Peticiones estivales: Kenpû Denki Berserk

¡Continuamos con las Peticiones Estivales! Esta vez con una que el año pasado olvidé criminalmente, pero Leticia Olguin (facebook) tuvo a bien recordarme tremendo despiste. Y, por fin, la tenemos aquí. ¡Gracias por tu paciencia, Leticia!

Su proposición era, nada más y nada menos, que Berserk. Se trata de una de las obras más importantes del género de fantasía, concretamente dark fantasy, del universo manganime. Berserk son palabras mayores. Y un trabajo que abarca desde el año 1989 hasta la actualidad. Un seinen que ha marcado a varias generaciones de lectores y que, por supuesto, ha hecho historia. El responsable de tamaña proeza es, como muchos ya sabréis, Kentarô Miura. Todo lo que pueda escribir sobre la trascendencia de este trabajo es poco, además que ya se ha disertado por activa y por pasiva respecto a él. Lo que pueda añadir seguro que alguien lo ha expresado ya, con mejores palabras y en más profundidad. Por no decir que las creaciones que conforman el mundo de Berserk son unas poquitas, así que me encontraba en un dilema: ¿por dónde empezar con semejante bestia parda?

Bueno, el principio no suele ser mala opción: Berserk es una palabra que proviene del antiguo nórdico, uno de sus posibles significados es “vestido con piel de oso”. El inglés lo tomó prestado para designar la locura y el frenesí que padecían algunos guerreros escandinavos cuando combatían. Una demencia que los hacía terroríficos y prácticamente invencibles. Ellos eran los berserks o berserkers. Y un berserk es lo que vamos a encontrar en esta obra, Guts. Un guerrero indomable y brutal.

El manga, que es el trabajo que con más entusiasmo os recomiendo, transita un camino largo y tortuoso, al menos para los lectores. Con desesperantes hiatos, en los que prefiero no entrar porque puedo soltar espumarajos hasta el Día del Juicio, pero que forman ya parte de la tradición otaca. Este pasado marzo Young Animal anunció que volvía de nuevo a pausarse, por cierto. A veces pienso que la criatura le ha salido demasiado grande a Miura, que acabará devorándolo. No sé si será capaz de brindarle el final que merece, pero esto ya son elucubraciones. A día de hoy van 355 capítulos y 39 tankôbon.

El tebeo de Berserk es carne de la sección Galería de los Corazones Rotos, por lo que decidí aparcarlo para hacerle una entrada como merece, llena de amor, resentimiento y angustia. Así que para esta petición estival me quedaban por elegir dos series televisivas, Kenpû Denki Berserk (1997) Berserk (2016-2017); y la saga de tres películas (2012-2013). ¿Con cuál quedarme? Pues me he dejado llevar por la nostalgia y hacerle reseña a la primera adaptación animada de Berserk, que por ahora, al menos desde mi punto de vista, es la mejor con diferencia. También creo que es una manera estupenda de introducirse en su intrincado cosmos. Si Kenpû Denki Berserk os llega a gustar, no dudéis entonces en lanzaros de cabeza a su mundo de violencia, oscuridad y fantasía de la más refinada calidad. ¡A por el manga!

Kenpû Denki Berserk adapta el llamado arco de la Edad de Oro del manga, que comienza en el tankôbon tercero y finaliza en el decimocuarto. Se trata de un enorme racconto en el que se asientan los cimientos de toda la historia, es el meollo, el corazón de Berserk. Es ese pasado que vuelve siempre para atormentar. Kenpû Denki Berserk consta de 25 capítulos en total, realizados por los veteranos estudios OLM y dirigidos por Naohito Takahashi, que salvo por esta serie no se ha distinguido por gran cosa, y Kazuya Tsurumaki.

La serie parte en un momento del presente donde Guts, protagonista de Berserk, está luchando contra uno de los Apóstoles, que gobierna toda una región. Tras dejar la ciudad en llamas durante la batalla y destruir a su enemigo, recuerda. Recuerda cuando era joven y se ganaba el sustento de la única forma que sabía: matando. Un muchacho solitario, un mercenario que tuvo la fortuna de toparse con la Banda del Halcón, que le cambiaría la vida. Liderada por Griffith, Guts mordió el polvo en un duelo contra él, y acabó uniéndose a ella un poco a regañadientes. A partir de ahí, se vio inmerso en la Guerra de los Cien Años entre Midland y el Imperio Chuder, donde la Banda del Halcón combatía a favor de Midland.

Guts no es un guerrero cualquiera, y eso Griffith lo supo ver desde el principio. Se puede decir que sufrió un flechazo. No obstante, el líder de la Banda del Halcón tenía muy claros los objetivos, y su gran inteligencia le permitió ascender de forma meteórica en el ejército del país, granjeándose el aprecio del rey (y la princesa Charlotte) y el odio de la nobleza, que consideraba inconcebible que un plebeyo de baja estirpe llegara tan alto, incluso amenazando sus privilegios. Griffith es un guerrero temible y un estratega despiadado, cuyo único punto débil era Guts.

Este es el contexto, resumido a grandes rasgos, en el que se desenvuelve Kenpû Denki Berserk. Un anime de corte indudablemente épico, con mucha sangre, violencia extrema, intrigas cortesanas, batallas sin fin y tragedias amplificadas. A los neófitos quizá os pueda recordar un poco a la saga de Canción de hielo y fuego, con la diferencia de que Berserk es mil veces más cruento.  Pero como sucede en la obra de George R. R. Martin, lo que mueve realmente la historia son los personajes. Un elenco maravilloso que tira p’atrás.

Griffith es, sin duda, el personaje más fascinante de Kenpû Denki Berserk. Su carisma es extraordinario, tiene un matiz hipnótico. Su capacidad de liderazgo es indiscutible, su voluntad de hierro y grandes sueños lo hacen muy, muy atractivo. Pero no queda solo ahí. Su aspecto andrógino y modales impecables le otorgan un aire casi sobrenatural y distante, inalcanzable en su perfección. Es el caballero inmaculado, valiente, lúcido, de riguroso autocontrol. Una luz a la que siguen sin titubear todos los miembros de la Banda del Halcón, y que deslumbra a sus enemigos.

Sin embargo, Griffith es humano. Muy humano. Y todo su resplandor genera una sombra igual de profunda. Como la de un arcángel caído. Su ambición es desmedida e insaciable, y ante ella sacrifica todo, incluso su carne y sangre. Es manipulador, para él las personas no son mas que meros utensilios en su travesía hacia el poder, y no tiene piedad con los que interfieren en sus planes. Es un depredador nato, aunque no suele ser cruel sin necesidad. Griffith es un enigma.

Siempre me han llamado mucho la atención este tipo de personajes que juegan con la ambigüedad sexual, que además no son demasiado habituales en los seinen, sino en los shôjo. Griffith tiene mucho de las otokoyaku del Takarazuka Revue, recuerda a las protagonistas de Claudine…! (reseña aquí) o Versailles no Bara (reseña aquí) de Riyoko Ikeda; a mi queridísima Utena también. Pero Griffith, a pesar de su aspecto andrógino, no es trans. Es un hombre. Fin.

Guts, por otro lado, podríamos considerarlo su opuesto. Y esta pareja, en torno a la cual gira Kenpô Denki Berserk, tiene una inspiración muy clara en el binomio del Devilman de Gô Nagai. Guts es el protagonista definitivo de los seinen hipermusculados, con su colosal espada de reminiscencias fálicas, el antihéroe por excelencia. Con una vida cruel desde niño, solo ha tenido tiempo para luchar y matar. Nunca ha querido depender de nadie, y tampoco ha tenido una meta vital. Por eso alquila su única (y considerable) pericia al mejor postor, por eso hace suyo el sueño de Griffith. Y en la Banda del Halcón empieza a conocer  lo que es tener una familia. No obstante, Guts no es ningún zopenco, y a pesar de ser una persona honesta y sin dobleces, valora su libertad personal por encima de todas las cosas. Su aparente sumisión a Griffith no puede ser eterna.

Y llegamos por fin a Casca, la protagonista femenina de Kenpû Denki Berserk. En una obra que representa un mundo tan profundamente patriarcal, la figura femenina no podía tener excesivo espacio. Y en el caso de Kenpû Denki Berserk (el manga es distinto) no es de otra forma. Lo femenino siempre se plasma como el agente débil, demasiado emotivo, sexualizado y/o con el obligatorio interés romántico. Casca posee estas características, pero rompe también algunos moldes. Desde mi perspectiva, es el personaje más próximo, más natural. Una mujer en un mundo de hombres abriéndose paso para hacerse valer (y lo hace bien); aunque siempre se encuentre supeditada a Griffith o Guts, cuya relación sí que se encuentra en términos de igualdad. Ya se sabe, las mujeres somos esclavas de nuestras emociones (ejem). Pero esto no es una crítica en realidad, estamos hablando de un anime de hace veinte años y, como a menudo comento, juzgar las obras del pasado desde el punto de vista del presente no es ni justo ni inteligente. Casca es un gran personaje, una fantástica guerrera y capaz de acaudillar, si es necesario, a la Banda del Halcón. Todos la respetan y consideran su hermana de armas. Porque es así, no obstante. Su evolución psicológica es magnífica.

¿Hay más personajes femeninos? Pues está la princesa Charlotte, que hace el papel habitual de adolescente mimada y enamorada; y su madrastra, la reina, que como toda madrastra que se precie, es malvada y conspiradora. Pero poco más. Kenpû Denki Berserk es un seinen muy a la antigua en ese aspecto, con una pobreza de personajes femeninos elocuente. Sin embargo, el resto de la galería de personajes es excepcional: Pippin, Judeau, Rickert… Amo mucho a Judeau, es mi personaje favorito (tengo debilidad por los secundarios). Están todos esbozados con sumo cariño y cuidado, son de verdad entrañables. Los villanos, sin embargo, tienen mucho de caricatura y son bastante menos profundos. Corkus es un personaje que va a piñón fijo, por no hablar del ridículo Adon Coborlwitz (que no falte el apunte cómico), el maquiavélico ministro Foss o el furibundo y suspicaz hermano del rey, Julius. Aunque también es cierto que en el manga están infinitamente mejor trabajados.

La serie en general se desarrolla a buen ritmo, aunque admito que los primeros episodios, si se es algo impaciente, pueden hacerse tediosos. Kenpû Denki Berserk es un anime de los que empiezan a desplegar sus virtudes más adelante. Desde el capítulo uno hasta, más o menos, el siete u ocho, Berserk no ofrece nada de especial: una historia predecible que cuenta las andanzas de un jovenzuelo de pasado traumático, y que se une a una banda de mercenarios capitaneada por un hermoso joven de gran talento. Con peleas y surtidores de hemoglobina por doquier. Pero, lentamente, van introduciéndose notas discordantes que tuercen la armonía, creando una atmósfera sombría que empapa los acontecimientos, los personajes, la historia. Y lo que parecía una cosa, de repente es otra. Y ya te encuentras totalmente enganchada. Lo malo llega al final… y no puedo decir más.

Cierto que a ratos, sobre todo durante las batallas, brotan detalles de una ingenuidad y simpleza sonrojantes; pero, por otro lado, la escala de grises es sorprendente, teniendo en cuenta además que estamos hablando de una obra de fantasía épica, en las que se acostumbra a polarizar de forma contudente. Kenpû Denki Berserk es, esencialmente, una obra de acción. De acción y sangre, aunque sin casquería. Esto no impide que se traten asuntos peliagudos, y que se planteen dilemas morales de gran profundidad. Siempre con un tono desesperanzado, porque no deja de ser una obra plena de tinieblas, pero que ofrece la ocasión de reflexionar. La cosmogonía que se perfila, imbuida de H.P. Lovecraft, es de corte filosófico y esencia cruel: el hombre ni siquiera tiene control sobre su propia voluntad.

Pero no hace falta comerse la cabeza tampoco demasiado, porque Kenpû Denki Berserk resulta ser, en el fondo, una historia de amor. El amor entre Guts y Griffith, venenoso e intenso. Y como en toda historia de amor que se jacte de serlo, el triángulo amoroso brota inevitable. El amor de Griffith hacia Guts es fiero, obsesivo; el de Guts hacia Griffith, respetuoso y lleno de admiración; el de Casca hacia Griffith todo devoción; el de Guts hacia Casca ineludible y comprensivo; el de Casca hacia Guts realista y tierno. Y no hay que olvidar que es el desamor el que precipita las circunstancias hacia un desenlace de dolor y ruina. Más allá de las intrigas políticas, las ambiciones y las masacres de las batallas, se encuentra el amor. Tan simple como eso. Y tan complicado. Porque los sentimientos y relaciones interpersonales son los que engendran un arabesco de emociones que van aumentando en complejidad hasta desencadenar una serie de acontecimientos que nos conducirán al Guts del presente. Un Guts solitario y de espíritu nihilista, corroído por un deseo implacable de destrucción y venganza.

¿Qué me queda por contar? Ah, sí, la animación es bastante buena, incluso para la época. Tira mucho de movimiento de cámara con plano fijo, sobre todo en escenas donde la violencia y la acción son las estrellas; y hace guiños continuos al mundillo del manga, lo que es un bonito detalle. Su arte es minucioso y de fondos cuidados, con la maravillosa textura de la animación cel. Por cierto, hubo mucha gente que se quejó de la música, y siendo personalmente muy quisquillosa con ese tema, no he hallado motivo de queja. El opening de PENPALS suena a banda alternativa de los 90, ni más ni menos. Con un toque noise y a Mudhoney que no me desagrada para nada; la banda sonora en general, compuesta por Susumu Hirasawa, también recuerda a la world music del momento, en concreto a los franceses Deep Forest.

Kenpû Denki Berserk es un pedazo de clásico, pero no surgió de la nada, como hemos podido ir leyendo. Las influencias son variadas, desde Guin Saga de Kaoru Kurimoto (reseña de su anime aquí) pasando por Conan el Bárbaro (el comienzo, leches, es casi idéntico), Robocop (la vieja, ojito) o Hokuto no Ken (¡díos míooooo!). Entre otras muchas obras. Kentarô Miura siempre ha sido un ávido consumidor de cultura popular, era lógico que apareciera su influjo.

Me ha costado bastante hacer esta reseña porque el mundo de Berserk es tan amplio que resulta muy, muy difícil intentar plasmarlo con un mínimo de justicia. Y coherencia. Los que lo conozcáis ya lo sabéis de sobra; los que no, solo invitaros a que lo hagáis, que este conato desmañado mío no os eche para atrás. Es una obra que merece muchísimo la pena, sobre todo si os gusta la fantasía. Y si el anime logra conquistaros, que sepáis que el tebeo es un millón de veces mejor. A pesar de que Miura-sensei se lo esté tomando con taaaaaaaaaaaanta calma. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Manga vs. Anime: la semilla de la manzana

Hacía ya unos meses que no aparecía un Manga vs. Anime en SOnC, y siendo además una de vuestras secciones favoritas del blog, no podía dejarla descansar tanto tiempo como en otras ocasiones. Así que aprovechando que han vomitado de golpe los scanlations completos de Appleseed (1985-1989) hace menos de un mes, he decidido rendirle un merecido homenaje a este clasicazo del manga de ciencia-ficción japonés. Ya no hay excusa para no leerlo, camaradas otacos. Es uno de mis favoritos del género, lugar que ocupa junto a mis amados 11-nin iru! (1975), Akira (1982-1990), 20th Century Boys (1999-2006) o Wombs (2009-2016), de los que ya he escrito (y volveré a escribir en el futuro, es inevitable). La trascendencia histórica de Appleseed y su enorme influencia en obras posteriores es innegable.

Appleseed ha tenido muy variadas encarnaciones animadas y, sinceramente, algunas bastante lamentables. Aún está pendiente la producción de una serie que, por problemas con los estudios, anda más colgada que un jamón en el Moncayo. Desde 2005, ojo. Un poco triste el asunto. Sin embargo, la que fue su primera adaptación, una OVA realizada por Gainax en 1988, sí que posee cierto interés y merece atención. Incluso no resulta descabellado hacer un Manga vs. Anime con ella, ya que son obras coetáneas. Por lo que aquí lo tenéis, recién sacadito del horno, humeante y tierno como un pastel de manzana.

