Manga vs. Anime: Ristorante Paradiso

 

Lo prometido es deuda. Y aunque estoy pasando unos días un pelín locos a causa de la escasez de tiempo para mí misma, aquí está el Manga vs. Anime que empató en la encuesta twittera de hace una semana. Tenía la sección algo abandonadilla, con varios borradores además a medio hacer, así que debía aparecer tarde o temprano. Mi idea inicial era escribir sobre 3-gatsu no Lion, pero como tendremos segunda temporada (¡BIENREQUETEBIÉN!), lo consideré algo tonto, prefiriendo retrasar la entrada hasta que el anime finalice. ¿Qué otras opciones me quedaban? Pues una de ellas la que presento hoy: Ristorante Paradiso (2005) de Natsume Ono. Como dentro de unos días tendré la reseña de ACCA: 13-ku Kansatsu-ka para Otakus Treintañeras, me pareció adecuado elegir una obra de la misma autora y ponerme un poco… in the mood.

Natsume Ono es una mangaka que me gusta bastante, creo que es una de las mejores creadoras que hay en este momento y que goza además de cierta popularidad en Occidente. No entre el público medio otaku, ya que Ono se aleja de los parámetros comerciales, sino entre los consumidores adultos de cómic. Publicar josei continúa siendo un riesgo, aunque los lectores parece que se van abriendo más, así que Milky Way decidió apostar por Ristorante Paradiso el pasado 2015. El desafío no acabó del todo bien. Porca Miseria. En España parece que no ha gustado demasiado, una gran lástima, pero en Francia o Estados Unidos es una autora de prestigio. Lo malo es que pasará un tiempo hasta que alguien se anime otra vez a publicar algo de Ono, por lo que sus (escasos) fans en la península ibérica estaremos obligados a recurrir al extranjero (vaya novedad). Y no podremos disfrutar, por ejemplo, de la continuación-precuela de Ristorante Paradiso, Gente (2006).

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Isis, la Guardiana del Manga

Pero dejemos las cosas claras: que servidora sea admiradora de alguien no implica que, a ojos cerrados, mastique y trague todo lo que publique. Nanay, camaradas otacos. Y algo similar me ocurrió con Ristorante Paradiso, de modo que sí, lo que tenéis delante es un Manga vs. Anime de una obra que no me convence del todo. No considero que sea mala, pero en comparación con otras que he leído (y visto) de la mangaka, es flojilla. Sin más. Nastume Ono de momento tiene tres adaptaciones al anime. La primera fue esta, después la magnífica Sarai-ya Goyô (2010) cuya reseña tenéis aquí; y la última la recién finiquitada ACCA: 13-ku Kansaitsu-ka. La más destacada continúa siendo Sarai-ya Goyô, sin duda; la más endeble Ristorante Paradiso. Todas transmiten una verdad indiscutible respecto al arte de Ono: el color le sienta muy, muy bien. Mejor que el B/N clásico del manga. Esto no quiere decir que ese trazo vigoroso de reminiscencias cubistas tan característico suyo no sea suficiente por sí mismo. Nada de eso, sino que resplandece cuando se encuentra a color. Su estilo me encanta, sin embargo admito que a mucha gente acostumbrada a formas más estándar pueda resultarle chocante. Pero es su arte uno de los puntos fuertes de Ono, y el que le otorga una importante ración de originalidad. Porque sus historias también tienen un poso en común, y es cierta languidez. Una suave melancolía que sobrevuela sus narraciones sin doler, aunque a ratos se convierta en algo… insípido. Nadie es perfecto. ¿Sucede esto en Ristorante Paradiso? Un poquito, aunque concurren más elementos para que me llegara a decepcionar. No demasiado, pero… pero.

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Ristorante Paradiso evoca con su nombre esa maravilla cinematográfica que fue Cinema Paradiso (1988). No tienen mucho más en común, salvo la declaración de amor que son cada una al cine y a la gastronomía. Dos paraísos en la tierra. Y que ambas son para degustarse con tranquilidad, porque aluden con sutileza al frágil universo de los recuerdos y los sentimientos. Pero si en verdad Ristorante Paradiso conjura a un género del cine, es a la comedia romántica. Pero no a una comedia romántica cualquiera, no. En esta obra resuena con fuerza el eco de Vacaciones en Roma (1953), de Sabrina (1954), donde casi todo es posible y el mundo está poblado de buenas personas. Esa ingenuidad y elegancia de la comedia romántica clásica hollywoodiense, que en la actualidad no existe porque se ha convertido en un pastiche cursi y ruidoso, es lo que encontramos aquí. Y es algo que debemos tener en cuenta, la potente idealización que Ono aporta a su obra. Idealización de la Vieja Europa, con los clichés de la somnolienta y alegre Roma: el saber disfrutar de la vida con serenidad a través de los pequeños detalles, como una copa de buen vino o un postre delicado. Si tenemos en cuenta esto, podremos entonces saber qué pedir o no a Ristorante Paradiso. Es un drama costumbrista con romance ligero de fondo, nada más. Simple, tierno, pero no profundo. Y claro, yo esperaba una miqueta más.

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La comedia romántica es un género que me suele desquiciar bastante. Sobre todo por absurda y babosilla. Hay excepciones, por supuesto, y Ristorante Paradiso, como bebe directamente de las fuentes primigenias menos azucaradas, no me resultó demasiado indigesto. Y en lo que respecta al romance principal, es realista, lo que se agradece. Mucho. Pero sigue siendo una comedia romántica, y sus (cansinos) tópicos refulgen como la bella Rigel a los pies de Orión. Si mezclamos todo esto con las peculiaridades del manganime japonés, tenemos Ristorante Paradiso. Se trata de un reverse harem donde los muchachos no son tan muchachos, y la protagonista no es tan idiota como en un shôjo/josei tradicional. Con retranca. Ese papel (el de descerebrada) lo cumple la madre de nuestra heroína. De hecho, es una pequeña crítica por parte de Ono a toda esa infinita ristra de protagonistas femeninas medio lelas que pueblan los romances en el tebeo nipón. Pero vayamos en orden.

Nicoletta es una joven de 21 años que se ha criado junto a su abuela. Su madre, Olga, después de quedarse viuda, no tuvo mucho tiempo para su hijita pues su trabajo como abogada era muy absorbente. Además, poco después, volvió a enamorarse. Pero el hombre con el que acabó casándose no quería saber nada de mujeres que hubieran tenido hijos de otras relaciones, por lo que Olga ocultó a Nicoletta. La abandonó por el amor de un hombre y solo se ponía en contacto con ella en ocasiones puntuales. ristorante1Nuestra protagonista creció sana y bien cuidada, pero el resentimiento hacia su madre fue creciendo hasta que, por fin, decidió ir a Roma para desenmascararla. Pero las cosas no resultaron como ella pensaba. Su madre es una mujer realizada con su trabajo y, ante todo, feliz por el amor incondicional que siente hacia su marido, Orsini. Su padrastro regenta un restaurante muy peculiar, donde todos sus trabajadores son caballeros de mediana edad con gafas. Olga le pide que no la delate todavía, y Nicoletta accede, todavía sorprendida gratamente de lo que encuentra allí. Y como no puede vivir del aire, chantajea a su madre para que pueda trabajar en la Cassetta dell’Orso como pinche de cocina. Nicoletta conocerá ahí al personal y hará buenas migas con todos, en particular con Claudio, del que se enamora. Pero ella no es la única, el restaurante tiene una clientela habitual femenina que no cesa de fangirlear en torno a Luciano, Gigi,  Teo, Vito y Furio; aunque el favorito de las novatas es Claudio. Todos son extremadamente corteses y atentos, lo que embelesa a la mayoría de las comensales. Btw,  mi favorito es Gigi, el sumiller ❤ .

Ristorante Paradiso es un manga sin sobresaltos, con los giros habituales de la comedia romántica más plácida y sin complicaciones. Todo gira en torno al amor, la comida y el vino. El microcosmos de la Cassetta dell’Orso está muy lograda, así como las breves pinceladas que sirven para definir a cada personaje. Se percibe muy rápido el entorno cálido y acogedor, de excelencia profesional y enorme cariño por el trabajo. Por ese lado, la ambientación y los perfiles son impecables, nada que objetar. Sin embargo, comparada con otras obras de Ono, me resultó deshilachada y algo hueca. ¿Ocurriría lo mismo con el anime?

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A pesar de los pesares, gana el manga. No muy de largo, pero el tebeo es el verdaderamente triunfador. El anime es irregular, da una de cal y otra de arena constantemente, y eso termina agotando. Por lo menos a mí. Del espanto más espantoso se puede pasar como el rayo a una escena construida con tino y buen gusto. Y así no se va a ningún sitio, camaradas otacos. No obstante, son once episodios que a nivel argumental se desarrollan con calma, sin aspavientos ni intensos melodramas. Capta muy bien la esencia del manga en general, de hecho algunos capítulos son bastante fieles; sin embargo, falla estrepitosamente en dos aspectos: el arte y el redondeo.

Natsume Ono es espectacular en color, por lo tanto era de esperar que en el anime de Ristorante Paradiso pudiéramos contemplar su estilo realzado. Y no acaba de ser así. La paleta de colores resulta demasiado apagada para la fuerza de los trazos de Ono, es casi casi preferible en el original B/N. Le falta acidez, viveza. Para rematar la faena, es meridiano que el presupuesto de David Production era muy ajustado, porque aunque los personajes están trabajados con normalidad, hasta cierto esmero a veces, los fondos, la ambientación, el mobiliario, etc, cuando caen en las garras del CGI derivan en un auténtico naufragio. Aparte de que hay una incuestionable pobreza visual en los interiores, el modelado 3D y esos horribles zooms de algunos planos pueden provocar el advenimiento del Anticristo. Hacen mucho daño, tanto por lo atroz como por el contraste que genera. En los primeros episodios me sorprendió observar cómo jugaban con las texturas de los tejidos de las ropas, un poco al estilo de Gankutsuô (2004) pero más discreto, sin embargo esos acertados detalles quedaron muy pronto eclipsados por la gran guarrería informática restante.

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El manga es muy breve, solo tiene 7 capítulos, lo que hacía un poco difícil realizar una adaptación coherente. Por lo tanto, acudieron a su precuela, Gente (2005), para tornear y ampliar el horizonte de la Cassetta dell’Orso. Esto ayudó a que conociéramos mejor a los personajes y sus vidas, la historia de la creación del restaurante, etc. En teoría una buena idea para redondear un tebeo que quizá se hace demasiado veloz y superficial. La cuestión aquí es con qué se redondeó la obra y cómo. Bueno, pues el anime de Ristorante Paradiso elevó mis niveles de glúcidos en sangre a cotas estratosféricas. Aunque añadieron más datos que contribuyeron a completar los huecos del manga inicial, esos mismos datos los adulteraron con azúcar refinado. De ese tan rico que es excelente para desarrollar una robusta diabetes. Si el manga en sí se encontraba en mi límite de tolerancia, el anime no respetó ese comedimiento tan fabuloso de la comedia romántica clásica, zambulléndose de pleno en la contemporánea. Y yo con ella no puedo. No me la creo, me parece cutre e idiota. No obstante, debo advertir que si Love Actually (2003), El diario de Bridget Jones (2001) y otros engendros infectos del mismo pelaje los disfrutaste, Ristorante Paradiso es muy posible que te guste. Por mi parte, prefiero mil veces la simplicidad casi austera del manga que un rebozado empalagoso.

Pero, ¿tiene algo de bueno el anime? Aparte de averiguar más sobre el pequeño universo de Ristorante Paradiso, la música. La música es maravillosa, y me refiero también al opening y ending. Suelo ignorarlos por sistema, pero en este caso no pude hacerlo. El conjunto resulta espléndido. La mezcla de jazz con arreglos de música tradicional italiana es prudente y elegante, muy efectiva. Un 10.

Entonces, ¿recomiendo el manga, el anime, ambos, ninguno…? Pues vosotros mismos. No me arrepiento de haberlo visto ni de haber comprado el manga, Natsume Ono es una autora de la que siempre se puede sacar algo en limpio, hasta de sus obras más normalitas. Me ha gustado sobre todo el que haya buscado inspiración en las comedias románticas de los años 50-60, tenían un no sé qué difícil de lograr ahora. También los gustos de la gente cambian, y actualmente el hedor postmoderno más sentimental lo envuelve todo (es una plaga). Habrá que esperar a que cambien las tendencias, aunque la demora está siendo larga desde hace ya un tiempo.

Y como en todos mis cumpleaños, siento la extraña necesidad de hacer algo, ser útil, no dejar pasar el día sin haber realizado algo de provecho o que me llene. Escribir lo hace, así que este es mi regalo para vosotros. Gracias por estar ahí. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Primavera 2017

Ya estamos acabando la temporada invernal de anime 2017, ¡qué rápido se me ha pasado! Siempre hago comentarios similares, pero es la purita verdad. Como se intuía, ha sido bastante fofilla… pero había que darle su oportunidad, porque alguna cosa en limpio se ha sacado. Al menos servidora lo ha logrado, pero sin mucha alharaca. ¿Cómo se presenta esta primavera? Pues de forma muy distinta. Hace un par de semanas ya empecé a echarle un ojo, porque barruntaba marabunta de estrenos apetecibles. Y al ahondar, se confirmaron mis sospechas, of course. ¿¡De dónde voy a sacar tiempo para vivir si tengo que manducar todo este anime!? ¿Eh? ¡A ver! ¿De dónde? Pero no hay problema, camaradas otacos, como siempre ocurre, la mayoría de ellos se caerán del cartel. O si el panorama es tan-tan-tan maravilloso,  me veré obligada a aparcar algunos. Pero dudo que se dé el caso.

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“Mujer jugando con gato” (circa 1825) de Utagawa Kunisada

Como es habitual, aviso de que solo tendré en cuenta los estrenos. Tampoco voy a añadir ni sinopsis, ni estudios, ni tralarí-tralará. Me agota toda esa burocracia del anime, y creo que a estas alturas la mayoría de vosotros ya conocéis esa información. Y si no, os remito a la entrada pertinente de mis compis en Otakus Treintañeras, que seguro han añadido algunos datos. Son mucho más aplicadas que yo. Sin embargo, antes de meterme en harina, tengo que admitir que la temporada primaveral está marcada para mí por el regreso de dos series. Un dúo del que esperaba ansiosa segunda temporada: Shingeki no Bahamut y Uchôten Kazoku. Luego ya, aparte, la arribada de la película Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome de Masaaki Yuasa, que se estrenará el 7 de abril (cuando San Juan baje el dedo en el resto del planeta). Lo demás es casi casi accesorio. Nah, tampoco tanto, aunque sí es cierto que ese tándem eclipsa algo lo demás. Por lo menos en mi caso. Veremos si entre tanto pastelito de frambuesas equinoccial, alguno aguanta el tirón de los dos primeros episodios y es capaz de rivalizar con mi pareja de ases. ¡Empecemos!


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Para los novatos en SOnC, en esta categoría coloco los anime que, aunque me apetece ver, tampoco me entusiasman demasiado. A priori. Las tornas pueden cambiar… para el escaparre absoluto o el amorsinfin. Nunca se sabe. También pueden continuar pareciéndome indiferentes, lo que supone en muchas ocasiones que hace falta cavar zanjas en las islas Sandwich del Sur.

