Entre lluvia y sombreros tropecé con cierta historia

Lo he comentado en otras ocasiones, pero lo vuelvo a proclamar de nuevo: el yaoi me aburre. Not my cup of tea. Pero eso no es óbice para que curiosee y busque relatos que puedan atraerme. De hecho, he leído obras que me han entusiasmado y he descubierto que es un género donde se está arriesgando muchísimo, acogiendo tebeos la mar de originales y con autoras que se han convertido en imprescindibles para mí, como Asumiko Nakamura o Est Em. Se podría decir que se encuentra en unos momentos de creatividad muy interesantes, y evolucionando rápido; cosa que no sucede en otras demografías y estilos, algo más estancadillos. Esto no significa que no haya becerradas mojabragas y fanservice a dolor en el Boys’ Love. Porque haberlos, haylos. Sin embargo, los productos que destacan lo hacen de verdad, muy por encima de la media general. Aunque claro, como existe cierto prejuicio hacia el género (posiblemente yo también lo tenga) y su fandom es algo “nervioso”, comics estupendos pasan desapercibidos para una gran mayoría. Hay que ponerle remedio.

Como os decía, no soy fujoshi ni tampoco lectora habitual de BL; así que el tebeo de hoy, Canis Stories de Zakk (pseudónimo de Ishie Hachi), seguro que es un viejo amigo para los connoisseurs. Mis queridos malolientes otacos, pido disculpas por haberme caído de un guindo. Aun así la entrada de hoy estará dedicada al manga en cuestión. Porque me está pareciendo fetén, oigan.

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Canis, canis. Sustantivo de género común perteneciente a la tercera declinación, tema en -i. Traducción al castellano: perro, sabueso, subordinado. Estas “historias de perro” poseen, como sugiere el título, algo de canino. A veces tierno, otras salvaje… pero siempre leal. Las facetas más conocidas de nuestros amigos ladradores aparecen en este manga representadas de forma bastante original, demostrando que peludetes y humanos tenemos bastante en común. Este es el sustrato sobre el que la autora desarrolla sus relatos. Y digo relatos porque, aunque Zakk comienza y parece que finiquita cierta historia, el perro continúa su vagabundeo por otra bien distinta. Canis Stories sigue en publicación, además. Desde 2012 que empezó a serializarse en Opera,  ha alcanzado los 4 tankôbon. Y deseo que le sigan más, uno por lo menos porque no nos pueden dejar así, coñe.

Los tres primeros, Canis: Dear Mr. Rain y Canis: The Hatter (2 y 3), están dedicados a Satoru Kutsuna, de oficio sombrerero, y a su extraña relación con el enigmático Ryô Kashiba. El cuarto volumen, Canis: The Speaker, se enfoca en unos personajes del antiguo entorno de Ryô Kashiba. Hombres con vida muy espinosa desde la niñez, siendo su infancia precisamente el punto de partida. Mientras el trío inicial resulta la acostumbrada narración BL, con dos bishônen de protagonistas y el romance como médula argumental, el último es… otra cosa. Horrible, sórdida y dura como un diamante. De un cuento tierno e inofensivo, pasamos a una novela negra. Me ha sorprendido bastante ese cambio tan radical de tono, aunque posee su lógica interna. Y me ha gustado mucho también. Sin embargo, admito que el giro no será de agrado general, pues el público del yaoi más rosado no suele sentirse atraído por cuentos de yakuza y violencia sexual. Pero vayamos con un poco de orden (solo una pizca, no os malacostumbréis), comencemos por el principio.

