Peticiones Estivales: el cine de Hitoshi Matsumoto

Y cerramos las Peticiones Estivales de este verano 2017 con la solicitud desde twitter de MR. Pines, que sugirió una entrada dedicada al actor cómico, músico, escritor y director de cine Hitoshi Matsumoto (1963, Amagasaki). Como se trata de un hombre bastante versátil, a pesar de que su faceta más conocida sea la de comediante, no sabía muy bien cómo enfocar la entrada; máxime teniendo en cuenta la brecha cultural que impide un acercamiento profundo al conjunto de todo su trabajo, al que además desde Occidente no es tan fácil de acceder. Por lo que opté por lo más sencillo, que es hacer un mini-especial dedicado a tres largometrajes que ha dirigido y protagonizado. Este trío lo he podido ir viendo a lo largo de los años porque, aunque no me considero una fan de su figura, ya que no he tenido demasiadas oportunidades de conocerlo como me habría gustado, lo que sí he catado me ha parecido siempre interesante. Y eso que lo mío no es precisamente la comedia, es un género que suelo encontrar, casi siempre, aburrido y cansino. Matsumoto es uno de lo cómicos más célebres del Japón actual, con una carrera amplia y variada que daría para escribir una gruesa biografía.

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Hitoshi Matsumoto (2016) por Kaokako

No voy a entretenerme mucho con sus datos biográficos porque son de dominio público, y la wikipedia hace un trabajo excelente en ese aspecto, pero no está de más destacar algunas cosillas que pienso son sustanciosas. Matsumoto nació en una pequeña ciudad cerca de Osaka, Amagasaki (de hecho él se considera osaqueño), región que es cuna de una rica tradición cómica. Su acento, el típico de la zona de Kansai, se relaciona con el humor, algo así como lo que sucede en España con las variantes del andaluz. Y como los andaluces, los osaqueños tienen fama de simpáticos y abiertos. De ese territorio es propia una clase de comedia stand-up tradicional llamada manzai, en la que se especializó Matsumoto con su compañero Masatoshi Hamada. El dúo owarai que formaron en 1982 y con el que alcanzaron la fama se llama Downtown; y es considerado uno de los más influyentes dentro del panorama de la comedia en Japón. Hamada interpreta al tsukkomi bajo el nombre de Hama-chan (el sádico de mal genio); y Matsumoto al boke bajo el nombre de Mat-chan (el masoquista de humor seco).

En Occidente no podemos hacernos una idea real de lo jodidamente celebérrimos que son estos dos truhanes; por lo que el impacto a la hora de ver las películas de Matsumoto no va a ser igual que para un japonés. Sin embargo, esto tampoco puede impedirnos disfrutar de lo más directo: su evidente gran talento. Hitoshi Matsumoto tiene una lista de trabajos larga y variada en televisión, radio, con libros y cortometrajes. Pero su estreno de largo en el cine no fue hasta el año 2007, con Big Man Japan, que es la obra con la que vamos a comenzar a repasar sus películas. Allá vamos.


BIG MAN JAPAN

(2007)

La familia de Masaru Daisatô salvaguarda el honorable trabajo de Hombre Grande. Su labor desde hace generaciones consiste en proteger Japón de los numerosos monstruos gigantes que lo acechan. Antes, este oficio tradicional era continuado por bastantes héroes; sin embargo, en la actualidad solo queda Masaru. Y su labor despierta muy, muy poco respeto y admiración. ¿Será el fin de esta noble profesión?

Big Man Japan es un mockumentary que parodia y a la vez critica. Tiene una doble función. No llega a la altura de mis amados Zelig (1983) o This is Spinal Tap (1984), que son clásicos imprescindibles del género, pero resulta bastante decente. Matsumoto retrata con perspicacia la figura del típico hombre japonés de mediana edad: separado y con una hija a la que casi no ve; de temperamento apocado, perezoso y cobardica, aunque de buen corazón. Carece de ambiciones y se refugia en la cotidianidad de una vida gris solitaria con su gato. Hasta que le reclaman para combatir contra algún engendro, claro. Quién iba a decir que una persona tan anodina fuera el principal adalid de la nación. Naturalmente, Masaru no está hecho para el oficio; vive a la eterna sombra del Gran Hombre IV (él es el VI), su abuelo, que se encuentra ingresado en una residencia de ancianos con posible demencia senil. Masaru es un desastre tanto en el trabajo, cuya resolución positiva resulta más bien fruto del azar; como en popularidad, ya que a causa de su torpeza y mediocridad el programa de televisión tiene audiencias paupérrimas. Es el hazmerreír de Japón. Pero él lo sobrelleva con una mezcla de estoicismo e indiferencia.