TSUKI GA KIREI

Es el que menos me convencía de los que tenía seleccionados para NiFúNiFá, tanto por la ambientación escolar (estoy haaaartaaaaaaaaa) como por el dibujo, que en el trailer me pareció la cosita más anodina del multiverso. Cada vez tolero peor ese lustre informático de textura plasticoide y peste ultrahigiénica. Me da un yuyu tremendo esa asepsia que hay tan extendida ahora. Pero quería darle una oportunidad, quizá vaya más allá del típico slice of life hasta el ojete de barbitúricos, o del school life de prepúberes desentrañando el sentido de la amistad y la vida. Si no abusa del melodrama la cosa prometerá; ante todo que no sea muy cursi. Por favor.

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FUKUMENKEI NOISE

Más adolescentes en la dieta. Esta vez con la música de telón de fondo, que es lo que realmente me ha atraído de este anime. Es un shôjo, por lo que las posibilidades de que la protagonista sea una lerda en busca de novio se multiplican por mil. En este caso tiene pinta además de rarita traumatizada. El trailer me ha dado una sensación desagradable, con esa gosurori del parche pululando y tanto niño malote haciendo poses. No sé si será una serie sin mucha sustancia al final o que realmente merezca la pena. Como albergo bastantes dudas, tendrá sus dos episodios de gracia.

P.D.: Las chicas, aparte de cantar, también podemos componer música. Algunas de hecho lo hacemos. Yo informo, porsiaca.

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ALICE TO ZÔROKU

Ciencia-ficción, slice of life y muchitas dosis de ternura. Una niña con poderes y un anciano de carácter agrio. No sé por qué, pero me viene a la cabeza Heidi y su abuelo. Imagino que el asunto tirará por ahí, aunque modernizado. Bueno, en realidad espero que no tire por ahí, porque entonces mandaré la serie a escaparrar. Heidi no hay más que una. El tema de la redención del típico personaje asocial mediante la intervención de un niño me cansa enseguida. Y la mozuela protagonista encima tiene como pinta de loli. Agh. No sé si bascularán más hacia la vertiente sci-fi, con el rollo conspiranoico de la experimentación, la persecución, los otros especímenes, etc; o la irrupción del terremoto infantil en la escrupulosa vida de un hombre mayor. Lo ideal sería un equilibrio entre ambas, que además le brindaría originalidad. ¿Qué será? Pues habrá que esperar, chavalada.

alice


ñam

Como bien da a entender el cutredibujito, estas son las series que, por lo leído y visto, me provocan más hambre. ¿Es factible que me indigeste con alguna? Por supuesto, es ley de vida otaca. Aunque de momento solo puedo elucubrar, y no tengo demasiado de sibila. Ya veremos qué sucede. Meanwhile…

ATOM: THE BEGINNING

Como ya sabréis, suelo avalanzarme como perro famélico sobre todo aquello que huela a Osamu Tezuka. Atom: The beginning es una precuela del archiconocido clasicazo Astro Boy o Tetsuwan Atom (1963) que si se enfoca adecuadamente, puede resultar muy interesante. El trailer no me ha dicho gran cosa, para bien o para mal. No sigo el tebeo en el que se basa, donde el hijo de Manga no kamisama, Makoto Tezuka, trabaja también junto a Tetsurô Kasahara y Masami Yûki; pero a poco que el anime me convenza, intentaré hincarle el colmillo. Que el director de la serie sea Tatsuo Saitô me brinda algo de confianza por la absurda razón de que su adaptación de Nekojiru Udon (1990) me dejó encantada, aunque esto en realidad no significa gran cosa. Puede perfectamente descolgarse con un adefesio, todos los directores tienen como mínimo uno en su haber. No obstante, le tengo fe. Y ganas. Veremos si se encuentra a la altura de las expectativas.

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WARAU SALESMAN NEW

Un clásico del suspense. Warau Salesman es el epítome de la maldad enmascarada de buenas intenciones y una sonrisa. Me alegra que hayan retomado la idea del manga del gran Fujio Fujiko para darle nueva vida. El anterior anime data de hace más de veinte años, requería una actualización. Desconozco qué formato tendrá, imagino que episodios de cinco minutos, pero habrá que esperar a más información. El vendedor que sonríe es una recreación del mito de Fausto a la japonesa, con mucho humor negro y cientos de escalofríos. No está mal que dejen caer alguna perlita así dirigida al público adulto, que seremos pocos, ¡pero ahí estamos!

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SEKAI NO YAMI ZUKAN

Estoy bastante entusiasmada con este anime, con sinceridad. Tendrá formato de capítulos cortos y estará dedicado a distintas historias sobrenaturales y fantásticas del mundo. Por la información que me ha llegado, hará hincapié en el espíritu pulp de los años 50-60, lo que me parece ma-ra-vi-llo-so. Como obstinada fanática del género de terror que soy, no me lo podía perder. El director es Noboru Iguchi (Yami Shibai) y cuenta con la colaboración del actor Takumi Saito como narrador también. Mucho me temo que será de esas series que no podré seguir semanalmente tal como me gustaría, ya que dudo que la subtitulen al mismo ritmo que las más populares. Porque Sekai no Yami Zukan la veremos cuatro y el de la guitarra, claro. O a lo mejor no, ¿podría ser? Hum.

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SAKURA QUEST

Cuando leí la sinopsis de este anime, me acordé automáticamente de un colega bloguero que se encuentra estudiando turismo (paladeando también los sinsabores del feroz mundo laboral): Juan de El Baúl de las Opiniones. Por cierto, lleva milenios sin actualizar su bitácora, y es una lástima porque siempre tiene buenas ideas. A lo mejor cuando se sienta más ligero nos da una sorpresa. Sakura Quest me ha recordado bastante a Shirobako, y si resulta la mitad de buena que fue esta última, pienso que se convertirá en una de las apuestas seguras de la temporada. El tema no es que me atraiga demasiado, pero puede ser una estupenda forma de conocer mejor el medio rural japonés y sus problemas, como la despoblación y el envejecimiento. Por otro lado, creo que es un desafío pelín arriesgado máxime teniendo en cuenta que el público habitual de anime no suele ser muy paciente con las temáticas que se salen de la tónica. Y ya solo por eso merece mi apoyo. MyAnimeList indica que es una comedia, lo que me parece de lo más adecuado para lograr mayor accesibilidad. Deseo muy fuerte que no me aburra ni la encuentre una estupidez. Veremos.

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KABUKIBU!

Llevo desde hace unos meses, cuando vi por primera vez germinar esta serie en MyAnimeList, soportando una enorme curiosidad. Hay tres motivos para ello: el diseño de los personajes ha corrido a cargo de las CLAMP; trata un tema que me gusta mucho, el teatro kabuki; y el proyecto lo saca adelante el estudio DEEN, que el año pasado me dio dos grandísimas alegrías: Rakugo y Tonkatsu DJ Agetarô. Lo único que me chirría es el sempiterno entorno escolar (con sus sempiternos arquetipos en los personajes), y que se olfatea cuál va a ser la dinámica del argumento a leguas. Pero absolutamente todotodotodo será llevadero si me narran una buena historia… y encima aprendo algo nuevo sobre este arte escénico. Mis expectativas con Kabukibu! son muy altas, sería magnífico no verme defraudada.

kabuki

 


 

animierder

SÔRYO DE REON MAOMI A MAJIWARU SHIKIYÔKU NO YORU NI…

Con este prodigio de la aberración animesca aproximándose, era inevitable que regresara el animierder semanal durante esta temporada. Serán episodios cortos, de apenas cinco minutos, pero la tufarrada a bosta es grandiosa como pocas veces. No tengo claro todavía si irá en Otakus Treintañeras o aquí, en SOnC. Es algo que todavía tengo que conversar con Pau y Magrat. Pero este pedazo de bodrioeróticoreligiosodelinfiernosatanás será escrutado de cerca, muy de cerca. El trailer, que os dejo por aquí, lo explica TODO.

Como usualmente añado, permaneceré alerta a las sugerencias y consejos de otros compañeros bloggers. Por si me estoy perdiendo algo que merezca la pena y lo he obviado. Puede ser el caso de Sakurada Reset, pero no he querido añadirlo a NiFúNiFá porque estoy hasta el moño de adolescentes lloricas con habilidades paranormales. PRAU. Estaría majara de todas formas si decidiera seguir todas estas series, así pues habrá criba tarde o temprano. También es posible que me suba al carro de otras. O no. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

5 y 5 del 2016

Sí, ha llegado esa época del año. Ya tocan los inevitables repasos de lo que ha dado de sí, también de lo que se avecina. Aunque la previa de este invierno todavía tardaré en hacerla. Bastante, añado (entre nosotros, es un rollazo confeccionarla). Este 2016 he comenzado muchas series que me han acabado aburriendo o directamente decepcionado. Creo que la oferta parecía más suculenta que en 2015, pero se ha ido desinflando como una pelota de baloncesto pinchada. No han botado ni . Chof, chof. Caca. Pero, por otro lado, también he tenido grandes alegrías. No ha sido un año tan sosito como el anterior, no se puede negar que movimiento ha habido. Y eso además se agradece, que sepan mantener tu atención ocupada… aunque luego todo concluya en una esparraguera.

No voy a hacer una entrada excesivamente larga, para mí son días complicadetes, así que procuraré ser concisa y directa, ¡a ver si lo consigo, claro! Como siempre, informar que esta es mi opinión, una más. No estoy en posesión de la verdad ni aspiro a ello, solo vuelco mis impresiones con las que puedes estar de acuerdo o no. No me estoy metiendo contigo ni insultando a tu familia, a tu perro o a tu hámster. Solo escribo sobre animanga y tú puedes también compartir ideas en los comentarios. Siempre siguiendo escrupulosamente las mínimas reglas de cortesía y sin faltar. Me parece un poco ridículo tener que recordar estas cosillas, pero vivimos tiempos bastante absurdos, sobre todo en internet. Bueno, allá vamos.

faveones

Mob Psycho 100

モブサイコ100

Su serie hermana (al menos lo es mi cabeza) One Punch Man también fue una de mis fave ones del año pasado. Era inevitable que Mob Psycho 100 apareciera por aquí. De hecho, a pesar de que duplica algunos de sus recursos y ha perdido a causa de ello fuelle en efectismo, me ha gustado muchísimo más que su antecesora. Quizá porque el argumento lo veo más redondo o la temática me atrae más. Admito que me habría encantado que este anime me sorprendiera, pero las teclas que ha pulsado hacían la melodía general bastante reconocible. Nada nuevo bajo las estrellas, un sólido shônen de cabo a rabo, sin embargo no defrauda. Es fresco, es entretenido. No obstante, el problema que le veo a Mob Psycho 100 y a su hermano brota a largo plazo. Si no se reinventan, quemarán la fórmula muy rápido. Es lo que tienen los fuegos de artificio, aunque resulten espectaculares. Último apunte: ¡una animación GENIAL! A pesar del ordenata.

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Fune wo Amu

舟を編む

Ojalá no hubiera visto la película, porque el factor sorpresa en el anime se ha volatilizado por completo. Y el argumento tiene una serie de giros que habría disfrutado más acudiendo completamente virgen. Pero tampoco es justo quejarme demasiado, rediez. La estoy disfrutando infinitamente más que el film. Sin ser mala cinta, conste en acta, no puede plasmar la cantidad de matices y detalles que estoy observando en el anime, enriqueciendo la historia que conocía. No quiero ni imaginar la novela en la que está basado todo, claro. No sé cuándo podrá caer en mis manos, quizá nunca. Fune wo Amu es como la propia creación de un diccionario, serena y profunda. De ritmo pausado y que no gustará demasiado a los espíritus impacientes. Es un anime para público adulto (¡también existimos, jopetas!) y sus prioridades son distintas. Una de sus grandes virtudes es no caer en el melodrama sobado; que no haya adolescentes hiperhormonados dando por saco también es un alivio, uf. Además Majime es un hombre encantador y su gato tortilla también. ME LOS COMO, ÑAM-ÑAM.

funewoamu

Tonkatsu DJ Agetarô

とんかつDJアゲ太郎

Este 2016 me he enganchado un montón al anime de duración corta. Desde la adorable Muco hasta insensateces como Bananya. No quitan mucho tiempo y la mayoría ofrecen diversión concentrada. No todas las que empecé me han gustado, como por ejemplo Nyanbo!, que a pesar de una interesante propuesta visual, se me hizo tediosa a causa de sus personajes estereotipados. Pero, sin lugar a dudas, Kanojo to Kanojo no Neko, inspirada en el cortometraje del mismo nombre (reseña aquí), fue una mini-serie que sí disfruté y me dejó buen sabor de boca. Modesta pero esponjosa como un bizcochito. También me ha gustado mucho Onara Gorô, una bizarrada de humor surrealista que casi nadie habrá sabido apreciar. El que conozca un poco al animador Takashi Taniguchi y sus extraños cortos, ya sabe qué esperar de la sabiduría que irradia el señor Pedo Gorô. Muy escatológico todo, soy fan. Sengoku Chôjû Giga es para los amigos de la historia y tradición japonesas, de hecho es recomendable saber un poco de ambas si se quiere captar algo. Es una serie graciosa y con un arte curioso. Recomendable.

Sin embargo, mi anime preferido en este formato ha sido Tonkatsu DJ Agetarô, que también ha logrado ser uno de mis favoritos de este 2016. Sus premisas son básicas pero han sabido desarrollarlas de forma tan inteligente y amena, que ciertas carencias se pasan por alto sin problema. Además que los melómanos y amantes del tufillo nostálgico del disco y hip hop incipiente de los años 70, lo hemos disfrutado todavía muchísimo más por sus guiños y referencias a la cultura DJ. Entrañable y muy, muy salado.

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¿”In the Court of the Crimson King“? Nah, es Tonkatsu DJ Agetarô :3

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

昭和元禄落語心中

Todo lo que tengo que contar sobre este anime lo podéis encontrar aquí. Es una reseña que escribí antes de que finalizara su emisión, y a día de hoy no cambio ni una sola coma. Esa opinión vertida continúa vigente. Lo único que puedo añadir es que, lamentablemente, no ha aparecido ninguna serie que haya desbancado Shôwa Genroku Rakugo Shinjû de mi top 2016. Es mi favorita del año, sin más. Deseo con todas mis fuerzas que la segunda temporada a la que le restan pocas semanas para su estreno (¡por fin, por fin!) esté a la altura y nos brinde grandes momentos también.

