Peticiones Estivales: Sekine-kun no Koi

Inauguramos las Peticiones Estivales de este 2017 con un manga algo particular. No es la primera vez que escribo sobre él, pues en un ya lejano 2014 lo incluí dentro de un listado de tebeos inconclusos que no conseguían aterrizar en Occidente por un motivo u otro. La entrada en la que aparecía era esta, perteneciendo a esa sección de nombre ridículo y ostentoso que es la Galería de los Corazones Rotos. El cómic en cuestión es Sekine-kun no Koi de Haruka Kawachi, y se encontraba finalizado hacía tiempo. El problema consistía en una perseverante ausencia de scanlations (y sus correspondientes traducciones), además de la preocupación lógica por la misma obra, que parecía haber sufrido un final precipitado debido al cierre de Manga Erotics F, revista donde se estaba publicando. Había motivos justificados para la desazón, ya que, por añadidura, la historia se encontraba varada de tal forma que resultaba difícil predecir su desenlace.

Sin embargo, a lo largo de este 2017 fueron desgranándose los episodios que restaban y Gabriela Ip, la cual según comentó en twitter conoció Sin Orden ni Concierto gracias a Sekine-kun no Koi, solicitó hace unas semanas su necesaria reseña final. Gracias, Gabriela, por fin está aquí; por fin podemos curar ese pedacito de kokoro que Los amores de Sekine mantenían escupiendo bilis. ¿Ha merecido la pena la espera? ¿Ha estado a la altura de lo que prometía? Haruka Kawachi es una mangaka bastante peculiar. Mucho. Y eso en este cómic se nota, para bien y para mal.

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Sekine-kun se hace unos spaguetti mientras reflexiona sobre el infinito con su característico rictus de sonámbulo.

Cuando terminé de leer este manga, me dio la terrible sensación de que su protagonista era en realidad yo misma, pero con un cromosoma Y. No porque sea una mujer infalible en todo lo que me proponga, o porque resulte ser una rompecorazones, para nada. En eso, la verdad, somos diametralmente opuestos. Sino por su falta completa y absoluta de habilidades sociales, su incapacidad para gestionar las emociones, y la preocupante tendencia al aislamiento y a darle vueltas a todo de manera random y obsesiva. Esa soy yo. Y no suele ser agradable verse reflejado tan claramente. Comento esto porque, a causa del vínculo generado, creo que no voy a poder escribir una reseña todo lo objetiva que me gustaría. No obstante, este sigue siendo un blog personal, por lo que tampoco sería algo muy grave. Pero advertidos quedáis, mi apreciada otaquería.

Keiichiro Sekine es un hombre de 30 años con un buen trabajo, bastante agraciado y que disfruta de una vida que, aparentemente, es la perfecta de un soltero. Pero Sekine-kun no sonríe nunca, Sekine-kun no tiene ninguna inclinación o aprecio por nada de lo que le rodea, Sekine-kun se siente vacío. Considera su existencia vana, inmersa en un océano de indiferencia, con alguna tormentilla irritante esporádica, pero sin sentido ni propósito. No es feliz en absoluto. Sumido en la pasividad de la resignación, espera un estímulo que lo inspire, llene y lo ponga en movimiento. Esta situación vital es la que ha padecido desde la niñez, no se trata de una etapa puntual. ¿Quizá porque siempre ha tenido que soportar abundantes afectos indeseados (e invasivos)? Crear una armadura para protegerse desde la infancia le ha provocado una especie de cortocircuito emocional que ahora le impide conectar con sus sentimientos adecuadamente, convirtiéndolo en un gaznápiro, sobre todo en cuestiones sociales y sentimentales. Por eso ha aprendido, por ejemplo, a ignorar las lágrimas que de repente brotan de sus ojos sin aparente motivo. Sekine-kun es consciente de su problema, de ahí que se haya puesto manos a la obra para solucionarlo. Sin embargo, las cosas no transitarán por la ruta prevista.

