesar de mi tremenda alergia a la sensiblería o al melodrama lacrimógeno. Y de eso puede haber un poco… aunque no se me asusten: con un mínimo que sea fiel al manga, la insulina no será en absoluto necesaria.

orange

Mob Psycho 100

Solo espero no encontrarme con una clonación de las ideas de One Punch Man, porque esa clase de efectismo funciona una vez. Una segunda puede hacer perder la chispa… y eso en una comedia es nefasto. Sin embargo, estoy elucubrando porque ni he leído el manga de Mob Psycho 100, ni he indagado demasiado en su argumento. Precisamente para aumentar las posibilidades de llevarme una sorpresa guay. Aun así, tengo mis reticencias que, fíjate qué cosas, también albergaba con One Punch Man. Lo dicho, deseo que me impresionen para bien.

ñam

Es la intención, comerlos a gusto. Pero no hay nada seguro en el mundo, señores, salvo la muerte y los impuestos.

91 Days

Es mi prioridad definitiva este verano. Estados Unidos, años 20, la Ley Seca en plena vigencia, mafia y vampiros. PERFECTO. Claro que recuerda un pelín a Baccano!, pero eso no tiene por qué ser malo. Tengo puestas muchas esperanzas en este seinen, ¡menuda pintaza! Aunque ya veremos cómo se desarrolla el tema. Nunca se sabe, puede acabar convirtiéndose en el enésimo bluff. Pero en principio, 91 Days contiene muchos de los ingredientes que me hacen salivar hasta la deshidratación.

91-Days

Bananya

No tengo ni idea si voy a lograr encontrar un sitio en la red que lo suba y lo traduzca (seguramente no) pero,  ¡quiero ver Bananya! Un anime de 5 minutos cuya sinopsis es la siguiente:

“Bananya is a mysterious cat who hides inside a banana. Bananya lives undercover inside a real banana, and no-one has ever seen the part covered by banana skin… When nobody is around, Bananya secretly plays and creates mischief. Bananya likes to play and eat sweet things. Bananya’s dream is to become a stylish chocolate banana.”

Yo esto tengo que verlo, sin más. Aunque luego me fermente el cerebro.

 

animierder

Como esta temporada les he echado el ojo a varios aspirantes animierder bastante prometedores, habrá sección semanal dedicada a algún engendrillo de estos. Hatsukoi monster tiene casi todas las papeletas para ser la diana de mis crueldades; aunque Fudanshi Kôkô Seikatsu también tiene pinta extremadamente mongoloide. Observo muy de cerca Taboo Tattoo, que huele a truñaco de camello a kilómetros, y Tsukiuta the Animation es descerebre ratificado, por lo que me veré un par de episodios de cada uno y decidiré cuál me inspira más.

Si descubro que Saiki Kusuo no Psi Nan posee dignidad de animierder, quizá añada un mini-apéndice a la sección, porque se trata de una serie de 5 minutos y características bastante idiotas. Ya veremos, pero podría intentarse si no me da mucha vergüenza ajena… y se le puede sacar algo de jugo, claro.

bishies
Las “monadas” de Tsukiuta. El megane es mío, aviso.

Respecto a películas, Koe no Katachi se estrenará el 17 septiembre, e ignoro cuándo podremos verla en el resto del planeta. La distribución y acceso a este formato es, desafortunadamente, más lento. Mientras tanto, nos consolaremos mediante el manga, que no es poco. También la curiosidad me carcome con la OVA de The ancient magus’ bride, que aparecerá en cines el 8 septiembre. De su manga hablo aquí, por si buscáis más información sobre la obra. Me llama la atención Kimi no Na wa, pero que el romance se pueda enseñorear por completo de la historia me da un poquillo por saco. Saldrá a finales de agosto, desconozco cuándo se podrá ver fuera de Japón.

Por otro lado, tengo muchichichichichísimas ganas de ver el corto Kaze no Yô ni. Pero muchas. Está basado en un one-shot del año 1969, escrito por el gran Tetsuya Chiba. Tiene todo el encanto y amor de los anime del pasado, porque han respetado su estilo artístico por completo. O al menos es lo que se deduce del trailer, que me ha dejado encantada. Hasta la cancioncita de Kana Matsumoto me ha gustado. Ah, qué nostálgico todo.

Como siempre apostillo, no sería extraño que abandonara series que incluyo en la dieta y adoptara luego otras que hubiera descartado o ni tenido en consideración. Pero en todo caso, no aumentaré su número, seguramente disminuirá porque me parecen muchas. Aun así, estoy abierta a vuestras sugerencias y otras alternativas. Pero a fecha de hoy, estos son los anime que son y así os lo hemos contado.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Japan in Terror: 5 libros para hacerse caquita (o no)

Ojalá supiera más de cultura japonesa.

Ojalá hubiera leído más libros de Japón y sobre Japón.

Ojalá fuera inmortal y multimillonaria, porque así tendría el tiempo y los recursos para documentarme a conciencia sobre Cipango (y millones de cosas más, claro).

