Porque el verano muerde, porque me aburro, porque sí

A estas alturas creo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que esta temporada de verano 2017 se presenta como una de las más flojérrimas en bastante tiempo. Mucha penita da, al menos su aspecto resulta de lo más mustio por lo que, tal como anuncié ya por twitter, no voy a comenzar ningún estreno. No dudo de que al final alguna serie consiga alcanzar cierto interés incluso sorprenda para bien, a pesar de lo que en inicio haya podido aparentar, pero tengo el cuerpo ya muy gandul para según qué cosas. Todos los anime estivales de este año o me provocan perezón con obesidad mórbida o los considero unos zarrios. Sin más. Si leo que alguno mejora basándome en las opiniones de colegas blogueros, quizá le dé su oportunidad. Sin embargo, no albergo grandes esperanzas y la desidia, además, se me apodera. Tienes pinta de tostón, veranito del 17, no offence.

Así que, ¿cómo puede perder el tiempo Sho-Shikibu? Pues imaginando que ya ha llegado su amado otoño, disfrutando del fresquecillo, las maravillosas hayas de fuellas rojas y escribiendo sobre los anime que piensa ver. Por supuesto, no se sabe todavía el total de estrenos, pero las tardes del estío derriten el cerebro y alucinar un ratillo tampoco viene mal. Y que este es mi blog y desvarío sobre lo que me da la gana, claro. No hay gran cosa todavía anunciada, apenas trailers ni demasiada información, no obstante algo he sacado en limpio. Que sirva de pequeño adelanto para olvidar el pegamento de este verano anestésico.

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El plato fuerte de este otoño, como ya sucedió en primavera, van a ser las segundas temporadas. Al menos para mí. Vuelvo a recordaros que aún desconocemos gran parte de la que va a ser la parrilla otoñal, así que son impresiones hasta justo este mismo preciso momento. Me encantaría que aparecieran nuevas obras que me obligaran a desdecirme, así que a la espera de un buen revés quedo.

¿Cuál va a ser mi prioridad absoluta? Pues Hôzuki no Reitetsu. Un día por desvelar de octubre y con un número indeterminado de episodios, regreserá a nosotros el maestro de ceremonias más sardónico de los Infiernos búdicos. Bueno, Hôzuki y toda la cohorte de personajes mitológicos y del folclore popular sinojaponés que desfilan sin cesar. Si la primera temporada y sus respectivas OVAS me encantaron, deseo fuertefuertefuerte que esta segunda logre, como mínimo, lo mismo. hoozukiSu humor negro y absurdo, el rico panorama cultural que despliega en cada capítulo, los pequeños sketches que aprovechan cada segundo para exhibir un espectáculo delirante que se ríe de sí mismo si hace falta, su elenco heterogéneo y dinámico, etc, etc, etc, hicieron hace unos años de esta serie una de mis favoritas sin ninguna duda. Se aprende un montón con ella y encima es divertidísima. Estoy ansiosa por el reencuentro y espero que no cambien demasiado el formato, que resulta perfecto. También es cierto que no todo el mundo disfruta con las historias autoconclusivas y muchos buscan una continuidad argumental en cada episodio; pero hay que tener en cuenta que la esencia de Hôzuki no Reitetsu es otra: las viñetas de comedia.

Osomatsu-san también tendrá su segunda tanda. Este clásico moderno no podía permanecer sin continuación, lo pedía a gritos. Sin saber aún fecha de estreno y cantidad de episodios, se deduce que será en octubre y constará de 25 capítulos. Pero a saber. Es curioso, pero dos de mis top otoñales son comedias. Me parece extraño porque es un género por el que no me suelo inclinar. En contadas ocasiones logro conectar con el sentido del humor de las series, la mayoría me produce vergüenza ajena o directamente sueño, sin embargo Hôzuki no Reitetsu y Osomatsu-san me engatusaron, sobre todo la primera. Para variar, mi tercera opción en las reanudaciones es algo diferente: Kekkai Sensen & Beyond.

La primera temporada, que sin duda me gustó, también me dejó un regusto agridulce. Así que esta será la oportunidad de resarcirme si va todo bien y no resulta un truñaco, por supuesto. Reconozco que, como no cuentan con Rie Matsumoto esta vez, siento bastante desconfianza. Para mí la presencia e ideas de Matsumoto fueron clave en 2015, y no todo el mundo además consiguió sintonizar con su forma de crear. Tratar de innovar es lo que tiene, que no siempre se redondea ni se comprende. Aun así, el parón que sufrió este anime lo perjudicó muchísimo. Veremos lo que nos depara Kekkai Sensen & Beyond, ya que Shigehito Takayanagi posee unas cuantas tablas y, aunque es probable que pierda originalidad, también podría ganar en solidez shônen. Un alivio para los más tradicionales.

