Porque el verano muerde, porque me aburro, porque sí

A estas alturas creo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que esta temporada de verano 2017 se presenta como una de las más flojérrimas en bastante tiempo. Mucha penita da, al menos su aspecto resulta de lo más mustio por lo que, tal como anuncié ya por twitter, no voy a comenzar ningún estreno. No dudo de que al final alguna serie consiga alcanzar cierto interés incluso sorprenda para bien, a pesar de lo que en inicio haya podido aparentar, pero tengo el cuerpo ya muy gandul para según qué cosas. Todos los anime estivales de este año o me provocan perezón con obesidad mórbida o los considero unos zarrios. Sin más. Si leo que alguno mejora basándome en las opiniones de colegas blogueros, quizá le dé su oportunidad. Sin embargo, no albergo grandes esperanzas y la desidia, además, se me apodera. Tienes pinta de tostón, veranito del 17, no offence.

Así que, ¿cómo puede perder el tiempo Sho-Shikibu? Pues imaginando que ya ha llegado su amado otoño, disfrutando del fresquecillo, las maravillosas hayas de fuellas rojas y escribiendo sobre los anime que piensa ver. Por supuesto, no se sabe todavía el total de estrenos, pero las tardes del estío derriten el cerebro y alucinar un ratillo tampoco viene mal. Y que este es mi blog y desvarío sobre lo que me da la gana, claro. No hay gran cosa todavía anunciada, apenas trailers ni demasiada información, no obstante algo he sacado en limpio. Que sirva de pequeño adelanto para olvidar el pegamento de este verano anestésico.

catplaying

El plato fuerte de este otoño, como ya sucedió en primavera, van a ser las segundas temporadas. Al menos para mí. Vuelvo a recordaros que aún desconocemos gran parte de la que va a ser la parrilla otoñal, así que son impresiones hasta justo este mismo preciso momento. Me encantaría que aparecieran nuevas obras que me obligaran a desdecirme, así que a la espera de un buen revés quedo.

¿Cuál va a ser mi prioridad absoluta? Pues Hôzuki no Reitetsu. Un día por desvelar de octubre y con un número indeterminado de episodios, regreserá a nosotros el maestro de ceremonias más sardónico de los Infiernos búdicos. Bueno, Hôzuki y toda la cohorte de personajes mitológicos y del folclore popular sinojaponés que desfilan sin cesar. Si la primera temporada y sus respectivas OVAS me encantaron, deseo fuertefuertefuerte que esta segunda logre, como mínimo, lo mismo. hoozukiSu humor negro y absurdo, el rico panorama cultural que despliega en cada capítulo, los pequeños sketches que aprovechan cada segundo para exhibir un espectáculo delirante que se ríe de sí mismo si hace falta, su elenco heterogéneo y dinámico, etc, etc, etc, hicieron hace unos años de esta serie una de mis favoritas sin ninguna duda. Se aprende un montón con ella y encima es divertidísima. Estoy ansiosa por el reencuentro y espero que no cambien demasiado el formato, que resulta perfecto. También es cierto que no todo el mundo disfruta con las historias autoconclusivas y muchos buscan una continuidad argumental en cada episodio; pero hay que tener en cuenta que la esencia de Hôzuki no Reitetsu es otra: las viñetas de comedia.

Osomatsu-san también tendrá su segunda tanda. Este clásico moderno no podía permanecer sin continuación, lo pedía a gritos. Sin saber aún fecha de estreno y cantidad de episodios, se deduce que será en octubre y constará de 25 capítulos. Pero a saber. Es curioso, pero dos de mis top otoñales son comedias. Me parece extraño porque es un género por el que no me suelo inclinar. En contadas ocasiones logro conectar con el sentido del humor de las series, la mayoría me produce vergüenza ajena o directamente sueño, sin embargo Hôzuki no Reitetsu y Osomatsu-san me engatusaron, sobre todo la primera. Para variar, mi tercera opción en las reanudaciones es algo diferente: Kekkai Sensen & Beyond.

La primera temporada, que sin duda me gustó, también me dejó un regusto agridulce. Así que esta será la oportunidad de resarcirme si va todo bien y no resulta un truñaco, por supuesto. Reconozco que, como no cuentan con Rie Matsumoto esta vez, siento bastante desconfianza. Para mí la presencia e ideas de Matsumoto fueron clave en 2015, y no todo el mundo además consiguió sintonizar con su forma de crear. Tratar de innovar es lo que tiene, que no siempre se redondea ni se comprende. Aun así, el parón que sufrió este anime lo perjudicó muchísimo. Veremos lo que nos depara Kekkai Sensen & Beyond, ya que Shigehito Takayanagi posee unas cuantas tablas y, aunque es probable que pierda originalidad, también podría ganar en solidez shônen. Un alivio para los más tradicionales.

catplaying

El asunto es peliagudo, porque muchos de los anime que han llamado mi atención guardan altas posibilidades de germinar como cerdadas supremas. Sinopsis incompletas, no fotos, no vídeos promocionales y un rosario de falta de datos estupenda. Pero es normal, estamos en julio; y, ¡qué carajo!, de esta manera también es divertido hacer apuestas. Empecemos.

Kujira no Kora wa Sajô ni Utau me atrae como un imán gigantesco. Del manga solo he tenido oportunidad de leer cinco capítulos (un dibujo precioso, por cierto), pero a poco que el anime le sea fiel, creo que tendremos entre manos uno de los productos más interesantes del otoño. No el que más, pero muy destacable. Está catalogado como shôjo, y no sé hasta qué punto seguirá los cansinos patrones de la demografía; aunque también pertenece a la ciencia-ficción, el misterio y la fantasía, así que a priori me tiene ganada. Su trailer es bastante elocuente en ciertos aspectos, me ha gustado mucho por lo que… ¡COMPRO!

En una línea más clásica dentro de la fantasía y el shôjo, en octubre se estrena también Mahôtsukai no Yome, que ha estado precedida de tres OVAS. Solo he visto dos de ellas, y no me han dicho gran cosa. El manga, que está siendo publicado por Norma y lo estoy siguiendo, ha terminado decepcionándome un poquillo. Quizá porque tira demasiado para mi gusto de los tópicos de la fantasía haciéndose previsible; y que la protagonista, con un ligero aroma a Mary Sue, tiene ese rollo de chica frágil e indefensa que me satura bastante. A pesar de que a estas alturas le encuentro más defectos que virtudes, la veré porque tengo fe en que me entretenga y los cuentos de hadas siempre merecen un par de vistazos. O tres. Harina de otro costal es Inu Yashiki, cuyo manga también estoy leyendo pero ¡sin desencanto alguno! Altamente recomendable, de hecho llevaba un tiempo calibrando si escribir una reseña de lo que tenía recorrido, pero sabiendo ahora de la serie, merece un manga vs. anime como la copa de un pino. Es uno de los estrenos relevantes de la temporada, una serie para adultos (existimos, ¡sí, estamos aquí!) y de temática inteligente. Sci-fi de calidad, mis queridos otacos. Y mucho, mucho más cuando se rasca la superficie, con Oku-sensei ya se sabe. A la dirección estará Keiichi Satô, así que no puede ocurrir nada malo, ¿me oís? NADA MALO. He dicho.

inuyashiki

Y para cerrar, aclaro que no he querido introducir ningún school life porque estoy hasta el moño de adolescentes. Es lo que sucede cuando trabajas demasiadas horas con ellos, que al final del día quieres enterrarlos vivos o arrojarlos por un puente. Atados y con bozal. Así que nada de Just Because! y otras majaderías de colegiales. La única excepción es Poputepipikku, pero los que ya conozcáis el tebeo sabréis que se trata de una cosita bastante enferma que poco tiene que ver con los entornos escolares. Tengo una curiosidad insana por este anime, que supongo será de duración corta (2-5 minutos) y me las veré luego canutas para lograr ver. Ese estilo de antigua tira cómica, donde las dos protagonistas vomitan sin parar insensateces (algunas bastante profundas, no es broma), en realidad es muy posmoderno, muy pop.

catplaying

Aunque tengan la mayoría de ellas fecha de estreno, en Occidente suelen pasar meses hasta que conseguimos visionarlas. La paciencia es una virtud, dicen. Reducir cabezas como hacen los shuar, una habilidad que no me importaría adquirir para ponerla en práctica en momentos de exasperación. A lo mejor encuentro algún tutorial en youtube al respecto. Volviendo a las películas, Godzilla: Kaijû Wakusei cuenta con mi beneplácito, a pesar de que la animación de Polygon Pictures no sea precisamente de mis preferidas. Pilotarán los directores de Ajin y Sidonia no Kishi con la colaboración de Gen Urobuchi, por lo que unos mínimos hay garantizados. Rezaremos a Nyarlathotep el Caos Reptante para un pronto estreno por estos lares.

thumbnail_godzilla-video-anime

¿Merece la pena que me trague la película de ese clásico animierder que fue Dance with Devils? Porque el 4 de noviembre verá la luz Dance with Devils: Fortuna. Fue un bodrio tremendo al que le cogí cariño, sobre todo por Peluchón ❤ y esa autoparodia terrorífica que se gastaba. Risas, muchas risas. Ya lo decidiremos cuando llegue el momento, no hay por qué apresurarse, y menos con engendrillos de esta especie. Asimismo, en el undécimo mes se estrenará la adaptación a largometraje del clásico del manga de los años 70 Haikara-san ga Tôru, de Waki Yamato. Tuvo su serie televisiva hace casi cuarenta años también, y parece que contará con una segunda parte en 2018. Estoy bastante interesada en este film, pues trabaja temáticas sugestivas (liberación de la mujer) en un contexto histórico fascinante, la Era Taishô (1912-1926). Su protagonista es una mujer joven que ha sido educada de forma poco convencional, cercana a los tradicionales valores masculinos (practica kendo, bebe sake, rechaza las labores domésticas, viste al modo occidental, etc) y cree que una mujer debe casarse por amor y elección propia. Lo que se conocía en la época como una modan gâru (chica moderna). Apesta a shôjazo que mata, pero el planteamiento da la impresión de ser algo diferente. No obstante, ya sabemos cómo se las gastan los japoneses respecto al feminismo… todavía les queda un largo trecho por avanzar, bastante más que a los europeos.

haikara
Menudo feeling tenían los anime de los 70, ¡inconfundible!

¿Me habré dejado alguna obra en el tintero? Seguro que sí. ¿Kino no Tabi, a lo mejor?Aunque para acabar de pulimentar la entrada, necesitaré más información, que supongo irán desgranando a lo largo de las semanas. Quizás esté pendiente por desvelar una joya animesca, ¡quién sabe! Por ahora, esto es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¡Peligro! ¡Demonios en la lavadora!

Si todo va según lo previsto, mientras lees estas letras me encontraré meneando mi culo estofado por las calles de Yazd. Espero no estar sufriendo demasiado calor y tampoco haberme quemado. Al menos no mucho, surtida de crema solar voy a ir. Bueno, al turrón, chobenalla. El presente post está dedicado a un cómic europeo por lugar de nacimiento, pero con espíritu mestizo por naturaleza. Y como no podía ser de otra forma, uno de sus ascendientes es japonés, muy japonés. Se trata de El Nao de Brown (2012), escrito y dibujado por Glyn Dillon. ¿Te suena de algo? No sería de extrañar. Por una vez no voy a escribir sobre un cómic de l’any de la picor. Nada de eso. El Nao de Brown ganó en 2014 el Premio del Jurado en el Festival de Angulema, y ha sido considerado por muchos críticos como una obra maestra de nuestro tiempo. Yo no iría tan lejos, pero desde luego sí me parece un buen tebeo que merece se le eche un vistazo atento (si no se ha hecho todavía).naodebrown

Los que no se muevan mucho fuera de los márgenes del manga japonés o el cómic asiático, es probable que no tengan interés en asomar el hociquillo fuera de su zona de confort. Pero aquí está SOnC para despertar la curiosidad e intentar que vuestros horizontes de malvados otacos asociales se amplíen un poquito más. El Nao de Brown tiene una evidente influencia del mundo del manga, creo que hasta se podría incluir en la nouvelle manga. No es que se haya adscrito de manera oficial a ese movimiento que iniciaron Frédéric Boilet y Kiyoshi Kusumi, pero quizá de manera involuntaria respalda su esencia transcultural. Se trata de un tebeo dirigido al público adulto, enfocado en el slice of life y que expresa gran sutileza psicológica. Puede alardear de potencial para atraer tanto público occidental como nipón. Además por estos lares Glyn Dillon ya es conocido, sobre todo por sus trabajos con Peter Milligan en Shade, el hombre cambiante (¡lo amo, lo amo!) o en Las Benévolas (Sandman) de Neil Gaiman. En Japón ya no estoy tan segura, porque además los lectores de manga nipones suelen ser menos permeables a las influencias exteriores.

