Peticiones Estivales: Sekine-kun no Koi

Inauguramos las Peticiones Estivales de este 2017 con un manga algo particular. No es la primera vez que escribo sobre él, pues en un ya lejano 2014 lo incluí dentro de un listado de tebeos inconclusos que no conseguían aterrizar en Occidente por un motivo u otro. La entrada en la que aparecía era esta, perteneciendo a esa sección de nombre ridículo y ostentoso que es la Galería de los Corazones Rotos. El cómic en cuestión es Sekine-kun no Koi de Haruka Kawachi, y se encontraba finalizado hacía tiempo. El problema consistía en una perseverante ausencia de scanlations (y sus correspondientes traducciones), además de la preocupación lógica por la misma obra, que parecía haber sufrido un final precipitado debido al cierre de Manga Erotics F, revista donde se estaba publicando. Había motivos justificados para la desazón, ya que, por añadidura, la historia se encontraba varada de tal forma que resultaba difícil predecir su desenlace.

Sin embargo, a lo largo de este 2017 fueron desgranándose los episodios que restaban y Gabriela Ip, la cual según comentó en twitter conoció Sin Orden ni Concierto gracias a Sekine-kun no Koi, solicitó hace unas semanas su necesaria reseña final. Gracias, Gabriela, por fin está aquí; por fin podemos curar ese pedacito de kokoro que Los amores de Sekine mantenían escupiendo bilis. ¿Ha merecido la pena la espera? ¿Ha estado a la altura de lo que prometía? Haruka Kawachi es una mangaka bastante peculiar. Mucho. Y eso en este cómic se nota, para bien y para mal.

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Sekine-kun se hace unos spaguetti mientras reflexiona sobre el infinito con su característico rictus de sonámbulo.

Cuando terminé de leer este manga, me dio la terrible sensación de que su protagonista era en realidad yo misma, pero con un cromosoma Y. No porque sea una mujer infalible en todo lo que me proponga, o porque resulte ser una rompecorazones, para nada. En eso, la verdad, somos diametralmente opuestos. Sino por su falta completa y absoluta de habilidades sociales, su incapacidad para gestionar las emociones, y la preocupante tendencia al aislamiento y a darle vueltas a todo de manera random y obsesiva. Esa soy yo. Y no suele ser agradable verse reflejado tan claramente. Comento esto porque, a causa del vínculo generado, creo que no voy a poder escribir una reseña todo lo objetiva que me gustaría. No obstante, este sigue siendo un blog personal, por lo que tampoco sería algo muy grave. Pero advertidos quedáis, mi apreciada otaquería.

Keiichiro Sekine es un hombre de 30 años con un buen trabajo, bastante agraciado y que disfruta de una vida que, aparentemente, es la perfecta de un soltero. Pero Sekine-kun no sonríe nunca, Sekine-kun no tiene ninguna inclinación o aprecio por nada de lo que le rodea, Sekine-kun se siente vacío. Considera su existencia vana, inmersa en un océano de indiferencia, con alguna tormentilla irritante esporádica, pero sin sentido ni propósito. No es feliz en absoluto. Sumido en la pasividad de la resignación, espera un estímulo que lo inspire, llene y lo ponga en movimiento. Esta situación vital es la que ha padecido desde la niñez, no se trata de una etapa puntual. ¿Quizá porque siempre ha tenido que soportar abundantes afectos indeseados (e invasivos)? Crear una armadura para protegerse desde la infancia le ha provocado una especie de cortocircuito emocional que ahora le impide conectar con sus sentimientos adecuadamente, convirtiéndolo en un gaznápiro, sobre todo en cuestiones sociales y sentimentales. Por eso ha aprendido, por ejemplo, a ignorar las lágrimas que de repente brotan de sus ojos sin aparente motivo. Sekine-kun es consciente de su problema, de ahí que se haya puesto manos a la obra para solucionarlo. Sin embargo, las cosas no transitarán por la ruta prevista.

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A gentleman good at knitting is not good at knitting the love

Dejándose mecer por el azar, topa con una pequeña tienda de tejidos y manualidades donde cree hallar un pasatiempo donde volcar sus ansias por amar algo. Pero el dueño de ese comercio, un anciano extravagante, en vez de enseñarle a tricotar, lo introducirá en los secretos de la prestidigitación con cartas. Tan extrañamente como surgió, el abuelete desaparece, dejando el negocio en manos de su nieta, Sara Kisaragi. Esta retomará con Sekine las clases de hacer punto y, a partir de ahí, nuestro protagonista tendrá la oportunidad que tanto deseaba para sanar. Las circunstancias se irán embrollando e iremos conociendo, a su vez, más de la personalidad de nuestro hermético amigo. Chispas de su pasado que ayudan a comprender un poquito mejor sus motivaciones y errática manera de pensar.

Los que hayan leído ya algo de Haruka Kawachi, como por ejemplo Natsuyuki Rendezvous (2011) que fue publicado en español gracias a Tomodomo, encontrarán el compás sosegado de su estilo y la delicadeza de sus retratos psicológicos. Es minuciosa, sobre todo con Sekine-kun, y resulta fascinante observar sus acrobacias neuronales, los pasos que siguen sus reflexiones. Muy naturales, muy humanas. Él es un hombre atractivo que conquista mujeres sin desearlo, provoca envidia y asombro por su infalibilidad en toda empresa que acomete; y, sin embargo, siente que su vida no tiene sentido. Está muerto por dentro… de éxito. E intuir que él es el responsable directo de su fracaso existencial lo conduce a un autodesprecio devastador.

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Esta podría ser la típica historia de un bishie que se lleva al huerto a la chica normalita, a pesar de tener a sus pies a todas las bellezas de Tokio. Pero no, la mangaka parte de esa base, pero otorga a Don Perfecto un temperamento insólito que lo hace víctima de todo tipo de situaciones ridículas y tristemente reales. Al menos para los introvertidos lo son. La metáfora continua que resulta el desenredar, tejer, deshacer y volver a trenzar la lana, es el reflejo de su evolución personal. El objetivo amoroso, Sara Kisaragi y el resto del elenco de secundarios no están tan desarrollados como Sekine, pero mantienen firme al argumento y su desarrollo. Sara es inteligente y muy salada, bastante creíble. No se hace insoportable ni cursi como suele ocurrir con los personajes femeninos del shôjo/josei, y tiene las ideas claras. El antagonista, Dôjima, bastante más cliché, quizá sea el que más flojea de todos, aunque Kawachi intenta brindarle en los últimos episodios cierta dignidad.