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El asunto es peliagudo, porque muchos de los anime que han llamado mi atención guardan altas posibilidades de germinar como cerdadas supremas. Sinopsis incompletas, no fotos, no vídeos promocionales y un rosario de falta de datos estupenda. Pero es normal, estamos en julio; y, ¡qué carajo!, de esta manera también es divertido hacer apuestas. Empecemos.

Kujira no Kora wa Sajô ni Utau me atrae como un imán gigantesco. Del manga solo he tenido oportunidad de leer cinco capítulos (un dibujo precioso, por cierto), pero a poco que el anime le sea fiel, creo que tendremos entre manos uno de los productos más interesantes del otoño. No el que más, pero muy destacable. Está catalogado como shôjo, y no sé hasta qué punto seguirá los cansinos patrones de la demografía; aunque también pertenece a la ciencia-ficción, el misterio y la fantasía, así que a priori me tiene ganada. Su trailer es bastante elocuente en ciertos aspectos, me ha gustado mucho por lo que… ¡COMPRO!

En una línea más clásica dentro de la fantasía y el shôjo, en octubre se estrena también Mahôtsukai no Yome, que ha estado precedida de tres OVAS. Solo he visto dos de ellas, y no me han dicho gran cosa. El manga, que está siendo publicado por Norma y lo estoy siguiendo, ha terminado decepcionándome un poquillo. Quizá porque tira demasiado para mi gusto de los tópicos de la fantasía haciéndose previsible; y que la protagonista, con un ligero aroma a Mary Sue, tiene ese rollo de chica frágil e indefensa que me satura bastante. A pesar de que a estas alturas le encuentro más defectos que virtudes, la veré porque tengo fe en que me entretenga y los cuentos de hadas siempre merecen un par de vistazos. O tres. Harina de otro costal es Inu Yashiki, cuyo manga también estoy leyendo pero ¡sin desencanto alguno! Altamente recomendable, de hecho llevaba un tiempo calibrando si escribir una reseña de lo que tenía recorrido, pero sabiendo ahora de la serie, merece un manga vs. anime como la copa de un pino. Es uno de los estrenos relevantes de la temporada, una serie para adultos (existimos, ¡sí, estamos aquí!) y de temática inteligente. Sci-fi de calidad, mis queridos otacos. Y mucho, mucho más cuando se rasca la superficie, con Oku-sensei ya se sabe. A la dirección estará Keiichi Satô, así que no puede ocurrir nada malo, ¿me oís? NADA MALO. He dicho.

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Y para cerrar, aclaro que no he querido introducir ningún school life porque estoy hasta el moño de adolescentes. Es lo que sucede cuando trabajas demasiadas horas con ellos, que al final del día quieres enterrarlos vivos o arrojarlos por un puente. Atados y con bozal. Así que nada de Just Because! y otras majaderías de colegiales. La única excepción es Poputepipikku, pero los que ya conozcáis el tebeo sabréis que se trata de una cosita bastante enferma que poco tiene que ver con los entornos escolares. Tengo una curiosidad insana por este anime, que supongo será de duración corta (2-5 minutos) y me las veré luego canutas para lograr ver. Ese estilo de antigua tira cómica, donde las dos protagonistas vomitan sin parar insensateces (algunas bastante profundas, no es broma), en realidad es muy posmoderno, muy pop.

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Aunque tengan la mayoría de ellas fecha de estreno, en Occidente suelen pasar meses hasta que conseguimos visionarlas. La paciencia es una virtud, dicen. Reducir cabezas como hacen los shuar, una habilidad que no me importaría adquirir para ponerla en práctica en momentos de exasperación. A lo mejor encuentro algún tutorial en youtube al respecto. Volviendo a las películas, Godzilla: Kaijû Wakusei cuenta con mi beneplácito, a pesar de que la animación de Polygon Pictures no sea precisamente de mis preferidas. Pilotarán los directores de Ajin y Sidonia no Kishi con la colaboración de Gen Urobuchi, por lo que unos mínimos hay garantizados. Rezaremos a Nyarlathotep el Caos Reptante para un pronto estreno por estos lares.

