TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime

Pues estaba yo tan tranquila ojeando twitter, cuando observé que Jean de Laberinto Invernal había sacado una entrada dedicada a los dos primeros capítulos de esta (¡por fin!) nueva temporada de Samurai Jack. Al rato, Wanda de Entre sábanas y almohadas subió unos pics de la serie que estaba viendo en ese momento, Over the Garden Wall. Poco después, en el Gato Curioso me preguntaron por South Park. En un breve lapso de tiempo, surgían ante mis atónitos ojos tres de mis cartoons preferidos. Era una señal. Y me dije: “¿es posible que los otacos seamos capaces de ver otras series de animación que no sean japonesas?”. La pregunta, ya de por sí imbécil, merecía una respuesta contundente: “¡Rayos, claro que sí!”. La frontera, que parece más complicada de traspasar con los tebeos, en los dibujos animados se difumina. Así que cavilé (no mucho rato, la verdad, convertí la señal en excusa) una buena forma de irritar a los camaradas otacos con un tag.

TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime es simple, directo y no sirve absolutamente para nada salvo hacer perder el tiempo: ¿cuáles son tus 10 series de animación no-japonesas favoritas? Favoritas, no las que consideres mejores (es distinto). Series, que no películas o cortos. ¿Las tienes en mente? Muy bien, pues ahora piensa en 6 blogs que estén dispuestos a continuar dispersando este miasma. Voilà. Lo has logrado, ¡hay una existencia allende los dibujitos chinos que gozar! ¡Aleluya! Ya puedes copipastear esto.

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Mis 10 preferidas creo que son muy, muy conocidas. Ha sido difícil hacer la selección, pero me he dejado guiar por las tripas y no el intelecto. Las amo a todas sin ninguna objeción, y forman parte ya de mi vida. Junto a otras muchas, claro, pero esta decena es especial. Antes de comenzar, allá van los afortunados que tienen el (ejem) honor de estar nominados a tan insigne y novísimo tag:

Las series están en riguroso orden de preferencia. Por una vez lo he hecho así. No creo que vuelva a repetirse semejante fenómeno otra vez, no obstante. Si lees esto y te apetece hacer el tag, siéntete libre de realizarlo y nominar a quien te dé la gana. La única condición es que nombres la procedencia, lógicamente. Comencemos.


10 ✪  SOUTH PARK

South Park (1997-2016) es una de las series más irreverentes y políticamente incorrectas que ha parido la televisión. Tiene un humor que roza bastante a menudo el mal gusto y la pura grosería, pero de una manera inteligente, nunca ha dado puntada sin hilo. kenny South Park no es un mero exabrupto o un colosal eructo cuyo eco resuena en las montañas. Es ya historia de la animación, un clásico. También es verdad que no está dirigido a todo el mundo, y es necesario cierto talante para poder disfrutar de su comedia negra, y ese arte que imita los cut-outs de las producciones setenteras del este de Europa. Lo que me he reído con esta obra no lo sabe nadie. Ni Isis. Es simplemente magnífica.

9  ✪  THE WIND IN THE WILLOWS

He dicho que creía que todas eran muy conocidas, ¿no? Pues bueno, The Wind in the Willows (1984-1988) quizá no lo sea tanto. Esta serie británica, basada en el enorme clásico de Kenneth Grahame del mismo nombre (y que fue uno de los primeros libros que leí en mi vida), es una joyita del stop-motion y de la delicadeza. No he encontrado ningún gif adecuado, pero sí el primer episodio de la primera temporada. Los recuerdos que tengo ligados a esta pequeña maravilla son tan tiernos como la propia serie. Sus minuciosos detalles, las historias, la ejecución, el diseño de las marionetas… TODO es admirable en The Wind in the Willows.

8 ✪  BATMAN

Es la SERIE de Batman (1992-1995). Definitivamente. A pesar de que ha tenido más encarnaciones, la de Bruce Timm es la que más se ha acercado, al menos desde mi punto de vista, al Batman urbano detectivesco sin caer en lo camp. Oscuro, pero no ridículo. Poderoso, pero humano y vulnerable. batmanY sin recurrir al nihilismo recalcitrante de Nolan que, sin considerarlo malo (Luzbel me libre), se ha hecho algo cansino; y ha contagiado su saturnismo a otros superhéroes que no tenían nada que ver con esa clase de espíritu (véase Superman o Spiderman). El Batman de esta obra es equilibrado y vigoroso, más cercano al de Miller o Moore que otros que vinieron después. Un 10 para esta serie. Batman Beyond (1999-2001) en comparación se me quedó algo cojilla. Y eso que Timm le sacó un partido tremendo.

7 ✪  SCOOBY DOO, ¿DÓNDE ESTÁS?

Algunos de los dibujos animados de la lista se encuentra vinculados estrechamente a mi infancia. Es algo inevitable. Y, a pesar de que ya desde enana mostraba una preferencia muy clara hacia la animación japonesa, también había obras occidentales que me gustaban mucho. Es el caso de Scooby Doo, ¿dónde estás? (1969-1970). scoobyAún en la actualidad me veo un par de capítulos de vez en cuando, y pese a la barbaridad de años que han transcurrido desde su estreno televisivo, resultan llanos y divertidos. Anticuados (normal), pero frescos. Mis personajes favoritos eran (y son) Shaggy y Velma; Fred y Daphne, tengo que reconocerlo, me caían bastante mal. Pero todos ellos hacían un buen equipo para resolver misterios. Que eso era lo que más me gustaba de la serie, el descubrimiento y resolución de tramas y enigmas. Disfrutaba (y disfruto todavía) muchísimo viéndola. Más adelante, la llegada de Scrappy-Doo me fastidió un poco, porque nunca fue un papel que me gustara demasiado. Pero no hay problema, siempre nos quedará la etapa clásica inicial.

6  ✪ HORA DE AVENTURAS

Un clásico contemporáneo que me dolió lo indecible cuando comunicaron que iba a finalizar. ¡¿Por qué, por qué?! Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Hora de aventuras (2010-2018) es de los dibujos animados más originales y delirantes que he visto nunca. Una parodia de los cuentos infantiles, por eso tanto niños como adultos son capaces de entretenerse con ella. ¡Y mucho! No existen tantas obras que puedan trabajar a diferentes niveles. Me siento afortunada de poder haberla seguido mientras se emitía, ser contemporánea de ella. Hora de aventuras es como el puntillo que se coge cuando se bebe cerveza, alegre, dicharachera, irónica y luminosa. ¡Ay, qué penica que vaya a acabar!

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5 ✪ BEAVIES AND BUTT-HEAD

Beavies and Butt-Head (1993-2011) era una serie sobre dos adolescentes de lo más cafre y borrego que os podáis imaginar. Muy listos tampoco eran. bbPero esos comentarios mongólicos sobre los vídeos musicales que veían, su limitado lenguaje basado en gruñidos, risitas tontas y balbuceos, los líos en los que se metían continuamente por tocar las narices al personal, etc, tienen un lugar en mi kokoro por su perfecta representación del típico adolescente asocial con evidentes problemas neurológicos. Formaban una pareja tan patética como hilarante. Me hice con todos sus cómics, que publicó Marvel en España (los tengo a buen recaudo), y aunque no añadían nada de particular a su ristra de astracanadas cotidianas, siguen aún siendo muy entrañables. Dos vírgenes idiotas, a rebosar de hormonas y malicia, no pueden traer nada bueno. Para nuestro deleite televisivo, claro.

4 ✪ OVER THE GARDEN WALL

Más allá del jardín (2014) es todo lo que los cuentos infantiles deberían ser. Con un toque de ferocidad y esa elegancia burtoniana tan comedida. Siempre es otoño en Over the garden wall (mi estación preferida), una época del año que llama a la reflexión, donde las sombras crecen. El creador es Patrick McHale, que también trabajó en Horas de Aventuras, así que cuando me enteré de este nimio detalle, no tardé mucho en sumergirme en sus bosques tenebrosos. Amo esta serie. Es divertida, surrealista y profunda, un Maravilloso mago de Oz (1900) pervertido con ternura. Y encima es musical. Lo único malo que tiene es que resulta demasiado breve, solo diez episodios. Ains.

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3 ✪ SAMURAI JACK

Samurai Jack (2001-2017 ) es otro de esos clásicos contemporáneos que nadie, absolutamente nadie, con un mínimo de interés en los dibujos animados, debería perderse. El año pasado tenía planeado escribir una reseña sobre sus primeras temporadas, samuraijackademás creo recordar que algunos lectores votasteis esta opción en la pertinente encuesta que hice en twitter. Pero el disco duro donde la tenía se fundió y desapareció junto a diverso material inencontrable (todo bastante antiguo, y si digo antiguo quiero decir de principios del s. XX) que ya no podré volver a recuperar… porque no se vende en ningún sitio. Fue un golpe duro, me cagué mucho en los antepasados de Toshiba, pero las cosas suceden así. Quizá más adelante la escriba, pero prefiero terminar de ver ¡la actual temporada de Samurai Jack! ¡Ha vuelto, ha vuelto! Jack is back!

2 ✪ AEON FLUX

Sobre Aeon Flux (1991-1995) escribí largo y tendido en esta entrada, así que no voy a añadir mucho más. Al igual que Beavies & Butt-Head, representa una época dorada en la MTV que, oteando el actual horizonte, parece increíble que haya existido en algún momento. Pero así fue, la gran M estuvo a la vanguardia en muchos aspectos. Y luego se fue a la caca. Larga vida al reality show, larga vida a la cochambre televisada. Junk food para la mente.

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1 ✪ EL SHOW DE LA PANTERA ROSA

El show de la Pantera Rosa (1969-1976) es una obra maestra. Es, por ejemplo, todo lo que yo no soy: elegante, sofisticada, ingeniosa, sutil, divertida… por eso la amo con locura. Es el “menos es más” de van der Rohe elevado a la surrealista potencia. Una maravilla sin diálogos donde la música de Henry Mancini lleva la batuta; un rosario de gags de comedia sencilla pero chispeante. pinkpantherY el arte, ¡ah, el arte! Todo en El show de la Pantera Rosa es de un minimalismo estentóreo. Es curioso cómo las casualidades se convierten en imprescindibles de forma involuntaria. Porque aunque la película donde apareció por primera vez, The Pink Panther (1963), merece un vistazo (o más), ese diamante felino que solo tenía un propósito decorativo, se convirtió en un icono pop que la superó en fama. Y bien merecida. Mil gracias, Freleng y DePatie, por esta criaturita tan singular


Podría haber colado también Vaca y Pollo, Looney Tunes, Ren & Stimpy, PopeyeEl laboratorio de Dexter, Dragones y MazmorrasLas Supernenas, Los Simpsons… pero los que he puesto han significado más para mí. Y, exacto, he procurado ser breve. Esa es la intención del tag, no dar excesivas explicaciones, sino lo justo para aclarar las decisiones tomadas. Directo y conciso, las propias elecciones deberían ser ya lo suficientemente elocuentes. Espero no haberos aburrido mucho y que así hayáis conocido algo más sobre mí.

A los nominados: no es obligatorio realizar el tag, tampoco hay una fecha límite (solo faltaría). Sin embargo, no voy a negar que me gustaría verlo circular y saber así más de lo que se cuece, fuera del anime, en las cabecitas de otros camaradas otacos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Lacónicos: rizomas en blanco y negro

Aprovechando que el Centro Nacional de Cine de Japón conmemora en este 2017 el centenario del nacimiento del anime, he querido rendir un diminuto homenaje, mediante este vuestro humilde blog, a la que ha sido desde mi niñez fuente de gran dicha y gozo. Ay, un siglo de dibujitos chinos. Por lo que, a lo largo del año, iré dedicando alguna que otra entrada a celebrar este aniversario, inaugurando así nueva sección (otra, sí, qué pasa). Pero, antes de entrar en materia, lo primero es lo primero:

¡Feliz cumpleaños, anime de mi coração!