El film arranca de forma lenta, y mantiene un ritmo tranquilo y de tono melancólico hasta casi la última media hora, en la que explota la locura. Hay destellos de humor absurdo de vez en cuando, pero no es una película de gags; es la triste vida de este buen hombre, que por circunstancias de tradición familiar debe ejercer una labor para la que no está hecho en absoluto. Mediante la sátira del género tokusatsu, Matsumoto se las arregla muy requetebién para tirar de las orejas a la sociedad japonesa en general, a la que plasma adocenada, perdiendo paulatinamente su identidad. Nada nuevo bajo el sol: la habitual dicotomía tradición y modernidad del país, que llevan arrastrando desde la era Meiji. Y la sumisión histórica al norteamericano, por supuesto. Son los combates con esos kaijû alucinógenos los que hacen que la película se mantenga a flote hasta su desenlace, que es lo mejor, sin duda, de todo el largometraje. Postdata: no perderse los créditos.


SYMBOL

(2009)

Un hombre vestido con un ridículo pijama de lunares despierta solo en una habitación vacía, con cientos de gónadas infantiles cantarinas en sus paredes. ¿Es parte de algún experimento? Mientras, en una pequeña ciudad de México, el avezado guerrero de lucha libre Escargot Man deberá enfrentarse a un combatiente mucho más joven y vigoroso. ¿Superará su inseguridad para vencerlo?

Symbol la iba a incluir en el listado que confeccioné sobre cine bizarro japonés (entrada aquí), pero al final decidí no alargarme demasiado, ya que me parecía abusar de vuestra santa paciencia. Pero, tarde o temprano, tenía que aparecer por SOnC. Y aquí está. Es la película más extraña de las tres que se reseñan hoy. Con diferencia. También mi favorita, debo añadir. No tengo muy claro como enfrentar esta mini-reseña, pues es muy fácil spoilear el asunto. Sumamente fácil. Aparte de que no es una obra al uso. ¿Cómo explicar a alguien que jamás haya visto 2001: Una Odisea del espacio (1968) de qué va la película? No es que se encuentre a la altura este Symbol del clásico de Kubrick, pero tiene mucho del cineasta neoyorquino. Y para bien.

¿Qué se puede contar sobre Symbol? Pues se puede decir que son un par de historias, muy diferentes entre sí, pero que muestran a dos hombres atrapados en dos realidades sin sentido. La narración que tiene lugar en México es sorprendentemente respetuosa y cuidada; muy realista y cruda. Me gusta mucho. La trama que se desarrolla en la misteriosa habitación es una oda a la masturbación y una parodia del falocentrismo más absurdo. Con divertidas concesiones a la escatología de los pedos y el delirio mental. Ambas tramas convergen y, os aseguro, que es de manera bastante inesperada. El guiño-parodia a Kiss (oops, se me ha escapado) también es muy divertido. Sin embargo, lo más interesante de Symbol es que, una vez finalizada, su interpretación no será la misma para nadie. Fascinante.


SAYA ZAMURAI

(2010)

Kanjuro Nomi es una vergüenza para todos los samuráis. Es un cobarde y ha perdido el gusto por la vida tras la muerte de su esposa. Cuando es capturado por desertar, es llevado delante de su daimyô que le ordena cumplir con una obligación algo peculiar: tiene treinta días para conseguir que su hijo ría. Si no lo logra, su destino será cometer seppuku.