Pero me da que Dillon no pensaba en paja mental semejante cuando creaba esta obra (¿o sí?); y no se debe olvidar que, a pesar de las semejanzas compartidas con la nouvelle manga, sigue siendo cómic europeo. No obstante, el hecho de que exhiba con desparpajo esa noción de que todo tebeo es tebeo venga de donde venga porque en el fondo es el mismo medio, seguro que alegró a Boilet. Y a los que participamos de la misma filosofía también.

nao_032
Nao y mi querido Steve compartiendo momentos otacos en la tienda

El argumento se centra en el día a día de Nao Brown, una joven residente en Londres y que se dedica a la ilustración. Nao es hâfu, de madre inglesa y padre japonés, quien acabó abandonándolas y regresando a su país. Nunca he comprendido del todo el término hâfu, que deriva del inglés half, porque siempre he pensado que las personas con progenitores de nacionalidades distintas en realidad no son mitad, sino dobles. Disfrutan de las ventajas de dos culturas, no de una fracción de ellas. Es el caso de Nao, aunque ella se siente completamente inglesa. De hecho, acaba de regresar de visitar a su padre en Tokio para cerrar una etapa de su vida. Porque Nao necesita llevar una disciplina mental férrea, padece TOC (Trastorno obsesivo-compulsivo) y su enfermedad la embiste con pensamientos realmente angustiantes y muy violentos. Para ello se sirve de ciertos mecanismos mentales o “deberes” que la auxilian en su ejercicio de autocontrol; y el estudio del budismo la ayuda a mitigar los accesos de ofuscación. Nao se siente muy culpable por su dolencia, porque las ideas que la asaltan son verdaderamente atroces, y se considera incapaz de dominar sus brotes. Cree que es una mala persona.

nao_115

Nao comienza a trabajar en el bazar de juguetes de un antiguo compañero de la Facultad de Bellas Artes, Steve Meek, con el que comparte aficiones: ambos son dos asquerosos otacos, ambos son fans acérrimos del anime de ciencia-ficción Ichi. Aunque como pronto deja claro Nao, es mejor el manga. Un día, por casualidad, conoce en la tienda a un reparador de lavadoras que, a sus ojos, es idéntico a La Nada, su  personaje favorito de Ichi. Se enamora y decide entablar una relación con él. Como imaginaréis, las cosas no transitarán por una senda recta, porque si Nao tiene graves problemas con su TOC, Gregory, que aparte de arreglar electrodomésticos también resulta un hombre cultivado capaz de componer haikus, también lleva lo suyo a sus espaldas con la bebida. Pero que estas circunstancias, tan manidas en los dramones, no os lleven a engaño. Son simplemente eso, circunstancias, que no se apoderan del tebeo para sobredimensionar la emotividad. Este cómic no es un melodrama televisivo sobre la lucha contra la locura. Ni por asomo. Dillon es bastante higiénico en ese aspecto, y aprovecha la dolencia de Nao para mostrarnos el mundo a través de sus ojos. Sin hipérboles o lágrima fácil; aunque los latigazos de la enfermedad tampoco los oculta, plasmándolos en toda su confusión y dolor.

nao_146

Como excelente slice of life que es, El Nao de Brown posee un interesante elenco de secundarios que da forma a la realidad de nuestra protagonista con gran precisión. Su compañera de piso, Tara, que es enfermera y comprende bien su dolencia; el adorable e inteligente Steve ❤ ; sus compañeros del centro budista; Pam, la madre de Gregory, etc. La profundidad psicológica de Nao además es extraordinaria, la arquitectura del personaje, robusta. Resulta un personaje inolvidable y tierno, que no permite que la fuerza de su enfermedad la devore.

El Nao de Brown se alza además como una lectura estratificada, de poderosas y continuas metáforas que van desentrañando las capas de la psique con delicadeza. No es casual que incluyera dentro del argumento un cuento paralelo donde el mundo fantástico del manga Ichi resulta el hilo conector que hilvana la mente de Nao. Allí Dillon da rienda suelta al lenguaje visual más surrealista, de una riqueza lírica conmovedora.

nao_102

Me han llamado la atención mucho las referencias musicales que Dillon introduce (Magazine, P.J. Harvey,  The Shangri-Las, The Pixies, The Velvet Underground, Chuck Berry, Yoko Ono, Roxy Music, The Breeders, Kate Bush, The Buzzcoks… ¡qué sé yo!) porque ¡ME GUSTAN TODAS, DIOS MÍO! El tebeo se encuentra repleto de cientos de detalles a todos los niveles, construyendo unos escenarios complejos y verosímiles. Desde luego, las espléndidas acuarelas del autor, con ese minucioso arte heredero de Moebius y Miyazaki, muy versátil en su expresividad (los colores, maravillosos), solo acaban de pulimentar un cómic que, si no fuera por ese final, resultaría redondo. Porque El Nao de Brown no es perfecto, y su mácula principal es un cierre que se precipita a gran velocidad, desembocando en un epílogo… sosito. Aunque me consuela ver a Steve sonreír.

nao_127
¡Qué cinta más maja le grabó en sus años mozos Steve a Nao!

¿Pueden los sucios otacos como nosotros disfrutar de un tebeo como este? No es que puedan, es que es inevitable gozar con él. Desde una perspectiva bastante equilibrada y compasiva sobre los trastornos mentales, Glyn Dillon utiliza el de Nao como coartada para así presentar una mirada a la vida bastante original. Y con moraleja. Se lee del tirón sin dificultad y, lo mejor de todo, es que te deja con ganas de volver para recorrer su páginas de nuevo y saborear nuevos matices. ¡Dadle una oportunidad! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Mondo Bizarro, donde Japón nunca defrauda

No es precisamente mi disco favorito de los Ramones, pero viene ni que pintado para la entrada de hoy. Os veo temblar… y con razón. Sí, de nuevo uno de esos artículos sobre cine y marcianadas que no le interesan a nadie. Tendréis que esperar unos pocos días hasta que vuelva a escribir sobre anime y manga.

Me ha parecido muy adecuado titular este post así porque, siguiendo muy libremente las pautas del género cinematográfico mondo, voy a tratar de dar un repaso amplio a las películas japonesas que más con el culo torcido me han dejado. El mondo es incómodo, porque señala todo aquello que no queremos ver. El mondo es grotesco, pues hace hincapié en el sensacionalismo sórdido. El mondo es políticamente incorrecto, por eso carece de predicamento en una actualidad de neomojigatería apestosa. No soy especialmente fan de él, pero quiero rendir un homenaje a las criaturas extrañas que pululan por el cine de Japón con mi propia entrada mondo: un listado de películas inusitadas, donde se restriegan por las narices ciertos tabúes o simplemente revelan nuevas formas de expresión. Hay de todo.

Podéis imaginar que, con la de toneladas de majaderías y excentricidades que genera Japón al año, ha sido muy complicado hacer una selección medianamente sensata. Tampoco me considero una experta en el tema, pero he tragado bastante basura al respecto y he aquí que os presento mi tour personal a los bizarros fondos de estas fascinantes islas. Siete obras que dignifican lo insólito, ya que las he seleccionado tanto en base a mi gusto personal como por su calidad. No os equivoquéis, ninguna de estas películas es ridícula. Tampoco para tomársela a broma. Algunas cintas son clásicos muy célebres, otras no tanto. Pero todas merecen nuestros respetos.


teshigara2

Junto a Pitfall (1962), Woman in the dunes (1964) y The Man without a map (1968), conforma esa tetralogía de colaboraciones con mi admirado Kôbô Abe, del que escribí un poco aquí. Salvo la primera, todas son adaptaciones de novelas suyas, aunque las cuatro fueron guionizadas por él. Teshigahara fue una persona bastante singular, que no sé muy bien cómo acabó haciendo cine. Su padre fue un maestro de ikebana que revolucionó la disciplina y él estudió Bellas Artes, pero me alegro mucho de que se dedicara finalmente a la cinematografía. Yo y unos cuantos millones de personas, claro.

Teshigahara fue un director peculiar, y es muy evidente también la influencia del surrealismo en su obra. Gente como Buñuel o Cocteau lo marcaron profundamente. Le gustaba experimentar, jugar con las imágenes y los conceptos; y, sobre todo, crear poderosas metáforas visuales de gran belleza estética. Tanin no Kao no es una excepción dentro de su catálogo, y representa una etapa de especial brillantez filosófica. Porque La cara de otro es un viaje dentro del laberinto emocional y psicológico de su protagonista, el señor Okuyama. Sus implicaciones son profundas, y no podía ser menos teniendo a Kôbô Abe entre bambalinas.

Este film puede traernos recuerdos del clásico El hombre invisible (1933), también basado en otra obra literaria, esta vez de H.G. Wells; o la maravillosa Les yeux sans visage (1960) de Franju. Tiene mucho asimismo de La Metamorfosis de Kafka o del archiconocido binomio Jeckyll/Hyde de Stevenson. Pero Tanin no Kao resulta mil veces más brutal en su vesania existencialista. Cuenta una historia doble en realidad, la de dos seres cuyas identidades se han visto comprometidas por sus rostros. La narración principal pertenece al señor Okuyama, que ha sufrido un accidente laboral tan terrible que lo ha dejado sin cara. Pero el doctor Hira puede ayudarlo, creando para él una faz nueva, como una máscara, una segunda piel. Eso sí, duplicada de otro sujeto. El cuento secundario es el de una mujer cuyo rostro sufre las secuelas del horror atómico de Nagasaki, y que trabaja en un asilo para veteranos de la II Guerra Mundial, la mayoría con graves problemas mentales.

¿Cómo se construye la identidad de un ser humano? ¿Es el rostro una parte indispensable de la persona? ¿Cuánto es de fundamental? ¿Qué importancia tiene en realidad el individuo y su singularidad? A través de un relato donde la ciencia-ficción, el thriller psicológico y el drama se dan la mano, Teshigahara y Abe realizan una bellísima y elegante reflexión sobre la identidad, el yo y la hipocresía social. Sin complicaciones y de forma accesible, pero contundente. El film toca más temas, como el de la incomunicación, el aislamiento o la fragilidad, los cuales quizá emparentan este Tanin no kao con el espíritu de Ingmar Bergman que, curiosamente, en ese mismo año estrenó Persona (1966). Great minds think alike.


matsumoto

Y a pesar del transcurrir de las décadas, Bara no Sôretsu continúa sorprendiendo y dejando al espectador atónito, sin saber cómo clasificar una obra que se mueve entre el documental, la ficción y la mirada caleidoscópica del Kubrick más implacable. ¿O fue al revés? Sí, eso es. El cineasta neoyorkino descubrió en Funeral parade of roses un tesoro que colmó su mente de imágenes y conceptos que vomitaría después en su magistral La naranja mecánica (1971). Pero no solo haría mella en Kubrick, también en Warhol o Tarantino. Los tentáculos de Bara no Sôretsu alcanzan el s. XXI y nos siguen estrangulando. ¿Y quién fue el responsable de tamaña hazaña? Toshio Matsumoto, que falleció, desgraciadamente, hace unas semanas. De hecho, cuando empecé esta reseña todavía estaba vivo, ha sido un shock conocer su desaparición.

Toshio Matsumoto fue el máximo pionero de cine experimental en Japón. Pasó toda su carrera innovando, y Funeral parade of roses fue su primer largometraje. El mítico Art Theatre Guild fue el que confió en el proyecto del director, y se encargó de su producción y distribución. Y no se puede negar que resultó un ejercicio de fe, porque tratar la temática del travestismo y la homosexualidad en el Tokio de los años 60 no era habitual. Todavía no lo es. El argumento, inspirado libremente en la tragedia clásica Edipo Rey (s. V a. C) de Sófocles , nos acerca al universo de Eddie, un travesti gay. Los bajos fondos de la ciudad, las drogas, la prostitución; pero también el ambiente de gran efervescencia cultural que se respiraba. Matsumoto rodó en la misma ciudad, utilizó de actores a los mismos protagonistas de ese entorno marginal pero lleno de vida. Completamente transgresora, Bara no Sôretsu acoge multitud de estilos y técnicas que se mezclan sin pudor, regalando a los más observadores un abanico de sensaciones indescriptibles.

bara

No se puede negar que la influencia de la Nouvelle Vague es patente, pero Matsumoto no escatimó en recursos para construir un relato completamente original y donde parece que el tiempo no transcurra, a pesar de que las emociones de los personajes sí avancen. Es como si estuvieran atrapados en un bucle donde las pasiones emergen como lava, a borbotones incandescentes. ¿Es Funeral parade of roses un enorme psicodrama? Quizá. El film no deja de albergar una historia muy terrenal, la de Eddie; y sus decisiones son consecuencia de esas experiencias. Es una aproximación honesta además al mundo de la transexualidad, que aún no se termina de comprender como una simple faceta más de la naturaleza humana.


masumura

Un año después de que Kaikô Takeshi escribiera su relato Kyojin to Gangu,  Yasuzô Masumura lo llevó al cine. ¿Que quién es Yasuzô Masumura? ¡Vergüenza os tendría que dar no saber de él! Mentira. Sería normal que desconocierais su figura, porque no fue hasta hace 10 años que no se pudo acceder a un catálogo amplio de sus películas. Más vale tarde que nunca, dicen. Masumura todavía es uno de esos grandes olvidados del cine japonés, y es algo que Occidente debería resolver, porque nos estamos perdiendo a un cineasta extraordinario. Fue inspiración para mi admirado Nagisa Ôshima, y contribuyó al nacimiento de la Nûberu Bâgu o Nueva Ola Japonesa. Es cierto que esa Nueva Ola fue un invento de productoras como Shochiko, que deseaban conectar con el público juvenil, más que un movimiento cinematográfico modelado por mentes inquietas. De ahí su heterogeneidad, pero tampoco se puede negar que de ella surgieron importantes creadores que tuvieron a Yasuzô Masumura de referente.

