Manga vs. Anime: Ristorante Paradiso

 

Lo prometido es deuda. Y aunque estoy pasando unos días un pelín locos a causa de la escasez de tiempo para mí misma, aquí está el Manga vs. Anime que empató en la encuesta twittera de hace una semana. Tenía la sección algo abandonadilla, con varios borradores además a medio hacer, así que debía aparecer tarde o temprano. Mi idea inicial era escribir sobre 3-gatsu no Lion, pero como tendremos segunda temporada (¡BIENREQUETEBIÉN!), lo consideré algo tonto, prefiriendo retrasar la entrada hasta que el anime finalice. ¿Qué otras opciones me quedaban? Pues una de ellas la que presento hoy: Ristorante Paradiso (2005) de Natsume Ono. Como dentro de unos días tendré la reseña de ACCA: 13-ku Kansatsu-ka para Otakus Treintañeras, me pareció adecuado elegir una obra de la misma autora y ponerme un poco… in the mood.

Natsume Ono es una mangaka que me gusta bastante, creo que es una de las mejores creadoras que hay en este momento y que goza además de cierta popularidad en Occidente. No entre el público medio otaku, ya que Ono se aleja de los parámetros comerciales, sino entre los consumidores adultos de cómic. Publicar josei continúa siendo un riesgo, aunque los lectores parece que se van abriendo más, así que Milky Way decidió apostar por Ristorante Paradiso el pasado 2015. El desafío no acabó del todo bien. Porca Miseria. En España parece que no ha gustado demasiado, una gran lástima, pero en Francia o Estados Unidos es una autora de prestigio. Lo malo es que pasará un tiempo hasta que alguien se anime otra vez a publicar algo de Ono, por lo que sus (escasos) fans en la península ibérica estaremos obligados a recurrir al extranjero (vaya novedad). Y no podremos disfrutar, por ejemplo, de la continuación-precuela de Ristorante Paradiso, Gente (2006).

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Isis, la Guardiana del Manga

Pero dejemos las cosas claras: que servidora sea admiradora de alguien no implica que, a ojos cerrados, mastique y trague todo lo que publique. Nanay, camaradas otacos. Y algo similar me ocurrió con Ristorante Paradiso, de modo que sí, lo que tenéis delante es un Manga vs. Anime de una obra que no me convence del todo. No considero que sea mala, pero en comparación con otras que he leído (y visto) de la mangaka, es flojilla. Sin más. Nastume Ono de momento tiene tres adaptaciones al anime. La primera fue esta, después la magnífica Sarai-ya Goyô (2010) cuya reseña tenéis aquí; y la última la recién finiquitada ACCA: 13-ku Kansaitsu-ka. La más destacada continúa siendo Sarai-ya Goyô, sin duda; la más endeble Ristorante Paradiso. Todas transmiten una verdad indiscutible respecto al arte de Ono: el color le sienta muy, muy bien. Mejor que el B/N clásico del manga. Esto no quiere decir que ese trazo vigoroso de reminiscencias cubistas tan característico suyo no sea suficiente por sí mismo. Nada de eso, sino que resplandece cuando se encuentra a color. Su estilo me encanta, sin embargo admito que a mucha gente acostumbrada a formas más estándar pueda resultarle chocante. Pero es su arte uno de los puntos fuertes de Ono, y el que le otorga una importante ración de originalidad. Porque sus historias también tienen un poso en común, y es cierta languidez. Una suave melancolía que sobrevuela sus narraciones sin doler, aunque a ratos se convierta en algo… insípido. Nadie es perfecto. ¿Sucede esto en Ristorante Paradiso? Un poquito, aunque concurren más elementos para que me llegara a decepcionar. No demasiado, pero… pero.

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Ristorante Paradiso evoca con su nombre esa maravilla cinematográfica que fue Cinema Paradiso (1988). No tienen mucho más en común, salvo la declaración de amor que son cada una al cine y a la gastronomía. Dos paraísos en la tierra. Y que ambas son para degustarse con tranquilidad, porque aluden con sutileza al frágil universo de los recuerdos y los sentimientos. Pero si en verdad Ristorante Paradiso conjura a un género del cine, es a la comedia romántica. Pero no a una comedia romántica cualquiera, no. En esta obra resuena con fuerza el eco de Vacaciones en Roma (1953), de Sabrina (1954), donde casi todo es posible y el mundo está poblado de buenas personas. Esa ingenuidad y elegancia de la comedia romántica clásica hollywoodiense, que en la actualidad no existe porque se ha convertido en un pastiche cursi y ruidoso, es lo que encontramos aquí. Y es algo que debemos tener en cuenta, la potente idealización que Ono aporta a su obra. Idealización de la Vieja Europa, con los clichés de la somnolienta y alegre Roma: el saber disfrutar de la vida con serenidad a través de los pequeños detalles, como una copa de buen vino o un postre delicado. Si tenemos en cuenta esto, podremos entonces saber qué pedir o no a Ristorante Paradiso. Es un drama costumbrista con romance ligero de fondo, nada más. Simple, tierno, pero no profundo. Y claro, yo esperaba una miqueta más.