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¿Merece la pena que me trague la película de ese clásico animierder que fue Dance with Devils? Porque el 4 de noviembre verá la luz Dance with Devils: Fortuna. Fue un bodrio tremendo al que le cogí cariño, sobre todo por Peluchón ❤ y esa autoparodia terrorífica que se gastaba. Risas, muchas risas. Ya lo decidiremos cuando llegue el momento, no hay por qué apresurarse, y menos con engendrillos de esta especie. Asimismo, en el undécimo mes se estrenará la adaptación a largometraje del clásico del manga de los años 70 Haikara-san ga Tôru, de Waki Yamato. Tuvo su serie televisiva hace casi cuarenta años también, y parece que contará con una segunda parte en 2018. Estoy bastante interesada en este film, pues trabaja temáticas sugestivas (liberación de la mujer) en un contexto histórico fascinante, la Era Taishô (1912-1926). Su protagonista es una mujer joven que ha sido educada de forma poco convencional, cercana a los tradicionales valores masculinos (practica kendo, bebe sake, rechaza las labores domésticas, viste al modo occidental, etc) y cree que una mujer debe casarse por amor y elección propia. Lo que se conocía en la época como una modan gâru (chica moderna). Apesta a shôjazo que mata, pero el planteamiento da la impresión de ser algo diferente. No obstante, ya sabemos cómo se las gastan los japoneses respecto al feminismo… todavía les queda un largo trecho por avanzar, bastante más que a los europeos.

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Menudo feeling tenían los anime de los 70, ¡inconfundible!

¿Me habré dejado alguna obra en el tintero? Seguro que sí. ¿Kino no Tabi, a lo mejor?Aunque para acabar de pulimentar la entrada, necesitaré más información, que supongo irán desgranando a lo largo de las semanas. Quizás esté pendiente por desvelar una joya animesca, ¡quién sabe! Por ahora, esto es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Las pajas mentales de Tsutsui-sensei

La potente fertilidad que fluye por las circunvoluciones cerebrales del señor Yasutaka Tsutsui (Osaka, 1934), como un aluvión de generoso estiércol y agua cristalina, no fecundará a todo el mundo. De hecho, este tortuoso y esquivo caballero nunca se dirigió al gran público. Seguramente tampoco a ti. Y no es que sea un elitista. No van por ahí los tiros. Tsutsui no es difícil de leer, tiene una sintaxis muy clara y directa. Tampoco narra historias complicadas, son eventos que podrían ser cotidianos. Es su enfoque lo que lo hace especial. Y que es a ratos un sádico.

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Tsutsui riéndose de nosotros JUAJUAJUA

Pero, ¿quién es este escritor? Pues no debería ser un desconocido en el mundo del manganime, pues adaptaciones de obras suyas son Paprika, La chica que saltaba a través del tiempo o Nanase. Es uno de los autores con más renombre en Japón del género sci-fi, aunque en Occidente no se le haya conocido del todo hasta bien entrados los 90s. Su forma de concebir la literatura lo ha acercado desde siempre a otro tipo de disciplinas artísticas. Es su naturaleza, poco dada a los convencionalismos, la que lo convirtió en uno de los padres de la metaficción en su país. Naturaleza en búsqueda continua de crear algo distinto y sorprender al lector… a su especial manera, claro.

Todo lo que ha sido su experiencia vital, lo ha ido introduciendo en sus creaciones de forma concienzuda. Ese afán científico lo absorbió de su padre, que era zoólogo; la tendencia a la bufonada, de sus tempranas actividades en el campo de la interpretación; sus estudios universitarios sobre psicoanálisis y Jung, le sirvieron para fabular mundos y situaciones de lo más chocantes; etc. Por eso también el enorme catálogo de su obra es tan diverso y variado, cada libro es un planeta aparte.

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¡alehop!

Englobarlo en la ciencia-ficción es quedarse corto. Se viste con sus ropas, qué duda cabe, pero va mucho más allá. Son un mero disfraz y debajo se encuentra todo un universo laberíntico y mordaz que escandaliza como horroriza. Su evidente afinidad con el realismo mágico o la Cultura pop occidental hacen de su estilo algo único, omnidireccional. Sin embargo, una de las características más llamativas de Tsutsui  es su comedia, que algunos han clasificado como dotabata kigeki o “de golpe y porrazo”. Pero es oprimir con una etiqueta muy reducida lo que hace este señor con el humor. Tiene mucho de astracanada, va directo como un obús, sin sutilezas; pero, a la vez, lo dota de un aire absurdo, de reminiscencias claramente surrealistas, que lo hacen poco proclive a la clasificación. Si a eso le unimos que es enemigo acérrimo de lo políticamente correcto, obtenemos una simpática monstruosidad posmoderna, con una tendencia irresistible por atragantar. Tsutsui desmenuza la realidad, mezcla luego sus pedacitos y construye un nuevo cosmos que refleja, en todo su deformado esplendor, las miserias de nuestro mundo. Con una carcajada.

Y esto no agrada a todo el mundo. En Japón tuvo serios problemas; tantos que dejó de escribir sobre papel un tiempo, dedicándose exclusivamente a sus labores a través de internet.