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Si tengo que ser sincera, hasta el volumen 4 Sekine-kun no Koi es un manga chispeante y diferente, centrado sobre todo en la personalidad del protagonista y sus pequeños avances hacia el autoconocimiento. Él es el centro en torno al cual gira todo, y no molesta particularmente porque los secundarios están bien bosquejados, algunos de forma graciosa y caricaturesca, adaptándose muy bien a su pausado slice of life. Un argumento espontáneo y fresco, que aunque no espectacular, sí resulta imprevisible. Es a partir del último y quinto tankôbon cuando se despeña hacia el estereotipo y una resolución clasicona. Ha sido un poquillo decepcionante porque, hasta ese momento, Los amores de Sekine se mostraba como un josei comercial pero no ordinario, con un personaje principal interesante y un argumento salpicado de chiribitas surrealistas y cálida ironía. Su desenlace no ha estado a la altura de las expectativas. ¿Quiere decir esto que Sekine-kun no Koi es un mal tebeo? Nada de eso. Simplemente, Haruka Kawachi optó por introducir elementos tradicionales en su obra, configurando un manga más conservador de lo que parecía prometer. Lo finiquita de manera solvente, no obstante es notorio que lo hizo porque la serie iba a cancelarse debido al cierre de Manga Eroctics F. Quiso darle un término coherente, pero no resultó brillante. Una lástima.

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¿Recomiendo Sekine-kun no Koi? Sí, a pesar de esa conclusión menos trabajada que recurre a los habituales tópicos, es un cómic tranquilo y diferente, que no cae en el sentimentalismo almibarado de la demografía y ofrece una visión del enamoramiento divertida. Es una comedia romántica eficiente y con la bastante sutileza para no empalagar. Podría haber sido un cómic mil veces mejor, pero las circunstancias no siempre acompañan a los autores. Y Los amores de Sekine podrían haber sido mucho, mucho más. También admito que si Tomodomo se animara a publicarlo por estos lares, lo compraría sin dudarlo porque, en conjunto, me ha parecido mejor hilvanado que Nieve en Verano. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Tránsito XI: 3 josei para leer bajo el edredón comiéndote las uñas

Ya hemos dejado atrás el 31 de octubre y 1 de noviembre, pero no podía prescindir de esta entrada. Además no iba a dejar reposar el texto hasta el 2017, ¡quién sabe lo que puede ocurrir en un año! Por lo que cerraremos con ella los Tránsitos del 2016.

El título que le he cascado es una exageración, pero sí os garantizo que son cómics perturbadores. Además de esta manera aprovecho para presentaros tres autoras actuales que están haciéndose un hueco en el panorama del manga por méritos propios. No sé si representan una nueva generación o un movimiento concreto en el tebeo independiente, pero comparten cualidades en común. Y se alejan bastante del producto estándar. A la vanguardia no hay que perderla de vista nunca, amiguitos.

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Una de las características más importantes de la ciencia-ficción, tal como indica su nombre, es poseer una base científica especulativa verosímil y prolija en sus detalles. U (2010-2012) de Machiko Kyôa pesar de estar embalada con los rudimentos del género, no cumple esa premisa. Al menos no al pie de la letra. Kyô-sensei prefiere tomar derroteros más truculentos, de índole casi fetichista, para ilustrarnos acerca de esta historia sobre clones humanos. Fue publicada en Manga Erotics F y consta de un único tankôbon de 11 capítulos.

Una vez que terminé de leerlo, no pude evitar pensar que Môto Hagio se sentiría muy orgullosa de este manga, pues tiene mucho de las ideas que introdujo en sus obras. Me recordó algo al one-shot Hanshin (1984) por cómo gestiona el resentimiento o las emociones más básicas; pero, evidentemente, Machiko Kyô dispuso de 11 hermosos capítulos para desarrollar un argumento bastante más turbio y retorcido.

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Yu y su hermana gemela Ai son muy distintas en realidad. Yu es tímida y apocada; Ai extrovertida e impetuosa. Yu trabaja en un laboratorio junto a su amor platónico el doctor Mizuno, célebre genetista dedicado a un proyecto secreto de clonación. Yu no está sola, a pesar de que su gemela se encuentre en Norteamérica con un nuevo novio. Yu tiene una copia de sí misma a su lado, un clon; y acostumbrada a vivir con una persona idéntica, no se siente incómoda. De hecho encuentra que es una ventaja, pues su doble no es tan insegura como ella y ha hecho avances importantes en su relación con el doctor Mizuno.

Pero los clones tienen fecha de caducidad: 12 horas. Después de su transcurso, quedan reducidos a una masa de gelatina informe de la cual solo es reconocible el soporte genético principal, la lengua. Sin embargo, la copia de Yu ha encontrado una forma de sortear ese inconveniente; y la pequeña doctora Nishimura, entrometida y malcriada, también se ha percatado de ello… tachán-tachán. Más o menos así Machiko Kyô nos plantea un manga con numerosos recovecos, intrigas y varios ases en la manga.

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U juega con el minimalismo y la ingenuidad de su estilo infantil para crear un fuerte contraste con el argumento. La acuarela suaviza la dureza y extravagancia que brotan con naturalidad por las viñetas, porque se trata de un manga muy serie B.  Aunque su envoltorio sea pulcro y simple. Por eso desconcierta en un principio, y fascina la antítesis que expone. Los que tengáis el corazón sensible no tenéis de qué preocuparos, porque todos los elementos bizarros, aunque rotundos, quedan mitigados por un arte candoroso.

Desde luego U es un tebeo fluido que se lee del tirón. Su argumento engancha a traición, complicando la trama conforme avanza y haciéndola terrible y divertida al mismo tiempo. Repito: muy serie B todo. La mangaka además solo explica lo más básico del contexto, obligando al lector a centrarse en las relaciones personales entre copias y originales, sus pensamientos y decisiones. ¿Puede un clon superar a su primario? Esa es la gran pregunta. Y toda la riada de sentimientos que genera en las copias, dudas existenciales también de muy difícil resolución. No se trata de un cómic especialmente filosófico, pero hace reflexionar y sabe mantener la expectación con sencillez. Encima tiene una serie de giros a la manera de Hitchcock bastante entrañables, por lo que aumenta todavía más su interés.

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La sexualidad humana es poliédrica de forma natural, y en este Memento Mori (2013) Fumiko Fumi no tiene ningún problema en mostrarnos esa complejidad mediante su protagonista, Meno. No se trata de un manga enfocado en el sexo, conste en acta, pero su función resulta una apuesta seria dentro del argumento. Sobre todo para entender su psicología. Pero comencemos por el principio: memento mori es una frase latina que podríamos traducir algo así como “recuerda que vas a morir”. Ha sido motivo de inspiración para numerosos artistas y escritores a lo largo de los siglos, y a Fumi-sensei le ha servido para crear un manga bastante inquietante. Consta de 7 capítulos que fueron publicados por Feel Young.

Memento mori es en esencia un slice of life. Punto. Solo que sus dos personajes principales, Meno y Kurokawa, no son adultos normales y desde un inicio establecen un vínculo emocional insólito. Además voluntariamente. Dadas sus personalidades, era inevitable que gravitaran uno en torno al otro hasta colisionar. Los secundarios, aunque no estén delineados con mucha precisión, son los que aportan esa sensación de realidad cotidiana al cómic, calmando un ambiente que sin ellos sería como poco violento.