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A gentleman good at knitting is not good at knitting the love

Dejándose mecer por el azar, topa con una pequeña tienda de tejidos y manualidades donde cree hallar un pasatiempo donde volcar sus ansias por amar algo. Pero el dueño de ese comercio, un anciano extravagante, en vez de enseñarle a tricotar, lo introducirá en los secretos de la prestidigitación con cartas. Tan extrañamente como surgió, el abuelete desaparece, dejando el negocio en manos de su nieta, Sara Kisaragi. Esta retomará con Sekine las clases de hacer punto y, a partir de ahí, nuestro protagonista tendrá la oportunidad que tanto deseaba para sanar. Las circunstancias se irán embrollando e iremos conociendo, a su vez, más de la personalidad de nuestro hermético amigo. Chispas de su pasado que ayudan a comprender un poquito mejor sus motivaciones y errática manera de pensar.

Los que hayan leído ya algo de Haruka Kawachi, como por ejemplo Natsuyuki Rendezvous (2011) que fue publicado en español gracias a Tomodomo, encontrarán el compás sosegado de su estilo y la delicadeza de sus retratos psicológicos. Es minuciosa, sobre todo con Sekine-kun, y resulta fascinante observar sus acrobacias neuronales, los pasos que siguen sus reflexiones. Muy naturales, muy humanas. Él es un hombre atractivo que conquista mujeres sin desearlo, provoca envidia y asombro por su infalibilidad en toda empresa que acomete; y, sin embargo, siente que su vida no tiene sentido. Está muerto por dentro… de éxito. E intuir que él es el responsable directo de su fracaso existencial lo conduce a un autodesprecio devastador.

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Esta podría ser la típica historia de un bishie que se lleva al huerto a la chica normalita, a pesar de tener a sus pies a todas las bellezas de Tokio. Pero no, la mangaka parte de esa base, pero otorga a Don Perfecto un temperamento insólito que lo hace víctima de todo tipo de situaciones ridículas y tristemente reales. Al menos para los introvertidos lo son. La metáfora continua que resulta el desenredar, tejer, deshacer y volver a trenzar la lana, es el reflejo de su evolución personal. El objetivo amoroso, Sara Kisaragi y el resto del elenco de secundarios no están tan desarrollados como Sekine, pero mantienen firme al argumento y su desarrollo. Sara es inteligente y muy salada, bastante creíble. No se hace insoportable ni cursi como suele ocurrir con los personajes femeninos del shôjo/josei, y tiene las ideas claras. El antagonista, Dôjima, bastante más cliché, quizá sea el que más flojea de todos, aunque Kawachi intenta brindarle en los últimos episodios cierta dignidad.

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Si tengo que ser sincera, hasta el volumen 4 Sekine-kun no Koi es un manga chispeante y diferente, centrado sobre todo en la personalidad del protagonista y sus pequeños avances hacia el autoconocimiento. Él es el centro en torno al cual gira todo, y no molesta particularmente porque los secundarios están bien bosquejados, algunos de forma graciosa y caricaturesca, adaptándose muy bien a su pausado slice of life. Un argumento espontáneo y fresco, que aunque no espectacular, sí resulta imprevisible. Es a partir del último y quinto tankôbon cuando se despeña hacia el estereotipo y una resolución clasicona. Ha sido un poquillo decepcionante porque, hasta ese momento, Los amores de Sekine se mostraba como un josei comercial pero no ordinario, con un personaje principal interesante y un argumento salpicado de chiribitas surrealistas y cálida ironía. Su desenlace no ha estado a la altura de las expectativas. ¿Quiere decir esto que Sekine-kun no Koi es un mal tebeo? Nada de eso. Simplemente, Haruka Kawachi optó por introducir elementos tradicionales en su obra, configurando un manga más conservador de lo que parecía prometer. Lo finiquita de manera solvente, no obstante es notorio que lo hizo porque la serie iba a cancelarse debido al cierre de Manga Eroctics F. Quiso darle un término coherente, pero no resultó brillante. Una lástima.