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Hace casi un año que brotó cual geranio silvestre la entrada Érase una vez… el anime, donde escribí un poco sobre sus orígenes y cómo apareció en Japón. También seleccioné cinco largometrajes que me parecen hitos dentro de la historia de los dibujos animados asiáticos, dejando ligeramente de lado sus auténticos primeros pasos: los cortometrajes. Me dejó con algo de mal cuerpo haberlos obviado, pero tampoco podía hacer una entrada eterna, por lo que decidí que más adelante me resarciría. Y en esas estamos. El post de hoy se encuentra dedicado a varias obras de animación pre-Tezuka. Los cortometrajes siempre gozaron de buena salud en Japón. Ya no solo fueron una evolución lógica de toda su rica tradición pictórica popular, sino el esfuerzo de una nación, recién abierta al exterior tras siglos de confinamiento, por modernizarse, estar a la altura y superar a otros países. Voy a procurar ser breve y no soltar mis habituales rollos macabeos. Si queréis más información o refrescar la memoria, podéis acudir a la entrada que señalo al principio.

Zakka_DVDcvr_Nov6aCreo que está bastante claro, pero aviso por enésima vez que solo soy una simple aficionada. De ahí que no haya podido ver todostodísimostodos los cortos nipones anteriores a los años 50. Es simple falta de tiempo y del propio material, claro, ya que no es tan fácil localizarlo (AQUÍ podéis acceder a bastante). Algunas obras directamente se han perdido, y solo nos quedan referencias o fotogramas sueltos. Una pena, así que me centraré en los que han caído en mis garras. Las estrellas de hoy forman parte de la excelente recopilación The roots of Japanese anime-Until the end of II WW (2009), que fue el debut de Zakka Films, unos verdaderos héroes en el negocio. Los cortos seleccionados pertenecen a creadores que conformaron la que ha sido llamada Segunda Generación. Todos tienen la impronta de los Hermanos Fleischer y Disney, que eran la vanguardia durante esas décadas en la disciplina; y sus planteamientos son harto candorosos, con el sempiterno toque de humor de trompazo. En rigurosa monocromía. El grado de conservación resulta variado, ya que la degradación por el paso del tiempo ha sido inevitable. Ponerse quisquilloso con la calidad de imagen es estúpido, ¡algunos cortos tienen casi noventa años!, no obstante pueden disfrutarse sin problemas porque la restauración es más que decente. Y recordemos que nos encontramos frente a tremendos pedazos de historia, no son mero entretenimiento para quemar. Sin estos amiguitos de pintas y movimientos raros, camaradas otacos, no habría ni Nausicäa, ni Dragon Ball, ni Chihayafuru ni nada de nada. Pay your respects.

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Comenzamos con Yasuji Murata, uno de los pioneros en Japón de la animación por recortes o cutout junto a Noburô Ôfuji. No solo trabajó esta técnica, aunque sí destacó especialmente en ella. Murata desarrolló parte importante de su carrera en los estudios Yokohama Cinema, dedicándose sobre todo al terreno de la didascalia. Su público objetivo era el infantil, de ahí que muchas de sus obras supuren tanta ingenuidad y sencillez. Saru Masamune no es diferente del resto de su catálogo. Es un cortometraje mudo que solía representarse con la intervención de una orquesta clásica de kabuki y un katsudô-benshi. Los benshi eran narradores profesionales que daban vida a la película con sus interpretaciones. Figuras características e indispensables del cine mudo japonés.

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Saru Masamune cuenta la historia de un mensajero que, tras salvar la vida de una familia de monos que estaba siendo hostigada por un cazador, es recompensado con una extraordinaria katana de Masamune. Las espadas forjadas por este herrero de habilidades legendarias eran consideradas las mejores del mundo, y se creía que tenían poderes sobrenaturales. Para bien y para mal. Esta obrita sigue el patrón de los antiguos cuentos budistas, con pretensiones moralizadoras e instructivas. Perfecto para las audiencias más jóvenes. Y aunque la narración no es especialmente original, es su animación la que otorga verdadero encanto al conjunto. Salvo por algunos pequeños detalles, no me habría dado cuenta de que se trata de un cutout. Es tanta la precisión de los movimientos y la originalidad en la elección de planos, que podría pasar por una animación en celuloide. Muy curioso.

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Noburô Ôfuji fue uno de los animadores más prestigiosos del país, su pericia le valió reconocimiento internacional en festivales cinematográficos como los de Venecia o Cannes; y unos importantes galardones dedicados a la animación llevan su nombre. El ganador del año pasado de este premio fue Kono Sekai no katasumi ni o In this corner of the world de Sunao Katabuchi, por cierto. Ôfuji fue y es una figura trascendental en la historia de los dibujos animados de Japón. Era obligatorio que apareciera, y no solo una vez, en este The roots of Japanese anime – Until the end of WW II.

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Mura Matsuri

Mura Matsuri y Haru no Uta son dos piezas con aroma inequívocamente japonés. Ambas muestran momentos del calendario nipón significativos, como el festival de la cosecha y el florecimiento de los cerezos. Ambas son una delicada filigrana de chiyogami cuyo fin es acompañar dos canciones populares de la época, y resaltar los valores nacionales. Son muy breves, por lo que no debería extenderme mucho escribiendo sobre ellas. Me han recordado a los trabajos de mi amada Lotte Reiniger, como también he percibido la influencia de los Hermanos Fleischer un montón. Esto último era de esperar, no obstante. Creo que ambos cortos son la demostración de la increíble maestría de Ôfuji. Una técnica de kirigami depurada, minuciosa y elegante, que continúa asombrando todavía en la actualidad.

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Haru no Uta

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Este es mi cortometraje favorito de toda la recopilación. Sin lugar a dudas. También resulta el más marciano. No se sabe gran cosa sobre su director, Kiyoji Nishikura, excepto que colaboró más adelante con el gran Kenzô Masaoka en una de las animaciones para niños más sádicas que he visto jamás: Tora, el gatito abandonado (1947). Si os gustan los animalitos y sois masoquistas, disfrutaréis como puercos. Garantizado. Volviendo a Chameko no Ichinichi, se trata en realidad de una obra muda sobre la que se ponía música mediante un gramófono, procurando sincronizarla con la imagen. Y la composición que sonaba con este corto era el megahit infantil de la época Chameko no Ichinichi. Es una tonadilla creada varios años atrás, en 1919, pero que gustaba mucho a los niños. La versión que aparece aquí fue grabada una década después por la proto-idol Hideko Hirai, y fue un exitazo. Así que, ¿por qué no hacer una pequeña animación sobre ella? Y de esta forma nació la joya Un día en la vida de Chameko.

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Chameko no Ichinichi es, como indica el título de la propia canción, un día en la vida de una niña llamada Chameko. Comienza temprano por la mañana, con el canto del gallo y una vendedora ambulante de nattô anunciando su mercancía. La mamá de Chameko, una elegante señora en kimono, despierta a su hijita y esta se lava, viste, toma su desayuno, va al colegio, al cine… La rutina cotidiana de una muchacha de clase media japonesa en un medio urbano. Y ahí radica una parte de su interés, que es un documento vivo de su época con detalles muy vistosos. Es además un corto singular en otros aspectos, me sorprendió muchísimo encontrar publicidad por emplazamiento en una obra tan antigua, en concreto de la pasta de dientes Lion, marca que continúa existiendo, además.

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Kinue Hitomi

Nishikura también incorporó imagen real, plasmando uno de los orgullos deportivos del país: la atleta Kinue Hitomique ganó la medalla de plata en 800 metros durante las Olimpiadas de Amsterdam (1928). Fue todo un mérito porque no había entrenado jamás para esa categoría y decidió participar en el último momento, insatisfecha de sus resultados en otras pruebas. Esta damisela fue la primera mujer asiática en lograr algo semejante, y pulverizó records en Japón. Hitomi fue una deportista de gran talento que, por desgracia, murió de forma prematura a los 24 años a causa de una neumonía. Chameko no Ichinichi muestra sus numerosas victorias en los III Juegos Mundiales Femeninos, que tuvieron lugar en Praga en 1930. El director tampoco se cortó en estampar otro de los héroes populares del momento: el samurai Tange Sazen, que finiquita el corto rebanando pescuezos.

Chameko no Ichinichi goza de las ventajas de una técnica mixta, donde cutout, animación e imagen real se dan la mano. Si unimos a eso múltiples referencias cómicas y surrealistas, tenemos entre manos un producto para niños (porque iba dirigido a ellos) bastante extraño, incluso para estándares modernos. ¡Me encanta! Lo único que me molesta un huevo poco es la voz de Hideko Hirai. No comparto en absoluto esa adoración por las voces insoportablemente agudas que tienen los japoneses para la música.

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De nuevo Noburô Ôfuji a la carga, pero esta vez sin cutout o siluetas. Animación en celuloide y chiyogami combinados. Chinkoroheibei Tametabako quizá sea el corto que menos me ha gustado, aunque técnicamente es imaginativo y sorprendente. El protagonista de este relato es un animalillo mezcla de Félix el Gato y Mickey Mouse, con no muy buenas intenciones y sobrada osadía para llevarlas a cabo. Su nombre, Chinkoheibei; y lleva una vida despreocupada que destina a vaguear y hacer maldades. Un día, después de putear a una araña y a una tortuga, descubre en el fondo del mar una curiosa caja mágica. Esta caja se encuentra en el palacio del rey de los peces, y aunque ha observado desde la lejanía la extraordinaria magia que lleva a cabo, le es imposible acceder a ella porque no es una criatura del mar. Ni siquiera le dejan entrar al palacio. heibei.gif¿Ese obstáculo parará los pies del pícaro Chinkoheibei? Por supuesto que no. Desea hacerse con la caja maravillosa, e ingenio y mala sombra no le faltan. Como muchos cuentos infantiles con moraleja, Chinkoroheibei Tametabako resulta algo ramplón y simplote en su guion. Aunque bien pensado, ese inconveniente es lo de menos, porque este corto en lo que sobresale es en el apartado visual y técnico. La ambientación submarina está bastante lograda, así como las escenas de acción, excepcionalmente fluidas. Ôfuji fue un creador versátil y audaz, al que no le importaba experimentar ya que muchas veces lo acuciaba la falta de presupuesto. Hizo de la necesidad una virtud, y gracias a su talento logró poner en el mapa mundial la animación japonesa. Todo un soberano preludio de lo que unas décadas después sería el tsunami del anime.