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Meno es una mujer joven con un profundo vacío interior. Se siente culpable por la desaparición de su hermano en un bosque donde solían jugar juntos. Nunca se ha recuperado de ello. Pero una persona en el velatorio de su abuela le hizo volver a ser feliz por unos instantes: el empleado de la funeraria. Así que decide buscar trabajo en unas pompas fúnebres, como una forma rara de consuelo, topando fortuitamente con el caballero que le brindó alivio: Kurokawa. Pero este hombre, que en realidad dirige el negocio, tiene un carácter tan desagradable que no ha logrado retener un ayudante más de un mes a su lado. Hasta que Meno, a la que todo el mundo llama Meme por error, llega a la empresa, claro.

Nadie se explica cómo Meno aguanta sus continuas humillaciones e incluso amenazas de muerte, pero ahí sigue ella. “¿Eres masoquista?”, le preguntan. Meme no responde, pero en realidad sí lo es, y se ha enamorado de Kurokawa de manera genuina. Él tampoco es así de hiriente por casualidad, todo forma parte de una máscara para ahuyentar a la gente. Como imaginaréis, es un hombre con pasado.

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¿Es Memento mori un josei romántico? Pues algo de romance tiene, qué duda cabe, pero Fumiko Fumi no vaga por las sendas habituales. Cierto que es el manga más corriente de los tres; corriente en el aspecto de que utiliza elementos reconocibles y habituales en las obras comerciales, incluso el arte es candoroso y de líneas simples. Pero que eso no os lleve a engaño. Memento mori es tortuoso, a ratos incómodo, y no tiene piedad. La corrección política brilla por su ausencia, ante todo por cómo trabaja el humor. Y plasma bien la mecánica de los negocios dedicados a la muerte, lo que puede turbar un poco. Aun así deja buen sabor de boca y es interesante recorrer los pasadizos afectivos de Meno y Kurokawa. Un tebeo interesante para leer en soledad.

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Y dejando atrás estilos más aniñados, cerramos el Tránsito de hoy con una mangaka de arte muy clásico y enérgico. Aun así, posee un aire contemporáneo indudable, con una elección de los planos original y delicada, muy cinematográfica. Es mi autora favorita de las tres, y ya hablé un poquito sobre ella en la entrada dedicada al dôjinshi Alenzyas (2015).

Equus (2011) de Est Em no es un manga dedicado al terror, pero cuando me topé con él por primera vez reconozco que me dejó bastante con el culo torcido. Es extraño: centauros, hombres y sexo. ¿Lo podríamos considerar un yaoi con un toque de zoofilia? ¿Es material comestible para las insaciables fujoshi? Grandes misterios del universo, soy incapaz de responder a esas preguntas. Lo que sí puedo deciros es que Equus es un tebeo estupendo, y que lo recomiendo a todo el mundo, le guste el BL o no. Est Em publicó otro manga de temática similar, Hatarake, Kentauros! (2011), que no he tenido todavía la oportunidad de catar; pero si solo resulta la mitad de bueno que este Equus, merecerá la pena hincarle el colmillo. Tarde o temprano lo devoraré.

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Equus es un conjunto de 6 relatos cortos distribuidos en 8 capítulos. Todos son de espíritu diferente, pero poseen una cosa en común: los centauros. Centauros como criaturas casi inmortales, que ven pasar la existencia de los humanos como un borrón; pero de profundos sentimientos y habilidades sobrenaturales. Las historias llevan por título el pelaje del centauro protagonista: grullo, alazán, blanco y negro, leopardo, tordo y bayo plateado. Y algunas tienen escenas de sexo bastante explícitas… interespecie. Pero Est Em lo sabe llevar magníficamente, no hay lugar para el morbo gratuito. Resulta todo muy natural. En algunos cuentos el sexo tiene especial protagonismo, en otros es inexistente. Pero ninguno se libra de una potente carga emocional. Tienen cierto regusto melancólico muy hermoso y triste a la vez, pero sin excesos sentimentales. Creo que es esa languidez tierna la que me ha conquistado de este Equus, y lo ha colocado en mi top actual de BL.

Es curiosa la parquedad de un par de estas historias, esbozadas de forma impresionista con un par de pinceladas aquí y allá, sin embargo de una eficacia a la hora de transmitir flipante. Soy fan del “menos es más de Mies, y en Equus encontramos ese planteamiento totalmente sublimado. Utilizar los recursos básicos con sabiduría, como la luz, planos cortos o detalles fuera de campo, puede impactar muchísimo más que una explosión barroca. En eso Est Em resulta una auténtica maestra.

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Los cuentos que más me han entusiasmado han sido los dos últimos: Tordo y Bayo plateado. Son mis preferencias personales, no estoy diciendo que sean los mejores (hay que saber distinguir entre una cosa y otra); y, por supuesto, los cuatro restantes me han gustado mucho también.

Tordo nos retrotrae a un momento impreciso del Periodo Sengoku (1467-1603) a través de la memoria de un centauro, que ha servido fielmente a un clan de samuráis durante siglos. A nivel visual es deslumbrante, pues podemos admirar al sagitario en plenitud, aunque con galas japonesas: el yabusame. Se trata de una historia tradicional sobre el honor y la lealtad; de cómo el tiempo y las generaciones se suceden, pero la fidelidad del centauro Harukoma se mantiene inamovible. Muy emotiva. Bayo plateado es bien distinta. Se desarrolla en tres capítulos con un acento BDSM evidente. Es el relato sobre un centauro sin nombre sometido y maltratado durante años por una familia que lo considera un mero objeto sin voz ni alma. Pero cuando el heredero y nuevo amo le ofrece la oportunidad de escapar, la desdeña. Decide continuar viviendo humillado, a la espera de que su señor se acerque a él. Un cuento sobre el dolor y el amor perdido, cruel pero precioso.

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Y hasta aquí llegaron los Tránsitos de este 2016. Al año que viene no sé si esta bitácora seguirá funcionando, porque aunque mi intención sí sea mantenerla, cada vez dispongo de menos tiempo. Voy a procurar buscarle un espacio al menos una vez a la semana… y finiquitar las entradas que tengo a medias supongo que también ayudará a sustentar cierta constancia. O eso espero. Nos leemos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Dôkyûsei

Pues sí, una nueva edición de esta sección que tuve abandonada vilmente casi un año… y ahora en cuestión de menos de un mes, dos entradas. ¿No querían caldo? Pues hale, se atraganten ustedes. Sin embargo, tranquilos, el post va a ser cortito.

Llevaba tiempo esperando, desde que estrenaron su adaptación animada, a que un alma caritativa subiera Dôkyûsei con los subtítulos pertinentes. Dudo muchísimo que llegue a estrenarse en España (pero quién sabe); y mucho menos que se publique en BluRay, aunque en Estados Unidos sí que saldrá a la venta en septiembre al módico precio de 75 pavosMuy bien todo, ¿no? Servidora no es millonaria, pero desde siempre ha hecho sus pequeños gastos en libros, cómics, música, cine, etc. Lo que el bolsillo me ha permitido. La segunda mano también la frecuento bastante, pero 75 dólares por una película se sale por completo de mi presupuesto. Soy pobre, por lo que me seguiré conformando, de mil amores además, con los mangas que Tomodomo tuvo a bien editar bajo el nombre de En la misma clase.

