Peticiones Estivales: Sekine-kun no Koi

Inauguramos las Peticiones Estivales de este 2017 con un manga algo particular. No es la primera vez que escribo sobre él, pues en un ya lejano 2014 lo incluí dentro de un listado de tebeos inconclusos que no conseguían aterrizar en Occidente por un motivo u otro. La entrada en la que aparecía era esta, perteneciendo a esa sección de nombre ridículo y ostentoso que es la Galería de los Corazones Rotos. El cómic en cuestión es Sekine-kun no Koi de Haruka Kawachi, y se encontraba finalizado hacía tiempo. El problema consistía en una perseverante ausencia de scanlations (y sus correspondientes traducciones), además de la preocupación lógica por la misma obra, que parecía haber sufrido un final precipitado debido al cierre de Manga Erotics F, revista donde se estaba publicando. Había motivos justificados para la desazón, ya que, por añadidura, la historia se encontraba varada de tal forma que resultaba difícil predecir su desenlace.

Sin embargo, a lo largo de este 2017 fueron desgranándose los episodios que restaban y Gabriela Ip, la cual según comentó en twitter conoció Sin Orden ni Concierto gracias a Sekine-kun no Koi, solicitó hace unas semanas su necesaria reseña final. Gracias, Gabriela, por fin está aquí; por fin podemos curar ese pedacito de kokoro que Los amores de Sekine mantenían escupiendo bilis. ¿Ha merecido la pena la espera? ¿Ha estado a la altura de lo que prometía? Haruka Kawachi es una mangaka bastante peculiar. Mucho. Y eso en este cómic se nota, para bien y para mal.

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Sekine-kun se hace unos spaguetti mientras reflexiona sobre el infinito con su característico rictus de sonámbulo.

Cuando terminé de leer este manga, me dio la terrible sensación de que su protagonista era en realidad yo misma, pero con un cromosoma Y. No porque sea una mujer infalible en todo lo que me proponga, o porque resulte ser una rompecorazones, para nada. En eso, la verdad, somos diametralmente opuestos. Sino por su falta completa y absoluta de habilidades sociales, su incapacidad para gestionar las emociones, y la preocupante tendencia al aislamiento y a darle vueltas a todo de manera random y obsesiva. Esa soy yo. Y no suele ser agradable verse reflejado tan claramente. Comento esto porque, a causa del vínculo generado, creo que no voy a poder escribir una reseña todo lo objetiva que me gustaría. No obstante, este sigue siendo un blog personal, por lo que tampoco sería algo muy grave. Pero advertidos quedáis, mi apreciada otaquería.

Keiichiro Sekine es un hombre de 30 años con un buen trabajo, bastante agraciado y que disfruta de una vida que, aparentemente, es la perfecta de un soltero. Pero Sekine-kun no sonríe nunca, Sekine-kun no tiene ninguna inclinación o aprecio por nada de lo que le rodea, Sekine-kun se siente vacío. Considera su existencia vana, inmersa en un océano de indiferencia, con alguna tormentilla irritante esporádica, pero sin sentido ni propósito. No es feliz en absoluto. Sumido en la pasividad de la resignación, espera un estímulo que lo inspire, llene y lo ponga en movimiento. Esta situación vital es la que ha padecido desde la niñez, no se trata de una etapa puntual. ¿Quizá porque siempre ha tenido que soportar abundantes afectos indeseados (e invasivos)? Crear una armadura para protegerse desde la infancia le ha provocado una especie de cortocircuito emocional que ahora le impide conectar con sus sentimientos adecuadamente, convirtiéndolo en un gaznápiro, sobre todo en cuestiones sociales y sentimentales. Por eso ha aprendido, por ejemplo, a ignorar las lágrimas que de repente brotan de sus ojos sin aparente motivo. Sekine-kun es consciente de su problema, de ahí que se haya puesto manos a la obra para solucionarlo. Sin embargo, las cosas no transitarán por la ruta prevista.

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A gentleman good at knitting is not good at knitting the love

Dejándose mecer por el azar, topa con una pequeña tienda de tejidos y manualidades donde cree hallar un pasatiempo donde volcar sus ansias por amar algo. Pero el dueño de ese comercio, un anciano extravagante, en vez de enseñarle a tricotar, lo introducirá en los secretos de la prestidigitación con cartas. Tan extrañamente como surgió, el abuelete desaparece, dejando el negocio en manos de su nieta, Sara Kisaragi. Esta retomará con Sekine las clases de hacer punto y, a partir de ahí, nuestro protagonista tendrá la oportunidad que tanto deseaba para sanar. Las circunstancias se irán embrollando e iremos conociendo, a su vez, más de la personalidad de nuestro hermético amigo. Chispas de su pasado que ayudan a comprender un poquito mejor sus motivaciones y errática manera de pensar.

Los que hayan leído ya algo de Haruka Kawachi, como por ejemplo Natsuyuki Rendezvous (2011) que fue publicado en español gracias a Tomodomo, encontrarán el compás sosegado de su estilo y la delicadeza de sus retratos psicológicos. Es minuciosa, sobre todo con Sekine-kun, y resulta fascinante observar sus acrobacias neuronales, los pasos que siguen sus reflexiones. Muy naturales, muy humanas. Él es un hombre atractivo que conquista mujeres sin desearlo, provoca envidia y asombro por su infalibilidad en toda empresa que acomete; y, sin embargo, siente que su vida no tiene sentido. Está muerto por dentro… de éxito. E intuir que él es el responsable directo de su fracaso existencial lo conduce a un autodesprecio devastador.

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Esta podría ser la típica historia de un bishie que se lleva al huerto a la chica normalita, a pesar de tener a sus pies a todas las bellezas de Tokio. Pero no, la mangaka parte de esa base, pero otorga a Don Perfecto un temperamento insólito que lo hace víctima de todo tipo de situaciones ridículas y tristemente reales. Al menos para los introvertidos lo son. La metáfora continua que resulta el desenredar, tejer, deshacer y volver a trenzar la lana, es el reflejo de su evolución personal. El objetivo amoroso, Sara Kisaragi y el resto del elenco de secundarios no están tan desarrollados como Sekine, pero mantienen firme al argumento y su desarrollo. Sara es inteligente y muy salada, bastante creíble. No se hace insoportable ni cursi como suele ocurrir con los personajes femeninos del shôjo/josei, y tiene las ideas claras. El antagonista, Dôjima, bastante más cliché, quizá sea el que más flojea de todos, aunque Kawachi intenta brindarle en los últimos episodios cierta dignidad.

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Si tengo que ser sincera, hasta el volumen 4 Sekine-kun no Koi es un manga chispeante y diferente, centrado sobre todo en la personalidad del protagonista y sus pequeños avances hacia el autoconocimiento. Él es el centro en torno al cual gira todo, y no molesta particularmente porque los secundarios están bien bosquejados, algunos de forma graciosa y caricaturesca, adaptándose muy bien a su pausado slice of life. Un argumento espontáneo y fresco, que aunque no espectacular, sí resulta imprevisible. Es a partir del último y quinto tankôbon cuando se despeña hacia el estereotipo y una resolución clasicona. Ha sido un poquillo decepcionante porque, hasta ese momento, Los amores de Sekine se mostraba como un josei comercial pero no ordinario, con un personaje principal interesante y un argumento salpicado de chiribitas surrealistas y cálida ironía. Su desenlace no ha estado a la altura de las expectativas. ¿Quiere decir esto que Sekine-kun no Koi es un mal tebeo? Nada de eso. Simplemente, Haruka Kawachi optó por introducir elementos tradicionales en su obra, configurando un manga más conservador de lo que parecía prometer. Lo finiquita de manera solvente, no obstante es notorio que lo hizo porque la serie iba a cancelarse debido al cierre de Manga Eroctics F. Quiso darle un término coherente, pero no resultó brillante. Una lástima.

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¿Recomiendo Sekine-kun no Koi? Sí, a pesar de esa conclusión menos trabajada que recurre a los habituales tópicos, es un cómic tranquilo y diferente, que no cae en el sentimentalismo almibarado de la demografía y ofrece una visión del enamoramiento divertida. Es una comedia romántica eficiente y con la bastante sutileza para no empalagar. Podría haber sido un cómic mil veces mejor, pero las circunstancias no siempre acompañan a los autores. Y Los amores de Sekine podrían haber sido mucho, mucho más. También admito que si Tomodomo se animara a publicarlo por estos lares, lo compraría sin dudarlo porque, en conjunto, me ha parecido mejor hilvanado que Nieve en Verano. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Porque el verano muerde, porque me aburro, porque sí

A estas alturas creo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que esta temporada de verano 2017 se presenta como una de las más flojérrimas en bastante tiempo. Mucha penita da, al menos su aspecto resulta de lo más mustio por lo que, tal como anuncié ya por twitter, no voy a comenzar ningún estreno. No dudo de que al final alguna serie consiga alcanzar cierto interés incluso sorprenda para bien, a pesar de lo que en inicio haya podido aparentar, pero tengo el cuerpo ya muy gandul para según qué cosas. Todos los anime estivales de este año o me provocan perezón con obesidad mórbida o los considero unos zarrios. Sin más. Si leo que alguno mejora basándome en las opiniones de colegas blogueros, quizá le dé su oportunidad. Sin embargo, no albergo grandes esperanzas y la desidia, además, se me apodera. Tienes pinta de tostón, veranito del 17, no offence.

Así que, ¿cómo puede perder el tiempo Sho-Shikibu? Pues imaginando que ya ha llegado su amado otoño, disfrutando del fresquecillo, las maravillosas hayas de fuellas rojas y escribiendo sobre los anime que piensa ver. Por supuesto, no se sabe todavía el total de estrenos, pero las tardes del estío derriten el cerebro y alucinar un ratillo tampoco viene mal. Y que este es mi blog y desvarío sobre lo que me da la gana, claro. No hay gran cosa todavía anunciada, apenas trailers ni demasiada información, no obstante algo he sacado en limpio. Que sirva de pequeño adelanto para olvidar el pegamento de este verano anestésico.

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El plato fuerte de este otoño, como ya sucedió en primavera, van a ser las segundas temporadas. Al menos para mí. Vuelvo a recordaros que aún desconocemos gran parte de la que va a ser la parrilla otoñal, así que son impresiones hasta justo este mismo preciso momento. Me encantaría que aparecieran nuevas obras que me obligaran a desdecirme, así que a la espera de un buen revés quedo.

¿Cuál va a ser mi prioridad absoluta? Pues Hôzuki no Reitetsu. Un día por desvelar de octubre y con un número indeterminado de episodios, regreserá a nosotros el maestro de ceremonias más sardónico de los Infiernos búdicos. Bueno, Hôzuki y toda la cohorte de personajes mitológicos y del folclore popular sinojaponés que desfilan sin cesar. Si la primera temporada y sus respectivas OVAS me encantaron, deseo fuertefuertefuerte que esta segunda logre, como mínimo, lo mismo. hoozukiSu humor negro y absurdo, el rico panorama cultural que despliega en cada capítulo, los pequeños sketches que aprovechan cada segundo para exhibir un espectáculo delirante que se ríe de sí mismo si hace falta, su elenco heterogéneo y dinámico, etc, etc, etc, hicieron hace unos años de esta serie una de mis favoritas sin ninguna duda. Se aprende un montón con ella y encima es divertidísima. Estoy ansiosa por el reencuentro y espero que no cambien demasiado el formato, que resulta perfecto. También es cierto que no todo el mundo disfruta con las historias autoconclusivas y muchos buscan una continuidad argumental en cada episodio; pero hay que tener en cuenta que la esencia de Hôzuki no Reitetsu es otra: las viñetas de comedia.