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Kenzô Masaoka (1898-1988) es una de las figuras más importantes de la historia de la animación japonesa, a pesar de que casi nadie se acuerde de él o conozca la trascendencia de sus trabajos. Si Tezuka fue considerado “el dios del manga”, Masaoka se ganó en su momento el título de “Disney japonés”. Fue el introductor en el país de la animación con acetatos y el primero en crear un sistema de pre-grabación para hacer simultáneos los movimientos de la imagen con el sonido y la música. El estreno de la técnica tuvo lugar, precisamente, en este Benkei tai Ushiwaka. Sin Masaoka la todopoderosa Toei no sería tampoco lo que es en la actualidad. ¿Cómo puede ser eso? Pues siendo. Masaoka, ya retirado del oficio por problemas de vista, se dedicó a enseñar a otros animadores. Recopiló sus conocimientos y experiencias en un ensayo que Toei utilizó metódicamente como manual de formación para su nuevo personal. Y no solo eso, discípulos suyos que trabajaron en la empresa difundieron sus teorías y técnicas sobre animación. Teorías que siguieron vivas en creadores como Miyazaki.

bn2Aunque su obra más conocida es Kumo to Tulip (1943), este Benkei tai Ushiwaka posee también su relevancia. Y no poca. Técnicamente es una pequeña maravilla de su tiempo, con una ambientación extraordinaria en sus matices de luces y sombras, de gran profundidad; así como un uso de los planos muy innovador. El diseño de los personajes es muy norteamericano, sin embargo resulta patente a su vez la influencia que tuvo la formación universitaria del director. Masaoka se especializó en pintura tradicional japonesa; y Benkei, uno de los protagonistas del corto, parece un oni salido literalmente de un kakemono.

Benkei tai Ushiwaka está basado en un antiguo y conocido mito japonés, que narra el encuentro de dos grandes guerreros del periodo Heian (794-1185): Musashibô Benkei y Minamoto no Yoshitsune. Benkei era un sôhei, se dice que medía dos metros y por su gran ferocidad en el combate le llamaban Oniwaka (el chico ogro). Su gran devoción por Buda le hizo realizar el voto de que lograría hacerse con 1000 espadas; y para tal fin se situó delante del puente Gojô de Kioto, venciendo en sucesivos duelos a todo samurai que pasaba. Cuando ya tenía en su poder 999, llegó al puente Yoshitsune, ¿se haría con su katana también?

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Todo japonés conoce el final de ese célebre desafío, que es una mezcla de leyenda y suceso histórico real, pero aquí no lo voy a desvelar. Benkei to Ushiwaka, no obstante, se centra más en un joven Yoshitsune (Ushiwaka) y su adiestramiento como espadachín en el monte Kurama, bajo la tutela de Sôjôbô, el rey de los tengu. Después de alcanzar la maestría, dirige sus pasos a Kioto donde encuentra al bravo sôheiBenkei to Ushiwaka es un corto divertido y con mucha acción, sorprende su modernidad por la fluidez de movimientos y el encadenamiento de planos; pero también mostraba que aún quedaba mucho por mejorar. Y Masaoka lo consiguió, por supuesto.

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Mitsuyo Seo fue alumno aventajado de Kenzô Masaoka. Aunque sus tendencias políticas abiertamente progresistas le provocaron bastantes sinsabores en vida, Seo ha pasado a la historia de la animación japonesa como el creador de dos de los films más importantes de propaganda bélica gubernamental del momento. Momotarô no Umiwashi y su secuela, Momotarô: Umi no Shinpei (1945). Toda una paradoja. Este último además es considerado el primer largometraje animado de Japón, admirado hasta por el propio Tezuka, al que impresionó mucho en su niñez.

Si dejamos de lado todo lo negativo que conlleva el “apostolado nacionalista” de la II Guerra Mundial, tenemos en Momotarô no Umiwashi un documento histórico de primera línea. No debería resultar complicado deshacernos del prejuicio que en un momento inicial pudiera aparecer; han pasado suficientes años como para que seamos capaces de aplicar una visión desapasionada, limpia de posibles resentimientos o vínculos emocionales. Y todo esto nos brinda la excelente ocasión de observar también los mecanismos de manipulación populista, que otras naciones enzarzadas en la contienda utilizaron igualmente. Quizá desde nuestra perspectiva actual nos parezca una barbaridad adoctrinar de semejante forma a los niños, pero recordemos que juzgar las obras del pasado con los valores éticos del presente no suele ser acertado. Y dificulta el estudio de las mismas.

momotaro2Momotarô no Umiwashi aprovechó la gran popularidad del héroe legendario Momotarô para influir en las tiernas mentes infantiles. Esta figura mitológica fue usada con profusión durante todo el conflicto como símbolo del gobierno japonés, otorgándole así una legitimidad de naturaleza semidivina. Fue un instrumento útil y de fácil manejo, pues las características de Momotarô fueron asimiladas directamente como propias del Imperio. ¿Y quiénes eran los enemigos? Pues los demonios a los que se enfrentó Momotarô, por supuesto. Adaptaron el ataque a Pearl Harbor a la leyenda del chico melocotón. Hawaii se convirtió en Onigashima (la isla de los oni) y los malvados demonios que la habitaban fueron los estadounidenses. El mono, el faisán, el conejo y el perro del cuento son soldados y pilotos del ejército a las órdenes del general Momotarô. La ofensiva se realiza con toda la épica que le faltó al evento histórico, sin heridos ni muertos ni desgracias; y los norteamericanos son representados como gallinas correteando sin control cuyo capitán, borracho perdido, se asemeja sospechosamente al villano de Popeye, Brutus. Pero la demostración del poderío tecnológico militar japonés que se vierte tampoco es exagerada, no se hicieron dueños del Pacífico por casualidad.

A nivel técnico el mediometraje es una maravilla, de una belleza innegable. Plasma el espíritu austero y marcial japonés con toda la carga dramática que exige el acontecimiento; aunque aparecen las concesiones obligatorias a la comedia idiota, Momotarô no Umiwashi tiene una gravedad solemne que impresiona.

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Incluido en The roots of Japanese anime – Until the end of WW II se encuentra también Shôjôji no Tanuki-bayashi Ban Danemon (1935) de Yoshitarô Kataoka, pero no voy a escribir sobre él porque ya lo hice otro día aquí.


The roots of Japanese anime – Until the end of WW II es una compilación útil para todo aquel que desee adentrarse en la prehistoria de los dibujos animados nipones. Presenta creadores indispensables a través de una obra característica de su estilo; y teniendo en cuenta que el material original no se halla en condiciones perfectas, Zakka films ofrece una calidad excelente. Podrían haber escogido otros cortometrajes, no obstante la selección general es buena. The roots of Japanese anime – Until the end of WW II  es una introducción, una invitación para conocer luego en más profundidad a los autores referidos. Por sí misma es una avanzadilla que si no consigue despertar el interés del espectador, permanecerá como simple curiosidad.

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Shôjôji no Tanuki-bayashi Ban Danemon (1935)

Así que, a pesar de su indudable valor histórico, la intención de esta antología en realidad es pedagógica. Todavía no hay mucho público que desee rebasar los límites de la dimensión lúdica del anime, y mucho menos entre los otacos. Aunque existen especialistas en el tema y aumenta el número de personas que perciben el universo del animanga de manera más reflexiva, una mayoría de sus consumidores prefiere pasar de puntillas frente al material más antiguo, ya que le resulta escarpado, aburrido. Una opción completamente legítima, nada que objetar al uso del anime como simple herramienta de entretenimiento. Lo que se debe tener claro entonces es que The roots of Japanese anime – Until the end of WW II no va dirigido a esa clase de consumidor. Esto no es algo que suceda exclusivamente en el mundo del manganime, toda expresión de cultura popular se halla en una encrucijada similar. Continuamente. Pero hay un secreto, y es que no se tiene por qué elegir solo un camino, pueden transitarse muchos a la vez.

¿Escribí al principio que mi intención era ser breve? Menos mal. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¿Y ahora qué toca? Invierno 2017

Mucho se está comentando que esta temporada invernal pinta aburrida. Al menos en lo que a estrenos se refiere. La verdad es que hasta hace unas pocas horas no me había puesto en serio con ella, así que a pesar de que olisqueaba cierta fragancia a cloroformo, intenté no dejarme llevar por los prejuicios. Mis intenciones han sido honorables, de verdad de la buena, pero los primeros capítulos de unos cuantos anime que he zampado han sido, ejem, como una sobredosis de barbitúricos. Me he salvado gracias a los que he decidido seguir… de momento. Porque tampoco es que me hayan maravillado y no me fío ni un pelo.

Mi serie estrella de este invierno es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. FIN. Y no es un estreno. Espero que esté a la altura de la primera temporada, que fue gloriosa. Por ahora el episodio inicial me ha decepcionado un pelín, pero esto no ha hecho mas que comenzar. Dentro de un rato me veré el segundo.

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“Gato gigante de nieve” (1850) de Utagawa Kuniyoshi

No voy a alargarme demasiado (siempre digo lo mismo, je) porque este tipo de entradas me resultan un tanto pesadas; ni tampoco escribiré sobre continuaciones. Solo nuevo material. No es mucho, y probablemente abandone algo. Sin embargo, estaré ojo avizor también a las impresiones de colegas blogueros, por si se me ha escapado algo o resulta que un bodrio descartado muta en portento. Nunca se sabe, camaradas otacos.

Por si os interesa, he mandado a cavar zanjas los siguientes anime (en algunos casos fui incapaz de terminar el capítulo): Demi-chan wa Kataritai (insípido), Fuuka (indescriptible, ¿cómo pude plantearme ver algo así?), Hand Shakers (concentrado de alium sativum), Masamune-kun no Revenge (mediocre, tedioso, reiterativo, protagonista imbécil), Spiritpact (supermeh) Urara Meirochô (mongolismo profundo con lolis) y Yôjo Senki (JAJAJAbasta). ¿Con cuántos me he quedado? Pues con cinco. Allá van.

Os recuerdo: no hablo ni de los estudios ni de los directores ni de los argumentos; solo doy mi opinión. La sinopsis e información técnica podéis encontrarla en los enlaces que suministro con cada serie.

 

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No he podido leer el tebeo de Natsume Ono en el que está basado, pero esta mangaka me gusta bastante (al menos lo que ha caído en mis manos), por lo que le daré una oportunidad. El primer episodio no me ha dicho gran cosa, pero tampoco es un espanto. Le veo, no obstante, mucho potencial; deseo que no lo desaprovechen o malogren. El arte en general me ha encantado (¡qué bien le sienta el color al estilo de Ono!) y tiene un ending precioso. Si la serie tira hacia adelante, podría ser una estupenda ocasión para que licencien más obras de la autora. A pesar de ese traspiés que supuso Ristorante Paradiso en España.

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Chô Shônen Tanteidan Neo

Otro nuevo intento de llevar al mundo de la animación la obra de Edogawa Ranpo. Esta vez desde el formato corto y sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Esta primera toma de contacto no me ha desagradado, de hecho he encontrado muy divertido su histerismo aceleradoLa mezcla de estilos estadounidense/anime, con colores ácidos y recursos vintage me parecen acertados, aunque espero que echen el freno más adelante al ritmo, si no puede fácilmente saturar. Es un producto de consumo rápido para niños y adolescentes, así que honduras intelectuales las de un charco. Comedia disparatada y misterios futuristas comprimidos en cinco minutos. Solo me gustaría que no se volviera demasiado idiota o vacío; pero la premisa, muy en la onda de los Looney Tunes o Merrie Melodies clásicos de la Warner, por ahora me convence. Aunque claro, solo ha sido un capítulo.

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Little Witch Academia

Más anime dirigido a un público joven y no por eso una cagarruta; solo hay que saber qué esperar de obras así. Creo que esta es la serie que me va a servir para desconectar del planeta y simplemente disfrutar de media hora de aventuras y magia. Sin complicaciones ni truculencias, una historia entretenida que recuerda a muchas cosas, de ahí que resulte tan familiar y sea fácil engancharse a ella. Es un producto perfecto para una evasión inofensiva, donde no hay peligro de sufrir una embolia cerebral como en Yuri Kuma Arashi, por ejemplo. Little Witch Academia además tiene su propia personalidad, de otra manera sería muy complicado soportarla. Al menos para los que tenemos algo de bagaje en esto de la fantasía. Así que si no me da algún disgusto, este anime promete alegría sencilla (también algo previsible) que seguiré con sumo placer semanalmente. Es la serie de “ahora no quiero pensar, llévame de viaje a un lugar chuli“.