Pero como no soy, ni sé, ni tengo lo expuesto, esta es la única lista que puedo confeccionar. Una lista con 5 libros dedicados al terror. Sí, es un género que me entusiasma, uno de mis favoritos porque invoca nuestras emociones más primarias y lo irracional siempre tiene su fascinación. Habría incluido también a Shirô Hamao o a alguno de los que aparecen en esta entrada, pero he preferido diversificar.

Son cinco libros de autores, épocas y estilos muy diferentes. Cinco maneras distintas de enfocar y sentir lo horrible, el espanto, el misterio. Y con intensidades también variables. Dentro del género creo que hay para todos los gustos, así que deseo que por lo menos uno te atraiga lo suficiente para leerlo. Estaría genial. Y si no es así… pues qué le vamos a hacer. A otra cosa, mariposa.

medusa

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¿Quién no conoce Battle Royale (1999) de Kôshun Takami? Como mínimo la película y su secuela tienen que sonar. Es uno de esos bestsellers que se comprende perfectamente que llegaran a convertirse en tal fenómeno. Pero no nos emocionemos tampoco tanto, el que haya leído El Señor de las Moscas (1954) de William Golding o La larga marcha (1979) de Stephen King, reconocerá el mismo compás. Y no es algo malo en realidad, las influencias son beneficiosas si se crea a partir de ellas algo nuevo, como es el caso. De hecho el resultado es bastante más recomendable que Los Juegos del Hambre (2008), que sospechosamente posee tantas similitudes con la obra de Takami. Aunque no voy a entrar en ese barrizal ahora ni en el futuro. Paso.

Teniendo de base la clásica ucronía de la Segunda Guerra Mundial, Battle Royale es un engendro salvaje, extraño y paranoico; con la violencia cruda del pulp y un retorcido darwinismo social que disfraza una filosofía amoral y déspota. El existencialismo de Sartre también encuentra su lógico lugar en esa pequeña isla donde unas decenas de adolescentes se enfrentan a la muerte, completamente aislados, buscando el verdadero significado de la vida. Profundo, ¿eh? pues es lo que hay en Battle Royale y más.

El gran Takeshi Kitano
El gran Takeshi Kitano

El totalitarismo rige la República del Gran Oriente Asiático. La subversión se halla en todo aquello perteneciente a los enemigos del Estado, como “los americanos imperialistas”. La obediencia y sumisión son indispensables, la disidencia castigada con la muerte. Para evitar divergencias entre la población, se lleva a cabo el Programa de Experimentación bélica nº68, cuya verdadera intención es controlar mediante el miedo y el terror. Una vez al año, 50 clases de tercer curso de secundaria son seleccionadas al azar. Los alumnos de cada centro escolar son trasladados a un espacio incomunicado donde se les suministran armas. ¿Para qué?  El objetivo es eliminarse unos a otros hasta que solo quede un superviviente. Al finalizar el “experimento”, el vencedor sale por la tele, recibe un pensión vitalicia y una foto con la dedicatoria del Gran Dictador. Nadie sabe cuáles han sido los institutos escogidos hasta que el evento casi ha terminado. Todos los años millones de personas sufren con pavor el que un miembro de su familia, un amigo, un conocido, sea elegido para morir de una manera injusta y atroz.

Pero esta vez algo es distinto. Ha habido una extraña filtración, una intrusión que el Estado todavía no ha sabido identificar. Aun así, prosiguen con el “experimento”, y en la isla de Okishima reúnen a los 42 alumnos de la clase 3ºB del instituto Shiroiwa. Los equipan con material de supervivencia, a cada uno con diferentes instrumentos además; les colocan un collar explosivo, que los controla y vigila para que no rompan las normas… y los sueltan. No pueden negarse a matar, no pueden esconderse o quedarse quietos en el mismo lugar, no pueden acceder a ciertas áreas, que conforme pasa el tiempo aumentan. No hay salida, es matar o morir.

A Hiroki siempre le había sobrecogido cómo una chica de tercero de instituto podía ser tan despiadada. Al parecer resultaba que había adquirido la mentalidad de un adulto desde mucho tiempo atrás. La mentalidad retorcida de un adulto… no, sería más ajustado decir la mentalidad retorcida de una chiquilla.
La sangre bajaba empapando la manga hasta el Colt del 45, y luego empezó a gotear desde la embocadura del cañón como una delgada línea roja, formando sin hacer ruido un charco sobre un montón de hojas secas a sus pies.

Me llama mucho la atención esa docilidad casi inmediata que presentan los estudiantes al afrontar una situación extrema que ha sido totalmente impuesta, atropellando sus voluntades. Claro que hay una minoría rebelde, pero es eso: minoría. De 42 estudiantes se pueden contar con los dedos de una mano los que no aceptan estas circunstancias abusivas. Es muy evidente que Takami está haciendo una crítica feroz al tate shakai y al arraigado espíritu colectivo de la sociedad japonesa. Aunque el autor introduce con pinceladas muy definidas a cada uno de los estudiantes, con sus propias características y peculiaridades, no dejan de ser marionetas que representan un papel muy concreto. No hacen nada por sublevarse y cumplen obedientemente con lo que se espera de ellos. Aunque son personas individuales, con sus vivencias y sentimientos, no dejan de ser y actuar como meros números. No todos, claro. El trío conformado por Shûya Nanahara (estudiante masculino nº 15), Noriko Nakagawa (estudiante femenina nº 15) y Shôgo Kawada (estudiante masculino nº 5) será el centro de gravedad en torno al cual orbitará la historia.