Osomatsu-san también tendrá su segunda tanda. Este clásico moderno no podía permanecer sin continuación, lo pedía a gritos. Sin saber aún fecha de estreno y cantidad de episodios, se deduce que será en octubre y constará de 25 capítulos. Pero a saber. Es curioso, pero dos de mis top otoñales son comedias. Me parece extraño porque es un género por el que no me suelo inclinar. En contadas ocasiones logro conectar con el sentido del humor de las series, la mayoría me produce vergüenza ajena o directamente sueño, sin embargo Hôzuki no Reitetsu y Osomatsu-san me engatusaron, sobre todo la primera. Para variar, mi tercera opción en las reanudaciones es algo diferente: Kekkai Sensen & Beyond.

La primera temporada, que sin duda me gustó, también me dejó un regusto agridulce. Así que esta será la oportunidad de resarcirme si va todo bien y no resulta un truñaco, por supuesto. Reconozco que, como no cuentan con Rie Matsumoto esta vez, siento bastante desconfianza. Para mí la presencia e ideas de Matsumoto fueron clave en 2015, y no todo el mundo además consiguió sintonizar con su forma de crear. Tratar de innovar es lo que tiene, que no siempre se redondea ni se comprende. Aun así, el parón que sufrió este anime lo perjudicó muchísimo. Veremos lo que nos depara Kekkai Sensen & Beyond, ya que Shigehito Takayanagi posee unas cuantas tablas y, aunque es probable que pierda originalidad, también podría ganar en solidez shônen. Un alivio para los más tradicionales.

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El asunto es peliagudo, porque muchos de los anime que han llamado mi atención guardan altas posibilidades de germinar como cerdadas supremas. Sinopsis incompletas, no fotos, no vídeos promocionales y un rosario de falta de datos estupenda. Pero es normal, estamos en julio; y, ¡qué carajo!, de esta manera también es divertido hacer apuestas. Empecemos.

Kujira no Kora wa Sajô ni Utau me atrae como un imán gigantesco. Del manga solo he tenido oportunidad de leer cinco capítulos (un dibujo precioso, por cierto), pero a poco que el anime le sea fiel, creo que tendremos entre manos uno de los productos más interesantes del otoño. No el que más, pero muy destacable. Está catalogado como shôjo, y no sé hasta qué punto seguirá los cansinos patrones de la demografía; aunque también pertenece a la ciencia-ficción, el misterio y la fantasía, así que a priori me tiene ganada. Su trailer es bastante elocuente en ciertos aspectos, me ha gustado mucho por lo que… ¡COMPRO!

En una línea más clásica dentro de la fantasía y el shôjo, en octubre se estrena también Mahôtsukai no Yome, que ha estado precedida de tres OVAS. Solo he visto dos de ellas, y no me han dicho gran cosa. El manga, que está siendo publicado por Norma y lo estoy siguiendo, ha terminado decepcionándome un poquillo. Quizá porque tira demasiado para mi gusto de los tópicos de la fantasía haciéndose previsible; y que la protagonista, con un ligero aroma a Mary Sue, tiene ese rollo de chica frágil e indefensa que me satura bastante. A pesar de que a estas alturas le encuentro más defectos que virtudes, la veré porque tengo fe en que me entretenga y los cuentos de hadas siempre merecen un par de vistazos. O tres. Harina de otro costal es Inu Yashiki, cuyo manga también estoy leyendo pero ¡sin desencanto alguno! Altamente recomendable, de hecho llevaba un tiempo calibrando si escribir una reseña de lo que tenía recorrido, pero sabiendo ahora de la serie, merece un manga vs. anime como la copa de un pino. Es uno de los estrenos relevantes de la temporada, una serie para adultos (existimos, ¡sí, estamos aquí!) y de temática inteligente. Sci-fi de calidad, mis queridos otacos. Y mucho, mucho más cuando se rasca la superficie, con Oku-sensei ya se sabe. A la dirección estará Keiichi Satô, así que no puede ocurrir nada malo, ¿me oís? NADA MALO. He dicho.

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Y para cerrar, aclaro que no he querido introducir ningún school life porque estoy hasta el moño de adolescentes. Es lo que sucede cuando trabajas demasiadas horas con ellos, que al final del día quieres enterrarlos vivos o arrojarlos por un puente. Atados y con bozal. Así que nada de Just Because! y otras majaderías de colegiales. La única excepción es Poputepipikku, pero los que ya conozcáis el tebeo sabréis que se trata de una cosita bastante enferma que poco tiene que ver con los entornos escolares. Tengo una curiosidad insana por este anime, que supongo será de duración corta (2-5 minutos) y me las veré luego canutas para lograr ver. Ese estilo de antigua tira cómica, donde las dos protagonistas vomitan sin parar insensateces (algunas bastante profundas, no es broma), en realidad es muy posmoderno, muy pop.

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Aunque tengan la mayoría de ellas fecha de estreno, en Occidente suelen pasar meses hasta que conseguimos visionarlas. La paciencia es una virtud, dicen. Reducir cabezas como hacen los shuar, una habilidad que no me importaría adquirir para ponerla en práctica en momentos de exasperación. A lo mejor encuentro algún tutorial en youtube al respecto. Volviendo a las películas, Godzilla: Kaijû Wakusei cuenta con mi beneplácito, a pesar de que la animación de Polygon Pictures no sea precisamente de mis preferidas. Pilotarán los directores de Ajin y Sidonia no Kishi con la colaboración de Gen Urobuchi, por lo que unos mínimos hay garantizados. Rezaremos a Nyarlathotep el Caos Reptante para un pronto estreno por estos lares.

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¿Merece la pena que me trague la película de ese clásico animierder que fue Dance with Devils? Porque el 4 de noviembre verá la luz Dance with Devils: Fortuna. Fue un bodrio tremendo al que le cogí cariño, sobre todo por Peluchón ❤ y esa autoparodia terrorífica que se gastaba. Risas, muchas risas. Ya lo decidiremos cuando llegue el momento, no hay por qué apresurarse, y menos con engendrillos de esta especie. Asimismo, en el undécimo mes se estrenará la adaptación a largometraje del clásico del manga de los años 70 Haikara-san ga Tôru, de Waki Yamato. Tuvo su serie televisiva hace casi cuarenta años también, y parece que contará con una segunda parte en 2018. Estoy bastante interesada en este film, pues trabaja temáticas sugestivas (liberación de la mujer) en un contexto histórico fascinante, la Era Taishô (1912-1926). Su protagonista es una mujer joven que ha sido educada de forma poco convencional, cercana a los tradicionales valores masculinos (practica kendo, bebe sake, rechaza las labores domésticas, viste al modo occidental, etc) y cree que una mujer debe casarse por amor y elección propia. Lo que se conocía en la época como una modan gâru (chica moderna). Apesta a shôjazo que mata, pero el planteamiento da la impresión de ser algo diferente. No obstante, ya sabemos cómo se las gastan los japoneses respecto al feminismo… todavía les queda un largo trecho por avanzar, bastante más que a los europeos.

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Menudo feeling tenían los anime de los 70, ¡inconfundible!

¿Me habré dejado alguna obra en el tintero? Seguro que sí. ¿Kino no Tabi, a lo mejor?Aunque para acabar de pulimentar la entrada, necesitaré más información, que supongo irán desgranando a lo largo de las semanas. Quizás esté pendiente por desvelar una joya animesca, ¡quién sabe! Por ahora, esto es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Microrreseña: Float Talk

No todo van a ser reflexiones intensas en las que se escapa un puré de neuronas por las orejas. En SOnC también hay sitio para los telegramas que solo ruegan poder transmitir de la manera más rápida y eficaz posible su información. En este caso, se hace saber, por orden de la Daigensui-Rikugun-Taishô Sho-Shikibu, que el siguiente cortometraje es mucho bonito y mucho sugerente.

Ha sido un hallazgo de ultimísima hora y completamente fortuito; esos suelen ser además los más interesantes. Y emocionan porque no se esperan en absoluto. Float Talk (2016) es el primer trabajo que podemos disfrutar en Occidente del equipo de videoartistas Kesyuroom203, formado por Minami Nakai (Ishikawa, 1979) y Kiyoko Nakai (Tokio, 1982). Estas damiselas llevan trabajando juntas desde 2005, pero he sido incapaz de encontrar más obras suyas por internet. Porque una vez vi este corto, quise más, claro. Pero nada. Espero que vayan subiendo, poco a poco, más material a su vimeo, porque esta presentación me parece realmente prometedora.

Float Talk son 12 minutos de poesía visual. Es una historia sobre la amistad de dos chicas, Hiwa y Tôko, que suelen compartir momentos muy especiales en un lugar fuera de lo común: un claro en el bosque donde hay una especie de divergencia espacial que se llama “el agujero”. Ambas tienen personalidades muy distintas, Hiwa tranquila y acomodaticia, Tôko impetuosa y cabezota. Pero conforme van haciéndose mayores, las cosas cambian… y no para bien. El precio de ir madurando no es siempre el de hacernos mejores personas; y los que no quieren crecer, simplemente se quedan atrás y desaparecen.

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El arte es lo más destacado del cortometraje. No es que lo demás sea mediocre, que ni por asomo, pero brilla con luz propia, casi eclipsando el resto. Y es que es muy, muy especial. Juega con las texturas y los contrastes de colores, que tienen una paleta suavemente otoñal. Es un 2D que emula el cut-out, realzando sus superficies con patrones rugosos pero delicados. Una preciosidad, como si el arte de Noburô Ôfuji hubiera despertado en el s. XXI. Por último, subrayar también la maravillosa música, compuesta por Yutaka Ito y Hanako Kimura. Se trata de una pieza interpretada al piano de melodía sencilla pero encantadora.

En conjunto, Float Talk es una buena muestra de lo que la animación independiente está logrando, y cómo las mujeres van haciéndose un sitio en la disciplina, derrochando talento y con mucho que decir además. ¿Le daréis una oportunidad? Yo no me lo perdería en vuestro lugar. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¡Peligro! ¡Demonios en la lavadora!

Si todo va según lo previsto, mientras lees estas letras me encontraré meneando mi culo estofado por las calles de Yazd. Espero no estar sufriendo demasiado calor y tampoco haberme quemado. Al menos no mucho, surtida de crema solar voy a ir. Bueno, al turrón, chobenalla. El presente post está dedicado a un cómic europeo por lugar de nacimiento, pero con espíritu mestizo por naturaleza. Y como no podía ser de otra forma, uno de sus ascendientes es japonés, muy japonés. Se trata de El Nao de Brown (2012), escrito y dibujado por Glyn Dillon. ¿Te suena de algo? No sería de extrañar. Por una vez no voy a escribir sobre un cómic de l’any de la picor. Nada de eso. El Nao de Brown ganó en 2014 el Premio del Jurado en el Festival de Angulema, y ha sido considerado por muchos críticos como una obra maestra de nuestro tiempo. Yo no iría tan lejos, pero desde luego sí me parece un buen tebeo que merece se le eche un vistazo atento (si no se ha hecho todavía).naodebrown

Los que no se muevan mucho fuera de los márgenes del manga japonés o el cómic asiático, es probable que no tengan interés en asomar el hociquillo fuera de su zona de confort. Pero aquí está SOnC para despertar la curiosidad e intentar que vuestros horizontes de malvados otacos asociales se amplíen un poquito más. El Nao de Brown tiene una evidente influencia del mundo del manga, creo que hasta se podría incluir en la nouvelle manga. No es que se haya adscrito de manera oficial a ese movimiento que iniciaron Frédéric Boilet y Kiyoshi Kusumi, pero quizá de manera involuntaria respalda su esencia transcultural. Se trata de un tebeo dirigido al público adulto, enfocado en el slice of life y que expresa gran sutileza psicológica. Puede alardear de potencial para atraer tanto público occidental como nipón. Además por estos lares Glyn Dillon ya es conocido, sobre todo por sus trabajos con Peter Milligan en Shade, el hombre cambiante (¡lo amo, lo amo!) o en Las Benévolas (Sandman) de Neil Gaiman. En Japón ya no estoy tan segura, porque además los lectores de manga nipones suelen ser menos permeables a las influencias exteriores.