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Satoru Kutsuna es un artesano, un diseñador de sombreros que mediante su talento está consiguiendo abrirse camino en el mundo de la moda y los complementos. Dirige su propia tienda junto a dos colaboradores, que sufren estoicamente su alarmante perfeccionismo. Kutsuna es un hombre con el que resulta arduo trabajar por su irritante minuciosidad y falta de tacto, lo que está haciendo muy difícil conseguir que se mantenga en su empleo el imprescindible cuarto miembro del equipo. Todos acaban despidiéndose, por lo que el negocio no termina de despegar tampoco. Un día se tropieza con un joven que se encuentra tirado en la calle y, llevado por la compasión, en un impulso se lo lleva a casa. Como si fuera un perrillo desamparado. No puede evitar recordar la llegada a su vida del que fue su mejor amigo durante la infancia, un Shiba Inu abandonado en una caja: Kotarô. Kutsuna siente debilidad por las cosas rotas y desvalidas, no las puede dejar pasar. La cuestión es que este nuevo cachorro le agujereará el corazón sin darse cuenta.

Ryô Kashiba, que así se llama el chico, es de Nueva York, aunque su familia sí proviene de Japón. Dice que ha ido hasta allí para morir. Nada más, es todo un misterio. Kutsuna lo contrata para que haga tareas de maniquí en su tienda, y descubre que todos, todos, TODOS, los sombreros que ha hecho y que piensa realizar, le sientan maravillosamente. La presencia de Ryô lo inspira, y a los clientes también. Y a partir de estas premisas, Zakk nos zambulle en el día a día de un profesional de la moda, su pasado, su presente y su futuro, presentándonos a su querida abuela, a su sempiterno rival Gotô (que es su acicate para progresar y le ayuda más de lo que le gustaría reconocer), a su ayudantes A-ko y B-O o a su amigo peludo Kotarô. Cierto que son más bien figurantes con las pinceladas justas para hacer congruente la historia, pero son importantes en la vida de Kutsuna.

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Ryô es el enigma que se va desentrañando. Poco a poco, lentamente. Su pasado en Estados Unidos está relacionado con el crimen organizado, aunque él se encuentre en el escalafón más bajo de la jerarquía. Es el chucho, el chico de los recados que todos usan y al que no prestan atención a pesar de su conmovedora fidelidad. Y hasta ahí puedo contar, sin embargo aclaro que Ryô Kashiba es transparente como un vaso de agua. Un alma pura.

Me llamó inmediatamente la atención lo bien que plasmó la autora, al inicio del manga, ese prejuicio que tienen los japoneses hacia los extranjeros, la inmediata desconfianza que provocan; así como el estereotipo del hâfu o medio japonés, que se les encasqueta el papel de modelos o actores por su, ejem, exótica belleza. Y como modelo lo contrata Kutsuna, por cierto. También muestra esa ineptitud hacia los idiomas extranjeros del que hacen gala en las islas, sobre todo hacia el inglés, y otras pequeñas pero muy curiosas críticas sociales de baja intensidad que sirven para enmarcar el argumento. Zakk se sirve también del humor para suavizar algunas aristas que podrían hacer del tebeo una historia algo más cruda, pero también más vulgar. Los recursos cómicos son modestos pero muy naturales, lo que otorga una espontaneidad candorosa.

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En Dear Mr. Rain y The Hatter hallamos la habitual idealización de las relaciones homosexuales del Boys’ Love, así como el acostumbrado peaje de fanservice. Nada del otro jueves, sin embargo a su favor debo señalar que Zakk lleva los tópicos del género con sencillez y sutileza. Plantea la historia como un slice of life, sin complicaciones. El romance se va introduciendo de manera paulatina e inclinándose por la vertiente ingenua y limpia. Más que un yaoi, parece un shônen-ai. Es el reencuentro de Kutsuna consigo mismo para lograr un autoconocimiento más profundo, y superar la pérdida del amor verdadero. Ese sería el resumen en bruto. Kashiba no deja de ser un instrumento al principio, un mero sustituto que cubre temporalmente el vacío, para luego convertirse en un descubrimiento vital. De inumimi psicológico pasa a ser humano. Son muy interesantes los paralelismos que la mangaka realiza en sus viñetas, mostrando el fuerte contraste entre la vida de uno y otro. Cómo han llegado hasta donde están, su proceso de evolución personal y, a pesar de las tremendas diferencias, cómo su colisión logra que se complementen de manera natural. Y según funcionan las relaciones humanas, la suya también padece de altibajos, por supuesto. Pero Zakk soluciona todo con la suficiente dosis de terneza. Y candidez. Como en las buenas comedias románticas de antaño, sin empalagar. ¡Gracias! Lo del azúcar está siendo una plaga en casi todos los géneros, resulta complicado encontrar una obra que no esté sobreedulcorada. Y encima los paladares se van acostumbrando a ello, que es lo peor.

