Peticiones Estivales: cine silente japonés

Tenía pensado escribir una entrada dedicada al cine mudo japonés más adelante, para las vacaciones de navideñas o así; pero un gato anónimo solicitó un artículo dedicado a él en CuriousCat, por lo que ha sido adelantada unos meses. Y no me ha venido mal, porque ha sido un enorme placer volver a repasar todas esas películas que enmarcan el nacimiento y la niñez del cine en Japón. Creo que no se conoce mucho, pero ese es un inconveniente que se puede aplicar a todo el cine silente en general, no solo al nipón. Es una lástima, porque me encantaría que hubiera más personas que compartieran mi pasión por él, sin embargo admito que tampoco va dirigido al público actual. Fue concebido y creado para las gentes de hace más o menos un siglo; y los gustos y sensibilidades cambian. Aparte de que los medios técnicos no eran los mismos, y no todo el mundo posee la paciencia para disfrutar de sus mágicas delicadezas e imperfecciones.

Así que he seleccionado seis films que me gustan especialmente para dar lustre al post y, como siempre apostillo, no serán las más valoradas por la crítica (o sí, a saber), pero las considero desde mi humilde criterio dignas de interés. Y digo dar lustre porque la entrada va a ser más bien un ensayo sobre los primeros pasos del cine japonés; una introducción para conocer mejor el contexto de su aparición y cómo evolucionó hasta la revolución del cine sonoro. Si la temática te pica la curiosidad, creo que disfrutarás. Si no, puedes darle a esa X del vértice derecho y seguir vagabundeando por otros lares cibernéticos, que estos unos y ceros no te impidan tener una grata experiencia navegando.

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“Doce meses de Nô: Matsukaze” (1956) de Matsuno Sofu

Da la sensación de que el cine japonés, para muchos occidentales, comenzase a tener relevancia a partir de los años 50. Todo lo que hay detrás de esa década suele ignorarse, casi como si no existiera. Algo de lógica hay en ese despiste, pues por estos lares no fue hasta entonces que se prestó atención a la obra de colosos como Akira Kurosawa o Kenji Mizoguchi. Aunque ambos llevaran un tiempecito ya trabajando en el mundo del celuloide. Aun así, no hay excusa para continuar en las tinieblas de la ignorancia (muahahaha) respecto al cine nipón. Antes de 1950, la cinematografía japonesa gozaba de excelente salud; y en su época silente también había bastantes obras que merecen la pena descubrirse. Sin embargo, es necesario advertir que de un catálogo calculado en unas 7000 películas, ( cifra correspondiente solo para la década de los años 20, en realidad son miles más) han sobrevivido 70 desde el nacimiento del cine hasta los años 30. 70 películas. ¿A qué es debido este desastre? ¿Cómo pudieron perderse tantas obras, entre ellas los primeros pasos de Yasujirô Ozu o Daisuke Itô? Los responsables fueron el Gran Terremoto de Kantô (1923) y la II Guerra Mundial (1939-1945).

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Yûrakuchô (Chiyoda), Tokio, tras el Gran Terremoto de Kantô.

Si hay que agradecer a alguien que hayan llegado hasta nosotros estos pocos films, es al amor y trabajo de Shunsui Matsuda (1925-1987), que además fue el último benshi de la época muda del cine japonés. ¿Y qué es un benshi? Eso lo explicaremos un poquito más adelante. Mientras, regresemos al nacimiento del séptimo arte. Su origen no fue oriental, ni muchísimo de Japón; fue un invento netamente occidental, y de Occidente procedían las mayores innovaciones en el campo. Sin embargo, no tardó mucho en llegar a las costas japonesas: el cinematógrafo de los hermanos Lumière y el kinetoscopio de Dickson y Edison fueron exhibidos en 1896. Y el representante de los Lumière en Asia Oriental, Constant Girel, grabó unos primeros fotogramas en Japón al año siguiente. Las primeras filmaciones japonesas como tales fueron otro año después, en 1898. Las películas iniciales del cine nipón eran, sobre todo, grabaciones de obras de kabuki. Muy acertadamente, habían relacionado este nuevo invento con las artes escénicas, y en las islas la tradición en esas disciplinas era, y sigue siendo, muy rica. De ahí que su cinematografía, ya desde su arranque, poseyera unas características diferenciadas del resto de países.