Pero me da que Dillon no pensaba en paja mental semejante cuando creaba esta obra (¿o sí?); y no se debe olvidar que, a pesar de las semejanzas compartidas con la nouvelle manga, sigue siendo cómic europeo. No obstante, el hecho de que exhiba con desparpajo esa noción de que todo tebeo es tebeo venga de donde venga porque en el fondo es el mismo medio, seguro que alegró a Boilet. Y a los que participamos de la misma filosofía también.

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Nao y mi querido Steve compartiendo momentos otacos en la tienda

El argumento se centra en el día a día de Nao Brown, una joven residente en Londres y que se dedica a la ilustración. Nao es hâfu, de madre inglesa y padre japonés, quien acabó abandonándolas y regresando a su país. Nunca he comprendido del todo el término hâfu, que deriva del inglés half, porque siempre he pensado que las personas con progenitores de nacionalidades distintas en realidad no son mitad, sino dobles. Disfrutan de las ventajas de dos culturas, no de una fracción de ellas. Es el caso de Nao, aunque ella se siente completamente inglesa. De hecho, acaba de regresar de visitar a su padre en Tokio para cerrar una etapa de su vida. Porque Nao necesita llevar una disciplina mental férrea, padece TOC (Trastorno obsesivo-compulsivo) y su enfermedad la embiste con pensamientos realmente angustiantes y muy violentos. Para ello se sirve de ciertos mecanismos mentales o “deberes” que la auxilian en su ejercicio de autocontrol; y el estudio del budismo la ayuda a mitigar los accesos de ofuscación. Nao se siente muy culpable por su dolencia, porque las ideas que la asaltan son verdaderamente atroces, y se considera incapaz de dominar sus brotes. Cree que es una mala persona.

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Nao comienza a trabajar en el bazar de juguetes de un antiguo compañero de la Facultad de Bellas Artes, Steve Meek, con el que comparte aficiones: ambos son dos asquerosos otacos, ambos son fans acérrimos del anime de ciencia-ficción Ichi. Aunque como pronto deja claro Nao, es mejor el manga. Un día, por casualidad, conoce en la tienda a un reparador de lavadoras que, a sus ojos, es idéntico a La Nada, su  personaje favorito de Ichi. Se enamora y decide entablar una relación con él. Como imaginaréis, las cosas no transitarán por una senda recta, porque si Nao tiene graves problemas con su TOC, Gregory, que aparte de arreglar electrodomésticos también resulta un hombre cultivado capaz de componer haikus, también lleva lo suyo a sus espaldas con la bebida. Pero que estas circunstancias, tan manidas en los dramones, no os lleven a engaño. Son simplemente eso, circunstancias, que no se apoderan del tebeo para sobredimensionar la emotividad. Este cómic no es un melodrama televisivo sobre la lucha contra la locura. Ni por asomo. Dillon es bastante higiénico en ese aspecto, y aprovecha la dolencia de Nao para mostrarnos el mundo a través de sus ojos. Sin hipérboles o lágrima fácil; aunque los latigazos de la enfermedad tampoco los oculta, plasmándolos en toda su confusión y dolor.

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Como excelente slice of life que es, El Nao de Brown posee un interesante elenco de secundarios que da forma a la realidad de nuestra protagonista con gran precisión. Su compañera de piso, Tara, que es enfermera y comprende bien su dolencia; el adorable e inteligente Steve ❤ ; sus compañeros del centro budista; Pam, la madre de Gregory, etc. La profundidad psicológica de Nao además es extraordinaria, la arquitectura del personaje, robusta. Resulta un personaje inolvidable y tierno, que no permite que la fuerza de su enfermedad la devore.

El Nao de Brown se alza además como una lectura estratificada, de poderosas y continuas metáforas que van desentrañando las capas de la psique con delicadeza. No es casual que incluyera dentro del argumento un cuento paralelo donde el mundo fantástico del manga Ichi resulta el hilo conector que hilvana la mente de Nao. Allí Dillon da rienda suelta al lenguaje visual más surrealista, de una riqueza lírica conmovedora.

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Me han llamado la atención mucho las referencias musicales que Dillon introduce (Magazine, P.J. Harvey,  The Shangri-Las, The Pixies, The Velvet Underground, Chuck Berry, Yoko Ono, Roxy Music, The Breeders, Kate Bush, The Buzzcoks… ¡qué sé yo!) porque ¡ME GUSTAN TODAS, DIOS MÍO! El tebeo se encuentra repleto de cientos de detalles a todos los niveles, construyendo unos escenarios complejos y verosímiles. Desde luego, las espléndidas acuarelas del autor, con ese minucioso arte heredero de Moebius y Miyazaki, muy versátil en su expresividad (los colores, maravillosos), solo acaban de pulimentar un cómic que, si no fuera por ese final, resultaría redondo. Porque El Nao de Brown no es perfecto, y su mácula principal es un cierre que se precipita a gran velocidad, desembocando en un epílogo… sosito. Aunque me consuela ver a Steve sonreír.

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¡Qué cinta más maja le grabó en sus años mozos Steve a Nao!

¿Pueden los sucios otacos como nosotros disfrutar de un tebeo como este? No es que puedan, es que es inevitable gozar con él. Desde una perspectiva bastante equilibrada y compasiva sobre los trastornos mentales, Glyn Dillon utiliza el de Nao como coartada para así presentar una mirada a la vida bastante original. Y con moraleja. Se lee del tirón sin dificultad y, lo mejor de todo, es que te deja con ganas de volver para recorrer su páginas de nuevo y saborear nuevos matices. ¡Dadle una oportunidad! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Japón, cine, estío… y la noche

Ya tenemos casi encima el verano. Al menos por estas latitudes. Es una estación que especialmente detesto, aunque también me brinda uno de los momentos más deliciosos del año: su noche. Las madrugadas estivales son estupendas para muchas cosas, entre ellas poder disfrutar de una buena película. Así que dejándome llevar por la corriente del estío, y sabiendo que no son temperaturas para aguantar demasiados rollos macabeos, la presente entrada va a estar dedicada a algo muy ligerito: 5 películas japonesas perfectas para disfrutar durante las noches más tórridas. Un post para no darle al coco demasiado y enterarse de que existe un sencillo menú cinéfilo para degustar. Por supuesto, mi selección es completamente subjetiva y se encuentra sujeta a mi experiencia personal. Es bastante heterogénea y abarca diversas décadas, así que hay donde elegir. ¡Empecemos!

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Kurosawa siempre será Kurosawa, un monstruo, la bestia parda del cine japonés a pesar del propio cine japonés. Y aunque es sobre todo recordado en Occidente por sus jidaigeki, el señor Pantano Negro supo trabajar de manera magistral otros géneros.  Hachi-gatsu no rapusodî o Rapsodia de Agosto fue su penúltima película y sin duda una de las de tono más intimista. Su centro de gravedad es la masacre de las bombas atómicas, en concreto la de Nagasaki. No fue la primera vez que el director cultivó esta temática, pues encontramos sus ecos en Rashômon (1950), Crónica de un ser vivo (1955) y Yume (1990), aunque en las más modernas trataba la necesidad de no huir ni olvidar lo sucedido.

Rapsodia en Agosto es un drama puro, enfocado en las consecuencias personales, tan devastadoras, que provocaron en la población civil estos dos bombardeos. Es curioso que cuando se estrenó la película recibió críticas bastante negativas. Eran ante todo reproches a Kurosawa por mostrar únicamente un lado de la historia. Una recriminación completamente injusta, teniendo en cuenta además que no es un film histórico, sino la tragedia particular de una familia, y su forma de encarar el ataque nuclear. De paso, Kurosawa realizó labores pedagógicas. Tres generaciones representadas en la pantalla, y cada una con una visión diferente; aunque todos acaban aprendiendo los unos de los otros. Su corazón, la abuela, una hibakusha que compartirá sus recuerdos con todos los demás. Hachi-gatsu no rapusodî bien merece un visionado, aunque haya sido ignorada por los cazadores de samuráis y katanas durante décadas (yo incluida).

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No me considero demasiado foodie, soy de gustos culinarios extremadamente simples y bastante torpe en la cocina (torpe es un eufemismo, en realidad se me conoce como “La carbonizadora del valle del Ebro”), por eso no me siento muy cómoda con el asunto de la gastronomía y aledaños. Sin embargo, ello no es sinónimo de que no albergue interés en estos menesteres, y a pesar de mis escasas habilidades prácticas, el conocimiento no ocupa lugar. Así que me lancé a examinar dos películas cuya temática principal gira en torno a la comida. Por supuesto, que detrás de los proyectos estuviera el manga Little Forest (2005) de Daisuke Igarashi, también contribuyó a que las viera con más apetito.

Little Forest: Summer/Autumnque fue la primera en estrenarse, no me dijo gran cosa, aunque Little Forest: Winter/Spring (2015), su segunda parte, todavía menos. Eso no quita que las considere a ambas dos dignísimos slice of life, que hacen hincapié en la serenidad de la vida campestre (el neorruralismo, amiguitos), las tareas de labranza, las relaciones familiares y la jama. Me ha gustado verlas porque en algunos tramos me ha recordado a mi padre (al que echo muchísimo de menos), trabajando en su huertecillo, mimando sus tomates, sacando sus patatas y recogiendo sus bainetas. Luego nos hacía cada plato con sus trofeos hortícolas que nos chupábamos los dedos. Así que la selección de esta película por mi parte ha sido algo sentimental, aunque objetivamente no me haya parecido nada del otro mundo. No obstante, creo que los entusiastas de lo cotidiano y la manduca la sabrán apreciar en su justa medida, porque está realizada con suma elegancia y delicadeza.

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La obra más conocida de Yasujirô Ozu es, sin duda, Tokyo monogatari (1953), también la más reconocida de su filmografía junto a Banshun (1949), aunque en realidad hay pocas películas del director que se puedan considerar mediocres. Bakushû, a pesar de no gozar de tanta fama como las citadas, es un film al que tengo especial cariño, quizá porque se encuentra un poco eclipsado. Y de manera injusta, he de añadir. Bakushû o Al principio del verano es un trabajo muy representativo del hacer de Ozu. Un shomin-geki con su actriz fetiche, Setsuko Hara, en el que desgrana los avatares de una mujer en edad casadera. La protagonista desea poder elegir por sí misma, a pesar de que los usos sociales la presionan para apurarse y escoger solo un buen partido. Su familia y su jefe ya han decidido por ella, pero Noriko los sorprenderá a todos.