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Pero antes de meternos en harina, una pequeña introducción sobre la franquicia y su autor va a venir fenomenal para refrescar la memoria. Aunque así como inicio, de sopetón, podemos aseverar que Appleseed es uno de los mangas de ciencia-ficción más influyentes junto a Akira. Ellos son los padres de todo lo que vino después en el género; pueden considerarse un punto de inflexión en el universo del tebeo japonés, sobre todo en la demografía seinen, que continúa siendo la más prestigiosa.

Así como de Katsuhiro Ôtomo sabemos bastantes cosillas, de Shirow Masamune no. Conocemos datos muy básicos, y solo rula por internet una única foto suya. Una. Es todo un mérito haber logrado tamaña hazaña de la privacidad viviendo en la época que vivimos. Shirow Masamune, que es el seudónimo de Masanori Ota (Kobe, 1961), ha sido meticuloso en extremo a la hora de proteger su intimidad. Estudió Arte en la Universidad de Osaka, se dedicó a la docencia unos añitos y después se metió de lleno en la disciplina del manga. En 1983 publicó como dôjinshi el one-shot Black Magic, que un par de años más tarde reeditaría la pequeña editorial Seishinsha; y a través de ella alumbraría, también en 1985, nuestro protagonista de hoy: Appleseed.

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El impacto fue inmediato, Japón en esos años además estaba experimentando un enorme furor por las obras de género cyberpunk y ciencia-ficción, acorde a su meteórico desarrollo tecnológico. El salto histórico de lo analógico a lo digital estaba sucediendo en esos momentos, Japón era considerado la vanguardia absoluta del planeta. Sin embargo, tampoco hay que perder de vista la descomunal burbuja en la que estaba sumido, y que no tardaría en estallar en los 90. Este descalabro económico sería responsable del ostensible cambio de tono en su segunda obra maestra: Ghost in the Shell (1989-1991). En el futuro le dedicaré otro Manga vs. Anime, porque su influencia fue, y sigue siendo, tremebunda; pero hoy continuaremos con su primera opus magnum, y que contiene el germen de ideas que más tarde desarrollaría en GITS.

Masamune-sensei es un mangaka con un estilo muy característico que, como era de esperar, ha ido evolucionando a lo largo de los años. Minucioso y deslumbrante, siempre ha volcado su amor a los artrópodos y el campo armamentístico en unos diseños extremadamente prolijos. Y también, en todas sus obras, ha plasmado su admiración por autores de sci-fi como Isaac Asimov, William Gibson o Philip K. Dick. Su carrera es amplia, y no solo se ha ceñido al mundo del cómic, aunque casi siempre ha estado relacionada de una manera u otra con el mundo de la tecnología, las realidades distópicas, la filosofía y la política. Todo salpimentado con abundante acción de calidad.

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Pero regresando a Appleseed, su tremendo éxito fue avalado además por el prestigioso Premio Seiun, que ganó en 1986 al mejor cómic de ciencia-ficción. Este galardón llamó la atención del legendario traductor Toren Smith (1960-2013), que fue el primer occidental que se plantó en Japón con la intención de traducir y vender mangas en Estados Unidos. Hasta entonces nadie lo había hecho, y con gran tino fichó la obra de Masamune para editarla en inglés. Su traducción al español todavía tuvo que esperar 10 años más, y fue Planeta la encargada de su publicación entre 1997 y 1998 en una primera edición, y en 2006 en la segunda.

Appleseed consta de 25 capítulos repartidos en 4 tankôbon con nombre propio: El desafío de Prometeo, Prometeo desencadenado, La balanza de Prometeo y El equilibrio de Prometeo. Y todos ellos narran la historia de una Tierra devastada por la Tercera Guerra Mundial que, curiosamente, no ha sido nuclear. Las viejas naciones desaparecieron y surgieron otras, en un planeta donde el único lugar donde reina la paz se llama Olympus. Una ciudad utópica habitada con bioroids, cyborgs, máquinas y humanos de diferentes lugares, en la que la tranquilidad y bienestar de sus ciudadanos se encuentran amenazadas tanto desde dentro como desde fuera.

En Olympus la frontera entre lo humano y la máquina es difusa, la inmortalidad casi se ha alcanzado. Al menos entre los bioroids, que son clones humanos pero con ciertas modificaciones artificiales en su talante y longevidad. Casi todos los que viven ahí lo son, aunque la ciudad-estado se encuentra casi en su totalidad en manos del superordenador Gaia. No todo el mundo es feliz en ese paraíso, cuyo mantenimiento y progreso pueden conducir a la entropía si no se toman medidas.

En el exterior, el resto de países no han logrado el mismo nivel de desarrollo que Olympus. Algunos son todavía cruentas zonas de guerra, otros intentan destruir la (no tan) idílica ciudad-estado. En este horizonte tan complejo, de intrincada política interior y exterior donde las amenazas se multiplican por doquier, aparecen los protagonistas de Appleseed: la humana Deunan Knute y su compañero el cyborg Briareos. Ambos reclutados del exterior por la bioroid Hitomi e invitados a residir en Olympus. Deunan y Briareos son mercenarios hábiles y eficaces, acostumbrados a escenarios apocalípticos donde el combate a vida o muerte es diario. Pero, ¿es por eso por lo que han sido acogidos en Olympus? ¿O tendrá también algo que ver que Deunan sea una humana pura y que su ADN ya haya sido utilizado para crear bioroids? La cúpula de la ciudad se encuentra dividida y enfrentada en una peculiar guerra fría por el futuro de los humanos, cada uno tiene sus planes. ¿Qué pretende la poderosa Atenea Areios? ¿Cuál es la estrategia del Consejo de Ancianos?

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Como toda buena obra de cyberpunk, la acción y la violencia tienen un papel muy destacado. Pero no se trata de una furia ciega, no es un mero espectáculo mecha de armas, refriegas y diálogos testosterónicos. Masamune plantea dilemas importantes, Appleseed es un manga denso que exige más de una lectura y, lo más importante, obliga a la reflexión. No es una sucesión de ensaladas de hostias con un argumento de adorno. Además el uso de la nomenclatura griega clásica añade la puntilla a un tebeo de clara esencia filosófica, más allá de los mamporros y el exhibicionismo armamentístico. Es verdad que la segunda mitad del cómic tiene mucho más de carrusel militar, pero no abandona su impronta introspectiva.

Appleseed nos adentra en una sociedad hipertecnificada donde la mayor parte de sus miembros han sido diseñados con parámetros de agresividad muy bajos y una predominante tendencia a la conformidad. Una civilización surgida después del caos edificada sobre los cimientos de la ingeniería genética y la cibernética, que para algunos no deja de ser una jaula dorada que les impide vivir una existencia plena. A ella llegan Deunan y Briareos, encontrando su lugar en las diversas fuerzas de seguridad estatales. Trabajan como defensores de la ley,  fortaleciendo su posición tanto en Olympus como en el planeta. Son testigos obligados de la situación general, tanto política como económica, del mundo; con sus conspiraciones, tragedias y batallas.

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Appleseed como tebeo podría haber tenido una vida más larga, pero Shirow Masamune es un hombre que gusta de diversificarse y suele trabajar en diferentes proyectos a la vez. No lo aparcó definitivamente, pero se dedicó a otros menesteres; y el Gran Terremoto de Hanshin (1995), que afectó especialmente a la región metropolitana de Keihanshin donde reside, tampoco ayudó a que retomara sus riendas, pues muchos de sus bocetos y notas sobre Appleseed se perdieron. Aun así, esta obra ha logrado ser una de las referencias ineludibles dentro del cómic de ciencia-ficción, y su Manga vs. Anime no carece de atractivos para la otaquería. ¡Es un clásico!

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No hay mucho que cavilar: vence el manga. Aunque se compararan todos los anime inspirados en el tebeo de Masamune (que son unos cuantos), todavía así, el cómic resultaría ganador. Para ser honestos, Appleseed no puede presumir de tener las mejores adaptaciones animadas. En ese aspecto Akira fue mucho más afortunada con su dibujito chino. No obstante, la OVA elegida, contemporánea de la novela gráfica, de por sí resulta bastante digna; sin embargo, no da la talla como encarnación de la obra original.

Se comprendió que intentar comprimir en poco más de una hora los cuatro tankôbon del manga sería tarea ardua, así que optaron por realizar una adaptación bastante libre del segundo volumen, donde Gaia desata todo su poder y comienza a tomar sus propias decisiones, en pos de la supervivencia de la humanidad. Introducen personajes nuevos que no existen en el tebeo, y adelantan la temática terrorista que se trabajará en posteriores arcos argumentales del cómic. Pero se nota que abarca exclusivamente la primera mitad del manga porque el fanservice es inexistente y la aventura concierne al ámbito interno de Olympus. No aparecen el resto de potencias mundiales.

Es algo que me agradó bastante de esta OVA, la ausencia de sexualización en los personajes femeninos, que en la segunda mitad del manga se hace habitual (no así en la primera). Ellas soportan un peso significativo en el desarrollo de los acontecimientos, no son meras ornamentaciones posando en bragas con semiautomáticas en la mano. En realidad ellas acaban saving the day, algo que en el tebeo no ocurre. Aunque Hitomi continúa siendo muy un poquito inútil en ambos formatos, Atenea y Deunan brillan mucho más en la animación. Deunan en el cómic se diluye, adoptando el rol tradicional de la época en los seinen de las chicas duras: competentes hasta cierto punto pero muy dependientes de su partenaire masculino. Y enseñando ropa interior a la menor ocasión. No es algo de lo que extrañarse ni lo estoy juzgando, porque era (y es) habitual ese enfoque del género femenino en ciertas demografías (shônen, seinen) del manganime. Pero no puedo evitarme preguntar si a los espectadores masculinos no les resultaba raro toparse una y otra vez con chicas ligeras de ropa y una miaja tontinas. Continuamente. A mí personalmente me parecía bastante chocante, pero claro, yo era una chica.

Resumiendo, los personajes fuertes femeninos en la OVA están representados con normalidad, en ese aspecto demuestran ser más interesantes que en el tebeo; y aparecen mucho más capaces y resueltos que en su papá el manga.  No por ello además con la típica aureola de maldad que suele acompañar a la fémina que toma decisiones, simplemente son personas. Y llevan ropa normal, hablan normal, actúan normal y parte de su importancia no se basa en su grado de sex-appeal o una posible relación amorosa. Nada de eso. Y es algo realmente llamativo, sobre todo en un anime de las características en esos años.

Para el que no haya leído nada de Appleseed, la OVA de 1988 del mismo nombre puede ser una iniciación correcta, pero poco más. Una primera toma de contacto con un s. XXII complejo y lleno de contradicciones. Pero no refleja más que la punta del iceberg, de hecho el esfuerzo que realizaron por sintetizar el intrincado universo del manga se quedó a medias. Transmite la impresión de superficialidad y desorden; y el desarrollo psicológico de los personajes es muy básico. Los agujeros en el argumento para un neófito serán, a la fuerza por falta de contexto, mucho más visibles (y ya lo son de por sí), porque no brinda respuestas a los enigmas centrales ni explica lo suficiente orígenes y motivaciones.

El anime corre como un pollo sin cabeza, se precipita sobre sí mismo. Hace mucho más hincapié en la acción policíaca que en las diferentes e interesantísimas temáticas que el manga trabaja: ¿está la mente del ser humano de verdad preparada para vivir en un paraíso, en una utopía? ¿O es una aspiración que nos conduciría en realidad a la destrucción? ¿Cuánto de humano tiene una conciencia plena artificial? Esas cuestiones y muchas más, se vierten en el manga, donde Masamune estampa también las preocupaciones políticas de mediados de los 80: la guerra Irak-Irán, los primeros brotes de yihadismo que ya presagiaban su dispersión global, un Poseidón (Japón) más como superindustria comercial que como nación, la injerencia de Olympus en la soberanía de otros países simplemente por su superioridad tecnológica y bélica (al estilo de Estados Unidos), etc. Poco o nada de esto se encuentra en la OVA cuya historia peca de pueril a ratos. Sin embargo, también tiene una ingenuidad muy tierna que se agradece, aunque pueda resultar paradójico.

En el plano artístico ninguna animación puede hacerle justicia al espléndido y cuidadoso trazo de Masamune. Su amor por el cine de acción y ciencia-ficción brota de la manera más inesperada, como los detalles que dedica a la mítica Escape from New York (1981), entre otras. Sus exquisitas descripciones de armas, cyborgs y máquinas varias son un auténtico deleite para la vista. A pesar de la imposibilidad de acomodar su arte como merece, el anime se lo calza con honor; y aunque le queda bastante grande, puede bailar bastante bien. Su transición al movimiento se llevó con mimo y delicadeza, se observa verdadero respeto a su estilo. En ese aspecto, aunque no alcance la calidad del manga, resulta un trabajo magnífico. Y para los forofos de la animación analógica old school es un placer disfrutar de su bella fluidez, dinámica y riqueza de detalle.

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En resumen, la OVA la disfrutarán más los que ya conozcan la obra y hayan leído o visto algo sobre ella. Tiene demasiados puntos muertos para un profano. Sin embargo, estando previamente al tanto de sus defectos, resulta una introducción decente. No es un anime perfecto ni una adaptación justa, pero tampoco se puede considerar un animierder. Es totalmente recomendable si no se es muy quisquilloso. No obstante, cuando se lo compara con el manga tiene todas las de perder salvo por ciertos pormenores que me han sorprendido para bien. Pero no se le deberían pedir peras al olmo, y aunque la OVA posee sus virtudes, el tebeo se la come con patatas sin dejar rastro. Así que dadle al manga, amiguitos, que Appleseed es cosa fina. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Made in Abyss

Este verano me he sentido muy reticente a la hora de comenzar algún anime de la temporada porque casi todos me parecían o aburridos o directamente bochornosos. Un perezón horrible se me apoderó, aunque tenía en el punto de mira al protagonista de hoy. Ya solo por la dirección artística y los fondos con ese ramalazo steampunk me atraía bastante; sin embargo cada vez llevo peor ver semanalmente una serie, prefiero hacerlo de golpe o dosificarla a mi gusto sin depender de emisiones, traducciones y demás. Y, la verdad, hice muy requetebién en esperarme y devorar Made in Abyss de una sola vez. ¡Ñam!

Hacía bastante que no escribía un Manga vs Anime, y mucho más tiempo todavía que no dedicaba una reseña a un anime de temporada en SOnC. Así que recién engullido en mi asiento del avión, he decidido que es una ocasión estupenda para despertar la sección; y de paso sacar la nariz un poquitín de la animación antigua. Tranquilos, sin spoilers a la vista. Here we go!

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Made in Abyss es un manga en publicación desde 2012 en Web Comic Gamma. Su autor es Akihito Tsukushi, del cual no había oído hablar nunca, así que ha sido un placer conocerlo a través de este tebeo. Su adaptación animada, como bien sabréis, se emitió este verano de 2017 y fue realizada por los estudios Kinema Citrus. De todo el apartado técnico, realmente lo que más me ha interesado ha sido su director, Masayuki Kôjima, que también fue responsable de las estupendas Monster (2004) y Master Keaton (1998). Y, ¿cuál ha sido el efecto de la serie entre la otaquería? Pues, en general, ha sido una triunfada. Ha gustado mucho de verdad. Y tampoco es una sorpresa, pues tiene todos los ingredientes para atraer y retener la atención de los espectadores. Es un buen producto que ha puesto de nuevo en el punto de mira la fantasía y sci-fi de esencia más clásica y occidental sin caer en los clichés o la cutrez. Y eso no está nada mal para empezar. ¿Se puede decir lo mismo del manga? Pues para eso vamos a destripar la obra en el Manga vs. Anime de hoy. No obstante, os recomiendo fervientemente la reseña que mis compis Magrat y Pau de Otakus Treintañeras tienen preparada para dentro de muy poquito. En ella encontraréis un pormenorizado análisis del anime con garantía de qualité. Permaneced atentos a su publicación.