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The Speaker se podría considerar un spin-off o también una precuela, no obstante pienso que habrá que esperar a que la serie finalice, porque también puede ser que se trate de una historia más de las que Zakk tenga pensado engarzar. O no. El registro es muy diferente al de los tankôbon anteriores. Pero mucho, de hecho la transformación resulta brutal. La vida de algunos perros puede ser tremendamente cruel. Ya no se trata de un delicado shônen-ai, dudo incluso de que se pueda catalogar como yaoi. Es un tebeo feroz por el que desfilan violaciones, torturas y maltratos; prostitución infantil, trata de blancas y tráfico de drogas. Los bajos fondos en su más deleznable esplendor.

Si la historia del sombrerero tiene lugar principalmente en Japón, este último volumen nos traslada a Estados Unidos y unos cuantos años atrás en el tiempo. Se trata del relato de tres chavales en un orfanato católico, de cómo tratan de no ser separados y advierten que en su entorno hay algo que no es normal. Algunos niños son adoptados, otros enviados a instituciones educativas y otros… desaparecen. Harold, Samuel y Tadanobu son familia, son amantes, son indivisibles. Cada uno con una virtud que lo hace brillar sobre todos los demás y que les sirve de protección: la asertividad y valentía, la inteligencia y estrategia, la capacidad de observación y el espíritu de sacrificio. Pero todos sus esfuerzos son inútiles, al final el trío es disuelto y Zakk dirige nuestra mirada al perrezno más débil de la camada. La nueva vida de Tadanobu, que ha sido vendido a la yakuza y destinado a un prostíbulo en Tokio, no resulta precisamente la misma que la de sus amigos. Lo que experimenta allí es inenarrable y su única arma para sobrevivir (y lograr reunirse con ellos) son las palabras.

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Una de las cosas que más me han gustado de ambas narraciones es el arte de Zakk. Da la sensación de que tuviéramos frente a nuestros ojos un manga de los años 90, pero triturado en la batidora de Moebius o Battaglia. Muy, muy interesante. Y bonito. Es rudo cuando tiene que serlo, y como confitura de fresas en el momento adecuado; el estilo fluye y se adapta al tono requerido a la perfección. Posee un registro amplio y versátil, me ha sorprendido para bien. Simple, contundente y muy expresivo. La composición general de las viñetas también refuerza esa noción de mutabilidad del dibujo, conservadora en sus formas pero que, en ocasiones, rompe la corriente con ángulos o planos imprevistos, dando gran importancia a ciertos detalles. A grandes rasgos, las formas de Zakk tienen todo lo bueno de la comercialidad moderna y las ventajas de añadir diminutas chispas vintage. Un win-win total.

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El arco del sombrerero es un cuento gentil sobre las facetas del amor y su floración; con brochazos bastante originales pero sujeto a ciertos convencionalismos del shônen-ai. Muy agradable y con ligera intriga. En conjunto tiene el potencial de gustar tanto a fujoshi como a profanos, y eso es todo un meritazo. Es indudable que va dirigido al público femenino japonés, no obstante la virilidad de los lectores masculinos heterosexuales no sufrirá ningún tipo de agravio por leerlo, de hecho es bastante entretenido. The Speaker es el reverso tenebroso, su argumento es más propio de un seinen de lo más inmundo, por lo que puede despistar a los que hayan quedado encantados con los 3 primeros tankôbon. Personalmente estoy disfrutando más la dimensión sombría de Zakk, porque además no se anda con remilgos ni melodramas. Es directa pero a la vez grácil, y su pluma secciona como un escalpelo. Veremos hacia dónde se dirige en los siguientes episodios, estoy impaciente por leer más. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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¿Y ahora qué toca? Verano 2016