Mediante una comedia grácil, que poco a poco va ganando en seriedad, Ozu nos presenta los dilemas del mundo moderno frente a la tradición, la nueva posición de la mujer en la sociedad y la desarticulación del núcleo familiar. Tres generaciones, con tres visiones de la vida distintas, se ven confrontadas a través de un argumento engañosamente simple. Y el director no duda en expresar sus simpatías hacia la sabiduría que otorga la madurez. Siempre es un placer dejarse mecer por el sosiego de la cámara de Ozu, que con ligera melancolía y su exquisito gusto por el detalle, nos descubre a la cotidianidad como un pequeño tesoro.

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oshima

Nagisa Ôshima es uno de mis directores japoneses predilectos como ya bien sabréis, su espíritu iconoclasta supuso un revulsivo en el panorama cinematográfico nipón, y nunca cejó en su empeño de agitar aquello que la sociedad de su tiempo consideraba tabú. A veces le salía bien, y otras no tanto. Este Muri shinjû: Nihon no natsu o Verano japonés: doble suicidio se posiciona entre lo que no sabemos si considerar un buen trabajo o una enorme baladronada. Creo que lo voy a dejar a vuestro criterio, pero mi obligación es poneros sobre aviso: no es un film accesible.

Con 35 años que contaba, Ôshima estaba inmerso en una etapa en la que desarrolló sus obras más innovadoras. Por supuesto, lo hizo en su propia productora, pues hacía unos años que había decidido no trabajar para ningún estudio japonés por incompatibilidades ideológicas. Muri shinjû: Nihon no natsu formó parte de esa hornada de películas en las que no le importó experimentar y dejarse influir por la nouvelle vague francesa. Quizá sea la menos afortunada, porque un año después estrenaría uno de sus clásicos imprescindibles, Kôshikei (1968), y quedó muy pronto relegada. Verano japonés: doble suicidio es un ejercicio de surrealismo, en el que se distinguen las influencias de Buñuel como también la sátira social de Godard. No merece la pena que entre en su argumento, porque se deconstruye continuamente, aunque señalar que el eterno binomio eros/tánatos es uno de sus pilares. Una joven virgen que busca desesperadamente sexo; un desertor que persigue morir. Lo demás no os lo podéis ni imaginar. Ôshima, siempre on top.

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Y de postre solo un plato, pero una auténtica delicia. Kikujirô no natsu es una película rara y preciosa, con una banda sonora a manos de Joe Hisaishi estupenda. Una road-movie de manual, con un argumento sencillo pero cuyos recovecos, que son innumerables, aguijonean dulcemente el corazón. ¿Alguien duda a estas alturas de que Takeshi Kitano es un fuera de serie? Tanto como director, guionista o actor. El verano de Kukijirô se sale un poco del tipo de cine al que se ha dedicado, por eso sorprende que a este registro le cogiera la medida tan bien. No obstante, es una obra Kitano 100%, muy reconocible.

Siguiendo los pasos de Marco, de los Apeninos a los Andes o El mago de Oz, el niño protagonista de esta película, Masao, decide ir en busca de su madre. Ha llegado el verano y todas las actividades que solía realizar, así como sus amigos, desaparecen con la llegada de las vacaciones. Él se queda en casa con su abuela, solo. ¿Qué puede hacer? Pues decide acudir donde vive su madre, a la que apenas recuerda salvo por una foto. Ella vive lejos de su familia, obligada por el trabajo. Pero justo cuando unos gamberros del barrio están robándole el poco dinero que tiene para viajar, lo encuentra un matrimonio conocido de su yaya. Y Kikujirô, ex-yakuza con un cuarto de neurona operativa, se hace cargo del muchacho hasta que encuentre a su madre. El camino de baldosas amarillas está repleto de anécdotas surrealistas y personajes curiosos, haciendo de la obra una experiencia la mar de entretenida.  Un film muy especial que te deja con una sonrisa en los labios.

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Espero que la lectura del post os haya estimulado a probar estas viandas veraniegas, algunas más ligeras que otras, pero que prometen refrescar vuestros anocheceres. Cualquier reclamación, en los comentarios. Que los calores os sean leves. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Entre lluvia y sombreros tropecé con cierta historia

Lo he comentado en otras ocasiones, pero lo vuelvo a proclamar de nuevo: el yaoi me aburre. Not my cup of tea. Pero eso no es óbice para que curiosee y busque relatos que puedan atraerme. De hecho, he leído obras que me han entusiasmado y he descubierto que es un género donde se está arriesgando muchísimo, acogiendo tebeos la mar de originales y con autoras que se han convertido en imprescindibles para mí, como Asumiko Nakamura o Est Em. Se podría decir que se encuentra en unos momentos de creatividad muy interesantes, y evolucionando rápido; cosa que no sucede en otras demografías y estilos, algo más estancadillos. Esto no significa que no haya becerradas mojabragas y fanservice a dolor en el Boys’ Love. Porque haberlos, haylos. Sin embargo, los productos que destacan lo hacen de verdad, muy por encima de la media general. Aunque claro, como existe cierto prejuicio hacia el género (posiblemente yo también lo tenga) y su fandom es algo “nervioso”, comics estupendos pasan desapercibidos para una gran mayoría. Hay que ponerle remedio.

Como os decía, no soy fujoshi ni tampoco lectora habitual de BL; así que el tebeo de hoy, Canis Stories de Zakk (pseudónimo de Ishie Hachi), seguro que es un viejo amigo para los connoisseurs. Mis queridos malolientes otacos, pido disculpas por haberme caído de un guindo. Aun así la entrada de hoy estará dedicada al manga en cuestión. Porque me está pareciendo fetén, oigan.

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Canis, canis. Sustantivo de género común perteneciente a la tercera declinación, tema en -i. Traducción al castellano: perro, sabueso, subordinado. Estas “historias de perro” poseen, como sugiere el título, algo de canino. A veces tierno, otras salvaje… pero siempre leal. Las facetas más conocidas de nuestros amigos ladradores aparecen en este manga representadas de forma bastante original, demostrando que peludetes y humanos tenemos bastante en común. Este es el sustrato sobre el que la autora desarrolla sus relatos. Y digo relatos porque, aunque Zakk comienza y parece que finiquita cierta historia, el perro continúa su vagabundeo por otra bien distinta. Canis Stories sigue en publicación, además. Desde 2012 que empezó a serializarse en Opera,  ha alcanzado los 4 tankôbon. Y deseo que le sigan más, uno por lo menos porque no nos pueden dejar así, coñe.

Los tres primeros, Canis: Dear Mr. Rain y Canis: The Hatter (2 y 3), están dedicados a Satoru Kutsuna, de oficio sombrerero, y a su extraña relación con el enigmático Ryô Kashiba. El cuarto volumen, Canis: The Speaker, se enfoca en unos personajes del antiguo entorno de Ryô Kashiba. Hombres con vida muy espinosa desde la niñez, siendo su infancia precisamente el punto de partida. Mientras el trío inicial resulta la acostumbrada narración BL, con dos bishônen de protagonistas y el romance como médula argumental, el último es… otra cosa. Horrible, sórdida y dura como un diamante. De un cuento tierno e inofensivo, pasamos a una novela negra. Me ha sorprendido bastante ese cambio tan radical de tono, aunque posee su lógica interna. Y me ha gustado mucho también. Sin embargo, admito que el giro no será de agrado general, pues el público del yaoi más rosado no suele sentirse atraído por cuentos de yakuza y violencia sexual. Pero vayamos con un poco de orden (solo una pizca, no os malacostumbréis), comencemos por el principio.

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Satoru Kutsuna es un artesano, un diseñador de sombreros que mediante su talento está consiguiendo abrirse camino en el mundo de la moda y los complementos. Dirige su propia tienda junto a dos colaboradores, que sufren estoicamente su alarmante perfeccionismo. Kutsuna es un hombre con el que resulta arduo trabajar por su irritante minuciosidad y falta de tacto, lo que está haciendo muy difícil conseguir que se mantenga en su empleo el imprescindible cuarto miembro del equipo. Todos acaban despidiéndose, por lo que el negocio no termina de despegar tampoco. Un día se tropieza con un joven que se encuentra tirado en la calle y, llevado por la compasión, en un impulso se lo lleva a casa. Como si fuera un perrillo desamparado. No puede evitar recordar la llegada a su vida del que fue su mejor amigo durante la infancia, un Shiba Inu abandonado en una caja: Kotarô. Kutsuna siente debilidad por las cosas rotas y desvalidas, no las puede dejar pasar. La cuestión es que este nuevo cachorro le agujereará el corazón sin darse cuenta.

Ryô Kashiba, que así se llama el chico, es de Nueva York, aunque su familia sí proviene de Japón. Dice que ha ido hasta allí para morir. Nada más, es todo un misterio. Kutsuna lo contrata para que haga tareas de maniquí en su tienda, y descubre que todos, todos, TODOS, los sombreros que ha hecho y que piensa realizar, le sientan maravillosamente. La presencia de Ryô lo inspira, y a los clientes también. Y a partir de estas premisas, Zakk nos zambulle en el día a día de un profesional de la moda, su pasado, su presente y su futuro, presentándonos a su querida abuela, a su sempiterno rival Gotô (que es su acicate para progresar y le ayuda más de lo que le gustaría reconocer), a su ayudantes A-ko y B-O o a su amigo peludo Kotarô. Cierto que son más bien figurantes con las pinceladas justas para hacer congruente la historia, pero son importantes en la vida de Kutsuna.

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Ryô es el enigma que se va desentrañando. Poco a poco, lentamente. Su pasado en Estados Unidos está relacionado con el crimen organizado, aunque él se encuentre en el escalafón más bajo de la jerarquía. Es el chucho, el chico de los recados que todos usan y al que no prestan atención a pesar de su conmovedora fidelidad. Y hasta ahí puedo contar, sin embargo aclaro que Ryô Kashiba es transparente como un vaso de agua. Un alma pura.

Me llamó inmediatamente la atención lo bien que plasmó la autora, al inicio del manga, ese prejuicio que tienen los japoneses hacia los extranjeros, la inmediata desconfianza que provocan; así como el estereotipo del hâfu o medio japonés, que se les encasqueta el papel de modelos o actores por su, ejem, exótica belleza. Y como modelo lo contrata Kutsuna, por cierto. También muestra esa ineptitud hacia los idiomas extranjeros del que hacen gala en las islas, sobre todo hacia el inglés, y otras pequeñas pero muy curiosas críticas sociales de baja intensidad que sirven para enmarcar el argumento. Zakk se sirve también del humor para suavizar algunas aristas que podrían hacer del tebeo una historia algo más cruda, pero también más vulgar. Los recursos cómicos son modestos pero muy naturales, lo que otorga una espontaneidad candorosa.

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En Dear Mr. Rain y The Hatter hallamos la habitual idealización de las relaciones homosexuales del Boys’ Love, así como el acostumbrado peaje de fanservice. Nada del otro jueves, sin embargo a su favor debo señalar que Zakk lleva los tópicos del género con sencillez y sutileza. Plantea la historia como un slice of life, sin complicaciones. El romance se va introduciendo de manera paulatina e inclinándose por la vertiente ingenua y limpia. Más que un yaoi, parece un shônen-ai. Es el reencuentro de Kutsuna consigo mismo para lograr un autoconocimiento más profundo, y superar la pérdida del amor verdadero. Ese sería el resumen en bruto. Kashiba no deja de ser un instrumento al principio, un mero sustituto que cubre temporalmente el vacío, para luego convertirse en un descubrimiento vital. De inumimi psicológico pasa a ser humano. Son muy interesantes los paralelismos que la mangaka realiza en sus viñetas, mostrando el fuerte contraste entre la vida de uno y otro. Cómo han llegado hasta donde están, su proceso de evolución personal y, a pesar de las tremendas diferencias, cómo su colisión logra que se complementen de manera natural. Y según funcionan las relaciones humanas, la suya también padece de altibajos, por supuesto. Pero Zakk soluciona todo con la suficiente dosis de terneza. Y candidez. Como en las buenas comedias románticas de antaño, sin empalagar. ¡Gracias! Lo del azúcar está siendo una plaga en casi todos los géneros, resulta complicado encontrar una obra que no esté sobreedulcorada. Y encima los paladares se van acostumbrando a ello, que es lo peor.