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Made in Abyss cuenta las aventuras de un par de pre-adolescentes, Riko y Reg, en su habitual búsqueda de identidad pero en vez de recorrer los pasillos de un instituto o perderse en el vacío infinito del espacio exterior, lo hacen sumergiéndose en los terribles y asombrosos submundos de las entrañas de la tierra. El concepto de una tierra hueca en la que existan en su interior otros mundos y formas de vida es muy, muy antiguo, podemos rastrearlo en el Irkalla sumerio (la tierra de la que no se vuelve), el Patala hindú o el Hades de la Antigua Grecia; de hecho todavía perviven en la actualidad cantidad de teorías pseudocientíficas que asumen este tipo de creencias como verdaderas. En la literatura también han sido abundantes las referencias a esta noción del subterráneo habitado, siendo en Made in Abyss sus máximas influencias el poema Inferno de la Divina Comedia (1320) de Dante Alighieri, Viaje al centro de la tierra (1864) de Julio Verne, las novelas de Pellucidar (1914-1963) de Edgar Rice Burroughs y el Alicia en el País de las Maravillas (1865) de Lewis Carroll. Una bonita mezcla. Así que podríamos situar esta obra japonesa dentro del subgénero denominado ficción subterránea, que oscila entre los de ciencia-ficción, aventuras y fantasía. Sin embargo, a pesar de estos poderosos ascendientes, Akihito Tsukushi se las arregla para otorgarle una frescura inaudita, así como un trasfondo que, lentamente, va alejándose de los tópicos del género.

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Cartel publicitario de “Viaje al centro de la tierra” (1959) de Henry Levin. Nótese que el inefable rockero de cartón-piedra Pat Boone fue su protagonista.

Made in Abyss contiene también muchos elementos del monomito o periplo del héroe, no en vano se trata de una narración de tipo épico 100%. Y acudiendo a la clasificación demográfica nipona, es un seinen de la cabeza a los pies. Algo que puede obviarse si uno se atiene a la primera impresión que ofrece el estilo de su dibujo o el tono general de su comienzo. Aunque los protagonistas sean niños, casi adolescentes, no es un shônen. Y mucho menos un shôjo. Es un seinen. Punto. El tema de que las demografías japonesas resulten bastante sexistas sería otro interesante asunto a tratar (en un futuro no muy lejano caerá); no obstante, insisto, con Made in Abyss no hay que perder de vista el hecho de que es un seinen. Y la demografía es como es. Akihito Tsukushi avisa, no es traidor.

Como toda obra de fantasía o ciencia-ficción, el autor ha tenido que diseñar una arquitectura propia para su mundo. ¿Es sólida, es coherente? Hasta donde he leído, sin fisuras. Ha creado un universo intrincado de cimientos robustos poblado de personas y relaciones complejas. Es lo que ha hecho verosímil su obra, una buena base sobre la que hacer crecer su historia. La contextualización es básica: hace 1900 años, en un  planeta donde cada rincón estaba ya explorado, se descubrió una gigantesca oquedad en una isla al sur del mar de Beloskur. El último reducto de oscuridad: el Abismo. Terra incognita. O como remarcaban los antiguos romanos en sus mapas sobre los territorios inexplorados o peligrosos: hic svnt leones. Esos leones, dragones y monstruos de los pergaminos medievales también, que es precisamente lo que se encuentra en el Abismo. Tiene 1 kilómetro de diámetro, posee una profundidad desconocida y se han cartografiado solo las partes esenciales. Se subdivide en diferentes capas o estratos, cada una con sus propias particularidades.

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Y en torno al Abismo, se fundó y medró la ciudad de Orth, que convirtió la sima en su fuente principal de riqueza. Porque en el Abismo se encuentran los vestigios de una antigua y avanzada civilización, cuyos abundantes restos arqueológicos se venden a los países del exterior. Orth posee el monopolio de su explotación, aunque otras naciones intentan, por supuesto, acceder de manera ilegal. El comercio de estos restos vertebra completamente la economía y sociedad de la isla; y son los excavadores el personal cualificado e imprescindible para extraerlos. No se sabe nada de esa cultura extinta, nada sobre de dónde vinieron, por qué desaparecieron o si sus descendientes continúan allí, en lo más profundo.

El resto de naciones del planeta no es que sean amantes de la historia antigua, su tenaz interés por los hallazgos en el Abismo de Orth se debe a que los artefactos encontrados poseen una tecnología a años luz de la suya, con atributos físicos y espirituales casi mágicos. Evidentemente, no todas las reliquias tienen el mismo valor; conforme se profundiza, más complejos y poderosos son los artefactos encontrados. Y todos ellos son minuciosamente clasificados en diferentes grados según su capacidad de alterar el mundo de la superficie.

El Abismo tiene sus propias reglas, que afectan a todos los habitantes de Orth tanto en superficie como, evidentemente, cuando se viaja a su interior. La fauna y flora del Abismo es inmensa, y en casi 2000 años no se ha logrado catalogar del todo. Un escudo de fuerza de naturaleza desconocida impide la observación externa, solo el trabajo de campo permite su estudio. Este escudo filtra la luz solar y se adapta a la vida y consciencia de toda criatura que se encuentre dentro. Es el responsable también de la Maldición del Abismo, un mal equiparable al de la descompresión submarina. Cuanto más se profundiza, peores son los efectos en el ascenso; los síntomas van desde leves mareos, vómitos o alucinaciones en las tres primeras capas (-7000 m), hasta hemorragias masivas en la cuarta (-12000 m), o la pérdida de humanidad y muerte en las dos últimas (-20000 m aprox.). Existe un punto de no-retorno en el quinto estrato o Mar de los Cadáveres, del cual no es posible el regreso. A ese lugar se le denomina “la Última Inmersión”. La energía del escudo de fuerza es muy potente en su centro, volviéndose bastante más tenue conforme se aleja hacia la periferia. Esto procura cierto alivio en lo que a la Maldición se refiere. También las especies alejadas del centro son menos agresivas.

Por todo esto, se requiere un adiestramiento severo y existe una rígida jerarquía para acceder a los diferentes estratos del Abismo. El grado de especialización se refleja mediante la herramienta básica de cualquier excavador: el silbato, cuyo color especifica su categoría. El orfanato Belchero, en el distrito oeste de Orth, educa a los nuevos excavadores que proveerán de nuevos artefactos y reliquias a su ciudad. La élite son los excavadores más fuertes (blancos y negros) que han logrado llegar más abajo y regresar trayendo con ellos reliquias o artefactos valiosos. Son considerados auténticos héroes. En realidad toda la ciudad sufre como una especie de fiebre del oro, un vértigo casi religioso por el Abismo. Su misterio y esencia maravillosa, que trascienden las leyes naturales de la superficie, su grandeza y superioridad tecnológica representan esa eterna atracción hacia lo desconocido, generando leyendas que alimentan su enigma sin cesar. Como en todo culto mistérico (porque lo es), Akihito Tsukushi introduce sutilmente la noción de sacrificio. El Abismo reclama siempre, de una manera u otra, un holocausto. Los que no se adaptan del todo a este peculiar sistema capitalista-religioso, quedan relegados a sus márgenes en el distrito sur de Orth, llamado El Muelle. En ese barrio de cientos de chabolas amontonadas, casi hundidas en  el Abismo, residen excavadores piratas y sus familias.

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Y en esta ciudad de Orth y en el orfanato Belchero estudia Riko, la protagonista principal de Made in Abyss. Ella, junto a sus compañeros Natt y Shiggy son Silbatos Rojos con muy  distintas ambiciones. El chiquitín Kiyui (cascabel) y el profesor Jiruo (Silbato Luna) también conforman la pequeña familia de Riko, que sueña con convertirse en un Silbato Blanco como su madre, Lyza “la Aniquiladora”. No es una vida idílica y los castigos que recibe son más que rigurosos, pero se siente arropada en su entorno y en la ciudad. Allí están también el entrañable Silbato Negro Habolg o la protectora tía Lafy.

Riko, desde muy niña, ha sentido una fascinación irreprimible por el Abismo, y su carácter entusiasta (y algo inconsciente) la han conducido siempre a tomar decisiones bastante arriesgadas para su edad y condición. Se ha quedado incluso con reliquias de cierto valor, lo que equivale a robar, en su delirio infantil de llegar hasta las capas más hondas. Pero la aparición del silbato de su madre y una misteriosa carta suya, donde dice estar en el fondo del Abismo esperando a Riko, la espolean definitivamente para adentrarse en sus profundidades. Y no lo hará sola, sino acompañada de Reg, un extraño muchacho con características de robot con el que Riko se topa en el primer estrato de manera extraordinaria.

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Reg, indignado, parafraseando a Lyza. Uno de los castigos más recurrentes es colgar desnudos durante horas a los niños. Todos sabemos que los japoneses tienen una faceta lolicon un poquitín… alarmante.

El elenco de personajes con el que se van encontrando Riko y Reg en sus andanzas es variado y abundante. Todos están bosquejados con cuidado y, aunque algunos son muy reconocibles, (Shiggy el empollón, Habolg el gigante bonachón, etc) son piezas que encajan bien y dan forma a la historia. Para mí los más interesantes son la Silbato Blanco Ozen y la Narehate Nanachi, con unas psicologías muy poco obvias. Tienen bastante potencial. Leer más “Manga vs. Anime: Made in Abyss”

Kanematsu contra el volcán

Antes de dar paso a la siguiente Petición Estival, como estoy un poco liadilla engrasando la maquinaria del nuevo curso (¡bien!) y sacando lustre a proyectos musicales venideros, prefiero cerrar este mes de agosto con un último coletazo veraniego. Septiembre, aunque continúa siendo en su mayor parte estío, ya se percibe de otra manera. Van quedando atrás los días de luz, para abrazar al futuro equinoccio y el triunfo paulatino de la noche. Este calambre rezagado de sol y calor es, de nuevo, un manga; y también es uno de los tebeos más chulos que podéis leer estas semanas si no andáis muy atareados.

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Bokura no Funka Matsuri (2012) consta de 16 capítulos y fue publicado por Shôgakukan. Su creador es uno de los mangaka más interesantes del panorama actual, ¡sangre nueva!, quizá no demasiado conocido todavía en Occidente, pero que se está abriendo paso. El talento de Keigo Shinzô es indudable, y si tuviera que colocarlo junto a otros autores de su misma onda, estos serían Taiyô Matsumoto o Ken Niimura. Publicó su primer manga en el tercer año de universidad, y a partir de ahí ha ido sacando cosillas en Monthly Big Comic Spirits. Cosillas. De entre esas cosillas, que han tenido hasta adaptaciones al cine (Moriyama-chû kyôshûjo, 2016), rezo todos los días muy fuerte a Luzbel, Ninurta y Azathoth para que alguna editorial en español se digne a publicar Tokyo Alien Brothers (2015-2017), al que le tengo unas ganas feroces. Lézard Noir ya lo ha sacado en Francia así que… ¿por qué aquí no? ¿Quizá porque todavía resultamos ser un poquillo gañanes respecto al mundo del cómic? Algo de eso hay (no merece la pena negarlo). En realidad, le tengo mucha hambre a todas las obras que lleva editadas de momento, que no son tampoco muchas, pero que, descontando el tebeo de hoy, no se pueden todavía conseguir en la lengua de Cervantes o de Shakespeare. Y son los dos idiomas que más se hablan en el planeta junto al mandarín, no es por nada.

Regresando a nuestro protagonista de hoy, Bokura no Funka Matsuri, destacar que se llevó en 2012 un rutilante New Face Award (y quedó finalista en el Taishô de 2013). No me extraña. Desconfío de manera natural de los galardones y demás zarandajas, sin embargo en este caso en particular, y desde mi perspectiva personal, está muy bien otorgado. Me gustaría que Keigo Shinzô tuviera más reconocimiento por estos lares, pero nunca es tarde para ello; y desde esta minúscula bitácora, aporto mi granito de arena para difundir un poco más las excelencias de su talento. He dicho.

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Kanematsu es una apacible villa donde todo transcurre con esa impasible monotonía tan propia del entorno rural. Pero su vigilante eterno, el volcán que se encuentra en las cercanías, decide un día entrar en erupción y ponerlo todo patas arriba. La vida de sus habitantes ya no será la misma, al igual que el mismo Kanematsu. Y estos profundos cambios, los veremos a través de los ojos de sus dos personajes principales, Toyama y Sakurajima. Este par de adolescentes tienen muy pocas cosas en común; mientras Toyama es estoico y de ideas brillantes, Sakurajima es una explosión de energía algo insensata. Toyama es admirado por sus compañeros, aunque a él le dé completamente igual; Sakurajima es ignorado por casi todo el mundo y ansía más popularidad (y una novia). Ambos tienen una visión completamente opuesta de lo que ha ocurrido tras la erupción del volcán; Toyama añora el pasado y le irrita el nuevo rostro de Kanematsu, Sakurajima abraza con entusiasmo la transformación y quiere disfrutar de sus nuevas oportunidades. Estas diferencias no les impiden ser amigos.

La verdad es que Kanematsu da un giro de 180º, y Toyama sufre en sus propias carnes esa metamorfosis que hizo que en su hogar brotara una fuente termal, destrozando la vivienda.  Dos años más tarde, su casa es un próspero negocio regentado por sus padres donde se ofrecen baños y venden todo tipo de mercancías dirigidas a los visitantes. Porque Kanematsu se adaptó a las circunstancias, convirtiéndose en un ajetreado pueblo turístico. Toyama no es feliz con todo esto; Sakurajima, en su inconsciencia, sí.

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El antes y el después

Bokura no Funka Matsuri es un tradicional slice of life centrado en las clásicas experiencias de dos muchachotes acneicos. La efervescencia de la pubertad y sus bien conocidos conflictos.  Todos hemos leído historias y argumentos similares, así que con este manga no va a haber ningún tipo de sorpresa en ese aspecto. Los vaivenes de la amistad, el primer amor, el descubrimiento de nuevos mundos, las contradicciones de los sentimientos, la búsqueda de uno mismo, etc. Toyama y Sakurajima interpretan muy bien sus papeles de quinceañeros confundidos, dos caras de una misma moneda. Y con unas personalidades muy bien definidas. Sus vivencias confluirán en el “Festival de la Erupción”, un evento escolar y universitario que servirá como catalizador. Y hasta ahí puedo contar.

¿Qué podemos esperar de Bokura no Funka Matsuri? Pues unos secundarios peculiares, cierta tendencia a la caricatura irónica y una historia simple pero efectiva. Y esa es una de sus principales virtudes: la sencillez que emana por todas partes. Una sencillez maravillosa e inteligente, que hace disfrutar por su ausencia de pretensiones. Este tebeo es elegante y entrañable a la vez. Muestra cómo mediante la simplicidad se pueden transmitir importantes cuestiones. Inesperadamente. Porque Bokura no Funka Matsuri es una obra ingenua y brillante, sin embargo encuentra su propio camino sin caer en la repetición o aburrir.

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Si el argumento tiene ritmo y se encuentra bien estructurado, el dibujo de Shinzô Keigo es algo también a señalar. La influencia de Taiyô Matsumoto es muy evidente, pero eso no impide que posea su propia identidad. El arte es sutil y detallado, a ratos tonteando incluso con el naif, y con una riqueza expresiva audaz. Plasma muy bien la vida cotidiana. Sus trazos, aparentemente desmañados, esconden una gran pericia y sensibilidad. La forma es más propia de comics alternativos, aunque gracias a él y a otros autores, está asomando la cabecita en grandes editoriales, rompiendo un poco con la hegemonía estilística del manga clásico. No lo considero heta-uma, conste en acta, pero no tiene ese pulido de los tebeos japoneses mainstream. Resulta refrescante. Y que declare además de forma tan delicada su amor hacia los gatos ❤ es algo que me conquistó de manera personal. Cuando leáis el manga, sabréis a lo que me refiero. WE LOVE CATS!