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Isis, la Guardiana del Manga

No soy especialmente fan del yaoi, la verdad. El BL me ha dado siempre un poco igual, pero me sucede lo mismo con cualquier tipo de obra que tenga como tema principal el romance. Me cansan los tópicos que se repiten una y otra vez y suelo coger mucha manía siempre a un miembro de la pareja. El que sea. Con Dôkyûsei no me ocurrió. La primera sorprendida fui yo misma. ¿Por qué?

Pues porque Dôkyûsei tiene clichés a cascoporro, los clichés típicos encima del romance. Cuenta una historia rematadamente sencilla: chicos de temperamentos complementarios se conocen y, sin darse apenas cuenta, se enamoran. Como escribí por aquí hace ya un tiempo, un back to basics inteligente y bien conducido. Que no será el colmo de la originalidad, pero tampoco hace falta crear algo demasiado alambicado para narrar un excelente relato. Nakamura, con los ingredientes más simples, ha conseguido engendrar un cuento con eficacia y ternura sobre el manido paso de la adolescencia a la madurez, la sexualidad y el amor. Y eso es un mérito. También es un meritazo el haber trabajado el tema del rechazo social con honestidad y, a la vez, perspicacia. Porque no nos engañemos, la homosexualidad todavía genera gran cantidad de prejuicios. Eso siendo amable. Nakamura no se limita a contentar a la audiencia femenina ávida de idilios entre bishies de esqueleto lánguido. Uno de los defectos que le encuentro al yaoi, precisamente, es esa forma que tiene de desentenderse del contexto. Me refiero en general, porque existen tebeos y tebeos; pero la idealización absoluta, en ocasiones deformación, que se hace del amor es muy llamativa. También sucede en el mundo del shôjo o el josei, btw.

Pero estoy divagando. Lo que realmente quería declarar es que la autora no ha olvidado ese contexto. Y aunque no tiene por qué ser obligatorio el soplo reivindicativo, es de agradecer que Nakamura haya escrito Dôkyûsei con los pies algo en la tierra. Ojalá no fueran necesarias estas mini-labores pedagógicas, pero el mundo está como está.

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Dôkyûsei tiene el argumento más viejo del mundo, pero también el que más gusta a la gente: el del primer amor. Hikaru Kusakabe y Rihito Sajô son dos mozalbetes que van a un instituto masculino. Nunca se han hablado, nunca se han fijado el uno en el otro, hasta que un día Kusakabe, que toca la guitarra en una banda, se percata de que Sajô finge cantar en la clase de música. Sajô, estudiante aplicado y de naturaleza reservada, no canta. Y eso despierta la curiosidad de Kusakabe. Así que, dejándose llevar por su impulsividad, le ofrece ayuda para poder llegar al día de la actuación del coro con la canción sabida. Pero lo que ninguno de los dos sabe es que, lentamente durante el tiempo que han ido ensayando solos, ha surgido algo más entre ellos.

Sajô es consciente de su orientación sexual y de los problemas que puede acarrearle. Ha aprendido a aislarse, ser discreto y abstraerse en sus estudios, donde destaca con brillantez. Pero sus compañeros ya saben que es uno de esos. Kusakabe nunca se planteó que pudieran gustarle los chicos y, a pesar de que le sorprende haberse enamorado de Sajô, lo acepta con naturalidad. Es directo, extrovertido y muy efusivo, pero honrado con sus sentimientos. Sajô piensa que es una etapa para Kusakabe, opinión que ve reforzada por el parecer del profesor Hara, un hombre de carácter atrabiliario que ofrece a ambos la perspectiva de su experiencia como gay en una sociedad que no lo acepta. Pero respecto a Kusakabe, tanto Hara como Sajô están equivocados. No es una fase. Además Kusakabe se ha dado cuenta de que Hara anda medio enamoriscado de Sajô; y eso espolea sus celos, haciendo que la relación avance y prospere.

De eso va esta obra, de las subidas y bajadas, de los malentendidos y alegrías de una relación amorosa entre adolescentes. Y también de la zozobra que se siente ante la inseguridad de un futuro juntos, con la universidad y una trayectoria profesional por delante. ¿Hasta dónde van a ser capaces de llegar? ¿Sacrificarían su relación por mantener esa falsa armonía de las aparienciasSotsugyôsei  y O.Bresponden un poco a esas preguntas, pero de ellos no voy a escribir. Tampoco de Sora to Hara, aunque os los recomiendo. Este último lo va a publicar en breves Tomodomo. Y no, no me pagan comisión ni nada parecido.

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Asumiko Nakamura ha estructurado el manga de manera muy clara y precisa, acorde a la simplicidad general que planea por todas sus páginas. El humor que ocasionalmente brota, es bastante ingenuo y contribuye a aligerar lo que podría haber sido un tebeo bastante más melancólico. Pero de esta forma, con un par de toques de humor, Dôkyûsei se muestra chispeante. No obstante, su arte es lo más peculiar. Nakamura es una de mis mangakas favoritas de este momento, pues se aleja de los aburriiiiiiidos diseños clásicos. Su estilo es vítreo, ondulante; y estira sus líneas hasta un horizonte de perspectivas grequianas. Es muy probable que ese manierismo tan suyo le resulte chocante a algunos lectores, pero merece la pena adentrarse en él. Es toda una experiencia.

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No tengo ninguna duda: gana el manga por mil. Y también estoy segura de que el mini-análisis que hago a continuación será una opinión impopular. Qué le vamos a hacer.

Hay una palabra en navarroaragonés que define muy bien lo que es esta película: esbafata. No tiene traducción al castellano, lo siento; ni tampoco en inglés, francés o alemán me viene un término adecuado, así que lo explicaré. Esbafar es que algo pierda su aroma, su fuerza de manera imperceptible, silenciosa, pero irremediable. Cuando se pierde la esencia, aunque el continente esté presente, es que se ha esbafato. Todos los elementos están ahí, además este anime es maravilloso a nivel visual. Ha sido un placer de verdad poder ver el dibujo de Nakamura en movimiento, su historia coloreada con ácidas y delicadas acuarelas; observar sus meticulosos detalles; disfrutar de ese elegante minimalismo que transmite tanto con tan poco. El film también ha aportado una riqueza a los escenarios que en el manga no había, ha respetado la historia  y, aunque haya omitido alguna cosa, Dôkyûsei formalmente está.

Pero Nakamura es una autora muy carnal, orgánica, que hace fuerte hincapié en el mundo sensorial. Ese latido erótico, casi lascivo, está muy presente. No solo en Dôkyûsei, sino en casi todas su obras. Y la película abusa de una idealización etérea que, aunque en el manga también aparece, copa el protagonismo dejando la sexualidad con escasa fuerza. El contacto físico, los planos detalle y muy cortos, expresan una intimidad que en la película prácticamente se ha evaporado.