Al principio, el cine era un entretenimiento que no se tomaba demasiado en serio, era más una curiosidad en las ferias ambulantes; pero con el cambio de siglo, muy pronto se observó el enorme potencial que albergaba como fuente de entretenimiento. Primero para las clases populares, más adelante para la burguesía también. Un nuevo tipo de negocio que prometía bastante dinero. Así que ya en 1903 se abrió el primer katsudô shashinkan o cine en Asakusa, Tokio; y el primer estudio cinematográfico en 1908, también en Tokio (Meguro). Al principio se representaban más películas extranjeras, hasta que a partir de los años 20 la producción nacional superó de largo a la foránea.

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Matsunosuke Onoe (1875-1926), la primera superestrella del cine japonés. Apareció en más de 1000 jidaigeki.

Si hay una figura que distingue al cine nipón del resto del planeta, es la del benshi katsuben. Porque el cine silente japonés nunca fue mudo en realidad, un narrador, de viva voz, contaba lo que iba sucediendo en la pantalla. Y no solo eso, también ponía palabras a los actores, explicaba las situaciones y pormenores del argumento y otorgaba al film una nueva interpretación. Este relator también surgió en otros países como Italia o Francia, pero desapareció al poco tiempo. ¿Por qué medró en Japón? Por varios motivos. El más obvio es la necesidad del público de saber qué estaba ocurriendo en la película. Las obras venidas de Occidente mostraban muchas cosas que para el japonés medio eran totalmente desconocidas; requerían explicaciones para comprender lo que sucedía en el argumento. Las culturas eran muy diferentes. Las primeras películas además carecían de intertítulos, que no aparecieron hasta los años 20, así que el benshi realizaba una labor imprescindible.

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“Katsudô Shashinkai” (1909), la primera revista cinematográfica de Japón.

A estas razones hay que añadir el amor del japonés por la recitación, la belleza de las palabras habladas (bibun). La tradición oral de las islas es abundante: el rakugo, el gidayû, el rôkyoku, el kôdan… y los benshi lo amalgamaron todo para perfeccionar un nuevo arte interpretativo (setsumei) que dinamizaba la experiencia de ver una película. Una especie de mezcla de teatro y cine, dando pie también a la improvisación, que hacía las delicias de los espectadores. El triunfo de los benshi katsuben fue fulgurante, eran verdaderas estrellas. Se llegaron a realizar films para ciertos narradores ex professo, haciéndose acompañar también de orquestas completas.

La gran popularidad de los katsuben contribuyó a que el cine sonoro tardara en imponerse, así como también ralentizó el desarrollo de nuevas técnicas narrativas cinemáticas. Pero la evolución en la disciplina era imparable, marcada por el ritmo marcado desde Estados Unidos. No se podían poner vallas al campo. El tiempo de los benshi tenía los días contados, además de que eran profesionales caros, se les pagaba incluso más que a los actores de cine. El Movimiento del Cine Puro o Jun’eigageki undô (1915-1925) también contribuyó con su clavo para cerrar el ataúd de los benshi. En general, deseaban que el cine japonés se liberara del lastre del kabukiy la tradición teatral japonesa; abogaban por su modernización y dejar atrás las temáticas más habituales del folclore, centrándose en la realidad contemporánea del país. Consideraban que eran anacronías, características obsoletas de las que había que librarse, como el uso, por ejemplo, de onnagata. Los personajes femeninos debían interpretarse por mujeres, no por hombres. Para regenerarse era indispensable mirar a Occidente, de donde provenían todas las novedades. De esta forma serían capaces de crear obras con la capacidad de atraer a un público internacional. Y así en 1937 los benshi desaparecieron, aunque resulta apasionante saber que en la actualidad hay un resurgimiento de nuevos katsuben, que se dedican a narrar antiguas películas de cine mudo.

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Tokuko Takagi (1891-1919), la primera actriz japonesa de cine.