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¿Recomiendo Bokura no Funka Matsuri? Mucho, sobre todo si no se tienen remilgos a la hora de leer mangas donde el dibujo no sea tan convencional. La historia es buena y se lee con suma facilidad, resulta una obra perfecta para estos últimos días de verano. Y para otras épocas del año también, ¿eh? Porsiaca. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

 

Wombs de Yumiko Shirai

Una sigue a su marcheta, y ya que me encuentro en plena racha sci-fi, la entrada de hoy va a continuar con la categoría. Como es 23 de abril, por estas tierras de Aragón resulta que es fiesta importante, así que realmente no estoy aquí con vosotros (me he pirado al monte a hacer el cabra un rato). Es un enlatado como decimos la gente de la radio, en este caso una entrada programada. Y como además es el Día Internacional del Libro, aprovecho para recomendaros un gran manga contemporáneo, y que gracias al blog Kappa Bunko me enteré de que había recibido el Gran Premio de Ciencia Ficción de este año en Japón. No suelen galardonar tebeos, pero como tampoco existen limitaciones de formato, en su 37ª edición Wombs ha sido elegida mejor obra del género. Solo dos mangas han logrado con anterioridad estos laureles: Dômu (1981) de Katsuhiro Ôtomo y Barbara Ikai (2006) de Môto Hagio. Y en 2017 es una desconocida, Yumiko Shirai, la que se ha llevado el gato al agua. Digo desconocida porque, al menos servidora, no ha leído nada de ella previo. No obstante, tiene un fandom robusto en Japón, aunque por estos lares no sepamos muy bien quién es. Todavía. He oído hablar muy bien de dos obras suyas anteriores, Tenken (2007) y Rafnas (2015), ambas también encuadradas en el sci-fi y la acción, pero he sido incapaz de hacerme con ellas. Espero que este trofeo estimule la curiosidad de las editoriales cercanas y podamos conseguir prontito material de esta mangaka.

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Wombs, para los que no sepan inglés, significa úteros, matrices. Y aunque el nombre parezca un tanto extraño para un seinen, no es un título elegido al azar. Resulta muy adecuado además. Se trata de un manga ya finalizado de 5 tankôbon y 43 episodios, publicado por la tristemente ya desaparecida Ikki. Las protagonistas del manga, como bien sugiere el título, son mujeres. Pero no mujeres cualquiera, no. Mujeres embarazadas. Y, a partir de ahí, ya podéis abandonar toda idea preconcebida que tengáis sobre el llamado “estado de buena esperanza”, porque las féminas de Wombs son de armas tomar. Literalmente. Son guerreras.

Debo admitir que la primera vez que leí el nombre del manga y me informé de que pertenecía a la ciencia-ficción, me quedé así algo como con el culo torcido. Levemente (una está ya curada de espanto). Cuando leí la sinopsis pensé “¿qué mierda es esta?” y como me pareció una bizarrada digna de la más cavernosa serie B o Z, me lancé de cabeza. Pero nada que ver, resultó en cambio una de esas raras ocasiones donde mi curiosidad malsana por lo excéntrico me condujo a buen puerto. Wombs, y sin exagerar un ápice, es de lo mejorcito que he leído de sci-fi en mucho tiempo. A nivel general además, no solo en formato tebeo. Y, aunque el título y su planteamiento pueden provocar cierta incomodidad (incluso rechazo) inicial, es un manga que pulveriza todo tipo de prejuicio una vez se sumerge el cerebro en él. Mucho más si encima se es amante del género.

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¿Cómo empezar a contar qué sucede en Wombs? Buf, no es fácil. Las sinopsis que he leído por ahí no hacen nada de justicia al universo que Shirai ha imaginado con tanto detalle. Bien, seguiré el sistema chino: de lo general a lo específico. Hekiou era un planeta selvático hasta que llegaron los Primeros Colonos y comenzaron a terraformarlo para poder vivir en él. Les costó mucho esfuerzo conseguirlo, con unos medios además no demasiado avanzados, por eso cuando llegaron los Segundos Colonos, mucho más adelantados tecnológicamente, no les hizo mucha gracia que se aprovecharan de todo su trabajo y exigieran encima sometimiento. La guerra estalló, una guerra de más de veinte años y sangriento recorrido, durante los cuales la población ha sufrido, y sigue sufriendo, penosas consecuencias. ¿Cómo es posible que la contienda se haya alargado así estando los Primeros tan poco desarrollados en comparación con los Segundos? wombs2Pues porque los Primeros han logrado acceder a una tecnología de teletransportación que les permite moverse por todo el globo en cuestión de nanosegundos. En jerga militar lo llaman “volar”. Ese conocimiento no procede de ellos, sino que pertenece a la población autóctona del planeta, los niebass. Además, no todo el mundo puede acceder a él. Los Primeros observaron que eran las niebass embarazadas las que usaban el Espacio de Coordenadas, una dimensión simultánea y unida a la conocida que funcionaría como un multihub, conectando diferentes puntos físicos del orbe. Y siempre con la presencia de la luna. Por tanto, los Primeros llegaron a la conclusión de que preñar a mujeres humanas con material genético niebass pondría a su disposición este medio de transporte. Así que crearon el Cuerpo de Transferencia, un grupo de élite imprescindible dentro del ejército, ya que el éxito de la guerra se sustenta en su trabajo, la única ventaja (y no baladí) con la que cuentan frente a los Segundos. Por supuesto, estos últimos ansían hacerse con semejante poder, aunque de momento está fuera de su alcance. Se conforman exacerbando la guerra psicológica y propagandística, tratando de evitar que las mujeres se alisten al Cuerpo de Transferencia, al que consideran una aberración inmoral. ¿Lo es?

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Pertenecer al Cuerpo de Transferencia, a pesar de su papel indispensable en la contienda, no es nada sencillo. Aparte de tener que lidiar con los prejuicios y desdén de la mayoría de los miembros del ejército y la población, que las consideran poco menos que prostitutas que se han acostado con niebass, también deben enfrentarse a los efectos secundarios de los tratamientos hormonales e implantes nanotecnológicos en sus cerebros, a los incovenientes de llevar en sus vientres ADN alienígena, y moverse en el Espacio de Coordenadas, que no fue, ni muchísimo menos, diseñado para la psique humana. Es un lugar peligroso donde la fortaleza mental lo es todo y la locura un riesgo continuo. Y no se encuentra vacío. Su adiestramiento militar es exigente y muy estricto, especializado tanto en ataque, defensa y rescate. El Cuerpo de Transferencia son tipas muy, muy duras. ¿Y quiénes se alistan en él, a pesar de su mala fama? Pues personas de toda condición, desde mujeres que solo desean poder comer en condiciones, las que así logran que les conmuten tiempo de la cárcel, rebeldes que quieren obtener los últimos avances sanitarios para llevarlos al pueblo o patriotas sinceras que desean un final de la guerra. En el último grupo de reclutas ha llegado Mana Oga, una chica de campo, vida sencilla y hasta con novio, que ha decidido poner su útero al servicio del país. Su natural talante tranquilo e inteligencia sólida hacen de ella una soldado ejemplar; además posee una habilidad especial para moverse en el Espacio de Coordenadas, que la distingue del resto de su equipo. Sabe adaptarse a las circunstancias y aprende con facilidad, no obstante, y como todo el mundo, arrastra sus propios fantasmas. Y esos fantasmas jugarán un papel destacado en el desarrollo de la historia. La vertiente psicológica de Wombs es trascendental.

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Todas y cada una de las compañeras de Mana son esbozadas con gran esmero. Es una maravilla, porque sus perfiles psicológicos ni están desdibujados ni son una masa informe de topicazos. Un clan bien conformado y realista, con sus circunstancias y problemas particulares. Aunque el protagonismo se lo lleva Mana, claro. Pero de todos los personajes, el que más destaca sin duda es la extraordinaria Sargento Armea. La adoro. Una mujer fuerte, hecha a sí misma e implacable, con una variedad de matices fascinante. Y gran talento. Es mi personaje favorito. Ella es la encargada de instruir a las novatas y es tan severa como podría esperarse; sin embargo, es lo único que se interpone entre los altos mandos y el Cuerpo de Transferencia. Su posición todavía le permite proteger a sus soldados de los abusos y pretensiones poco éticas de los capitostes militares y médicos. Pero Armea no es omnipotente pese a una hoja de servicio excepcional de cinco ciclos (embarazos). Tampoco el equipo médico y sus superiores en la base. Y en nombre de la guerra se pueden justificar muchas barbaridades que la basura donante acabará sufriendo. No dejan de ser consideradas carne de cañón.

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Existen diferentes niveles en la historia: la personal de Mana, sus compañeras y la sargento Armea; la guerra entre Primeros y Segundos, y la relación con los niebass. Todo acaba engarzado y fundido en una realidad terrible y hermosa al mismo tiempo. Nada es lo que parece. Van surgiendo bastantes interrogantes en el argumento que la mangaka no resuelve de forma inmediata ni completa. Se guarda sus ases en la manga, para marcar un ritmo que nos acompase al de Mana. Como la narración se sustenta en la perspectiva de los Primeros, una desea conocer la otra versión de la historia también y, aparte ya del conflicto meramente humano, ¿qué ocurre con los habitantes originales de Hekiou?, ¿quiénes y qué son los niebass?, ¿qué introducen verdaderamente en los úteros de las mujeres soldado?, ¿qué es en realidad el Espacio de Coordenadas?, ¿cuáles son las consecuencias de usarlo o permanecer en él? Y conforme el tebeo avanza, algunas incógnitas se desvelan y otras amplían más el misterio, porque enlazan con cuestiones más profundas como: ¿qué es ser mujer?, ¿la feminidad se define en base exclusiva a la maternidad?, ¿es posible separar ambos conceptos? ¿ser mujer te obliga a ser madre? Y la disyuntiva raíz: ¿el fin justifica los medios? Dudas insignificantes, bah.

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Yumiko Shirai crea un mundo completamente nuevo desde sus cimientos, y lo desmenuza de forma metódica, dosificando la información además con esa seguridad del que sabe que tiene la partida ganada. Porque Wombs es una triunfada total, que nadie lo dude. Tiene el buen sentido también de no presentar la historia de forma ordenada, sino más bien intuitiva, siguiendo el pulso vital de la protagonista, Mana Oga. Esto puede resultar algo difuso, sobre todo porque hace que te preguntes cosas a menudo, pero la mangaka siempre aclara lo suficiente para poder comprender y proseguir el relato. Este proceder brinda mucha frescura al tebeo, así como una cuota de intriga administrada con precisión. Este aire tan dinámico que se respira en la estructura y argumento del tebeo se apoyan en un arte a la altura. De hecho es uno de los puntos fuertes de Wombs, el dibujo enérgico y pletórico de Shirai. Resulta espectacular en los momentos de acción, con una violencia en el pincel realmente prodigiosa, casi rozando la abstracción. La cuidada caracterización de los personajes y la gran expresividad de su estilo consiguen transmitir al lector un gran abanico de emociones, incluidos el terror y el caos que reinan en la batalla.

Wombs es un manga que recomiendo mucho. A pesar de su temática bélica, resulta increíblemente sutil y complejo. Como todas las buenas obras de ciencia-ficción, obliga a reflexionar. Y, por supuesto, deja mal cuerpo porque los dilemas que propone no tienen respuesta clara. No es una historia de blancos y negros, sino de una intrincada escala de grises, poliédrica. Admito que no es una obra para todo el mundo, porque algunos de los asuntos que trata son polémicos y se encuentran en la muga de lo políticamente correcto. Pero es que la autora no busca en ningún momento escribir un tebeo que se aclimate a nuestros valores actuales, sino crear un mundo distante y ajeno donde cuestionarlos y poner a prueba sus límites de elasticidad.  Merece la pena leer Wombs, porque no solo consigue entretener sin problemas, sino que hace pensar. Y esa actividad es taaaan escasa en la actualidad, ay. Solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para llorar fuerte. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Primavera 2017

Ya estamos acabando la temporada invernal de anime 2017, ¡qué rápido se me ha pasado! Siempre hago comentarios similares, pero es la purita verdad. Como se intuía, ha sido bastante fofilla… pero había que darle su oportunidad, porque alguna cosa en limpio se ha sacado. Al menos servidora lo ha logrado, pero sin mucha alharaca. ¿Cómo se presenta esta primavera? Pues de forma muy distinta. Hace un par de semanas ya empecé a echarle un ojo, porque barruntaba marabunta de estrenos apetecibles. Y al ahondar, se confirmaron mis sospechas, of course. ¿¡De dónde voy a sacar tiempo para vivir si tengo que manducar todo este anime!? ¿Eh? ¡A ver! ¿De dónde? Pero no hay problema, camaradas otacos, como siempre ocurre, la mayoría de ellos se caerán del cartel. O si el panorama es tan-tan-tan maravilloso,  me veré obligada a aparcar algunos. Pero dudo que se dé el caso.

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“Mujer jugando con gato” (circa 1825) de Utagawa Kunisada

Como es habitual, aviso de que solo tendré en cuenta los estrenos. Tampoco voy a añadir ni sinopsis, ni estudios, ni tralarí-tralará. Me agota toda esa burocracia del anime, y creo que a estas alturas la mayoría de vosotros ya conocéis esa información. Y si no, os remito a la entrada pertinente de mis compis en Otakus Treintañeras, que seguro han añadido algunos datos. Son mucho más aplicadas que yo. Sin embargo, antes de meterme en harina, tengo que admitir que la temporada primaveral está marcada para mí por el regreso de dos series. Un dúo del que esperaba ansiosa segunda temporada: Shingeki no Bahamut y Uchôten Kazoku. Luego ya, aparte, la arribada de la película Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome de Masaaki Yuasa, que se estrenará el 7 de abril (cuando San Juan baje el dedo en el resto del planeta). Lo demás es casi casi accesorio. Nah, tampoco tanto, aunque sí es cierto que ese tándem eclipsa algo lo demás. Por lo menos en mi caso. Veremos si entre tanto pastelito de frambuesas equinoccial, alguno aguanta el tirón de los dos primeros episodios y es capaz de rivalizar con mi pareja de ases. ¡Empecemos!


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Para los novatos en SOnC, en esta categoría coloco los anime que, aunque me apetece ver, tampoco me entusiasman demasiado. A priori. Las tornas pueden cambiar… para el escaparre absoluto o el amorsinfin. Nunca se sabe. También pueden continuar pareciéndome indiferentes, lo que supone en muchas ocasiones que hace falta cavar zanjas en las islas Sandwich del Sur.

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Es el que menos me convencía de los que tenía seleccionados para NiFúNiFá, tanto por la ambientación escolar (estoy haaaartaaaaaaaaa) como por el dibujo, que en el trailer me pareció la cosita más anodina del multiverso. Cada vez tolero peor ese lustre informático de textura plasticoide y peste ultrahigiénica. Me da un yuyu tremendo esa asepsia que hay tan extendida ahora. Pero quería darle una oportunidad, quizá vaya más allá del típico slice of life hasta el ojete de barbitúricos, o del school life de prepúberes desentrañando el sentido de la amistad y la vida. Si no abusa del melodrama la cosa prometerá; ante todo que no sea muy cursi. Por favor.

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FUKUMENKEI NOISE

Más adolescentes en la dieta. Esta vez con la música de telón de fondo, que es lo que realmente me ha atraído de este anime. Es un shôjo, por lo que las posibilidades de que la protagonista sea una lerda en busca de novio se multiplican por mil. En este caso tiene pinta además de rarita traumatizada. El trailer me ha dado una sensación desagradable, con esa gosurori del parche pululando y tanto niño malote haciendo poses. No sé si será una serie sin mucha sustancia al final o que realmente merezca la pena. Como albergo bastantes dudas, tendrá sus dos episodios de gracia.

P.D.: Las chicas, aparte de cantar, también podemos componer música. Algunas de hecho lo hacemos. Yo informo, porsiaca.