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¿Recomiendo Sekine-kun no Koi? Sí, a pesar de esa conclusión menos trabajada que recurre a los habituales tópicos, es un cómic tranquilo y diferente, que no cae en el sentimentalismo almibarado de la demografía y ofrece una visión del enamoramiento divertida. Es una comedia romántica eficiente y con la bastante sutileza para no empalagar. Podría haber sido un cómic mil veces mejor, pero las circunstancias no siempre acompañan a los autores. Y Los amores de Sekine podrían haber sido mucho, mucho más. También admito que si Tomodomo se animara a publicarlo por estos lares, lo compraría sin dudarlo porque, en conjunto, me ha parecido mejor hilvanado que Nieve en Verano. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Amores frustrados

¿Quién no ha estado siguiendo un manga con fervor, completamente prendado de él y luego se ha encontrado con que…? No hay más traducciones. Ni RAWS. En siglos. Lo han cancelado. Porque sí. El autor lo ha dejado en hiato. Le apetecía hacer surf en Honolulu. Whatever. Esta es la asquerosa realidad. Los pobres desgraciados que no dominamos convenientemente lenguas asiáticas nos hallamos en ocasiones con esta situación. A veces para consolarme de forma subnormaloide me digo: Bah, es posible que la caguen con tal o pascual y casi es mejor quedarme como estoy. UNA MIEEEERDA. Quiero saber. Y así nacen los amores frustrados. Aquí escribo de los cinco que más me han disgustado, pero tengo más, muuuchos más. Como todos los tenemos, por supuesto. Y si no es así, o has tenido mucha suerte o no has leído suficientes mangas; pero no te preocupes, todo llega. Amores malogrados son inevitables.

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“Ariko solloza mientras su bote va a la deriva bajo la luz de la luna” de Taiso Yoshitoshi (1886)

Chikutaku Bonbon

ちくたくぼんぼん

(2009-2011)

Chikutaku Bonbon de Bun Katsuta está finalizado. No es una manga largo, 3 volúmenes y 15 capítulos. Pero nada, aquí estamos, atascados en el episodio 7 desde hace milenios y sin RAWS a la vista. Mejor no hablo de licencias, claro, MUAHAHAHA (risa de amargura). Chikutaku Bonbon es un josei ubicado cronológicamente a inicios del periodo Shôwa, calculo 1930 por algunas referencias que aparecen en el tebeo. Es como un cuento, un cuento triste y luminoso.

Iwa, ya que no eres muy guapa, tendrás que esforzarte en Tokio y ser amable con todo el mundo.

Ese es el consejo que le dio su abuelo a la protagonista de este manga, de nombre completo Koiwa. Ella es una muchacha de campo bastante ignorante pero de mente despierta, que llega a la capital para trabajar de sirvienta en casa de su tía, una famosa actriz retirada. En su nuevo hogar se codeará con mucha gente interesante. La personalidad ingenua de Iwa es el filtro por el cual el lector va descubriendo las maravillas de la gran ciudad y la realidad de una sociedad en plena asimilación de la modernidad de Occidente. Es de agradecer que la moza no sea idiota, porque no hay que confundir inocencia o candidez con necedad. Allí tendrá que lidiar con su primo, recién llegado de Londres y que la trata literalmente a patadas; y conocerá, dirigida por el consejo de su abuelo, a un extraño relojero de nombre Aoki Sango, al que confunde con un vampiro. Sango siempre sonríe, tiene problemas de salud, es observador y extremadamente inteligente; pero nadie sabe qué está pensando en realidad. La relación entre Iwa y Sango es el corazón de este manga, con la bonita alegoría de los relojes ondulando en una atmósfera que tiene un no sé qué de mágico.