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The Speaker se podría considerar un spin-off o también una precuela, no obstante pienso que habrá que esperar a que la serie finalice, porque también puede ser que se trate de una historia más de las que Zakk tenga pensado engarzar. O no. El registro es muy diferente al de los tankôbon anteriores. Pero mucho, de hecho la transformación resulta brutal. La vida de algunos perros puede ser tremendamente cruel. Ya no se trata de un delicado shônen-ai, dudo incluso de que se pueda catalogar como yaoi. Es un tebeo feroz por el que desfilan violaciones, torturas y maltratos; prostitución infantil, trata de blancas y tráfico de drogas. Los bajos fondos en su más deleznable esplendor.

Si la historia del sombrerero tiene lugar principalmente en Japón, este último volumen nos traslada a Estados Unidos y unos cuantos años atrás en el tiempo. Se trata del relato de tres chavales en un orfanato católico, de cómo tratan de no ser separados y advierten que en su entorno hay algo que no es normal. Algunos niños son adoptados, otros enviados a instituciones educativas y otros… desaparecen. Harold, Samuel y Tadanobu son familia, son amantes, son indivisibles. Cada uno con una virtud que lo hace brillar sobre todos los demás y que les sirve de protección: la asertividad y valentía, la inteligencia y estrategia, la capacidad de observación y el espíritu de sacrificio. Pero todos sus esfuerzos son inútiles, al final el trío es disuelto y Zakk dirige nuestra mirada al perrezno más débil de la camada. La nueva vida de Tadanobu, que ha sido vendido a la yakuza y destinado a un prostíbulo en Tokio, no resulta precisamente la misma que la de sus amigos. Lo que experimenta allí es inenarrable y su única arma para sobrevivir (y lograr reunirse con ellos) son las palabras.

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Una de las cosas que más me han gustado de ambas narraciones es el arte de Zakk. Da la sensación de que tuviéramos frente a nuestros ojos un manga de los años 90, pero triturado en la batidora de Moebius o Battaglia. Muy, muy interesante. Y bonito. Es rudo cuando tiene que serlo, y como confitura de fresas en el momento adecuado; el estilo fluye y se adapta al tono requerido a la perfección. Posee un registro amplio y versátil, me ha sorprendido para bien. Simple, contundente y muy expresivo. La composición general de las viñetas también refuerza esa noción de mutabilidad del dibujo, conservadora en sus formas pero que, en ocasiones, rompe la corriente con ángulos o planos imprevistos, dando gran importancia a ciertos detalles. A grandes rasgos, las formas de Zakk tienen todo lo bueno de la comercialidad moderna y las ventajas de añadir diminutas chispas vintage. Un win-win total.

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El arco del sombrerero es un cuento gentil sobre las facetas del amor y su floración; con brochazos bastante originales pero sujeto a ciertos convencionalismos del shônen-ai. Muy agradable y con ligera intriga. En conjunto tiene el potencial de gustar tanto a fujoshi como a profanos, y eso es todo un meritazo. Es indudable que va dirigido al público femenino japonés, no obstante la virilidad de los lectores masculinos heterosexuales no sufrirá ningún tipo de agravio por leerlo, de hecho es bastante entretenido. The Speaker es el reverso tenebroso, su argumento es más propio de un seinen de lo más inmundo, por lo que puede despistar a los que hayan quedado encantados con los 3 primeros tankôbon. Personalmente estoy disfrutando más la dimensión sombría de Zakk, porque además no se anda con remilgos ni melodramas. Es directa pero a la vez grácil, y su pluma secciona como un escalpelo. Veremos hacia dónde se dirige en los siguientes episodios, estoy impaciente por leer más. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Ristorante Paradiso

 

Lo prometido es deuda. Y aunque estoy pasando unos días un pelín locos a causa de la escasez de tiempo para mí misma, aquí está el Manga vs. Anime que empató en la encuesta twittera de hace una semana. Tenía la sección algo abandonadilla, con varios borradores además a medio hacer, así que debía aparecer tarde o temprano. Mi idea inicial era escribir sobre 3-gatsu no Lion, pero como tendremos segunda temporada (¡BIENREQUETEBIÉN!), lo consideré algo tonto, prefiriendo retrasar la entrada hasta que el anime finalice. ¿Qué otras opciones me quedaban? Pues una de ellas la que presento hoy: Ristorante Paradiso (2005) de Natsume Ono. Como dentro de unos días tendré la reseña de ACCA: 13-ku Kansatsu-ka para Otakus Treintañeras, me pareció adecuado elegir una obra de la misma autora y ponerme un poco… in the mood.

Natsume Ono es una mangaka que me gusta bastante, creo que es una de las mejores creadoras que hay en este momento y que goza además de cierta popularidad en Occidente. No entre el público medio otaku, ya que Ono se aleja de los parámetros comerciales, sino entre los consumidores adultos de cómic. Publicar josei continúa siendo un riesgo, aunque los lectores parece que se van abriendo más, así que Milky Way decidió apostar por Ristorante Paradiso el pasado 2015. El desafío no acabó del todo bien. Porca Miseria. En España parece que no ha gustado demasiado, una gran lástima, pero en Francia o Estados Unidos es una autora de prestigio. Lo malo es que pasará un tiempo hasta que alguien se anime otra vez a publicar algo de Ono, por lo que sus (escasos) fans en la península ibérica estaremos obligados a recurrir al extranjero (vaya novedad). Y no podremos disfrutar, por ejemplo, de la continuación-precuela de Ristorante Paradiso, Gente (2006).

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Isis, la Guardiana del Manga

Pero dejemos las cosas claras: que servidora sea admiradora de alguien no implica que, a ojos cerrados, mastique y trague todo lo que publique. Nanay, camaradas otacos. Y algo similar me ocurrió con Ristorante Paradiso, de modo que sí, lo que tenéis delante es un Manga vs. Anime de una obra que no me convence del todo. No considero que sea mala, pero en comparación con otras que he leído (y visto) de la mangaka, es flojilla. Sin más. Nastume Ono de momento tiene tres adaptaciones al anime. La primera fue esta, después la magnífica Sarai-ya Goyô (2010) cuya reseña tenéis aquí; y la última la recién finiquitada ACCA: 13-ku Kansaitsu-ka. La más destacada continúa siendo Sarai-ya Goyô, sin duda; la más endeble Ristorante Paradiso. Todas transmiten una verdad indiscutible respecto al arte de Ono: el color le sienta muy, muy bien. Mejor que el B/N clásico del manga. Esto no quiere decir que ese trazo vigoroso de reminiscencias cubistas tan característico suyo no sea suficiente por sí mismo. Nada de eso, sino que resplandece cuando se encuentra a color. Su estilo me encanta, sin embargo admito que a mucha gente acostumbrada a formas más estándar pueda resultarle chocante. Pero es su arte uno de los puntos fuertes de Ono, y el que le otorga una importante ración de originalidad. Porque sus historias también tienen un poso en común, y es cierta languidez. Una suave melancolía que sobrevuela sus narraciones sin doler, aunque a ratos se convierta en algo… insípido. Nadie es perfecto. ¿Sucede esto en Ristorante Paradiso? Un poquito, aunque concurren más elementos para que me llegara a decepcionar. No demasiado, pero… pero.

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Ristorante Paradiso evoca con su nombre esa maravilla cinematográfica que fue Cinema Paradiso (1988). No tienen mucho más en común, salvo la declaración de amor que son cada una al cine y a la gastronomía. Dos paraísos en la tierra. Y que ambas son para degustarse con tranquilidad, porque aluden con sutileza al frágil universo de los recuerdos y los sentimientos. Pero si en verdad Ristorante Paradiso conjura a un género del cine, es a la comedia romántica. Pero no a una comedia romántica cualquiera, no. En esta obra resuena con fuerza el eco de Vacaciones en Roma (1953), de Sabrina (1954), donde casi todo es posible y el mundo está poblado de buenas personas. Esa ingenuidad y elegancia de la comedia romántica clásica hollywoodiense, que en la actualidad no existe porque se ha convertido en un pastiche cursi y ruidoso, es lo que encontramos aquí. Y es algo que debemos tener en cuenta, la potente idealización que Ono aporta a su obra. Idealización de la Vieja Europa, con los clichés de la somnolienta y alegre Roma: el saber disfrutar de la vida con serenidad a través de los pequeños detalles, como una copa de buen vino o un postre delicado. Si tenemos en cuenta esto, podremos entonces saber qué pedir o no a Ristorante Paradiso. Es un drama costumbrista con romance ligero de fondo, nada más. Simple, tierno, pero no profundo. Y claro, yo esperaba una miqueta más.

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La comedia romántica es un género que me suele desquiciar bastante. Sobre todo por absurda y babosilla. Hay excepciones, por supuesto, y Ristorante Paradiso, como bebe directamente de las fuentes primigenias menos azucaradas, no me resultó demasiado indigesto. Y en lo que respecta al romance principal, es realista, lo que se agradece. Mucho. Pero sigue siendo una comedia romántica, y sus (cansinos) tópicos refulgen como la bella Rigel a los pies de Orión. Si mezclamos todo esto con las peculiaridades del manganime japonés, tenemos Ristorante Paradiso. Se trata de un reverse harem donde los muchachos no son tan muchachos, y la protagonista no es tan idiota como en un shôjo/josei tradicional. Con retranca. Ese papel (el de descerebrada) lo cumple la madre de nuestra heroína. De hecho, es una pequeña crítica por parte de Ono a toda esa infinita ristra de protagonistas femeninas medio lelas que pueblan los romances en el tebeo nipón. Pero vayamos en orden.

Nicoletta es una joven de 21 años que se ha criado junto a su abuela. Su madre, Olga, después de quedarse viuda, no tuvo mucho tiempo para su hijita pues su trabajo como abogada era muy absorbente. Además, poco después, volvió a enamorarse. Pero el hombre con el que acabó casándose no quería saber nada de mujeres que hubieran tenido hijos de otras relaciones, por lo que Olga ocultó a Nicoletta. La abandonó por el amor de un hombre y solo se ponía en contacto con ella en ocasiones puntuales. ristorante1Nuestra protagonista creció sana y bien cuidada, pero el resentimiento hacia su madre fue creciendo hasta que, por fin, decidió ir a Roma para desenmascararla. Pero las cosas no resultaron como ella pensaba. Su madre es una mujer realizada con su trabajo y, ante todo, feliz por el amor incondicional que siente hacia su marido, Orsini. Su padrastro regenta un restaurante muy peculiar, donde todos sus trabajadores son caballeros de mediana edad con gafas. Olga le pide que no la delate todavía, y Nicoletta accede, todavía sorprendida gratamente de lo que encuentra allí. Y como no puede vivir del aire, chantajea a su madre para que pueda trabajar en la Cassetta dell’Orso como pinche de cocina. Nicoletta conocerá ahí al personal y hará buenas migas con todos, en particular con Claudio, del que se enamora. Pero ella no es la única, el restaurante tiene una clientela habitual femenina que no cesa de fangirlear en torno a Luciano, Gigi,  Teo, Vito y Furio; aunque el favorito de las novatas es Claudio. Todos son extremadamente corteses y atentos, lo que embelesa a la mayoría de las comensales. Btw,  mi favorito es Gigi, el sumiller ❤ .