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Kuzu no Honkai

Tenía mis dudas sobre si mandar a escaparrar este anime o no. La idea principal me parece de un subnormal tremebundo, pero claro, estamos hablando de adolescentes… y los adolescentes suelen pensar y hacer infinitas gilipolleces en un tiempo récord. Si profundiza un mínimo en eso precisamente, en por qué durante esa etapa de nuestras vidas somos medio lerdos, me daré por satisfecha. No sé, que disfrute de unas pinceladas tipo Inio Asano al menos. Me gustaría que Kuzu no Honkai tuviera una orientación dramática con una base psicológica firme. Que fuese un anime serio, vamos. Pero mis deseos y lo que haya escrito la mangaka son cosas muy distintas. Porque no, no he leído el manga. A pesar de mis recelos, voy a ser paciente y otorgarle unos cuantos episodios de gracia.

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Onihei

Onihei ha presentado ya en un solo capítulo todo lo que se puede esperar de un seinen histórico con samurais y criminales. Hasta el arte es clasicote, muy de agradecer entre tanto giro aniñado de hedor informático. Posee una textura analógica que recuerda a los mangas de los 60 y 70, muy expresiva. Un jidaigeki de cabo a rabo. Excelente. ¿Por qué este aparente especial cuidado con Onihei? Pues porque se trata en realidad de la adaptación del clásico literario Onihei Hankachô de Shôtaro Ikenami. Es extremadamente popular en Japón, habiendo tenido varias adaptaciones al cine, teatro y televisión. Incluso el mangaka gekiga Takao Saitô realizó un cómic en 1993 sobre esta obra. Si gusta el género, como es mi caso, es una cita ineludible. Tengo grandes esperanzas puestas en esta serie, con sinceridad. Mi dosis de épica, violencia y aventuras puede resultar bien cubierta con Onihei, sobre todo si mantiene un nivel de animación decente (lo contrario sería catastrófico) y los clichés no se me hacen muy predecibles.onihei

Parece increíble pero, ¡lo he logrado! ¡Una entrada de menos de 2000 palabras! Todo un hito para SOnC. Así tendréis menos tiempo de aburriros y podréis devorar sin dilación los anime que tengáis seleccionados para esta temporada. ¡No perdáis más el tiempo! ¡Ñam, ñam! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Érase una vez… el anime

Al dibujo animado se le tiende a considerar algo así como el hermano escuchimizado del cine. O como una especie de apéndice de él, que se tolera porque su existencia no puede ser evitada. Y, aunque han existido preludios desde hace mucho antes de que ni siquiera se llegara a concebir una imagen (no dibujo) real en movimiento, como las linternas mágicas o los taumatropos, la llegada del kinetoscopio y luego los hermanos Lumière, eclipsaron (aunque también ayudaron a su avance, ojo) desde el principio lo que llamaríamos luego cartoon, monito animado o caricatura. Y fue relegado, en su mayor parte, al campo de la experimentación, propaganda o el mundo infantil. No pasa nada, lo hemos asumido. Pero ahí ha estado, casi desde los inicios del propio cine. No pienso hacer una disertación sobre la historia de la animación porque ya hay bastante bibliografía al respecto, pero no viene mal recordar por encima, de vez en cuando, los orígenes de esta disciplina, todavía un poco ninguneada (aunque cada vez menos), y de la que tanto disfrutamos millones de personas.

Así que para la posteridad tenemos esos primigenios esfuerzos de los padres de la animación, J. Stuart Blackton o Émile Cohl en la primera década del s. XX; y ya, posteriormente, los trabajos, por ejemplo, de mi admirado Winsor McCay. Inciso: si tenéis la oportunidad de leer su Little Nemo in Slumberland (1905), no os arrepentiréis, una auténtica obra maestra del cómic, una maravilla.

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“Little Nemo” también tuvo su propio corto animado, medio documental además, en 1911

Con el tiempo, los creadores se fueron haciendo más ambiciosos, perfeccionando sus técnicas, y aparecieron las primeras obras que ganaron gran popularidad como Betty Boop o Popeye, de los indispensables hermanos Fleischer (inventores del rotoscopio), o Felix el Gato. Pero no solo se trató de pequeños cortos, sino de verdaderos largometrajes. Y no fueron de Disney, amigos, aunque luego fuese la empresa que se convirtiera en la institución de referencia del dibujo animado. Lamentablemente, la primera película de larga duración (70 minutos) de la que se tiene conocimiento, El Apóstol (1917), y la primera que se realizó con sonido, Peludópolis (1931), ambas argentinas y dirigidas por el genio de Quirino Cristiani, se dan como perdidas. Una tremenda lástima. El largometraje más antiguo animado que tenemos conservado, y añado además que en buen estado por la excelente labor de restauración que se llevó a cabo, es Las Aventuras del príncipe Achmed (1926). Una joya inspirada en un relato del clásico literario Las Mil y una Noches Hace gala de una técnica inventada por la propia directora, la alemana Lotte Reiniger, inspirada en el teatro de siluetas y marionetas javanesas y balinesas (wayang). Le costó tres años finalizarlo, tan laboriosa fue su confección. SOY FAN A MUERTE DE LOTTE REINIGER. Así, en mayúsculas y en negrita. Amo a esa mujer. Todo lo que he visto de ella me gusta. TODO. Y para muestra, un botón. Aquí os dejo el trailer de Achmed. (Un fotograma suyo es mi fondo de móvil, con eso lo digo).

Pero Sin Orden ni Concierto es un blog dedicado a lo japonés, ¿no? O eso os preguntaréis. Pues sí, más o menos así es. Puede parecer que el mundo de la animación fuese un invento netamente occidental y, aunque las primeras obras sí en gran medida lo fueron (estadounidenses, francesas, rusas, alemanas, argentinas, etc), en Oriente no fueron a la zaga. Personalmente considero (puedo estar equivocada) que la animación es algo tan intrínsecamente relacionado con el cine que, de forma espontánea, era natural que fuera surgiendo en diversas zonas del planeta. Además, en Japón hay que tener una variable muy en cuenta, y es que la relación entre manga y animación siempre ha sido muy estrecha, incluso en el pasado, por lo que no es de extrañar la aparición temprana de cartoons. El primer dibujo animado que tenemos atestiguado fue hallado en un proyector privado de Kioto no hace tanto, en el 2005, y está datado del año, aproximadamente, 1907. Casi nada, señores, de los primeros del mundo. Su nombre: Katsudô shashin. Se trata de una película en 35 mm de autoría desconocida; y compuesta por 50 imágenes, directamente dibujadas en el celuloide, de un niño saludando con un sombrero.

Pero la animación japonesa no era conocida como anime en aquellos tiempos. Sean Eiga o Dôga eran los términos más utilizados. Anime fue la denominación que llegó más tarde con Osamu Tezuka, que fue, junto a otros creadores, los que consolidaron sus características. Porque, aunque esté extendida la noción de que los dibujos animados surgieron en las islas con Manga no Kamisama y su mítico Astroboy, no fue así. También cabe señalar que no todos los dibujos animados procedentes de Japón deberían considerarse anime simplemente por ser japoneses. Esa es una generalización hecha desde fuera y que se refiere a la animación comercial que se suele exportar. Pero regresando al tema principal, que no sé ya cuál es de tantas vueltas que estoy dando (perdón, perdón), los dibujos animados han existido, en forma de cortometraje, desde bastante tiempo antes que Tezuka. Y gozando de buena salud. Ya no solo era una evolución lógica de toda su rica tradición pictórica popular, sino el esfuerzo de una nación, recién abierta al exterior tras siglos de confinamiento, por modernizarse, estar a la altura y superar a otros países.

No pienso saturaros con un listado de las diferentes obras y estudios que fueron apareciendo a lo largo de los años, porque me parece tedioso y es información bastante fácil de hallar por internet. Pero que esto sirva para disipar dudas, si es que existían, al respecto: se hacía animación en Cipango desde el temprano s. XX. Con épocas más flojas que otras, claro.

Este cortometraje en B/N y mudo, llamado Kobutori (1929), es solo un ejemplo de la inquietud existente que llevaba ya desde mediados de la década de 1910 floreciendo. Y no solo se adaptaban relatos del folclore (costumbre que perdura actualmente de la que estoy encantada), sino que, conforme los años transcurrían, se iban acomodando a las circunstancias históricas, apareciendo incluso propaganda política y bélica anti-americana. Es el caso del primer largometraje que se realizó en Japón: Momotarô: Umi no Shinpei (1945). Nada extraño teniendo en cuenta que en otros lugares del planeta se procedía de igual manera.

Ciertamente, la derrota en la Segunda Guerra Mundial supuso un batacazo no solo para la animación, sino a todos los niveles. Y fue entonces, con la ocupación americana, cuando algunos autores descubrieron la formidable maquinaria Disney. Y de aquellos polvos, estos lodos. La animación realista y detallada, repleta de imaginación del estadounidense, fue la inspiración inevitable de lo que luego sería el anime. Una inspiración que ayudó a que Tezuka y otros más, revitalizaran un panorama melancólico a causa de la guerra.

Y creo que no me voy a enrollar más. Como ya os he comentado, hay abundante bibliografía al respecto. Os remito en específico al libro de Jonathan Clements Anime: a History (2013), bastante prolijo y muy interesante, que trata el tema de la historia de la animación japonesa de forma excelente. Por mi parte, lo que voy a hacer a continuación es recomendaros cinco largometrajes pioneros (no series, no cortos) de los dibujos animados asiáticos, concretamente chinos y japoneses. No he visto todos los que existen (ojalá), porque encima no suele ser sencillo encontrarlos. De ahí que esta sea mi parcial y subjetiva selección. Todos tienen en común que van dirigidos a niños y sus fechas de creación van de 1941 a 1968. Hay que tenerlo muy en cuenta. También aviso que es muy fácil advertir elementos e ideas en estas películas que luego se han utilizado, y no pocas veces, en obras posteriores. Incluso contemporáneas. No dejan de ser creaciones de las que han mamado distintas generaciones de artistas, ya por eso solo se merecen un mínimo de atención y respeto. El orden de presentación es cronológico y no obedece a ningún tipo de preferencia.

Me habría gustado incluir algo de animación coreana antigua y algo de la vietnamita también, pero me ha resultado imposible echarles un vistazo. Si alguien sabe dónde lograr este tipo de material, que lo escriba en comentarios, gracias. Bueno, allá vamos.

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El estreno de Blancanieves y los siete enanitos (1937) supuso toda una revolución en el mundo de la animación. Un antes y un después. Fue también un tremendo estímulo para que otros creadores se afanasen en lograr un resultado similar o superior, y eso les ocurrió en China a los hermanos Laiming y Guchan Wan. Junto a sus otros dos hermanos, Chaochen y Dihuan, fueron los padres fundadores de la animación china. Estos cuatro hermanos querían hacer de la animación una herramienta de pedagogía y difusión de información asequible y entretenida para todo el mundo, haciendo especial hincapié en la idiosincrasia de su país. Por eso, aparte de realizar los primeros trabajos animados de China en la década de los años 20, ya enzarzados en la Segunda Guerra Mundial (Segunda guerra sino-japonesa, 1937-1945), crearon multitud de cortos que llamaban a la resistencia frente a los invasores japoneses, el imperialismo occidental y el opio. No fueron tiempos fáciles. Ellos, que vivían en una Shanghái ocupada militarmente, conocieron de primera mano el rigor bélico. Pero eso no les impidió decidirse a crear el que luego sería, no solo el primer largometraje animado de China, sino de toda Asia: Tie Shan Gongzhu o La princesa del abanico de hierro. Su éxito incluso se dejó notar en Japón, siendo una de las inspiraciones más obvias del futuro anime.