A ratos me recordaba al Sanshirô de Natsume Sôseki (salvando las lógicas distancias, claro) y me resultaba bastante grato de leer por su falta de pretensiones y, a la vez, enorme minuciosidad y ternura. Los eventos se van desarrollando con gracia y cierta astucia por parte de la autora, con lo que a pesar de que la historia suena, en general resulta entretenida. Por lo menos hasta el episodio séptimo… A lo mejor a partir de ahí sobreviene un cataclismo y todo degenera en una colosal avalancha de inmundicia melodramática, empalagosa y cursi. Pero claro, no lo sé, mecagoentó. chikutaku2 Ore to Akuma no Blues

俺と悪魔ブルーズ

(2005 – 2008)

Querido Akira Hiramoto:

Creo que eres un sádico de mil pares de cojones. Sin acritud. Has castigado a tus lectores de Ore to Akuma no Blues, acostumbrándonos a continuos hiatos que podían durar años. Años en los que nos acordábamos sin duda de tu madre. Pero te lo perdonamos, te lo disculpamos por lo que nos has hecho disfrutar y, sobre todo, porque después de 84 meses, parece que este 2015 va a ser el año en el que, por fin, publiques el quinto y último volumen de tu maravilloso manga. No nos defraudes, campeón, que yo ya lo daba por perdido completamente.

Me_and_the_Devil_Blues Este ha sido uno de mis amores frustrados más dolorosos. Utilizo el perfecto compuesto porque espero que este año deje de serlo definitivamente. Ore to Akuma no Blues se sirve de la figura del músico Robert Johnson (al cual VENERO y todos vosotros deberíais estar YA de rodillas al oír su nombre) para contar historias del Deep South. El Robert Johnson que aparece en Me and the devil blues está más cerca del legendario que del histórico; este manga no es una biografía, hay que puntualizar bien, aunque Hiramoto se explaya bastante en las descripciones del entorno social donde se movía el guitarrista. Ser negro en Estados Unidos en la década de los 30 y encima músico, no te colocaba en muy buena posición: malvivir, mendigar, vagabundear…

Para los que no sepan quién era Robert Johnson, solo decirles que era un tipo negro de dedos muy largos, fumaba como un carretero, grabó 29 canciones y cambió la música para siempre. Es conocido habitualmente como representante del llamado sonido del Delta del Mississippi, pero eso es restringir demasiado un estilo que rompió etiquetas e inició el comienzo de una nueva era musical. Ni más ni menos. Su pericia como guitarrista, sus innovaciones y talento, no han sido superados todavía; y sus colegas de profesión debían sentirse asombrados y frustrados ante tal exhibición. Algo parecido les debió ocurrir a los violinistas TartiniPaganini en su época. ¿Por qué nombro a estos músicos italianos de los s. XVIII – XIX? Porque tienen una cosa en común con Johnson: la leyenda del pacto con el diablo. Su extraordinario talento junto a la carestía de datos e informaciones contradictorias, colaboraron para fabricar un perfil de músico fáustico: fue el demonio el que le otorgó una capacidad sobrehumana. El intérprete de Blues era considerado casi como un chamán, su música y voz podían dominar al público. Su arte sería un intermediario entre el mundo espiritual y el físico, muy propio de las raíces africanas del estilo. Teniendo en cuenta este contexto socio-cultural, es lógico que los que habían conocido a Robert sospecharan de una acción demoníaca. Así tenemos los ingredientes necesarios para la receta del contrato; no es muy difícil de cocinar si se deja guisar en su propia salsa durante unas décadas. Y fue en los años 60 del pasado siglo, cuando los músicos de rock (blancos) comenzaron a reivindicar su figura junto a la de otros pioneros del blues. Eric Clapton, Keith Richards o Jimmy Page transmitieron su amor hacia él al público y la prensa especializada; acrecentando entre todos su leyenda y mitificándola de tal forma que actualmente es muy complicado distinguir qué es qué. Pero son este tipo de leyendas las que también hacen disfrutar al melómano; y enriquecen el folclore musical con sus propios mitos y anti-héroes.