Las películas realizadas durante las décadas de 1890, 1900 y 1910 eran bastante conservadoras y seguían la estela del kabuki y el . Los espectadores, de considerar el nuevo invento una rareza, empezaban a valorar el cine como un entretenimiento al que le exigían también calidad y cierto progreso. Era necesaria una renovación. En 1920 ya era muy clara la distinción entre dos géneros: el jidaigeki y el gendaigeki; y el debate primordial era la necesidad de explorar las posibilidades que ofrecía la cinemática de las imágenes. Japón, poco a poco, iba metiendo la cabeza en el panorama global. A finales de la Era Taishô (1912-1926), el gobierno comenzó a debatir el potencial político del cine y se prohibieron cada vez más obras; y con la llegada de la Era Shôwa (1926-1989), se convirtió en una robusta herramienta para la propaganda del nuevo régimen totalitario y nacionalista. El punto de inflexión, sin embargo, que marca este post de hoy, es la llegada del sonido. La primera película sonora de la historia fue la norteamericana El cantante de jazz (1927); en Japón ocurrió cinco años después, en 1931. Pero ese no fue el fin del cine mudo japonés, la agonía fue más larga; y a pesar de ser sus postrimerías, aún esos últimos coletazos produjeron obras muy interesantes e innovadoras. Varias de las escogidas a continuación son ejemplo de ello.

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“Cortesana de rodillas con teatro de sombras detrás” de Kitagawa Utamaro, circa 1806

Como siempre señalo en listados de esta clase, la selección es completamente personal y basada en mi experiencia, que dista mucho de ser completa y ni mucho menos la de un profesional. El orden en el que aparecen corresponde a mi criterio de calidad, que es discutible, pero resulta que este es mi blog. C’est la vie. Podría haber elegido otras distintas, he valorado también clásicos como Kurama Tengu (1928), Tokyo Chorus (1931), Otsurae Jirôkichi koshi (1931) y unas cuantas más; pero, al final, estas son las que son. Que las disfrutéis. O las sufráis, que de todo hay.


6 ✪  IZU NO ODORIKO (1933)

Heinosuke Gosho

Mizuhara, un joven estudiante de Tokio, se enamora de la bailarina Kaoru, que trabaja en una troupe de artistas ambulantes. ¿Llegará a buen puerto este amor? ¿Podrán superarse los prejuicios y diferencias sociales?

Me ha parecido conveniente empezar este pequeño listado con la primera adaptación que se hizo al cine del relato corto La bailarina de Izu (1926) del Nobel Yasunari Kawabata. ¿Por qué? Porque su director, Heinosuke Gosho, fue el que inauguró el sonido en Japón con su película Madamu to Nyôbô (1931). Izu no Odoriko es una obra bastante conocida en el país, y que ha sido vertida al celuloide y la televisión en varias ocasiones. En mi humilde opinión, la de Gosho es la mejor versión del cuento (al menos de las que yo he visto); también de mis favoritas junto a su encarnación animada, de la que escribí un poco aquí. Si en 1931 el sonido llegó finalmente al cine japonés, ¿a qué se debe que esta Izu no Odoriko fuera muda? Por un motivo muy simple: el dinero. Gosho tenía la intención de hacerla sonora, pero los estudios Sochiku no creían que un film basado en la obra debut de un literato vinculado a las vanguardias fuera a reportarles demasiados beneficios. Así que, para ahorrar, se optó por realizarla muda.

Yasunari Kawabata no escribía para las masas (taishû bungaku), sino que se decantaba por una literatura que mirase hacia el futuro, con ansias de modernizarse y sin depender de los gustos populares y querencias gubernamentales del momento. Ars gratia artis. Y Gosho, seguidor de la corriente que buscaba reformar la cinematografía de su país, no dudó en aportar su granito de arena con sus films, entre los que se encuentra este desafiante bungei eiga (película literaria) al que los productores valoraron con recelo. Nuestro director era ambicioso, y deseaba plasmar esas historias complejas de gran profundidad psicológica que solo la literatura podía brindarle. ¿Lo consiguió? Desde luego que sí.  La bailarina de Izu avanza más allá del propio relato de Kawabata, e introduce un contexto social muy realista mediante una trama paralela a la principal. Los personajes son sólidos y de un bonito gris; no gris por mediocre, sino por su ausencia de polarización. Resultan creíbles y auténticos; incluso, como en la vida misma, contradictorios y sorprendentes.