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Es importante también resaltar que Nakamura es una autora de matices y pequeños detalles. Una señora minuciosa que con un ligero movimiento que le otorgue al dedo meñique de un personaje, puede estar explicando todo un universo. Y eso es algo muy complicado de trasladar a la animación. Lo que me lleva a una conclusión: no han sabido interpretar bien el lenguaje de Nakamura… pero es que no es una lengua fácil tampoco. Por supuesto, he echado en falta muchísimo la enorme traducción de Ana Mª Caro, que vertió tan estupendamente ese aire desenfadado y juvenil del manga. No es ninguna tontería, una traducción mediocre puede arruinar hasta la mejor de las obras; y una buena, engrandecerla todavía más.

La película ha seguido la disposición del manga, lo que a veces se hacía un poco raro ya que interrumpía el flujo natural de la historia. Tebeo y anime no deberían llevar un ritmo tan similar, el medio y lenguaje son distintos. Y más en un caso tan especial como el de esta mangaka. Aun así, ese orden y cadencia añaden su no poca particularidad, realzando el atractivo del slice of life.

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¿Entonces es Dôkyûsei un mal anime? En absoluto. Si uno se olvida por completo del tebeo, encontrará un lindo relato, quizá algo insípido, pero realizado con mucho cariño y elegancia. Me ha gustado aunque no haya encarnado del todo bien el espíritu del tebeo. No soy ninguna novata, sé perfectamente que por norma general el manga suele superar al anime. No esperaba que ocurriera lo contrario con Dôkyûsei; es más, ha resultado lo que barruntaba. Por eso tampoco ha sido una decepción. Y recomiendo que, si no se conoce la obra, primero se acuda a la película. Luego el manga se saboreará mejor y podrá continuarse con la historia además. Dôkyûsei se queda en una adaptación decente, pero que por sí sola no se termina de mantener.

A los fans del manga con toda seguridad les va a encantar. Yo soy fan y la he disfrutado, pero tampoco puedo engañarme. Me ha parecido insulsa, porque un argumento tan simple si pierde la magia, se convierte en algo incoloro. Lo dicho, una película bonita, pero esbafata.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Las pajas mentales de Tsutsui-sensei

La potente fertilidad que fluye por las circunvoluciones cerebrales del señor Yasutaka Tsutsui (Osaka, 1934), como un aluvión de generoso estiércol y agua cristalina, no fecundará a todo el mundo. De hecho, este tortuoso y esquivo caballero nunca se dirigió al gran público. Seguramente tampoco a ti. Y no es que sea un elitista. No van por ahí los tiros. Tsutsui no es difícil de leer, tiene una sintaxis muy clara y directa. Tampoco narra historias complicadas, son eventos que podrían ser cotidianos. Es su enfoque lo que lo hace especial. Y que es a ratos un sádico.

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Tsutsui riéndose de nosotros JUAJUAJUA

Pero, ¿quién es este escritor? Pues no debería ser un desconocido en el mundo del manganime, pues adaptaciones de obras suyas son Paprika, La chica que saltaba a través del tiempo o Nanase. Es uno de los autores con más renombre en Japón del género sci-fi, aunque en Occidente no se le haya conocido del todo hasta bien entrados los 90s. Su forma de concebir la literatura lo ha acercado desde siempre a otro tipo de disciplinas artísticas. Es su naturaleza, poco dada a los convencionalismos, la que lo convirtió en uno de los padres de la metaficción en su país. Naturaleza en búsqueda continua de crear algo distinto y sorprender al lector… a su especial manera, claro.

Todo lo que ha sido su experiencia vital, lo ha ido introduciendo en sus creaciones de forma concienzuda. Ese afán científico lo absorbió de su padre, que era zoólogo; la tendencia a la bufonada, de sus tempranas actividades en el campo de la interpretación; sus estudios universitarios sobre psicoanálisis y Jung, le sirvieron para fabular mundos y situaciones de lo más chocantes; etc. Por eso también el enorme catálogo de su obra es tan diverso y variado, cada libro es un planeta aparte.

paprika
¡alehop!

Englobarlo en la ciencia-ficción es quedarse corto. Se viste con sus ropas, qué duda cabe, pero va mucho más allá. Son un mero disfraz y debajo se encuentra todo un universo laberíntico y mordaz que escandaliza como horroriza. Su evidente afinidad con el realismo mágico o la Cultura pop occidental hacen de su estilo algo único, omnidireccional. Sin embargo, una de las características más llamativas de Tsutsui  es su comedia, que algunos han clasificado como dotabata kigeki o “de golpe y porrazo”. Pero es oprimir con una etiqueta muy reducida lo que hace este señor con el humor. Tiene mucho de astracanada, va directo como un obús, sin sutilezas; pero, a la vez, lo dota de un aire absurdo, de reminiscencias claramente surrealistas, que lo hacen poco proclive a la clasificación. Si a eso le unimos que es enemigo acérrimo de lo políticamente correcto, obtenemos una simpática monstruosidad posmoderna, con una tendencia irresistible por atragantar. Tsutsui desmenuza la realidad, mezcla luego sus pedacitos y construye un nuevo cosmos que refleja, en todo su deformado esplendor, las miserias de nuestro mundo. Con una carcajada.

Y esto no agrada a todo el mundo. En Japón tuvo serios problemas; tantos que dejó de escribir sobre papel un tiempo, dedicándose exclusivamente a sus labores a través de internet.

Tsutsui y el añorado Kon.
Tsutsui y el añorado Kon.

Le regalé a mi mejor amiga para su cumpleaños, a principios de marzo, el volumen de Paprika (1993) que publicó Atalanta. Han pasado unas cuantas semanas y todavía no me ha comentado nada. Yo sé la razón, por supuesto. La razón es Tsutsui. Tsutsui es un mal bicho. No peligroso, pero de esos que pican. Y pica de lo lindo en el libro que voy a comentar hoy: Hombres salmonela en el planeta porno (2006).

Se trata de un volumen recopilatorio con pequeños cuentos, que es una de las mejores maneras de presentar los respetos al autor. Tsutsui gana muchísimo en las distancias cortas. Y sí, encontraremos sexo en sus páginas; aunque no pornografía como da a entender su título. El nombre puede asustar a los melindrosos, pero no deja de ser la perfecta provocación del que siempre ha sido un espíritu irreverente. Y como toda recopilación, tiene historias mejores que otras.

hombres salmonela en el planeta porno de yasutaka tsutsui

El volumen original ofrecía 13 relatos distintos, pero la edición de Atalanta incluye solo 6. ¿Qué encontramos en ellos? Pues a un Tsutsui cruel y lúcido, que con total naturalidad (y hasta cierta parsimonia) distorsiona a placer las fronteras de la objetividad. Alucinante. Hay cuentos más cómicos que otros, pero todos son como sosa cáustica, hijos además de la literatura del absurdo. No es difícil, por ejemplo, olisquear a Kafka en “Rumores sobre mí”, donde un oficinista ve, repentinamente, cada ínfimo y mediocre detalle de su vida en todos los medios de comunicación del país.