El acicate que significó Blancanieves para la realización de Tie Shan Gongzhu es incuestionable. El influjo estético se halla en cada fotograma, hasta el uso del rotoscopio fue emulado; pero esto último quizá forzado también por las circunstancias, ya que abarataba el coste general. Eso es algo que hay que tener presente cuando se ve esta película, los durísimos aprietos económicos que sufrieron los hermanos Wan al estar en plena guerra. Para mí fueron unos auténticos héroes, ya que la producción de Tie Shan Gongzhu fue larga y con unos recursos muy exiguos. También debo añadir que la cinta no ha llegado hasta nosotros en las mejores condiciones, lo que puede hacer de su visionado una experiencia algo incómoda. Este largometraje tiene valor ya solo por sí mismo, porque es parte de la historia de la animación, pero no será lo mejor que veáis en vuestras vidas.

Tie Shan Gongzhu es la adaptación libre (pero muy libre) de una de las historias que conforman el clásico literario chino Viaje al Oeste (s. XVI), donde se narran las andanzas del Rey Mono Sun Wukong (sí, Son Gokû, chavalada), atravesando multitud de tierras del Asia Central hasta la India, para conseguir unos sutras sagrados del Buda. Es un viaje iniciático, un peregrinaje, que lo acercará a él y a sus acompañantes a la iluminación. Es una obra capital que, por supuesto, ha influido enormemente también en la cultura japonesa. Pero regresando a Tie Shan Gongzhu, su argumento gira en torno a la búsqueda de un abanico de hierro que puede acabar con el fuego en una aldea de campesinos. Pero la dueña de este abanico no se va a dejar convencer tan fácilmente. Nanay.

Si hay cosas positivas que comentar de este largometraje, que las hay sin ninguna duda, aparte de su elocuente trascendencia es que, a pesar de sus carencias, sorprende en multitud de instantes por su exquisito realismo y elaborados fondos. Algunas veces (no siempre) los movimientos son tan fluidos que no tienen nada que envidiar a ese prodigio que es Blancanieves. En momentos puntuales sí que se puede decir que los hermanos Wan consiguieron alcanzar esa excelencia que tenía Disney. Pero en conjunto, dadas las circunstancias además, era imposible. Aun así, ¡un extraordinario trabajo!

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Este fue el debut de la recién fundada Tôei, por entonces Tôei Dôga, que deseaba convertirse en la Disney oriental. Sus ambiciones eran grandes y, actualmente, ya sabemos perfectamente la importancia de este gigante de la animación. Hakujaden es el primer largometraje en color japonés y resultó una fuerte apuesta, porque incluso lo estrenaron en Estados Unidos. Con un par. El éxito en Japón fue rotundo y estimuló todavía más a los estudios para continuar en su idea de ser una competencia digna para Disney. No hace falta que diga que sin Tôei el anime no habría sido igual. Allí trabajó gente tan enorme como Tezuka, Takahata o Miyazaki. ‘Nuff said.

Aparte de la relevancia histórica de Hakujaden, resulta una película que, aunque tiene una influencia aplastante sobre todo del primer Disney (Blancanieves, Fantasia y Bambi everywhere), es realmente hermosa, y me refiero a nivel visual. La animación todavía es imperfecta, pero el arte y sus fondos son espectaculares. Se nota que pusieron verdadero esmero en plasmar el ideal de belleza taoísta en los paisajes y colores. ¿Taoísta? Pues sí, porque Hakujaden tiene lugar en China. No sé si se trata de algún tipo de guiño conciliador hacia ese país, pero a pesar de que se trata de un largometraje japonés, la impronta china se deja notar por todos sitios. Es deliberada, porque hasta el argumento es una variación de una de las leyendas chinas más antiguas e importantes de su folclore: La leyenda de la serpiente blanca.

La historia arranca con unos bonitos cut-outs que, mediante una canción (sí, hay números musicales), nos cuentan cómo nuestro protagonista, un niño llamado Hsu Hsien, se ve obligado por la presión social a abandonar a una shirohebi con la que había entablado una tierna amistad. Los años pasan, pero ninguno de los dos se ha olvidado del otro. Una noche de tormenta mágica, la shirohebi (serpiente blanca) recibe forma humana. Se convierte en una doncella, de nombre Pai Niang, aunque no deja de ser un ente sobrenatural. Un yôkai en japonés, para entendernos. Y de eso va en el fondo todo, del amor prohibido entre un humano y una criatura fabulosa, y los obstáculos con los que se topan por defenderlo. El más importante de ellos, la figura del bonzo y exorcista Hokai, que en su fervor por librar al mundo de espíritus, se entromete en la vida de la pareja provocándoles serias dificultades. Todo con las mejores intenciones, pero su fanatismo resulta muy perjudicial.

Aparte de este trío, existen varios sidekicks que amenizan y brindan la chispa cómica a la película. Son un pequeño panda y un zorrito en el caso de Hsu Hsien; y para Pai Niang una doncella-pez con la que mantiene una relación senpai-kôhai. El cuento en sí es bastante interesante; no posee el típico barniz con la dualidad bien-mal que siempre se les encasqueta a los críos (hace cavilar); las desventuras de la pareja y los esfuerzos de sus compañeros por ayudarlos son atractivas; pero el desarrollo y el ritmo están descompensados. Gran parte del peso de la trama recae precisamente en estos sidekicks, porque el trío protagonista es bastante insulso, y las piezas no acaban de encajar del todo. Aun así, se visiona sin problemas y no aburre; a pesar del tono candoroso (a veces cursi) y la fragilidad argumental en algunos tramos.

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Con una animación muy particular y estilizada, alejándose paulatinamente de las características de Disney, esta película es un punto y aparte con muchísima más trascendencia de la que se le concede habitualmente. Su influencia es muy patente en Samurai Jack, por ejemplo, una de mis series animadas favoritas occidentales. Los diseños, los fondos, el movimiento… el arte y la técnica de El pequeño príncipe y el Dragón de ocho cabezas son admirables. Con muchos elementos de la pintura tradicional japonesa. Los personajes llegan a ser casi una abstracción de formas geométricas y colores, de una simplicidad elegante y eficaz. Ya no interesa tanto una sensación de realismo a la hora de plasmar el dibujo, sino su expresión. Pero Disney sigue ahí, no os penséis, aunque cada vez menos.

Desde la estupenda banda sonora, del grandísimo Akira Ifukube (uno de los padres de Godzilla), la dirección de Yûgo Serikawa (Saibogu 009Mazinger Z) hasta el trabajo entre bambalinas de Isao Takahata como asistente de dirección o de Seiichi Hayashi en la animación, todo nos está hablando de que es una obra que, junto al trabajo de Tezuka, supuso el comienzo de la madurez del anime. El asentamiento de su propia personalidad.

El argumento consta de distintas adaptaciones y variaciones sustanciales de leyendas shintô, recogidas en el Kojiki (711) y el Nihongi (720), donde el dios Susanowo se ve involucrado. Están muy, muy, pero que muy suavizadas (este dios en realidad es bastante salvaje), seguramente debido a que su público objetivo es el infantil. La historia es la búsqueda, por parte de esta deidad, de su madre la diosa primordial Izanami, que ha fallecido. Susanowo, en forma de niño, no se conforma con las palabras de consuelo de su padre el dios primordial Izanagi, y decide ir a su encuentro. Como no sabe dónde se halla en realidad, visita a su hermano, el dios de la luna Tsukiyomi; y a su hermana, la diosa del sol Amaterasu, para averiguar algo más preciso sobre su paradero. Y durante esa búsqueda, se enfrentará a monstruos, dioses y vivirá peripecias de lo más pintorescas. Porque son pintorescas. Y muy previsibles. Pero es lo que tienen los mitos y las leyendas, que todo el mundo, intuitivamente, conoce su evolución y posible desenlace. Máxime si forman parte del entorno cultural. No obstante, es un bonito viaje que entretiene y sorprende por lo bien que ha envejecido.

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Y regresamos de nuevo a los hermanos Wan, veinte años más tarde, para toparnos con un asombroso y abrumador ejercicio de arte visual. Flipante, todo un espectáculo de color y delicadeza. Solo los asiáticos son capaces de hacer cosas semejantes. Fue un zas! en todos los morros del planeta. Su grito era: ¡estamos aquí y somos mejores que vosotros cuando nos lo proponemos! Porque Da Nao Tiangong o Caos en el cielo, fue lo mejor que se hizo en animación en su tiempo, meándose en la cara de Disney o el anime japonés. Siento ser tan soez, pero me ha salido del alma. Fue una cumbre que los chinos, al menos hasta donde yo sé y lamentándolo profundamente por mi amado Naya, no han conseguido alcanzar otra vez de forma tan demoledora. Y espectacular.

Fue una suerte que se estrenara un par de años antes de la Revolución Cultural de Mao Zedong (1966-1976), porque si hubiera sido más tarde, habría resultado altamente improbable su producción. De hecho, al año siguiente ya fue censurada. La situación a la que llevó esta pretendida “revolución” a la productora de esta película, Shanghai Animation Film Studio (en su mejor momento creativo entonces), fue de una parálisis casi de facto ya que sus obras, obligatoriamente, estaban supeditadas a su ideología. No pudo ser más desastroso. Gran parte de sus animadores y creativos fueron enviados a campos de trabajo en el interior del país. Los estudios no volvieron a recuperarse del todo nunca. Por eso también es un largometraje al que homenajear, independientemente de que su calidad es indiscutible.

Da Nao Tiangong, continuando con la filosofía educativa centrada en la cultura china de los hermanos Wan, es una adaptación de los primeros relatos incluidos en el Viaje al oeste. Con Sun Wukong, por supuesto, de protagonista. Casi la podríamos considerar una especie de resarcimiento por Tie Shan Gonzhu, donde los Wan no pudieron explayarse todo lo que les habría apetecido. Con Da Nao Tiangong se quedaron bien a gusto, utilizando todos los recursos técnicos de su época sin contenerse. El ritmo de la película es el idóneo teniendo en cuenta que la música posee una presencia muy fuerte. Es un estilo muy tradicional, basado en la cadencia de la ópera china, que quizá para el espectador occidental no familiarizado se haga algo lento. Por lo demás, esta obra es, simplemente, épica. Su espíritu es clásico y, por ello, el argumento peca de candidez y cierta simpleza si lo observamos con los ojos del presente. Pero es que se trata de una obra infantil; y su objetivo, como siempre dejaron claro los hermanos Wan, era instruir. Entretener, pero instruir.

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Isao Takahata estrenándose como director y con Hayao Miyazaki ayudándole en el proyecto. Taiyô no Ôji: Horus no Daibôken no es Ghibli. Pero se perciben infinidad de ideas que luego veríamos prosperar, y no solo en obras de su productora como Castle in the sky (1986); sino en productos previos como Heidi: Girl of the Alps (1974) o ajenos como The big bear of Tallac (1977). Su influencia posterior no ha sido poca. Una solo puede sonreír, en total complicidad, conforme va viendo esta película. Taiyô no Ôji: Horus no Daibôken ya es otra cosa. Otra cosa si la comparamos con largometrajes anteriores. Continúa siendo un producto infantil, pero no tanto. La clave, sobre todo, es Hilda. Y que a Hols se le ve el pene durante dos segundos. Es broma. Bueno, es verdad, pero es broma.