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ALICE TO ZÔROKU

Ciencia-ficción, slice of life y muchitas dosis de ternura. Una niña con poderes y un anciano de carácter agrio. No sé por qué, pero me viene a la cabeza Heidi y su abuelo. Imagino que el asunto tirará por ahí, aunque modernizado. Bueno, en realidad espero que no tire por ahí, porque entonces mandaré la serie a escaparrar. Heidi no hay más que una. El tema de la redención del típico personaje asocial mediante la intervención de un niño me cansa enseguida. Y la mozuela protagonista encima tiene como pinta de loli. Agh. No sé si bascularán más hacia la vertiente sci-fi, con el rollo conspiranoico de la experimentación, la persecución, los otros especímenes, etc; o la irrupción del terremoto infantil en la escrupulosa vida de un hombre mayor. Lo ideal sería un equilibrio entre ambas, que además le brindaría originalidad. ¿Qué será? Pues habrá que esperar, chavalada.

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Como bien da a entender el cutredibujito, estas son las series que, por lo leído y visto, me provocan más hambre. ¿Es factible que me indigeste con alguna? Por supuesto, es ley de vida otaca. Aunque de momento solo puedo elucubrar, y no tengo demasiado de sibila. Ya veremos qué sucede. Meanwhile…

ATOM: THE BEGINNING

Como ya sabréis, suelo avalanzarme como perro famélico sobre todo aquello que huela a Osamu Tezuka. Atom: The beginning es una precuela del archiconocido clasicazo Astro Boy o Tetsuwan Atom (1963) que si se enfoca adecuadamente, puede resultar muy interesante. El trailer no me ha dicho gran cosa, para bien o para mal. No sigo el tebeo en el que se basa, donde el hijo de Manga no kamisama, Makoto Tezuka, trabaja también junto a Tetsurô Kasahara y Masami Yûki; pero a poco que el anime me convenza, intentaré hincarle el colmillo. Que el director de la serie sea Tatsuo Saitô me brinda algo de confianza por la absurda razón de que su adaptación de Nekojiru Udon (1990) me dejó encantada, aunque esto en realidad no significa gran cosa. Puede perfectamente descolgarse con un adefesio, todos los directores tienen como mínimo uno en su haber. No obstante, le tengo fe. Y ganas. Veremos si se encuentra a la altura de las expectativas.

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WARAU SALESMAN NEW

Un clásico del suspense. Warau Salesman es el epítome de la maldad enmascarada de buenas intenciones y una sonrisa. Me alegra que hayan retomado la idea del manga del gran Fujio Fujiko para darle nueva vida. El anterior anime data de hace más de veinte años, requería una actualización. Desconozco qué formato tendrá, imagino que episodios de cinco minutos, pero habrá que esperar a más información. El vendedor que sonríe es una recreación del mito de Fausto a la japonesa, con mucho humor negro y cientos de escalofríos. No está mal que dejen caer alguna perlita así dirigida al público adulto, que seremos pocos, ¡pero ahí estamos!

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SEKAI NO YAMI ZUKAN

Estoy bastante entusiasmada con este anime, con sinceridad. Tendrá formato de capítulos cortos y estará dedicado a distintas historias sobrenaturales y fantásticas del mundo. Por la información que me ha llegado, hará hincapié en el espíritu pulp de los años 50-60, lo que me parece ma-ra-vi-llo-so. Como obstinada fanática del género de terror que soy, no me lo podía perder. El director es Noboru Iguchi (Yami Shibai) y cuenta con la colaboración del actor Takumi Saito como narrador también. Mucho me temo que será de esas series que no podré seguir semanalmente tal como me gustaría, ya que dudo que la subtitulen al mismo ritmo que las más populares. Porque Sekai no Yami Zukan la veremos cuatro y el de la guitarra, claro. O a lo mejor no, ¿podría ser? Hum.

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SAKURA QUEST

Cuando leí la sinopsis de este anime, me acordé automáticamente de un colega bloguero que se encuentra estudiando turismo (paladeando también los sinsabores del feroz mundo laboral): Juan de El Baúl de las Opiniones. Por cierto, lleva milenios sin actualizar su bitácora, y es una lástima porque siempre tiene buenas ideas. A lo mejor cuando se sienta más ligero nos da una sorpresa. Sakura Quest me ha recordado bastante a Shirobako, y si resulta la mitad de buena que fue esta última, pienso que se convertirá en una de las apuestas seguras de la temporada. El tema no es que me atraiga demasiado, pero puede ser una estupenda forma de conocer mejor el medio rural japonés y sus problemas, como la despoblación y el envejecimiento. Por otro lado, creo que es un desafío pelín arriesgado máxime teniendo en cuenta que el público habitual de anime no suele ser muy paciente con las temáticas que se salen de la tónica. Y ya solo por eso merece mi apoyo. MyAnimeList indica que es una comedia, lo que me parece de lo más adecuado para lograr mayor accesibilidad. Deseo muy fuerte que no me aburra ni la encuentre una estupidez. Veremos.

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KABUKIBU!

Llevo desde hace unos meses, cuando vi por primera vez germinar esta serie en MyAnimeList, soportando una enorme curiosidad. Hay tres motivos para ello: el diseño de los personajes ha corrido a cargo de las CLAMP; trata un tema que me gusta mucho, el teatro kabuki; y el proyecto lo saca adelante el estudio DEEN, que el año pasado me dio dos grandísimas alegrías: Rakugo y Tonkatsu DJ Agetarô. Lo único que me chirría es el sempiterno entorno escolar (con sus sempiternos arquetipos en los personajes), y que se olfatea cuál va a ser la dinámica del argumento a leguas. Pero absolutamente todotodotodo será llevadero si me narran una buena historia… y encima aprendo algo nuevo sobre este arte escénico. Mis expectativas con Kabukibu! son muy altas, sería magnífico no verme defraudada.

kabuki

 


 

animierder

SÔRYO DE REON MAOMI A MAJIWARU SHIKIYÔKU NO YORU NI…

Con este prodigio de la aberración animesca aproximándose, era inevitable que regresara el animierder semanal durante esta temporada. Serán episodios cortos, de apenas cinco minutos, pero la tufarrada a bosta es grandiosa como pocas veces. No tengo claro todavía si irá en Otakus Treintañeras o aquí, en SOnC. Es algo que todavía tengo que conversar con Pau y Magrat. Pero este pedazo de bodrioeróticoreligiosodelinfiernosatanás será escrutado de cerca, muy de cerca. El trailer, que os dejo por aquí, lo explica TODO.

Como usualmente añado, permaneceré alerta a las sugerencias y consejos de otros compañeros bloggers. Por si me estoy perdiendo algo que merezca la pena y lo he obviado. Puede ser el caso de Sakurada Reset, pero no he querido añadirlo a NiFúNiFá porque estoy hasta el moño de adolescentes lloricas con habilidades paranormales. PRAU. Estaría majara de todas formas si decidiera seguir todas estas series, así pues habrá criba tarde o temprano. También es posible que me suba al carro de otras. O no. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Invierno 2017

Mucho se está comentando que esta temporada invernal pinta aburrida. Al menos en lo que a estrenos se refiere. La verdad es que hasta hace unas pocas horas no me había puesto en serio con ella, así que a pesar de que olisqueaba cierta fragancia a cloroformo, intenté no dejarme llevar por los prejuicios. Mis intenciones han sido honorables, de verdad de la buena, pero los primeros capítulos de unos cuantos anime que he zampado han sido, ejem, como una sobredosis de barbitúricos. Me he salvado gracias a los que he decidido seguir… de momento. Porque tampoco es que me hayan maravillado y no me fío ni un pelo.

Mi serie estrella de este invierno es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. FIN. Y no es un estreno. Espero que esté a la altura de la primera temporada, que fue gloriosa. Por ahora el episodio inicial me ha decepcionado un pelín, pero esto no ha hecho mas que comenzar. Dentro de un rato me veré el segundo.

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“Gato gigante de nieve” (1850) de Utagawa Kuniyoshi

No voy a alargarme demasiado (siempre digo lo mismo, je) porque este tipo de entradas me resultan un tanto pesadas; ni tampoco escribiré sobre continuaciones. Solo nuevo material. No es mucho, y probablemente abandone algo. Sin embargo, estaré ojo avizor también a las impresiones de colegas blogueros, por si se me ha escapado algo o resulta que un bodrio descartado muta en portento. Nunca se sabe, camaradas otacos.

Por si os interesa, he mandado a cavar zanjas los siguientes anime (en algunos casos fui incapaz de terminar el capítulo): Demi-chan wa Kataritai (insípido), Fuuka (indescriptible, ¿cómo pude plantearme ver algo así?), Hand Shakers (concentrado de alium sativum), Masamune-kun no Revenge (mediocre, tedioso, reiterativo, protagonista imbécil), Spiritpact (supermeh) Urara Meirochô (mongolismo profundo con lolis) y Yôjo Senki (JAJAJAbasta). ¿Con cuántos me he quedado? Pues con cinco. Allá van.

Os recuerdo: no hablo ni de los estudios ni de los directores ni de los argumentos; solo doy mi opinión. La sinopsis e información técnica podéis encontrarla en los enlaces que suministro con cada serie.

 

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No he podido leer el tebeo de Natsume Ono en el que está basado, pero esta mangaka me gusta bastante (al menos lo que ha caído en mis manos), por lo que le daré una oportunidad. El primer episodio no me ha dicho gran cosa, pero tampoco es un espanto. Le veo, no obstante, mucho potencial; deseo que no lo desaprovechen o malogren. El arte en general me ha encantado (¡qué bien le sienta el color al estilo de Ono!) y tiene un ending precioso. Si la serie tira hacia adelante, podría ser una estupenda ocasión para que licencien más obras de la autora. A pesar de ese traspiés que supuso Ristorante Paradiso en España.

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Chô Shônen Tanteidan Neo

Otro nuevo intento de llevar al mundo de la animación la obra de Edogawa Ranpo. Esta vez desde el formato corto y sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Esta primera toma de contacto no me ha desagradado, de hecho he encontrado muy divertido su histerismo aceleradoLa mezcla de estilos estadounidense/anime, con colores ácidos y recursos vintage me parecen acertados, aunque espero que echen el freno más adelante al ritmo, si no puede fácilmente saturar. Es un producto de consumo rápido para niños y adolescentes, así que honduras intelectuales las de un charco. Comedia disparatada y misterios futuristas comprimidos en cinco minutos. Solo me gustaría que no se volviera demasiado idiota o vacío; pero la premisa, muy en la onda de los Looney Tunes o Merrie Melodies clásicos de la Warner, por ahora me convence. Aunque claro, solo ha sido un capítulo.

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Little Witch Academia

Más anime dirigido a un público joven y no por eso una cagarruta; solo hay que saber qué esperar de obras así. Creo que esta es la serie que me va a servir para desconectar del planeta y simplemente disfrutar de media hora de aventuras y magia. Sin complicaciones ni truculencias, una historia entretenida que recuerda a muchas cosas, de ahí que resulte tan familiar y sea fácil engancharse a ella. Es un producto perfecto para una evasión inofensiva, donde no hay peligro de sufrir una embolia cerebral como en Yuri Kuma Arashi, por ejemplo. Little Witch Academia además tiene su propia personalidad, de otra manera sería muy complicado soportarla. Al menos para los que tenemos algo de bagaje en esto de la fantasía. Así que si no me da algún disgusto, este anime promete alegría sencilla (también algo previsible) que seguiré con sumo placer semanalmente. Es la serie de “ahora no quiero pensar, llévame de viaje a un lugar chuli“.

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Kuzu no Honkai

Tenía mis dudas sobre si mandar a escaparrar este anime o no. La idea principal me parece de un subnormal tremebundo, pero claro, estamos hablando de adolescentes… y los adolescentes suelen pensar y hacer infinitas gilipolleces en un tiempo récord. Si profundiza un mínimo en eso precisamente, en por qué durante esa etapa de nuestras vidas somos medio lerdos, me daré por satisfecha. No sé, que disfrute de unas pinceladas tipo Inio Asano al menos. Me gustaría que Kuzu no Honkai tuviera una orientación dramática con una base psicológica firme. Que fuese un anime serio, vamos. Pero mis deseos y lo que haya escrito la mangaka son cosas muy distintas. Porque no, no he leído el manga. A pesar de mis recelos, voy a ser paciente y otorgarle unos cuantos episodios de gracia.

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Onihei

Onihei ha presentado ya en un solo capítulo todo lo que se puede esperar de un seinen histórico con samurais y criminales. Hasta el arte es clasicote, muy de agradecer entre tanto giro aniñado de hedor informático. Posee una textura analógica que recuerda a los mangas de los 60 y 70, muy expresiva. Un jidaigeki de cabo a rabo. Excelente. ¿Por qué este aparente especial cuidado con Onihei? Pues porque se trata en realidad de la adaptación del clásico literario Onihei Hankachô de Shôtaro Ikenami. Es extremadamente popular en Japón, habiendo tenido varias adaptaciones al cine, teatro y televisión. Incluso el mangaka gekiga Takao Saitô realizó un cómic en 1993 sobre esta obra. Si gusta el género, como es mi caso, es una cita ineludible. Tengo grandes esperanzas puestas en esta serie, con sinceridad. Mi dosis de épica, violencia y aventuras puede resultar bien cubierta con Onihei, sobre todo si mantiene un nivel de animación decente (lo contrario sería catastrófico) y los clichés no se me hacen muy predecibles.onihei

Parece increíble pero, ¡lo he logrado! ¡Una entrada de menos de 2000 palabras! Todo un hito para SOnC. Así tendréis menos tiempo de aburriros y podréis devorar sin dilación los anime que tengáis seleccionados para esta temporada. ¡No perdáis más el tiempo! ¡Ñam, ñam! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

5 y 5 del 2016

Sí, ha llegado esa época del año. Ya tocan los inevitables repasos de lo que ha dado de sí, también de lo que se avecina. Aunque la previa de este invierno todavía tardaré en hacerla. Bastante, añado (entre nosotros, es un rollazo confeccionarla). Este 2016 he comenzado muchas series que me han acabado aburriendo o directamente decepcionado. Creo que la oferta parecía más suculenta que en 2015, pero se ha ido desinflando como una pelota de baloncesto pinchada. No han botado ni . Chof, chof. Caca. Pero, por otro lado, también he tenido grandes alegrías. No ha sido un año tan sosito como el anterior, no se puede negar que movimiento ha habido. Y eso además se agradece, que sepan mantener tu atención ocupada… aunque luego todo concluya en una esparraguera.

No voy a hacer una entrada excesivamente larga, para mí son días complicadetes, así que procuraré ser concisa y directa, ¡a ver si lo consigo, claro! Como siempre, informar que esta es mi opinión, una más. No estoy en posesión de la verdad ni aspiro a ello, solo vuelco mis impresiones con las que puedes estar de acuerdo o no. No me estoy metiendo contigo ni insultando a tu familia, a tu perro o a tu hámster. Solo escribo sobre animanga y tú puedes también compartir ideas en los comentarios. Siempre siguiendo escrupulosamente las mínimas reglas de cortesía y sin faltar. Me parece un poco ridículo tener que recordar estas cosillas, pero vivimos tiempos bastante absurdos, sobre todo en internet. Bueno, allá vamos.

faveones

Mob Psycho 100

モブサイコ100

Su serie hermana (al menos lo es mi cabeza) One Punch Man también fue una de mis fave ones del año pasado. Era inevitable que Mob Psycho 100 apareciera por aquí. De hecho, a pesar de que duplica algunos de sus recursos y ha perdido a causa de ello fuelle en efectismo, me ha gustado muchísimo más que su antecesora. Quizá porque el argumento lo veo más redondo o la temática me atrae más. Admito que me habría encantado que este anime me sorprendiera, pero las teclas que ha pulsado hacían la melodía general bastante reconocible. Nada nuevo bajo las estrellas, un sólido shônen de cabo a rabo, sin embargo no defrauda. Es fresco, es entretenido. No obstante, el problema que le veo a Mob Psycho 100 y a su hermano brota a largo plazo. Si no se reinventan, quemarán la fórmula muy rápido. Es lo que tienen los fuegos de artificio, aunque resulten espectaculares. Último apunte: ¡una animación GENIAL! A pesar del ordenata.