Mis favoritos, no obstante, son “El límite de la felicidad” y “El último fumador”. El primero es feroz. Una sátira despiadada del aborregamiento social conducido hasta al final. Es el único de la selección donde la comedia es inexistente, y me recuerda muchísimo a Roland Topor por el poso macabro. “El último fumador” es un ejemplo buenísimo de esa particularidad tsutsuiana (toma palabro jojo) por experimentar con la elasticidad de la realidad y desfigurarla. Mediante un criterio maniqueo, presenta lo irracional y el disparate como lo normalizado, en un entorno creíble y natural. La amplificación de la corrección política hasta alcanzar niveles de puro desvarío. Magnífico.

Yasutaka de jovenzano mientras escribe maldades en el libro de un fan.
Tsutsui de jovenzano escribiendo maldades en el libro de un fan.

De temática sexual son “El bonsái Dabadaba” y el que da título a la compilación, “Hombres salmonela en el planeta porno”. En ambos el sexo solo es una excusa para mostrar lo rematadamente mongólicos que somos los seres humanos. Y cómo nos regodeamos encima en nuestra estupidez. “El bonsái Dabadaba” además maniobra muy bien entre el mundo onírico y el de la vigilia, hasta confundirlos y formar una realidad completamente nueva. “Hombres salmonela en el planeta porno” es el cuento más largo de la antología, y abraza una crítica nada solapada hacia la represión sexual que afecta a la sociedad japonesa. No fue en vano que Tsutsui se especializara en Freud & co. en la universidad. También es muy notorio ese pequeño homenaje que hace a su padre, pues el relato está plagado de términos botánicos y zoológicos… pero en plan bizarre que te meas. El esfuerzo de la Razón por tratar de domeñar, mediante la Ciencia, un contexto descabellado. Y cómo esta, simplemente, se adapta al entorno en vez de transformarlo. La eterna lucha entre superyó y ello, racionalidad e instinto, civilización y naturaleza.

¿Es Hombres salmonela en el planeta porno una obra representativa de Tsutsui? Desde mi profunda ignorancia, pues solo he leído 7 libros de los seiscientos y pico que ha escrito este señor, no. Los que han caído en mis manos son todos bastante distintos, uno puede gustarte y otro no. Sin embargo es innegable que tienen su sello, faltaría más. El tono de este Hombres salmonela en el planeta porno es especialmente corrosivo y su crítica social, que toca además diferentes campos, resulta en extremo cruda por muy rebozada de extravagancias que esté.

¿Lo recomiendo? Oh, sí. Es una lectura accesible y amena, de mucha enjundia. Pero probablemente no conquiste a todos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

TAG: The Versatile Blogger Award

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Con un poco de retraso, pero aquí está. El incomparable Khalil de El Kafé Khalil y el admirable Vannert de Arte, Terror y Rock n’Roll, me nominaron hace unos días a este magnífico premio. Un abrazo muy fuerte para los dos, gracias por acordaros de mí. ¡Sois unos soletes!

The Versatile Blogger Award propone al autor que cuente siete cosillas sobre su bitácora y luego nomine a 15 más. Esto último no sé, como siempre, si hacerlo. La mayoría de vosotros ya estáis premiados, así que lo dejaré al libre albedrío de cada uno. Si estás leyendo estas letras y tienes un blog, ¡estás nominado, enhorabuena! 

Y sin más preámbulos, al turrón:

1- SOnC nació como herramienta de desahogo. Lo he comentado ya muchas veces. Eso entraña sus peligros, porque tiene bastante de visceral y a la razón la dejo, en muchas ocasiones, tomando el sol en las Bahamas. Pegándose un descansito, que también se lo merece.

2- Como herramienta de desahogo, es una especie de manicomio donde no existen reglas ni secciones claras. Es como mi casa, un pequeño monstruo Frankenstein formado de muchos retales y que alimento con ideas a veces estrafalarias y otras algo aburridas. El resultado puede ser imprevisible, pero sigue siendo mi casa. Bienvenidos.

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Vaya, hoy le han salido patas.

3- El número de borradores tiende a infinito y encima suelo ignorarlos. ¿Por qué? Porque si me viene una idea distinta a la cabeza y tengo claro qué contar, prefiero dejarme llevar por el arrebato y vomitar un post de golpe. Los borradores suelen ser (no siempre) las entradas más trabajadas y largas, ya que suelo confeccionarlas durante muchos días, quitando, poniendo, arreglando pequeños detalles. Pero tampoco tengo un horario ni sigo un método.

4- Si estoy enferma o acatarrada, escribo mucho más. Me aburro.

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Los mocos también pueden inspirar.

5- Al principio SOnC estaba más enfocado en el manganime, pero hace ya meses que escribo sobre otros temas relacionados con Japón. No es algo premeditado, supongo que es la evolución natural de una bitácora tan caótica.

6-  SOnC  no tiene especial inclinación por ofrecer una estética kawaii. Soy bastante sosa (además de torpe) con las herramientas informáticas que sirven para esos fines. Procuro ser sobria y centrarme más en los contenidos, aunque me gusta mucho cómo tienen de cuidados otros compañeros sus blogs. Es un trabajo que no hay que desestimar tampoco.

7- A veces pienso que SOnC transmite una idea equivocada de mi persona. Algunos lectores incluso pensaron en un inicio que era un chico, muy curioso. En la vida real resulto bastante tímida, introvertida y con cara de ser muy borde. A veces lo soy, todo hay que decirlo, pero cortesía jamás me falta.

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Sho intentando ocultarse entre los cactus de la vida.

Y eso ha sido todo por hoy. ¡Ah, que se me olvida! Si os interesa saber quiénes son los autores de las ilustraciones que he colgado, allá van: Yelena Bryksenkova, Taiyô Matsumoto y Vivian Shih.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El Señor de los Cerdos

La semana pasada estuve conversando por mi assbook personal con un buen amigo sobre el tema del acoso escolar. Sí, ese buen amigo que me recomendó que creara este blog, por cierto. Más o menos opinábamos igual y, además, nos tocaba la moral bastante un asuntillo que, tanto por redes sociales como por algunos magazines interneteros, se difunde con una alegría vomipurgante: los niños que sufren acoso escolar triunfarán en la vida como Bill Gates (porque en el fondo son unos cerebritos) y los hostigadores acabarán trabajando en una granja removiendo estiércol. O algo similar. Vaya montón de mierda. Imagino que es una forma (estúpida) de consuelo pero la vida, en realidad, es muy puta, y no funciona así. Lamento el spoiler. A cada uno, dependiendo de las circunstancias y su esfuerzo personal, le irá mejor o peor independientemente de que haya sido víctima o un cabronazo. De hecho, y según mi experiencia, a los hijos de perra no les suele ir mal; y haber sido víctima tampoco te convierte automáticamente en buena persona. Hay de todo en la viña del Señor. Y de esas reflexiones inútiles compartidas, me vino a la mente una película que tenía pendiente desde hace un tiempo: The King of Pigs (2011).