Battle Royale es ágil y engancha con rapidez. No es la mejor novela de terror del universo, pero ofrece buen entretenimiento si no se es demasiado remilgado. Aparte de las escenas explícitas donde los sesos vuelan por los aires y la sangre fluye como el río Congo, tiene un trasfondo con más enjundia de la esperada. Hay violencia, sí. Hay muertes gratuitas, sí. Hay humor negro, bastante. Pero también hace reflexionar.

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En esta entrada, dedicada a la película de Kenji Mizoguchi, ya hablé un poquito de este libro. Si no tenéis muchas ganas de acudir al enlace y leer ese amago de crítica cinematográfica, os duplico a continuación el contenido de interés literario. El título original es Ugetsu Monogatari y tiene no poca trascendencia su significado: Ugetsu es una palabra que designa una luna brumosa de fulgor pálido, rodeada de nubes cargadas de lluvia. Ese momento en el cielo está relacionado con la aparición de seres enigmáticos y fabulosos en la tradición asiática. Monogatari lo podríamos traducir como historia, leyenda, cuento.

Cuando salió a buscar el lugar cerca del porche donde le había dicho el abad que se sentara, encontró un hombre en la penumbra con el pelo y la barba tan enredados que resultaba imposible saber si era un monje o seglar. Las malas hierbas se enroscaban alrededor de él, hojas plumadas se mecían sobre su cabeza, y entonces murmuró algo casi inaudible, con voz tenue no más fuerte que el zumbido de un mosquito:
“La luna brilla en el río, el viento susurra entre los pinos.
La larga noche, el claro crepúsculo, ¿para qué son? “

El capuchón azul

Cuentos de lluvia y de luna (Trotta, 2002) es un libro de relatos, nueve en total, del escritor Ueda Akinari (1734-1809) y publicado en 1776. Creo que no voy a insistir mucho en la relevancia de este autor en la literatura japonesa, pero se trata de una de sus figuras clásicas más importantes. Este caballero, por sus circunstancias vitales, tuvo un profundo apego a todo lo místico y sobrenatural plasmándolo, lógicamente, en su obra. Se podría decir que Ueda Akinari fue un pionero de la weird fiction en Japón y su libro más célebre, este Ugetsu Monogatari, no deja de ser una recopilación de cuentos góticos o kaidan. Y de los más importantes en las islas. La influencia china no podía faltar, en realidad son adaptaciones de relatos de la Dinastía Ming (1368–1644) pero acomodadas enteramente a Japón y, sin duda, embebidas de su espíritu poético y emocional, alejado del racionalismo del Continente. Ya imaginaréis que, a pesar de que fue un escritor dirigido a un sector creciente y educado de la población (la Edad Media ya quedaba atrás), conformado por comerciantes y pequeños burgueses (chônin), su influencia y trascendencia no ha sido, por eso mismo, pequeña. Grandísimos autores como Jun’ichirô Tanizaki (1886-1965), Ryûnosuke Akutagawa (1892-1927) o Yukio Mishima (1925-1930) le rindieron pleitesía y es, sin duda, una de las figuras más influyentes en la literatura japonesa del s.XX. Como no podía ser de otra forma, Lafcadio Hearn (1850-1904) también adaptó en sus obras algunos de sus cuentos.

ugetsu
Ugetsu Monogatari (1953) de Kenji Mizoguchi se basó en los relatos “La cabaña entre las cañas esparcidas” y “La impura pasión de una serpiente”.

Como casi toda recopilación, hay narraciones que gustan más que otras; que sorprenden menos o que calan más. Cuentos de lluvia y de luna, sin embargo, personalmente me ha parecido homogéneo en ese aspecto. Algunos son (sobre todo el primero) más complejos que otros, pero los nueve tienen ese trasfondo ético y moral que imparte una enseñanza, lo que podríamos considerar en Occidente parábolas, pero que en Japón se llamó yomihon. Los nueve presumen de un estilo elegante, comedido, muy distinguido; una maravillosa muestra de ese ideal estético del miyabi.

Los relatos de la edición de Trotta son “Shiramime”, “Cita en el día del Crisantemo”, “La cabaña entre las cañas esparcidas”, “Carpas como las soñadas”, “Buppôsô”, “El caldero de Kibitsu”, “La impura pasión de una serpiente” y “El capuchón azul”. Son clásicos. Y como tales, no solo hablan del encuentro del ser humano con lo extraordinario, sino que profundizan en la naturaleza del hombre y la disecciona. Como siempre suelo repetir cuando trato obras antiguas, no es inteligente enfrentarse a ellas desde una perspectiva contemporánea. Ugetsu monogatari fue creado en el s. XVIII, y en él encontraremos ese contexto (que es necesario conocer un poco para comprender ciertas cosas) y una visión del mundo que pertenece exclusivamente a esa época. Si se tiene en cuenta esto, sin duda los que amen el folclore japonés y la faceta más tradicional del país, hallarán en Cuentos de lluvia y de luna un auténtico tesoro.