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Fune wo Amu

舟を編む

Ojalá no hubiera visto la película, porque el factor sorpresa en el anime se ha volatilizado por completo. Y el argumento tiene una serie de giros que habría disfrutado más acudiendo completamente virgen. Pero tampoco es justo quejarme demasiado, rediez. La estoy disfrutando infinitamente más que el film. Sin ser mala cinta, conste en acta, no puede plasmar la cantidad de matices y detalles que estoy observando en el anime, enriqueciendo la historia que conocía. No quiero ni imaginar la novela en la que está basado todo, claro. No sé cuándo podrá caer en mis manos, quizá nunca. Fune wo Amu es como la propia creación de un diccionario, serena y profunda. De ritmo pausado y que no gustará demasiado a los espíritus impacientes. Es un anime para público adulto (¡también existimos, jopetas!) y sus prioridades son distintas. Una de sus grandes virtudes es no caer en el melodrama sobado; que no haya adolescentes hiperhormonados dando por saco también es un alivio, uf. Además Majime es un hombre encantador y su gato tortilla también. ME LOS COMO, ÑAM-ÑAM.

funewoamu

Tonkatsu DJ Agetarô

とんかつDJアゲ太郎

Este 2016 me he enganchado un montón al anime de duración corta. Desde la adorable Muco hasta insensateces como Bananya. No quitan mucho tiempo y la mayoría ofrecen diversión concentrada. No todas las que empecé me han gustado, como por ejemplo Nyanbo!, que a pesar de una interesante propuesta visual, se me hizo tediosa a causa de sus personajes estereotipados. Pero, sin lugar a dudas, Kanojo to Kanojo no Neko, inspirada en el cortometraje del mismo nombre (reseña aquí), fue una mini-serie que sí disfruté y me dejó buen sabor de boca. Modesta pero esponjosa como un bizcochito. También me ha gustado mucho Onara Gorô, una bizarrada de humor surrealista que casi nadie habrá sabido apreciar. El que conozca un poco al animador Takashi Taniguchi y sus extraños cortos, ya sabe qué esperar de la sabiduría que irradia el señor Pedo Gorô. Muy escatológico todo, soy fan. Sengoku Chôjû Giga es para los amigos de la historia y tradición japonesas, de hecho es recomendable saber un poco de ambas si se quiere captar algo. Es una serie graciosa y con un arte curioso. Recomendable.

Sin embargo, mi anime preferido en este formato ha sido Tonkatsu DJ Agetarô, que también ha logrado ser uno de mis favoritos de este 2016. Sus premisas son básicas pero han sabido desarrollarlas de forma tan inteligente y amena, que ciertas carencias se pasan por alto sin problema. Además que los melómanos y amantes del tufillo nostálgico del disco y hip hop incipiente de los años 70, lo hemos disfrutado todavía muchísimo más por sus guiños y referencias a la cultura DJ. Entrañable y muy, muy salado.

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¿”In the Court of the Crimson King“? Nah, es Tonkatsu DJ Agetarô :3

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

昭和元禄落語心中

Todo lo que tengo que contar sobre este anime lo podéis encontrar aquí. Es una reseña que escribí antes de que finalizara su emisión, y a día de hoy no cambio ni una sola coma. Esa opinión vertida continúa vigente. Lo único que puedo añadir es que, lamentablemente, no ha aparecido ninguna serie que haya desbancado Shôwa Genroku Rakugo Shinjû de mi top 2016. Es mi favorita del año, sin más. Deseo con todas mis fuerzas que la segunda temporada a la que le restan pocas semanas para su estreno (¡por fin, por fin!) esté a la altura y nos brinde grandes momentos también.

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3-gatsu no Lion

3月のライオン

Le tenía un poco de miedo a esta serie porque olisqueaba dramas y traumas ciclópeos y, sobre todo, diabetes. El que uno de los personajes fuera el típico renacuajo kawaii sin nariz ya me puso en guardia. La armadura completa me puse. No sé si lo he dicho alguna vez, pero los niños me repelen. Cuando era niña también los rechazaba, que compartiera rango de edad con ellos no fue óbice para que me siguieran disgustando. Pero, sobre todo, odio el cliché del niño tierno que lo arregla todo gracias a su dulzura e inocencia. Ok, pisa el freno de la misantropía un poco, querida Sho. Volvamos al tema que importa: 3-gatsu no Lion. Todas mis reticencias respecto a este anime se han ido atenuando gracias a Luzbel. Que lo hayan dotado de una visión introspectiva llena de simbolismo, y una calculada dosificación de la expresión de las emociones ha sido todo un acierto. Aunque, si tengo que ser honesta, lo que me hace continuar la serie es su maravilloso arte. La historia no me entusiasma pero la encuentro interesante; y los personajes van creciendo a buen ritmo. Algún capítulo se me ha hecho más pesado que otro, pero en conjunto la valoro de forma muy positiva. Además los gatetes molan muchísimo.

3gatsu

No busquéis, no he incluido Yuri on Ice. A pesar de que no me parece mal anime ni mucho menos y cumple su función de entretenimiento conmigo, no la considero al nivel de las cinco anteriores. La cosa no es para tanto, resumiendo. Hay un hype tremendo con esta serie que no logro descifrar, pero seguramente muchas de mis opiniones también resulten incomprensibles para otros. Biodiversidad lo llaman. Y eso.

mehones

Como adelantaba al principio, este año he comenzado bastantes más series que el pasado 2015. Me han resultado tentadoras un buen número, pero gran parte también han acabado en agua de borrajas. Unas me han aburrido y otras me han decepcionado; algunas las he finalizado, otras las he dropeado sin compasión. Shumatsû no Izetta, por ejemplo, me sorprendió con un inicio decente y me fue aburriendo pooocooo a pooooooco. 再见! Hai to Gensô no Grimgar tenía un bonito arte en acuarela… pero el argumento acabó siendo de un subnormal insultante. Megadrop. En Norn9:Norn+Nonet no se salvaba ni el apuntador, horrible y cursi, un animierder en toda regla. A cavar zanjas. Descubrí que Handa-kun poseía rasgos muy persistentes que lo emparentaban sin duda con la familia del ajo. Adieu! Sakamoto desu ga? despertó mis instintos homicidas y OrangeOrange no aguanté el manga, el anime menos todavía. Podría continuar despotricando un ratillo, pero prefiero centrarme en las cinco que, de una forma u otra, me ha fastidiado que no estuvieran a la altura de mis expectativas.

 

Boku dake ga Inai Machi

僕だけがいない街

Erased es el ejemplo meridiano de cómo una serie lo puede tener todo para ser grande y, conforme avanza, empiezan a aparecer goteras por todas partes hasta que una inundación lo engulle todo. Se puede lograr achicar agua, pero ya no será lo mismo: todo se ha echado a perder. Este anime fue una decepción completa. Tengo que hacer esfuerzos para tratar de recordarlo incluso, así que imaginad cuán triste me llegó a parecer. No puedo decir que fuese una mierda total, porque no lo creo. Pero sí resultó al final vulgar y pretenciosa, con decenas de flecos y alguna que otra incoherencia gorda. Supermeh.

erased

Kôtetsuyô no Kabaneri

甲鉄城のカバネリ

El género zombi está ya bastante agotado, así que a priori un anime de esa temática no me atraía demasiado. Pero decidí probar y el primer capítulo me engatusó hasta las cachas. Una animación old school estupenda, unas propuestas originales dentro de lo que cabía y una galería de personajes aparentemente vigorosa. ¿Iba a ser la serie de acción y terror del año? JAJAJA. No. La cosa no tardó tanto como pensaba en torcerse, y se convirtió en una ensalada de hostias previsible y estúpida. Una muesca más en el cinturón. Kôtetsuyô no Kabaneri intentó salir de la horma con excelentes intenciones (ese ramalazo steampunk es glorioso) pero se cayó de culo. Plof. Es posible que a los fans del género les haya satisfecho, pero una ya está muy de vuelta de todo. Este anime es simplemente un cagarro con ínfulas, he dicho.

kab

91 days

Y al hilo de lo que escribía sobre Kabaneri, ¿se debe transigir con todo contenido de aire adulto y aceptarlo como bueno sin más? Solo porque se salga de los patrones habituales no quiere decir que tenga que ser excelente por obligación. A 91 days le sucede un poco eso. Cuando te has cansado de ver películas sobre mafiosos y te enfrentas a una nueva obra de la temática, esperas que te atrapen y ofrezcan una perspectiva diferente. Un mínimo, porque es un campo muy trillado. Muy trillado y tan repleto de clichés que provoca náuseas. Y 91 Days es una recopilación de topicazos y referencias mal digeridas que me aburrieron muchísimo. He visto esto miles de veces. Con ciertos géneros se tendría que ser más exigente, sobre todo porque cuando se trabajan, acaba siempre lloviendo sobre mojado. Yo por lo menos intento serlo, a fin de no perder tanto el tiempo. Los demás pueden hacer con el suyo lo que quieran, por supuesto.

91days

Joker Game

ジョーカー・ゲーム

Más de lo mismo pero con un resultado no tan cansino. Joker Game fue la gran esperanza del anime para adultos tras la apoteosis de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Y es que durante los primeros capítulos parecía que todo marchaba sobre ruedas… más o menos. Pero al alcanzar el ecuador de la serie, muchos ya se habían dado cuenta de que su formato estaba echando a perder su enorme potencial. Lo que podría haber sido una buena serie sobre espionaje y la II Guerra Mundial, se quedó en mera anécdota. No un mal producto, pero perfectamente olvidable. Con algún episodio más brillante que otro, aunque en general mediocre. Una lástima, la verdad. No me importó terminarla de ver, sin embargo no repetiría experiencia ni en broma.

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Fukigen na Mononokean

不機嫌なモノノケ庵

¿Cómo decir NO a una serie sobre yôkai y el folclore japonés? Personalmente no podía resistirme a verla, aunque el aire general me repeliera un poco por too happy. Y sí, es un too happy anime, de preciosa animación, brillantes colores ácidos y protagonista bobalicón que esconde un misterioso y gran poder. Creo que no me suena de nada. Pero como resultaba tan ligera y agradable, la veía semanalmente con ganas. Hasta que me di cuenta de que el anime estaba finalizando… y no había ocurrido absolutamente nada de importancia. Fukigen na Mononokean era un bonito manojo de globos que se los llevaba el aire. ¡Adiós, adiós! Por mucho que hubiera yôkai supermonosos, siempre se esperaba algo de contenido. Y todo quedó en una simple presentación. Si tienen planeado hacer una segunda temporada, entonces cierro la boca. Si la cosa al final permanece así, Fukigen na Mononokean engrosará las filas de esa ingente cantidad de series que quedaron petrificadas en la flor de su existencia. Lloremos.

kawaii

That’s all, folks. Con vuestro permiso, voy a dormitar un rato. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Otoño 2016

Esta mitad de año en cuestión de anime de temporada me ha resultado muy sosegado. Es una manera fina de decir que me está pareciendo bastante mierdoso. A mí. A ti no lo sé. Si no es así, pues mucho mejor, a disfrutar.

Este verano he sacado en limpio muy poca cosa. 91 days, en el que puse muchas esperanzas, me pareció un despropósito en el primer capítulo; lo aparqué, retomé y mandé a escaparrar definitivamente por aburrimiento. Las inevitables referencias a The Godfather (1972)o Scarface (1983), que a los cinéfilos nos pueden emocionar, no son suficientes para hacer de una serie algo que retenga mi atención. Hasta el episodio 5 aguanté, me saturé de tópicos mafiosos. Fin. No dudo de que haya gustado a muchos espectadores y cubierto el hueco seinen decentemente; aunque para mí no ha sido suficiente. Y eso que mejor pinta que Joker Game tiene y esa me la zampé enterita. Cosas de la vida. Orange la envié también al cuerno. Recordé perfectamente los motivos que me llevaron a abandonar el manga, y es que me empalaga muchísimo. Encuentro un exceso de sentimentalismo edulcorado que no hay manera de que lo asimile, por no hablar de que a la pareja protagonista, Naho y Kakeru, me dan ganas de eviscerarlos. Son insoportables.

Así que este verano solo estoy viendo tres estrenos: Mob Psycho 100, Bananya y Fukigen na Mononokean. Ya es patético que en esta temporada veraniega, de nuevo, el anime que más esté disfrutando sea otro producto de 5 minutos y encima tan mongólico como Bananya. Pero no puedo negar la verdad. Mob Psycho 100 me gusta y ha ido ganando mucho conforme avanzan los capítulos, pero no deja de ser una fórmula similar a la de One Punch Man. No tiene nada de malo y, por otro lado, era algo que esperaba; sin embargo la chispa ya no puede brillar de la misma forma. Y me jode, porque es muy probable que si hubiera visto Mob antes que One-Punch Man, la habría gozado muchísimo más porque me gusta más. Pero el factor sorpresa se quedó fuera de la ecuación, lo que le ha hecho perder bastantes puntos a mis ojos. Una lástima, pero no deja de ser una buena serie. La terminaré, claro.

Por otro lado, Fukigen na Mononokean me durmió en su primer episodio, lo abandoné y más tarde regresé a él. Hasta ahora. Es una serie sin pretensiones y sencilla que de momento está llevada bien, aunque tiene unos cuantos capítulos flojillos y la trama principal resulta algo indefinida. No ha avanzado gran cosa, y solo se han dedicado a contextualizar. Eso no es mala idea si se tiene la intención de hacer una serie larga… y no parece el caso. A lo mejor anuncian segunda temporada, quién sabe. Se husmea apiñamiento a dolor en los últimos capítulos. Meh. No obstante, ha sido un anime bastante agradable de seguir todas las semanas. Tenemos que ver cómo finaliza, pero no es de esas obras que vería en maratón. Demasiado insípida.

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“Otoño en las cataratas Fukuroda” (1954) de Hasui Kawase

Y así hemos llegado a las puertas de mi estación favorita: el otoño. Un otoño prometedor, pero del que no me fío ni un pelo. Y que va a estar, a diferencia de temporadas anteriores, hasta los topes a pesar de la criba inicial. Como siempre, he realizado una pre-selección de estrenos, donde no incluyo continuaciones ni segundas (¡ni quintas!) temporadas. Pero señalar que no me perderé: Hibike! Euphonium!, Ajin, Natsume Yûjinchô Go y Haikyû!

Como ya hice durante la previa estival, voy a ignorar por completo los estudios y centrarme simplemente en lo que me atrae y lo que no. Si queréis información más completa y precisa, estoy segura de que muchos de mis compañeros blogueros aportarán ese contenido de sobra. Bueno, allá vamos.

lagrimaslluvia

Series que he valorado y he decidido aparcar. ¿Definitivamente? Es posible, no me gusta cerrar puertas de forma tan contundente, pero este otoño voy a tener bastantes series en mi parrilla particular. Solo si elimino alguna de las fijas y me entran ganas, incluya alguna en el repertorio. ¿Y cuáles son? Para empezar, Poco’s Udon World. La fantasía y el folclore me tientan muuuuchoooo, como también me repelen con la misma intensidad los niños kawaii que aportan ternura desmesurada a los slice of life. Aunque este parece una especie de tanuki o algo. Leyendo la sinopsis, me recuerda un poquillo a Barakamon y, honestamente, NarusYotsubas y demás criaturitas sin nariz hay pocas que no me irriten. Prefiero mantenerme al margen de momento.

udon

¡Qué sería de la vida sin música! Por eso durante unos minutos consideré ver ClassicaLoid, pero tras meditar sobre la pinta cerdísima que tenía todo, resolví que no. Aunque… como también emana un aroma a bizarrada y desmadre potente, no sé, quizá le pegue un vistazo a riesgo de acabar queriendo acudir al despacho del presidente de Sunrise con un bate de béisbol. Por ahora descartada. Luger Code 1951 es típico material de Shônen Jump que seguramente no decepcionará a los amantes de su filosofía. Garantiza raudales de acción e intriga, además con un telón de fondo atrayente: la Segunda Guerra Mundial. Pero no, gracias. To be hero también es una excelente carnaza, ¿quién no tendría curiosidad por saber de las andanzas de un superhéroe surgido de un retrete? No muchos occidentales, lo admito, pero mi mente amorfa y yo sí. Y es serie corta, de 10 minutos. Mmmmm… Sin embargo, opto por dar prioridad a otras series que despiertan más mi interés. Si tuviera todo el tiempo del mundo, quizá me animase a verlas. Pero soy humana y necesito comer.

nifunifa

Aquí empieza el cachondeo, he seleccionado muchas más de las que me puedo permitir, ¡soy una codiciosa inconsciente! MUAHAHAHAHA!!! No he logrado depurar el asunto mejor, la curiosidad se me apodera. Pero calculo deshacerme de unas cuantas, no obstante. Es imposible que todo me vaya a entusiasmar, y solo las que lo hagan de verdad de NiFúNiFá continuarán a mi vera.