5 ✪ OROCHI (1925)

Buntarô Futagawa

 Heizaburo Komitomi es un samurai honorable y de gran habilidad. A pesar de sus orígenes humildes, su lealtad y devoción inquebrantables al código bushido hacen de él un guerrero admirable. Pero son precisamente sus altos valores éticos y fuerte carácter los que le provocarán grandes problemas en la vida.

Orochi o La Serpiente es una película bastante singular para la época, hasta podríamos considerarla una provocación en toda regla. No en vano, sufrió una fuerte censura que recortó parte de su metraje. Sin embargo, el mensaje principal que quiere transmitir, que es la impunidad de una clase dirigente y las graves injusticias que sufren por su culpa los más desfavorecidos, se transmite de manera impecable. Era la decadencia de la Era Taishô (1912-1926), en la que los poderes de la antigua oligarquía pasaron  a los partidos democráticos, y los ciudadanos mayores de 25 años pudieron por fin votar. Sin embargo, el advenimiento de la Era Shôwa (1926-1989), en cuyo primer tramo los militares fueron acaparando el poder alcanzando un rotundo totalitarismo, no vieron con buenos ojos esta película. No obstante, logró un éxito tremendo.

El film narra la vida de un anti-héroe, algo completamente inédito en la filmografía japonesa hasta entonces, y presume de una visión de la realidad pesimista y cruda. Muy cercana al espectador, aunque fuese un jidaigeki. En el mundo no hay lugar para los hombres honestos y Tsumaburô Bandô, probablemente la primera estrella del cine de acción de la historia, encarnó al guerrero caído en desgracia. Un descenso a los infiernos. Aunque la película todavía bebe en algunos aspectos de las fuentes del teatro, Bandô consiguió brindarle un realismo emocionante a sus combates, con un estilo de lucha natural y enérgico. Gracias a él la figura del samurái en el cine se modernizó, adaptando el dinamismo del shinkoku-geki, para dejar definitivamente atrás las poses estáticas y el histrionismo del kabuki. Él puso los cimientos del kengeki-eigachanbaraToshirô Mifune o Tatsuya Nakadai le deben muchísimo. Nota importante: las secuencias de peleas resultan espectaculares, sobre todo para los que disfruten con hábiles manejos de catana.


4 ✪ ROJÔ NO REIKION (1921)

Minoru Murata

Tres historias distintas entrelazadas: un violinista y su familia, dos convictos recién liberados y una niña rica. Todos confluyen en una pequeña población durante la Navidad. 

Minoru Murata fue uno de los cineastas que más luchó por renovar el cine japonés en sus inicios y dotarlo de la modernidad que procedía de Occidente. Por eso no dudó en escoger como base de su primer largo de importancia una de las obras más conocidas del ruso Máximo Gorki, Los bajos fondos (1902). Fue llevada también al cine por Akira Kurosawa, por cierto, en Donzoko (1957). No hay color entre una y otra, pero no debemos arrebatarle el mérito a Rôjo no Reikion de que fuese el pistoletazo de salida del jun’eigageki undô. Murata occidentalizó un pequeño pueblo del Japón rural para narrar su historia, creando un perfecto híbrido entre los dos extremos de Eurasia. Se trata de un film más complejo de lo que se podría esperar, con elipsis, firme contenido simbólico y flash-backs que pueden resultar desconcertantes porque trabaja en realidad tres historias distintas. En verdad fue un esfuerzo honesto por dejar atrás la influencia del teatro tradicional y utilizar los recursos más modernos de los que podía el director disponer; tanto a nivel técnico, narrativo o artístico. Muy loable.