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Este libro tardó un poco en ganarme, pero conforme iba avanzando en su lectura, no me quedó otro remedio que reconocer la gran labor de investigación periodística que realizó Richard Lloyd Parry para su creación. No soy muy amiga de la prensa de sucesos y suelo evitar todo lo que puedo el amarillismo, porque me parece una de las formas más insultantes de manipular información. Y cada vez está más extendido, pero ese ya sería otro tema. He seleccionado este People who eat darkness no ya solo por la historia, que es real, sino por reivindicar un poco el género periodístico que tan denostado se encuentra dentro de la literatura. Es cierto que hay mucho cabestro que parece que le hubiera tocado el grado de Ciencias de la Información en una tómbola de Cantorrodao del Cascote. Es el medio donde más se maltratan las letras. No obstante, existen profesionales en el gremio que lo dignifican; en España se me ocurren Antonio Salas o Juan Soto Ivars (cada uno en su estilo), y en el caso del Reino Unido tenemos, por ejemplo, al autor de este libro: Richard Lloyd Parry. Es editor jefe de la redacción asiática de The Times y lleva trabajando como corresponsal en Tokio desde 1995. A causa de su trabajo y nacionalidad, vivió de manera muy cercana todo lo referente a la desaparición de la joven británica Lucie Blackman en el año 2000. Cubrió la noticia, que tuvo repercusión mundial, y diez años después decidió escribir en más profundidad sobre ello.

Lucie Blackman
Lucie Blackman

Lucie y su mejor amiga Louise deciden, por circunstancias personales y económicas, ir a trabajar unos meses a Japón como hostesses o chicas de compañía. Son dos muchachas de clase media inglesas de 20 años, con ganas de vivir la vida y conseguir además algún dinerillo extra con esta experiencia puntual. Louise tiene un contacto en Tokio que le asegura que el trabajo es relativamente simple y el sueldo alto. Así que, ilusionadas aunque con ciertas reticencias familiares, vuelan hasta allí. Su primer gran viaje… y a un lugar tan distinto y ajeno a Sevenoaks como jamás podrían haber imaginado: se topan con una especie de Enter the void. La shithouse, como Lucie bautiza a su nuevo hogar, no es ni mucho menos idílica; y se dan cuenta de que subsistir en una de las ciudades más caras del planeta es difícil. Aun así, tras un primer mes duro, Lucie y Louise se han adaptado a su vida en Roppongi, el distrito gaijin por antonomasia. Nuestra protagonista incluso ha encontrado el amor en un guapo texano que la corresponde, y su trabajo en el club Casablanca va bastante bien. Los clientes son hombres de negocios de mediana edad que no las han puesto en ningún aprieto serio; y logran disfrutar además de nuevas amistades. Pero eso pronto va a cambiar. Lucie avisa a Louise de que tiene una salida con un cliente el 1 de julio. Nada sospechoso. Un cliente que le ha regalado incluso un teléfono móvil, conduce coches de lujo y la va a llevar a comer. Tras una última llamada desde un apartamento en la costa, Louise no volvería a escuchar la voz de Lucie jamás.

“At first they didn’t take it all that seriously,” one person close to the investigation told me. “It was just another girl who had gone missing in Roppongi. In Tokyo, girls go missing quite often—Filipinas, Thais, Chinese. It’s impossible to investigate them all.” What marked this case out from others was not merely the nationality of the victim, or the identity of her former employer, but the intense external pressure that quickly came to bear on the police.

La familia de Lucie decidió acudir a los medios de comunicación al ver que la policía tokiota no estaba a la altura de la circunstancias. Nadie ponía interés real, la investigación no avanzaba, no se sabía nada salvo que Lucie había desaparecido. Una llamada sospechosa a Louise de un desconocido que hablaba de una secta religiosa emponzoñó todavía más el asunto. En cambio la reacción de la prensa internacional fue colosal, para bien y para mal.

People who eat darkness (2011) no es solo la crónica del asesinato de Lucie Blackman. El autor nos ofrece una panorámica muy amplia, completa y escrupulosa. Por supuesto que explica con detalle quién era Lucie, su familia, sus amigos; qué la llevó a trabajar en Tokio como chica de compañía, cómo era su vida allí, qué sucedió hasta su desaparición. Pero también la psicología, el intrincado contexto social y político del momento, el choque cultural, cómo se coordinó el asunto desde la Policía Metropolitana de Tokio, quién fue su asesino, sus motivaciones. Un complicado engranaje que Parry plasma con objetividad y procurando explicar al lector occidental las características más destacadas de la sociedad y cultura niponas, sin caer en embrollos. No lo tenía fácil, pero lo consiguió. Mediante un inglés pulcro y sencillo, Parry escribió un auténtico descenso a los Infiernos.