Masumura, gracias a una beca, tuvo la inmensa fortuna de poder estudiar cine en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Italia, donde aprendió de los grandes maestros del Neorrealismo como Visconti, Antonioni o Fellini. Y no solo eso, trabajó en los Estudios Daiei como ayudante de dirección de Kenji Mizoguchi o Kon Ichikawa. Aprovechó muy bien esas oportunidades, y pronto comenzó a destacar como director de sus propias películas en las que volcó todo sus afanes renovadores, con una pizca de sal iconoclasta. Trabajó muy diversos géneros, aunque su personalidad, amante de lo excesivo, siempre supo ensamblar la pasión de Occidente con la gentileza minimalista de Oriente. En Toys and giants encontramos su vertiente más sardónica y jocosa, una crítica al histérico mundo de la publicidad y, por ende, a la sociedad urbana japonesa del momento.

kyojin1

kyojin2

Kyojin to Gangu es una sátira divertidísima y repleta de ironías. Se ridiculiza el keizai shôsetsu y la fragilidad de esos ídolos pop prefabricados que brotan como setas por nuestras pantallas. Una historia de competencia salvaje entre grandes compañías de golosinas, la falta de ética empresarial y la ambición desmedida que conduce a la locura y autodestrucción. Todo aderezado con lo mejor de la serie B y otra ristra de delirios tan agudos como espeluznantes. No es la mejor cinta de Masamura (fue su segundo film) y tiene ciertos altibajos; sin embargo, es un visionado que merece la pena. Entretiene, hace pensar y cuando cae en la chifladura, lo hace con tanta gracia… Ains.


nagisa

Ôshima-sensei ya es un viejo conocido de SOnC. Es un director que me gusta mucho por su falta de miedo a paladear diferentes sabores y texturas. Y porque tampoco le importaba ser controvertido, qué demonios. En 1967 decidió, con un par de narices, adaptar al celuloide uno de los mangas clásicos del pionero del gekiga Sanpei Shirato: Ninja Bugei-chô (1959-1962). Pero no realizó una película al uso, tampoco una animación tradicional. Nada de eso. Ôshima optó por lo más sencillo y arriesgado, que fue tomar el propio tebeo, sus ilustraciones y filmarlos. Directamente. 17 tankôbon condensados en 118 minutos. Wow. Calma, yo también pensé que el resultado podría ser un despropósito que acabara en una sinfonía de babas y ronquidos. Pero Ôshima supo rodearse de un buen equipo, como el compositor Hikaru Hayashi (Onibaba, Kuroneko), el guionista Sasaki Mamoru (Heidi, Ultraman), o actores a las voces como Rokkô Toura (Feliz Navidad señor Lawrence, Kôshikei) o Shôichi Ozawa (El pornógrafo, La balada de Narayama). Además, Ninja Bugei-chô exhibió todos los recursos que la cinemática podía ofrecer entonces cuando se enfrentaba a un objeto fijo e inmóvil. Movimientos de cámara, el control de su velocidad, zooms, seguimiento del objetivo a las líneas del dibujo, planos detalle… todo para brindar el adecuado dinamismo, respetando la fuerza del propio tebeo.

Band of Ninja es una obra compleja y de muchos vericuetos. Ubicada en el Período Sengoku (1467-1603), es tan violenta y convulsa como esa época. Desfilan gran cantidad de personajes y el vaivén histórico también es intenso. Requiere completa atención, porque es una obra épica de grandes proporciones donde el villano que desea unificar Japón mediante sangre y brutalidad es… ¡tachán, tachán! ¡Oda Nobunaga! Ninja Bugei-chô es perfecta para los que disfruten con un buen cómic de samurais y musculosas dosis de violencia. Pero no una violencia ciega, sino situada en un contexto áspero e intrincado. Como no es nada sencillo conseguir el manga original en cuestión, es una buena alternativa para conocerlo. Eso sí, es para gente paciente y que no se encuentre demasiado intoxicada del habitual espíritu otaco millennial. De lo contrario, no aguantará ni diez minutos.


kinugasa

Creo que ya lo he comentado alguna vez, pero soy una enamorada del cine mudo en general. Es una etapa de la historia cinematográfica que me fascina, más que nada porque la considero una época de enorme creatividad y riqueza. El despertar del cine no tenía miedo a la experimentación, solo podía innovar y abrir nuevas sendas. Maravilloso. En Japón sucedió algo semejante, por supuesto, y una de sus piezas más extrañas e inquietantes fue (y es) Kurutta Ippêji (1926) de Teinosuke Kinugasa. Se puede considerar, nada más y nada menos, la primera película avant-garde de las islas.

kurutta

Se suponía que Kurutta Ippêji era una obra perdida. Una de tantas gracias a la guerra, los terremotos y el inevitable descuido humano. Pero su mismo director, en 1971, la encontró casualmente mientras rebuscaba por su almacén. Como la mayoría de obras vanguardistas, A page of madness nació bajo los auspicios de un movimiento artístico, en este caso literario: el Shinkankaku-ha. Este colectivo buscaba crear en Japón su propia modernidad, alejándose de las tradiciones anticuadas de la era Edo y Meiji. Deseaban vincularse con los ismos occidentales, y con la influencia del dadaísta francés Paul Morand muy presente, lograron formar el primer grupo literario modernista del país. En él militó el futuro nobel Yasunari Kawabata, que fue responsable de gran parte del guion de Kurutta Ippêji. Así que podemos decir que su director, Teinosuke Kinugasa, que conocía bien el mundo de las artes escénicas pues había trabajado como onnagata, amalgamó en la película todos los anhelos de contemporaneidad que imbuían al Shinkankaku-ha. De ahí que tanto expresionismo, surrealismo o la escuela de montaje ruso, entre otras vanguardias, aparecieran reflejadas en sus fotogramas. Una página de locura no fue muy apreciada en su momento, tenía más de cine europeo que nipón, el cual por aquel entonces se centraba sobre todo en el jidaigeki.

¿Fue Kurutta Ippêji una obra incomprendida? Más que incomprendida, fue ignorada y después olvidada. Y aunque no cambió el rumbo del cine japonés, sí que podríamos considerarla la primera obra concebida de manera internacional. Fue la contribución del cine de las islas al efervescente panorama avant-garde de la época. Con su propio sello, no una simple emulación de lo que se cocinaba en Europa. Una página de locura cuenta la historia de un hombre que trabaja en el manicomio donde está encerrada su esposa. Él sueña con sacarla de ahí, pero la mente humana es… complicada. Y la vida también. La aproximación de este film a la locura resulta escalofriante y, aunque se hace un poco difícil de seguir (no hay intertítulos, la película era narrada por un benshi), su lenguaje visual es lo bastante elocuente para hacerse comprender. Resumen: Kurutta Ippêji reunió a un director que sería oscarizado con un escritor que recibiría un nobel literario; supuso la primera conexión del cine japonés con la vanguardia internacional; y su reflexión sobre la desesperanza y la alienación continúa aguijoneando en la actualidad como una avispa. Es película de (mucho) interés.


tsukamoto

Tetsuo: the Iron Man resulta un antes y un después. Es como si David Lynch, Akira Kurosawa, Jank Svankmajer y David Cronenberg hubieran decidido construir su monstruo de Frankenstein particular, pero con piezas de vertedero y desguace. Un virus de metal que devora la carne y transforma al ser humano en un ente informe al servicio de su implacable voracidad. Shin’ya Tsukamoto y Kei Fujiwara son los responsables de esta atrocidad de belleza inconmensurable, de horror sin fin. Y lo hicieron con cuatro duros. Revolucionaron el cine con este poema estentóreo que se revuelca entre sus propios ecos industriales. Tetsuo es una balada ciberpunk inmisericorde cuyas enseñanzas son plenamente vigentes. Plasma un mundo donde el individuo ha sido reducido a cables e impulsos eléctricos, un esclavo de la tecnología y las máquinas al que no le importa ser engullido. Es más, exultante en su metamorfosis, disemina la ¿buena? nueva para calmar su hambre, y quedar reducido a la demencia de las emociones más básicas. Sin distinguir realidad de enajenación.

The Iron Man es una experiencia en 16 mm y B/N que exige mente abierta y pocos prejuicios. Tanto a nivel técnico como argumental fue un puñetazo en los morros, una explosión de creatividad y humor sádico que era muy necesario es esos momentos de apalancamiento. Tetsuo es el orden en el caos, y no todo el mundo puede seguir su ritmo. Pero no importa, eso es bueno. Y no tengo más que añadir porque, como ya he indicado, esta película es una experiencia, y debe examinarse de forma personal. Muy personal. Nunca resulta indiferente, puede fascinar u horripilar, pero jamás dejará impasible. Tetsuo es una obra de extremos en todos los aspectos.


himiko3

No sé si lo sabéis, pero la primera persona que se tiene constancia en la historia de la humanidad que se dedicó a la literatura fue una mujer llamada Enheduanna. Vivió en el s. XXIII a. C en Ur, y fue la suma sacerdotisa de Nanna, deidad patrona de la ciudad. Nadie tenía más poder religioso que ella y, políticamente, solo su padre Sargón el Grande, fundador del primer imperio humano, estaba por encima. ¿Y en Japón existió una figura similar? Pues en Japón tenemos a Himiko, reina-chamán del sol. Hay mucho debate respecto a su figura, que tiene un aspecto legendario importante, aunque las fuentes chinas la enmarcan en el s. III de nuestra era. Himiko es el primer soberano conocido de Japón y precursora del Gran Santuario de Ise. Gobernó con benevolencia y armonía en el reino de Yamatai, y fue muy respetada en el extranjero. Su autoridad no fue una anomalía, sino el ejemplo de que, antes del gran advenimiento de la cultura, filosofía y religión chinas de fuerte raigambre patriarcal, en Japón el poder político y religioso estaba en manos femeninas. Pero de eso hace mucho tiempo, y casi todo lo que sabemos actualmente sobre Himiko ha pasado por el tamiz budista y confuciano, con la ulterior contaminación. En la actualidad es un icono pop tal cual, no hay japonés que no sepa quién es. Es como si en Occidente ignoráramos la existencia de la Virgen María, harto improbable. Y sobre Himiko va esta película.

himiko2

De Masahiro Shinoda ya he escrito en el blog en un par de ocasiones, y su adaptación de Silencio, aunque no me impresionó, me acabó gustando mucho más que la de Scorsese. Cosas de la vida. Aunque perteneciendo a la misma generación cinematográfica que mi subversivo favorito, Nagisa Ôshima, Shinoda, en cambio, decidió volver su pensamiento a la tradición japonesa, y aplicar en ella nociones contemporáneas que sirvieran a su armonía, no a derrumbarla. Así las deconstruyó y volvió a recrear, pero respetando su esencia. Himiko es eso. Buscó el talento de la escritora y poetisa Taeko Tomioka para el guion, y realizó una película de belleza oscura y profundo lirismo.