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3-gatsu no Lion

3月のライオン

Le tenía un poco de miedo a esta serie porque olisqueaba dramas y traumas ciclópeos y, sobre todo, diabetes. El que uno de los personajes fuera el típico renacuajo kawaii sin nariz ya me puso en guardia. La armadura completa me puse. No sé si lo he dicho alguna vez, pero los niños me repelen. Cuando era niña también los rechazaba, que compartiera rango de edad con ellos no fue óbice para que me siguieran disgustando. Pero, sobre todo, odio el cliché del niño tierno que lo arregla todo gracias a su dulzura e inocencia. Ok, pisa el freno de la misantropía un poco, querida Sho. Volvamos al tema que importa: 3-gatsu no Lion. Todas mis reticencias respecto a este anime se han ido atenuando gracias a Luzbel. Que lo hayan dotado de una visión introspectiva llena de simbolismo, y una calculada dosificación de la expresión de las emociones ha sido todo un acierto. Aunque, si tengo que ser honesta, lo que me hace continuar la serie es su maravilloso arte. La historia no me entusiasma pero la encuentro interesante; y los personajes van creciendo a buen ritmo. Algún capítulo se me ha hecho más pesado que otro, pero en conjunto la valoro de forma muy positiva. Además los gatetes molan muchísimo.

3gatsu

No busquéis, no he incluido Yuri on Ice. A pesar de que no me parece mal anime ni mucho menos y cumple su función de entretenimiento conmigo, no la considero al nivel de las cinco anteriores. La cosa no es para tanto, resumiendo. Hay un hype tremendo con esta serie que no logro descifrar, pero seguramente muchas de mis opiniones también resulten incomprensibles para otros. Biodiversidad lo llaman. Y eso.

mehones

Como adelantaba al principio, este año he comenzado bastantes más series que el pasado 2015. Me han resultado tentadoras un buen número, pero gran parte también han acabado en agua de borrajas. Unas me han aburrido y otras me han decepcionado; algunas las he finalizado, otras las he dropeado sin compasión. Shumatsû no Izetta, por ejemplo, me sorprendió con un inicio decente y me fue aburriendo pooocooo a pooooooco. 再见! Hai to Gensô no Grimgar tenía un bonito arte en acuarela… pero el argumento acabó siendo de un subnormal insultante. Megadrop. En Norn9:Norn+Nonet no se salvaba ni el apuntador, horrible y cursi, un animierder en toda regla. A cavar zanjas. Descubrí que Handa-kun poseía rasgos muy persistentes que lo emparentaban sin duda con la familia del ajo. Adieu! Sakamoto desu ga? despertó mis instintos homicidas y OrangeOrange no aguanté el manga, el anime menos todavía. Podría continuar despotricando un ratillo, pero prefiero centrarme en las cinco que, de una forma u otra, me ha fastidiado que no estuvieran a la altura de mis expectativas.

 

Boku dake ga Inai Machi

僕だけがいない街

Erased es el ejemplo meridiano de cómo una serie lo puede tener todo para ser grande y, conforme avanza, empiezan a aparecer goteras por todas partes hasta que una inundación lo engulle todo. Se puede lograr achicar agua, pero ya no será lo mismo: todo se ha echado a perder. Este anime fue una decepción completa. Tengo que hacer esfuerzos para tratar de recordarlo incluso, así que imaginad cuán triste me llegó a parecer. No puedo decir que fuese una mierda total, porque no lo creo. Pero sí resultó al final vulgar y pretenciosa, con decenas de flecos y alguna que otra incoherencia gorda. Supermeh.

erased

Kôtetsuyô no Kabaneri

甲鉄城のカバネリ

El género zombi está ya bastante agotado, así que a priori un anime de esa temática no me atraía demasiado. Pero decidí probar y el primer capítulo me engatusó hasta las cachas. Una animación old school estupenda, unas propuestas originales dentro de lo que cabía y una galería de personajes aparentemente vigorosa. ¿Iba a ser la serie de acción y terror del año? JAJAJA. No. La cosa no tardó tanto como pensaba en torcerse, y se convirtió en una ensalada de hostias previsible y estúpida. Una muesca más en el cinturón. Kôtetsuyô no Kabaneri intentó salir de la horma con excelentes intenciones (ese ramalazo steampunk es glorioso) pero se cayó de culo. Plof. Es posible que a los fans del género les haya satisfecho, pero una ya está muy de vuelta de todo. Este anime es simplemente un cagarro con ínfulas, he dicho.

kab

91 days

Y al hilo de lo que escribía sobre Kabaneri, ¿se debe transigir con todo contenido de aire adulto y aceptarlo como bueno sin más? Solo porque se salga de los patrones habituales no quiere decir que tenga que ser excelente por obligación. A 91 days le sucede un poco eso. Cuando te has cansado de ver películas sobre mafiosos y te enfrentas a una nueva obra de la temática, esperas que te atrapen y ofrezcan una perspectiva diferente. Un mínimo, porque es un campo muy trillado. Muy trillado y tan repleto de clichés que provoca náuseas. Y 91 Days es una recopilación de topicazos y referencias mal digeridas que me aburrieron muchísimo. He visto esto miles de veces. Con ciertos géneros se tendría que ser más exigente, sobre todo porque cuando se trabajan, acaba siempre lloviendo sobre mojado. Yo por lo menos intento serlo, a fin de no perder tanto el tiempo. Los demás pueden hacer con el suyo lo que quieran, por supuesto.

91days

Joker Game

ジョーカー・ゲーム

Más de lo mismo pero con un resultado no tan cansino. Joker Game fue la gran esperanza del anime para adultos tras la apoteosis de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Y es que durante los primeros capítulos parecía que todo marchaba sobre ruedas… más o menos. Pero al alcanzar el ecuador de la serie, muchos ya se habían dado cuenta de que su formato estaba echando a perder su enorme potencial. Lo que podría haber sido una buena serie sobre espionaje y la II Guerra Mundial, se quedó en mera anécdota. No un mal producto, pero perfectamente olvidable. Con algún episodio más brillante que otro, aunque en general mediocre. Una lástima, la verdad. No me importó terminarla de ver, sin embargo no repetiría experiencia ni en broma.

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Fukigen na Mononokean

不機嫌なモノノケ庵

¿Cómo decir NO a una serie sobre yôkai y el folclore japonés? Personalmente no podía resistirme a verla, aunque el aire general me repeliera un poco por too happy. Y sí, es un too happy anime, de preciosa animación, brillantes colores ácidos y protagonista bobalicón que esconde un misterioso y gran poder. Creo que no me suena de nada. Pero como resultaba tan ligera y agradable, la veía semanalmente con ganas. Hasta que me di cuenta de que el anime estaba finalizando… y no había ocurrido absolutamente nada de importancia. Fukigen na Mononokean era un bonito manojo de globos que se los llevaba el aire. ¡Adiós, adiós! Por mucho que hubiera yôkai supermonosos, siempre se esperaba algo de contenido. Y todo quedó en una simple presentación. Si tienen planeado hacer una segunda temporada, entonces cierro la boca. Si la cosa al final permanece así, Fukigen na Mononokean engrosará las filas de esa ingente cantidad de series que quedaron petrificadas en la flor de su existencia. Lloremos.

kawaii

That’s all, folks. Con vuestro permiso, voy a dormitar un rato. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Tránsito XI: 3 josei para leer bajo el edredón comiéndote las uñas

Ya hemos dejado atrás el 31 de octubre y 1 de noviembre, pero no podía prescindir de esta entrada. Además no iba a dejar reposar el texto hasta el 2017, ¡quién sabe lo que puede ocurrir en un año! Por lo que cerraremos con ella los Tránsitos del 2016.

El título que le he cascado es una exageración, pero sí os garantizo que son cómics perturbadores. Además de esta manera aprovecho para presentaros tres autoras actuales que están haciéndose un hueco en el panorama del manga por méritos propios. No sé si representan una nueva generación o un movimiento concreto en el tebeo independiente, pero comparten cualidades en común. Y se alejan bastante del producto estándar. A la vanguardia no hay que perderla de vista nunca, amiguitos.

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Una de las características más importantes de la ciencia-ficción, tal como indica su nombre, es poseer una base científica especulativa verosímil y prolija en sus detalles. U (2010-2012) de Machiko Kyôa pesar de estar embalada con los rudimentos del género, no cumple esa premisa. Al menos no al pie de la letra. Kyô-sensei prefiere tomar derroteros más truculentos, de índole casi fetichista, para ilustrarnos acerca de esta historia sobre clones humanos. Fue publicada en Manga Erotics F y consta de un único tankôbon de 11 capítulos.

Una vez que terminé de leerlo, no pude evitar pensar que Môto Hagio se sentiría muy orgullosa de este manga, pues tiene mucho de las ideas que introdujo en sus obras. Me recordó algo al one-shot Hanshin (1984) por cómo gestiona el resentimiento o las emociones más básicas; pero, evidentemente, Machiko Kyô dispuso de 11 hermosos capítulos para desarrollar un argumento bastante más turbio y retorcido.

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Yu y su hermana gemela Ai son muy distintas en realidad. Yu es tímida y apocada; Ai extrovertida e impetuosa. Yu trabaja en un laboratorio junto a su amor platónico el doctor Mizuno, célebre genetista dedicado a un proyecto secreto de clonación. Yu no está sola, a pesar de que su gemela se encuentre en Norteamérica con un nuevo novio. Yu tiene una copia de sí misma a su lado, un clon; y acostumbrada a vivir con una persona idéntica, no se siente incómoda. De hecho encuentra que es una ventaja, pues su doble no es tan insegura como ella y ha hecho avances importantes en su relación con el doctor Mizuno.

Pero los clones tienen fecha de caducidad: 12 horas. Después de su transcurso, quedan reducidos a una masa de gelatina informe de la cual solo es reconocible el soporte genético principal, la lengua. Sin embargo, la copia de Yu ha encontrado una forma de sortear ese inconveniente; y la pequeña doctora Nishimura, entrometida y malcriada, también se ha percatado de ello… tachán-tachán. Más o menos así Machiko Kyô nos plantea un manga con numerosos recovecos, intrigas y varios ases en la manga.

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U juega con el minimalismo y la ingenuidad de su estilo infantil para crear un fuerte contraste con el argumento. La acuarela suaviza la dureza y extravagancia que brotan con naturalidad por las viñetas, porque se trata de un manga muy serie B.  Aunque su envoltorio sea pulcro y simple. Por eso desconcierta en un principio, y fascina la antítesis que expone. Los que tengáis el corazón sensible no tenéis de qué preocuparos, porque todos los elementos bizarros, aunque rotundos, quedan mitigados por un arte candoroso.

Desde luego U es un tebeo fluido que se lee del tirón. Su argumento engancha a traición, complicando la trama conforme avanza y haciéndola terrible y divertida al mismo tiempo. Repito: muy serie B todo. La mangaka además solo explica lo más básico del contexto, obligando al lector a centrarse en las relaciones personales entre copias y originales, sus pensamientos y decisiones. ¿Puede un clon superar a su primario? Esa es la gran pregunta. Y toda la riada de sentimientos que genera en las copias, dudas existenciales también de muy difícil resolución. No se trata de un cómic especialmente filosófico, pero hace reflexionar y sabe mantener la expectación con sencillez. Encima tiene una serie de giros a la manera de Hitchcock bastante entrañables, por lo que aumenta todavía más su interés.

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La sexualidad humana es poliédrica de forma natural, y en este Memento Mori (2013) Fumiko Fumi no tiene ningún problema en mostrarnos esa complejidad mediante su protagonista, Meno. No se trata de un manga enfocado en el sexo, conste en acta, pero su función resulta una apuesta seria dentro del argumento. Sobre todo para entender su psicología. Pero comencemos por el principio: memento mori es una frase latina que podríamos traducir algo así como “recuerda que vas a morir”. Ha sido motivo de inspiración para numerosos artistas y escritores a lo largo de los siglos, y a Fumi-sensei le ha servido para crear un manga bastante inquietante. Consta de 7 capítulos que fueron publicados por Feel Young.

Memento mori es en esencia un slice of life. Punto. Solo que sus dos personajes principales, Meno y Kurokawa, no son adultos normales y desde un inicio establecen un vínculo emocional insólito. Además voluntariamente. Dadas sus personalidades, era inevitable que gravitaran uno en torno al otro hasta colisionar. Los secundarios, aunque no estén delineados con mucha precisión, son los que aportan esa sensación de realidad cotidiana al cómic, calmando un ambiente que sin ellos sería como poco violento.

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Meno es una mujer joven con un profundo vacío interior. Se siente culpable por la desaparición de su hermano en un bosque donde solían jugar juntos. Nunca se ha recuperado de ello. Pero una persona en el velatorio de su abuela le hizo volver a ser feliz por unos instantes: el empleado de la funeraria. Así que decide buscar trabajo en unas pompas fúnebres, como una forma rara de consuelo, topando fortuitamente con el caballero que le brindó alivio: Kurokawa. Pero este hombre, que en realidad dirige el negocio, tiene un carácter tan desagradable que no ha logrado retener un ayudante más de un mes a su lado. Hasta que Meno, a la que todo el mundo llama Meme por error, llega a la empresa, claro.

Nadie se explica cómo Meno aguanta sus continuas humillaciones e incluso amenazas de muerte, pero ahí sigue ella. “¿Eres masoquista?”, le preguntan. Meme no responde, pero en realidad sí lo es, y se ha enamorado de Kurokawa de manera genuina. Él tampoco es así de hiriente por casualidad, todo forma parte de una máscara para ahuyentar a la gente. Como imaginaréis, es un hombre con pasado.

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¿Es Memento mori un josei romántico? Pues algo de romance tiene, qué duda cabe, pero Fumiko Fumi no vaga por las sendas habituales. Cierto que es el manga más corriente de los tres; corriente en el aspecto de que utiliza elementos reconocibles y habituales en las obras comerciales, incluso el arte es candoroso y de líneas simples. Pero que eso no os lleve a engaño. Memento mori es tortuoso, a ratos incómodo, y no tiene piedad. La corrección política brilla por su ausencia, ante todo por cómo trabaja el humor. Y plasma bien la mecánica de los negocios dedicados a la muerte, lo que puede turbar un poco. Aun así deja buen sabor de boca y es interesante recorrer los pasadizos afectivos de Meno y Kurokawa. Un tebeo interesante para leer en soledad.

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Y dejando atrás estilos más aniñados, cerramos el Tránsito de hoy con una mangaka de arte muy clásico y enérgico. Aun así, posee un aire contemporáneo indudable, con una elección de los planos original y delicada, muy cinematográfica. Es mi autora favorita de las tres, y ya hablé un poquito sobre ella en la entrada dedicada al dôjinshi Alenzyas (2015).

Equus (2011) de Est Em no es un manga dedicado al terror, pero cuando me topé con él por primera vez reconozco que me dejó bastante con el culo torcido. Es extraño: centauros, hombres y sexo. ¿Lo podríamos considerar un yaoi con un toque de zoofilia? ¿Es material comestible para las insaciables fujoshi? Grandes misterios del universo, soy incapaz de responder a esas preguntas. Lo que sí puedo deciros es que Equus es un tebeo estupendo, y que lo recomiendo a todo el mundo, le guste el BL o no. Est Em publicó otro manga de temática similar, Hatarake, Kentauros! (2011), que no he tenido todavía la oportunidad de catar; pero si solo resulta la mitad de bueno que este Equus, merecerá la pena hincarle el colmillo. Tarde o temprano lo devoraré.