[She] had quickly discovered one of the defining features of life as a foreigner in Japan and the reason it attracts so many misfits of different kinds: personal alienation, that inescapable sense of being different from everyone else, is canceled out by the larger, universal alienation of being a gaijin.

Creo que es importante aclarar que, aunque Lucie Blackman trabajara en ese enmarañado submundo del Mizu Shôbai, nunca se llegó a prostituir. Tampoco su amiga Louise. Si lo hubieran hecho, el crimen NO habría sido menos execrable, debo añadir. El negocio de las chicas de compañía es muy especial en Japón, una especie de nuevas geishas que están ahí para paliar la soledad y el aburrimiento mediante conversación y unos tragos. Nada a priori ilegal y que además tiene cierta tradición social. Pero cada persona es un mundo y sus necesidades también.

People who eat darkness no ha sido todavía publicado en español. O al menos no tengo noción de ello, así que el texto solo está disponible en inglés. Es accesible y de lenguaje directo, muy fácil de leer. Aunque no lo considere una obra maestra, sí es un documento interesante y estremecedor, que no se enreda en sentimentalismos sino que propone una visión aséptica y lúcida de lo acaecido. Un recorrido por un Japón fascinante y repulsivo al mismo tiempo; con un ritmo apropiado y que en general sorprende, ya que muestra que la maldad humana no tiene fin, siempre va a más. No creo que los estómagos delicados lo pasen especialmente mal leyendo People who eat darkness, pero requiere de cierto temple. Lo que Parry cuenta no es fácil… y da miedo. Miedo de verdad.

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Podría haber elegido cualquier otro relato o compilación de Edogawa Rampo, pero me hace ilusión El extraño caso de la Isla Panorama (1926) porque Satori recién lo ha sacado del horno este pasado mes de abril. Y qué narices, prefiero escribir sobre él ya que me ha deslumbrado. Isis da fe de ello.

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Isis, testigo de mi amor hacia Edogawa Rampo

Lo bueno de los anime es que a veces sus creadores ayudan bastante a que nos familiaricemos con la tradición y cultura de su país. Esta temporada de primavera 2016 están emitiendo la serie Bungô Stray Dogs, donde sus protagonistas son (casi) todos literatos importantes japoneses. Entre ellos no podía faltar Edogawa Rampo. POR SUPUESTÍSIMO, SEÑORES. No voy a hablar de la serie que he abandonado, recuperado y vuelto a abandonar no por su falta de calidad, sino por mis eternos problemas con el sentido del humor que se gasta. Pero creo que para un espectador de anime algo espabilado es una oportunidad de oro para conocer no solo a Rampo, sino a otros más que han hecho del mundo un lugar infinitamente más hermoso con sus obras. Y están ahí, para que todos podamos leerlas, de verdad de la buena. Mirad, si es que Satori nos lo ha puesto a huevo.

¿Cómo describir tanta locura y lascivia, placeres, jolgorio, embriaguez y éxtasis, los incontables juegos de vida y muerte que se sucedían sin fin? Quizás lo más parecido sean las pesadillas fantásticas, sangrientas y placenteras producto de las mentes retorcidas.

El extraño caso de la isla Panorama, como buena fanática que soy de Suehiro Maruo, no es ninguna novedad. Hizo una adaptación de este cuento de Rampo en el 2008, y Satori ha tenido el buen gusto de utilizar como portada y contraportada algunos de sus dibujos. Saben lo que se hacen, desde luego. Pero no voy a escribir sobre el manga. Eso ya lo hizo, además muy bien, mi compañera bloguera Mishusina aquí.

Quien no sepa de Edogawa Rampo, no debería estar perdiendo el tiempo leyendo esta reseña minusválida de blog cutre. Tendría que, directamente, acercarse a una librería o biblioteca y buscar con fruición material suyo. A todo aquel que le guste Edgar Allan Poe, Oscar Wilde o Gaston Leroux, nuestro amigo Rampo le entusiasmará. Garantizado. Su obra ennobleció ese siempre subestimado género de lo detectivesco y abrió sus puertas en Japón. Pero no solo eso, este señor fue mucho más allá. Y sí, es cierto, le debe bastante a la literatura más tétrica del s. XIX, pero este escritor fue hijo de su tiempo y así también lo plasmó.

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El extraño caso de la isla Panorama nos narra la historia de un soñador empedernido que, por casualidades de la vida, tiene (y aprovecha) la oportunidad de erigir en el mundo real sus fantasías más descabelladas. Convertirse en un creador superior, utilizando el propio planeta como materia prima. Nada de papel, tinta, acuarelas u óleos; sino animales, plantas, lagos, montañas, mares, seres humanos. Resumiendo: quiere ser un dios. ¿Y lo consigue? Este tipo de aspiraciones de tipo luciferino y que desafían el orden establecido, suelen finalizar en una Caída… No digo más.