Tenéis razón, empecemos por el principio. Taiyô no Ôji: Horus no Daibôken nació bajo el ala de la ya omnipotente Tôei. En realidad todas las películas japonesas que he incluido en esta lista son producciones suyas. No ha sido premeditado, os lo aseguro. Es solo la muestra de que, al menos en cuestiones de anime comercial, eran todo un referente (sin intenciones de obviar a Tezuka, que conste en acta). Y esta película tiene el honor de ser el primer pinchazo de los estudios. Y la última película que dirigió Takahata para ellos. ¿Por qué la incluyo entonces en esta lista? Por las intenciones que tenía el equipo creativo y lo que supuso. Takahata & co. deseaban sacar adelante un proyecto casi inaudito en esa época: una película de animación accesible para todos los públicos, no solo niños. Y querían experimentar también incluyendo una historia de tipo heroico con un mensaje profundo detrás. No lo lograron del todo. No porque ellos no quisieran, sino porque las circunstancias sociales del país, en Tôei y su propia inexperiencia, fueron una fuente continua de constricciones y frustración. Por eso Taiyô no Ôji: Horus no Daibôken se quedó a medio gas. Con mucho cliché y personaje trivial, aunque con un gran potencial como bien luego se pudo comprobar. El dibujo y la animación tienen esa tosquedad naïf que luego se vería tanto en la década de los 70, pero que ganó mucho en dinamismo respecto al pasado.

El argumento, inicialmente basado en una leyenda de los Ainu, cuenta la lucha de Hols, un niño del norte de Europa, por reunirse con su pueblo atacado implacablemente por el pérfido brujo Grunwald. Este nigromante quiere acabar con la humanidad (ahí es nada) y es el típico villano unidimensional más malo que la quina. En la historia tenemos también el objeto mágico que puede otorgar la victoria a nuestro pequeño héroe (la espada del sol), los habituales animalitos sidekicks y ese enigmático personaje femenino que es Hilda. Ella es, como bien dicen en el anime, “una niña triste y solitaria que ya no sabe llorar”. Pero se considera a sí misma un monstruo. Dividida entre la lealtad hacia su hermano (Grunwald) y lo que le dice su corazón, es el personaje más profundo de la película. Realmente está desarrollado como si fuera protagonista, aunque en teoría ese papel lo desempeñe Hols. Es lo mejor de Taiyô no Ôji: Horus no Daibôken, con sinceridad, ya solo por ella se disfruta la historia. Pero, a pesar de todos sus defectos, es un clásico que los amantes de la animación sabrán apreciar.

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Hilda con Mauni, la protoHeidi

Después de todo este rollo patatero, aclaro por si no es evidente, que parte de este artículo es una mera labor divulgativa. No soy investigadora ni nada parecido, solo una fan que lleva un blog. Para realizarlo, a parte de acudir a Jonathan Clements, he recurrido para documentarme correctamente y no escribir alguna atrocidad, a gente como Antonio Horno López o David Almazán Tomás, que sí se dedican seriamente a estos menesteres. No os llevéis una impresión equivocada, no soy un enciclopedia con patas. Todavía.

Y eso ha sido todo por hoy. Es la entrada más larga, con diferencia, que he escrito. No sé si habrás llegado hasta aquí habiéndola leído por completo (y sin echar un par de cabezadas). Los que lo hayáis logrado incólumes, tenéis mi gratitud y admiración. En serio.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Los lacónicos

Hace ya unos cuantos días, un comentario de Vannert donde me recomendaba este corto japonés (¡muy, muy bueno!) inspirado en el cuento de Franz Kafka Un médico rural (1919), me dio una idea para hacer otra entrada. Tampoco quería romperme la cabeza demasiado por lo que decidí escribir algo sencillo. Y de lo más sencillo que hay son los listados. Así que allá va una lista de 9 cortometrajes animados nipones que pienso merecen un vistazo atento. Sí, 9, no 10. ¿Por qué? Pues porque sí.

Este tipo de soporte, dada su propia naturaleza, ha consentido al espíritu aventurero y creativo mucho más en sus propuestas que otros; resumiendo, es una parcela donde la vanguardia y el ingenio han podido expresarse siempre con libertad, así que siempre es interesante meter las narices en ellos de vez en cuando. Tanto para observar la evolución del mundo de la animación como para atisbar posibles chispas del futuro. Y disfrutar encima.

Esto no deja de ser una opinión más, la mía; y basada encima en lo que conozco que, lógicamente, no es todo ni muchísimo menos. Pero si al menos os sirve para descubrir algo que no conozcáis todavía o recordar ese pequeño anime que os gustó hace un tiempo, esta entrada ya habrá cumplido su función. Admito que para muchos de vosotros lo que viene a continuación tendrá el mismo atractivo que un escarabajo pelotero cosechando sus porciones de caquitas, pero Sin Orden ni Concierto tiene raticos así. Va en el paquete.

El orden no es indicador de nada, la numeración es solo una forma de organización pero no apunta ningún tipo de preferencia. Tampoco he seguido criterio alguno razonable a la hora de seleccionarlos, la mayoría no tienen nada en común entre ellos. Unos cortos son muy famosos, otros no tanto: todos me gustan. ¡Adelaaaaante, pues!

9

Paulette no Isu

ポレットのイス

(2014)

Hiroyasu Ishida es uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza cuando pienso en jóvenes promesas de la animación nipona. La verdad es que potencial tiene, talento también. Algunos lo han bautizado ya como el heredero de Miyazaki (y van…) porque es inevitable percatarse de la enorme influencia que tiene en su trabajo. Este corto, La silla de Paulette, es muestra de ello. El resplandor de Miyazaki aparece por todos sitios. Pero eso es simplificar. La verdad es que prefiero alejarme, en este caso concreto, de todo tipo de comparaciones porque, para un hombre joven como él que todavía tiene el cascarón en el culo a nivel profesional, es injusto catalogarlo de buenas a primeras así. Es un gran halago y una tremenda losa también. Ishida todavía tiene mucho que demostrar y evolucionar para asentar su estilo. Primero debe encontrarse a sí mismo mediante el rodaje necesario. Pero también es innegable que aptitudes posee de sobra, sus obras son realmente buenas y resulta una esperanza firme para el futuro del anime. Yo no le perdería la pista. El primer corto que vi de él, Rain Town (2011), me dejó encandilada; sigue siendo mi favorito de los que tiene en su haber, aunque este Paulette no Isu también me gustó mucho y reconozco es más accesible. La música es estupenda.

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Rain Town

¡Ah, se me olvidaba! Mucho hay que agradecer a Studio Colorido por todo el esfuerzo que está invirtiendo en apoyar proyectos que en la industria del anime actual no tendrían demasiada cabida. Hacer un hueco a la creatividad  y dar soporte real a los artistas, en unos momentos además en los que casi se está tocando fondo, es toda una gesta caballeresca. Me alegra mucho que aún queden idealistas por el mundo.

8

Kanojo to Kanojo no neko

彼女と彼女の猫

(1999)

¿Quién no conoce a Makoto Shinkai? A ver, levantad las manos, avergonzaos un poco, carallo. Por supuesto, otro al que han catalogado como el nuevo Miyazaki. Yo si fuera él estaría partiéndome el ojete, pero me da que Miyazaki-sensei es bastante más solemne que mi mediocre persona. Volviendo a lo que nos concierne, este Su gato y ella (1999) es bastante célebre. Incluso logró algún que otro premio y no poco importante, todo un mérito ya que esta obra la sacó adelante prácticamente él solito… exceptuando la música.

Desde la perspectiva de Chobi, un gato, la historia narra su vida y la de su ama. Un relato tranquilo, de gran simplicidad formal y una animación que juega contrastando gran realismo en los fondos y unos protagonistas casi esquemáticos. Todo muy poético, estático; pero también vigoroso. Es tierno observar cómo el gato expresa su amor, un amor puro y sincero, a través de los pequeños detalles que conforman su reducido mundo. Un bonito cuento que deja una sonrisa en los labios.

7

Goodbye Elvis & USA

(1971)

¡Y llega el momento weirdo de la lista! Si alguna vez os habéis preguntado qué experimentaríais si os pusieseis de mescalina hasta las cejas, la respuesta tiene un nombre: Keîchi Tanâmi. No hace falta que acudáis a enteógenos, amiguitos, cualquiera de las obras de este caballero resolvería vuestras dudas. Este señor puede haceros alucinar en todos los aspectos sin recurrir a ningún tipo de sustancia. Garantizado. Artista multidisciplinar, es uno de los representantes más prominentes (por no decir el que más) del pop-art japonés. Toda una institución, un pedazo viviente de la Historia del Arte de Cipango.

Este Goodbye Elvis & USA, pertenece a su trabajo Killer Joe’s (1965-1975), siendo una de las piezas más características. Aquí Tanâmi-sensei dió rienda suelta a toda su mala baba e imaginación para cristalizar la cultura popular norteamericana y japonesa. Sin restricciones, con plena libertad creativa; tomando cualquier recurso o elemento, sin reparar en su naturaleza u origen, que fuera útil a sus propósitos artísticos. Y así tenemos ahora lo que tenemos: un espectáculo exuberante de psicodelia salvaje. Imprescindible.

6

On your mark

(1995)

Tanto hablar de Hayao Miyazaki, tanto hablar de él… que no podía faltar en este humilde inventario de cortometrajes. Habría sido un pecado no incluirlo. Se trata de un videoclip que realizó de motu proprio para la canción On your mark del dúo Chage & Aska. Tengo que aclarar, porque si no reviento, que la tonadilla esta me parece la peste, una cerdada suprema que despierta la picadora de carne que llevo dentro. Pero ya dejando de lado eso que suena de fondo, On your mark es todo lo que se puede esperar del Miyazaki de la época comprimido en 6 minutos.

Ciencia ficción, realidad post-apocalíptica, vestigios de ecologismo, fuerte compromiso ético… sí, huele un poquillo a Nausicaä (1984), pero no es un autoplagio. Miyazaki jamás cae tan bajo porque no le hace falta, en su cabecita siempre ha tenido material a rebosar hasta para hacer de una canción hortera (aunque al sensei le guste) una pequeña gema visual. Evidentemente, esa bosta de tema musical no se encuentra a la altura del trabajo de Miyazaki; pero tampoco On your mark resulta especialmente relevante en la trayectoria del japonés. Es una curiosidad bien ejecutada, hermosa; que gustará a los fans, pero que tampoco los sorprenderá demasiado. Eso sí, tiene una peculiaridad interesante y es la estructura no lineal de la narración. Con desenlaces que se autocorrigen, superponen o, quién sabe, quizá son paralelos.

5

Shashinkan

寫眞館

(2013)

ESTOY ENAMORADA DE ESTE CORTO.

Así, en mayúsculas, declaro mi amor incondicional y eterno a Shashinkan. Lo quiero, lo quiero físicamente conmigo in saecula saeculorum, pero de momento me va a resultar difícil. LLORO MUCHO. Detrás de esta maravilla se encuentra Takashi Nakamura. Efectivamente, el de Akira (1988).