Menuda primaverita. La verdad es que solo he sacado en limpio al DJ cocinero, con el que he disfrutado como una perraca. El resto de series pues… no mucho. Lo más decente, aunque nada del otro mundo, ha sido Joker Game. Tenía bastantes expectativas puestas en esta serie aunque también muchos recelos, y ha resultado un producto formalmente bueno pero con un contenido mediocre. No malo, pero sí vulgar. La terminaré de ver, por supuesto, ya que su función de entretenimiento la cumple y no me irrita en ningún aspecto. Sin embargo, Bungô Stray Dogs, a pesar de mis reiterados esfuerzos, no la he podido continuar. Lo he intentado, pero no tengo ya talante para histrionismos. Kabaneri of the Iron Fortress empezó fetén y se ha ido convirtiendo en un producto harto convencional. Consecuencia: me aburrí y la mandé a escaparrar. Me puse con Flying Witch y no pasé del cuarto capítulo. Demasiado tranquilota, los narcóticos tienen su momento. Quizá más adelante le dé otra oportunidad, sé que la merece, pero ahora el cuerpo me pide otra cosa.

Conclusión: ¡viva Tonkatsu DJ Agetarô! Que un anime de 5 minutos y ejecución simplona me parezca lo más destacado de los estrenos de esta temporada, creo que lo dice todo. No voy a añadir más. Así que veamos lo que nos ofrece el verano, esa estación del año que lo único bueno que tiene para mí es que le sigue el otoño, mi favorito. Sin ánimo de presumir (qué va, jojo), mi zona se pone preciosa en esa época, con mis queridos arces y hayedos ardiendo entre las primeras nieves. ¡Ay, pero qué ganas de que llegue octubre ya, joder! Bueeeeno, las noches estivales las suelo disfrutar también, lo admito. Agosto y mi telescopio cutre-salchichero son geniales, quizá porque no hay sol. Odio el sol.

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“Luna de verano en Miyajima” de Tsuchiya Koitsu (1936)

Expongo a continuación una pre-selección de lo que planeo olisquear esta temporada. La mayoría de los anime los he elegido guiada por mi intuición de topo o porque el argumento me atrae, pero no he tenido en cuenta ni estudios, ni directores, ni nada parecido. ¿Por qué? Porque al final acabo viendo solo lo que me gusta de verdad, proceda de donde proceda. Ya después prestaré atención al resto de detalles, pero lo principal es que retenga mi atención lo suficiente para que finalice la serie. Últimamente no son muchos estrenos los que lo logran, y eso tampoco me tiene muy contenta. Bueno, al turrón.

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Tenía en mente los siguientes anime, pero al final he decidido no verlos. Por ahora. El primero de ellos es ReLIFE, que atraerá mucho público porque parte de una base atractiva: slice of life y vida escolar con una chispa de mmm… magia. O algo así, un adulto que tiene la ocasión de regresar a su adolescencia y al instituto. Es bastante común encontrar en series y mangas la idealización (más bien obsesión) que padecen los japoneses por esa época de la vida. Personalmente, no se me puede ocurrir escenario más pesadillesco: un momento donde todavía no se sabe de la misa la mitad pero sí se tiene la arrogancia para creerlo, se hacen y dicen gilipolleces en modo AK-47 y encima brotan miríadas de granos. La adolescencia es una mierda, señores. La edad adulta también, pero menos. Regresando al tema, ReLIFE no me convenció y el cupo de school life con fenómeno anómalo de por medio ya lo tengo cubierto con otra serie.

Sweetness and lightning. Ya solo el título se me atragantó. A veces me pregunto por qué narices los japoneses son tan cursis. Aun así me planteé seguirla durante cinco minutos. Luego reflexioné y se me pasó. Estoy segura de que los amantes del slice of life y la comedia blanca, con criatura kawaii hiperactiva y megafeliz que aporta las dosis pertinentes de ternura y gracietas espontáneas, la disfrutarán. Yo no. Soy una misántropa que solo se regocija en descuartizamientos, obras del precámbrico y galimatías hipster. Estoy de guasa, claro, pero necesito unas vacaciones. Y tras ellas, no creo que las aventuras culinarias de la familia Inuzuka me sigan llamando mucho la atención. Aunque a saber.