La primera vez que vi Himiko no pude evitar que me recordara, a nivel formal, a una de mis películas preferidas: Sayat Nova o El color de la granada (1969) de Sergei Parajanov. Tienen la misma meticulosidad artística y una riqueza simbólica extraordinaria; la misma cadencia sosegada e idéntico lenguaje surrealista. Pero hasta ahí llegan las similitudes. Himiko se empapa de las metáforas visuales de la danza butô, y nutre de la ceremonia del kabuki. Es un espectáculo delicado que narra una historia descarnada donde se responsabiliza al amor de la pérdida del poder. Un amor, ¿u obsesión?, incestuoso y destructivo al que la mujer debe renunciar si quiere ganar la guerra. Conspiración, traición, muerte… y la interpretación magistral de Shima Iwashita. Himiko no es de las películas más celebradas de Shinoda, pero sí una de las más hermosas. Un homenaje a la pureza del shintô.

himiko1

Los que sepáis algo de cine nipón, seguro que estáis pensando que me he dejado en el tintero unas cuantas extravagancias cinematográficas. Obras como Symbol (2009) de Hitoshi Matsumoto, o la increíble La bestia ciega (1969) de, otra vez, Yasuzô Masumura, basada en una historia de Edogawa Ranpo, merecerían también añadirse a esta mi lista personal de maravillas extrañas japonesas. Y algunas más me vienen a la cabeza, ahora que estoy finalizando la entrada. Mecachis. Sin embargo, no puedo eternizarme, y este post lleva esperando desde octubre ser finalizado. Ya le tocaba al pobre, creo. Así que lo dejaremos aquí. De todas formas, si observo que gusta (lo dudo), una segunda parte no me importaría escribir. Porque material hay de sobra. De momento, nos conformaremos con estas siete honrosas cintas, que son una sugerente excursión por senderos poco transitados. Espero que hayáis disfrutado un poco al menos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Lacónicos: 3 cuentos de verano

Sinceramente, no sé si os agradan demasiado las entradas dedicadas a cortometrajes; pero como a mí sí que me encanta en general este formato y encima, fíjate tú, esta bitacora solitaria me pertenece, pues… pues que van a ir cayendo más posts del pelaje.

Los de hoy son tres cortos que tienen bastantes cosas en común. Para empezar, una duración superior a la media, de unos 20-25 minutos. También que son cuentos, de ahí que compartan un airecillo infantil, aunque ocultan temáticas más serias y maduras. Y, para rematar, las tres poseen una impronta occidental impepinable, aunque su naturaleza sea, de un modo u otro, japonesa.

Tres pequeñas obras perfectas para el estío, colmadas de gran imaginación y fantasía. La primera para beber como una limonada refrescante y dejarse llevar. La segunda, dirigida a la calma y reflexión nocturnas. Y la tercera va de los ojos directamente a las tripas, sin compasión. Todas para ser disfrutadas sin reservas y con una pincelada anticomercial la mar de saludable.

1001 nights

Mike Smith

1998

1001 nights es un viaje. Un viaje onírico al servicio de la música. Porque es la que marca la cadencia, el compás y el ritmo. Todo. El compositor fue David Newman y la pieza interpretada por la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Pero, a su vez, la música se basó en ilustraciones del siempre maravilloso Yoshitaka Amano. Detrás de esta auténtica obra de arte, hija bastarda de la Fantasia (1940) de Disney, estaba el genio imprevisible de Amano-sensei. Y aquí tenemos una simbiosis impecable entre el flujo de imágenes y música, nutriéndose mutuamente en una marea enigmática.

Con 1001 nights solo hay que hacer una cosa: dejarse llevar. A poco que se conozca a Yoshitaka Amano, se sabe lo que esperar: ensoñaciones barrocas de aroma klimtiano que desdeñan el concepto de límite. La historia se derrama con libertad, fluye veloz y filtra todas las realidades de consciencia. Es un relato de amor y erotismo, brillante, caótico, hermoso. Llama muchísimo la atención la miscelánea de estilos y texturas, donde brotan de repente añejos 3D como surgen ingenuas acuarelas, neones expresionistas o golosinas muy Chagall. Este cortometraje deslumbra ya no solo a nivel estético, sino que su profunda carga simbólica requiere introspección.

amano2

amano1

Briar Rose

Kihachirô Kawamoto

1990

Creo que he dejado claro más de una vez que soy fan acérrima de Kihachirô Kawamoto. El legado de este hombre en el mundo de la animación y el stop-motion es de valor incalculable, y de una belleza y refinamiento que muy pocas veces más se ha visto. Genio y artesaníaAquí hablo de un par de obras suyas, por si os apetece leer algo más sobre su vida.

Briar Rose o La bella durmiente, la realizó en los estudios de Praga de su mentor Jiří Trnka, el cual, tristemente, no vivió lo suficiente para poder ver una obra terminada de su discípulo. Aunque sí le transmitió lo mejor de su saber, que Kawamoto supo hacer florecer de manera tan espléndida como esta. Para ver este cortometraje hay que olvidar totalmente las versiones clásicas de Perrault y los Grimm del cuento. O quizás no, tenerlas bien presentes para que el impacto sea mayor. Se trata de una revisión bastante curiosa, y no exenta de cierta ironía. Contada en primera persona, formalmente es tradicional y de ritmo sereno; es el argumento lo que fascina. La protagonista no es un ente pasivo, ella misma nos está contando sus circunstancias, acciones y pensamientos. Y lo más importante: lo que verdaderamente se encuentra detrás de su historia, donde el sexo tiene un papel fundamental. ¡Disney, veo que te ruborizas!

briar2

Le conte du monde flottant

Alain Escalle

2001

El cuento del mundo flotante son 23 minutos de conmoción visual. Se trata de un corto que el francés Alain Escalle realizó hace 15 años mientras trabajaba en el campo de la publicidad en Japón. En su momento, al menos como yo recuerdo en Francia, tuvo cierta relevancia y cosechó varios premios y nominaciones importantes, como a los premios César. No es una obra fácil y pasada más de una década, su visionado es todavía menos sencillo. ¿Por qué? Se unen dos cosas: primero, la temática que trata es muy dura. El bombardeo de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki cambió muchas cosas, y no solo en las islas niponas. Escalle es crudo y directo en su visión de lo que fueron estos acontecimientos, a pesar de las alegorías que aparecen. Y segundo, se trata de un corto que une imagen real con CGI. La tecnología, aunque avanzada, no es ni comparable con la actual, y es un campo en el que el desfase se nota muchísimo. 

Sin embargo, es un cortometraje que merece un vistazo atento (aquí lo podéis ver completo online) y que muestra no ya solo técnicas interesantes, sino una aproximación a Hiroshima original y de vertiente artística muy pronunciada. Apenas hay texto, un par de haikus y poco más; la fuerza de Le conte du monde flottant se halla en la tremenda expresividad de su imagen: los actores, las coreografías, los colores. Para ello recurre, por supuesto, a la danza butô y a la elegancia del kabuki. Una mezcla de pasado y presente, donde el Feísmo campa a sus anchas, pero también la delicadeza. Verdaderamente inquietante.

floating

Y este ha sido el piscolabis de hoy. Cortito pero denso. Espero que os animéis con alguno de ellos… ¡o con todos! Son los tres obras notables. Cierto que demandan apagar el piloto automático, pero eso también resulta aconsejable hacerlo de vez en cuando. Por el bien neuronal y esas cosas.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

¡Venga, ronda de one-shots!

Prosiguiendo con vuestras votaciones en twitter, el siguiente post a publicar estaba dedicado al manga. Voici une liste. Los listados son de las cosicas más simples y agradecidas, y todavía no había caído ninguno dedicado a los yomikiri o one-shots. Este formato tiene sus peculiaridades y, aunque a veces se utiliza como episodio piloto de lo que más tarde puede convertirse en una serie extensa, personalmente los considero importantes. Muchas veces pasan desapercibidos o se ningunean directamente; también pueden ser solo una primera toma de contacto por parte de algunos creadores con el medio. Pero siempre tienen su interés, y no en pocas ocasiones se hallan verdaderas joyas. Como todos los aficionados al manga, he leído cientos; así que para cribar un poco el asunto, he escogido aquellos que me han dejado un poco pillada.

Mis disculpas de antemano, porque después de una entrada dedicada al terror (que no suelen gustar a casi nadie), esta va a contener alguna que otra bizarrada. Bizarrada gorda. Pero también material más mesurado. Los lectores habituales ya sabéis que SOnC sufre espasmos y convulsiones de este tipo. Aun así, para el verano no vienen nada mal las pequeñas lecturas y como bien expresaba un antiguo vecino de estas tierras: lo bueno, si breve, dos veces bueno.” Que algo debería aplicarme el cuento también, porque últimamente meto unas chapas tremendas en el blog. Necesito relajarme.

Y volviendo a los one-shots, serán pequeños pero matones. Algunos incluso pueden dejar secuelas. BWAHAHA. Mentira. Aunque no son del todo inofensivos, informados quedáis.

Hotel: since 2079

Boichi

2004

Dentro de la ciencia-ficción, es sin duda uno de los one-shots más interesantes con los que podéis encontraros ahora. Además está publicado por Milky Way, que está haciendo una labor maravillosa en el panorama del manga en español. Hotel: since 2079 originalmente fue un manhwa que luego formó parte de la recopilación que Morning editó en 2006. Aunque llega ya un momento en el que la nacionalidad del autor (coreana), donde resida y lo que haga, dan absolutamente igual. Son tebeos made in Japan y punto.

Boichi tiene un arte magnífico, casi abrumador; y lo que podría convertirse en el protagonista desplazando al guion, resulta el complemento perfecto de una gran historia. Desde el año 2079, Louis Armstrong, la inteligencia artificial que protege el legado humano, todavía se mantiene en pie. Han sido 27 millones de años de lucha solitaria, rodeado de muerte y sin noticias de nadie, absolutamente nadie. ¿Qué ha sucedido con la Tierra y las especies que la poblaban? ¿Cómo nació Louis? ¿Cuáles son sus futuros desafíos? Eso es lo que relata este manga. Y muy bien, por cierto.

louis

Abstraction

Shintarô Kago

2007

Shintarô Kago es uno de los mangakas de ero-guro más atractivos y accesibles del panorama actual. Me he pasado con lo de “accesible”, pero comparado con otros colegas del género, tiene un puntillo más… comercial. Para nada aplicable a este one-shot, por cierto. Aunque no os hagáis una idea equivocada: Kago es un completo enfermo.

Abstraction juega con las dimensiones y perspectivas, como si pertenecieran a un cubo de Rubik. Las secciones y piezas se alteran creando un caos ordenado de resultados bastante… inesperados. Porque ya no se trata solo de los mecanismos de una presentación insólita, sino de la historia que cuenta. Un argumento harto sencillo pero que se recrea en la vulgaridad de lo cotidiano para provocar una reacción en el lector. Es un manga que rompe con el espacio y el tiempo, trata deliberadamente a sus personajes como si fueran títeres y, poco a poco, va aumentando su contenido soez hasta alcanzar esas bizarradas grotescas que solo Shintarô Kago sabe fabricar. Es crudo, es cáustico, es indescriptible. Y de muy mal gusto.

shintarô

Ladybirds’ requiem

Akino Kondoh

2000

Creo que ya es hora de que se empiece a traer algo de la obra de Akino Kondoh por estos lares. Como siempre, Francia va por delante. Además actualmente está publicando un josei llamado A-ko san no Koibito (Los novios de A-ko, que son 2, por cierto), que ruego de rodillas tenga el éxito suficiente para que un alma caritativa lo escanee y traduzca. Porque la posibilidad de que se llegue a publicar la veo más bien negra tipo Cygnus X-1. Aunque quién sabe, esta moza vive en Nueva York… podría ocurrir el milagro. Pero volviendo a sus trabajos anteriores, estos poseen un tono muy distinto al de A-ko san no Koibito, porque no se dirigen a un público general, sino más bien al relacionado con el mundillo arty. Es una manera muy zaborrera de resumirlo, pero en esencia es eso. Y este Ladybirds’ requiem está incluido en la noción occidental de cómic alternativo.

¿Quiere decir eso que no lo puede leer cualquiera? Pues claro que puede leerlo todo el mundo, carajo. Ladybirds’ requiem es un one-shot precioso, con una simbología profunda: muy íntimo, muy personal. El dibujo juega con fuertes contrastes de luz y sombra; me gusta muchísimo el estilo limpio y fino de esta mujer. La historia es un recorrido interior, un pasaje onírico donde nada es lo que parece. Fascinante.

ladybird

Este es el vídeo emparentado con el tebeo, realizado por ella misma, y que en 2010 logró colocarse entre los 25 del “YouTube Play – A Biennial of Creative Video” del museo Guggenheim de Nueva York.

Misaki de bus wo orita hito

Yuki Urushibara

2004

Tranquilos, no van a ser todo marcianadas hipster o gente defecando con problemas de almorranas. Uy, vaya spoiler. Lalalá. También tenemos en la lista al encanto de Yuki Urushibara. Presagiando un poco la llegada de Suiiki y con la magia evanescente de Mushishi latiendo en la historia, Misaki de bus wo orita hito es un relato apacible y a rebosar de ese realismo mágico tan característico de la mangaka.