Robert Johnson ya es un icono pop sin duda alguna. Bien merecido tiene poseer su propio manga, y Ore to Akuma no Blues es el homenaje personal de Akira Hiramoto. Esta obra, que se arrastra a través de las penurias derivadas del racismo en el Deep South, muestra una realidad desgarrada y fantasmagórica aprovechando la veta de la leyenda del contrato diabólico. Excelente. Era una completa ignominia dejar este tebeo inconcluso. Ruego a Luzbel que este año sea el definitivo para Me and the devil Blues y deje de ser, personalmente para mí, un amor frustrado.

Blood Alone

Ya escribí sobre este manga aquí, pero eso no quita que, al enterarme de su cancelación, pensara directamente: Oh, qué estupendo, ¿puedo pegar fuego a la casa del editor de Evening? Muchas de las decisiones editoriales respecto a mangas me resultan incomprensibles; y ese es el caso de Blood Alone, que tenía una recepción bastante buena entre el público. Así que que te dejen con un palmo de narices justo comenzando el arco final, hace que el cerebro, borboteando en un cabreo al pil-pil nada recomendable, destile la solución única: gasolina y cerillas. Ni qué decir que estoy de broma. Lo que sucedió en realidad me dejó bastante triste. Otro amor frustrado, aunque este con ciertos visos de esperanza: el autor, Takano Masayuki, expresó sus firmes intenciones de publicar de manera independiente el último volumen. Ojalá sea así al final. blood alone Sekine-kun no Koi

関根くんの恋

(2009 – 2014)

El caso de Los amores de Sekine es uno de los que más me tocan las narices pero, por desgracia, no es extraño que enormes mierdas de esta clase sucedan. Desconozco si Haruka Kawachi tenía planeado desarrollar más este tebeo porque la revista Manga Erotics F donde se publicaba, chapó el pasado 8 de julio. Tampoco sé si finalizó satisfactoriamente, ya que solo hay scanlations hasta el capítulo 21… y sin perspectivas a corto plazo de que aparezcan más. Son cinco volúmenes en total y la cosa se ha estancado finalizando el cuarto. Toma maravilloso amor frustrado. Quizás Tomodomo, ya que se ha hecho cargo del Natsuyuki Rendez-vous de la misma autora, con el tiempo decida publicarlo por aquí… pero me da que eso solo es un típico delirio optimista de los míos. Agh.

Sekine-kun no Koi es un seinen de cinco volúmenes donde se nos cuentan los avatares de un tipo que si no sufre de Asperger, le falta poco. Y ese es uno de los aspectos de este manga que lo hacen tan interesante. Sekine Keiichiro es atractivo, tiene un buen empleo y posee un extraordinario talento para cada actividad que emprende, independientemente de su índole. Nada le resulta difícil. Salvo las mujeres, que no le duran. Es un verdadero imán de hembras, pero dada su personalidad disfuncional en el plano social y afectivo, se acaban desilusionando y lo abandonan. Podríamos decir que nuestro amigo Sekine-kun tiene cortocircuitada la sensibilidad; por eso transita por la vida como si fuera un tiesto de geranios. Pasivo, apático y con pequeños trastornos obsesivo-compulsivos. Resumiendo: un analfabeto emocional que siente su vida vacía, es consciente de su carencia y busca una solución como un niño pequeño jugando al lego. Torpemente.

Los personajes que lo rodean son bastante peculiares: su orondo mejor amigo, casado con una muchacha por la que Sekine sentía una atracción anómala, y a la cual es infiel sin remordimientos; el estrafalario dueño de una tienda de tejidos donde Sekine acude para aprender magia y luego hacer punto; Doujima, un conocido del protagonista que lo odia y oculta esos sentimientos para poder observarlo de cerca; y, finalmente, la nieta del amo del comercio, Sara Kisaragi, que es la persona más equilibrada de todas a pesar de su inseguridad.