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Adoro los vampiros, así que durante un par de segundos pensé que Servamp podría resultar divertida. Luego leí la sinopsis completa y me dí cuenta de que el peligro de que ese anime fuera excremento de trol era muy real. Por lo que extirpé el deseo de mi débil mente. Cosa semejante me ocurrió con Hitori no Shita: the Outcast, y es que el género zombie está ya muy xocarradito y la imaginación brilla por su ausencia. Deberían dejarlo descansar unos años, y no solo en el mundo del manganime. Que ya huele.

Con Handa-kun he dudado, de hecho mis intenciones iniciales eran seguir la serie. Pero como con el manga estoy bien servida y la historia no me cautiva tantísimo como para verla de nuevo en su versión animada, he preferido aparcarla. Dependiendo de cómo marche, igual me subo al carro más adelante.

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Como indica el estupendo encabezado (¡dios salve mi arte con el Paint!), son series que tantearé pero que tampoco me emocionan demasiado. A priori. Estas cosas cambian y mucho. Veamos entonces.

Fukigen na Mononokean

Tiene unas premisas que recuerdan levemente a xxxHolic, pero le voy a dar su oportunidad because yôkai. Es muy posible que se me haga insoportable por mis problemas en general con la comedia y me da un pelín de mal rollo. Vamos, que me parece tiene aspecto de bosta, pero Fukigen na Mononokean tendrá sus dos episodios de gracia because yôkai. Eh, y quién sabe, a lo mejor me llevo una sorpresa agradable y todo.

Orange

Este slice of life con toques de sci-fi es el caramelito de la temporada. Tienen que meter el patón muy profundo y con saña para realizar un anime abyecto con esta materia prima. Orange es un producto que viene ya con sello de garantía; probablemente tenga una recepción estupenda además, no puede ser de otra forma. Y si ya se esmeran un mínimo con el arte, tendremos uno de los productos no ya solo de la temporada, sino del año. Lo tienen muy fácil. Personalmente no estoy muy ilusionada con él porque el manga tampoco me atrapó, pero sé valorarlo a pesar de mi tremenda alergia a la sensiblería o al melodrama lacrimógeno. Y de eso puede haber un poco… aunque no se me asusten: con un mínimo que sea fiel al manga, la insulina no será en absoluto necesaria.

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Mob Psycho 100

Solo espero no encontrarme con una clonación de las ideas de One Punch Man, porque esa clase de efectismo funciona una vez. Una segunda puede hacer perder la chispa… y eso en una comedia es nefasto. Sin embargo, estoy elucubrando porque ni he leído el manga de Mob Psycho 100, ni he indagado demasiado en su argumento. Precisamente para aumentar las posibilidades de llevarme una sorpresa guay. Aun así, tengo mis reticencias que, fíjate qué cosas, también albergaba con One Punch Man. Lo dicho, deseo que me impresionen para bien.

ñam

Es la intención, comerlos a gusto. Pero no hay nada seguro en el mundo, señores, salvo la muerte y los impuestos.

91 Days

Es mi prioridad definitiva este verano. Estados Unidos, años 20, la Ley Seca en plena vigencia, mafia y vampiros. PERFECTO. Claro que recuerda un pelín a Baccano!, pero eso no tiene por qué ser malo. Tengo puestas muchas esperanzas en este seinen, ¡menuda pintaza! Aunque ya veremos cómo se desarrolla el tema. Nunca se sabe, puede acabar convirtiéndose en el enésimo bluff. Pero en principio, 91 Days contiene muchos de los ingredientes que me hacen salivar hasta la deshidratación.