El corto nos lleva, a través de los ojos de un fotográfo bonachón (Hinomaru), a la historia temprana del s. XX de Japón: últimos coletazos del Meiji, Taishô y, finalmente, la era Shôwa. Es la vida además de una familia a lo largo del tiempo, enfocada con sutileza y cariño. También hay amargura… y sonrisas. También falta de ellas. Y lirios, hermosos lirios. Es una historia muy sencillita y conmovedora (no hay diálogos siquiera, no hacen falta) pero sin caer en el sentimentalismo. Presenciamos la I Guerra Mundial, El gran terremoto de Kantô, la II Guerra Mundial, los bombardeos… todo queda delicadamente estampado a través de un arte espectacular. Cada detalle, cada maldito detalle está plasmado con enorme belleza. Y ese piano… ay. La evolución del propio Tokio con sus rickshaws, más tarde sus tranvías, luego los trenes… los edificios y construcciones, sus habitantes… Es una verdadera delicia. Nakamura, con su sensibilidad a flor de piel y minuciosidad, se ha ganado el cielo con este Shashinkan. Es de las cosas más bonitas que he visto en años. Haceos un favor y comprobadlo vosotros mismos.

4

The Old man and the Sea

(1999)

Con este corto estoy haciendo un poco de trampa… pero solo un poco. Es una producción rusa, canadiense y japonesa que fue dirigida por Aleksandr Petrov. Como hay 1/3 de Japón en sus tintas, la he incluido porque, además, es una obra preciosa. Se trata de una adaptación de la novela El viejo y el mar (1951) de Ernest Hemingway y la técnica artística utilizada es realmente excepcional y muy poco contemplada en la animación: pintura sobre cristal. Considerada bastante laboriosa, requiere mucha pericia y dedicación aunque el resultado final es extraordinario.

Como la obra literaria, The Old man and the Sea cuenta la historia de un viejo pescador que, tras casi tres meses sin capturar nada y a punto de perder a su joven aprendiz, vuelve a echarse a la mar en su pequeña barca. Mientras espera pacientemente, un enorme pez espada pica uno de sus cebos… pero no todo va a resultar tan fácil. La lucha continua del hombre contra la naturaleza y su derrota ante su colosal autoridad, es uno de los motivos de este cortometraje; pero hay muchos más y no menos importantes. The Old man and the Sea es una obra verdaderamente singular, única, y consiguió multitud de galardones en su momento, entre ellos un Oscar. Y no me sonroja admitir que yo no era muy fan de este libro, pero el corto de Petrov logró reconciliarme con él. Casi.

3

Dôjôji

道成寺

 (1976)

Kihachirô Kawamoto para mí es un puto genio. Los que no hayáis oído hablar de él, estáis perdiendo un tiempo muy valioso de vuestras vidas si no meneáis el culo inmediatamente para averiguar más sobre su persona. Me parece asombroso que este caballero, todo un portento, siga siendo un desconocido para una gran mayoría. Quizá se deba a que la disciplina que utiliza como recurso, el bunraku o teatro de marionetas, no ha calado tanto en Occidente. Pero seamos justos: Kawamoto en realidad sigue la estela de su maestro Tad Mochinaga (1919-1999) en el stop motion; lo suyo no es el bunraku, es la traslación del bunraku al mundo audiovisual. Y gracias a su talento y afán, ahora podemos disfrutar de maravillas como este Dôjôji.

Encajado en el periodo Heian (794-1185), este corto adapta una antigua leyenda del folclore budista japonés a través de su encarnación en el. La narración empieza con el monje Anchin y su mentor, en peregrinación hacia Kumano, tomando alojamiento en la casa de una joven viuda llamada Kiyohime. Esta se encapricha fuertemente de Anchin y, a la noche, se introduce en su aposento para intentar seducirlo. El monje se resiste a pesar de los ruegos de la mujer, y la calma haciéndole la promesa de que se casará con ella. Pero solo se trata de una estratagema: cuando Kiyohime descubre que los dos hombres han huido, enloquece de furor y despecho. No voy a contaros mucho más, salvo que Anchin, desesperado, pide refugio en el templo Dôjôji y Kiyohime, a causa de su obsesión, se ha convertido en una gigantesca serpiente y lo persigue sin tregua. Es muy habitual en el budismo hallar monstruos que, en realidad, son personas dominadas por intensas pasiones; son esas pasiones las que los convierten en demonios. Y en esta historia, además, Kiyohime representa un motivo muy frecuente del imaginario colectivo: la tentación. Ella representa los obstáculos con los que tiene que lidiar Anchin en su senda espiritual.

Me he demorado un poco explicando por encima el argumento porque esta obra carece de diálogos y va dirigida a personas que ya tienen nociones de la leyenda. Es importante conocer algo de ella ya que así se pueden comprender mejor ciertas reacciones y la conclusión de la misma. Dôjôji es un prodigio de la animación y el stop motion. El diseño de las marionetas, sus ropajes, rostros y movimientos tan concienzudamente elaborados por Kawamoto; las esmeradas ambientaciones y la excelente unión entre 2D y figuras, con el transcurrir de las décadas, no han dejado de impresionar. Resumiendo: una japonesada de qualité que todos deberíamos ver.

2

Airy Me

(2013)

Aunque no os lo creáis, este vídeo musical del grupo japonés Cuushe fue el proyecto de fin de carrera de una jovencita anónima llamada Yoko Kuno. Como fan de Mayuko Hitotsuyanagi (el cerebro de Cuushe), el art concept de su disco Butterfly Case (2013) captó inmediatamente mi atención… y cuando me topé con este vídeo ya me quedé pasmada. ¿Quién se escondía tras todo esto? Ah, menudo descubrimiento.

La perfecta sincronización audiovisual asusta. Ese firmamento hipnótico musical, que se extiende con obstinado ritmo mecánico casi dislocado, fue aprehendido matemáticamente por Yoko Kuno, creando una fantasmagoría de increíble simplicidad y violencia. Mediante el aliento clásico de Osamu Tezuka, esta jovencita es la responsable de una arquitectura aérea que fascina por su desbordante intensidad y dinamismo. El resultado es límpido, de una ferocidad delicada; como la propia historia que cuenta sobre científicos locos y experimentos humanos. Desde luego Kuno-san es una joven a la que no perder de vista.

1

Jumping

ジャンピング

(1984)

Este corto de Osamu Tezuka es genial y tiene una pizca de mala leche muy divertida. El dios del manga también tuvo su vertiente más experimental como bien sabréis, e hizo varios cortometrajes a lo largo de su vida que así lo demuestran. Este Jumping pertenece a la que sería una “segunda hornada”, donde había alcanzado ya una madurez.

Jumping, con un único plano subjetivo de base y sin apoyo musical, nos cuenta cómo un niño o una niña, caminando por el que parece su barrio, comienza a saltar y a saltar y a saltar cada vez más alto… avanzando y llegando a lugares de lo más remoto. Hulk style. Podríamos decir que es una especie de alegoría de los saltos que da la humanidad en su progreso; y en su viaje por el mundo, el o la protagonista se topa con todo lo que ha logrado, tanto bueno como malo. Visita selvas, ciudades, océanos, zonas de guerra… y  a sus habitantes. Todo desde la visión imparcial de un niño.

Siendo del año 1984, comprenderéis que no haya uso de CGI ni nada que se le parezca; y aun así es un corto innovador, enérgico y con un dominio de las perspectivas soberbio. El vídeo que he linkeado no tiene una calidad demasiado buena, he sido incapaz de encontrar otro mejor (que me permitiera incrustarlo); pero aquí tenéis un enlace donde lo podréis ver en una resolución más decente.

Y esto ha sido todo por hoy. Me ha salido una entradilla un poco random aunque seguro algo de provecho sacaréis. Creo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El sabueso de Miyazaki

El otro día, leyendo esta divertidísima entrada de El destino de la flor de cerezo, me vino a la mente (las neuronas funcionan así) uno de los héroes de mi temprana infancia. Yo quería ser como él. O casarme con él. O masajearle los pies. Lo que fuera.  El personaje por el que sentía tan tierna admiración no era otro que Sherlock Holmes, pero el de la serie de animación: Sherlock Hound.

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Sherlock pasando del culo de Moriarty y sus compinches con suma elegancia ciclista.

Sherlock Hound es una adaptación bastante libre y dirigida al público infantil, de algunas historias del famoso detective creado por Arthur Conan Doyle. Admito públicamente que este anime fue el que despertó la manía persecutoria que padezco hacia este personaje. Venero a Sherlock Holmes. La cantidad de mierda y parafernalia que tengo rondando por casa relacionada con él es obscena: libros, cómics, figuritas, películas, series… qué sé yo. Así que, cuando inesperadamente descubrí que en el puto Leclerc vendían (a un precio irrisorio) el pack en DVD de los 26 episodios completos, durante unos segundos fui el ser más dichoso del Multiverso. Y lo compré, claro; tiempo ha de esto.

Por mucho que me transforme en una criatura acéfala en lo concerniente a Holmes, este anime cuando se revisiona de adulto no brilla de la misma manera. Lógicamente. No por el apartado técnico, que ha sobrevivido al paso del tiempo con una dignidad que ya quisieran para sí otras series de hace veinte o diez años; es que esta serie es para niños, no hay más, y las historias, aunque entretenidas, son muy candorosas y simples. ¿Significa eso que no merezca la pena? Ni en broma.

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Bosquejo original de la serie. Muchos más clicando en la imagen.

Sherlock Hound empezó a gestarse en 1981 como una colaboración entre la RAI y Tokyo Movie Shinsha. El objetivo era un producto para las audiencias occidentales, ofreciendo una perspectiva más desenfadada (y perruna) de la obra de Conan Doyle. La dirección de la serie recayó en las manos de Hayao Miyazaki y su grupo de trabajo, casi nada. Todavía faltaban unos años para que Nausicaä saliera a la luz, pero su gerencia en El Castillo de Cagliostro y aportaciones en otras obras anteriores, hacían de él un valor en ascenso seguro. Pero no todo iba a ser un camino de rosas: problemas legales con los herederos de Conan Doyle obligaron a suspender la producción de la serie, que solo había alcanzado 6 capítulos hasta ese momento. La cosa se alargó bastante, Miyazaki se desvinculó centrándose en sus propios proyectos y no fue hasta el año 1984 que se logró estrenar. Esta coyuntura influyó, y no poco, en el resultado final del anime; hay una marcada diferencia entre los episodios dirigidos/escritos por Miyazaki y los que no a todos los niveles. No es que Kyosuke Mikuriya lo hiciera luego mal, sencillamente Miyazaki era/es otro mundo aparte.

La emisión del anime en Europa no fue hasta unos cuantos años después; pude verlo tanto en el Club Dorethée como en Televisión Española. No hay mucha gente a mi alrededor que recuerde esta serie, así que deduzco que pasó desapercibida o no consiguió gustar del todo. Una lástima.

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Sherlock Hound está planteado como una serie de capítulos autoconclusivos en los cuales Holmes, con la ayuda de Watson, resuelve los misterios y crímenes de guante blanco que les proponen. Ambos residen con la sorprendente y hacendosa señora Hudson, de la que ambos andan enamoriscados. Subrayo lo de sorprendente porque, como marca de agua de Miyazaki en sus personajes femeninos, esta viuda es de armas tomar. Muy cortés, muy afectuosa, muy atenta… pero ojito con la dama. Por supuesto, no podía faltar el inspector Lestrade, de sempiterna mala hostia, que aporta un guiño cómico también; y, cómo no, la némesis indiscutible de Sherlock, el malvado Profesor Moriarty y dos secuaces bastante ineptos. Todos y cada uno de ellos canes antropoformos.

La ambientación de la serie es la época victoriana tardía; una atmósfera finisecular muy lograda y detallista al máximo, donde hay maravillosas concesiones al steampunk, con máquinas y artefactos Verne style de diseños impresionantes. La animación es realmente buena, no perfecta, pero eficiente y muy enérgica. El anime además está repleto de escenas de acción.