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Equus es un conjunto de 6 relatos cortos distribuidos en 8 capítulos. Todos son de espíritu diferente, pero poseen una cosa en común: los centauros. Centauros como criaturas casi inmortales, que ven pasar la existencia de los humanos como un borrón; pero de profundos sentimientos y habilidades sobrenaturales. Las historias llevan por título el pelaje del centauro protagonista: grullo, alazán, blanco y negro, leopardo, tordo y bayo plateado. Y algunas tienen escenas de sexo bastante explícitas… interespecie. Pero Est Em lo sabe llevar magníficamente, no hay lugar para el morbo gratuito. Resulta todo muy natural. En algunos cuentos el sexo tiene especial protagonismo, en otros es inexistente. Pero ninguno se libra de una potente carga emocional. Tienen cierto regusto melancólico muy hermoso y triste a la vez, pero sin excesos sentimentales. Creo que es esa languidez tierna la que me ha conquistado de este Equus, y lo ha colocado en mi top actual de BL.

Es curiosa la parquedad de un par de estas historias, esbozadas de forma impresionista con un par de pinceladas aquí y allá, sin embargo de una eficacia a la hora de transmitir flipante. Soy fan del “menos es más de Mies, y en Equus encontramos ese planteamiento totalmente sublimado. Utilizar los recursos básicos con sabiduría, como la luz, planos cortos o detalles fuera de campo, puede impactar muchísimo más que una explosión barroca. En eso Est Em resulta una auténtica maestra.

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Los cuentos que más me han entusiasmado han sido los dos últimos: Tordo y Bayo plateado. Son mis preferencias personales, no estoy diciendo que sean los mejores (hay que saber distinguir entre una cosa y otra); y, por supuesto, los cuatro restantes me han gustado mucho también.

Tordo nos retrotrae a un momento impreciso del Periodo Sengoku (1467-1603) a través de la memoria de un centauro, que ha servido fielmente a un clan de samuráis durante siglos. A nivel visual es deslumbrante, pues podemos admirar al sagitario en plenitud, aunque con galas japonesas: el yabusame. Se trata de una historia tradicional sobre el honor y la lealtad; de cómo el tiempo y las generaciones se suceden, pero la fidelidad del centauro Harukoma se mantiene inamovible. Muy emotiva. Bayo plateado es bien distinta. Se desarrolla en tres capítulos con un acento BDSM evidente. Es el relato sobre un centauro sin nombre sometido y maltratado durante años por una familia que lo considera un mero objeto sin voz ni alma. Pero cuando el heredero y nuevo amo le ofrece la oportunidad de escapar, la desdeña. Decide continuar viviendo humillado, a la espera de que su señor se acerque a él. Un cuento sobre el dolor y el amor perdido, cruel pero precioso.

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Y hasta aquí llegaron los Tránsitos de este 2016. Al año que viene no sé si esta bitácora seguirá funcionando, porque aunque mi intención sí sea mantenerla, cada vez dispongo de menos tiempo. Voy a procurar buscarle un espacio al menos una vez a la semana… y finiquitar las entradas que tengo a medias supongo que también ayudará a sustentar cierta constancia. O eso espero. Nos leemos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¡Venga, ronda de one-shots!

Prosiguiendo con vuestras votaciones en twitter, el siguiente post a publicar estaba dedicado al manga. Voici une liste. Los listados son de las cosicas más simples y agradecidas, y todavía no había caído ninguno dedicado a los yomikiri o one-shots. Este formato tiene sus peculiaridades y, aunque a veces se utiliza como episodio piloto de lo que más tarde puede convertirse en una serie extensa, personalmente los considero importantes. Muchas veces pasan desapercibidos o se ningunean directamente; también pueden ser solo una primera toma de contacto por parte de algunos creadores con el medio. Pero siempre tienen su interés, y no en pocas ocasiones se hallan verdaderas joyas. Como todos los aficionados al manga, he leído cientos; así que para cribar un poco el asunto, he escogido aquellos que me han dejado un poco pillada.

Mis disculpas de antemano, porque después de una entrada dedicada al terror (que no suelen gustar a casi nadie), esta va a contener alguna que otra bizarrada. Bizarrada gorda. Pero también material más mesurado. Los lectores habituales ya sabéis que SOnC sufre espasmos y convulsiones de este tipo. Aun así, para el verano no vienen nada mal las pequeñas lecturas y como bien expresaba un antiguo vecino de estas tierras: lo bueno, si breve, dos veces bueno.” Que algo debería aplicarme el cuento también, porque últimamente meto unas chapas tremendas en el blog. Necesito relajarme.

Y volviendo a los one-shots, serán pequeños pero matones. Algunos incluso pueden dejar secuelas. BWAHAHA. Mentira. Aunque no son del todo inofensivos, informados quedáis.

Hotel: since 2079

Boichi

2004

Dentro de la ciencia-ficción, es sin duda uno de los one-shots más interesantes con los que podéis encontraros ahora. Además está publicado por Milky Way, que está haciendo una labor maravillosa en el panorama del manga en español. Hotel: since 2079 originalmente fue un manhwa que luego formó parte de la recopilación que Morning editó en 2006. Aunque llega ya un momento en el que la nacionalidad del autor (coreana), donde resida y lo que haga, dan absolutamente igual. Son tebeos made in Japan y punto.

Boichi tiene un arte magnífico, casi abrumador; y lo que podría convertirse en el protagonista desplazando al guion, resulta el complemento perfecto de una gran historia. Desde el año 2079, Louis Armstrong, la inteligencia artificial que protege el legado humano, todavía se mantiene en pie. Han sido 27 millones de años de lucha solitaria, rodeado de muerte y sin noticias de nadie, absolutamente nadie. ¿Qué ha sucedido con la Tierra y las especies que la poblaban? ¿Cómo nació Louis? ¿Cuáles son sus futuros desafíos? Eso es lo que relata este manga. Y muy bien, por cierto.

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Abstraction

Shintarô Kago

2007

Shintarô Kago es uno de los mangakas de ero-guro más atractivos y accesibles del panorama actual. Me he pasado con lo de “accesible”, pero comparado con otros colegas del género, tiene un puntillo más… comercial. Para nada aplicable a este one-shot, por cierto. Aunque no os hagáis una idea equivocada: Kago es un completo enfermo.

Abstraction juega con las dimensiones y perspectivas, como si pertenecieran a un cubo de Rubik. Las secciones y piezas se alteran creando un caos ordenado de resultados bastante… inesperados. Porque ya no se trata solo de los mecanismos de una presentación insólita, sino de la historia que cuenta. Un argumento harto sencillo pero que se recrea en la vulgaridad de lo cotidiano para provocar una reacción en el lector. Es un manga que rompe con el espacio y el tiempo, trata deliberadamente a sus personajes como si fueran títeres y, poco a poco, va aumentando su contenido soez hasta alcanzar esas bizarradas grotescas que solo Shintarô Kago sabe fabricar. Es crudo, es cáustico, es indescriptible. Y de muy mal gusto.

shintarô

Ladybirds’ requiem

Akino Kondoh

2000

Creo que ya es hora de que se empiece a traer algo de la obra de Akino Kondoh por estos lares. Como siempre, Francia va por delante. Además actualmente está publicando un josei llamado A-ko san no Koibito (Los novios de A-ko, que son 2, por cierto), que ruego de rodillas tenga el éxito suficiente para que un alma caritativa lo escanee y traduzca. Porque la posibilidad de que se llegue a publicar la veo más bien negra tipo Cygnus X-1. Aunque quién sabe, esta moza vive en Nueva York… podría ocurrir el milagro. Pero volviendo a sus trabajos anteriores, estos poseen un tono muy distinto al de A-ko san no Koibito, porque no se dirigen a un público general, sino más bien al relacionado con el mundillo arty. Es una manera muy zaborrera de resumirlo, pero en esencia es eso. Y este Ladybirds’ requiem está incluido en la noción occidental de cómic alternativo.

¿Quiere decir eso que no lo puede leer cualquiera? Pues claro que puede leerlo todo el mundo, carajo. Ladybirds’ requiem es un one-shot precioso, con una simbología profunda: muy íntimo, muy personal. El dibujo juega con fuertes contrastes de luz y sombra; me gusta muchísimo el estilo limpio y fino de esta mujer. La historia es un recorrido interior, un pasaje onírico donde nada es lo que parece. Fascinante.

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Este es el vídeo emparentado con el tebeo, realizado por ella misma, y que en 2010 logró colocarse entre los 25 del “YouTube Play – A Biennial of Creative Video” del museo Guggenheim de Nueva York.

Misaki de bus wo orita hito

Yuki Urushibara

2004

Tranquilos, no van a ser todo marcianadas hipster o gente defecando con problemas de almorranas. Uy, vaya spoiler. Lalalá. También tenemos en la lista al encanto de Yuki Urushibara. Presagiando un poco la llegada de Suiiki y con la magia evanescente de Mushishi latiendo en la historia, Misaki de bus wo orita hito es un relato apacible y a rebosar de ese realismo mágico tan característico de la mangaka.

Cuenta la historia de una mujer y su hijo, que se dirigen a la tiendecita que regentaba su abuela en una península apartada. Allí se encuentra también la última parada de autobús, donde los pasajeros bajan a fotografiar las espectaculares vistas del mar. Algunos regresan a sus casas, otros… no. Siempre ha sido así, y Mitsuko aprendió desde niña a distinguir a esa clase de personas. Un cuento bonito y discreto sobre el suicidio, la añoranza y las nuevas oportunidades.

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Hanshin

Môto Hagio

1984

¿Sabíais que estoy MUY PERO QUE MUY emocionada con la próxima publicación de Môto Hagio en Tomodomo? Creo que no lo había escrito todavía. Llevo esperándola meses, aunque parece que la cosa se va a retrasar hasta después del verano. Ntsch. Esta mujer fue, y es, muy importante en la historia del manga. Para muestra, un botón. Este Hanshin es realmente sobrecogedor.

Dos gemelas unidas por la cadera: una, hermosa y sin inteligencia, devorando lentamente a la otra, macilenta y consciente de todo. El odio, la impotencia, la compasión. Cuando la cura se presenta no lo hace sola, sino con una elección muy dura que tendrá sus consecuencias. Los recovecos psicológicos que ilumina Hagio no son triviales y, a pesar de que se trata de una historia corta, se las arregla para remover bastante las tripas.

hanshin

Goggles

Tetsuya Toyoda

2004

Tetsuya Toyoda es un maestro absoluto del slice of life. Y madre mía el arte. Me recuerda un poco al de Ryoichi Ikegami, lo cual es un auténtico halago. Tiene un aire ochentoso en esa meticulosidad realista, incluso occidental, que engancha. Una viñeta tras otra, una viñeta tras otra… es adictivo.

Goggles forma parte de una recopilación del mismo nombre, que incluye distintas historias cortas. Esta es mi favorita de todas ellas. Dura, dramática, pero sin cursilerías. Narra la historia de una niña que va a parar, repentinamente, a la casa de dos hombres solteros. Una niña que no habla, no come, no se mueve y lleva siempre unas gafas de plástico puestas. El más joven tiene curiosidad por saber qué le pasa, y su compañero de piso le comenta que es hija de una conocida suya. Y hasta ahí puedo contar, pero desde luego se trata de un relato que no tiene ni una pizca de idealización, y se desarrolla con una calma que encarna muy bien la impasibilidad general de la vida frente a las desgracias. Todo pasa, todo fluye, nada importa. El dolor es personal, no pertenece al mundo.

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I am a piano

Asumiko Nakamura

2005

No es la primera vez que hablo de este one-shot ni será la última. Yo también tengo mi corazoncito, y aunque sea una garrula asilvestrada la mayor parte del tiempo, os aseguro que mi lado sentimental emerge a veces. Con I am a piano siempre es así. Cada vez que lo releo, que se hace además en un santiamén porque es cortísimo, me brota un suspirillo desde lo más profundo del pecho. Ains.

El argumento es muy sencillito, trata de las andanzas de un piano a lo largo del tiempo. Nakamura acude a la figura de la prosopopeya, cimentando un cuento melancólico pero muy tierno. Y no os digo más, porque sería estropearlo. Fue recogido en una compilación, junto a otros quince, llamado Le Théâtre de A; y el arte es el propio de la autora, lánguido, manierista y con un remate gosurori muy evidente. Un amorcito de manga.

piano

Doraemon

Taiyô Matsumoto

1995

Supongo que si hubiera pasado mi infancia viendo Doraemon, ahora le tendría un cariño especial. Las cosas de la nostalgia, imagino. Nunca me atrajo el tipo de dibujo (donde estuviera Sherlock Hound se podían quitar todos los Nobitas del universo) y ahora que lo tengo que ver por narices con mis sobrinas (mea culpa, añado), lo odio muchomuchomucho. Y es un clásico entre clásicos del kodomo, pero me pone enfermaaaaaaaaaaaAAAAAAAaaAAAggggggGGGggghhhhhhhhhh.

Por supuesto, el que le haya pillado un ascazo del copón no me impide ver su trascendencia; y tampoco acercarme a criaturas espurias como este Doraemon de mi amado Taiyô Matsumoto. Un one-shot que toma las premisas del original y las vuelve del revés; una reflexión curiosa sobre la infancia y la madurez que despierta preguntas y, como no podía ser de otra forma, singular como solo sabe ser este autor. Muy chulo.

doraemon

Me piro. Hasta primeros-mediados de julio no estaré de vuelta ni creo que pueda acceder a internet. Dejo el ordenador aquí, el móvil-patata lo apagaré porque WIFI, si no me equivoco, no habrá en cientos de kilómetros a la redonda. Y pasando mucho de buscar, que son V-A-C-A-C-I-O-N-E-S. Desconectar forma parte del concepto. Eso sí, he dejado varias entradas programadas para que se publiquen. Espero no haber metido el patón y que aparezcan. Sed buenos y escribidme aunque sean mini-comentarios, vengaaaaaaaaaaaaajoooooooooo, me hará mucha ilusión leerlos cuando regrese.

Un abrazote para todos.

De cómo Kyôko Okazaki desterró lo kawaii y recauchutó el josei: Helter Skelter

1968. Paul McCartney andaba con la mosca detrás de la oreja: “¿Así que I can see for miles es una barbaridad de canción, con un tipo de sonido nunca escuchado antes, eh?” Y decidió investigar esos nuevos derroteros sónicos que The Who habían comenzado a transitar. “Os vais a cagar”, debió de pensar. Lo que surgió tras ese pique artístico es ya historia: la salvajada de Helter Skelter. Una tormenta de furia, caos y ruido que superó en brutalidad a I can see for miles. Pablito se debió de quedar bien descansado, harto además de que acusaran a los Beatles de que solo sabían componer moñadas. ZASCA.

Este tema es un clásico del rock imprescindible que se adelantó a su tiempo y presagió la llegada del hard rock, el punk y el noise. Pero también es conocido, desgraciadamente, por servir de inspiración a Charles Manson y su Familia para perpetrar una cadena de asesinatos entre la beautiful people del momento en Hollywood. Esas muertes, junto al desastroso festival de Altamont, marcaron el principio del fin de esa idílica fase hippie de los 60’s. Kyôko Okazaki siempre tuvo inclinación por todo lo relacionado con serial killers como Ted Bundy, así que no fue una extravagancia frívola el titular uno de sus mangas más importantes así, como esa feroz canción de los Beatles que espoleó la imaginación del líder de una secta asesina.