Y Hitoshi Matsumoto aterrizó por un rato desde las alturas de sus alucinaciones surrealistas para realizar una obra mucho más convencional: un jidaigeki. Y tan convencional es que, desde mi punto de vista, flojea un poquillo. Y si se la compara con sus predecesoras, directamente no hay color. También es verdad que es mucho más accesible y que las posibilidades de que guste a una mayoría del público se disparan a un millón. Pero a mí no me ha terminado de convencer. Quizá se deba a que su estructura cíclica acabó aburriéndome;  o que la comedia es mucho más ligera y complaciente. Y que se huele a leguas el final. No hay nada que me fastidie más que un desenlace previsible, sobre todo si el desarrollo de la obra ha sido también pronosticable. No pude disfrutar bien de su humor; y eso que los gags en sí eran de verdad hilarantes, al principio muy sencillos, luego más elaborados (como siguiendo una evolución), pero en un contexto tan incoherente que los hacía brillar con una luz especial. Sin embargo, el azuquítar espolvoreado me sentó como un tiro. La noción de ternura que los japoneses y yo tenemos no coinciden demasiado. A lo mejor es que, simplemente, echaba de menos la presencia de Matsumoto en el guion y la pantalla.

No obstante, tengo que admitir que la realización técnica, la fotografía y su dirección artística son notables, muy elegantes y sin estridencias. Con buen gusto por los pequeños detalles. Las claras influencias del mundo del manga y el chanbara setentero también son de agradecer. Y Sea Kumada, que interpreta a la hija del samurái, Tea, es la auténtica sorpresa del film. Solo por ella merece ya la pena verlo, complementa a la perfección el boke de Takaaki Nomi. En realidad los secundarios de este film adquieren cierto relieve, que por otro lado es necesario, ya que la pasividad del personaje de Nomi puede llegar a ser exasperante. Quizá por eso se pueda llegar a experimentar un leve goce sádico viéndolo sumido en ciertas circunstancias.

 


No se trata de las críticas más elaboradas del mundo, pero sirven perfectamente para que los que no sepáis de las películas de Hitoshi Matsumoto, podáis haceros una idea. Faltaría una para completar su, hasta el momento, filmografía, R100 (2013); pero como todavía no he tenido la ocasión de verla, no se encuentra en esta entrada. Imagino que cuando me haga con ella tendrá su correspondiente reseña. No sé cuándo será eso, tampoco tengo prisa.

Matsumoto se considera a sí mismo un hombre poseído por el espíritu de la interpretación (hyôi-geinin), que me parece una forma muy japonesa de declarar que es todo un actorazo. Sin más. Ya solo por eso, estas tres obras merecen un visionado; además de que es la única manera, por ahora, de conocer su figura mejor en Occidente. Tres films bastante distintos entre sí, pero que amparan al mismo genio creativo: un hombre polifacético y con un sentido del humor bastante personal. Matsumoto deslumbra interpretando al ser humano corriente inmerso en situaciones estrambóticas y que desafían a la razón. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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¡Miau! – exclamó Junji Itô

Junji Itô es uno de los mangakas más interesantes del panorama actual de terror. Escribí una reseña , hace miles de años ya, sobre su comeback al género después de un hiato de 8 años durante el cual se dedicó, una temporadita, a dibujar mininos. Y es de esos mininos de los que voy a hablar hoy.

Tomodomo tuvo a bien publicar esta obra en España (¡mil gracias!) en una bonita y completa edición de tomo único. Itô Junji no Neko Nikki: Yon & Mû o, traducido al español, El diario gatuno de Junji Itô: Yon y Mû. Incluye fotos de los bichitos, preguntas de los lectores y un epílogo bastante gracioso. Por supuesto, me hice con ella en cuanto pude. Lo malo es que, entre una cosa y otra, he dejado la reseña de este manga en barbecho demasiado tiempo para lo que era en principio mi intención. Desde noviembre y a medio escribir (como tantas otras entradas). No podía ser esto ya.

Mi móvil-patata hace fotos patateras, pero esta es Isis indignada por apoyarle el manga en la panza
Mi móvilpatata hace fotos patateras, pero ahí tenéis a Isis, toda indignada, por apoyarle este manga en la panza. GATA MALA.