Cuenta la historia de una mujer y su hijo, que se dirigen a la tiendecita que regentaba su abuela en una península apartada. Allí se encuentra también la última parada de autobús, donde los pasajeros bajan a fotografiar las espectaculares vistas del mar. Algunos regresan a sus casas, otros… no. Siempre ha sido así, y Mitsuko aprendió desde niña a distinguir a esa clase de personas. Un cuento bonito y discreto sobre el suicidio, la añoranza y las nuevas oportunidades.

mush1

Hanshin

Môto Hagio

1984

¿Sabíais que estoy MUY PERO QUE MUY emocionada con la próxima publicación de Môto Hagio en Tomodomo? Creo que no lo había escrito todavía. Llevo esperándola meses, aunque parece que la cosa se va a retrasar hasta después del verano. Ntsch. Esta mujer fue, y es, muy importante en la historia del manga. Para muestra, un botón. Este Hanshin es realmente sobrecogedor.

Dos gemelas unidas por la cadera: una, hermosa y sin inteligencia, devorando lentamente a la otra, macilenta y consciente de todo. El odio, la impotencia, la compasión. Cuando la cura se presenta no lo hace sola, sino con una elección muy dura que tendrá sus consecuencias. Los recovecos psicológicos que ilumina Hagio no son triviales y, a pesar de que se trata de una historia corta, se las arregla para remover bastante las tripas.

hanshin

Goggles

Tetsuya Toyoda

2004

Tetsuya Toyoda es un maestro absoluto del slice of life. Y madre mía el arte. Me recuerda un poco al de Ryoichi Ikegami, lo cual es un auténtico halago. Tiene un aire ochentoso en esa meticulosidad realista, incluso occidental, que engancha. Una viñeta tras otra, una viñeta tras otra… es adictivo.

Goggles forma parte de una recopilación del mismo nombre, que incluye distintas historias cortas. Esta es mi favorita de todas ellas. Dura, dramática, pero sin cursilerías. Narra la historia de una niña que va a parar, repentinamente, a la casa de dos hombres solteros. Una niña que no habla, no come, no se mueve y lleva siempre unas gafas de plástico puestas. El más joven tiene curiosidad por saber qué le pasa, y su compañero de piso le comenta que es hija de una conocida suya. Y hasta ahí puedo contar, pero desde luego se trata de un relato que no tiene ni una pizca de idealización, y se desarrolla con una calma que encarna muy bien la impasibilidad general de la vida frente a las desgracias. Todo pasa, todo fluye, nada importa. El dolor es personal, no pertenece al mundo.

pachinko

I am a piano

Asumiko Nakamura

2005

No es la primera vez que hablo de este one-shot ni será la última. Yo también tengo mi corazoncito, y aunque sea una garrula asilvestrada la mayor parte del tiempo, os aseguro que mi lado sentimental emerge a veces. Con I am a piano siempre es así. Cada vez que lo releo, que se hace además en un santiamén porque es cortísimo, me brota un suspirillo desde lo más profundo del pecho. Ains.

El argumento es muy sencillito, trata de las andanzas de un piano a lo largo del tiempo. Nakamura acude a la figura de la prosopopeya, cimentando un cuento melancólico pero muy tierno. Y no os digo más, porque sería estropearlo. Fue recogido en una compilación, junto a otros quince, llamado Le Théâtre de A; y el arte es el propio de la autora, lánguido, manierista y con un remate gosurori muy evidente. Un amorcito de manga.

piano

Doraemon

Taiyô Matsumoto

1995

Supongo que si hubiera pasado mi infancia viendo Doraemon, ahora le tendría un cariño especial. Las cosas de la nostalgia, imagino. Nunca me atrajo el tipo de dibujo (donde estuviera Sherlock Hound se podían quitar todos los Nobitas del universo) y ahora que lo tengo que ver por narices con mis sobrinas (mea culpa, añado), lo odio muchomuchomucho. Y es un clásico entre clásicos del kodomo, pero me pone enfermaaaaaaaaaaaAAAAAAAaaAAAggggggGGGggghhhhhhhhhh.

Por supuesto, el que le haya pillado un ascazo del copón no me impide ver su trascendencia; y tampoco acercarme a criaturas espurias como este Doraemon de mi amado Taiyô Matsumoto. Un one-shot que toma las premisas del original y las vuelve del revés; una reflexión curiosa sobre la infancia y la madurez que despierta preguntas y, como no podía ser de otra forma, singular como solo sabe ser este autor. Muy chulo.

doraemon

Me piro. Hasta primeros-mediados de julio no estaré de vuelta ni creo que pueda acceder a internet. Dejo el ordenador aquí, el móvil-patata lo apagaré porque WIFI, si no me equivoco, no habrá en cientos de kilómetros a la redonda. Y pasando mucho de buscar, que son V-A-C-A-C-I-O-N-E-S. Desconectar forma parte del concepto. Eso sí, he dejado varias entradas programadas para que se publiquen. Espero no haber metido el patón y que aparezcan. Sed buenos y escribidme aunque sean mini-comentarios, vengaaaaaaaaaaaaajoooooooooo, me hará mucha ilusión leerlos cuando regrese.

Un abrazote para todos.

De cómo Kyôko Okazaki desterró lo kawaii y recauchutó el josei: Helter Skelter

1968. Paul McCartney andaba con la mosca detrás de la oreja: “¿Así que I can see for miles es una barbaridad de canción, con un tipo de sonido nunca escuchado antes, eh?” Y decidió investigar esos nuevos derroteros sónicos que The Who habían comenzado a transitar. “Os vais a cagar”, debió de pensar. Lo que surgió tras ese pique artístico es ya historia: la salvajada de Helter Skelter. Una tormenta de furia, caos y ruido que superó en brutalidad a I can see for miles. Pablito se debió de quedar bien descansado, harto además de que acusaran a los Beatles de que solo sabían componer moñadas. ZASCA.

Este tema es un clásico del rock imprescindible que se adelantó a su tiempo y presagió la llegada del hard rock, el punk y el noise. Pero también es conocido, desgraciadamente, por servir de inspiración a Charles Manson y su Familia para perpetrar una cadena de asesinatos entre la beautiful people del momento en Hollywood. Esas muertes, junto al desastroso festival de Altamont, marcaron el principio del fin de esa idílica fase hippie de los 60’s. Kyôko Okazaki siempre tuvo inclinación por todo lo relacionado con serial killers como Ted Bundy, así que no fue una extravagancia frívola el titular uno de sus mangas más importantes así, como esa feroz canción de los Beatles que espoleó la imaginación del líder de una secta asesina.

Lamento mucho tener que usar el perfecto simple con Okazaki porque, a pesar de que sigue viva, sufrió un accidente en 1996 que la dejó con unas secuelas tan severas que no ha podido volver a coger un lápiz. Tenía 33 años y el responsable fue un conductor borracho que se dio a la fuga. Acababa de finalizar su manga Helter Skelter, que publicaba Feel Young. Estuvo en coma profundo un tiempo, y su última aparición pública fue en 2010, durante un concierto de Kenji Ozawa, en silla de ruedas. A partir de entonces, silencio.

599112
Kyôko Okazaki

Aunque no ha podido desarrollar una carrera extensa, sí ha resultado lo bastante trascendental e impactante para que se la considere una de las mangakas más importantes del mundo del josei. Asentó bases y abrió puertas; pero sin duda también el trabajo previo del Grupo del 24 ayudó muchísimo a Okazaki. Se puede decir que es heredera de ese espíritu inconformista que deseaba romper las barreras del género (y de su género) para introducir nuevas temáticas. No todo tenían que ser historias de adolescentes enamoradas en el instituto; no todo tenían que ser aventuras de mujeres jóvenes en busca del amor y un marido. Las demografías shôjojosei merecían un tratamiento mejor, sus lectores merecían un trato mejor. La realidad es compleja, los intereses de cada individuo son distintos, generalizar en exceso crea estereotipos que arraigan todavía más los constructos sociales obsoletos. Quizá en Occidente lo tenemos un poco más claro, pero en Japón no tanto. Por eso la aparición de creadoras así fue, y es, algo tan importante.

Okazaki además plasmó de manera objetiva las inquietudes de su generación, que se había criado en un Japón entregado al consumismo enloquecido, al hedonismo, la avaricia, el culto al cuerpo, etc. Un boom de hiperabundancia, los happy eighties, que escondían tras de sí un gran vacío interior, soledad y melancolía. Okazaki supo canalizarlo todo con dolorosa precisión. Introdujo en sus obras temáticas consideradas impensables hasta entonces para el público femenino: drogas, prostitución, violaciones, asesinatos… Vertió sobre el papel un mundo que estaba ahí (y lo sigue estando), sin paños calientes, lo que le hizo ganarse el apoyo y admiración de miles de personas. Okazaki ya no pensaba en el género de su público, sus mangas brotaban de una honestidad feroz y se dirigían a ambos sexos. Hasta en la actualidad su influencia es patente (reconocida además) en artistas como Inio Asano o Asumiko Nakamura, porque su arte y mensaje siguen muy vigentes. Se adelantó a su tiempo, como la canción.

llico3

Las obras de Okazaki en Occidente no han tenido ni una publicación ni difusión a la altura de su relevancia y calidad; aunque en Francia se han preocupado un poquitito más. Nada nuevo bajo el sol. Este año tenemos la enorme suerte de que Tomodomo nos traiga a Môto Hagio; y son precisamente estas pequeñas editoriales las que se están arriesgando más al publicar mangas de contenidos y autores que (gracias a Luzbel) no son solo los superventas entre adolescentes. Este Helter Skelter es su obra más célebre y un buen comienzo para hincarle los colmillos a su estilo. Como ya habréis deducido, está dirigido a un público adulto y es un tebeo muy crudo. No fue hasta el 2003 que la familia permitió su edición en un tankôbon; y al año siguiente recibió el Grand Prize del Premio Cultural Osamu Tezuka.

Helter Skelter se lee en un periquete, son únicamente 9 capítulos. Pero conforme avanza, es perfectamente comprensible tener la sensación de estar leyendo una historia de terror. No hace falta que pululen yûrei en las páginas de un manga para que se pongan los pelos como escarpias. La misma realidad, si se quiere mirar, puede ser horrible. MUY. El título tiene la coletilla de fashion unfriendly, indicando en qué mundo va a desarrollarse la acción: el de la moda.

Celebrities are often found to be extremely fascinating…

because celebrity is like cancer; a type of deformity.

Ririko es una supermodelo que copa todas las portadas, hace sus pinitos como actriz incluso le da al j-pop, porque está en la cresta de la ola. Nadie es más hermosa que ella, nadie genera más interés en la prensa rosa. Es la reina. Detrás de ella está su representante, a la que llama “mamá”, que controla y dirige todo aspecto de su vida. Ha sido realmente “mamá” la que hizo de ella el perfecto frankenstein de la belleza, acudiendo a una exclusiva clínica de cirugía estética cuyos métodos consiguen resultados asombrosos. Muy pocas clientas pueden permitirse sus carísimos tratamientos, que requieren además de cierto mantenimiento posterior.lilico5

Lo que nadie sabe es que Ririko es en realidad una adicta a esa clínica, y que su existencia es un torbellino de trabajo duro y frivolidades sin fin que la están volviendo loca. Es un falso ídolo, en lucha paranoica por continuar en la cima y sobrevivir a sí misma. Por eso la llegada de una nueva modelo a su agencia, Kozue Yoshikawa, más joven, natural e independiente, son el escarnio que marca su declive profesional y personal. De manera casi paralela, el investigador y abogado Asada comienza a atar cabos respecto a esa clínica tan misteriosa y los suicidios de unas mujeres jóvenes. Su gran intuición, muy al estilo del agente Dale Cooper (también su personalidad y gusto por el café), lo llevan a relacionarla con Ririko, por la que siente una extraña atracción.

El retrato de Ririko que hace Okazaki es admirable, penetrante, lúcido. Una mujer sin moral, egoísta y profundamente infantil. Un juguete roto que se sabe consciente de su triste papel y aun así, patalea. Hada, por otro lado, es la representación de la fémina gris y discreta. La clásica asistente de superestrella que ve cómo su vida entera es engullida y triturada por Ririko. Aparecen paulatinamente más personajes, todos ellos interesantes y que aportan su granito de arena indispensable para componer un cosmos siniestro y retorcido. No es sorprendente entonces que Okazaki buscara su inspiración en artistas como Helmut Newton (1920-2004), que de forma tan extraordinaria había sabido plasmar el glamour del mundo de la farándula y la moda; o reflejara con descaro en sus trazos a iconos femeninos como Edie Sedgwick o Twiggy. Las referencias cinéfilas, como esa alusión a la maravillosa Sunset Boulevard (1950) que os recomiendo YA a todos, y que trata la decadencia de una gran estrella del cine mudo (mi adorada Gloria Swanson), son muy oportunas y ayudan a perfilar la atmósfera de un mundillo putrefacto.

helmuthelter
Newton vs. Okazaki

Es un crítica cruel, también una exposición sin ambages, de lo que es una parte de esa trampa del mundo femenino: la búsqueda y mantenimiento de la belleza eterna. La belleza como única forma de poder tolerada socialmente. Tolerada y alentada, porque no es una amenaza dada su naturaleza pasajera. Y encima es la virtud más apreciada. La obsesión por el físico es absorbida hasta por estudiantes de secundaria, que respiran esas exigencias sobre la apariencia y contribuyen a su conservación. Pues es todo el sistema el que la ampara y se nutre de ella también, ya que el volumen de dinero que mueve es importante. Y son, para más inri, las propias mujeres las que se convierten en severas guardianas de esa trampa, de esa cárcel. Es perfecto.