Tsutsui y el añorado Kon.
Tsutsui y el añorado Kon.

Le regalé a mi mejor amiga para su cumpleaños, a principios de marzo, el volumen de Paprika (1993) que publicó Atalanta. Han pasado unas cuantas semanas y todavía no me ha comentado nada. Yo sé la razón, por supuesto. La razón es Tsutsui. Tsutsui es un mal bicho. No peligroso, pero de esos que pican. Y pica de lo lindo en el libro que voy a comentar hoy: Hombres salmonela en el planeta porno (2006).

Se trata de un volumen recopilatorio con pequeños cuentos, que es una de las mejores maneras de presentar los respetos al autor. Tsutsui gana muchísimo en las distancias cortas. Y sí, encontraremos sexo en sus páginas; aunque no pornografía como da a entender su título. El nombre puede asustar a los melindrosos, pero no deja de ser la perfecta provocación del que siempre ha sido un espíritu irreverente. Y como toda recopilación, tiene historias mejores que otras.

hombres salmonela en el planeta porno de yasutaka tsutsui

El volumen original ofrecía 13 relatos distintos, pero la edición de Atalanta incluye solo 6. ¿Qué encontramos en ellos? Pues a un Tsutsui cruel y lúcido, que con total naturalidad (y hasta cierta parsimonia) distorsiona a placer las fronteras de la objetividad. Alucinante. Hay cuentos más cómicos que otros, pero todos son como sosa cáustica, hijos además de la literatura del absurdo. No es difícil, por ejemplo, olisquear a Kafka en “Rumores sobre mí”, donde un oficinista ve, repentinamente, cada ínfimo y mediocre detalle de su vida en todos los medios de comunicación del país.

Mis favoritos, no obstante, son “El límite de la felicidad” y “El último fumador”. El primero es feroz. Una sátira despiadada del aborregamiento social conducido hasta al final. Es el único de la selección donde la comedia es inexistente, y me recuerda muchísimo a Roland Topor por el poso macabro. “El último fumador” es un ejemplo buenísimo de esa particularidad tsutsuiana (toma palabro jojo) por experimentar con la elasticidad de la realidad y desfigurarla. Mediante un criterio maniqueo, presenta lo irracional y el disparate como lo normalizado, en un entorno creíble y natural. La amplificación de la corrección política hasta alcanzar niveles de puro desvarío. Magnífico.

Yasutaka de jovenzano mientras escribe maldades en el libro de un fan.
Tsutsui de jovenzano escribiendo maldades en el libro de un fan.

De temática sexual son “El bonsái Dabadaba” y el que da título a la compilación, “Hombres salmonela en el planeta porno”. En ambos el sexo solo es una excusa para mostrar lo rematadamente mongólicos que somos los seres humanos. Y cómo nos regodeamos encima en nuestra estupidez. “El bonsái Dabadaba” además maniobra muy bien entre el mundo onírico y el de la vigilia, hasta confundirlos y formar una realidad completamente nueva. “Hombres salmonela en el planeta porno” es el cuento más largo de la antología, y abraza una crítica nada solapada hacia la represión sexual que afecta a la sociedad japonesa. No fue en vano que Tsutsui se especializara en Freud & co. en la universidad. También es muy notorio ese pequeño homenaje que hace a su padre, pues el relato está plagado de términos botánicos y zoológicos… pero en plan bizarre que te meas. El esfuerzo de la Razón por tratar de domeñar, mediante la Ciencia, un contexto descabellado. Y cómo esta, simplemente, se adapta al entorno en vez de transformarlo. La eterna lucha entre superyó y ello, racionalidad e instinto, civilización y naturaleza.

¿Es Hombres salmonela en el planeta porno una obra representativa de Tsutsui? Desde mi profunda ignorancia, pues solo he leído 7 libros de los seiscientos y pico que ha escrito este señor, no. Los que han caído en mis manos son todos bastante distintos, uno puede gustarte y otro no. Sin embargo es innegable que tienen su sello, faltaría más. El tono de este Hombres salmonela en el planeta porno es especialmente corrosivo y su crítica social, que toca además diferentes campos, resulta en extremo cruda por muy rebozada de extravagancias que esté.

¿Lo recomiendo? Oh, sí. Es una lectura accesible y amena, de mucha enjundia. Pero probablemente no conquiste a todos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Tránsito VI: Kitarô, el chico del cementerio

Era inevitable aludir a este icono de la cultura popular japonesa. Kitarô, el chico de un solo ojo. Kitarô, el último de la tribu de los yûrei. Kitarô, el mozuelo nacido en un cementerio que lucha por la paz entre humanos y yôkai.

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Kitarô y su papá en Bomarzo, digo en la puerta del Infierno.