Como historia, es un melodrama bien interpretado en el que el propio Murata se reservó un papel, ya que antes de director de cine había sido actor. Puede recordar en el tono al Cuento de Navidad (1843) de Charles Dickens o al ¡Qué bello es vivir! (1946) de Frank Capra; sin embargo también es una película rotundamente japonesa, y eso se nota para bien. Murata logró con Rôjo no Reikion poner en el mapa el cine de su país, realizando la primera película que podría resultar inteligible para un espectador de otra parte del globo. Sin necesidad de benshi y apenas intertítulos explicativos, porque su lenguaje visual era, y es, universal. No en vano, fue de los primeros directores de cine japoneses que lograron distribución internacional de sus películas.


3 ✪ ORIZURU OSEN (1935)

Kenji Mizoguchi

Sokichi Hata quiere estudiar en la escuela de medicina en Tokio, pero es pobre y se encuentra sometido por una banda de traficantes de arte. Pero la valiente Osen, que se ha enamorado de Sokichi, hará todo lo que esté en su mano para que consiga alcanzar su sueño.

Con Kenji Mizoguchi y su etapa silente he dudado entre Taki no Shiraito (1933) y la presente Orizuru Osen u Osen de las Cigüeñas para el top; sin embargo al final me he decantado por Osen, quizá porque no es tan conocida y también merece un poquito de atención. Fue su última película muda. Gran parte de la obra de los años 20 de Mizoguchi desapareció, lo que sabemos es que se dedicó con ahínco a experimentar con las influencias occidentales, incluso juguetear con las técnicas del expresionismo alemán. No obstante, a los pocos años volvió su atención a las temáticas japonesas, y aunque tonteó algo también con el keikô-eiga, tomó obras shinpa del escritor Kyôka Izumi  para realizar tres films: Nihonbashi (1929), Taki no Shiraito (1933) y Orizuru Osen (1935). Muchas de las obras de Izumi, debo señalar, han sido volcadas al cine a menudo por su fuerte tirón melodramático y calidad.

Aunque se considera que la etapa de asentamiento artístico de Mizoguchi empezó con Elegía de Naniwa (1936) y Las hermana de Gion (1936), ambas ya sonoras, merece la pena echarle un vistazo a su filmografía muda; sobre todo a Osen, donde el director ya había plantado las semillas de lo que luego sería su marca de agua: la opresión de la mujer en la sociedad japonesa, sus ingrávidos planos secuencia, las delicadas atmósferas de luces y sombras, su poesía visual melancólica, etc. Y es que hay que tener en mente que tanto Mizoguchi como Yasujirô Ozu compartían una idea sobe el cine especial: se inspiraban en la capacidad evocadora de imágenes del haiku. Esta concepción tan japonesa impregnó las obras de ambos, y se difundió a otros directores, otorgando al cine nipón un rasgo muy distintivo respecto al cine de otros lugares. En Orizuru Osen encontramos los primeros trazos de su estilo bien delineados, con la habitual grácil belleza de su buen hacer; y su temática sobre el sacrificio de la felicidad femenina para favorecer la de un hombre desagradecido, que fue luego una constante en toda su obra. Su protagonista fue interpretada por la genial Isuzu Yamada, que aparecería luego también, por ejemplo, como una escalofriante Lady Macbeth en Trono de Sangre (1957) de Akira Kurosawa o en Tokyo Twilight (1957) de Yasujirô Ozu.


 2 ✪ KURUTTA IPPÊJI (1926)

Teinosuke Kinugasa

Un hombre decide trabajar de celador en el manicomio donde está ingresada su esposa. Quiere estar lo más cerca posible de ella y sueña con liberarla y huir de ese horrible lugar. Se siente culpable por su enfermedad.

A Page of Madness o Kurutta Ippêji tuvo su pequeña reseña en la entrada dedicada al cine bizarro japonés aquí. No voy a añadir mucho más, salvo que, en perspectiva, es un film que supuso un antes y un después en la cinematografía de Japón. En su momento fue ignorada; que se creyera una película perdida tampoco ayudó mucho a su reconocimiento. Sin embargo, casi un siglo después, su trascendencia como hito del cine de vanguardia es incuestionable. Es una obra al nivel de sus homólogas europeas, de las que bebe, indudablemente. Las influencias de F. W. Murnau, Abel Gance y Robert Wiene son muy evidentes. No obstante, camina a la par de ellas, tanto en calidad como innovación.