Lamento mucho tener que usar el perfecto simple con Okazaki porque, a pesar de que sigue viva, sufrió un accidente en 1996 que la dejó con unas secuelas tan severas que no ha podido volver a coger un lápiz. Tenía 33 años y el responsable fue un conductor borracho que se dio a la fuga. Acababa de finalizar su manga Helter Skelter, que publicaba Feel Young. Estuvo en coma profundo un tiempo, y su última aparición pública fue en 2010, durante un concierto de Kenji Ozawa, en silla de ruedas. A partir de entonces, silencio.

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Kyôko Okazaki

Aunque no ha podido desarrollar una carrera extensa, sí ha resultado lo bastante trascendental e impactante para que se la considere una de las mangakas más importantes del mundo del josei. Asentó bases y abrió puertas; pero sin duda también el trabajo previo del Grupo del 24 ayudó muchísimo a Okazaki. Se puede decir que es heredera de ese espíritu inconformista que deseaba romper las barreras del género (y de su género) para introducir nuevas temáticas. No todo tenían que ser historias de adolescentes enamoradas en el instituto; no todo tenían que ser aventuras de mujeres jóvenes en busca del amor y un marido. Las demografías shôjojosei merecían un tratamiento mejor, sus lectores merecían un trato mejor. La realidad es compleja, los intereses de cada individuo son distintos, generalizar en exceso crea estereotipos que arraigan todavía más los constructos sociales obsoletos. Quizá en Occidente lo tenemos un poco más claro, pero en Japón no tanto. Por eso la aparición de creadoras así fue, y es, algo tan importante.

Okazaki además plasmó de manera objetiva las inquietudes de su generación, que se había criado en un Japón entregado al consumismo enloquecido, al hedonismo, la avaricia, el culto al cuerpo, etc. Un boom de hiperabundancia, los happy eighties, que escondían tras de sí un gran vacío interior, soledad y melancolía. Okazaki supo canalizarlo todo con dolorosa precisión. Introdujo en sus obras temáticas consideradas impensables hasta entonces para el público femenino: drogas, prostitución, violaciones, asesinatos… Vertió sobre el papel un mundo que estaba ahí (y lo sigue estando), sin paños calientes, lo que le hizo ganarse el apoyo y admiración de miles de personas. Okazaki ya no pensaba en el género de su público, sus mangas brotaban de una honestidad feroz y se dirigían a ambos sexos. Hasta en la actualidad su influencia es patente (reconocida además) en artistas como Inio Asano o Asumiko Nakamura, porque su arte y mensaje siguen muy vigentes. Se adelantó a su tiempo, como la canción.

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Las obras de Okazaki en Occidente no han tenido ni una publicación ni difusión a la altura de su relevancia y calidad; aunque en Francia se han preocupado un poquitito más. Nada nuevo bajo el sol. Este año tenemos la enorme suerte de que Tomodomo nos traiga a Môto Hagio; y son precisamente estas pequeñas editoriales las que se están arriesgando más al publicar mangas de contenidos y autores que (gracias a Luzbel) no son solo los superventas entre adolescentes. Este Helter Skelter es su obra más célebre y un buen comienzo para hincarle los colmillos a su estilo. Como ya habréis deducido, está dirigido a un público adulto y es un tebeo muy crudo. No fue hasta el 2003 que la familia permitió su edición en un tankôbon; y al año siguiente recibió el Grand Prize del Premio Cultural Osamu Tezuka.

Helter Skelter se lee en un periquete, son únicamente 9 capítulos. Pero conforme avanza, es perfectamente comprensible tener la sensación de estar leyendo una historia de terror. No hace falta que pululen yûrei en las páginas de un manga para que se pongan los pelos como escarpias. La misma realidad, si se quiere mirar, puede ser horrible. MUY. El título tiene la coletilla de fashion unfriendly, indicando en qué mundo va a desarrollarse la acción: el de la moda.

Celebrities are often found to be extremely fascinating…

because celebrity is like cancer; a type of deformity.

Ririko es una supermodelo que copa todas las portadas, hace sus pinitos como actriz incluso le da al j-pop, porque está en la cresta de la ola. Nadie es más hermosa que ella, nadie genera más interés en la prensa rosa. Es la reina. Detrás de ella está su representante, a la que llama “mamá”, que controla y dirige todo aspecto de su vida. Ha sido realmente “mamá” la que hizo de ella el perfecto frankenstein de la belleza, acudiendo a una exclusiva clínica de cirugía estética cuyos métodos consiguen resultados asombrosos. Muy pocas clientas pueden permitirse sus carísimos tratamientos, que requieren además de cierto mantenimiento posterior.lilico5

Lo que nadie sabe es que Ririko es en realidad una adicta a esa clínica, y que su existencia es un torbellino de trabajo duro y frivolidades sin fin que la están volviendo loca. Es un falso ídolo, en lucha paranoica por continuar en la cima y sobrevivir a sí misma. Por eso la llegada de una nueva modelo a su agencia, Kozue Yoshikawa, más joven, natural e independiente, son el escarnio que marca su declive profesional y personal. De manera casi paralela, el investigador y abogado Asada comienza a atar cabos respecto a esa clínica tan misteriosa y los suicidios de unas mujeres jóvenes. Su gran intuición, muy al estilo del agente Dale Cooper (también su personalidad y gusto por el café), lo llevan a relacionarla con Ririko, por la que siente una extraña atracción.

El retrato de Ririko que hace Okazaki es admirable, penetrante, lúcido. Una mujer sin moral, egoísta y profundamente infantil. Un juguete roto que se sabe consciente de su triste papel y aun así, patalea. Hada, por otro lado, es la representación de la fémina gris y discreta. La clásica asistente de superestrella que ve cómo su vida entera es engullida y triturada por Ririko. Aparecen paulatinamente más personajes, todos ellos interesantes y que aportan su granito de arena indispensable para componer un cosmos siniestro y retorcido. No es sorprendente entonces que Okazaki buscara su inspiración en artistas como Helmut Newton (1920-2004), que de forma tan extraordinaria había sabido plasmar el glamour del mundo de la farándula y la moda; o reflejara con descaro en sus trazos a iconos femeninos como Edie Sedgwick o Twiggy. Las referencias cinéfilas, como esa alusión a la maravillosa Sunset Boulevard (1950) que os recomiendo YA a todos, y que trata la decadencia de una gran estrella del cine mudo (mi adorada Gloria Swanson), son muy oportunas y ayudan a perfilar la atmósfera de un mundillo putrefacto.

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Newton vs. Okazaki

Es un crítica cruel, también una exposición sin ambages, de lo que es una parte de esa trampa del mundo femenino: la búsqueda y mantenimiento de la belleza eterna. La belleza como única forma de poder tolerada socialmente. Tolerada y alentada, porque no es una amenaza dada su naturaleza pasajera. Y encima es la virtud más apreciada. La obsesión por el físico es absorbida hasta por estudiantes de secundaria, que respiran esas exigencias sobre la apariencia y contribuyen a su conservación. Pues es todo el sistema el que la ampara y se nutre de ella también, ya que el volumen de dinero que mueve es importante. Y son, para más inri, las propias mujeres las que se convierten en severas guardianas de esa trampa, de esa cárcel. Es perfecto.

Ririko, como suma sacerdotisa de ese culto, es un verdadero monumento al vacío envuelto de artificios. Poco en ella es ya real, la protagonista va dejando de ser persona para difuminarse en un ideal informe e inalcanzable para el público (que la olvidará); y por dentro desintegrarse en cientos de retales conformados por el grave deterioro psicológico y el abuso de drogas y cirugía. Ririko es una cosa, una quimera. En realidad un monstruo que se desmorona. Y extiende su liturgia como un virus, infectando y destruyendo a cualquiera que se acerque. No puede evitarlo.

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A Okazaki no le gustaba Twin Peaks.

La estructura narrativa, como buena obra posmoderna, es alterada de su disposición básica lineal cuando las emociones lo requieren. Okazaki dosifica la información, juega con ella para mantener el suspense de forma sabia y algo sádica también. No teme usar recursos más arriesgados procedentes del simbolismo o el surrealismo, lo que hace la lectura bastante atractiva. Y todo ese universo turbio está reflejado mediante un arte muy peculiar. Tiene un falso aire amateur, una simplicidad engañosa de líneas limpias, que expresa con habilidad toda la complejidad de Helter Skelter. El dibujo parece que fluya como una serpiente, y bebe de los años 60. Un estilo que luego he visto emulado en otras mangakas como Rikako Iketani, pero sin alcanzar ese dislocamiento tan poco comercial (pero fascinante) de Okazaki.

Admito que los dos últimos capítulos no están tan bien hilvanados como el resto, pero su estupendo desenlace disculpa ese traspiés. Helter Skelter huele a noir, pero también a serie B, en algunos momentos es inevitable preguntarse si lo que se está leyendo es plausible o no. Porque la enajenación alcanza niveles alucinantes… pero lo peor (o lo mejor) es que sí que es real. Lo que Okazaki cuenta lo hemos leído y visto con otros nombres y en otros países por la televisión, la crónica de sucesos, las revistas del corazón o incluso en los periódicos. No nos es ajeno, sabemos que existe. Es un mundo del que solo atisbamos la superficie, pulida y sonriente, que en ocasiones deja entrever algún diente podrido, pero cuyos entresijos son un auténtico cenagal.

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¿Recomiendo este manga? No es que lo recomiende, pienso que es imprescindible. Esta autora, como escribo en el título, apartó lo kawaii y otorgó al josei una serie de valores que eran ya necesarios. No lo hizo ella sola, claro, pero fue, y es, una de las cabecillas principales de ese proceso de madurez en esta demografía. Y una de las autoras menos accesibles, porque las temáticas que tocaba no eran precisamente comerciales. A pesar de todo, triunfó.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Sobre narices y mangas

El otro día (bueno, hace un par de semanas o así) pillé mi enésimo rebote con el manga. En específico con el shôjo. Se me inflaron las narices y decidí darme un descansito. Adiós, shôjo, adiós. Los que me leáis, ya sabréis que no es precisamente mi género favorito y, a pesar de que existen muy buenos tebeos en esa demografía y no me importa consumirlos, tengo una especie de límite que cuando sobrepaso, me impide continuar leyéndolos. Al menos una temporada. La acumulación tanto de idioteces cursis como de clichés, me supera y la cabeza necesita una buena desintoxicación. Así que he dejado en barbecho unos cuantos mangas, enviado a la mierda otros tantos y en tebeos que se estén publicando ahora me he quedado con… 4. Y con “publicando” me refiero exclusivamente a través de scanlations, la gran mayoría de los mangas actuales que sigo ni siquiera están editados fuera de Japón. Ni tengo esperanza, por lo que aunque no haya nada como el formato físico y odie estar con la nariz pegada a la pantalla, debo agradecer a todos esos fansubs, que traducen por amor al arte, el poder acceder a obras más que decentes.

¿Y cuáles son esos 4 mangas con los que continúo? De uno de ellos hice reseña no hace mucho: Golden Kamuy. Para mi sorpresa y alegría, ha ganado el premio Taishô al que estaba nominado. Los otros tres son los que vienen a continuación, y de los que escribiré un breve resumen y algunas impresiones. No me parecen maravillosos, pero tampoco considero que sean una pérdida de tiempo. De momento, a lo mejor acaban tocándome las narices y los mando al cuerno también. Tengo en reserva varios más a los que no he hincado el diente y que me atraen bastante. Quizá lo haga si voy mejor de tiempo. Ya veremos. Insisto: son tebeos en progreso, sin finalizar. Lógicamente leo más mangas on-line, pero se trata de obras acabadas hace tiempo.

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Machida-kun no sekai es un shôjo atípico, de ahí que no lo haya mandado a cavar zanjas con el resto. El único que me ha sobrevivido. Por ahora. Efectivamente, ando algo quemadita con el asunto. Pero regresando al meollo, es un shôjo cuyo protagonista es masculino. No es algo tan habitual (aunque se dé, claro) y tampoco tenemos al clásico chico que se comporta como una shôjo-girl con argumento típico de shôjo. Eso es lo que le ocurre, por ejemplo, a Hatsu Haru o a la tremenda siesta de Nijiiro days, que después de tres o cuatro capítulos, toda esa supuesta gracia de ver a una cuadrilla de muchachotes sufriendo los habituales avatares de cualquier heroína del género, se diluye en pura letargia. Más de lo mismo pero con protagonistas que llevan pantalones. Machida-kun no sekai no tiene, de momento, nada de eso. Se trata de un slice of life escolar sencillo donde no es el romance lo que prima (que lo hay, conste, de baja intensidad), sino las relaciones personales en general. De hecho es la enorme capacidad de comprensión que tiene el protagonista por sus semejantes lo que hace que el manga avance. Una comprensión que trabaja por su deseo de hacer felices a los demás, pero que no lo incluye a él, de ahí también el lógico conflicto: tiene una concepción de sí mismo muy, muy pobre.

Hajime Machida es el hermano mayor de una familia numerosa, muy responsable, generoso y atento. Siempre tiene palabras oportunas y honestas para todo el mundo y ayuda desinteresadamente a los que le rodean. Una buena persona, pero horrible estudiante. Tampoco es especialmente guapo, pero tanto los profesores como su familia saben que se puede confiar en él. Podríamos decir que tiene una inteligencia emocional fuera de lo común por su gran pureza… aunque siempre dirigida hacia los demás. Le gusta la gente, pero tiene un bloqueo extraño hacia todo lo que sea amor romántico. Y de eso va un poco este manga, no hay un argumento claro todavía, son anécdotas cotidianas que van presentando los personajes con los que supongo irá creciendo la obra. Lo realmente original es el enfoque que la autora brinda a todos esos sucesos corrientes, con una calma además reconfortante, alejada de las usuales montañas rusas emocionales del shôjo, pero de una inusitada profundidad. Tampoco se puede contar mucho más, solo hay traducidos 12 episodios. Último apunte: me encanta el dibujo. Es delicado, con un ligero toque desgarbado realmente bonito, muy rico en detalles.

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Cuando Norma anunció en noviembre que tenía la licencia de Mahôtsukai no Yome, no me sorprendió demasiado, pero me hizo un poquito más feliz. Unido a la novedad de que va a tener un anime precuela, podemos decir que el gran éxito que está teniendo en ventas tanto en Japón como Estados Unidos, justifican estas dos buenas noticias. Iba finalmente a claudicar y pedir por la Selva los tres tomos que hay publicados (soy impaciente), pero este mes ya se puso a la venta el primero en España, bajo el nombre de The Ancient Magus Bride.

Mahôtsukai no Yome es un manga que recomiendo encarecidamente a todo aquel que le guste la fantasía, la magia y las historias con una pizca de crudeza. No es exactamente dulce, de hecho se masca la tragedia; pero tampoco carece de instantes emotivos (sin pasarse). Tiene todas las características de la fantasía en abundancia, recrea un mundo entretejido con el humano muy creíble. No deja de ser, en el fondo, un cuento que huele un poco a La Bella y la Bestia, pero, ¡ay, amiguitos!, que es un producto japonés. Y se nota.