Ririko, como suma sacerdotisa de ese culto, es un verdadero monumento al vacío envuelto de artificios. Poco en ella es ya real, la protagonista va dejando de ser persona para difuminarse en un ideal informe e inalcanzable para el público (que la olvidará); y por dentro desintegrarse en cientos de retales conformados por el grave deterioro psicológico y el abuso de drogas y cirugía. Ririko es una cosa, una quimera. En realidad un monstruo que se desmorona. Y extiende su liturgia como un virus, infectando y destruyendo a cualquiera que se acerque. No puede evitarlo.

lilico4
A Okazaki no le gustaba Twin Peaks.

La estructura narrativa, como buena obra posmoderna, es alterada de su disposición básica lineal cuando las emociones lo requieren. Okazaki dosifica la información, juega con ella para mantener el suspense de forma sabia y algo sádica también. No teme usar recursos más arriesgados procedentes del simbolismo o el surrealismo, lo que hace la lectura bastante atractiva. Y todo ese universo turbio está reflejado mediante un arte muy peculiar. Tiene un falso aire amateur, una simplicidad engañosa de líneas limpias, que expresa con habilidad toda la complejidad de Helter Skelter. El dibujo parece que fluya como una serpiente, y bebe de los años 60. Un estilo que luego he visto emulado en otras mangakas como Rikako Iketani, pero sin alcanzar ese dislocamiento tan poco comercial (pero fascinante) de Okazaki.

Admito que los dos últimos capítulos no están tan bien hilvanados como el resto, pero su estupendo desenlace disculpa ese traspiés. Helter Skelter huele a noir, pero también a serie B, en algunos momentos es inevitable preguntarse si lo que se está leyendo es plausible o no. Porque la enajenación alcanza niveles alucinantes… pero lo peor (o lo mejor) es que sí que es real. Lo que Okazaki cuenta lo hemos leído y visto con otros nombres y en otros países por la televisión, la crónica de sucesos, las revistas del corazón o incluso en los periódicos. No nos es ajeno, sabemos que existe. Es un mundo del que solo atisbamos la superficie, pulida y sonriente, que en ocasiones deja entrever algún diente podrido, pero cuyos entresijos son un auténtico cenagal.

lilico6

¿Recomiendo este manga? No es que lo recomiende, pienso que es imprescindible. Esta autora, como escribo en el título, apartó lo kawaii y otorgó al josei una serie de valores que eran ya necesarios. No lo hizo ella sola, claro, pero fue, y es, una de las cabecillas principales de ese proceso de madurez en esta demografía. Y una de las autoras menos accesibles, porque las temáticas que tocaba no eran precisamente comerciales. A pesar de todo, triunfó.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

A space punk cat Odyssey

Me voy a dar una pequeña tregua de tanto shôjo infumable con una marcianada de las que me gustan. Es un encanto de película animada, se trata de Tamala 2010:  A punk cat in space (2002). Gatos, ciencia-ficción, sociedades secretas, ultraviolencia… ¿he dicho que salen gatos? También perritos. Y una humana bastante rara. Para variar, me estoy adelantando.

tamala1

Esta que veis aquí es Tamala, una gatita de un año y medio que vive en Cat Earth pero que, aburrida de su vida y harta de su madre humana (que tiene una serpiente enrollada al cuerpo, por cierto), decide coger su nave espacial y dirigirse a Orión. No sabe muy bien la causa, pero siente una extraña atracción por la constelación. Cree que ahí está el planeta donde nació en realidad. Las cosas no son tan sencillas y, tras unos serios problemas técnicos provocados por un extraño ataque, se ve obligada a desviarse al planeta Q, bastante menos civilizado que Cat Earth. Allí, con la ayuda involuntaria de un gatito pijo, Michelangelo, llega a Hate City, donde el caos y la violencia reinan en un ambiente marginal. Existe una reducida parte de la población que sí vive bien, a la cual pertenece Michelangelo, pero se trata de una sociedad estructuralmente muy descompensada. Y salvaje.

¿Todo claro? ¿Sí? Pues no. Rewind, please.

Año 2010, Meguro (Tokio), Cat Earth. El conglomerado empresarial Catty & Co. es dueño del 96% del PIB planetario. Su dominio es casi absoluto, pero el suyo ha sido un largo trabajo de fondo… de siglos, literalmente. Detrás de Catty & Co. hay mucho más que una temible y descomunal maquinaria económica. Detrás de Catty & Co. y su capitalismo brutal que devorará el universo, existe una filosofía despiadada en la que se concibe la existencia del cosmos como un ciclo en donde el caos y el orden (entropía) son dirigidos por la voluntad. La voluntad de un culto mistérico cuya deidad principal es la diosa Tatla, solo visible a través de los sueños, en el magma del inconsciente colectivo. Esta religión secreta, que busca la destrucción del universo para su recreación posterior, siempre ha operado para extender sus tentáculos y engullir lo que sea menester, a través del servicio de correo (aquí nadie ha leído The Crying of Lot 49). Esa es la señal de la implacable colonización posterior.

tamala4
Detalle de la constelación de Orión en un antiguo fresco gatuno

Bien y, ¿qué tiene todo esto que ver con nuestra querida Tamala? Pues todo. Tamala es una gatita rebelde, con fuerte personalidad y gran capacidad de adaptación a las circunstancias. Un espíritu libre, algo voluble e inconsciente, pero extremadamente intuitiva. Quién es ella en realidad, por qué la espía y persigue Catty & Co. y la razón de que le esté impidiendo llegar a Orión, es algo que no puedo contaros. El enigma de su existencia, que ella quiere desvelar, se convertirá en la obsesión futura del profesor Nominos, un perro de avanzada edad que se dedica a impartir ominosas conferencias en las universidades. Este hará una visita enigmática al pánfilo de Michelangelo, poniéndole sobre la pista de algo inimaginable. Tamala tiene recuerdos fragmentarios, fobias que la acosan en sueños y la constante presencia en ellos de una enorme gata robótica. Y no solo ella, los niños y adolescentes también.

tamala3

El mundo que presenta Tamala es deliberadamente kafkiano: lleno de crueldades absurdas, personajes de obsesiones enfermizas, situaciones surrealistas y una profunda alienación social. Existencialista a tope. Ahí tenemos, por ejemplo, al pastor alemán Kentauros, ofuscado hasta la demencia con la ratita Penélope, a la que mantiene encerrada contra su voluntad en una jaula, maltratada, y a la que también suele fotografiar en plan bondage. Kentauros siente una pasión fetichista por toda la parafernalia militar y policial, ama recorrer Hate City en su moto acompañado de jóvenes marineros y busca camorra hasta la muerte. Aunque parezca un personaje random, no lo es. Sirve perfectamente para expresar la esencia de una ciudad en manos del terror y, por supuesto, es el catalizador de una serie de eventos indispensables. Todo este ambiente turbio y malsano del planeta Q, y el altamente tecnológico y mercantilizado hasta la náusea de Cat Earth, contrastan, intencionadamente, con un arte cándido y puro. Y es muy útil a la hora de asimilar asuntos tan cruentos.

tamala9

La evolución del argumento es clásica, al menos en su cadencia; pero tiene una disposición circular que alude al concepto de eterno retorno implícito en la ideología del culto a la diosa Tatla. Y el dogma de la inmortalidad del alma. Esto, unido a ciertas divergencias temporales, puede confundir un poco si no se presta algo de atención. Algo. No es un anime ligero, pero tampoco la gran complicación del milenio, se sigue muy bien. ¿Es Tamala una crítica al capitalismo? Sí, lo es, pero conformarse con esa reflexión sería superficial. La intención de este anime no es un mero reproche económico o político, es bastante más. Refleja muchos de nuestros parámetros sociales desde una óptica claramente negativa y su intención, además de hacer reflexionar, es dejarte mal cuerpo. Así, claramente. Joderte la cabeza. Pero que eso no os amedrente, hay que ser un poco valientes en la vida, señores, y el viaje que propone Tamala bien merece recorrerse. Sobre todo si gusta la sci-fi o apetece algo distinto del anime estándar.

tamala6

Tamala fue llevada a cabo por dos personas desconocidas (bajo el nombre de t.o.L.) de manera independiente, por lo que el presupuesto no fue demasiado alto. Aun así, se las ingeniaron para, con unos medios básicos, crear un producto visualmente decente (tampoco para echar cohetes) y contenido atractivo ( y conseguir de seiyû a Takeshi Katô, t-e-c-a-g-a-s). Estamos hablando de que emplearon animación flash y una parte más reducida de CGI.  Es lo que hay, no se le pueden pedir peras al olmo, aunque ya he aclarado que el resultado es bastante aceptable. El CGI es lo más flojo con diferencia, pero tampoco abunda.

Sin duda, supieron sacar partido bien a sus recursos. Utilizando de base dibujo en blanco y negro que evoca tiempos pretéritos de la animación, lo diluyeron en una dinámica más propia del cine o el mundo del videoclip. Ahí tenemos las influencias claras de Félix el Gato o, sobre todo, el Astro Boy de Tezuka. Un dibujo de diseño muy sencillo, elegante e infantil; pero también observamos a Stanley Kubrick en los planos, en el movimiento refinado, en su mecánica general. Es innegable la presencia de 2001: Una odisea del espacio (1968), La naranja mecánica (1971) o El Resplandor (1980). La iconografía que aparece también es un homenaje a la cultura pop occidental más recalcitrante: Andy Warhol, Diane Arbus, los spaghetti westerns de Clint Eastwood… Y el trasfondo es heredero del espíritu posmoderno y conspiranoico de Thomas Pynchon.

identicaltwins
“Gemelas idénticas. Roselle, N.J.” (1967) de Diane Arbus

¿Merece la pena ver este largometraje animado? Es lo que me pregunté a mí misma antes de abordarlo. La cuestión aquí es que, de momento, se trata de un proyecto fallido. Tamala 2010: A punk cat in space forma(ba) parte de un plan más ambicioso, una trilogía donde se pretendía desarrollar en profundidad el argumento esbozado, así como una serie para la televisión. No sabemos por ahora nada; si alguien tiene noticias frescas, las puede poner en comentarios. Lo que sí apareció en 2007 fue una OVA, Tamala on parade, y tres cortos más en su versión DVD, que no he podido conseguir por ningún lado en algún idioma que sea capaz de entender.

Por todo esto, y a pesar de que fue muy aclamado y premiado en el Fantasia-fest de Montréal en 2003, dudaba en lanzarme a verla. No quería quedarme con un palmo de narices, con los dientes largos esperando toda frustrada una continuación. Es algo que detesto. Pero, como estáis comprobando, la curiosidad me venció y claudiqué. No me arrepiento. Cierto que da penilla no poder saber algunas cosas, pero por sí misma Tamala 2010: A punk cat in space es una obra completa y autosuficiente.

tamala2

¿La recomiendo? Pues teniendo en cuenta ya todo lo que he escrito, allá cada cual. No se le pueden exigir ciertas cosas, hay que tenerlo presente. Pero ni es producto hueco ni demasiado deshilachado. Es entretenido, muy duro en ocasiones, que precisa de la atención del espectador y hace cavilar, lo que también es importante. Su sentido del humor es cáustico, quizá no del gusto de todos; pero el ritmo no decae en ningún momento y resulta, en general, una película agradable a pesar de su evidente singularidad. Sorprende para bien.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Tránsito VII: La Casa

Y tras un fin de semana en el que he masacrado mi salud en pro de la música y el periodismo, creo que me veré capaz, tras haber dormido 19 horas seguidas, de finalizar por fin los Tránsitos con un broche de oro. Un colofón que, como todos los anteriores, importará un carajote al espectador de anime medio. Pero, por supuesto, no es óbice para que tengáis ante vuestros ojos esta estupenda reseña dedicada a una de las deformidades y bizarradas máximas que ha parido el mundo del cine: Hausu (1977). Podéis huir, no os guardaré rencor. Esa X de la esquina derecha os reclama, lo sé. Los imprudentes que decidan ignorar esa llamada, por favor, que me sigan bien agarraditos de la mano sin separarse. Esta película es de miedo. En todos los aspectos.

hausu

Tenía pensado escribir sobre Hideshi Hino y su Panorama Infernal (1982), Death Sweepers de Shô Kitagawa y alguna cosilla más, pero al final el tiempo se me ha echado encima. Los dejaré para más adelante. Imagino. Porque tampoco quiero saturar demasiado el blog con terror. Al menos de forma tan continua.