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Watson está que no se lo cree

Lo único que se le puede echar en cara es, como comentaba al principio, unos argumentos bastante elementales. Esto puede provocar que, tras ver unos diez capítulos, la serie se vuelva repetitiva y pueda llegar a impacientar un poco. Hay episodios mejores que otros, pero todos ellos están realizados con cariño (eso se nota) y mucho cuidado. Hay acción, hay misterio, hay comedia, hay momentos dulces y situaciones emocionantes. Y todo con una banda sonora bastante majeta (aunque tampoco para echar cohetes, ¿eh?). El sello de Miyazaki es patente, sus fans reconocerán al nanosegundo el estilo y las proto-ideas que luego desplegaría en sus clásicos. Merece la pena darle una oportunidad a este anime, sobre todo a sus seis primeros capítulos. Y luego, si se le coge el tranquillo, continuar adelante con calma. No recomiendo hacerse una maratón con ella porque las probabilidades de enviarla de vacaciones a Nueva Zembla serían muy elevadas.

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Moriarty, que te vas a caer

Tengo recuerdos muy entrañables de Sherlock Hound; detalles indelebles como la risa boba de Moriarty (Jajejijoju) o los despistes tiernos de Holmes en sus experimentos químicos. Ains. En conclusión, es una serie decente y que ha envejecido bien. No se la puede relegar al plano de simple curiosidad porque posee las suficientes virtudes para superar ese obstáculo. Es ingenua, divertida y bonita.

Me voy a desayunar. Buenos días.

El pequeño Naya

A pesar de que el cansancio se me está apoderando estos días (la casa de mis abuelos ha sufrido un incendio, les Pyrénées brûlent, fuyez!) y estoy yendo/viniendo a diario por carreteras infames llenas de hielo y nieve, tengo la cabeza repleta de ideas que se golpean unas a otras por salir. ¡Tranquilas, cabronas, ahora no es el momento! Así que me lo voy a tomar con calma y restringir las entradas… hasta que la cosa se normalice un poco al menos.

Hoy quiero escribir sobre una de esas animaciones que de ternasco me marcaron. Mi hermano mayor la tenía grabada desde tiempos pretéritos y solíamos verla juntos. Y menudas lloreras me pegaba siempre.

El pequeño Nezha contra los Reyes Dragón

Nezha Nao Hai

哪吒鬧海

Nezha-Conquers-the-Dragon-King

 El pequeño Naya contra los Reyes Dragón es una película animada del año 1979. No es japonesa, sino china; en concreto fue realizada por el mítico Shanghai Animation Film Studio. Tras la Gran Revolución Cultural, la actividad intelectual, tecnológica y cultural (valga la redundancia) en China fue reducida prácticamente a propaganda del Partido y a la exaltación personal de Mao Zedong. A causa de esto, durante 10 años este estudio de animación, uno de los primeros del país, paralizó su labor hasta la llegada de nuestro amigo Naya. Fue todo un hito histórico. Esta película además fue la primera en producirse en formato panorámico en China y llegó a estrenarse hasta en el Festival de Cannes de 1980. Es recordada con bastante orgullo y cariño por el pueblo chino. Y no solo por esto, también porque se centra en una deidad taoísta muy querida y popular: Nezha. O Naya. O Nata, como la llaman los japoneses. Esta dispersión tan amplia en Extremo Oriente es debido a que realmente Nezha es de origen indostánico y se difundió a través del budismo. Esto no tiene nada de particular, ya que el Taoísmo es en esencia sincrético y fusionó a lo largo de los siglos elementos del confucianismo y, por supuesto, el budismo. No voy a entrar ahora en ello porque sería bastante farragoso, pero para los despistados, el Taoísmo podemos decir que es la religión tradicional de China por antonomasia; muy compleja, superficialmente conocida en Occidente y con una vertiente filosófica pronunciada. No existe una verdadera cohesión en él además, dependiendo de la época histórica o el grupo social, se podía entender de una manera diferente. Pero claro, existen elementos unificadores, uno de tantos es Nezha.

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Este largometraje es una adaptación para el público infantil de una de las proezas mitológicas de Naya más célebres del folclore chino. Esta hazaña concreta aparece en la novela épica Fensheng Yanyi, escrita en el s. XVI por Xu Zhonglin. No sería además la primera vez que esta obra literaria clásica fuera llevada luego a la animación o al mundo de los videojuegos por los vecinos japoneses.

El argumento nos cuenta, para empezar, su extraño nacimiento de un huevo tras tres años y medio de gestación (pobre madre); y cómo su padre el general Li Jing, frustrado y a la vez temeroso, lo golpea con su espada. El huevo se abre como una flor de loto y de ahí surge un diminuto Naya capaz ya de caminar y hablar. Poco después, es visitado por Taiyi Zhenren, un sabio inmortal (típica figura del taoísmo, en este caso reencarnación del primer emperador de la dinastía Shang) que lo adopta como discípulo y le hace dos presentes: una cinta roja armilar y el aro del universo. Estas son dos armas poderosas que Nezha no dudará en utilizar a lo largo de la película. Transcurrido un tiempo, los territorios donde vive Naya sufren una terrible sequía a pesar de las cuantiosas ofrendas que se le hacen al Rey Dragón del Mar del Este, Ao Guang, para que les procure lluvia. Este, a pesar de que es consciente del sufrimiento de los humanos, le resulta indiferente e incluso envía a un horrible demonio para secuestrar y matar a los niños del lugar. Nezha ahuyenta con sus armas al monstruo pero eso no evita que Ao Guang continúe con su actitud malvada. La violencia va en escalada hasta la muerte del hijo del Rey Dragón a manos de Naya. Y hasta ahí puedo contar sin joderos demasiado la historia.

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Esta película es un verdadero tesoro. Y no es por la inevitable nostalgia infantil que todo lo idealiza. Me he reencontrado con ella ya muchas veces y siempre me maravilla su elegancia, fluidez y riqueza visual. Los diseños son refinados, los paisajes reflejan ese ideal de la naturaleza melancólico, quietista y suavemente difuminado del Taoísmo (buscad fotos de Guilin y sabréis de lo que hablo). La dinámica se inspira claramente en la Ópera China, con una música apropiada y emotiva.

Es una animación old school, eso que vaya por delante; y su público objetivo es el infantil aunque está planteada para toda la familia. Tiene momentos bastante crueles y duros, pero todos los cuentos los poseen. Si se consideran estos posibles óbices, es una obra que no es que se pueda disfrutar, es que uno se deleita en ella.

Si algún día sucede un horrible accidente y tengo un hijo/a (no tengo intenciones de propagar mi ADN en el planeta, no lo considero beneficioso), El pequeño Naya contra los Reyes Dragón formará parte de su dieta audiovisual sí o sí.

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Me voy a desayunar, que dentro de un rato me espera un voraz Yeti agazapado en cada curva. À bientôt!

Colofones otoñales – 2

Como son dos animes solamente los que voy a repasar y no pienso extenderme demasiado, aprovecharé esta entrada también para comentar lo que he seleccionado de la temporada invernal 2015. Tampoco es mucho, la estación se presenta raquítica, al menos para mis inclinaciones… a no ser que haya alguna sorpresa de la que no tenga constancia. Que también puede ser.

"Vista del monte Fuji desde el templo Honganji en Asakusa (Edo)" de Katsushika Hokusai (18329
“Vista del monte Fuji desde el templo Honganji en Asakusa” de Katsushika Hokusai (1832)

Shirobako

La verdad es que no me atraía mucho ver esta serie, pero Jeweelm (gracias, majísima) me la recomendó y no me arrepiento de estar siguiéndola. No es que me entusiasme, pero la encuentro interesante; resulta moderadamente divertida y cercana. Este anime, que es de vocación coral, realmente se centra en el proceso creativo (guión, producción, ekonte, etc) de una serie de animación japonesa. Las cinco protagonistas son el medio a través del cual se cuentan las idas y venidas, dificultades, satisfacciones y situaciones absurdas con las que se topan los profesionales de este gremio. Un slice of life de la industria del animeUn auto-homenaje que les está saliendo, de momento con 10 capítulos, bastante bien. Se nota que hay cariño detrás y que han disfrutado (y disfrutan) haciéndola. Hay además guiños y pullas afectuosas constantes a estudios, seiyû, directores, series, etc. del mundo real para el que sepa identificarlos. Pero claro, si el tema en sí interesa una mierda, pues esta serie se convierte automáticamente en una caída libre al coma profundo; porque a pesar de que todos los personajes se esbozan lo suficiente para ser reconocibles, son realmente pinceladas en un cuadro impresionista: hay que tomar distancia y ver el conjunto para reparar en que esos personajes y sus circunstancias están al servicio del tema primordial (el anime). Lo que no veo tan claro es que la serie vaya a aguantar de esta manera 24 capítulos… Muchos me parecen para mantener el interés sin recurrir a un desarrollo argumental más profundo. Lo lógico sería empezar a meterse algo más en harina, porque si no es así, un pseudo-documental de más de 20 episodios lo aguantará su abuela.

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Sanzoku no Musume Ronja 山賊の娘ローニャ

Odio el CGI de esta serie. CON TODAS MIS FUERZAS. Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión. No consigo acostumbrarme. Y van ya 10 capítulos. ¿Por qué continúo viéndola? No lo sé. No me entiendo (lloro). Quizás se deba a mi fanatismo por Ghibli. Tengo que verlo, es Ghibli, joder. Pero no puedo evitar sentirme imbécil muchos instantes. Ya sabía en qué berenjenales me metía al decidir seguirla: animación por ordenador y orientación infantil. Y eso que quede claro, es una serie hecha exclusivamente para el placer completo de los niños. Un adulto también puede disfrutarla, cómo no, pero ni de coña de la misma manera. No hay segundas lecturas ni otros planos de interpretación. Es lo que es. Pienso que a pesar del CGI (vuelvo a llorar) y su tratamiento, está siendo una serie bastante decente. Tiene momentos palpitantes y francamente tiernos, la verdad. No obstante, debo sincerarme: dudo que después de Navidades continúe con ella. Me estoy empezando a cansar ya.

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Por una lado, es desalentador encontrarse con una temporada invernal de este calibre, donde prácticamente todo lo que me interesa son segundas partes de animes anteriores. Por otro, me lo planteo como una oportunidad de distribuirme material pendiente y también de exploración-hallazgo de series y mangas desconocidos para mí (que los hay a patadas).

A día de hoy, tengo en mente interceptar el paso a Durarara!! x2 Shou, Kamisama Hajimemashita, Tsukimonogatari, Death Parade y Jojo’s Bizarre Adventure. FIN. Salvo Death Parade, que es la serialización del corto Death Billiards, el resto son continuaciones de animes previos. Meh.

Me parece inútil hacer un desglose de cada uno de ellos por tres motivos:

1 – Son bien conocidos por casi todo el mundo.

2 – Hay blogs que ya lo han hecho (o lo harán) con bastante más tino que yo y mejor informados.

3 – Me da pereza.

Tengo especial curiosidad por Death Billiards y muchas ganas de reencontrarme con Tomoe y Nanami. No sé si en Kamisama continuarán con el arco argumental del manga, porque ya en la primera temporada hubo pequeñas variaciones, pero aún así espero que mi ración de shoujo esté bien cubierta sin que me defraude (que en el caso de este género suele pasarme a menudo).

kamisama

Y sí, como estáis deduciendo, me largo a mimir. Adooooro dormir. Y soñar. Y esas cosas.