Del metraje original, que constaba de 103 minutos, han sobrevivido 78. ¿Es una pérdida muy grave? Solo podemos teorizar, pero Kurutta Ippêji es un film con muchas posibles lecturas, desde una alegoría política, un melodrama, una denuncia social… siempre con los ropajes del avant-garde y la literatura porque, cabe destacar, el guion fue escrito por Yasunari Kawabata (sí, otra vez, por aquí). Si se quiere aprender un mínimo sobre la etapa silente del cine nipón, su visionado es obligatorio; si se aspira a tener un conocimiento básico sobre el séptimo arte japonés, resulta imprescindible.


 1 ✪ UMARETE WA MITA KEREDO (1932)

Yasujirô Ozu

Los hermanos Yoshii, que acaban de llegar a los suburbios de Tokio, descubren que su padre no es tan importante como pensaban. Es un simple “salaryman”a las órdenes de un jefe. Todo esto supone un duro golpe para ellos en un momento además difícil en el colegio. Keiji y Ryoichi deberán enfrentarse a la vida con otros ojos, y explorar nuevos territorios que ni habían imaginado.

Yasujirô Ozu realizó ya en color, con sonido y bastantes años después, una especie de remake (Ohayô, 1959) de esta obra. Muy recomendable, como casi todo lo de Ozu, pero yo me sigo quedando con Umarete wa Mita Keredo. Creo además que se trata de una película con muchas posibilidades de que guste a los fans del manganime, porque contiene elementos que décadas más tarde observaríamos en el shônen, seinen y el slice of life más tradicional. Incluso se pueden percibir leves trazas del Kuro y Shiro del Tekkon Kinkreet (1993) de Taiyô Matsumoto. Pero no perdamos la perspectiva, sigue siendo un film del año 1932 y es una obra muy Ozu, por lo que encontraremos bastantes de los elementos que son característicos de su cine: comedia ligera, drama costumbrista y la familia. Podría haber seleccionado para cerrar este listado Ukikusa Monogatari (1934) del mismo director, cinta que además me encanta (y que Ozu volvería a recrear en 1959); sin embargo, pienso que esta puede atraer más en general a la otaquería.

A caballo todavía entre la era Taishô y la Shôwa, Umarete wa Mita Keredo es una elegante crítica social de la época. De hecho se puede considerar una de las primeras películas japonesas con ese tipo de contenido. Une el sentido del humor nansensu con la delicadeza sentimental del shôshimin eiga, sin olvidar que se trata de un rotundo retrato social del momento. Ozu, con su habitual sutileza, cuestiona la rígida verticalidad de la sociedad japonesa o tate shakai, antes incluso de que se acuñara ese término, y su difícil aclimatación a los nuevos tiempos. Japón a principios de la década de los 30 sentía la incertidumbre de un futuro marcado por la dicotomía entre tradición y renovación, enfrentándose a sus contradicciones. La modernidad japonesa en crisis, sin perder de vista tampoco la Gran Depresión. Y la clase trabajadora era la más vulnerable, el padre de la familia Yoshii, por ejemplo. Ozu no hace un alegato político, sino que a través de la visión de unos niños, muestra una realidad social compleja, mimando las relaciones entre los personajes y la transición entre sus mundos, el de la infancia y el de los adultos. El conjunto es de una entrañable armonía, a pesar de que lo que expresa no lo sea. Porque como muchas obras de Ozu, comienza luminosa y alegre, acabando recreándose en los matices de las sombras y la oscuridad. Muy japonés eso, por cierto.


Y esto ha sido todo por hoy, si la anterior entrada incluida en mis queridas Otakus Treintañeras era un poquillo larga, creo que esta la ha superado con creces. Y encima tratando un tema bastante más árido que interesará a cuatro gatos extraviados. ¡Miauuuu! Espero que no os hayáis aburrido mucho, sinceramente, y que la presente sirva para despertar vuestro apetito hacia el fascinante mundo del cine silente japonés. Y si ya gozáis de esta inclinación, animaros a repasar alguna de las obras seleccionadas. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Sayonara, Samurai