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Se trata de un largometraje de factura coreana, dirigido por Yeon Sang-ho, que se llevó varios premios por distintos festivales a lo largo y ancho del planeta. No es una obra, ni mucho menos, desconocida; y obtuvo el suficiente prestigio como para poner en el mapa a su creador, que ya se está labrando un nombre. Fue su opera prima… y vaya estreno. Dwaejiui Wang o The King of Pigs es un producto de bajo presupuesto, y eso se nota sobre todo en la animación. Para los que seáis puntillosos en ese aspecto: esta no es vuestra película. Tampoco está dirigida a todos los públicos, es exclusivamente adulta y de contenido feroz. Para los que tengan cierta sensibilidad: esta no es vuestra película. Yeon Sang-ho trata no solo la temática del bullying, sino el de la violencia social sistémica. Y lo hace desde su visión particular, que es pesimista y bastante alejada de la corrección política. Para los que prefieran un enfoque de trasfondo moral claro: esta no es vuestra película. Tras las necesarias puntualizaciones, dejo a vuestra elección el continuar leyendo o cerrar la pestaña.

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Con esta imagen comienza The King of Pigs. Sí, es una mujer muerta estrangulada. Todo un manifiesto de lo que vamos a ir encontrando. No es violencia gratuita, tampoco hay esa ensalada de hostias limpia del tipo al que estamos acostumbrados en la mayoría de los shônen o seinen. Esto es crudo y realista, no hay idealización por ningún lado. Pero, ¿quién es ella? Pues la esposa de Crybaby Kyiung-min, uno de los tres protagonistas principales. El trío se cierra con Jong-suk y el impredecible Chul.

La razón de que haya matado a su mujer no la sabremos hasta casi el final pero, mientras tanto, después de llorar desesperadamente bajo la ducha, llamará a su antiguo compañero de estudios Jong-suk. Quiere quedar, tras quince años de silencio, para recordar viejos tiempos. Y menudos tiempos.

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Lo que podría considerarse un ejercicio de inofensiva nostalgia, no es más que el retorno a esa época de sus vidas donde se cruzaron con Chul. En realidad todo gira alrededor de él. Porque sus propias existencias tampoco han variado demasiado desde entonces, son una patética prolongación de la miseria moral e implacable dominación a la que se vieron sometidos en el colegio. Pero Chul llegó para cambiarlo todo: les dio esperanza.

Si no quieres ser un imbécil, tienes que convertirte en un monstruo

Esa es la filosofía de Chul. Una filosofía de connotaciones terroríficas a las que ni Kyiung-min ni Jong-suk son ajenos; pero que la brutalidad que los rodea les hará aceptar a su manera. Chul es el caos que amenaza el orden establecido. El orden donde una élite tradicional adinerada (visualizada por Jong-suk como perros) gobierna a los pobres, mediocres y parias (los cerdos). Y Chul se enfrenta a ellos a pesar de sí mismo, ya que es criatura de la desesperación y el vacío. Ni la razón ni la indiferencia sirven para esquivar el régimen de perros y cerdos. La falsa neutralidad de los profesores, y no ya solo en la escuela, es su aquiescencia. No hay salida: sumisión o muerte.

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La solución de Chul es una escalada de depravación simple. Para vencer al Mal, hay que superarlo en maldad. Pero se trata de un remedio falso y que conduce a la autodestrucción. El gato fantasma, uno de los recursos narrativos importantes del largometraje, declara, con toda la perversidad y lógica del mundo, que siempre serán unos losers aunque se conviertan en monstruos. Unos monstruos que abusarán encima de los que sean más débiles que ellos, perpetuando así la estructura que odian y tanto les hace sufrir.

Yeon Sang-ho es despiadado en su repaso a la naturaleza humana. Nadie se salva de la quema. La cobardía de los cerdos es indiscutible, plasmada en la figura de Kyiung-min; también su resentimiento y envidia, que vemos, sobre todo, en Jong-suk. Y es que la escuela no es más que un reflejo de la sociedad a la que pertenece: sus rígidos estamentos y su dinámica sustentada en el miedo y abuso de poder. Así que tanto en el colegio como en la vida cotidiana, encontraremos maltrato físico y psicológico, intimidación e, incluso, abuso sexual. La violencia sistémica como forma de control, utilizada además por todos. Una sociedad psicópata cuyo valor fundamental es el dinero, que la vertebra por completo. Aunque tampoco carece de la hipocresía de las apariencias.

The King of Pigs es feísmo animado. Yeon Sang-ho no solo lo utiliza como posible recurso estético; sino que se regodea en todo lo repugnante de la sociedad y le aplica un espejo magnificador para crear la sátira perfecta. Esta es su pequeña venganza, que pretende incomodar a un público que ha desarrollado tolerancia a la moralina (y que encima la exige). De eso no hay en The King of Pigs. La perspectiva de la víctima siempre es dura… y más cuando se considera sin recurrir al maniqueísmo, que suele ser lo habitual. Hace falta coraje para hacer algo así.

La organización y desarrollo de The King of Pigs es simple. Corren en paralelo, a veces superponiéndose, pasado y presente. Los flashbacks pertinentes son los que llevan las riendas de la película, pero será el presente el que revele su imprevisible desenlace. El ritmo es claramente ascendente y no decae en casi ningún momento. Pero, si hay algo que echarle en cara de verdad a esta película, sin duda es la deficiente animación. Solo para empezar, tiene unos fondos y CGI que dan ganas de llorar fuertefuertefuerte. Se debe a su ajustadísimo presupuesto aunque admito que refuerza muy oportunamente la sensación de crudeza y fealdad. En conjunto sorprende su gran expresividad, a pesar de la obvia imperfección; y los diseños de los protagonistas, sencillos pero personalizados, son excelentes. Creo que una animación mejor no habría beneficiado para nada el vigoroso impacto que The King of Pigs provoca. Así está muy requetebién.

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¿Recomiendo The King of Pigs? Diablos, SÍ. Aparte, si gusta, es irremediable tirarse de cabeza al segundo largo del autor, The Fake (2013) , en el que muchas de sus consignas se exponen en más profundidad. Pero hay que saber a qué atenerse. No es una película fácil por muchos y variados motivos; su digestión será obligatoriamente lenta tanto por la dureza como por el potente bagaje simbólico con el que trabaja. Exige, además de un buen estómago, algo de actividad cerebral por parte del espectador. El que avisa no es traidor.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

MANGAS MIERDER A LOS QUE NO ARRIMARSE NI ENFUNDADO EN UN ILC DOVER CHEMTURION 3525 (Nº2)

Las Navidades siempre tienen un poso nostálgico. Algunos lo toleran bien; YO LO LLEVO FATAL. Y si estoy febril, peor todavía. Así que, para distraerme de remembranzas mustias, voy a recrearme en un par de mangas mierder que hace ya tiempo tuve la mala suerte de leer. El recuerdo de ellos me resulta mucho más saludable; y así también me desahogo un poco.