Ristorante Paradiso es un manga sin sobresaltos, con los giros habituales de la comedia romántica más plácida y sin complicaciones. Todo gira en torno al amor, la comida y el vino. El microcosmos de la Cassetta dell’Orso está muy lograda, así como las breves pinceladas que sirven para definir a cada personaje. Se percibe muy rápido el entorno cálido y acogedor, de excelencia profesional y enorme cariño por el trabajo. Por ese lado, la ambientación y los perfiles son impecables, nada que objetar. Sin embargo, comparada con otras obras de Ono, me resultó deshilachada y algo hueca. ¿Ocurriría lo mismo con el anime?

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A pesar de los pesares, gana el manga. No muy de largo, pero el tebeo es el verdaderamente triunfador. El anime es irregular, da una de cal y otra de arena constantemente, y eso termina agotando. Por lo menos a mí. Del espanto más espantoso se puede pasar como el rayo a una escena construida con tino y buen gusto. Y así no se va a ningún sitio, camaradas otacos. No obstante, son once episodios que a nivel argumental se desarrollan con calma, sin aspavientos ni intensos melodramas. Capta muy bien la esencia del manga en general, de hecho algunos capítulos son bastante fieles; sin embargo, falla estrepitosamente en dos aspectos: el arte y el redondeo.

Natsume Ono es espectacular en color, por lo tanto era de esperar que en el anime de Ristorante Paradiso pudiéramos contemplar su estilo realzado. Y no acaba de ser así. La paleta de colores resulta demasiado apagada para la fuerza de los trazos de Ono, es casi casi preferible en el original B/N. Le falta acidez, viveza. Para rematar la faena, es meridiano que el presupuesto de David Production era muy ajustado, porque aunque los personajes están trabajados con normalidad, hasta cierto esmero a veces, los fondos, la ambientación, el mobiliario, etc, cuando caen en las garras del CGI derivan en un auténtico naufragio. Aparte de que hay una incuestionable pobreza visual en los interiores, el modelado 3D y esos horribles zooms de algunos planos pueden provocar el advenimiento del Anticristo. Hacen mucho daño, tanto por lo atroz como por el contraste que genera. En los primeros episodios me sorprendió observar cómo jugaban con las texturas de los tejidos de las ropas, un poco al estilo de Gankutsuô (2004) pero más discreto, sin embargo esos acertados detalles quedaron muy pronto eclipsados por la gran guarrería informática restante.

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El manga es muy breve, solo tiene 7 capítulos, lo que hacía un poco difícil realizar una adaptación coherente. Por lo tanto, acudieron a su precuela, Gente (2005), para tornear y ampliar el horizonte de la Cassetta dell’Orso. Esto ayudó a que conociéramos mejor a los personajes y sus vidas, la historia de la creación del restaurante, etc. En teoría una buena idea para redondear un tebeo que quizá se hace demasiado veloz y superficial. La cuestión aquí es con qué se redondeó la obra y cómo. Bueno, pues el anime de Ristorante Paradiso elevó mis niveles de glúcidos en sangre a cotas estratosféricas. Aunque añadieron más datos que contribuyeron a completar los huecos del manga inicial, esos mismos datos los adulteraron con azúcar refinado. De ese tan rico que es excelente para desarrollar una robusta diabetes. Si el manga en sí se encontraba en mi límite de tolerancia, el anime no respetó ese comedimiento tan fabuloso de la comedia romántica clásica, zambulléndose de pleno en la contemporánea. Y yo con ella no puedo. No me la creo, me parece cutre e idiota. No obstante, debo advertir que si Love Actually (2003), El diario de Bridget Jones (2001) y otros engendros infectos del mismo pelaje los disfrutaste, Ristorante Paradiso es muy posible que te guste. Por mi parte, prefiero mil veces la simplicidad casi austera del manga que un rebozado empalagoso.

Pero, ¿tiene algo de bueno el anime? Aparte de averiguar más sobre el pequeño universo de Ristorante Paradiso, la música. La música es maravillosa, y me refiero también al opening y ending. Suelo ignorarlos por sistema, pero en este caso no pude hacerlo. El conjunto resulta espléndido. La mezcla de jazz con arreglos de música tradicional italiana es prudente y elegante, muy efectiva. Un 10.

Entonces, ¿recomiendo el manga, el anime, ambos, ninguno…? Pues vosotros mismos. No me arrepiento de haberlo visto ni de haber comprado el manga, Natsume Ono es una autora de la que siempre se puede sacar algo en limpio, hasta de sus obras más normalitas. Me ha gustado sobre todo el que haya buscado inspiración en las comedias románticas de los años 50-60, tenían un no sé qué difícil de lograr ahora. También los gustos de la gente cambian, y actualmente el hedor postmoderno más sentimental lo envuelve todo (es una plaga). Habrá que esperar a que cambien las tendencias, aunque la demora está siendo larga desde hace ya un tiempo.

Y como en todos mis cumpleaños, siento la extraña necesidad de hacer algo, ser útil, no dejar pasar el día sin haber realizado algo de provecho o que me llene. Escribir lo hace, así que este es mi regalo para vosotros. Gracias por estar ahí. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime

Pues estaba yo tan tranquila ojeando twitter, cuando observé que Jean de Laberinto Invernal había sacado una entrada dedicada a los dos primeros capítulos de esta (¡por fin!) nueva temporada de Samurai Jack. Al rato, Wanda de Entre sábanas y almohadas subió unos pics de la serie que estaba viendo en ese momento, Over the Garden Wall. Poco después, en el Gato Curioso me preguntaron por South Park. En un breve lapso de tiempo, surgían ante mis atónitos ojos tres de mis cartoons preferidos. Era una señal. Y me dije: “¿es posible que los otacos seamos capaces de ver otras series de animación que no sean japonesas?”. La pregunta, ya de por sí imbécil, merecía una respuesta contundente: “¡Rayos, claro que sí!”. La frontera, que parece más complicada de traspasar con los tebeos, en los dibujos animados se difumina. Así que cavilé (no mucho rato, la verdad, convertí la señal en excusa) una buena forma de irritar a los camaradas otacos con un tag.

TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime es simple, directo y no sirve absolutamente para nada salvo hacer perder el tiempo: ¿cuáles son tus 10 series de animación no-japonesas favoritas? Favoritas, no las que consideres mejores (es distinto). Series, que no películas o cortos. ¿Las tienes en mente? Muy bien, pues ahora piensa en 6 blogs que estén dispuestos a continuar dispersando este miasma. Voilà. Lo has logrado, ¡hay una existencia allende los dibujitos chinos que gozar! ¡Aleluya! Ya puedes copipastear esto.

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Mis 10 preferidas creo que son muy, muy conocidas. Ha sido difícil hacer la selección, pero me he dejado guiar por las tripas y no el intelecto. Las amo a todas sin ninguna objeción, y forman parte ya de mi vida. Junto a otras muchas, claro, pero esta decena es especial. Antes de comenzar, allá van los afortunados que tienen el (ejem) honor de estar nominados a tan insigne y novísimo tag:

Las series están en riguroso orden de preferencia. Por una vez lo he hecho así. No creo que vuelva a repetirse semejante fenómeno otra vez, no obstante. Si lees esto y te apetece hacer el tag, siéntete libre de realizarlo y nominar a quien te dé la gana. La única condición es que nombres la procedencia, lógicamente. Comencemos.


10 ✪  SOUTH PARK

South Park (1997-2016) es una de las series más irreverentes y políticamente incorrectas que ha parido la televisión. Tiene un humor que roza bastante a menudo el mal gusto y la pura grosería, pero de una manera inteligente, nunca ha dado puntada sin hilo. kenny South Park no es un mero exabrupto o un colosal eructo cuyo eco resuena en las montañas. Es ya historia de la animación, un clásico. También es verdad que no está dirigido a todo el mundo, y es necesario cierto talante para poder disfrutar de su comedia negra, y ese arte que imita los cut-outs de las producciones setenteras del este de Europa. Lo que me he reído con esta obra no lo sabe nadie. Ni Isis. Es simplemente magnífica.

9  ✪  THE WIND IN THE WILLOWS

He dicho que creía que todas eran muy conocidas, ¿no? Pues bueno, The Wind in the Willows (1984-1988) quizá no lo sea tanto. Esta serie británica, basada en el enorme clásico de Kenneth Grahame del mismo nombre (y que fue uno de los primeros libros que leí en mi vida), es una joyita del stop-motion y de la delicadeza. No he encontrado ningún gif adecuado, pero sí el primer episodio de la primera temporada. Los recuerdos que tengo ligados a esta pequeña maravilla son tan tiernos como la propia serie. Sus minuciosos detalles, las historias, la ejecución, el diseño de las marionetas… TODO es admirable en The Wind in the Willows.

8 ✪  BATMAN

Es la SERIE de Batman (1992-1995). Definitivamente. A pesar de que ha tenido más encarnaciones, la de Bruce Timm es la que más se ha acercado, al menos desde mi punto de vista, al Batman urbano detectivesco sin caer en lo camp. Oscuro, pero no ridículo. Poderoso, pero humano y vulnerable. batmanY sin recurrir al nihilismo recalcitrante de Nolan que, sin considerarlo malo (Luzbel me libre), se ha hecho algo cansino; y ha contagiado su saturnismo a otros superhéroes que no tenían nada que ver con esa clase de espíritu (véase Superman o Spiderman). El Batman de esta obra es equilibrado y vigoroso, más cercano al de Miller o Moore que otros que vinieron después. Un 10 para esta serie. Batman Beyond (1999-2001) en comparación se me quedó algo cojilla. Y eso que Timm le sacó un partido tremendo.

7 ✪  SCOOBY DOO, ¿DÓNDE ESTÁS?

Algunos de los dibujos animados de la lista se encuentra vinculados estrechamente a mi infancia. Es algo inevitable. Y, a pesar de que ya desde enana mostraba una preferencia muy clara hacia la animación japonesa, también había obras occidentales que me gustaban mucho. Es el caso de Scooby Doo, ¿dónde estás? (1969-1970). scoobyAún en la actualidad me veo un par de capítulos de vez en cuando, y pese a la barbaridad de años que han transcurrido desde su estreno televisivo, resultan llanos y divertidos. Anticuados (normal), pero frescos. Mis personajes favoritos eran (y son) Shaggy y Velma; Fred y Daphne, tengo que reconocerlo, me caían bastante mal. Pero todos ellos hacían un buen equipo para resolver misterios. Que eso era lo que más me gustaba de la serie, el descubrimiento y resolución de tramas y enigmas. Disfrutaba (y disfruto todavía) muchísimo viéndola. Más adelante, la llegada de Scrappy-Doo me fastidió un poco, porque nunca fue un papel que me gustara demasiado. Pero no hay problema, siempre nos quedará la etapa clásica inicial.

6  ✪ HORA DE AVENTURAS

Un clásico contemporáneo que me dolió lo indecible cuando comunicaron que iba a finalizar. ¡¿Por qué, por qué?! Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Hora de aventuras (2010-2018) es de los dibujos animados más originales y delirantes que he visto nunca. Una parodia de los cuentos infantiles, por eso tanto niños como adultos son capaces de entretenerse con ella. ¡Y mucho! No existen tantas obras que puedan trabajar a diferentes niveles. Me siento afortunada de poder haberla seguido mientras se emitía, ser contemporánea de ella. Hora de aventuras es como el puntillo que se coge cuando se bebe cerveza, alegre, dicharachera, irónica y luminosa. ¡Ay, qué penica que vaya a acabar!