Qué raro que Junji Itô se decidiera a publicar un manga orientado a la comedia, ¿verdad? Pues no, no es raro. El que conozca un poco a Itô sabe muy bien que el humor suele estar presente en sus mangas ya que, siendo todavía amateur, dibujaba también comedia. No son géneros incompatibles. De hecho, cuando se unen dosificados adecuadamente, surgen obras gloriosas. Aunque esto no implica que la combinación esté libre, ni mucho menos, de derivar hacia algo bastante indeseable: el ridículo. Una relación algo peligrosa esta la del terror y la comedia. Pero, ¿qué tenemos aquí? Pues una comedia que utiliza los recursos del terror. Los recursos y tics propios de Itô, lógicamente. Una lectura ligera y sin pretensiones, cuyo mero objetivo es divertir al lector. Punto. En mi caso lo consiguió de largo.

tomodomoito

Este Diario gatuno es una especie de autobiografía, en tono de parodia, estructurado en episodios individuales. Nos cuenta los avatares cotidianos a los que se enfrenta cualquier persona que comparta su vida con estos pequeños felinos; y está repleto de anécdotas muy simpáticas (y asquerosas también, es lo que tiene). El enfoque es el de una dog person (el mismo Itô) que, además de los consabidos escrúpulos, tiene cierto miedo a los gatos. Y de ahí partimos: Itô es un maestro del terror que no se corta un pelo en aplicar su pericia en esas lides para presentarnos a dos bonitos mininos de comportamiento y naturaleza inquietantes… como mínimo.

Yon

Sus dos compañeros felinos, y protagonistas absolutos del manga, son Yon y Mû. Yon es un gato algo malcriado y de actitud dominante, el favorito de su esposa A-ko. De manera subrepticia lo ha colado en su recién estrenado hogar común. En él Itô vuelca gran parte de sus recelos y delirios alucinógenos: en su lomo cree percibir una calavera, en algún momento lo confunde con una babosa gigante deslizándose por un oscuro pasillo, etc, etc, etc. Es un gato maldito. Mû llega a la casa poco después, y es de carácter mucho más apacible… aunque en el instante menos esperado muerda como un tigre. Piquimiau.

Itô va encariñándose con los dos peludetes, llegando incluso a quererlos con locura, y se acostumbra a sus misteriosos hábitos y repentinos cambios de humor. Busca su amor y aceptación de forma activa, aunque con resultados… variopintos. Hay momentos verdaderamente hilarantes (la caca-vómito es magistral) que tanto los amantes de los gatos como los que no lo son, disfrutarán seguro. Este Diario gatuno no está dirigido solo a los fans de estos animalitos, pero los que convivimos con ellos, no puedo negarlo, apreciaremos más. Las típicas actitudes y acciones gatunas están tan bien detalladas en el tebeo que la complicidad surge de manera natural.

piquimiau

También me ha encantado como se ríe de sí mismo Itô. Se retrata como una especie de víctima paranoica, impotente frente al caos felino que se desata a su alrededor. Nadie parece estar en su sano juicio, su maquiavélica prometida tiene hasta ojos de zombie (jojojo) y la familia de esta parece a ratos una cuadrilla de dementes que no paran de reír. En esa atmósfera insana, donde el pobre de Itô no sabe si ha perdido la razón también (sí, lo ha hecho MUAHAHA) se desarrolla este manga. Pero todo a baja intensidad, recordemos que es una comedia, no Gyo, y su objetivo es hacernos sonreír. Es una excelente caricatura, además, de su propio estilo.

El arte del mangaka es el mismo al que nos tiene acostumbrados, detallado y preciso; con esos arranques impactantes de enajenación y deformidades varias. No decepciona. Tampoco creo que vaya a defraudar al lector habitual de Itô, a pesar de que no se trate de una obra de terror. A mí personalmente me ha resultado muy interesante este registro del autor. Se le nota cómodo y ha sabido gestionar muy bien sus recursos para crear un manga ameno y original. A pesar de que hay historias más atinadas que otras, todas tienen su cosilla; y en conjunto es un buen cómic.

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Hazle el chupchup, Yon, que está sufriendo

¿Lo recomiendo? ¡Pues claro! Este Diario Gatuno no va a cambiar el rumbo de la galaxia, desde luego, y aunque es más bien una curiosidad en la lista de las obras de Itô, no me importaría para nada leer un tebeo suyo del mismo tipo otra vez… si se animara a hacerlo. Yo no cerraría esa puerta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Cuatro episodios primaverales II

Esta no va a ser una entrada muy larga (¡ejem, voy a intentarlo!) ya que, sencillamente, se trata de un remate necesario a esta primera parte. Más que nada, comentar un poquillo los anime a los que me he reenganchado después de abandonar otros… que son únicamente dos.