Recomiendo, como siempre, que si lo que ojeas produce que una vena en tu sien comience a palpitar frenéticamente a causa de la indignación, cierres la página y prau. Este blog no tiene como objetivo provocar aneurismas cerebrales.

"Nieve en el campo" de Kamisaka Sekka (1909)
“Nieve en el campo” de Kamisaka Sekka (1909)

Animal♂Jungle

アニマル♂ジャングル

Se trata de una colección de cuatro one-shots bastante infumables. Nana Shiiba es la autora y quien la conozca, sabe que cuando quiere dar lo peor de sí misma, puede ser insuperable. Aquí lo es. Esta mangaka siempre ha caminado en la cuerda floja; no tiene ninguna obra finalizada de la que pueda decir ¡qué buen manga! y sí un verdadero carrusel de medianías insulsas que se nutren de los estereotipos más manidos y cursis del shoujo. Sus protagonistas femeninas suelen ser siempre del tipo retarded, ingenuo y llorón; y los mozos son guaperas de carácter dominante y posesivo. Algunas veces le salen cositas inofensivas como Love Share y otras… y otras pues esto.

Animal Jungle

La primera historia, Animal Jungle, la describiría como un pollo sin cabeza correteando enloquecido por un gallinero. Un reverse harem insípido, previsible y con un final completamente imbécil. El usual argumento de divorciados que se casan y meten bajo el mismo techo a sus respectivos hijos, llevado a un nuevo nivel de subnormalidad. Desarrollo incoherente y atropellado; personajes huecos y triviales; muchos besitos y fanservice. Resumiendo: caca. El segundo one-shot, Saikyou Venus, tiene de personaje principal femenino a una muchacha desvalida que se va desmayando por los rincones cada dos viñetas o así; y su partenaire es el típico bad boy que se zurra con todo el que se le cruza. Tendría su gracia si no fuera porque el asunto ya está taaaaaaan machacado que ocasiona náuseas. Abreviando: ridículo por vacuo.

Gokujyou Bidanshi
Gokujyou Bidanshi

El tercer relato, Gokujyou Bidanshi, no tiene mal enfoque aunque no sea para nada original; la mozuela no es una timorata inerte, sino que tiene iniciativa propia. Pero el muchacho, un perfecto efebo, es el encargado de escacharrarlo todo al final de la historia con declaraciones tan estupendas como: “No te perdonaré si te acercas a otros chicos”, “Llámame todos los días varias veces”; “Si me apetece verte, aunque sea en medio de la noche, saldrás a verme”; “Si un día llegas a odiarme y tienes una rabieta, no permitiré que te vayas”. MIEDO. Es increíble lo difundido que está entre el shoujo que los celos y el control abusivo son sinónimos de amor. En esta autora es un verdadero azote además, ugh. Y ya la cuarta historia, Oshaberi na Sympathy, protagonizada por el enésimo bishie incólume del volumen (bueno, en realidad el cuarto) y la tradicional llorona henchida de candor y estupidez, plantea el argumento más interesante (que no deja de estar trillado de todas formas). Tras colisionar accidentalmente en las escaleras del instituto, dos adolescentes empiezan a escuchar sus pensamientos entre ellos. Por supuesto, desaprovechan la veta y, aunque la historia al principio no fluye mal, todo acaba convirtiéndose en una gelatina densa y pringosa. El arte en general de este volumen es el propio de Nana Shiiba, muy característico, así que si no gusta, A JODERSE. Es un estilo limpio, agradable pero algo acartonado; y siento mencionar que los personajes masculinos me parecen todos maniquíes a los que simplemente les cambian de peluca.

Saikyou Venus
Saikyou Venus

Tengo que decir que, para el consumidor compulsivo de shoujo, este volumen será bienvenido porque ofrece los nutrientes adecuados para cubrir sus necesidades. Pero no hay que perder de vista que se trata de auténtica junk food en su género. Una y no más, santo Tomás. No es de los mangas más ruines que he leído, pero si hubiera sabido qué iba a encontrarme, no lo habría tocado ni con un palo.

Nise no Chigiri

二世の契り

Menos mal que solo fueron 19 capítulos. No salía de mi asombro cada vez que empezaba uno nuevo: ¡no hay guión, no hay argumento en progreso! WTF is this shit?! Claro, en los últimos, a toda hostia apelotonando explicaciones (innecesarias por otra parte porque TODO absolutamente TODO era predecible), aburridos decesos de tipo kármico, batallas dislocadas y, por supuesto, el maravilloso remate de una conclusión irracional y ñoña a partes iguales. Buah, me he embalado… pero la verdad es que Nise no Chigiri me irritó bastante en su momento. Es una cosa cerdísima y la lástima es que habría podido salir algo bastante interesante. Este manga es el ejemplo de cómo se puede enviar por correo urgente al agujero más hediondo del Averno una historia prometedora. Los ingredientes que contenía para mí eran muy atractivos: viaje en el tiempo al período Sengoku, algo de folclore e historia clásicos japoneses, aventuras, batallas… Sabía que no iba a ser Inuyasha, que conste, pero me confié y con la mayor alegría del universo me sumergí en las apestosas aguas de una cloaca llamada Nise no Chigiri.

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Si Uesugi Kenshin se viera en este manga, ardería Kioto

Yo que esperaba más acción, más sobre la relación entre Uesugi Kenshin, Takeda Shingen y Oda Nobunaga… LOS COJONES.  El que fuera un reverse harem y encima una adaptación de un otome game, me debería haber puesto en guardia, eso también es cierto. El argumento gira en torno a una muchacha que, buscando a un niño amigo suyo, es transportada al período Sengoku cuando se zambulle en una fuente. Al llegar ahí, accidentalmente salva la vida a Uesugi Kenshin, que la toma bajo su protección en agradecimiento y pone bajo la custodia de un grupo de élite de ninjas. La jovencita, que se llama Mana, tiene sueños recurrentes donde puede ver el futuro y es codiciada por el enemigo de Uesugi, Takeda Shingen, así como por un misterioso personaje de cabello blanco y… un parche (para dejar clarito que es malvado).

Como ya he adelantado, nada de historia, nada de hazañas y peripecias, nada de magia, nada de nada salvo romance pazguato. Sí, un romance totalmente cenutrio donde, para acabarla de cagar pero bien, los personajes son robóticos perdidos, con la profundidad de un charco; y la protagonista una completa incapaz que lo único que hace es probarse kimonos y hacer galletas. Bueno, también es secuestrada. Realmente no hay una evolución en la historia, Nise no Chigiri es un atasco de casi 15 capítulos donde solo prima el romance y el harem… y ni siquiera eso con demasiada fortuna. Un desperdicio de manga. Ni el dibujo, que es potable, hace merecer su lectura.

Dilemas...
Dilemas…

Tras este alivio mental, voy a pasar el resto del trancazo que sufro en mi camita, rogando para que nadie en esta casa me incordie demasiado… y si alguien lo hace, me aseguraré muy bien de que disfrute en pocos días de mi navideña generosidad bacteriana. Me duele la cabeza. Nite nite.