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5 ✪ BEAVIES AND BUTT-HEAD

Beavies and Butt-Head (1993-2011) era una serie sobre dos adolescentes de lo más cafre y borrego que os podáis imaginar. Muy listos tampoco eran. bbPero esos comentarios mongólicos sobre los vídeos musicales que veían, su limitado lenguaje basado en gruñidos, risitas tontas y balbuceos, los líos en los que se metían continuamente por tocar las narices al personal, etc, tienen un lugar en mi kokoro por su perfecta representación del típico adolescente asocial con evidentes problemas neurológicos. Formaban una pareja tan patética como hilarante. Me hice con todos sus cómics, que publicó Marvel en España (los tengo a buen recaudo), y aunque no añadían nada de particular a su ristra de astracanadas cotidianas, siguen aún siendo muy entrañables. Dos vírgenes idiotas, a rebosar de hormonas y malicia, no pueden traer nada bueno. Para nuestro deleite televisivo, claro.

4 ✪ OVER THE GARDEN WALL

Más allá del jardín (2014) es todo lo que los cuentos infantiles deberían ser. Con un toque de ferocidad y esa elegancia burtoniana tan comedida. Siempre es otoño en Over the garden wall (mi estación preferida), una época del año que llama a la reflexión, donde las sombras crecen. El creador es Patrick McHale, que también trabajó en Horas de Aventuras, así que cuando me enteré de este nimio detalle, no tardé mucho en sumergirme en sus bosques tenebrosos. Amo esta serie. Es divertida, surrealista y profunda, un Maravilloso mago de Oz (1900) pervertido con ternura. Y encima es musical. Lo único malo que tiene es que resulta demasiado breve, solo diez episodios. Ains.

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3 ✪ SAMURAI JACK

Samurai Jack (2001-2017 ) es otro de esos clásicos contemporáneos que nadie, absolutamente nadie, con un mínimo de interés en los dibujos animados, debería perderse. El año pasado tenía planeado escribir una reseña sobre sus primeras temporadas, samuraijackademás creo recordar que algunos lectores votasteis esta opción en la pertinente encuesta que hice en twitter. Pero el disco duro donde la tenía se fundió y desapareció junto a diverso material inencontrable (todo bastante antiguo, y si digo antiguo quiero decir de principios del s. XX) que ya no podré volver a recuperar… porque no se vende en ningún sitio. Fue un golpe duro, me cagué mucho en los antepasados de Toshiba, pero las cosas suceden así. Quizá más adelante la escriba, pero prefiero terminar de ver ¡la actual temporada de Samurai Jack! ¡Ha vuelto, ha vuelto! Jack is back!

2 ✪ AEON FLUX

Sobre Aeon Flux (1991-1995) escribí largo y tendido en esta entrada, así que no voy a añadir mucho más. Al igual que Beavies & Butt-Head, representa una época dorada en la MTV que, oteando el actual horizonte, parece increíble que haya existido en algún momento. Pero así fue, la gran M estuvo a la vanguardia en muchos aspectos. Y luego se fue a la caca. Larga vida al reality show, larga vida a la cochambre televisada. Junk food para la mente.

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1 ✪ EL SHOW DE LA PANTERA ROSA

El show de la Pantera Rosa (1969-1976) es una obra maestra. Es, por ejemplo, todo lo que yo no soy: elegante, sofisticada, ingeniosa, sutil, divertida… por eso la amo con locura. Es el “menos es más” de van der Rohe elevado a la surrealista potencia. Una maravilla sin diálogos donde la música de Henry Mancini lleva la batuta; un rosario de gags de comedia sencilla pero chispeante. pinkpantherY el arte, ¡ah, el arte! Todo en El show de la Pantera Rosa es de un minimalismo estentóreo. Es curioso cómo las casualidades se convierten en imprescindibles de forma involuntaria. Porque aunque la película donde apareció por primera vez, The Pink Panther (1963), merece un vistazo (o más), ese diamante felino que solo tenía un propósito decorativo, se convirtió en un icono pop que la superó en fama. Y bien merecida. Mil gracias, Freleng y DePatie, por esta criaturita tan singular


Podría haber colado también Vaca y Pollo, Looney Tunes, Ren & Stimpy, PopeyeEl laboratorio de Dexter, Dragones y MazmorrasLas Supernenas, Los Simpsons… pero los que he puesto han significado más para mí. Y, exacto, he procurado ser breve. Esa es la intención del tag, no dar excesivas explicaciones, sino lo justo para aclarar las decisiones tomadas. Directo y conciso, las propias elecciones deberían ser ya lo suficientemente elocuentes. Espero no haberos aburrido mucho y que así hayáis conocido algo más sobre mí.

A los nominados: no es obligatorio realizar el tag, tampoco hay una fecha límite (solo faltaría). Sin embargo, no voy a negar que me gustaría verlo circular y saber así más de lo que se cuece, fuera del anime, en las cabecitas de otros camaradas otacos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Primavera 2017

Ya estamos acabando la temporada invernal de anime 2017, ¡qué rápido se me ha pasado! Siempre hago comentarios similares, pero es la purita verdad. Como se intuía, ha sido bastante fofilla… pero había que darle su oportunidad, porque alguna cosa en limpio se ha sacado. Al menos servidora lo ha logrado, pero sin mucha alharaca. ¿Cómo se presenta esta primavera? Pues de forma muy distinta. Hace un par de semanas ya empecé a echarle un ojo, porque barruntaba marabunta de estrenos apetecibles. Y al ahondar, se confirmaron mis sospechas, of course. ¿¡De dónde voy a sacar tiempo para vivir si tengo que manducar todo este anime!? ¿Eh? ¡A ver! ¿De dónde? Pero no hay problema, camaradas otacos, como siempre ocurre, la mayoría de ellos se caerán del cartel. O si el panorama es tan-tan-tan maravilloso,  me veré obligada a aparcar algunos. Pero dudo que se dé el caso.

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“Mujer jugando con gato” (circa 1825) de Utagawa Kunisada

Como es habitual, aviso de que solo tendré en cuenta los estrenos. Tampoco voy a añadir ni sinopsis, ni estudios, ni tralarí-tralará. Me agota toda esa burocracia del anime, y creo que a estas alturas la mayoría de vosotros ya conocéis esa información. Y si no, os remito a la entrada pertinente de mis compis en Otakus Treintañeras, que seguro han añadido algunos datos. Son mucho más aplicadas que yo. Sin embargo, antes de meterme en harina, tengo que admitir que la temporada primaveral está marcada para mí por el regreso de dos series. Un dúo del que esperaba ansiosa segunda temporada: Shingeki no Bahamut y Uchôten Kazoku. Luego ya, aparte, la arribada de la película Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome de Masaaki Yuasa, que se estrenará el 7 de abril (cuando San Juan baje el dedo en el resto del planeta). Lo demás es casi casi accesorio. Nah, tampoco tanto, aunque sí es cierto que ese tándem eclipsa algo lo demás. Por lo menos en mi caso. Veremos si entre tanto pastelito de frambuesas equinoccial, alguno aguanta el tirón de los dos primeros episodios y es capaz de rivalizar con mi pareja de ases. ¡Empecemos!


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Para los novatos en SOnC, en esta categoría coloco los anime que, aunque me apetece ver, tampoco me entusiasman demasiado. A priori. Las tornas pueden cambiar… para el escaparre absoluto o el amorsinfin. Nunca se sabe. También pueden continuar pareciéndome indiferentes, lo que supone en muchas ocasiones que hace falta cavar zanjas en las islas Sandwich del Sur.

TSUKI GA KIREI

Es el que menos me convencía de los que tenía seleccionados para NiFúNiFá, tanto por la ambientación escolar (estoy haaaartaaaaaaaaa) como por el dibujo, que en el trailer me pareció la cosita más anodina del multiverso. Cada vez tolero peor ese lustre informático de textura plasticoide y peste ultrahigiénica. Me da un yuyu tremendo esa asepsia que hay tan extendida ahora. Pero quería darle una oportunidad, quizá vaya más allá del típico slice of life hasta el ojete de barbitúricos, o del school life de prepúberes desentrañando el sentido de la amistad y la vida. Si no abusa del melodrama la cosa prometerá; ante todo que no sea muy cursi. Por favor.

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FUKUMENKEI NOISE

Más adolescentes en la dieta. Esta vez con la música de telón de fondo, que es lo que realmente me ha atraído de este anime. Es un shôjo, por lo que las posibilidades de que la protagonista sea una lerda en busca de novio se multiplican por mil. En este caso tiene pinta además de rarita traumatizada. El trailer me ha dado una sensación desagradable, con esa gosurori del parche pululando y tanto niño malote haciendo poses. No sé si será una serie sin mucha sustancia al final o que realmente merezca la pena. Como albergo bastantes dudas, tendrá sus dos episodios de gracia.

P.D.: Las chicas, aparte de cantar, también podemos componer música. Algunas de hecho lo hacemos. Yo informo, porsiaca.

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ALICE TO ZÔROKU

Ciencia-ficción, slice of life y muchitas dosis de ternura. Una niña con poderes y un anciano de carácter agrio. No sé por qué, pero me viene a la cabeza Heidi y su abuelo. Imagino que el asunto tirará por ahí, aunque modernizado. Bueno, en realidad espero que no tire por ahí, porque entonces mandaré la serie a escaparrar. Heidi no hay más que una. El tema de la redención del típico personaje asocial mediante la intervención de un niño me cansa enseguida. Y la mozuela protagonista encima tiene como pinta de loli. Agh. No sé si bascularán más hacia la vertiente sci-fi, con el rollo conspiranoico de la experimentación, la persecución, los otros especímenes, etc; o la irrupción del terremoto infantil en la escrupulosa vida de un hombre mayor. Lo ideal sería un equilibrio entre ambas, que además le brindaría originalidad. ¿Qué será? Pues habrá que esperar, chavalada.

alice


ñam

Como bien da a entender el cutredibujito, estas son las series que, por lo leído y visto, me provocan más hambre. ¿Es factible que me indigeste con alguna? Por supuesto, es ley de vida otaca. Aunque de momento solo puedo elucubrar, y no tengo demasiado de sibila. Ya veremos qué sucede. Meanwhile…

ATOM: THE BEGINNING

Como ya sabréis, suelo avalanzarme como perro famélico sobre todo aquello que huela a Osamu Tezuka. Atom: The beginning es una precuela del archiconocido clasicazo Astro Boy o Tetsuwan Atom (1963) que si se enfoca adecuadamente, puede resultar muy interesante. El trailer no me ha dicho gran cosa, para bien o para mal. No sigo el tebeo en el que se basa, donde el hijo de Manga no kamisama, Makoto Tezuka, trabaja también junto a Tetsurô Kasahara y Masami Yûki; pero a poco que el anime me convenza, intentaré hincarle el colmillo. Que el director de la serie sea Tatsuo Saitô me brinda algo de confianza por la absurda razón de que su adaptación de Nekojiru Udon (1990) me dejó encantada, aunque esto en realidad no significa gran cosa. Puede perfectamente descolgarse con un adefesio, todos los directores tienen como mínimo uno en su haber. No obstante, le tengo fe. Y ganas. Veremos si se encuentra a la altura de las expectativas.