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La comedia romántica es un género que me suele desquiciar bastante. Sobre todo por absurda y babosilla. Hay excepciones, por supuesto, y Ristorante Paradiso, como bebe directamente de las fuentes primigenias menos azucaradas, no me resultó demasiado indigesto. Y en lo que respecta al romance principal, es realista, lo que se agradece. Mucho. Pero sigue siendo una comedia romántica, y sus (cansinos) tópicos refulgen como la bella Rigel a los pies de Orión. Si mezclamos todo esto con las peculiaridades del manganime japonés, tenemos Ristorante Paradiso. Se trata de un reverse harem donde los muchachos no son tan muchachos, y la protagonista no es tan idiota como en un shôjo/josei tradicional. Con retranca. Ese papel (el de descerebrada) lo cumple la madre de nuestra heroína. De hecho, es una pequeña crítica por parte de Ono a toda esa infinita ristra de protagonistas femeninas medio lelas que pueblan los romances en el tebeo nipón. Pero vayamos en orden.

Nicoletta es una joven de 21 años que se ha criado junto a su abuela. Su madre, Olga, después de quedarse viuda, no tuvo mucho tiempo para su hijita pues su trabajo como abogada era muy absorbente. Además, poco después, volvió a enamorarse. Pero el hombre con el que acabó casándose no quería saber nada de mujeres que hubieran tenido hijos de otras relaciones, por lo que Olga ocultó a Nicoletta. La abandonó por el amor de un hombre y solo se ponía en contacto con ella en ocasiones puntuales. ristorante1Nuestra protagonista creció sana y bien cuidada, pero el resentimiento hacia su madre fue creciendo hasta que, por fin, decidió ir a Roma para desenmascararla. Pero las cosas no resultaron como ella pensaba. Su madre es una mujer realizada con su trabajo y, ante todo, feliz por el amor incondicional que siente hacia su marido, Orsini. Su padrastro regenta un restaurante muy peculiar, donde todos sus trabajadores son caballeros de mediana edad con gafas. Olga le pide que no la delate todavía, y Nicoletta accede, todavía sorprendida gratamente de lo que encuentra allí. Y como no puede vivir del aire, chantajea a su madre para que pueda trabajar en la Cassetta dell’Orso como pinche de cocina. Nicoletta conocerá ahí al personal y hará buenas migas con todos, en particular con Claudio, del que se enamora. Pero ella no es la única, el restaurante tiene una clientela habitual femenina que no cesa de fangirlear en torno a Luciano, Gigi,  Teo, Vito y Furio; aunque el favorito de las novatas es Claudio. Todos son extremadamente corteses y atentos, lo que embelesa a la mayoría de las comensales. Btw,  mi favorito es Gigi, el sumiller ❤ .

Ristorante Paradiso es un manga sin sobresaltos, con los giros habituales de la comedia romántica más plácida y sin complicaciones. Todo gira en torno al amor, la comida y el vino. El microcosmos de la Cassetta dell’Orso está muy lograda, así como las breves pinceladas que sirven para definir a cada personaje. Se percibe muy rápido el entorno cálido y acogedor, de excelencia profesional y enorme cariño por el trabajo. Por ese lado, la ambientación y los perfiles son impecables, nada que objetar. Sin embargo, comparada con otras obras de Ono, me resultó deshilachada y algo hueca. ¿Ocurriría lo mismo con el anime?

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A pesar de los pesares, gana el manga. No muy de largo, pero el tebeo es el verdaderamente triunfador. El anime es irregular, da una de cal y otra de arena constantemente, y eso termina agotando. Por lo menos a mí. Del espanto más espantoso se puede pasar como el rayo a una escena construida con tino y buen gusto. Y así no se va a ningún sitio, camaradas otacos. No obstante, son once episodios que a nivel argumental se desarrollan con calma, sin aspavientos ni intensos melodramas. Capta muy bien la esencia del manga en general, de hecho algunos capítulos son bastante fieles; sin embargo, falla estrepitosamente en dos aspectos: el arte y el redondeo.