Y como ya hemos dejado atrás estos días tan macabros, nada mejor que tocar las narices un poco con este remate final. Conforme vayáis leyendo, lo comprenderéis. Hausu no tengo, después de haberla visto tropecientas veces, ni puta idea de cómo clasificarla. Ni siquiera de cómo realizar una reseña en condiciones, os aseguro que es un reto de verdad. Así que comenzaré por lo fácil, que es hablar un poquito de su director, Nobuhiko Ôbayashi, para intentar comprender las razones de la existencia de algo como Hausu.

hausu3

Nobuhiko Ôbayashi (1938) no había realizado todavía ningún largometraje hasta Hausu. Pero no era un novato, provenía de la escena de cine experimental de Tokio. Este hombre no fue, ni es, un don nadie, alternaba con gentuza como Takahiko Iimura, Yôko Ono o Genpei Akasegawa. Un artista pionero, también pianista, que trabajó más adelante en comerciales televisivos, donde introdujo innovaciones importantes. De hecho se hizo bastante célebre en el campo de la publicidad, dirigiendo más de 2000 anuncios con estrellas como Catherine Deneuve, Sophia Loren o Charles Bronson. A Ôbayashi le gustaba crear nuevos conceptos y sorprender, y es lo que hizo durante ese tiempo… hasta que Tôhô llamó a su puerta para que trabajara en un producto que respondiera al gigantesco impacto que había supuesto Jaws (1975) de Steven Spielberg. Pero Ôbayashi no era el estadounidense, y tenía otra manera de concebir el terror palomitero. El guion de nuestro amigo no encontró un director dispuesto a llevarlo a cabo así que, a pesar de que Ôbayashi sí quería dirigirlo, tuvo que esperar dos años hasta que Tôhô claudicó. La conclusión del estudio fue que estaban hartos de tirar dinero con películas comprensibles, por lo que ya estaban preparados para el guion completamente incomprensible de Ôbayashi. Todo muy razonable.

(Es Charles Bronson, TENGO que ponerlo)

El argumento de Hausu es de las cosas más trilladas que existen dentro del cine de terror. Cuadrilla de adolescentes incautas que deciden pasar un fin de semana en una casita en el campo. Y esa casa, por supuesto, se halla encantada. Pero claro, topamos con la no poco significativa variable de que es un producto nipón. Y detrás no hay un japonés cualquiera, además. Y que parte del guion lo escribió la hija de 7 años de ese japonés. Un cúmulo de circunstancias que hacen de Hausu, a pesar de su historia más sobada que una barra del metro, un producto extraño y alucinante. No sabes si reír, llorar, cagarte en los muertos de Ôbayashi o indignarte. Es desconcertante a la par que absorbente. Eso sí, obligatorio no tener prejuicios.

El padre de Gorgeous (toma nombre, Oshare en el japonés original) es un famoso compositor de cine que se codea con el mismísimo Ennio Morricone. Tras ocho años viudo, decide volver a casarse con una bella diseñadora de joyas, lo que para Gorgeous resulta una traición a su madre. Enfadada y triste, escribe a su tía para pasar unos días de las vacaciones de verano, junto a su grupo de amigas, en la antigua casa de su mamá en el pequeño pueblo de Satoyama. Mientras redacta la carta, una misteriosa gata blanca aparece en su habitación…

hausu5

Cuando están viajando en el tren, Gorgeous, mediante un flashback bastante original, cuenta la historia de su madre y su tía. El amor, la guerra, la bomba atómica… un relato indispensable que explica muchas, muchas cosas de las que suceden. Y que no dejan de tener una raíz muy tradicional; el folclore y budismo japoneses se huelen por todas partes.  Y así, en un entorno idílico que casi da un poco de vergüenza ajena por lo que recuerda a Heidi: Girl of the Alps, nuestras intrépidas y alegres protagonistas llegan al pueblecito. Todas ellas tienen motes, a cada cual más doloroso, que indican el arquetipo que representan: Melody (fanática de la música), Fantasy (miedosa e imaginativa), Kung Fu (valiente y amante de las artes marciales), Sweet (ama de casa perfecta), Mac (solo piensa en comer), Gorgeous (fashion victim vanidosa) y Prof (la inteligente gafotas). Muy pronto, y ya en la casa, el ambiente se percibe enrarecido y la tía de Gorgeous resulta algo extraña (una especie de Miss Havisham). Salvo Fantasy, las jovencitas ignoran todas las “señales” como auténticas zopencas. En realidad todos en el film se comportan como si tuvieran coágulos cerebrales, para qué engañarnos… todos menos la gata. Y Hausu va oscureciendo su registro paulatinamente, sin perder de vista para nada el halo candoroso. Evoluciona con fluidez hasta convertirse en un sindiós con un final muy a la japonesa.

hausu8

Existe un trasfondo sentimental bastante potente, lo que le otorga cierto aire de melodrama. En realidad Hausu es una historia de amor, de cómo la melancolía puede convertirte en un verdadero monstruo que devora la vida. Es un relato habitual en el folclore japonés sobre la falta de control en las emociones y deseos, anclando las almas sin permitirles avanzar. Nada nuevo bajo el sol, el corazón humano se pudre.

Tampoco hay que negar que la ingenuidad que destila a veces es insultante. Pero se debe tener en cuenta también que gran parte de los actores no eran profesionales, fueron en su mayoría modelos de publicidad con los que había trabajado Ôbayashi. Todo esto unido a su estrafalario modo de trabajo, transmite sensaciones bastante inesperadas y contradictorias. La mezcla de imagen real con animación es sorprendente y, junto a algunos recursos de tipo cómico, hacen que te plantees si esta película es una genialidad o un adefesio. Pero es la tremenda imaginación que colma la cinta de manera inteligente, la que capitanea y obliga al espectador a no despegar la mirada de la pantalla. Porque, ante todo, Hausu es horriblemente divertida. ¿Se trata de una parodia del género de terror? Sí, indudablemente. Se ríe, en primer lugar, de sí misma. Machaca clichés muy evidentes a los que ahora estamos acostumbrados pero que en los años 70 no lo eran tanto. Debió confundir bastante al personal en su momento, de hecho muchos de los tópicos que aparecen fueron una triunfada en el cine de terror norteamericano posterior de los 80.

hausu4

Hausu es enternecedora, por mucha sangre que haya (tampoco tanta), violencia o patadas voladoras. Mezcla todo tipo de efectos (cromas, slow motion, cortinillas…), planos inusuales (holandeses, cenitales, etc), una gama de colores básica muy viva (casi infantil), recursos del pop-art, la psicodelia… y todo sin complejos. Destaca muchísimo esa combinación de Occidente con Japón. El resultado, que ha sido emulado hasta la saciedad, es completamente alienígena. Y a ratos hortera, aunque siempre interesante. Todo este batiburrillo de apariencia incoherente en realidad sigue la lógica de un director que ha trabajado en el avant-garde y el mundo de la publicidad televisiva. Lo que hace Ôbayashi es aplicar su experiencia en esos campos en Hausu, no hay más misterio. Es el resultado lo que deja con el culo torcido. Por momentos se convierte en una orgía visual indescriptible y surrealista pero, ojo, no incomprensible. Hausu es asequible, no está enfocada a un espectador elitista. Su target eran adolescentes.

hausu2

Hausu es una película muy fácil de ridiculizar, incluso despreciar. Sobre todo si uno espera ver un producto normal. Y no lo es. De convencional no tiene nada. Lo fácil es criticarla por su candidez argumental, sus efectos especiales deliberadamente chocantes o que la función de provocar miedo no se cumple del todo. Eso sería lo más sencillo, valorarla de manera superficial y desde una óptica contemporánea. Yo tengo serias dudas sobre si considerar este film una mierda absoluta o una obra maestra. No soy una experta… aunque tampoco confío demasiado en la crítica especializada, la verdad. Para mí Hausu es algo sin definición todavía, inenarrable. ¿Me gusta? ¡Oh, sí! ¡Me encanta! Y lo paso muy bien cada vez que la veo, no me cansa ni aburre. Además sale Isis. ¿La recomiendo? Pues depende de la persona, y ya no solo por el género en el que está circunscrito. Hausu es mucho Hausu.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Maruo no sonríe

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de escribir una breve reseña (“breve”, esperad que cojo aire para reírme a gusto JAAAAAAAAAAAAJA) sobre un manga que creo que es bastante conocido. Conocido para bien o para mal, es un clásico. Quería hacerlo además porque resulta ser uno de mis tebeos predilectos. En realidad soy muy fan del autor, Suehiro Maruo, y el manga al que me refiero es La sonrisa del vampiro. Hace unos años hablé de él en un programa de radio donde solía colaborar, pero no pude explayarme todo lo que me hubiera gustado ya que tenía un tiempo límite. Así que me voy a quitar esa espinita.

Avisar contundentemente que este tebeo no es para todos los públicos, como en general no lo es tampoco la obra de Maruo. Si eres de temperamento sensible, no toleras bien los contenidos explícitos o simplemente no te gusta el ero-guro, puedes parar de leer y alejarte todo lo que puedas de este autor. Suehiro Maruo es capaz de joderte la cabeza de por vida con solo una viñeta. Y no estoy exagerando ni un ápice. Los que conozcan un mínimo a este mangaka lo saben bien. Si no te suena de nada (sería raro), date por advertido, querido lector.

Sé perfectamente que no va a ser una entrada popular (tampoco lo es esta bitácora, sois pocos los que entráis y os agradezco más de lo que imagináis vuestra atención); pero como otras veces he escrito, este blog es mío, expresa en cierta manera lo que soy… y no encuentro motivos lógicos para inhibirme. Me gusta el terror y me gusta Maruo, con lo que esta reseña era inevitable. Aunque ya se haya escrito de este tebeo hasta el vómito, me da igual.

La sonrisa del vampiro

笑う吸血鬼

1998-2004maruo1Adentrarse en la obra de Suehiro Maruo es penetrar en un universo de riqueza visual abrumadora y, a la vez, de horrores indescriptibles. Una de las primeras cosas que llaman la atención es su bello estilo clásico (incluso ingenuo), de entintado límpido, pero que se embelesa en un preciosismo asfixiado por un culto al detalle casi paranoico. Todo bajo una potente luz expresionista, mostrando de manera implacable crueldades y aberraciones. Cautiva y repugna a la vez, de ahí que sea tan fascinante. No es complicado rastrear sus influencias, que beben directamente del Muzan-e de la transición Tokugawa-Meiji.

"Eimei nijûhasshûku" de Tsukioka Yoshitoshi (1867)
“Eimei nijûhasshûku” de Tsukioka Yoshitoshi (1867)

Pero Maruo no se queda solo ahí, a lo largo de los dos volúmenes que conforman este manga, nos muestra, a través de pequeños homenajes, su admiración por obras de arte occidentales que abarcan desde Los desastres de la Guerra (1808-1814) de Goya, pinturas de artistas simbolistas como Arnold Böcklin (La Plaga, 1898), George Frederick Watts (Esperanza, 1886) o puntadas directas al surrealismo (Le Plaisir de René Magritte, 1927). De hecho, el influjo surrealista del Buñuel más enajenado incluso Fellini, se huele por doquier en multitud de pormenores. Por no hablar del gusto de Maruo por el teatro de Bertolt Bretch o la etapa finisecular del Grand-Guignol parisino, del cual extrae la esencia más deshumanizada y decadente.