Las encarnaciones que ha tenido han sido múltiples a lo largo de las décadas y en diversos formatos: manga, anime, live-action… Desde finales de los años 50 del s. XX hasta ahora, Kitarô y su macabra troupe han poblado el imaginario colectivo de Japón. Y no es para menos ya que su origen, precisamente, es el folclore, que cristalizó por primera vez en los años 30 mediante los kamishibai callejeros. Pero el responsable directo de su éxito, el creador del Kitarô moderno es Shigeru Mizuki con su GeGeGe no Kitarô. Mizuki, aparte de ser conocido por Kitarô, se ha centrado a lo largo de su trayectoria artística como mangaka en la temática sobrenatural y bélica. Hace unos pocos años, de hecho, recibió el premio Eisner por su obra autobiográfica Sôin Gyokusai Seyo! (1973), basada en sus terribles experiencias durante la II Guerra Mundial en Papúa Nueva Guinea. Un tebeo que, desde ahora, os recomiendo y del que quizá, más adelante, haga reseña. Y aún hay más: este 2015 ha sido galardonado con su segundo Eisner por Showa: A history of Japan, lo que os puede dar una idea de la importancia de este autor no ya solo en Japón, sino en el mundo del cómic general. Con sus 93 años ahí lo tenéis, como un jefazo, dominando el percal.

Mizuki
A Mizuki le gustan las hamburguesas. Y sí, le falta el brazo izquierdo. Lo perdió durante la guerra.

Pero regresando a Kitarô y su alumbramiento, os comentaba que su ascendencia era claramente popular. Se basa parcialmente en un pequeño cuento del periodo Edo donde un kosodate yûrei o “fantasma que cría un bebé”, es el protagonista. Hay diferentes versiones, pero todas ellas provienen, ¡oh, sorpresa!, de China. Los patrones en común narran la historia de una mujer que compra o bolas de arroz o caramelos o sake dulce en cierto puesto callejero. El tendero observa algo sospechoso en ella, por lo que decide seguirla hasta un templo budista donde desaparece. Al día siguiente, el vendedor habla con el monje encargado del templo, contándole su experiencia. Este le explica que hace poco una joven embarazada había muerto allí, y deciden inspeccionar su tumba. Al remover la tierra, encuentran junto al cadáver de la mujer un bebé vivo comiendo caramelos o bolas de arroz.

Con esa raíz, Masami Itô escribió el primer relato con Kitarô de estrella en un kamishibai: Hakaba no Kitarô (1933). Más adelante, y con el permiso de Itô, Shigeru Mizuki que sabía bien de su trabajo, comenzó a construir al Kitarô que ahora conocemos. Lo hizo sobre todo a través del mercado de alquiler de libros, pero era un espacio que, con la llegada de la televisión, tenía los días contados. Ya fue publicando en la Shônen Magazine, a partir de 1964, cuando alcanzó cotas de éxito importantes. Pero al tiempo tuvo que cambiar el nombre. Al patrocinador del momento, Hakaba Kitarô  (hakaba es cementerio) le parecía demasiado tétrico, así que el propio Mizuki rebautizó su obra como GeGeGe no Kitarô.

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Un primigenio Kitarô surge de la tumba de su mamá.

Y es esa primera etapa del manga, cuando todavía se titulaba Hakaba Kitarô, la que vamos a considerar. Más bien su adaptación animada, que tardó en llegar como tal varias décadas. No es que no hubiera habido anime sobre GeGeGe no Kitarô hasta entonces, no penséis que estoy tan chiflada. Existen, si no llevo mal la cuenta, 5 versiones distintas con la presencia ocasional incluso de Isao Takahata (casi nada, colegas) en algunas de ellas. Pero no de Hakaba Kitarô. Y, por fin, en 2008 llegaron 11 episodios producidos por Toei (no huyáis, que os veo) que fueron televisados en noitaminA.

La historia comienza con la llegada de una pareja de yûrei a un vecindario de Tokio. Ellos son los últimos de su clan y se encuentran gravemente enfermos. Mizuki, el vecino al que se presentan, está aterrorizado al descubrir que no son humanos; pero tolera hasta tal grado su presencia, que llega a hacerse cargo de su hijo cuando fallecen. Él sabe muy bien que no es un niño normal y lo teme, aunque a pesar de ello se responsabiliza de él. A partir de ahí, suceden las aventuras de Kitarô acompañado de su padre, que ha permanecido en este mundo a través del globo ocular de su cadáver.