Natsume Ono es espectacular en color, por lo tanto era de esperar que en el anime de Ristorante Paradiso pudiéramos contemplar su estilo realzado. Y no acaba de ser así. La paleta de colores resulta demasiado apagada para la fuerza de los trazos de Ono, es casi casi preferible en el original B/N. Le falta acidez, viveza. Para rematar la faena, es meridiano que el presupuesto de David Production era muy ajustado, porque aunque los personajes están trabajados con normalidad, hasta cierto esmero a veces, los fondos, la ambientación, el mobiliario, etc, cuando caen en las garras del CGI derivan en un auténtico naufragio. Aparte de que hay una incuestionable pobreza visual en los interiores, el modelado 3D y esos horribles zooms de algunos planos pueden provocar el advenimiento del Anticristo. Hacen mucho daño, tanto por lo atroz como por el contraste que genera. En los primeros episodios me sorprendió observar cómo jugaban con las texturas de los tejidos de las ropas, un poco al estilo de Gankutsuô (2004) pero más discreto, sin embargo esos acertados detalles quedaron muy pronto eclipsados por la gran guarrería informática restante.

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El manga es muy breve, solo tiene 7 capítulos, lo que hacía un poco difícil realizar una adaptación coherente. Por lo tanto, acudieron a su precuela, Gente (2005), para tornear y ampliar el horizonte de la Cassetta dell’Orso. Esto ayudó a que conociéramos mejor a los personajes y sus vidas, la historia de la creación del restaurante, etc. En teoría una buena idea para redondear un tebeo que quizá se hace demasiado veloz y superficial. La cuestión aquí es con qué se redondeó la obra y cómo. Bueno, pues el anime de Ristorante Paradiso elevó mis niveles de glúcidos en sangre a cotas estratosféricas. Aunque añadieron más datos que contribuyeron a completar los huecos del manga inicial, esos mismos datos los adulteraron con azúcar refinado. De ese tan rico que es excelente para desarrollar una robusta diabetes. Si el manga en sí se encontraba en mi límite de tolerancia, el anime no respetó ese comedimiento tan fabuloso de la comedia romántica clásica, zambulléndose de pleno en la contemporánea. Y yo con ella no puedo. No me la creo, me parece cutre e idiota. No obstante, debo advertir que si Love Actually (2003), El diario de Bridget Jones (2001) y otros engendros infectos del mismo pelaje los disfrutaste, Ristorante Paradiso es muy posible que te guste. Por mi parte, prefiero mil veces la simplicidad casi austera del manga que un rebozado empalagoso.

Pero, ¿tiene algo de bueno el anime? Aparte de averiguar más sobre el pequeño universo de Ristorante Paradiso, la música. La música es maravillosa, y me refiero también al opening y ending. Suelo ignorarlos por sistema, pero en este caso no pude hacerlo. El conjunto resulta espléndido. La mezcla de jazz con arreglos de música tradicional italiana es prudente y elegante, muy efectiva. Un 10.

Entonces, ¿recomiendo el manga, el anime, ambos, ninguno…? Pues vosotros mismos. No me arrepiento de haberlo visto ni de haber comprado el manga, Natsume Ono es una autora de la que siempre se puede sacar algo en limpio, hasta de sus obras más normalitas. Me ha gustado sobre todo el que haya buscado inspiración en las comedias románticas de los años 50-60, tenían un no sé qué difícil de lograr ahora. También los gustos de la gente cambian, y actualmente el hedor postmoderno más sentimental lo envuelve todo (es una plaga). Habrá que esperar a que cambien las tendencias, aunque la demora está siendo larga desde hace ya un tiempo.

Y como en todos mis cumpleaños, siento la extraña necesidad de hacer algo, ser útil, no dejar pasar el día sin haber realizado algo de provecho o que me llene. Escribir lo hace, así que este es mi regalo para vosotros. Gracias por estar ahí. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Sarai-ya Goyô: La casa de las cinco hojas

No sé si lo he dicho alguna vez, pero soy admiradora de Natsume Ono. Por lo menos de los trabajos suyos que han caído en mis manos. No han sido muchos, pero me han impresionado lo suficiente como para estar atenta a sus movimientos. Me gusta su arte tan personal y característico, así como la elegancia sencilla de sus historias. Cuando Milky Way publicó su Ristorante Paradiso (2006) este año, me llevé una gran alegría ya que, por fin, una editorial en español había comenzado a fijarse en ella. Y no es precisamente una desconocida, tiene su fama (bien merecida). Pero no es de este manga del que voy a escribir hoy, eso quizás otro día. Esta entrada está dedicada a la adaptación animada de una de sus obras, Sarai-ya Goyô (2007-2010) o La casa de las cinco hojas.

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Esta imagen tan bonita pertenece a la serie. Porque si algo tiene, es un arte y unos fondos preciosos. Muy cuidados. El diseño de los personajes son los de Natsume Ono, que pueden gustar o no, pero encajan muy bien. En ese aspecto me ha encantado que respetaran el estilo tan peculiar de la mangaka, ajustándolo al medio animado con ternura. Y… me estoy adelantando, señores. Vamos a poner un poco de orden aquí, leñe. Empecemos por el principio aunque sea por una vez (y que no sirva de precedente).