Hirosuke Hitomi y Genzaburô Komoda eran un par de compañeros universitarios que se parecían como dos gotas de agua. Idénticos. La gente solía hacer bromas al respecto, pero en el fondo eran personas distintas y sus caminos discurrieron por terrenos diferentes. Komoda pertenece a una de las familias más ricas del sur de Japón, con una fortuna inmensa; Hitomi es un soshei que malvive de sus escritos y traducciones en pensiones de mala muerte. Un día, de manera imprevista, se entera de que su gemelo ha fallecido a causa de un ataque epiléptico… y que la extraordinaria semejanza física que compartían sigue ahí. Su febril cerebro no tarda en gestar un plan para suplantarlo, hacerse con su patrimonio y, a través de él, poder llevar a cabo su ansiada y mil veces imaginada magnum opus: la futura isla Panorama. Pero no todo va a ser tan sencillo, aunque su maquinación está bien alicatada, requiere de ciertas maniobras de naturaleza bastante lúgubre y tiene un gran escollo que superar: la esposa de Komoda, Chiyoko.

Aunque pareciese que actuaba cegado por la promesa de una inmensa riqueza, lo cierto era que si el antiguo Hirosuke Hitomi soportaba todas aquellas terribles emociones, era porque padecía esa neurosis común a la mayoría de los criminales. Algo no funcionaba dentro de su cabeza y, en determinadas situaciones, su sistema  nervioso era disfuncional.

El extraño caso de la isla Panorama es un relato exuberante y lleno de fantasía. Una fantasía sin duda hermosa pero muy sombría, que por un lado recuerda a los paisajes oníricos de Lord Dunsany, pero bien empapados de láudano; y por otro a las miserias truculentas de la Alraune de Ewers. Una flor hipnótica que huele a cadáver. Edogawa Rampo desarrolla el argumento como si fuera una espiral, un maelstrom que engulle a su protagonista en pleno clímax y solo deja tras su paso decadencia y olvido. El final no puede ser más apoteósico, de un sentido del humor exquisitamente macabro. Y todo aderezado con la magnífica traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés; la obra de Rampo no podría haber caído en mejores manos. El extraño caso de la isla Panorama es un cuento tortuoso, escrito de forma muy bella, y que encantará a los amantes de la degeneración.

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Kôbô Abe (1924-1993) es especial. Lo he dejado para el final porque es un punto y aparte. Al menos para mí. Si los anteriores autores tenían todos un algo que finalmente podía identificarlos como japoneses, Abe no. Se podría haber llamado Matías Morgenstern, Izarbe Bagüés o Indra Brahmbhatt. Y sus historias haber sucedido en Bombay, Jaca o Traiguén sin problemas. Porque Kôbô Abe decidió trascender su identidad cultural para acceder a ese sustrato común humano, llámese inconsciente colectivo o arquetipos ancestrales. Para lograrlo excavó estrato tras estrato, hasta alcanzar esos abismos de los que todos participamos y exponerlos a la luz del sol.

¿Fue Abe una inspiración pilosa para Lynch?
¿Fue Kôbô Abe una inspiración pilosa para David Lynch?

Muchos lo consideran el Kafka japonés. Pues muy bien. A mí esa clase de etiquetas me suelen resultar molestas y demasiado restrictivas. No es la comparación, que es lo de menos, sino la subordinación implícita. Y hacer eso con Abe es algo muy, muy feo. E injusto. Claro que su obra tiene una influencia dominante del checo, el absurdo, lo angustioso y alienante aparecen continuamente; pero Abe tenía su propia personalidad, muy marcada por cierto, y que reflejó de forma indeleble. Abe no es el Kafka japonés, Abe tiene influencias de Kafka, como también las tuvo de García Márquez, el surrealismo, Lu Hsün o sus vivencias en Manchuria. Y no hay que perder de vista que, junto a Kenzaburô Ôe, revolucionó por completo la literatura japonesa del s. XX. Alguien de la tremenda importancia artística de Kôbô Abe no debería ser reducido de esa manera. Ni siquiera como presentación ante un público profano, porque inocula una idea eurocéntrica innecesaria.

—No entiendo… no entiendo… —murmuró el de traje pardo mientras recorría despacio la habitación, manteniendo cuidadosamente el equilibrio con el bastón—. Me gustaría hacer algo por ustedes. No somos enemigos, ni pretendemos dominarlos por la fuerza. Pero no entiendo… Todo está fuera de mi capacidad de comprensión… ¿Por qué dice que no debemos comerlos a ustedes? Su carne es la más sabrosa, nutritiva y sana. ¿Por qué están en contra de algo tan lógico?…
—Somos responsables de la reproducción y de la salud de todos ustedes —continuó el de traje negro—. Hemos mejorado cuantitativa y cualitativamente su vida, mucho más de lo que hubiera sido en estado natural, y sólo nos quedamos con lo que ha sobrado. Alimentarnos de su carne es nuestro derecho, que también garantiza su vida y salud. Prosperidad mutua, ¿no le parece?