Todo comienza con la subasta de la huérfana Chise Hatori, que es adquirida por el desorbitante precio de 5 millones de libras. Su comprador, un misterioso mago no-humano llamado Elias Ainsworth. El mago de las espinas lo llaman las hadas, también despectivamente half-breed. No quedan muchos de su especie; pero Chise tampoco es una chica cualquiera, se trata de una valiosa y rara Slay Vega. Elias ha decidido hacerla su aprendiz y, más adelante, su esposa. Una Slay Vega convirtiéndose en mago es algo realmente extraño, como ya iremos viendo. No es oro todo lo que reluce. La vida y destino de una Slay Vega suelen ser trágicos y cargados de sufrimiento. Es algo que Chise, sin saber de su propia naturaleza, ya ha experimentado con sus 16 años de edad. No ha conocido nunca lo que es tener una familia o el amor, hasta que el enigmático (y con mala fama) Elias la compra y lleva a vivir consigo al sur de Inglaterra. Ahí no solo comenzará su adiestramiento y la revelación de un nuevo universo, sino el conocimiento del camino que la llevará a su muerte. Y hasta aquí puedo contar. El tebeo está repleto de hechizos, alquimia, criaturas mágicas de todo tipo, personajes atractivos y aventuras en lugares maravillosos y horribles. Pero, como los cuentos clásicos, tiene un reverso cruel y tenebroso. Ancient Magus Bride contiene todos los ingredientes que un seguidor de la fantasía occidental  pueda desear. Con bonitos detalles que aluden a Lovecraft, el druidismo o Harry Potter entre muchos otros. No decepciona, pero tampoco sorprende demasiado. Aunque, si tengo que ser sincera, hay un par de cosas que me enervan un poco:

  • La protagonista femenina, Chise. Pero es un tipo de personaje con el que se tiene que lidiar en cantidad de ocasiones cuando se lee manga comercial. Quizá conforme los capítulos avancen, mejore.
  • El romance. No tiene especial presencia ni es baboso; tampoco es la rehostia de original. Pero me pone un poco nerviosita cómo va ganando terreno. Ese rollo de “el amor lo vence todo” es cansino. Imagino que una persona más ¿romántica? no lo encontrará tan molesto.

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Tsukikage Baby no es Sakamichi no Apollon, eso que vaya por delante. El registro de Yûki Kodama en este manga es completamente diferente, aunque el estilo, tanto en el dibujo como a la hora de tratar la historia, es el suyo. Inconfundible. Y eso se agradece porque existe una mínima calidad garantizada.

El tebeo posee como telón de fondo una danza tradicional japonesa, llamada Owara, propia de la zona de la prefectura de Toyama. En septiembre tiene lugar un importante festival llamado Kaze no Bon, donde el owara es el centro de atención. Un baile muy elegante y refinado, de difícil ejecución, y que Kodama ha sabido plasmar muy bien en el manga. Pero no solo en el dibujo, la manera de transmitir el amor y devoción que sienten los personajes de Tsukikage Baby hacia este baile, es certera. Si no interesa mucho el asunto o lo de las coreografías y demás ni fu ni fa, lo mejor es no leer este manga. Porque hay owara por un tubo.

El argumento trata sobre el impacto que provoca en una pequeña población cerca de Yatsuo, la llegada de una muchacha tokiota. Su madre ha muerto y decide acudir a su tierra, para vivir con su abuela. Pero Hotaruko, que así se llama la mozuela, realmente ha ido hasta allí por otro motivo: está enamorada de un viejo amigo de su madre, que reside en el pueblo y dirige una pequeña cafetería. No todo queda ahí, el sobrino de Madoka (el amigo de su madre), Hikaru, ha descubierto que Hotaroku baila extraordinariamente bien el owara, pero solo en determinadas condiciones.

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Como buen slice of life, hay más cera de la que arde; y girando en torno al owara, una serie de interrogantes respecto al pasado de Hotaruko, su madre, Madoka e incluso Hikaru, que se irán desvelando. Hay que dejar claro que muchas de las situaciones que Yûki Kodama narra, no se llegan a comprender del todo si no se tiene en cuenta que está plasmando una sociedad rural, pequeña y muy cerrada. Es algo que la autora hace muy bien. Hotaruko, por ejemplo, es una extranjera; no se explica que ejecute tan bien su owara. También es cierto que Hotaruko, sospechosamente parecida a Sawako de Kimi ni Todoke, no es la persona más social del planeta. Es tímida, reservada pero, al contrario de Sawako, tiene una faceta dura y hasta a ratos descortés. Ella tiene muy claro que ha ido hasta ahí por Madoka, el resto del mundo no tiene importancia, por lo que no merece la pena relacionarse con nadie más ni en el instituto ni en ningún otro sitio. Y entonces entra en juego el owara, mediante el cual iremos conociendo a la gente de este pueblo; y Hotaruko se irá abriendo, lentamente, a los demás.

La historia está bien construida y el desarrollo es pausado; son los personajes los que flojean un poquillo más, porque se llegan a desperdiciar algunos secundarios de la manera más tonta. Es una obra coral, así que se comprenden algunas deficiencias hasta cierto punto. Hikaru y Zenji son los que me han atraído más, junto al tañedor megane de shamisen, al que se le ve en un par de capítulos y desaparece, ¡qué pena! Por lo demás, va todavía por el episodio 32, quién sabe cómo puede evolucionar Tsukikage Baby. Es un manga bonito para aquellos que disfrutamos con la cultura japonesa; tiene un argumento sólido y unos personajes dignos. Pero no deslumbra ni emociona tanto como Sakamichi no Apollon. Por ahora.

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De los tres, el que más me está gustando es Machida-kun no sekai con diferencia, y eso que es el más corto en capítulos escaneados; el que menos Mahôtsukai no Yome, porque me parece más shôjo que otra cosa… y no precisamente para bien. Pero no son malos mangas ninguno de ellos. He hecho una criba bastante salvaje, y es algo que estoy ya aplicando desde este invierno en el anime. Solo he visto tres y esta primavera me temo que haré algo similar. Ha llegado un momento en el que me he hartado definitivamente ya de ver y leer porquerías o mediocridades. Bajo mi criterio, por supuesto. Una cosa es hacerlo involuntariamente durante unos primeros capítulos, y otra seguir por inercia o porsiaca. Hasta aquí. Y si me pierdo algo, siempre están los colegas blogueros para hacerme caer en la cuenta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

 

Winter love: Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

Una historia estupenda, si no se sabe contar, se convierte directamente en una mala historia. El contenido es importante, qué duda cabe, pero si el modo de transmitirla falla… meh. Es un poco como los chistes. Si uno no pone algo de gracia al asunto, el mejor chiste del mundo puede arruinarse en nanosegundos. El rakugo va de eso. Porque aunque el repertorio de cuentos y anécdotas está clasificado y es conocido; aunque hay un método codificado incluso en su expresión, es el rakugoka el que da vida realmente, con su personalidad e interpretación, a las historias que cuenta. Sin él, no hay rakugo (sin él y sin público, claro, existe cierta simbiosis). Y ese es el tema de la serie en el fondo, la vida y la evolución personal y artística de dos rakugoka durante la era Shôwa (1926-1989). Por supuesto, a través de ellos se tiene la oportunidad de familiarizarse con ese fascinante universo también. Wait. Los que no tengáis ni idea de qué es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, debéis de estar flipando una miaja. Mis disculpas (keirei). Los que conozcáis el tema, podéis perfectamente saltaros toooodo el parrafote siguiente.

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“San’yūtei Enchō, rakugoka” (1930) de Kiyokata Kaburagi

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es una serie cuyo último capítulo está todavía por emitirse. ¿Por qué hago la reseña antes de que finalice? Porque sí. Es un anime que gira en torno al rakugo. No ha sido el único, por ahí están Joshiraku o Rakugo Tennyô Oyui, que aunque no son homenajes tan afortunados como Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, también existen. ¿Que qué es el rakugo? Pues hasta hace no tanto, para el gobierno japonés un arte menor para entretener al populacho. Ahora ya han cambiado las tornas y tiene su merecido reconocimiento. El rakugo (“palabras caídas” es su traducción) es un monólogo tradicional donde un único actor, vestido con traje típico y sentado a lo seiza, divierte al público contando historias de humor. Se cree que surgió a mediados del s. XVII y seguramente tenga su origen en los sermones budistas que los monjes relataban, como parábolas, en sus peregrinajes por los pueblos. Pero el rakugoka no es un mero cuentacuentoshace uso de su voz y capacidad gestual para interpretar los diferentes personajes que se encuentren en el cuento que relate. Estas historias pueden ser de la propia invención del artista o una variación/interpretación de otras previas (hay un canon de aproximadamente 300). Siempre en la misma postura, y sirviéndose tan solo de un abanico y un tenugui (toalla pequeña) como apoyo. Bueno, eso según el estilo minimalista Edo, que es el que representa la serie; en Osaka es distinto, bastante menos parco en elementos escénicos y musicales. Actualmente hay mujeres y extranjeros rakugoka, pero en franca minoría; todavía es un arte mayoritariamente masculino y japonés, aunque su espíritu sea universal. Esperemos que la cosa siga cambiando en beneficio del propio rakugo, podría enriquecerse muchísimo más así.

Yotarô y su marciana sonrisa <3
Yotarô y su marciana sonrisa ❤

No suelo hacer reseñas de series de temporada, creo que esta es la segunda que he escrito, pero considero lógico hacerla ahora porque, tarde o temprano, iba a caer. Mejor antes que después. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es el anime que más estoy disfrutando este invierno. Tampoco he visto muchos, solo 3 (jojo); pero permitidme ser un poco presuntuosa y dudar bastante de que hayan aparecido otros a su altura. Admito que no está dirigido a todo el mundo, y menos hacia un público occidental al que probablemente la temática le pueda resultar más bien alienígena. El sector de audiencia acostumbrado a productos más llamativos y comerciales, puede encontrarlo también algo… diferente. Es un josei histórico, qué le vamos a hacer, el anime no tiene que ser exclusivamente para adolescentes. Con un mínimo que se mantenga la mente abierta, resulta una obra inteligente, entrañable y con mucha chicha detrás. No obstante, se ha convertido en uno de los anime mejor valorados de esta temporada, con cierta popularidad además. Me alegro, lo merece.

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Pero comencemos por el principio. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de 13 episodios que ha sido emitido desde el 9 de enero hasta el 2 de abril de este 2016. Está basado en el manga del mismo nombre creado por la autora Haruko Kumota y ganador de un premio Kodansha en 2014. Deen Studio ha sido el responsable de su producción y la dirección es de Shinichi Omata, que ha trabajado en obras como Arakawa under the bridge o Mahô Shôjo Madoka Magica. Estuvo precedido por un par de OVAS, cuyo resumen es básicamente el primer episodio del anime, de ahí su inusual duración de 47 minutos. En realidad las OVAS y el primer episodio son el preludio, la introducción a la historia principal que se irá desarrollando mediante el pertinente flashback. Un flashback de naturaleza oral, como corresponde dada la temática de fondo de la serie.

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Ahí tenemos a Kyôji o, como es conocido luego, Yotarô. Y ese arrogante del jinrikisha, que lo abandona cruelmente llorando en la nieve, es el gran maestro rakugoka Yakumo Yûrakutei, el verdadero protagonista y narrador de esta historia. Yotarô, recién salido de la cárcel, quedó fascinado por la actuación estilizada y elegante de Yakumo mientras estaba en prisión. Así que decide, con todo el ímpetu de su franco y apasionado carácter, presentarse ante su ídolo para que lo haga su discípulo: quiere convertirse en un rakugoka. Pero las cosas no van a ser tan sencillas. Al principio Yakumo, que nunca ha tenido un aprendiz, es reticente pero acaba cediendo. Quizás porque ha visto en él algo de otra persona. Lo lleva a vivir a su casa, donde también habita una mujer joven, Konatsu, de personalidad también algo complicada. Ella es la hija de un antiguo y famoso colega de profesión, Sukeroku, y siente una aguda aversión hacia Yakumo. Lo culpa de la muerte de su padre, aunque ese resentimiento proviene más bien de la ignorancia y la desilusión. Yakumo, viendo que la situación está llegando a un grado casi insostenible, resuelve contarles a ambos una historia. Una historia que es su propia vida y la de Sukeroku; y que puede ayudar a Konatsu a descifrar su pasado y futuro.

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En su relato, mirando atrás en el tiempo, da comienzo el argumento principal de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Él es el hijo de una geisha al que le habría gustado dedicarse a la danza. Mientras es un niño, nadie le impide bailar pero es una ocupación que, siendo hombre, no va a poder luego ejercer. Tarde o temprano deberá desistir, y la enfermedad que lo deja cojo, es la puntilla que obliga a su tutora a buscarle un futuro oficio que pueda realizar con su discapacidad: el rakugo. Bon se siente completamente abandonado, desechado, cuando lo llevan a vivir con su futuro mentor, un prestigioso rakugoka llamado Yûrakutei. El mismo día que va a su nuevo hogar, otro niño, un huérfano descarado, se presenta por iniciativa propia ahí para conseguir que Yûrakutei lo haga también su alumno. Shin, que así se llama el chico, es impertinente y atrevido. Tiene un ansia voraz por aprender y posee un talento innato que ha sido alimentado por un misterioso rakugoka callejero. De él aprendió todo lo que pudo hasta que falleció. Solo en el mundo y sin encontrar otra alternativa, su única opción vital es continuar su camino en el rakugo, arte que ama con entusiasmo. Yûrakutei acoge a los dos y educa para hacer de ellos dos buenos rakugoka. Y es la vida de estos dos muchachos (la niñez, la adolescencia, la edad adulta), los conflictos que surgen de sus respectivas formas de ser, actuar y sentir, lo que iremos viendo en este anime. Su disposición y talante frente al rakugo no solo como arte sino como institución; su amistad, vicisitudes y la llegada de la mujer que resultará ser un punto de inflexión en sus existencias.

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Ambos encarnan dos visiones diferentes del rakugo y sus personalidades también son antagónicas. Su aproximación a este arte también es muy distinto, así como su forma de trabajarlo. Mientras Bon (el futuro Yakuma) no siente inicialmente ningún aprecio por él ni sabe cómo afrontarlo y buscar su propio estilo, Shin (el futuro Sukeroku) tiene todo muy claro desde el principio, así como una facilidad natural para crear. Como agua y aceite, pero he ahí la magia. El triángulo amoroso también es interesante aunque no inesperado. Lo que sí puede atormentar es su conclusión, pero es que nadie dijo que la vida fuera maravillosa. No lo es, de hecho. Hay mucha crueldad en Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, de esa crueldad con la que uno se topa todos los días, pero que no deja de ser menos dolorosa por ello. Tampoco faltan los instantes cómicos, y con muy buen tino, porque no se apoderan del carácter de la serie.

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Me ha sorprendido mucho cómo han solventado el tema del rakugo. Me explico: se trata de una disciplina escénica muy personal donde una interpretación apropiada es básica. Al tratarse sobre todo de un repertorio humorístico, la expresividad y capacidad de improvisación de los rakugoka son claves. Y, no nos engañemos, un ser humano no es exactamente como un dibujo animado. En un dibujo animado no es fácil plasmar algo semejante sin caer en la caricatura o hacerlo insípido. En este caso lo han solucionado con eficacia gracias a unos seiyû excelentes (¡geniales!) y una animación sobria pero de gran calidad. Evidentemente, no es igual que presenciar un espectáculo de estas características en vivo, pero Shôwa Genroku Rakugo Shinjû ha estado a la altura por completo. Y el reto no era fácil.