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WARAU SALESMAN NEW

Un clásico del suspense. Warau Salesman es el epítome de la maldad enmascarada de buenas intenciones y una sonrisa. Me alegra que hayan retomado la idea del manga del gran Fujio Fujiko para darle nueva vida. El anterior anime data de hace más de veinte años, requería una actualización. Desconozco qué formato tendrá, imagino que episodios de cinco minutos, pero habrá que esperar a más información. El vendedor que sonríe es una recreación del mito de Fausto a la japonesa, con mucho humor negro y cientos de escalofríos. No está mal que dejen caer alguna perlita así dirigida al público adulto, que seremos pocos, ¡pero ahí estamos!

warau

SEKAI NO YAMI ZUKAN

Estoy bastante entusiasmada con este anime, con sinceridad. Tendrá formato de capítulos cortos y estará dedicado a distintas historias sobrenaturales y fantásticas del mundo. Por la información que me ha llegado, hará hincapié en el espíritu pulp de los años 50-60, lo que me parece ma-ra-vi-llo-so. Como obstinada fanática del género de terror que soy, no me lo podía perder. El director es Noboru Iguchi (Yami Shibai) y cuenta con la colaboración del actor Takumi Saito como narrador también. Mucho me temo que será de esas series que no podré seguir semanalmente tal como me gustaría, ya que dudo que la subtitulen al mismo ritmo que las más populares. Porque Sekai no Yami Zukan la veremos cuatro y el de la guitarra, claro. O a lo mejor no, ¿podría ser? Hum.

sekai

SAKURA QUEST

Cuando leí la sinopsis de este anime, me acordé automáticamente de un colega bloguero que se encuentra estudiando turismo (paladeando también los sinsabores del feroz mundo laboral): Juan de El Baúl de las Opiniones. Por cierto, lleva milenios sin actualizar su bitácora, y es una lástima porque siempre tiene buenas ideas. A lo mejor cuando se sienta más ligero nos da una sorpresa. Sakura Quest me ha recordado bastante a Shirobako, y si resulta la mitad de buena que fue esta última, pienso que se convertirá en una de las apuestas seguras de la temporada. El tema no es que me atraiga demasiado, pero puede ser una estupenda forma de conocer mejor el medio rural japonés y sus problemas, como la despoblación y el envejecimiento. Por otro lado, creo que es un desafío pelín arriesgado máxime teniendo en cuenta que el público habitual de anime no suele ser muy paciente con las temáticas que se salen de la tónica. Y ya solo por eso merece mi apoyo. MyAnimeList indica que es una comedia, lo que me parece de lo más adecuado para lograr mayor accesibilidad. Deseo muy fuerte que no me aburra ni la encuentre una estupidez. Veremos.

sakura

KABUKIBU!

Llevo desde hace unos meses, cuando vi por primera vez germinar esta serie en MyAnimeList, soportando una enorme curiosidad. Hay tres motivos para ello: el diseño de los personajes ha corrido a cargo de las CLAMP; trata un tema que me gusta mucho, el teatro kabuki; y el proyecto lo saca adelante el estudio DEEN, que el año pasado me dio dos grandísimas alegrías: Rakugo y Tonkatsu DJ Agetarô. Lo único que me chirría es el sempiterno entorno escolar (con sus sempiternos arquetipos en los personajes), y que se olfatea cuál va a ser la dinámica del argumento a leguas. Pero absolutamente todotodotodo será llevadero si me narran una buena historia… y encima aprendo algo nuevo sobre este arte escénico. Mis expectativas con Kabukibu! son muy altas, sería magnífico no verme defraudada.

kabuki

 


 

animierder

SÔRYO DE REON MAOMI A MAJIWARU SHIKIYÔKU NO YORU NI…

Con este prodigio de la aberración animesca aproximándose, era inevitable que regresara el animierder semanal durante esta temporada. Serán episodios cortos, de apenas cinco minutos, pero la tufarrada a bosta es grandiosa como pocas veces. No tengo claro todavía si irá en Otakus Treintañeras o aquí, en SOnC. Es algo que todavía tengo que conversar con Pau y Magrat. Pero este pedazo de bodrioeróticoreligiosodelinfiernosatanás será escrutado de cerca, muy de cerca. El trailer, que os dejo por aquí, lo explica TODO.

Como usualmente añado, permaneceré alerta a las sugerencias y consejos de otros compañeros bloggers. Por si me estoy perdiendo algo que merezca la pena y lo he obviado. Puede ser el caso de Sakurada Reset, pero no he querido añadirlo a NiFúNiFá porque estoy hasta el moño de adolescentes lloricas con habilidades paranormales. PRAU. Estaría majara de todas formas si decidiera seguir todas estas series, así pues habrá criba tarde o temprano. También es posible que me suba al carro de otras. O no. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Invierno 2017

Mucho se está comentando que esta temporada invernal pinta aburrida. Al menos en lo que a estrenos se refiere. La verdad es que hasta hace unas pocas horas no me había puesto en serio con ella, así que a pesar de que olisqueaba cierta fragancia a cloroformo, intenté no dejarme llevar por los prejuicios. Mis intenciones han sido honorables, de verdad de la buena, pero los primeros capítulos de unos cuantos anime que he zampado han sido, ejem, como una sobredosis de barbitúricos. Me he salvado gracias a los que he decidido seguir… de momento. Porque tampoco es que me hayan maravillado y no me fío ni un pelo.

Mi serie estrella de este invierno es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. FIN. Y no es un estreno. Espero que esté a la altura de la primera temporada, que fue gloriosa. Por ahora el episodio inicial me ha decepcionado un pelín, pero esto no ha hecho mas que comenzar. Dentro de un rato me veré el segundo.

kuniyoshi
“Gato gigante de nieve” (1850) de Utagawa Kuniyoshi

No voy a alargarme demasiado (siempre digo lo mismo, je) porque este tipo de entradas me resultan un tanto pesadas; ni tampoco escribiré sobre continuaciones. Solo nuevo material. No es mucho, y probablemente abandone algo. Sin embargo, estaré ojo avizor también a las impresiones de colegas blogueros, por si se me ha escapado algo o resulta que un bodrio descartado muta en portento. Nunca se sabe, camaradas otacos.

Por si os interesa, he mandado a cavar zanjas los siguientes anime (en algunos casos fui incapaz de terminar el capítulo): Demi-chan wa Kataritai (insípido), Fuuka (indescriptible, ¿cómo pude plantearme ver algo así?), Hand Shakers (concentrado de alium sativum), Masamune-kun no Revenge (mediocre, tedioso, reiterativo, protagonista imbécil), Spiritpact (supermeh) Urara Meirochô (mongolismo profundo con lolis) y Yôjo Senki (JAJAJAbasta). ¿Con cuántos me he quedado? Pues con cinco. Allá van.

Os recuerdo: no hablo ni de los estudios ni de los directores ni de los argumentos; solo doy mi opinión. La sinopsis e información técnica podéis encontrarla en los enlaces que suministro con cada serie.

 

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No he podido leer el tebeo de Natsume Ono en el que está basado, pero esta mangaka me gusta bastante (al menos lo que ha caído en mis manos), por lo que le daré una oportunidad. El primer episodio no me ha dicho gran cosa, pero tampoco es un espanto. Le veo, no obstante, mucho potencial; deseo que no lo desaprovechen o malogren. El arte en general me ha encantado (¡qué bien le sienta el color al estilo de Ono!) y tiene un ending precioso. Si la serie tira hacia adelante, podría ser una estupenda ocasión para que licencien más obras de la autora. A pesar de ese traspiés que supuso Ristorante Paradiso en España.

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Chô Shônen Tanteidan Neo

Otro nuevo intento de llevar al mundo de la animación la obra de Edogawa Ranpo. Esta vez desde el formato corto y sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Esta primera toma de contacto no me ha desagradado, de hecho he encontrado muy divertido su histerismo aceleradoLa mezcla de estilos estadounidense/anime, con colores ácidos y recursos vintage me parecen acertados, aunque espero que echen el freno más adelante al ritmo, si no puede fácilmente saturar. Es un producto de consumo rápido para niños y adolescentes, así que honduras intelectuales las de un charco. Comedia disparatada y misterios futuristas comprimidos en cinco minutos. Solo me gustaría que no se volviera demasiado idiota o vacío; pero la premisa, muy en la onda de los Looney Tunes o Merrie Melodies clásicos de la Warner, por ahora me convence. Aunque claro, solo ha sido un capítulo.

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Little Witch Academia

Más anime dirigido a un público joven y no por eso una cagarruta; solo hay que saber qué esperar de obras así. Creo que esta es la serie que me va a servir para desconectar del planeta y simplemente disfrutar de media hora de aventuras y magia. Sin complicaciones ni truculencias, una historia entretenida que recuerda a muchas cosas, de ahí que resulte tan familiar y sea fácil engancharse a ella. Es un producto perfecto para una evasión inofensiva, donde no hay peligro de sufrir una embolia cerebral como en Yuri Kuma Arashi, por ejemplo. Little Witch Academia además tiene su propia personalidad, de otra manera sería muy complicado soportarla. Al menos para los que tenemos algo de bagaje en esto de la fantasía. Así que si no me da algún disgusto, este anime promete alegría sencilla (también algo previsible) que seguiré con sumo placer semanalmente. Es la serie de “ahora no quiero pensar, llévame de viaje a un lugar chuli“.

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Kuzu no Honkai

Tenía mis dudas sobre si mandar a escaparrar este anime o no. La idea principal me parece de un subnormal tremebundo, pero claro, estamos hablando de adolescentes… y los adolescentes suelen pensar y hacer infinitas gilipolleces en un tiempo récord. Si profundiza un mínimo en eso precisamente, en por qué durante esa etapa de nuestras vidas somos medio lerdos, me daré por satisfecha. No sé, que disfrute de unas pinceladas tipo Inio Asano al menos. Me gustaría que Kuzu no Honkai tuviera una orientación dramática con una base psicológica firme. Que fuese un anime serio, vamos. Pero mis deseos y lo que haya escrito la mangaka son cosas muy distintas. Porque no, no he leído el manga. A pesar de mis recelos, voy a ser paciente y otorgarle unos cuantos episodios de gracia.

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Onihei

Onihei ha presentado ya en un solo capítulo todo lo que se puede esperar de un seinen histórico con samurais y criminales. Hasta el arte es clasicote, muy de agradecer entre tanto giro aniñado de hedor informático. Posee una textura analógica que recuerda a los mangas de los 60 y 70, muy expresiva. Un jidaigeki de cabo a rabo. Excelente. ¿Por qué este aparente especial cuidado con Onihei? Pues porque se trata en realidad de la adaptación del clásico literario Onihei Hankachô de Shôtaro Ikenami. Es extremadamente popular en Japón, habiendo tenido varias adaptaciones al cine, teatro y televisión. Incluso el mangaka gekiga Takao Saitô realizó un cómic en 1993 sobre esta obra. Si gusta el género, como es mi caso, es una cita ineludible. Tengo grandes esperanzas puestas en esta serie, con sinceridad. Mi dosis de épica, violencia y aventuras puede resultar bien cubierta con Onihei, sobre todo si mantiene un nivel de animación decente (lo contrario sería catastrófico) y los clichés no se me hacen muy predecibles.onihei

Parece increíble pero, ¡lo he logrado! ¡Una entrada de menos de 2000 palabras! Todo un hito para SOnC. Así tendréis menos tiempo de aburriros y podréis devorar sin dilación los anime que tengáis seleccionados para esta temporada. ¡No perdáis más el tiempo! ¡Ñam, ñam! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.