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Padre e hijo

La galería de personajes es muy buena: desde el pequeño psicópata de Kitarô, su padre” el ojo de la sabiduría”, el apestoso hanyô de Nezumi Otoko (lo amo, ES LO PEOR), la cantarina Neko-san, Johnny el guitarrista ególatra… hasta el propio Shigeru Mizuki en diversos avatares. Yôkai de todo tipo, hombres lobo, vampiros, mafiosos, el primer ministro de Japón, doppelgängers sin media neurona y muchos más brotan como lindas florecillas en este anime. Uno se encariña paulatinamente de ellos (luego se sufre) porque están muy bien bosquejados, 11 episodios saben a poco. Es un producto original pero asequible, que picotea del romance, el suspense, el terror, el drama y… lo grotesco. Hay para todos los gustos. Eso sí, tiene a veces unos puntazos bastante crueles. Con la comedia negra es lo que toca.

Neko-san huele a rata...
Neko-san huele a rata…

La animación en general me ha gustado mucho. Los colores tirando a sepia, de apariencia aguada junto a un filtro envejecedor, dan un aspecto vintage muy apropiado al espíritu de la serie. Aparecen más técnicas y recursos de manera esporádica, pero todas con la costura tradicional. El que busque grandes efectos o un arte moderno, no los encontrará aquí. Los diseños de los personajes también son anticuados, muy 70-80’s, pero realmente fantásticos. El esfuerzo por lograr una ambientación shôwa ha merecido la pena, por eso mismo es probable que no termine de agradar al consumidor medio de anime actual. Eso sí, la ejecución técnica es impecable y contemporánea, no se puede decir en ningún momento que sea mala. Otra cosa es que el conjunto final luego guste, claro.

Debo reconocer que los openings suelen asquearme por regla general. Una gran mayoría me parecen insoportables, pero esta es una de esas pocas excepciones: me encanta. Que tenga el garbo inconfundible del cómic occidental ya me gana inmediatamente; pero no es solo eso, claro. Es enérgico, divertido y el tema musical, Mononoke Dance de los veteranos Denki Groove, va ni que pintado para su dinámica.

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Conforme la serie avanza, se hace más amena y disparatada. Casi todos son capítulos autoconclusivos pero hilvanados unos con otros. Ese humor negro y absurdo, lleno de truculencias varias, va aumentando poco a poco. Las historias son de aire ingenuo, a veces casi infantil, pero bien guiadas y con bastantes sorpresas. La muerte no respeta a nadie, solo digo eso.

En resumen, es un anime ligero y perfecto para ver durante estas fechas tan propicias para lo macabro. El que conozca el universo de GeGeGe no Kitarô, encontrará algunas diferencias lógicas pero, ante todo, una visión un poco más sobria e indudablemente interesante. El que no, es la forma perfecta de introducirse en él.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Tránsito IV: Hôzuki no Reitetsu OVAs

Vamos a relajar una miaja el tono de los Tránsitos, porque esto ya se me está poniendo un poco demasiado lóbrego. Que aunque soy fanática de lo tenebroooossoooomuahahaha, también se disfruta más si se coloca, de vez en cuando, algo de luz. Por lo que sin abandonar la temática general, hoy me centraré en una comedia. Comedia negranegrísima pero comedia al fin y al cabo.

Me refiero al que fue uno de mis animes favoritos del pasado 2014, Hôzuki no Reitetsu. Lo amo. Pero no voy a hacer reseña de la serie completa, sino de las OVAS que este año se fueron publicando en unas ediciones limitadas del manga. Fueron tres. Tres emotivos episodios en los que pude reencontrarme con todas esas bellas personas (muertas), todos esos bellos demonios, todas esas bellas deidades, todos esos bellos perros, gatos y demás criaturas inclasificables que pueblan los Infiernos budistas nipones.

Si no has oído hablar de este anime (que lo dudo) o no sabes de qué va exactamente su rollo, te remito a las reseñas de dos compañeros blogueros que pueden resolver algunas dudas: Callmejean y Angelique. Porque es recomendable que antes se vea la serie de 13 capítulos, claro. Estas son sus opiniones que no tengo por qué compartir, pero en la variedad de perspectivas bien razonadas se aprende mucho; y tú, amado lector, deberías (si no lo haces ya) informarte lo máximo posible para crear tu propio criterio. La coronela Sho-Shikibu ha hablado, descansen.

Hôzuki

Las OVAS siguen la misma estructura que los capítulos, dos pequeñas historias independientes con sus propios personajes que tienen de nexo a Hôzuki, el oni mano derecha del Gran Rey Enma-Ô, gobernante el Inframundo. No sé si merece la pena detenerme un poco aclarando en qué consiste la existencia tras la muerte en el budismo japonés, pero creo que unas someras explicaciones, a riesgo de importunaros como buena pedantesabihondainsoportable que soy, no os harán mucho daño. O podéis saltaros el siguiente párrafo, más sencillo todavía.