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Bananya

No tengo ni idea si voy a lograr encontrar un sitio en la red que lo suba y lo traduzca (seguramente no) pero,  ¡quiero ver Bananya! Un anime de 5 minutos cuya sinopsis es la siguiente:

“Bananya is a mysterious cat who hides inside a banana. Bananya lives undercover inside a real banana, and no-one has ever seen the part covered by banana skin… When nobody is around, Bananya secretly plays and creates mischief. Bananya likes to play and eat sweet things. Bananya’s dream is to become a stylish chocolate banana.”

Yo esto tengo que verlo, sin más. Aunque luego me fermente el cerebro.

 

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Como esta temporada les he echado el ojo a varios aspirantes animierder bastante prometedores, habrá sección semanal dedicada a algún engendrillo de estos. Hatsukoi monster tiene casi todas las papeletas para ser la diana de mis crueldades; aunque Fudanshi Kôkô Seikatsu también tiene pinta extremadamente mongoloide. Observo muy de cerca Taboo Tattoo, que huele a truñaco de camello a kilómetros, y Tsukiuta the Animation es descerebre ratificado, por lo que me veré un par de episodios de cada uno y decidiré cuál me inspira más.

Si descubro que Saiki Kusuo no Psi Nan posee dignidad de animierder, quizá añada un mini-apéndice a la sección, porque se trata de una serie de 5 minutos y características bastante idiotas. Ya veremos, pero podría intentarse si no me da mucha vergüenza ajena… y se le puede sacar algo de jugo, claro.

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Las “monadas” de Tsukiuta. El megane es mío, aviso.

Respecto a películas, Koe no Katachi se estrenará el 17 septiembre, e ignoro cuándo podremos verla en el resto del planeta. La distribución y acceso a este formato es, desafortunadamente, más lento. Mientras tanto, nos consolaremos mediante el manga, que no es poco. También la curiosidad me carcome con la OVA de The ancient magus’ bride, que aparecerá en cines el 8 septiembre. De su manga hablo aquí, por si buscáis más información sobre la obra. Me llama la atención Kimi no Na wa, pero que el romance se pueda enseñorear por completo de la historia me da un poquillo por saco. Saldrá a finales de agosto, desconozco cuándo se podrá ver fuera de Japón.

Por otro lado, tengo muchichichichichísimas ganas de ver el corto Kaze no Yô ni. Pero muchas. Está basado en un one-shot del año 1969, escrito por el gran Tetsuya Chiba. Tiene todo el encanto y amor de los anime del pasado, porque han respetado su estilo artístico por completo. O al menos es lo que se deduce del trailer, que me ha dejado encantada. Hasta la cancioncita de Kana Matsumoto me ha gustado. Ah, qué nostálgico todo.

Como siempre apostillo, no sería extraño que abandonara series que incluyo en la dieta y adoptara luego otras que hubiera descartado o ni tenido en consideración. Pero en todo caso, no aumentaré su número, seguramente disminuirá porque me parecen muchas. Aun así, estoy abierta a vuestras sugerencias y otras alternativas. Pero a fecha de hoy, estos son los anime que son y así os lo hemos contado.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Blue Valentine

San Valentín ya se acerca… y no es una de mis fechas favoritas del año precisamente. La gente se pone muy tontorrona y a mí me da por ver pelis de mafiosos. Es mi tradición personal, una especie de vasallaje macabro a la Matanza de San Valentín que acaeció en Chicago allá por 1929. Por eso esta pequeña entrada se la voy a dedicar a uno de mis animes favoritos de esta temática: Baccano! Y, por supuesto, me lo voy a ver por enésima vez junto a imprescindibles como Goodfellas, Mean Streets, ScarfaceDu Rififi Chez les Hommes y las que haya tiempo de que caigan. Debo organizarme bien porque tengo de nuevo apiñamiento de fechas de conciertos, los problemas en el Pirineo persisten (y lo que te rondaré, morena) y claro, mi cuerpecillo tiene sus límites. Lo sé: todo es quejarse, toooodo es quejarse.

Baccano!

バッカーノ!