El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros

Regresando a Los cuentos siniestros, es una compilación de siete relatos que Abe fue escribiendo entre los años 1954 y 1964. Son bastante diferentes, pero todos ellos tienen esa impronta suya de personajes desmadejados, presos de una realidad casi intangible y asfixiante que los esclaviza mediante lo irracional. Ansiosos, sin nombre ni rumbo fijo, incomunicados, parece que floten en un mundo informe y fantasmal. ¿Está ahí de verdad o es una proyección mental? Quizá solo sea un reflejo de sus propias neurosis, miedos y traumas. Y la ambigüedad de esa ironía solapada con la que Abe sazona sus historias, aumenta la sensación de vacío, incongruencia y desesperación. La prosa es cruel y meticulosa, muy inmediata, creando un excelente contraste con las historias.

Mis favoritos son “El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros”, de un sarcasmo delicioso y que me recuerda a esta joyita de Jonathan Swift; y “El huevo de plomo”, que podría incluirse dentro de la que él denominó ficción científica. Este último rompe un poco con el tono oscuro de los demás, como un rayo de luz, y es bastante divertido. El resto son “El pánico”, “El perro”, “La casa”, “La muerte ajena” y “Al borde del abismo”. Si no se conoce a Kôbô Abe, esta recopilación es perfecta para estrenarse. Recoge lo principal de su carácter y, al tratarse de cuentos pequeños, se puede ajustar la dosis de su veneno muy requetebién.

Kôbô Abe en su estudio
Kôbô Abe en su estudio

Y esto ha sido todo por hoy.

Paranoia slasher, folclore y clasicismo, investigación periodística sobre los crímenes de un violador y asesino, misterio y decadentismo, los límites de la cordura y el absurdo.

Sintetizando mucho, esos son los temas principales que se han tocado en los cinco libros de la entrada. De todo un poco dentro del género, para que los que menos se sientan inclinados hacia él, se atrevan con algo y, si hay suerte, les pique el gusanillo en el futuro. Porque aunque no lo parezca, el terror es versátil y posee multitud de facetas. Buenas noches, buenos días, buenas tardes.

¿Y ahora qué toca? Primavera 2016

Va a ser un post corto, donde solo voy a informar sobre lo que voy a seguir, lo que no y las razones básicas de mis decisiones. No quiero liarme demasiado. Como comentaba en entradas anteriores con Magrat, voy a reducir al mínimo el visionado de anime de temporada. Básicamente porque prefiero diversificarme y no perder tanto el tiempo con novedades que en su mayoría me son indiferentes. De todas las series que tenía planeadas en MAL, he hecho una criba después de ver un par de capítulos. En algunos casos con uno solo ha sido suficiente. He aquí mis conclusiones.

lagrimaslluvia

Kuma Miko en sus dos capítulos no me ha transmitido nada. Si el objetivo de esta serie además es hacer reír, conmigo no lo ha logrado. Me ha parecido muy sosita e inofensiva, y la chiquilla es algo tontaina. Y eso que las premisas son ligeramente weird con el oso por ahí pululando. El tema del folclore de la zona de Tôhoku también me resulta atrayente, pero para mí no es suficiente. Podría continuar viéndola, incluso acabaría encariñándome. Sin embargo, paso ya olímpicamente de ver anime por inercia, solo por ver qué pasa. O capta mi atención desde el inicio o adiós muy buenas. Para otra vez será, Kuma Miko. Ahora no.

tôhoku

Flying Witch tiene buen aspecto, pero no la voy a ver. Sucede algo parecido a lo que me ocurre con Kuma Miko, pero en menor intensidad. En menor intensidad porque la prota no me parece tan pardilla (lo es un poco, no obstante) y el sentido del humor que se gastan es bastante quirky. Eso me gusta. También veo más chicha en el resto de personajes que han aparecido, y el tema recurrente de bruja novata me resulta siempre simpático. Pero el tono tan dulzón que le han dado se me atragantará. Lo estoy viendo, lo siento en las tripas. Así que no. Para otro rato, quizás.

flying

Tanaka-kun wa Itsumo Kedarugo me ha sorprendido para bien, creo que es diferente ya solo a causa de ese protagonista con tan poco carisma que tiene. Que de eso va un poco, el recochineo de poner de personaje principal a un tipo que no hace otra cosa que ser transportado de un lado a otro como un saco de cebollas, dormir y filosofar entre ronquido y ronquido. La animación es topecagüái, delicada y con paleta de colores pastelosa. Muy mono todo. No obstante, me veo en la obligación de admitir que mi interés lo retendrá solamente tres o cuatro capítulos. Cuando el asunto se vuelva repetitivo y termine encarrilándose como un anime escolar más (que es lo que es), me aburriré como una ostra. Así que prefiero ahorrar tiempo y abandonarlo ya.