Soul Buster

Soul Buster es una colaboración internacional sinojaponesa y se trata de una adaptación moderna del clásico del s. XIV Romance de los Tres Reinos de Luo Guanzhong. En realidad es Bai Mao el que ha transformado en manhwa la obra literaria. De todas formas, tiene toda mi atención a pesar de que soy plenamente consciente de las altísimas posibilidades de que me defraude, me aburra o me parezca una bosta. Soy, a grandes rasgos, muy poco tolerante en lo que se refiere a descuartizamientos en el mundo de la literatura. Veremos.

3-Gatsu no Lion

Creo que este puede ser mi slice of life de la temporada si no se tuerce demasiado el tema. Rei Kiriyama, el protagonista, es un megane (ya tiene así muchos puntos ganados conmigo) que se dedica a jugar profesionalmente al shôgi. Muy interesante, me encantará aprender más sobre ese juego japonés. Rei tiene una serie de problemas personales que le hacen actuar como un borde asocial… aunque tenga su corazoncito. Lo único que no me convence nada de esta serie y me ha obligado a colocarlo en NiFúNiFá, es el equipo femenino, sobre todo la bichita esa kawaii que medio balbucea. Imagino que son las que aportarán la faceta hogareña y sensiblera para ganarse la confianza de Rei y convertirlo, poco a poco, en un ser humano normal. Y de eso las bichitas kawaii son expertas en los anime. O algo. Deseo fuertefuertefuerte que 3-Gatsu no Lion no se incline mucho hacia una vertiente blandengue. Pero al menos tengo entendido que salen gatos. ¡VIVA!3gatsulion

Trickster: Edogawa Ranpo “Shônen Tantei-dan” yori

El motivo principal de que desee ver este anime, es que se inspira en el detective Kogorô Akechi y su cuadrilla, creados por uno de mis escritores fetiche japoneses: Edogawa Ranpo. Sin más. Es muy probable que acabe cagándome en la perra y deseando herpes zóster al equipo creativo y de producción de la serie, pero mi obligación es verlo. A lo mejor me llevo una sorpresa agradable, quién sabe.

Drifters

Soy fan de Hellsing, así que habría sido un desliz grandote el pasar por alto la adaptación al anime de una obra de Kôta Hirano. Drifters es un manga bastante popular, pero por un motivo u otro, no he llegado a hincarle los colmillos a pesar de tenerlo en mente. El argumento, aunque no es el más original del mundo, me resulta interesante: abducir diferentes personajes históricos a punto de morir, y crear con ellos un equipo de mercenarios llamado “Drifters”. Sin embargo, el trailer me ha dado mala espina, sobre todo la animación; y si tiende a convertirse en una ensalada de hostias sin fin, aunque me gusten las peleas, puedo llegar a dormirme muy, muy profundo. Y roncar. Y ese no es el objetivo de una serie, creo.

drifters

Occultic9

Tengo sentimientos encontrados con esta serie. O puede salir algo memorable o un truñaco de dimensiones ciclópeas. Le tengo bastantes ganas a Occultic;Nine, pero por otro lado estoy hasta el moño de adolescentes en situaciones límite. Son muchos años ya observando una y otra vez lo mismo, y a no ser que suponga un revulsivo en su estilo o me distraiga un mínimo, prefiero mandarlos a cavar zanjas y no perder el tiempo. Dos capítulos de cortesía y ya decidiremos.

Shûmatsu no Izetta

¡Y vamos con una ucronía! Qué malvados eran los alemanes, mecachislamar, siempre invadiendo Polonia. O Francia. O el ficticio Principado de Elystadt, una especie de Liechtenstein hipertrofiado cuyo gobernante cae gravemente enfermo, quedando como única responsable su hija Fine. Y ahí estamos, protegiendo al país de los germanos con ayuda también de… una bruja. La última, por lo visto. Tengo que admitirlo: eso de ver a una bruja volando sobre una ametralladora o un obús en vez de usar la tradicional escoba, es muy enfermo. Solo se le podría ocurrir a un japonés; y seguro que tendrá la correspondiente dosis de fanservice.

izetta

No le tengo mucha fe a Izetta, pero eso de una bruja volando sobre un trabuco hay que verlo una vez en la vida por lo menos. Temo que esté demasiado dirigido al público masculino, con rollete pseudolésbico light incluido; y eso le restaría mucho encanto. O a lo mejor no. Espero que al menos desarrolle un argumento coherente. Si no, pues nada, a freír espárragos.

ñam

A ver si esta temporada acertamos una miaja más, porque si algo podemos decir de 2016 es que ha sido el año de los bluffs. De momento. Animes que han generado grandes expectativas, con fuerte potencial, y que se han ido deslizando leeeeeentamente hacia la mieeeerrrrda.

Sengoku Chôjû Giga

Hay muchas cosas que desconozco de esta serie. No sé cuál será su duración por episodio, aunque deduzco que será corta; tampoco tengo ni idea de si voy a conseguir verla en algún lugar, porque al otaco medio la historia medieval japonesa se la suda un pocobastante. Pero los datos que tengo sobre ella, me han hecho segregar saliva hasta formar lagunas en medio del salón. El guionista es el de Yami Shibai o Kagewani, Hiromi Kumamoto; el estilo artístico va a seguir el tradicional suibokuga (¡maravilloso, maravilloso!) y la temática es divertidísima: personajes históricos del periodo Sengoku convertidos en animales… y su día a día. Tengo que hacerme con esto. Como sea.

Fune wo Amu

Esta es la serie que con más impaciencia estoy esperando: Fune wo Amu. Y no es solo porque me recuerde levemente a Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, sobre todo por el diseño de los personajes. El que sea un anime dirigido al público adulto también cuenta a su favor, porque no suelen abundar tanto. Espero que al menos roce el nivel de Rakugo, y puede hacerlo de sobras, doy fe. Aunque no he podido leer la novela de Shiwon Miura en la que está basada (todavía, todo llegará), sí he visto la película. Y es miel sobre hojuelas, señores, así que supondría una amarga decepción que la serie animada no estuviese a la altura. La temática además es fascinante, el mundo editorial y la creación de un libro, concretamente un diccionario. Las curiosas personalidades de los personajes y las circunstancias harán de la publicación del volumen una odisea. Se huelen dinámicas interpersonales jugosas, ¡bien! Y, mientras, podremos aprender mucho sobre ese universo y la sociedad japonesa, por supuesto. ¡Ay, por favor, que no metan el patón con Fune wo Amu! ¡Luzbel, hazme caso!

fune-wo-amuHay un montón de spokon esta temporada. O al menos eso me ha parecido, y los que seguís esta bitácora ya sabéis que lo ignoro. La única excepción que cometo es Haikyû!, las demás series que he atisbado (de patinaje, ping-pong, rugby, qué sé yo) y que serán vistas con alegría y fervor, no tendrán espacio en SOnC. Aunque sí en los blogs de otros compañeros, por supuesto, y que os insto a que visitéis.

That’s all, folks. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Hentai or not hentai… dat ass is the question

Generalmente, las bitácoras sobre manganime en las que se hacen reseñas, se repasan las series de temporada o se comenta la habitual parafernalia que rodea este mundillo (seiyû, estudios, música, cosplay, etc), solemos ignorar el hentai. Es una parcela que ha quedado relegada a un submundo muy específico y aislado en el que, no en vano, todos los aficionados hemos chapoteado en sus aguas alguna vez. El hentai es pornografía, qué carajo, ¿no? Eso creemos. Y el sexo en su expresión más evidente persiste todavía en ser un tabú de cierta intensidad. En las sociedades donde la religión tiene todavía peso y/o existe algún tipo de represión psicológica, la sexualidad humana se continúa juzgando como algo que camuflar, incluso pecaminoso. Es un residuo de importante presencia, y que además está nutrido del patriarcado, el cual para medrar y ejercer su dominio debe someter y controlar la sexualidad femenina. Pero estoy hablando de la perspectiva occidental, claro.

En Japón el sexo jamás poseyó las connotaciones impuras u obscenas que el judeocristianismo inoculó en Europa o América. La moral sexual japonesa se apoya en el shintô, donde sus deidades o kami, mediante sus cópulas, representan la vida y fertilidad de la Naturaleza. De hecho, según su mitología, las islas japonesas fueron producto de las relaciones sexuales entre Izanagi e Izanami. Los símbolos fálicos, representaciones de los genitales femeninos o parejas de dioses abrazándose, son amuletos protectores contra la contaminación. Por tanto, el sexo era considerado algo natural, libre por completo de vergüenza o culpa y fuente de placer. La bisexualidad y homosexualidad (nanshokuwakashudô) tampoco eran un problema, que resultaban algo común entre cortesanos, monjes o samuráis. Eso fue así hasta la Era Meiji (1868-1912). A partir de entonces, en su afán por modernizarse y superar a las potencias occidentales, adoptaron muchos de sus valores. Entre ellos, poco a poco, fueron asimilando esa percepción del sexo distorsionada por la religión cristiana, mojigata y represiva. La ocupación estadounidense tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial, acabó de asentar esa nueva ética sexual puritana. Un ejemplo sería la prohibición de la prostitución (Baishun bôshi hô), una actividad hasta entonces controlada por las autoridades, ejercida profesionalmente en sus propios barrios y tolerada socialmente.

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Detalle de “Pasión durante las nieves de primavera” (1822) de Keisai Eisen

Pero no hay ley sin trampa. Aprovechando vacíos legales y estirando su interpretación, se puede afirmar que las miríadas de máscaras que el lenocinio utiliza en Cipango, gozan de una excelentísima salud. En realidad toda la industria del sexo en Japón se encuentra en plena forma y es una maquinaria formidable de hacer dinero a tutiplén. Tal como está estructurada la sociedad japonesa en la actualidad, y sus características a medio camino entre su propia cortés austeridad y la gazmoñería occidental, se puede garantizar con total certeza una lozanía sin igual para el negocio durante muuuuuchos años. La pornografía tiene un papel esencial, por supuesto, y dentro de ella ciertos géneros del manganime también. Existe un grado de especialización extraordinario, donde tiene cabida toda clase de depravaciones y excentricidades varias. Y son a estas anormalidades a las que llaman en Japón hentai, no a otra cosa. Todo otaco que se precie sabe perfectamente que esta palabra significa pervertido sexual; y aunque en los shôjos/shônen levantar las faldas a una chica suele premiarse con el grito de KYAAAA!!! HENTAI!!!, se trata de algo mucho más serio.

El hentai es un subgénero del ero, que engloba a otros como el también celebérrimo ecchi. Todos van dirigidos en exclusiva a un público adulto (jû hachi kin). Pero en Occidente hemos acabado etiquetando como hentai a todo manga o anime que posea contenidos sexuales más o menos explícitos. Sin hacer muchas distinciones. Incluso hasta no hace tanto, el animanga era sinónimo de hentai entre los no aficionados. Pero en Japón, como podemos ver, es diferente. Es un concepto que ha ido evolucionando con el tiempo, dirigido en exclusiva al público masculino heterosexual y que se refiere, sobre todo, a parafilias y otras anomalías. No tiene implicaciones negativas por obligación, aunque alguna de estas desviaciones pueda considerarse aberrante. Los 13 géneros principales que conforman el hentai son: futanari (hermafroditas, transexuales), BDSM, furry, shokushu gôkan (tentáculos), guro, incesto, lolicon, shotakon, yuri, yaoi, embarazadas, harem y bakunyû (pechos gigantes).

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Lindos pececillos de artista anónimo

Una vez aclaradas algunas cosicas y puestos en situación, deberíamos preguntarnos: ¿de dónde y cómo surgió el hentai? No hay mucho escrito al respecto, quizás porque la gran parte de sus consumidores son pajilleros a los que solo les interesa quemar los contenidos sin más; y porque grosso modo no se le da mayor trascendencia a un género que no suele brillar por la inteligencia de sus guiones ni la complejidad de sus personajes. Aunque existan excepciones. Yo misma tampoco soy precisamente fan de él. Con sinceridad, clásicos como La Blue Girl (1992) o Urotsukidôji (1987) del gran maestro Toshio Maeda, nunca logré finalizarlos porque me aburrían cosa mala. No soy ninguna entendida tampoco ya que me sucede como con el spokon: acción narcótica superlumínica. Y en la actualidad que el asunto se encuentre infestado de informática cutre, tetas ciclópeas y mozas lobotomizadas, pues no me estimula demasiado para aventurarme en sus terrenos. ¿Por qué escribo sobre él? Pues porque me da penilla que, a pesar de ser el género más popular con enorme diferencia, resulte curiosamente algo así como invisible. Y por lo menos una vez debe aparecer en SOnC. También es verdad que una de las entradas más visitadas en esta bitácora es la dedicada a Kanashimi no Belladonna (1973), cosa que me ha sorprendido bastante. Y aunque no se trata propiamente de hentai, me dio la idea para el artículo. Y aquí estamos, oyes.

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“El sueño de la mujer del pescador” (1814) de Hokusai. La madre de todos los corderos.

¡Al grano, concentración! ¿De dónde y cómo surgió el hentai, decíamos? Como imaginaréis, toda raíz del manga y el anime hay que buscarla en el ukiyo-e, y en este caso particular en el shunga (“imágenes de primavera” o sea, de folleteo). El shunga podríamos decir que es el ukiyo-e erótico, con una gran variedad de intensidades, que iban desde lo insinuante a lo directamente pornográfico. Su origen, como tantas cosas en las islas, fue de inspiración china. Los manuales médicos que llegaron del continente durante la Era Heian (794-1185) y las obras de pintores como Zhou Fang, influyeron en su desarrollo y estilo, donde los genitales solían aparecer con formas y tamaños grotescos.

Comenzó siendo una manera de expresar los escándalos sexuales de cortesanos y monjes en los makimono, pero con la llegada de la imprenta y el progreso en las técnicas de impresión y xilografía, se hizo muy popular en el Periodo Edo, sobre todo en sus últimas décadas. Pasó de ser un elemento decorativo para las clases altas, a formar parte de esa idealización de la vida urbana que fue el mundo flotante. Como el propio ukiyo-e, resultó una democratización absoluta del arte erótico; brotaba tanto en los palacios de la nobleza como en las casas de los chônin o burgueses. Lo consumían mujeres y hombres por igual, y sus temáticas iban muchísimo más allá del amor heterosexual. La gran mayoría de los autores importantes como Hokusai, Utamaro o Hiroshige dibujaron shunga, porque constituía una fuente de ingresos caudalosa y estable.

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“Mujer y gato” (1794) de Utamaro

Pero por entonces la palabra hentai no tenía la noción que posee en la actualidad. Su significado era algo así como “metamorfosis, transformación”. Fue con la apertura de la Era Meiji y la llegada del pensamiento occidental, cuando hentai comenzó a adquirir su implicación sexual. El recién nacido campo de la psicología experimental con Wilhelm Wundt, que utilizaba el método científico, no fue ignorado en Japón; pero sobre todo la obra del psiquiatra Kraftt-Ebing, Psychopathia Sexualis (1886), fue la que terminó de vincular la palabra con comportamientos sexuales fuera de “lo normal”. Hentai seiyoku era (y es) el deseo sexual perverso según Kraftt-Ebing o Freud, que del ámbito académico especializado pasó al de la calle con gran éxito. Se escribía y deliberaba en periódicos y revistas más sobre el hentai que de la sexualidad “normal”. El ero guro nansensu o erotismo grotesco absurdo, durante los años 20-30, fue tremendamente popular, casi se podría decir que el país vivió en el periodo de entreguerras una especie de desinhibición similar a la alemana de Weimar. Y el heredero directo de ese movimiento sensual y degenerado es mi queridísimo Suehiro Maruo.