Vamos, que no es un diletante precisamente, y ha introducido en La sonrisa del vampiro todo aquello que ha considerado adecuado para adornar este cuento macabro. Porque es un cuento gótico a la antigua usanza, donde intenta profundizar sobre la naturaleza del vampiro. Para ello Maruo cubrirá varios frentes: el del vampiro convertido, el del que surge de manera espontánea y el del que nace. El autor no ofrece nada nuevo pero siempre, y digo SIEMPRE, es un placer (re)encontrarse con los monstruos de verdad y no mariposillas lastimeras espolvoreadas con purpurina.

maruo2

El primer volumen, comparado con el segundo que es un auténtico festival desenfrenado, es mucho más sobrio. Tiene una estructura dual, donde se contrastan dos aspectos diferentes de la brutalidad. Es el comienzo del cuento, de cómo el protagonista principal masculino, Kônosuke Mori, es elegido por una anciana vampiro para ser su compañero y transmitirle su legado. Esta le cuenta su historia, en un Japón derrotado y deshecho tras la II Guerra Mundial, sobre su supervivencia robando a los muertos (casi como una ghouleh) y, al ser descubierta, su asesinato por una turba. Pero la muerte no la acepta, convirtiéndose en un vampiro. La realidad en la que se desenvuelve Kônosuke, incluido su entorno escolar, no es mejor; y Maruo pone especial énfasis en una sociedad corrompida hasta médula donde el egoísmo y las bajas pasiones son ley. La violencia y el sexo juegan un papel muy importante, sobre todo este último aspecto, que se ve reflejado en el personaje de Runa Miyawaki, que observa asqueada la prostitución encubierta de sus compañeras de clase, lo que la lleva a una represión de su propia sexualidad ante tanta concupiscencia. Runa considera a los que la rodean vampiros, y no tarda en ser contagiada de la peor de las formas: violada por un payaso inspirado en la figura del asesino múltiple John Wayne Gacy.

Y por otro lado tenemos a Sotoo Henmi, alumno del mismo centro que Kônosuke y Runa, estudiante modélico pero un psicópata de tomo y lomo; incapaz de empatizar con nadie y obsesionado con la muerte. Lleva un diario donde meticulosamente describe sus fechorías (incendios, matanzas de animales, etc), revolcándose en su cieno narcisista. Cuando los crímenes cometidos por un Kônosuke desbocado saltan a la luz pública, Henmi se siente espoleado a actuar de manera más directa y perfeccionar su ideal enfermizo de muerte. Su víctima es Runa que, ¿afortunadamente?, es recuperada por Kônosuke para hacerla su consorte.

maruo3

El segundo volumen retoma directamente la historia, explicando los dilemas morales de la naturaleza vampírica, sobre todo a través de Runa; y añade más personajes que enturbian lo que en principio era un argumento más lineal. La sonrisa del vampiro 2: Paraíso es una explosión, con los beneficios e inconvenientes que eso conlleva. Al diversificarse el hilo, tiende al caos y no profundiza tanto, llegando a ser caricaturesco (se nota que esa es la intención de Maruo, no obstante); lo grotesco alcanza cimas increíbles, y toparse con una Renfield infantil es desgarrador. El tono es mucho más exacerbado y aparecen ligeras incoherencias, pero nada serio. Se sigue haciendo hincapié en la idea de que tanto humanos como vampiros son semejantes en depravación. Desde mi perspectiva, no llega al nivel del primer tomo y está algo desaprovechado; tampoco se obtienen resoluciones en temas importantes, pero aún así continúa siendo un buen manga. El arte es maravilloso, las referencias tan típicas de Maruo al período temprano Shôwa, la poesía de Kinoshita Mokutarô o al cine clásico de terror siguen haciendo de esta obra algo realmente especial. Los recursos estilísticos son similares a los del primer tankôbon, con una fluidez cinematográfica extraordinaria, que ahondan en esa sensación de estar viviendo una pesadilla de la que no se puede despertar.

maruo4
¿Max Ernst? No, Suehiro Maruo

El que encasille este tebeo de sencillamente gore no tiene ni idea. Eso es quedarse en la mera superficie, pero también es cierto que ese envoltorio gore hace muy difícil que a un no-adepto al género le pueda llegar a gustar. Porque hay mucha sangre. Mucha casquería. Mucha atrocidad. Pero hay una historia detrás, la ferocidad no es tan gratuita. El ambiente que se respira continuamente es insalubre, una demencia exquisita y horrible que angustia tanto como se disfruta. Pero es que las obras de Maruo, en realidad, son un descenso insondable al Maelström, para qué engañarnos.

Buenos días.

奇妙な日本

Es un poco absurdo hacer notar que los niveles de bizarrismo en Japón siempre han alcanzado cotas propias de los Sputnik, sobre todo a los ojos de Occidente. Por supuesto, estas extravagancias y rarezas varias han sido plasmadas en numerosos mangas y animes sin ningún tipo de pudor; y se exportan con una candidez y esmero admirables. Es algo que me encanta, esa completa desvergüenza que tienen los japoneses para concebir todo tipo de desvaríos y convertirlos luego en productos hasta rentables. Hay decenas de miles de ejemplos que acreditan que la sinapsis neuronal de los japoneses es distinta a la del resto de humanos del planeta (dicho esto con todo mi amor, que conste).

También hay que aclarar que el bizarrismo tiene un componente subjetivo importante, por eso la siguiente lista que he confeccionado, donde incluyo las 5 animaciones más extrañas con las que me he topado, lo son desde mi perspectiva y experiencia. Seguro que existen series y películas más marcianas que las que incluyo en mi top; y si quieres contribuir con tu granito de arena, siéntete libre de añadir lo que consideres adecuado en los comentarios. Los amantes del disparate y la dementia como yo te lo agradecemos.

Arakawa under the bridge

荒川アンダー ザ ブリッジ

(2010)

arakawa

El anime dadá. Tristan Tzara habría llorado de felicidad viendo esta serie. Puntualizo que solo he visto la primera temporada, con la segunda no me he atrevido. Porque, aunque a nivel visual es creativa y fulgurante (tanto que deslumbra) y su sentido del humor es atrevido y completamente descabellado (como a mí me gusta), tengo que reconocer que en general me satura. Ese aire surrealista que podría recordar a los mejores Monty Phyton, atiborra porque cabalga a un ritmo demasiado rápido (entiendo que pretendieran darle agilidad, pero se les fue un poco la mano); y aunque algunos gags son hilarantes, la mayoría se quedan en el absurdo más elemental, sin calado. No obstante, el argumento es muy salado: el heredero de una gran familia de empresarios japoneses, Ko Ichinomiya, cuyo lema es “nunca le debas nada a nadie”, curiosamente queda en deuda con una extraña muchacha, Nino, que vive bajo un puente del río Arakawa. Nino le salvó la vida cuando Ichinomiya, en calzoncillos, trataba de alcanzar sus pantalones enganchados en la estructura del puente. A partir de entonces, el joven decide vivir con Nino para cancelar su débito, ayudándola a experimentar lo que es el amor. Nino no sabe lo que es ya que, según sus propias declaraciones, es venusiana. Bajo el puente, Ichinomiya conocerá a una cuadrilla de weirdos seriamente perturbados que transformarán su vida. Arakawa under the bridge es estrambótica y divertida cuando se lo propone; desde luego no hay muchas series así… y no sé todavía si eso es una pena o un alivio.

 4

Unko-san: Tsuiteru Hito ni Shika Mienai Yousei

うんこさん ツイてる人にしか見えない妖精

(2009)

Unko-san y sus amiguitos
Unko-san y sus amiguitos

En Isla Afortunada vive un hada muy especial… un hada que es capaz de otorgar y restaurar la buena suerte a aquellos menos favorecidos. Esta hada, Unko-san,  vive rodeada de otros yousei (espíritus mágicos) que tienen de característica principal ser cacas. Sí, son hadas, pero hadas con forma de zurullo.

No debería haberme impactado tanto el asunto, sobre todo con antecedentes como las famosas bostas de colores del Dr. Slump de Akira Toriyama; o fuera ya de la animación japonesa, Mr. Hankey/Señor Mojón en South Park. Pero es que en esta serie de 13 capítulos no son personajes secundarios, son protagonistas. Una isla pletórica de mierdas vivientes.

Gracias a Luzbel, son episodios de escasos 2 minutos y medio. Pero aún así, hay tiempo suficiente para narrar incongruencias de este tipo: una caca que no puede pagar las facturas del hospital, decide abandonarse a la delincuencia. Seguidamente intenta suicidarse (meanwhile aparece un toro con un solo cuerno embistiendo a diestro y siniestro) y, finalmente gracias a Unko-san y una granja de ostras marinas (wtf!!), su suerte cambia y todo termina genial.

Nada más que añadir. El concepto de por sí ya de un excremento parlante debería decirlo todo.

3

Tenshi no Tamago 

 天使のたま

(1985)

tenshi

Una OVA old school completamente inclasificable y que cuando vi la primera vez, me dejó con el culo torcido. El huevo del ángelNo entendí nada. Salvo por la tremenda experiencia sensorial que supuso (es innegable que se trata de una auténtica obra de arte en todos los aspectos) la aplastante carga simbólica me asfixió y dejó con la cabeza vacía. Por eso la volví a ver una segunda vez. Y una tercera. Y una cuarta. Y… no he contado todas las ocasiones, han sido muchas. Tenshi no Tamago es hipnótica, desolada, con una fragancia gótica que evoca paisajes oníricos donde los arquetipos del inconsciente afloran con un lirismo desconcertante. Es una joya oscura que periódicamente re-visiono y en la cual siempre, SIEMPRE, encuentro nuevos matices. La verdad es que es una obra rara de cojones; su interpretación es muy compleja y no concluyente, aunque es manifiesto su núcleo de naturaleza existencialista y ciertas facetas cristianas. Es maravilloso ver este anime porque genera preguntas y obliga a la reflexión. No voy a explicar su argumento, no merece la pena, sería como intentar someter y reducir en la jaula del intelecto un monstruo de la imaginación.

Por cierto, los que parieron esta extraña criatura fueron Yoshitaka Amano y Mamoru Oshii. OJO AL PARCHE.

2

Serial Experiments Lain

シリアルエクスペリメンツレイン

(1998)

lain

Serie de hace casi veinte años y que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue en plena vigencia. Y continuará percibiéndose como una auténtica marcianada. Es indescriptible.

La animación es austera pero eso carece de importancia, ya que lo que busca la serie en realidad es pegarte un tiro a bocajarro en el cerebro. La primera palabra que se me ocurre en relación a este anime es cubismo. El cubismo pictórico de Gris o el cubismo literario de Apollinaire. Serial Experiments Lain aborda la psique humana desde perspectivas inesperadas y luego las ensambla fabricando una realidad irreconocible. La epistemología filosófica (teoría del conocimiento) es la médula de la serie; una epistemología enfocada en la tecnología y las consecuencias derivadas de su inclusión en la estructura social. ¿No os estáis enterando de nada? Tranquilos, es muy posible que tras ver esta serie continuéis sin comprender. O quizás sí. Pero nadie os librará de la sensación de que Serial Experiments Lain es excepcionalmente compleja e insólita. Solo recomendable para forofos de las pajas mentales supremas. Ghost in the shell resulta hasta ingenua comparada con esta barbaridad.

1

Shoujo Kakumei Utena

少女革命ウテナ

(1997)

utena

WHAT THE HELL???!! Eso es lo que pensé cuando terminé de ver este anime, que resulta que es uno de mis favoritos de todos los tiempos. Por supuesto, con el transcurrir de los años, volví a tropezarme con series y películas que insistieron de nuevo en dejarme el cerebro como un cubo de Rubik que se ha manoseado hasta la exasperación. Pero Utena siempre será especial para mí por ser the first one. La primera en joderme la cabeza, quiero decir.

Utena es engañosa, pues se disfraza con los ropajes de un mahou shoujo inofensivo que, paulatinamente, se va tornando en algo absolutamente enfermizo y venenoso. Una verdadera deconstrucción del género donde los clichés se trituran como en una batidora. Nada es lo que parece, tras una capa aparece otra aparentemente contradictoria; y la lectura simbólica de cada detalle es fascinante. 39 capítulos de alegorías, tabúes sexuales reprimidos (pero bestiales) y duelos de esgrima.

Una de las cosas que más me costó interpretar fueron las personalidades poliédricas de todos los personajes. DE TODOS. Era joven e impresionable, lo admito, pero a pesar de ello, cada vez que vuelvo a enfrentarme a Utena, redescubro a sus protagonistas hasta el punto de odiar a uno que antes adoraba o viceversa. Aunque siempre llego a una misma conclusión: necesitan un buen psiquiatra. Pero uno muy bueno. O mejor, varios.

La trama comienza con Utena Tenjou, una muchacha que al morir sus padres, es consolada por un misterioso “príncipe” que le regala un anillo con una rosa grabada. Al llegar a la adolescencia, entra en el prestigioso instituto Ohtori donde destaca por su carácter indomable, aunque sigue sin olvidar a su “príncipe”. Allí conoce a Anthy Himemiya, a la que defiende en un momento en el que un miembro del Consejo de Estudiantes la maltrata. Entonces, sorprendida, descubre que todos los miembros del reducido Consejo de Estudiantes lucen un anillo idéntico al suyo… La tormenta se ha desencadenado.

Dudaba en poner en esta lista también Tatami Galaxy,  Paprika o el anime de Aku no Hana. Hay tantas bizarradas solitarias en el mundo que desconocemos y que deberíamos apadrinar…