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Bien conocida es mi debilidad por los megane, por lo que Sakamatoto desu ga? era una obligación. Pero claro, topamos con que mi sentido del humor es deforme perdido y este anime es una comedia. Y, efectivamente, no me ha hecho gracia. Y Sakamoto es repelente. Me pasa como cuando veía de enana The Road Runner, quería que el coyote lo hiciera explotar, lo aplastara con una enorme roca o le rebanara el pescuezo de una puta vez. BASTA, JODER, MUERE YA. A Sakamoto no le deseo la muerte todavía, pero si en un solo episodio ha logrado sacarme de quicio en vez de hacerme reír, mal vamos. Resumen: no he conectado para nada con su comedia y si la serie va consistir en una serie de gags sin un argumento sustancioso de fondo, este anime se convertirá para mí en sufrimiento. Adiós, guapetón, cuando dejes de ser tan perfecto a lo mejor hablamos un rato.

sakamoto

También he mandado a escaparrar Mayoiga y Kiznaiver. Con el segundo he dudado bastante, pero estoy un poco harta ya de adolescentes víctimas de experimentos. Luce buena animación, eso sí, y la historia tiene su cosilla. Mayoiga son más adolescentes en situaciones peligrosas. A plantar boniatos, oigan. Y esta última además me ha aburrido. Ace Attorney simplemente es un truñaco, no hay más que decir.

ñam

Bungô Stray Dogs

Solo he visto un episodio, pero he decidido que me la voy a tragar entera. La segunda temporada, ya veremos. Dependerá de esta, claro. ¿Por qué la voy a ver? Por un motivo tan idiota como las referencias literarias. Por eso. Soy una enferma. Los personajes presentados hasta ahora son autores japoneses clásicos de finales del s. XIX y del s. XX. Además a cada uno de los escritores le han adjudicado un poder relacionado con una de sus obras. Por ejemplo, el novato Atsushi Nakajima (1909-1942) posee la habilidad de “la bestia bajo la luz de la luna”, inspirada en La historia del poeta que se convirtió en tigre (1937). La poetisa Yosano Akiko tiene su Kimi Shinitamô koto nakare (1904); Edogawa Ranpo, su The boy detectives club (1937); Kenji Miyazawa, su Ame ni mo Makezu (c.1900); Jun’ichiro Tanizaki tiene su Sasameyuki, conocida por aquí como Las hermanas Makioka (1948); Fukuzawa Yukichi su Gakumon no susume (1876); Kunikida Doppo posee su Doppo Gin (1897) y, finalmente, Osamu Dazai su clásico Ningen Shikkaku (1948). A cada uno de ellos lo han adornado con alguna de las características del escritor. En Dazai es evidente la obsesión por el suicidio; o a Miyazawa lo han representado con aire sencillo y campestre. Imagino que conforme avance la serie, iremos viendo más detalles de este tipo y espero que algún escritor más aparezca… ¿no van a sacar a mi querido Sôseki-sensei? Sería una pena que lo olvidaran. Lo que plantea la serie, de momento, no me parece mal aunque no es especialmente rompedor; y esos arranques histriónicos que tiene me crispan bastante. En realidad me ponen del hígado (¿se supone que me tienen que hacer reír o algo?) y observo que va a ser marca de la casa (oh, no). La animación es estándar con detalles bastante espectaculares y dinamismo potente; si no empeora, estará muy requetebién.

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Joker Game

Me encanta su propuesta: espionaje militar y bélico en el Japón previo a la Segunda Guerra Mundial. Me ha entusiasmado su presentación, el diseño de los personajes, la animación y, sobre todo, el dibujo. Que no aparezca ese deje infantiloide que sufre la mayoría de series es un alivio, qué digo, un verdadero descanso. Es clasicote pero elegante. Tengo grandes esperanzas puestas en este anime. Si los dos primeros episodios son un ejemplo de lo que vamos a encontrar, puedo respirar tranquila. Pero aspiro a más, porque tiene un gran potencial en todos los aspectos. Espero que desarrollen una buena historia contextualizada en tan fascinante periodo histórico, y poder aprender más desde la perspectiva del bando que luego fue el perdedor. Los personajes jugarán un papel crucial, ojalá estén a la altura, porque es una obra ambiciosa donde no es tan difícil cagarla.

Joker-Game

Kôtetsujô no Kabaneri

La animación me ha dejado alucinada. WOW. Tiene además un ramalazo old school muy bueno. Lo que esperaba que fuera una serie más de zombis, con hostias a mansalva e historia superficial, parece que es algo más. Pero bastante más. Nada del otro jueves tampoco, pero la presentación general y los personajes que se han visto, son muy chulos. Con solo un capítulo tampoco se puede decir mucho, pero mi atención la tiene por completo y el planteamiento promete. Esta serie es de las que le molan a mi amigo ponferradino. Sí, ese que me animó a abrir el blog. Kôtetsujô no Kabaneri ha sido todo un trallazo de acción, de los buenos además. Que no decaiga. Ni se vuelva subnormaloide, por favor.

kabaneri

Aparte de estos estrenos, veré Tonkatsu DJ Agetarô, que es un anime cortito de esos bizarros que me gustan. Un cocinero que quiere ser DJ con una animación que parece hecha por mis sobrinas, merece cinco minutos semanales de mi tiempo. También continuaré, por pura fidelidad a Rumiko Takahashi, Kyôkai no Rinne en su segunda temporada. Y JoJo, claro.

Como siempre apostillo, estaré atenta a lo que colegas bloggers vayan escribiendo también. Porsiaca. Nada me impide acoplarme más adelante a algún anime que haya desestimado o se me haya escapado del radar. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.