La casa de las cinco hojas es un anime del 2010 que logró cierto renombre y ha estado, en general, bien considerado. El estudio que lo sacó a la luz fue Manglobe y decidió que con 12 episodios era suficiente. No voy a polemizar a causa de esta decisión porque, al contrario de lo que sucede con otras adaptaciones de manga, esta concretamente, no se ceba en descuartizamientos argumentales. Podríamos decir que es una introducción al mundo que se despliega en la obra original de Ono; una presentación que invita a profundizar más si se desea, pero que no deja tampoco cabos sueltos de importancia. Y eso es un alivio.

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¡Corre, neko-chan, corre!

La historia nos cuenta la llegada a Edo, en un momento indeterminado del período Tokugawa (1603-1868), de un rônin proveniente de una zona rural. Este rônin llamado Masanosuke Akitsu, a pesar de su excelente adiestramiento y físico, posee un temperamento muy poco conveniente para su oficio. Es apocado, inseguro; rehúye los conflictos y es demasiado compasivo. Así que no encuentra un empleo estable con el que poder mantenerse y sufre al ser consciente de lo que considera su propia incompetencia. Pero todo cambia cuando sus pasos se cruzan con los de un yakuza albino de nombre Yaichi. De forma involuntaria, Masa se ve mezclado con una banda de secuestradores denominada “Las Cinco Hojas”. Su centro de operaciones es una taberna regentada por uno de los miembros, Umezô; y ahí se reúnen el resto de los compinches: la hermosa geisha Otake, el taciturno Matsukichi y el inescrutable Yaichi.

A pesar de lo que pueda aparentar, Sarai-ya Goyô no es un anime de acción. Es una serie que se toma con calma el desarrollo de los acontecimientos, que transcurren mediante las relaciones personales. Se van conociendo, poco a poco, las situaciones individuales de cada uno, sus vidas, qué les llevó a la delincuencia y a formar parte de “Las Cinco Hojas”. Esto es un slice of life de gran profundidad psicológica; los perfiles de los personajes son minuciosos, poliédricos; y los continuos flashbacks ayudan muy bien a su gradual construcción. Aparecen más figuras, claro, que enriquecen todavía más un panorama de por sí complejo, pero que no se hace ni muy enrevesado ni cargante.

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Los dos personajes principales, Yaichi y Masanosuke, sienten una atracción mutua inmediata. Natural, ya que son dos polos opuestos. Mientras Masa, a través del cual se narra la historia, es un samurái de carácter ingenuo, espíritu puro y bastante tímido; Yaichi es todo lo contrario al candor: calculador y tremendamente flemático. Dos caras de una misma moneda: uno posee una intuición asombrosa, el otro una inteligencia afilada; uno es como un libro abierto, el otro un misterio envuelto en un enigma.

Me ha llamado mucho la atención cómo se representa ese estilo de vida de “mundo flotante” (ukiyo) tan propio de la época y que se dio en las ciudades principales de Japón como Kioto, Osaka y, por supuesto, en Edo, que sirve de marco a la serie. El hedonismo, el distrito rojo (Yoshiwara) y sus meretrices; pero desde la perspectiva no de la burguesía, sino de las gentes que conformaban esa realidad. Una realidad dura y algo triste, de la cual resultaba difícil huir. Este anime rezuma cierto fatalismo pero, a pesar de los dramas, todo fluye con una calma delicada. En general, deja buen sabor de boca y su mensaje es optimista.

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Sarai-ya Goyô no es para todo el mundo, he leído por ahí que lo califican de hipster… en fin. A cualquier cosa que se salga un mínimo de lo habitual se le pone esa etiqueta. Pero, como decía, sí es una serie que precisa, para verla en condiciones, quitarse uno de encima el chip de los anime comerciales; aunque está más cerca del costumbrismo, con pinceladas de intriga, que de un producto experimental. Es original, diferente, fresco; pero sosegado y ceñido a la representación de un tramo histórico muy concreto. Tiene un espíritu muy japonés. A los que les guste una buena historia con toques de poesía, algo de suspense y un drama sin ostentación, lo disfrutarán. Es una serie relajada y sencilla que, como todos los slice of life, da la sensación de que “no ocurre nada” en algunos momentos; pero nada (valga la redundancia) más lejos de la realidad.

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Ah, no hay romance. Aviso. A mí me ha resultado un descanso en ese aspecto porque a menudo en series de este tipo solo sirve para cargar las tintas sobre el drama, particularmente si no se sabe manejar bien. Así el resultado ha sido mucho más aséptico, realista y equilibrado. No es el anime del siglo, desde luego, pero sí lo bastante atractivo para mantener la atención de cualquier persona con un interés más o menos serio hacia Japón.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.