Sin embargo, en los años 30 la situación mundial se alteró por completo. En las islas no ocurrió de forma distinta, y la ola de ultranacionalismo y totalitarismo de la naciente Era Shôwa endureció la censura muchísimo. Entre otras cosas. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la sexualidad en Japón no retomó un espíritu más atrevido, sobre todo con la difusión de las publicaciones kasutori, de tipo pulp. Las kasutori recogieron el legado del hentai y lo elevaron a cumbres de imaginación y popularidad hasta entonces inéditas. En los años 60 se fue centrando cada vez más en un público masculino heterosexual, y así hasta hoy, cuyo target continúa siendo casi en exclusiva los cromosomas XY.

De todas formas, si os interesa el tema de la sexualidad japonesa durante el s. XX, os recomiendo los trabajos del profesor Mark McLelland de la Universidad Wollongong en Australia. Tiene artículos la mar de interesantes al respecto, muy recomendables.

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A Takato Yamamoto también le gusta el “ero guro nansensu” de la Era Taishô

¿Y cuál fue el primer anime pornográfico de la historia? Pues hasta donde sabemos, ese honor lo ostenta Suzumi-bune (1932) de Hakuzan Kimura. Tampoco podemos decir mucho sobre él, porque a pesar de que estaba planeado que consistiera en dos partes, la primera fue confiscada y no llegó a estrenarse nunca. La segunda ni se llegó a realizar. Ya en el s. XXI, la policía tokiota donó la obra al Museo Nacional de Arte Moderno, revelando que su duración es de 10 minutos. Quizás más adelante su contenido pueda hacerse público, quién sabe. A mí me gustaría verlo.

El primer anime estrictamente hentai es la película Yasuji no Pornorama: Yacchimae!! (1971), aunque hay quienes opinan que en realidad son las seis OVAs de Lolita Anime (1984). Como no he visto la primera, me veo incapaz de aseverarlo; aunque no me importaría nada echarle un vistazo. Soy una glotona en lo que se refiere a bizarradas… no obstante tampoco niego que suelo indigestarme a menudo. Que la cantidad de hentai que se ha realizado y se produce es monumental lo sabemos todos. Y su calidad dudosa (eso siendo liberal). Es muy complicado, incluso para el connoisseur, hacer un top ten objetivo y coherente, así que imaginad cómo lo puede llevar servidora: terrible. JUAJUAJUA. Además, como ya he indicado al principio, no soy fan. Me aburro, y suele irritarme esa forma tan lamentable de presentar a la mujer como si fuera un animalillo acéfalo. Si ya me pone de mala hostia en otros géneros, en el hentai es como la apoteosis sideral de Galactus en pleno arrebato de bulimia cósmico. Así que las cinco recomendaciones que voy a hacer, para redondear una miqueta más la entrada, no son estrictamente hentai, sino que he preferido recurrir a su concepción occidental, que aunque no es la correcta, sí resulta bastante más amplia. Algunas obras son más explícitas que otras, pero todas ellas me parecen dignas de un visionado. Son pedazos de historia de la animación japonesa, nos guste o no. Here we go.


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Senya Ichiya Monogatari (1969) se puede considerar el primer largometraje animado dedicado al erotismo de la historia de Japón. La carga sexual es importante, y es algo que me entusiasma porque respeta el espíritu de la obra literaria en la que está basado, Las mil y una Noches, que es bastante verde. Quizá no es la faceta más conocida de esta compilación de relatos, donde siempre se ha hecho hincapié en ese maravilloso exotismo de los parajes que describe o las aventuras, la fantasía y la magia que hay presentes. Para los que no lo sepáis, Alf layla wa-layla tiene pasajes que son simple pornografía, en la universidad me tocó traducir fragmentos subiditos de tono muy tremebundos. Por eso me parece genial que Tezuka quisiera esta vez aprovechar su dimensión sexual, y hacer una adaptación más fiel en esencia a los cuentos originales que las que se habían realizado hasta entonces. Incluido su Sinbad (1962). Y es que estos clásicos de Oriente Próximo se han trabajado en el medio audiovisual desde muy temprano, tanto en cine como animación, pero casi siempre obviando su vertiente carnal. En Senya Ichiya Monogatari sin embargo tenemos fantasía, tenemos aventuras, tenemos exotismo y tenemos también concupiscencia.

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Este film de dos horas y diez minutos de duración fue el primer proyecto que salió a la luz del grandioso Animerama de Osamu Tezuka, dedicado al público adulto. Una aspiración esa, la del formato cinematográfico y la de las audiencias maduras, pionera en el mundo. No es broma. Fueron tres películas en total antes de que la productora, Mushi Pro, se fuera al garete, y he incluido las tres en este listado. No podía ser de otra forma. El trío de ases fue dirigido por Eiichi Yamamoto, y ha pasado a la historia como tres de las animaciones eróticas más hermosas y extrañas que existen. No me voy a adelantar, pero la que se lleva la palma no obstante en belleza y extravagancia es La belladona de la tristeza, en la que Tezuka, por cierto, no intervino en ningún aspecto. En ese momento ya había ahuecado el ala y Mushi Pro agonizaba.

Pero regresemos a Senya Ichiya Monogatari. Esta película nos cuenta la llegada a Bagdad de Aladino, que se parece sospechosamente a Jean-Paul Belmondo. Él no es más que un pobre aguador, pero posee un carácter optimista y osado que le hace sobrellevar su dura vida con satisfacción. Y allí, en la gran urbe, se enamora de la esclava Miriam, a la que rapta. Su amo, un jovencito malcriado que es el hijo del Jefe de Policía de Bagdad, no se da por vencido tras perder a su bella presa, y decide utilizar su influencia para recuperarla. Pero mientras, Aladino y Miriam se han refugiado durante su huida en un misterioso palacio, del cual por la mañana no pueden salir. Su dueño, Suleimán, el cortesano favorito del sultán y famoso por sus rarezas, los ha encerrado entre sus paredes para que le diviertan. Y la historia no queda solo ahí, sino que se complica cada vez más y más. Muerte, traición, venganza, amor… hay absolutamente de todo. Un bonito culebrón.

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La trama no puede ser más tradicional, pero no faltan ni la emoción ni las sorpresas. Tiene ese remate caricaturesco propio de Tezuka, que aunque en los mangas se tolera sin problemas, en película no aguanta el paso del tiempo muy bien. Los malos son muy malos, y los buenos son bastante grises, gracias a Luzbel. Eso sí, el peso sexual recae completamente sobre los papeles femeninos, como es de esperar… aunque no estoy aquí para hacer una revisión posmoderna feminista de estas obras. No procede, otro día quizá. Senya Ichiya Monogatari utiliza recursos propios del cine, es una obra de tintes experimentales donde se puede encontrar animación tradicional, imágenes estáticas, maquetas (esas panorámicas de Bagdad son mágicas), pantallas partidas, 3D, etc. y todo eso unido a un estilo psicodélico de vivos colores que fluye y se retuerce como una serpiente de agua. La música se encuentra en manos inmejorables: Isao Tomita, que compone piezas de frenético funky-yeyé, muy de la época, e incorpora fragmentos del Scheherezade (1888) de Rimsky-Korsakov también.

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Cleopatra es la película que menos me gusta del Animerama. La considero la más endeble e infantil de las tres, aunque posee su interés aparte del meramente histórico. La triunfada que supuso Senya Ichiya Monogatari, impulsó a Tezuka a arriesgarse muy a fondo en lo que le gustaba hacer: experimentos. Todavía no tengo muy claro qué demonios pretendía Manga no kamisama con este film, creo que ni él mismo lo sabía. Solo que el éxito del año anterior lo acicateó para jugar como un niño impetuoso con arcilla y plastilina… y le salió un engendro. Pero, ¡ay, amiguitos!, un aborto de Tezuka es un bebé sano y hermoso para cualquier otro creador, y Cleopatra tiene sus méritos. Aunque supusiese el descalabro económico definitivo de Mushi Pro y el abandono de la nave por parte del capitán.

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Aquí Tezuka se pregunta qué está haciendo con su vida. Y suspira. Ay.

¿Por qué fue un fiasco comercial? Me considero incapaz de llegar a alguna conclusión porque me faltan datos, pero quizá tuviera que ver con que se trataba de un film mucho más explícito que Senya Ichiya Monogatari (fue calificado directamente como X) y que era (es) raro de cojones. Yo no le tengo miedo a las excentricidades, las amo de hecho; pero comprendo que no todos somos iguales. A pesar de que Tezuka prefería el campo de la experimentación y la creatividad sin cortapisas, su público no. Su público esperaba otra cosa, no un trabajo de patchwork visual de casi dos horas. Porque aparece de todo en Cleopatra: imagen real, collage, ciencia-ficción (el inicio parece Star Trek), fantasía, mezcla de estilos en el dibujo, anacronismos a mansalva (¡sale Astroboy, viva!), paréntesis argumentales que fracturan el ritmo, homenajes a Botticelli, Degas, Delacroix, Modigliani, Picasso… qué sé yo. Un esfuerzo valioso por presentar un producto vanguardista y rompedor en sus formas, pero con un contenido más pobre de lo acostumbrado en Tezuka. No aporta nada nuevo al personaje de Cleopatra, por ejemplo, que es presentada como la clásica seductora que mediante sus artes sexuales domina a los hombres; Julio César directamente es un gañanuzo déspota con el cerebro en el glande, y Marco Antonio es evidente que sufre algún tipo de retraso. Tragicomedia caricaturesca marca Tezuka a todo gas. Por cierto, el apartado musical, otra vez bajo la tutela de Isao Tomita, EXCELENTE.

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Exacto, Julio César es VERDE. Todo bien.

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No tengo mucho más que añadir sobre Kanashimi no Belladonna a lo que escribí hace unos meses aquí, salvo que ha sido restaurada y publicada en Blu-ray este verano. Cuando hice la reseña todavía no se sabía nada de una reedición, por lo que la noticia después me alegró muchísimo. La película lo merece. Es mi favorita del Animerama y sin duda mi preferida también de las que hoy expongo. Si no la conocéis o no la habéis visto, no comprendo a qué estáis esperando. Es una verdadera obra de arte, aunque no para todos los paladares, desde luego.

belladonna

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Casi 20 años después, Eiichi Yamamoto decidió vincularse a otro largometraje de tipo erótico: Kôshoku Ichidai OtokoEsta película es una joya. Todo en ella es fascinante, el arte, tan ukiyo-e y delicado, la historia, los personajes… Sin duda tras Kanashimi no Belladonna es la que más me gusta de las cinco. No me explico cómo no es más popular ni tampoco entiendo la razón de que haya pasado tan desapercibida. Es probable que mi entusiasmo se deba a que conozco la obra literaria, de la que es una adaptación bastante libre: Hombre lascivo y sin linaje (1682) de Ihara Saikaku. Fue una novela que me gustó mucho cuando la leí. Creo que merece su propia entrada, así que no me alargaré demasiado.

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Hombre lascivo y sin linaje fue escrita en ese momento del Periodo Tokugawa donde la clase burguesa estaba medrando y haciéndose dueña de la vida urbana en Edo y Osaka. A su nueva sensibilidad hedonista del mundo flotante iba dirigida, y a ella representaba; el autor lo hizo además parodiando una de las grandes obras de la nobleza cortesana: Genji Monogatari (s. XI) de Murasaki Shikibu. Podríamos decir que es como una especie de novela shunga (si lee esto alguien especializado en literatura japonesa querrá ahorcarme), y cuenta la vida y desventuras de un hombre, hijo bastardo de un rico chônin, que a pesar de tener en su mano la posibilidad de ser un hombre rico, lo tira todo por la borda porque le gustan demasiado las mujeres. Yonosuke es un seductor, un Príapo sin remedio al servicio del placer.

La película no se centra tanto en Yonosuke sino que divide el argumento en dos historias paralelas, describiendo las experiencias de un par de hombres muy distintos con una hermosa e inaccesible geisha llamada Komurasaki. Uno es un donjuán, otro un pardillo poco atractivo; uno es experimentado y hábil, otro torpe e ignorante. No es el argumento más original del universo, pero la enorme belleza estética del film suple con creces esa carencia, haciendo de su desarrollo una travesía hipnótica. Y como escribía hace unas líneas, no voy a extenderme más porque Hombre lascivo y sin linaje tendrá su entrada individual en breves.

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Podría haber seleccionado Mezzo Forte (2001) también de Yasuomi Umetsu, pero A Kite (1998) me gustó mucho más. Son dos OVAs de hentai sin sutilezas. Hentai en su noción pura japonesa de “sexo pervertido”. Y de calidad, tanto en la animación como en el argumento. No es un anime precisamente largo, por lo que se echan de menos ciertas cosas: unas relaciones entre los personajes más definidas, unos perfiles psicológicos más hondos y una historia un poco más compleja. A pesar de sus defectos, como unas escenas de acción muy requetebién ejecutadas…. pero inverosímiles a ratos también (pero muchomucho), se ha sabido sacar partido a una base simple de manera eficaz y brillante, dosificando la información y con unas vueltas de tuerca formidables. Y ese final con los gatitos… muy bueno. A kite no gira en torno al sexo, su argumento no está al servicio de las escenas pornográficas; el sexo que aparece, que tampoco es tan abundante, es una acción más de las tantas que se suceden en las OVAs. No sobran y tienen su sentido, pero no acaparan protagonismo.

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Sawa es una adolescente cuya familia fue asesinada delante de sus propios ojos. Sola en el mundo, únicamente tiene de amparo a un policía corrupto llamado Akai, que la utiliza en su propio beneficio. Él y su socio Kanie la han entrenado para convertirla en una asesina segura y eficiente. Un día, aparece otro chico llamado Oburi, que también se encuentra bajo el dominio de la pareja, y a Sawa no acaba de hacerle demasiada gracia… Un guion sencillo que va progresando entre secuencias de violencia extrema y sangre, mucha sangre. Aun así, posee una sobriedad elegante que me recuerda a Blood, the last Vampire (2000), pero con bastante más enjundia que esta última (aunque sin tanto dinero detrás). Sawa es la estrella indiscutible, además del personaje mejor delineado y con una evolución fascinante. El resto son bosquejados a la manera impresionista, sin mucha precisión pero con los trazos necesarios para entender lo suficiente sobre ellos.

No son unas OVAs perfectas, pero sí sólidas. Están repletas de simbolismo y pequeños acertijos cuya solución suele ser inesperada, pero completamente lógica. La lástima es que solo sean dos OVAs, porque Kite Liberator, su secuela, no les llega ni a la suela de los zapatos. Es prescindible. A kite es un producto violento y descarnado, que no solo gustará a los seguidores del hentai, sino que tiene todas las papeletas para cautivar a los fans del thriller policíaco. Consejo: huid como de la peste de la adaptación cinematográfica estadounidense que se hizo de esta obra. Es caca. Una caca graaaande.

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Creo que sobra advertir que estos son mis gustos y esta es mi mini-lista. Y como podéis observar, no están ni Bible Black, ni Oni Chichi ni Ai Shimai ni ninguno de los cientos de hentai más que se os puedan ocurrir y opinéis son mejores. No sé si lo recordáis, panda de rufianes, pero este es un blog personal y no un artículo periodístico. No offence. También me doy cuenta de que esta entrada va a producir desagrado en algunos y el adiós en otros, pero qué le vamos a hacer, no se puede gustar a todo el mundo. El sexo y la pornografía son temáticas bastante susceptibles de herir sensibilidades a pesar de los pesares. No ha sido mi intención hacer ningún juicio de valor, y he procurado ser lo más aséptica posible, ya que para mí la sexualidad es solo una faceta más de la naturaleza humana. Ni mejor ni peor que otras, aunque siempre se esté utilizando como herramienta. Y sí, es muy cansino… pero ya nos hemos acostumbrado a esa hipersexualización de la sociedad, aunque ciertos tabúes sigan existiendo, claro.

Y esto ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.