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“Cerezos en flor en Mukojima por la noche” de Kobayashi Kiyochika (1915)

Ninja Slayer

ニンジャスレイヤー フロムアニメイシヨン

Y aquí tenemos la serie incomprendida de la temporada. Y todo por esa famosa animación de la que casi todo el mundo echa pestes. Me parece que una mayoría no ha captado el quid ni por asomo de este anime. Queridos, esa animación cutre, es intencionada. Y no es que sea cutre, intenta rescatar el tipo de imagen y atmósfera de los videojuegos de los ochenta. ¿Nadie ha jugado al Street Fighter 1 y 2Ese es el rollo, que los japoneses no lo desprecian por ser anticuado, sino que lo homenajean con nostalgia y consideran tiene su importancia histórica; tanta como para utilizarlo de recurso estilístico en una serie. Pero es que encima no es siempre así, Ninja Slayer juega con una gran diversidad  de texturas y estilos para evocar diferentes emociones y ambientes. Experimental a tope. No es uniforme, que es lo que habitualmente se ofrece; y como no es un producto homogéneo a nivel visual, lleva un ritmo vertiginoso y aparentemente caótico… pues natural que algunos hayan puesto el grito en el cielo. Ninja Slayer es un producto netamente japonés dirigido a mentalidades japonesas. Además es como una parodia, una burla hacia la concepción típica que tenemos los occidentales sobre los ninja y los bajos fondos nipones; se están riendo de ellos mismos y, a la vez, de nosotros. Y esto solo referido al arte. A mí, personalmente, me ha gustado mucho, y lo comentaba con un buen amigo por facebook además: ¡qué cojonazos más grandes han tenido para sacar adelante una serie así!

¿La voy a seguir viendo? Pues no. Ahora mismo no estoy en el mood para esta clase de anime. Lo dejo en barbecho junto a Owari no Seraph. ¿La recomiendo? De momento sí, pero solo a amantes de las ensaladas de hostias y venganzas sudorosas. Ah, y que no falte el sentido del humor, claro, sin él el guión de esta serie se podría considerar casi como un insulto.

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Punch Line

パンチライン

No las tenía todas conmigo respecto a este anime, porque el ecchi, el posible fanserviceme daban grimilla. Pero estos cuatro capítulos me han gustado. Además sale un gato cabrón, que seguro es familia de mi Isis, así que no lo podía dejar atrás. Y un osito. Me encantan los ositos. Ah, y una tortuga muerdescrotos.

Partiendo ya de la base de que tiene un argumento completamente absurdo, la comedia demente tenía que ser a la fuerza una de las grandes bazas de esta serie. Y con eso me he encontrado. Reconozco que el fanservice es comedido y no especialmente molesto, así que he podido disfrutar estupendamente en estos episodios de hemorragias nasales, bailes estúpidos, diálogos irracionales, leñazos a tutiplén y situaciones loquísimas. PERFECT. Pero además, y eso es lo mejor, resulta que Punch Line tiene un trasfondo del que, poco a poco, vamos aprendiendo. Y además hay varias líneas argumentales secundarias, que deduzco confluirán, bastante prometedoras. No es solo una comedia disparatada con bragas y tetas calentando al personal. De todas formas, estando MAPPA detrás, habría resultado decepcionante que hubiera resultado así. Lo único que está haciendo que me salten las alarmas un poco es el pastilleo de Mikatan… imagino que algo de drama es inevitable; solo espero no lo planteen muy edulcorado o le quitaría mucho encanto a esta serie.

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Bueno, al final sí que me ha salido una entrada cortita, casi no me lo puedo creer. Aunque tampoco podía enrollarme mucho siendo solo dos anime a comentar. Las segundas temporadas de Sidonia no KishiFate/Stay Night las estoy siguiendo también, a pesar de que no tenga pensado escribir sobre ellas; y, como ya sabréis los que leéis esta bitácora, no haré reseñas semanales. Únicamente cuando queden un par de semanas para finalizar la temporada, haré una razzia de las mías donde destriparé todas las series. MUAHAHAHA. Es broma.

Que paséis buen fin de semana.