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La serie crece con cada capítulo, sacando poco a poco a la luz todo lo que portan en su interior los protagonistas. A cada episodio se recrudece una pizca más también, conforme van madurando y su perspectiva de la vida cambia. Al unísono, porque no es igual el panorama que se tiene de ella durante la infancia, la juventud o la madurez. Lo que este anime presenta son personas, no personajes. Su desarrollo vital, sus enormes defectos y brillantes virtudes. Y lo hace sin juzgarlos.

El retrato social que hace de Japón y cómo este va mutando, es francamente interesante. El rakugo es considerado al principio un oficio poco honorable, al igual que otras profesiones vinculadas de alguna forma con las artes escénicas y el entretenimiento. La estratificación social es extremadamente rígida, no estoy hablando de un sistema de castas como el de la India, pero casi. Y en la serie se observa cómo ese rigor, poco a poco, se va disolviendo; aunque sin desaparecer. Esa falta de flexibilidad tiene su reflejo, por supuesto, en el mundo del rakugo; cómo se aferra a la tradición obstinadamente y a un sistema jerarquizado de formas y contenidos que lo está asfixiando lentamente, relegándolo al rincón de las antiguallas.

Me ha llamado la atención, siendo precisamente este anime un josei, el tratamiento brindado a los dos personajes femeninos principales, que no han dejado de ser además secundarios. Hasta donde yo sé, cumplen con unos roles totalmente coherentes con los periodos históricos en los que están situados.

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Miyokichi es una persona anclada en una mentalidad obsoleta, donde el amor romántico se considera una máxima vital; dependiente por completo de una presencia masculina, incapaz de ser autosuficiente, impotente ante el desafío de los ininterrumpidos cambios de la era Shôwa. Representa, en alguna forma, la mujer del pasado, siempre víctima de su falta de medios y una sociedad fuertemente clasista y machista. La esencia de Miyokichi, casi desde el primer momento en que aparece, se percibe trágica. Una mujer de usar y tirar en beneficio del divertimento masculino; una mujer de vida difícil a la que no se le permite tampoco abandonar ese papel de manera tan sencilla. Aunque ella, dolorosamente, lo ha aceptado porque ya no saber vivir de otra forma. La otra cara de la moneda es su hija Konatsu, también un ser humano de su época, pero con un carácter bastante diferente. A pesar de que ha heredado indudablemente el talento de su padre para el rakugo, no le es permitido dedicarse a él. Ambas sufren la constricción de una sociedad que las obliga a no salir de sus roles. Pero Konatsu tiene una voluntad tenaz y una personalidad fuerte; no se deja avasallar ni pisotear. Tampoco se ha resignado del todo, aunque es presa de la lógica frustración.

También ellos representan dos polos opuestos y complementarios: la contención y la exuberancia; el clasicismo y la renovación; la perfección del trabajo constante y la espontaneidad del genio natural; la disciplina y la rebeldía. Y ambos sacrifican sus vidas, uno en aras del arte, otro en aras del amor. De ahí también su continua rivalidad y celos artísticos, estímulos indispensables para hacer crecer su arte; pero que no impiden una amistad sincera y profunda que los marcará indeleblemente. Son tal para cual.

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Son taaaantos los temas que toca Shôwa Genroku Rakugo Shinjû que sería muy largo hablar de todos ellos. Es un anime poliédrico y de gran hondura; con capacidad de emocionar muchísimo sin necesidad de recurrir al sentimentalismo pegajoso. ¿Cómo lo consigue? Pues con moderación, su dosis adecuada de drama y una pizca de ternura. Me ha recordado en algunos momentos al Kokoro de Sôseki por su amargura y sutileza; o al Ningen Shikkaku de Dazai, pero lógicamente mucho más suavizado. Está claro que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû bebe de la literatura por su cadencia, por cómo evoluciona y se manifiesta. Me encantaría poder leer el manga y comprobar lo que sospecho. También es muy evidente que este anime solo ha adaptado un primer arco argumental del tebeo; sería maravilloso que el milagro de una segunda temporada sucediera, donde Konatsu tomara el relevo protagonista. Ay, ojalá.

A pesar de mi precipitación a la hora de publicar esta reseña (soy así de irracional, qué pasa), tengo esperanzas de que no sea el mejor anime de este 2016. ¿Por qué? Porque deseo que haya, por lo menos, un par de estrenos más que superen a este. Va a ser complicado, la verdad, muy complicado; pero la ilusión no la quiero perder.

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❤ minou ❤

Es una apuesta arriesgada la de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, porque nos ha mostrado, desde el principio, el final de esta historia. No siempre sale bien, de hecho este tipo de jugada suele acabar en aburrimiento monumental o guarrería supurante de melodrama cutre. No ha sido el caso, todo lo contrario. Ha sabido, con habilidad y delicadeza, sumergirnos en un océano psicológico de gran complejidad. Sin afectación. No habiendo visto todavía el último episodio (dudo muchísimo que la caguen), me aventuro a decir que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de los que no se olvidan; de esas series que se ven una y otra vez con angustia y placer a la vez. Siempre se descubrirán matices diferentes. Un nuevo clásico.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

TAG: Mangas que me han marcado

En los comentarios de esta entrada, la siempre dinámica Magrat me pedía que hiciera una lista con mis mangas preferidos. La verdad es que, como le sucederá a todo el mundo, me gustan muchos (demasiados) y, como soy persona algo indecisa, no sabría ni por dónde empezar ni qué criterio seguir. Así que, en primer lugar, he decidido elegir mangas que, de una manera u otra, me han marcado personalmente. Esto quiere decir que sí, hay mangas que me gustan más que los escogidos; también los hay mejores. Pero estos son de los que me han impactado más, para bien o para mal. También quiero aclarar que no he seleccionado mangas que me parezcan mierder (esos también pueden marcar de lo lindo). Eso daría para otra lista, el top de mangas mierder que, hace ya un largo tiempo, tengo en mente. Todo llegará, todo llegará.

En segundo lugar, me ha parecido apropiado aprovechar esta sugerencia para hacer un pequeño tag y así permitir la difusión de información entre blogs. Nos conocemos unos a otros mejor y, además, tenemos la posibilidad de descubrir nuevas obras. El tag es simple: escoge 9 mangas finalizados que te hayan marcado. Cuéntanos algo sobre ellos y la razón por la que te impresionaron. Nomina a 3 personas luego para que lo realicen. Fin.

Mis nominados son: Die Gigafantasma Sterne Flugzeuge Erfahrung, El Libro de Ange y Horizonte Púrpura.

No es obligatorio hacerlo, por supuesto, ni tampoco hay un tiempo límite para confeccionarlo. Pero sería muy interesante leer las selecciones de cada uno de los blogueros y así, quizás, a los colegas que todavía no se han lanzado a la lectura porque prefieren el anime, les pique el gusanillo. Quizá, quién sabe. Por supuesto, os remito a las dos entradas de Magrat, esta y esta, donde recomienda su lista de mangas. Es una selección muy buena donde se encuentran algunos de mis tebeos preferidos también.

Bueno, empecemos.

9

niñogusano

No será la mejor historieta de Hideshi Hino ni me gustará tanto como Panorama of Hell, pero le tengo mucho cariño a este pequeño manga. Dokumushi Kozô o El niño gusano, me retrotrae a una época de mi vida muy especial y su historia, a pesar de que estamos hablando básicamente de un cuento de horror, conquistó mi tierno kokoro desde la primera página. Seguramente fuese porque, como fan de Kafka que soy, la historia me remitía inevitablemente a su célebre Metamorfosis y con eso me tenía medio engatusada. Y también que las historias sobre misfits o marginados suelen gustarme mucho. Y de eso va el tebeo, de un niño inadaptado y despreciado incluso por su propia familia, que halla su solaz únicamente entre animales, bichos y montañas de basura. Pero todo cambia cuando, a causa de una picadura, sufre una transformación… Y hasta ahí puedo contar. No es un relato para todos los públicos, ya que Hino no es de esos que se reprimen a la hora de dibujar asquerosidades varias de forma explícita, aunque lo haga a través de un dibujo de estilo infantil. Es uno de los reyes del gore japonés. Pero es que, además, con Hino hay que andar con cuidado, porque sus tebeos no son un mero revoltijo de vísceras y bizarradas, tienen un potente mensaje detrás. La crítica social e histórica, a través de un humor negrísimo, también posee espacio en su obra. El niño gusano no es diferente en ese aspecto.

8

takahama

La rápida corriente

que se precipitó desde la cima del Tsukuba

es ahora el tranquilo y ancho Mina,

y así creció mi amor, hasta llegar a ser

un estanque de profunda melancolía

Waka nº 13, Ogura Hyakunin Isshu (c.1235), Emperador retirado Yôzei (869-949)

Los fragmentos de las vidas que conforman este manga son como un puzzle que no necesita, ni desea, ser completado, porque sus piezas tienen vida propia. No es precisa una conclusión. Pero es el amor, en sus diferentes encarnaciones, el factor común que las une en cierta forma. Monokuro kinderbook no será la obra mejor acabada de Kan Takahama ni la más popular, aunque sí la que me hizo reflexionar sobre lo que me gustaría poder encontrar en todos los slice of life. Un algo indefinible que mezcla crudeza con ternura, que plasma la gigantesca complejidad de las emociones humanas con sencillez. Y eso es este manga para mí.

7

pure_trance

La perversión de lo kawaii. Lindas señoritas, lindos gatitos y lindos corazoncitos. También motosierras, robots asesinos, ratas antropófagas, rollo sadomaso y mucha violencia. La primera vez que me enfrenté a Pure Trance me quedé en plan: “A ver, ¿qué cojones acabo de leer?”. Y volví a hacerlo, claro. Junko Mizuno no se anda con tonterías: ubicado en un Tokio subterráneo, después de una Tercera Guerra Mundial que asoló la superficie de la tierra, se nos presenta una historia que poblaría, sin lugar a dudas, las pesadillas más brutales de Hello Kitty. El entorno es un hospital dirigido por una psicópata drogadicta, aficionada además a turbios experimentos genéticos, que controla literalmente con látigos y otras armas letales a su personal de enfermeras. A los pacientes ni los considera. A veces me daba la sensación de estar viendo una especie de Powerpuff Girls estilizadas pero, obviamente, con un tono radicalmente distinto y gótico. Muy enfermo. No sé si lo he aclarado, pero Pure Trance es ciencia ficción distópica de lo más feroz, mezclada con terror y gore. Eso sí, muy kawaii. Y salen tetas y culos también. Evidentemente, es un vituperio hacia la sociedad japonesa, utilizando sus propias armas y corrompiéndolas hasta la médula. Ese contraste exagerado entre lo considerado bello, tierno y lo más deleznable e inmoral que uno pueda imaginar, es la burla perfecta; una denuncia social también de lo más insólita. Pero, aún hay más, ¡la historia que cuenta encima Pure Trance es buena!

6

adolf

Fue el primer tebeo serio de Osamu Tezuka que leí y, lógicamente, me dejó K.O. Luego vinieron, poco a poco, otros; y fui aprendiendo los diferentes registros de Manga no Kamisama. La verdad es que no sé ni por dónde empezar con Adolf ni Tsugu, es tan grande en todos los aspectos y toca tantos y tan diferentes temas… uf. Tezuka en Adolf fue, indudablemente, el rey del gekiga; este hombre era un fuera de serie. Y admiro sinceramente su valentía al tratar, con total severidad, la Segunda Guerra Mundial; el alineamiento de Japón con la Alemania nazi, la ingrata posguerra. Resulta muy interesante observar todo desde la óptica, precisamente, japonesa, ya estando ahítos de la aliada. Y así Tezuka nos lanza a un periodo histórico fascinante y convulso a través de los ojos de tres hombres llamados Adolf: Hitler, Kaufmann y Kamil. Kaufmann es de padre alemán y madre japonesa, Kamil de padres alemanes judíos. Ambos se hacen amigos durante la niñez en Kobe, pero sus circunstancias vitales y elecciones personales harán que se separen y lleguen a convertirse en enemigos. Pero hay muchos más personajes y subtramas, la principal girando en torno a la idea del origen judío de Adolf Hitler, con el periodista Sôhei Tôge al acecho. Intrigas, conspiración, asesinatos, crítica social, el horror de la guerra, la influencia creciente del comunismo en Europa… eso y mucho más hay en Adolf no Tsugu. Una historia que se dilata a lo largo de los años, inexorable, y que muestra de forma descarnada la naturaleza humana.

5

giants

I kill giants o Soy una matagigantes de Joe Kelly y Ken Niimura es uno de esos mangas que siempre tengo a mano. Esté donde esté, vaya donde vaya, casi siempre me acompaña si encuentro hueco suficiente en la maleta. No exagero. Me encanta releerlo, y me ayuda a tener presentes algunas reflexiones. Recordarlas suele evitarme bajones gordos. Esto se debe a la temática de fondo que toca el tebeo, que no voy a contar, pero con la que me sentí muy identificada. Imagino que conforme pase el tiempo, iré necesitando menos su lectura… aunque el dolor nunca desaparecerá. I kill giants, independientemente de mis traumas personales, es un manga estupendo del que hice ya una reseña aquí. La protagonista, Barbara Thorson, es uno de mis personajes favoritos del mundo del cómic. Y la historia de esta chica, una guerrera que combate los gigantes que destruyen la felicidad y vida del mundo, es, sencillamente, soberbia. La mezcla de realidad y fantasía, el arte fascinante de Niimura y ese desenlace filosófico, hacen de I kill giants uno de esos tebeos que no se olvidan. Sin sentimentalismos, duro pero tierno. Un amor de manga.

4

mai

Lo que me ha entretenido, y lo que me he reído, con Mai, es algo que siempre agradeceré a la pareja de Rudo Kazuya y Ryoichi Ikegami. Es un shônen típico cuyos 53 capítulos se pasan volando: acción, aventuras, fenómenos paranormales, drama, conspiraciones, artes marciales, algo de comedia, intriga y fanservice candoroso. Eran los 80, señores, mucho más alegres e infinitamente menos conservadores que los tiempos actuales. Y es un manga muy anclado en esa época, aunque totalmente comestible. Cuando vi aparecer a Yoda (sí, el de Star Wars), me brotaron lágrimas de los ojos. DIOS MÍO. Mai tiene el espíritu de los tebeos de superhéroes americanos, con un ritmo trepidante y unos arcos argumentales vigorosos. No se corta en asimilar, para regurgitar posteriormente, todo tipo de influencias de la cultura popular. Y le sale bien la jugada, pero que muy bien. Ese dibujo tan maravilloso de Ikegami además es impagable. Leer una obra así de divertida, bien construida y con esa candidez de los clichés de toda la vida, sin tener que preocuparse de nada salvo de dejarse absorber por las peripecias de la protagonista, no tiene precio. Algunas cosas son muy pasadas de vueltas, lo admito, pero la épica generalmente peca de ese defecto. Se lo perdono sin rencores por la espectacularidad.