Para empezar, el Infierno budista (Jigoku en Japón) no es no solo uno, está conformado por 8 reinos distintos (o 16, si se sigue la tradición de los 8 infiernos calientes y los 8 fríos) que, a su vez, están subdivididos en infinitesimales zonas con sus propias (ejem) especialidades. Cada uno de estos reinos tiene su rey, tribunales y ayudantes; y las almas son juzgadas cada vez que ingresan en uno. Todo perfectamente jerarquizado y ordenado, como podéis comprobar, que no hace más que reflejar la influencia del enorme engranaje de la burocracia imperial china. ¿China? Sí, amiguitos, el budismo (y otras expresiones culturales del continente) fue penetrando en Japón en los períodos Asuka (552-710), Nara (710-794) y Heian (794-1192) con un potente dominio de las escuelas budistas chinas, por lo que no es de extrañar encontrar características del Imperio Celeste no solo en la religión, sino en otros muy variados campos. Este complejo dispositivo burocrático además está muy bien reflejado en el anime. Este Infierno, a su vez, tiene raíces indoeuropeas aunque no os lo creáis, pues proviene del hinduismo. Pero lo más importante a resaltar de todo este rollo patatero es que, a diferencia del Infierno occidental, el budista no es eterno ni irreversible. Las almas, según sus méritos, pueden reencarnarse en los diferentes reinos de la existencia (Jingoku es solo uno), aunque la estancia temporal en ellos es variable. Recordad que el objetivo del budismo no es vivir felices para siempre jamás, sino alcanzar el Nirvana. Y el Nirvana no es el Cielo… es, resumiendo en plan guarro, una forma de dejar de existir.

“La cortesana del Infierno” de Kawanabe Kyôsai (1874)

Así que en estas OVAS, como en la serie, encontramos una parodia fresca del Infierno budista (y todo lo que se les pone por delante). Un infierno plagado de personalidades del folclore e historia japoneses que, lógicamente, no son muy conocidas en Occidente. Ahí tenemos a los guardianes Gozu y Mezu, a Momotarô, al general Yoshitsune Minamoto o a Hakutaku entre otros. También hay referencias literarias y guiños a personajes del mundo del manganime. Es un batiburrillo de cultura popular, religión y folclore bastante curioso. Creo que al tratarse de una serie tan japonesa (mogollón), no ha logrado captar la atención demasiado más allá de las islas; y ha quedado relegada un poco. Comprensible, pero una lástima. ¿Y estas tres OVAS qué? Pues yo diría que casi pueden considerarse 3 episodios “perdidos” de la serie, caramelitos de consuelo para aquellos que nos quedamos con ganas de más. Porque no ofrecen nada nuevo. Vayamos con ellas entonces.

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La primera parte tiene de estrellas a los grimosos pececitos-flor de Hôzuki. Sí, esos entes de ojos abultados y gritos espeluznantes que cultiva en su jardín con la paciencia y esmero de una ancianita inglesa hacia sus rosales. Se acerca el festival Kingyo sou (el de los peces dorados, los bichos estos) donde esos engendros del infierno (nunca mejor dicho) son los protagonistas, y Hôzuki consigue, para amenizar el evento, la actuación de la super idol Maki. Esta siente un profundo repelús hacia todo lo que tenga que ver con los pececitos, pero su profesionalidad está fuera de toda duda. Básicamente esta primera parte es el troleo constante al que se ve sometida Maki y, como es un personaje que me cae fatal, me resultó divertidísimo. No obstante, más allá de mis gustos personales hacia la peach idol, es bastante ameno y ocurrente; con el habitual humor negro y absurdo sobrevolando el terreno.

Referencias a tener en cuenta:

  • Shôtoku Taishi (Príncipe Shôtoku). Político de primera línea de la era Asuka. Impulsó con fuerza el budismo, centralizó el gobierno y fue la primera persona en referirse a Japón por su nombre, Nihon. Eso y un montón de cosas más. Aparece en los billetes de 10.000 yens.
  • Monte Hari (Hariyama). También montaña de la aguja, es un lugar del infierno reservado a los niños.

La segunda parte nos muestra un poco la vida en el barrio rojo del infierno, pero a través de los ojos del gato paparazzi Koban. Hay dos tramas, siendo la principal la dedicada al intento de modernización, con las sugerencias de Hôzuki, de un host club regentado por un kitsune; y la secundaria, los sucesos trágicos que forzaron a nuestro querido gatito a convertirse en un nekomata y, finalmente, su reencuentro con el destino. Es un desfile continuo de disparates y situaciones rocambolescas la mar de graciosas donde Hôzuki y su sádico racionalismo son los astros indiscutibles. Muy bien construida esta segunda parte del capítulo, la verdad. En pocos minutos ocurre de todo.