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¿Quién no conoce Baccano!? Se podría considerar ya un clásico del anime. Esta serie rompió moldes, arriesgó lo suyo y se atrevió a aplicar recursos y conceptos más propios de la literatura y sobre todo del cine, pero que rara vez aparecen en la animación generalista. Por supuesto, para gustos, colores. Si lo tuyo no es la novela policíaca, el cine negro, la violencia y las trombas de sangre, esta evidentemente no es tu serie. Pero a pesar de las preferencias personales, es innegable que Baccano! es un producto original, inteligente, muy divertido y ejecutado a la perfección. Ah, y con mucha clase.

Es complicado hacer una reseña de un anime que tiene como unos 20 personajes variopintos donde son todos protagonistas. Esta es una obra absolutamente coral y existen varias tramas en casi igualdad de importancia e independientes entre sí. Por supuesto, confluyen, pero no hay un argumento unificado. A todo esto hay que añadirle que estas historias están disociadas temporalmente; la narración se encuentra llena de rupturas cronológicas (flash-backs, flash-fowards), así que el nombre de la serie, ilustra con precisión lo que podemos encontrar en ella: baccano se podría traducir algo así como follón, caterva, barahúnda, tropel, jaleo… Y es que este anime es el caos, la anarquía; pero con conocimiento. Lo que en un inicio se divisa como una obra dislocada, dando solo dos pasos atrás, se percibe en una cohesión sólida. No hay que dejarse abrumar, eso es esencial. Siempre que recomiendo este anime a alguien, le pido que se vea del tirón los tres primeros capítulos. Si lo consigue, ya se ha hecho con ella y, probablemente, esté enganchado. No falla.

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Es bastante poco lo que me atrevo a escribir sobre esta obra sin correr el riesgo de exponerla. Es una serie compleja aunque no hace falta ser Einstein para comprenderla; solo prestar un poco de atención y dejarse llevar. Es un anime que apunta directamente a las tripas. No hay sesudos estudios psicológicos de personajes, tampoco grandes reflexiones filosóficas; en ese aspecto es primario, básicamente una comedia, pero una comedia bastante salvaje. Abstenerse los que no lleven bien el humor negro. 

Resulta increíble cómo en solo 13 capítulos (y tres OVAS) Baccano! es capaz de evolucionar magníficamente sin que se eche en falta nada. No decae en ningún episodio, no da tregua. Hasta el elemento sobrenatural tiene su papel… y solo es un integrante más del auténtico aquelarre que podemos encontrar. Por supuesto, como buena obra postmoderna, encontramos múltiples referencias culturales y homenajes cinematográficos que aumentan la satisfacción de su visionado. Esa sutil ironía que a veces se olisquea en finas vaharadas es, simplemente, genial. Por si no había quedado claro, amo esta serie hasta la muerte.

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La mayor parte de las historias tienen lugar durante los últimos años de la Ley Seca, aunque no hay que perder de vista el s. XVIII. The Flying Pussyfoot, un tren que atraviesa Estados Unidos desde San Francisco hasta Nueva York, es el escenario principal (aunque no el único) que vertebra parte de la serie. Mafiosos, delincuentes, psicópatas, alquimistas en posesión del elixir de la inmortalidad y muchos más forman este elenco multiforme que depara momentos de todo tipo: absurdos, delirantes, (extremadamente) sangrientos, hilarantes, macabros, amorosos (en serio) e intrigantes. Es muy fácil encariñarse con algunos de ellos, mis favoritos son Chane Laforet y Czeslaw Meyer, pero aquí cada uno tendrá los suyos.

El tipo de animación no es de mis favoritos, pero admito que es excelente a lo largo de toda la serie. La dirección artística es sublime, capta los ambientes con verdadero esmero hasta en los más pequeños detalles, chapeau! Y qué decir de la banda sonora… aunque el opening no me acaba de convencer (tampoco me parece horroroso, que conste), es una delicia, adoro el jazz clásico.

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Baccano! es un anime que, aunque no guste el estilo, debe verse por lo menos una vez en la vida. Es realmente especial. No tengo mucho más que añadir después de este rollo patatero en el que me deshago en elogios (soy así de irracional, qué pasa). Y sí, me voy a dormir. Os dejo con mi querido Tom Waits, hale, nite nite.