¡Ah, que se me olvida comentar de qué va! Pues el personaje principal es una adolescente de 14 años, Mai, dotada de una serie de poderes psíquicos heredados de su difunta madre. Ha llevado una vida normal, intentando ocultar sus capacidades, hasta que una organización secreta internacional, que controla a la población con habilidades especiales, decide ir más allá de la mera vigilancia y secuestrarla. ¿Por qué? ¿Quién está detrás de esa organización? Pues eso, junto a otros emocionantes elementos más que van surgiendo, es lo que hay que descubrir leyendo.

3

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A Isis le entusiasma dormir encima de mis libros ❤

Los cuentos de niños diferentes, como ya he señalado en el nº 9 de este listado, me suelen atraer bastante. GoGo Monster de mi amado Taiyô Matsumoto si no es mi favorito de su obra, poco le falta. No fue tampoco lo primero que leí de él, pero sí el que más recuerdos vívidos ha dejado en mi cabeza. Que de eso va este tag.

Los que no hayáis leído todavía nada de él (ver un anime no cuenta), desde mi punto de vista GoGo Monster es material perfecto para introducirse en su estilo, porque no es para nada el acostumbrado. Posee una fuerte impronta occidental, resulta muy particular y, aun así, es un autor muy, pero que muy, japonés. Uno de los creadores más originales que hay pululando en la actualidad sin duda, siempre sorprende; y con una personalidad pronunciadísima, tanto en el arte como en sus historias.

-Conozco a varios niños que perciben ese mundo que no vemos con los ojos.

-¿Son alucinaciones? En resumen, me está diciendo que la intensa imaginación de Tachibana ha enturbiado su conciencia, ¿no?

-No creo que sea eso.

Yuki Tachibana es el protagonista de este manga, un niño raro y poco sociable que está sugestionado con la existencia de unas criaturas invisibles que viven en el cuarto piso, de acceso restringido, de su colegio. Y estas criaturas están siendo amenazadas por la llegada de otras diferentes de talante muy poco amistoso. Pero Tachibana no es el único que percibe este otro mundo, el anciano conserje y jardinero de la escuela junto a dos niños más, son capaces de advertirlo también. Y con esta historia, Matsumoto juega con la noción de realidad, haciéndola elástica y permeable, casi indistinguible de la imaginación y los sueños. Realismo mágico, surrealismo y la veloz etapa de la infancia galopando hasta perderse de vista: marca de la casa.

2

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Sí, más Isis, esta vez arropada con Midori.  Lo sé, hago muchas idioteces.

Dicen que las impresiones iniciales son las más duraderas y en mi caso con Suehiro Maruo fue así.  Lo primero que cayó en mis manos de este maestro del ero-guro resultó ser este Shôjo Tsubaki, también conocido como simplemente Midori. Lo compré hace milenios casi a ciegas y, a partir de entonces, ya no pude librarme del veneno Maruo. Se convirtió en uno de mis mangakas favoritos. Shôjo Tsubaki me impactó tanto por su belleza como por su depravación. Una perversión absoluta de todo lo que es inocente y noble en el mundo; y no hablo solo de sangre y casquería. Este autor va más allá. Midori es uno de sus tebeos más conocidos y también representativos, con ese delicado arte resplandeciendo entre exquisitas crueldades. Hice una mini-reseña de este manga, junto a otros diferentes, en esta entrada (una de las primeras que escribí) para celebrar el Halloween del 2014, por lo que no me alargaré más.

1

akira

Akira es uno de esos tebeos que todo el mundo conoce, aunque sea solo por referencias, y que ha servido de trampolín para los lectores de cómic occidental hacia el universo del manga también. Os aseguro que su fama es bien merecida, Akira es el alfa y el omega del manga moderno. A partir de él las cosas ya no fueron igual en el mundo del cómic japonés. Fue completamente revolucionario y, aún actualmente, continúa siendo una obra asombrosa e imprescindible. Un clásico de la historieta. Y no, no basta solo con ver el anime, Akira hay que leerlo. No tengo mucho más que añadir, se ha escrito y hablado de él por activa y por pasiva. Todo lo que pueda decir será ya redundante. A mí me cambió por completo, es el manga que más me ha impactado hasta ahora, y he leído unos cuantos.

shirokumacafe

Siendo como soy una enferma del terror, pensaba que me saldría un listado más lúgubre, pero creo que es hasta equilibrado. Bueno, más o menos. La mayoría son clasicazos, pero esta no deja de ser una selección muy personal. No son estrictamente recomendaciones. Lo que sí son recomendaciones son los mangas de esta otra lista, que realicé estas navidades pasadas con el mundo del crimen de telón de fondo. Si os interesa el tema, creo que podríais encontrar algún tebeo más que curioso.

Y eso ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Invierno 2016

La nueva temporada invernal 2016 comienza en pocos días y, para variar, he estado remoloneando con la entrada de mi selección personal. Me da bastante perezón escribirla, aunque para cuestiones organizativas no viene mal. Aun así, os adelanto que va a ser un post escueto con la información mínima. Ni sinopsis ni detalles técnicos. Páginas especializadas y colegas blogueros ya aclaran, con bastante eficacia además, los pormenores de cada anime. Como siempre, proseguiré con la costumbre de solo indicaros las series que voy a empezar. Únicamente estrenos, nada de continuaciones o enésimas temporadas.

"Invierno en Tsuruga-jyo Aizu Wakamtasu" (1967) de Kiyoshi Saitô
“Invierno en Tsuruga-jyo Aizu Wakamtasu” (1967) de Kiyoshi Saitô

En el MAL, hace unos días, me puse en modo becerro con el plan to watch (¡voy a ver todo, WEEEEEEEEE!); luego, por supuesto, me arrepentí y reflexioné un poco. A veces lo hago, no os penséis. Y tras la criba, esto es lo que compré.

nifunifa

Lo dice el nombre (no lleva tilde pero en el dibujito quedaba mejor así). Son anime en los que no pongo muchas ilusiones, aunque les otorgo la ocasión de conquistarme. Qué magnánima soy, jojo. Es difícil saber, solo mediante trailers y sumarios promocionales, qué es lo que esconden en realidad estas series. El asunto es muy flexible, por lo que espero fogosa y ardorosamente que me sorprendan para bien. Siempre para bien.

Sushi-Police

Admito que ya por utilizar 3DCG, mi sensación es la de enfrentarme a un anime de potentes efectos laxantes. Pero el argumento me ha parecido tan irracional, que no lo podía dejar pasar. Al menos probar un par de episodios, qué menos. Sé perfectamente que mi curiosidad innata hacia lo absurdo me acarrea muchas decepciones y encontronazos con montañas de auténtica basura, pero no puedo evitarlo. También me ha hecho disfrutar de lo lindo, así que es un riesgo que no me importa correr. Esta serie de tres policías idiotas que se dedican, ante la llegada inminente de las Olimpiadas de Tokio, a capturar criminales culinarios que osan mancillar el sagrado arte del sushi mediante adulteraciones, mala praxis y otros sacrilegios, puede llegar a hacerme reír mucho. Eso si el tipo de personajes no está demasiado trillado ni los chistes muy sobados.

Hai to Gensô no Grimgar

Este anime lo he seleccionado simplemente por esos fondos tan maravillosos que he visto en el trailer. La acuarela me conquista casi siempre, y me han parecido taaan bonitos y tan old school, que los cuatros episodios de rigor se los voy a conceder. Vale, que sean aventuras y fantasía (ouyeah!) también cuenta… y si me sirve para cubrir el hueco del género al nivel de Hitsugi no Chaika como mínimo (soy consciente de que no puedo exigir un Shingeki no Bahamut), proseguiré con él. Pero sí, el aspecto visual fue el que hizo que se inclinara la balanza. Espero no defraude.

hai

Nijiiro Days

El manga de esta serie lo comencé hace unos meses y, sinceramente, me aburrió bastante. Lo dejé aparcado, por si más adelante me apetecía retomarlo, pero ha pasado tiempo desde entonces y, a no ser que el anime me convenza, el barbecho se convertirá en cruel (merecido) abandono. No tengo muchas expectativas puestas en él; me pareció un tebeo insulso y tan repleto de topicazos, que me entristeció desperdiciaran la idea de la perspectiva exclusiva masculina (los protagonistas son todos chicos) y se limitaran a recrear trivialidades shôjescas sin ningún aporte distinto. Ni un ápice. Y que el school life ahora me fatiga cosa mala (son etapas). ¿Por qué voy a darle una oportunidad? Pues porque van a ser episodios cortos y el material lo conozco. Quizá verlo en pantalla le dé más vidilla, quién sabe. Aunque se encuentra al filo del drop desde el primer capítulo.

nijiiro

He dudado con varios anime como Haruchika: Haruta to Chika wa Seishun Soro, Shôjo-tachi wa Kôya wo Mezasu o Myriad Colors Phantom WorldPero entre que estoy hasta el moño de los entornos escolares y he olisqueado por ahí fanservice de lo más cerdo, las he apartado temporalmente. Siempre estoy a tiempo de reengancharme porque, seguramente, mande al cuerno algunas. Y, desde luego, siempre estoy abierta a vuestras sugerencias, ya que disto mucho de ser omnisciente y se me ha podido pasar alguna serie majeta que merezca la pena catar.

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Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

Este es el anime que con más ganas espero esta temporada. He visto una OVA previa (por lo visto hay dos, pero solo he hallado una) con mi japonés macarrónico y he logrado enterarme de algo y todo. Me siento hasta orgullosa (que alguien me abofetee, por favor). El arte es un poco justito pero eficiente. Es lo que me echa un poco hacia atrás, porque en las OVAs se suelen esmerar bastante más que en las series. Aunque si me lo compensan con una buena historia y personajes interesantes, no me quejaré demasiado. De momento el protagonista, Yotarô, me ha caído muy bien y esa sonrisa tan marciana que tiene me ha hecho mucha gracia. El resto del elenco, si es el mismo, también promete.

Creo que en el día del estreno también van a emitir un especial para contextualizar un poco la cosa. Con algo de suerte serán las OVAs (ojalá), que siempre será mejor enterarse completamente del asunto con los subtítulos correspondientes… Eeeeh, ¿pido demasiado?

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Dimension W

Ciencia ficción. PUNTO. Esa es mi razón para ver este anime. Ciencia ficción a priori no muy mongólica ni tampoco con protagonistas menores de edad. La trama evoca muuuuuchas cosas que ya se han hecho antes, así como los arquetipos de los personajes son bastante reconocibles. Vamos, nada del otro mundo, al menos eso es lo que se desprende tras ver los trailers. Pero a poco que me distraiga y la animación no resulte una guarrería, me tendrá en el bote. Es lo que tiene sentir amor por según qué temáticas y géneros. La carne es débil.

P.D.: El CGI que he observado es cochinete y los diseños de los personajes femeninos muy infantiloides. Exacto, odio el prototipo loli.

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Ajin

Mi dosis de terror y acción de la temporada es esta. No obstante, la animación de Polygon me da un poco de miedo, con Sidonia no Kishi lo pasé a ratos muy mal y Sanzoku no Musume Ronja directamente la dropeé. No logro acostumbrarme, me resulta muy artificial y con demasiadas aristas. Si la historia consigue absorberme un mínimo, es probable que ese CGI solo se convierta en una molestia menor; pero si no es así, me ocurrirá como con la segunda temporada de Sidonia, que la mandé a escaparrar sin remordimientos.

A pesar de esta contrariedad, estoy ansiosa por comenzarla. Lo que he leído del manga me parece bastante aceptable y me muero de ganas por verlo en acción. ¿Me decepcionará? ¡Espero que no, cónchale!

Boku Dake ga Inai Machi

Ah, las incógnitas y dilemas que entrañan los viajes en el tiempo siempre son interesantes si se saben trabajar. Este anime tiene pintas de caramelito… amargo. Así que al buche directamente. El misterio, el thriller y los entresijos psicológicos me encantan. Tiene pintas de ser una de las series de la temporada, aunque también pueden meter el patón a tutiplén y abusar de la tragedia.

erased

Siempre he pensado que este tipo de temáticas exigen cierta sobriedad si se quiere ser certero en la transmisión de las emociones. Muy pocos (Osamu Tezuka, por ejemplo) han logrado no caer en el ridículo al empozoñarlo todo con sentimentalismo y melodrama. Pero no nos adelantemos, que desconocemos casi todo de esta serie para hacer una valoración adecuada todavía.

animierder
lo sé, mis experimentos con el Paint son… mierder

No sé muy bien todavía si continuar la sección. Por un lado ayuda mucho a mantener activo el blog semanalmente; por otro puede llegar a hartar, sobre todo si la serie evoluciona de mierder a excremento de Satanás. Esta temporada tengo en mente dos que pueden cubrir el papel de animierderNorn9 y Dagashi Kashi. Por supuesto que hay engendros con peor aspecto, pero no me considero en exceso masoquista, y la salud hay que cuidarla. Veré un par de episodios de cada una y entonces decidiré si hay sección y por cuál de ellas me decanto. Norn9 parece un reverse harem típico lleno de bishies y Dagashi Kashi, con la loli tetona, augura raudales de fanservice. Pero el argumento que presentan ambas me agrada, así que ya veremos qué ocurre.

dagashi
Ay, qué calor

Aunque he anticipado que no iba a escribir sobre continuaciones y enésimas temporadas, estoy muy contenta con el regreso de Yami ShibaiEs un anime muy japonés que recoge y moderniza el legado de los históricos kamishibai callejeros: verdaderos precursores del manganime. Un bonito detalle para los que amamos las tradicionales historias de terror niponas; con esa simplicidad y crudeza que las caracteriza. Reconozco que la segunda temporada me gustó menos, pero esta tercera está repleta de buenos presagios.

También me engancharé a Haikyû!! pues tras ver la primera temporada, qué menos que continuar la serie. Los que me leáis habitualmente, ya sabéis que el spokon me cansa muchísimo y, salvo contadas excepciones, no suelo seguir series del género. Haikyû!! la comencé en su momento y la abandoné porque me pareció más de lo mismo. ¿Por qué volví a ella? Pues porque pensé: solo vi tres episodios y si personas con criterio que respeto la consideran una buena serie, debería darle una nueva oportunidad. Y así lo hice. No me arrepentí, pero siendo honesta, me sigue pareciendo más de lo mismo. Eso sí, los personajes son tan encantadores y las historias están tan bien llevadas, que no tuve tiempo de aburrirme. Resumiendo: es otro de los escasos spokon que tolero, pero no el mejor que he visto. Quizá cuando vea la segunda temporada me desdiga, pero en mi opinión no tiene nada que hacer frente a Ashita no Joe (lo amo) o Ping Pong. Aun así, las comparaciones son odiosas por lo que mejor ignora esto último que he puesto.

Continuaré descargando Durarara!! para verla de golpe una vez finalice del todo, pues la tengo en hiato. Me empezó a saturar un poco y preferí darle un respiro antes de enviarla a cavar zanjas. Me ha deparado los suficientes buenos momentos en el pasado como para no mostrarme radical. Le tengo cariño.

Y esto ha sido todo por hoy. Buenas noches, buenos días, buenas tardes. Ah, y felices fiestas.