Referencias a tener en cuenta:

  • Yoshiwara. Antiguo yûkaku o barrio rojo de Edo (actual Tokio).
  • Taikomochi. La versión masculina de las geishas.
  • Aburaage: Tofu frito cortado en rodajas. Según la tradición es uno de los platos favoritos de los kitsune.

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OVA 2

El pusilánime de Momotarô (en este anime lo es) siente un terror cerval hacia las muñecas. Más bien le tiene miedo a casi todo, y cuando Hôzuki le presenta a unas fantasmagóricas zashiki-warashi que parecen sacadas de The Shining, por poco se mea en los pantalones. Estas mellizas yôkai de comportamiento escalofriante, son enviadas por Hôzuki, con toda la mala baba del infierno, a la casa de su eterno rival Hakutaku, donde trabaja también Momotarô. La comedia absurda aquí pierde intensidad, aunque la pequeña historia que cuenta es interesante y con un final tierno (un poco dulzón para mi gusto, pero bueno).

Referencias a tener en cuenta:

  • Muñeca ichimatsu. Un tipo de muñeca tradicional japonesa. Hay una leyenda urbana que asegura que un ejemplar adquirido en Hokkaido, fue poseído por su joven dueña al morir de gripe española. Su nombre es Okiku y le crece el pelo.

La segunda parte vuelve a tener de protagonista a la insufrible de Maki, que es introducida en el negocio de las idols infantiles mediante una banda tipo Sailor Moon pero de origen chino. A ella le encasquetan el papel más lamentable, cuyos fans son todos una caterva de frikazos lolicons y stalkers de la peor especie. A todo esto se une la villana del grupo, que es una trastornada de cuidado. Os podréis imaginar que estando Hôzuki cerca, el tema degenera de lo lindo y acaba de una manera, sin embargo, bastante chocante. Esta pieza es solo una caricatura de todo ese mundillo de los idols que, a pesar de estar trilladísimo, no deja de tener su punto de diversión. Aunque no aporta nada. Flojito, pero te echas unas risillas.

Hôzuki3

OVA 3

Hokutaku dibuja como la peste porcina, vamos, horriblemente mal; así que Hôzuki decide que debe recibir clases del apamplado Nasubi (el chico berenjena), que tiene especial talento para las artes. Todo se convierte, en plena exposición, en una ensalada de hostias donde Hôzuki, por supuesto, vence a su rival Hokutaku. ¡La venganza japonesa sobre China! He de decir que tanto la serie como esta OVA desprenden un ligero tufo nacionalistilla nipón que, aunque no se hace ofensivo ni molesto, es vistosazo. Se trata de medio episodio bastante sencillo pero enormemente efectivo en lo que respecta a la comedia. No hay grandes complejidades, y el repaso que le pega al arte contemporáneo, con esa eterna incomprensión popular que sufre, es gracioso.

Referencias a tener en cuenta:

  • Onmyôdô. Cosmología ocultista japonesa de raíces chinas, bastante antigua, que aplica su filosofía a campos diversos como la astrología, la adivinación o la creación de amuletos y sortilegios protectores.

Esta última parte de la tercera OVA para mí, sin duda, es la mejor de todas. No pude parar de partirme el culo, sobre todo en los últimos minutos. Hasta Isis se acercó preocupada a mi lado por si me estaba dando un algo. Qué raro es que me ría de esta manera ahora, buf. Prosiguiendo con las dudosas habilidades artísticas de Hokutaku, el argumento nos cuenta cómo con su nuevo maestro de dibujo Nasubi (creo ya he comentado es un poco desustanciado) comienzan a traer al mundo real sus obras desde el papel. Esto es posible gracias a las capacidades sobrenaturales que posee Hokutaku, ya que no deja de ser una deidad de importancia en el panteón chino. La cantidad de engendros y monstruosidades (¡¡¡ese gatopollo, aaagh!!) que surgen e invaden el Infierno, están a punto de acabar con las vidas de nuestros protagonistas. Una locura épica. Y todo mientras Nasubi reflexiona, en voz alta, sobre la esencia del verdadero artista y la trascendencia de sus obras.

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Para finalizar, añadir brevemente que la animación y arte son impecables, como lo fueron también en toda la serie en general. No encuentro ni un solo “pero” de auténtica importancia. Todo fluye con soltura y está rematado con atención hasta en los detalles más pequeños. Pero sin agobiar, muy natural y agradable.

No sé cuándo volveré a desternillarme así tan frenéticamente, la verdad, pero espero que sea con una segunda temporada de Hôzuki no Reitetsu. La esperanza es lo último que se pierde, ¡no me quitéis esa ilusión!

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.