El arte es fino y delicado, expresivo, con diminutas chispas surrealistas. Haruka Kawachi tiene un estilo que me gusta mucho en general. Sekine-kun no koi es un manga inesperado. No hay estereotipos. El argumento parece casi improvisado, pero no da puntada sin hilo. Es brillante. Eso sí, el que busque velocidad, nanay; es un tebeo que se recrea mucho en la psicología de los personajes y el slice of life campa a sus anchas. Me ha fastidiado lo indecible que esté empantanado precisamente porque no tengo ni puta idea de cómo puede acabar, es una obra imprevisible. Pocas veces algo capta mi atención de esta forma.

sekine-kun no koi Bitou Lollipop

微糖ロリポップ

(2006-2009)

Es raro que me tope con un shoujo que me guste de verdad, y Bitou Lollipop era uno de ellos. Al menos hasta el capítulo 16. Y son 34 en total. PARA CAGARSE. En su momento debería haber seguido comprando la edición de Delcourt (tengo el primer tomo) pero lo dejé pasar (ERRORERRORERROR) y desde hace un tiempo está descatalogada. Llevo 5 años, 5 años de mi vida siguiendo con una tozudez aberrante un manga con una media de 3 actualizaciones anuales y que lleva finalizado eones. Soy un ser enfermo. Porque este amor, aparte de ser frustrado, es completamente anormal. Snif. Con un poco de suerte, podré leer este manga completo cuando me jubile. Y hasta es posible que, mientras me cambian la sonda uretral, piense: ¿tanto esperar para este cagarro de conclusión? Entonces, con manos temblorosas, agarraré un mechero, un bote de alcohol etílico 96º y… BASTA. Que alguien me dé un golpe en la cabeza, por favor.

Rikako Iketani escribió un shoujo con los clásicos elementos del género (comedia ligera, triángulo amoroso, vida escolar…) pero con la distorsión necesaria para ajustarla a la realidad. Porque Bitou Lollipop carece de esa típica idealización presente en el shoujo, es realista y natural. La heroína de esta historia, Madoka Gotou, no tiene, para empezar, nada de heroína. Es una mozuela de lo más normal. Ni muy guapa ni muy fea, ni muy lista ni muy tonta; con las reacciones y dudas propias de su edad y una adecuada dosis de sensatez. Porque eso es algo que llama la atención: los personajes adultos son los más irreflexivos e inconscientes, siendo los adolescentes los que cubren la cuota de madurez. Eso suele pasar en la vida real también.

Respecto al arte, me costó un poco acostumbrarme al dibujo de esta mangaka, no porque lo considere malo, sino porque es muy personal. Pero reconozco que ha acabado gustándome y es como el propio tebeo, diferente dentro de lo tradicional. Le va como anillo al dedo.

El argumento arranca con el millón de yenes que ganan los padres de Madoka en la lotería. Estos deciden dejarse llevar por la crisis de la mediana edad y ponerse a estudiar medicina, retirándose del mundo para concentrarse en sus estudios. Así que apartan a su única hija (encima en plena pubertad) del horizonte, mandándola a la casa de invitados de unos conocidos; sufragándole todos los gastos, faltaba más. Claramente a esta pareja le falta un hervor. En su nuevo alojamiento, se relacionará con el hijo de la dueña, Asagi Tomoyo; y descubrirá que un compañero suyo de instituto por el que siente atracción, Ono, es el amante de su casera. Las relaciones entre los personajes son peliagudas y, a pesar de los momentos cómicos, son llevadas con bastante seriedad. Seriedad, que no melodrama. Bitou Lollipop no es una tragicomedia.

Como podréis imaginar, una historia de este calibre corre el grave riesgo de convertirse en una cerdada putapénica en cuestión de un par de viñetas. Por momentos se tambalea a punto de desplomarse en la incoherencia, pero hasta ahora Iketani no me ha decepcionado. Pero es que no he logrado leer ni la mitad del manga, así que mi preocupación y ansiedad son lógicas. Por lo que continuaremos sufriendo este amor frustrado. bitou-lollipop Escribir pedacito a pedacito me hace parir enormes chorizos de entradas que resultan una pesadez. Mmmm. No me convence. Esto parece el puto Mahabharata, joder. Una vez y prau. Me voy a dormir, buenos días.