Los que llevéis leyendo un tiempo esta bitácora, ya habréis percibido la evolución que ha tenido. De un blog dedicado al anime y manga, acabé incluyendo todo lo que me apetecía que estuviera relacionado con Japón. Principalmente cine y literatura, sin hacer ascos a obras de otros países. Es el caso de Samurai Jack (2001-2017), que a pesar de que es una serie estadounidense, tiene su lugar en SOnC por sus referencias claramente niponas. También porque es uno de mis dibujos animados favoritos de todos los tiempos, por supuesto. En el tag dedicado precisamente a la animación no japonesa apareció con todos los honores. Samurai Jack es un clásico, sin más. Porque los clásicos también pueden brotar en nuestro presente, en algún momento tienen que nacer, digo yo. Y esta quinta temporada, tras un doloroso hiato de 11 años, cierra, por fin, el ciclo vital de la obra. ¿Es una conclusión a la altura de las circunstancias? ¿Ha resistido su concepto el paso del tiempo? ¿Han sabido brindarle una continuidad coherente o se nota esa década de diferencia? ¿Tiene la capacidad de gustar a los fans del pasado y a los actuales? Ah, menudos dilemas. Estos interrogantes y muchos más suelen aparecer cuando uno se enfrenta a la reanudación de una creación mítica. No resulta tarea fácil ser objetivo, porque las expectativas y frustraciones personales pueden afloran; así que en esta entrada procuraré ser escueta, centrándome ante todo en sus diez últimos capítulos.

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Fifty years have passed, but I do not age. Time has lost its effect on me. Yet, the suffering continues. Aku’s grasp chokes the past, present, and future. Hope is lost. Gotta get back. Back to the past. Samurai Jack.

¿Quién es ese samurái de máscara pavorosa y montado en una fiera moto, golpeando a diestro y siniestro a unos artrópodos gigantes que amenazan la vida de dos jovenzuelas azules con antenas? El arranque de la quinta temporada de Samurai Jack no puede ser mejor, una declaración de principios que disipa cualquier tipo de duda: viene pisando fuerte y no va a dar tregua. Exacto, ese guerrero con cierto aire a Mad Max es Jack… pero 50 años más tarde. No ha envejecido, una de las consecuencias de los viajes en el tiempo, sin embargo su mente sí que ha sufrido el paso de las décadas. Jack, luciendo una barba lacia y aspecto desaliñado, es un hombre con el espíritu quebrado.

En las cuatro temporadas anteriores teníamos delante al samurái compasivo y racional que siempre soportaba con estoicismo las terribles pruebas a las que le sometía ese agujero negro cósmico de maldad que es Aku. La fortaleza de Jack se cimenta en un profundo respeto hacia el código bushidô y la posesión de la única arma capaz de destruir a Aku. Él ha sido elegido para luchar contra él y considerado digno de blandir la katana del Emperador pero, ¿qué ocurriría si Jack extraviara la espada? A pesar de que algo así resulta impensable, es lo que sucedió. Jack perdió su poder, y el equilibrio que mantenía cohesionadas la voluntad y determinación de Jack se reveló en toda su fragilidad. El guerrero ha pasado 50 años sobreviviendo, sin esperanzas y acosado por alucinaciones que le reprochan su derrota.  Su salud mental pende de un hilo, y el fantasma de la muerte lo acompaña en su errar. Lo único que lo mantiene vivo es la fuerza de la costumbre, luchando en pequeñas escaramuzas contra los monstruos mecánicos de Aku, pero incapaz de enfrentarse a él directamente.

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¿Sabe todo esto Aku? No, por supuesto que no. Si hubiera sido consciente del verdadero estado de Jack y la pérdida de su katana, hace mucho tiempo que habría aniquilado el universo entero. Pero Aku también ha sufrido el tedio del medio siglo transcurrido y, a su pérfida manera, echa de menos tener un rival a la altura. La incertidumbre de no saber con exactitud qué ha sido de Jack lo carcome. Aun así, poco a poco se está haciendo con el control de todo, y solo unos escasos románticos y pirados mantienen una oposición activa a su tiranía. Algunos de los que resisten lo hacen en la clandestinidad, protegiendo con su memoria y discretas acciones el legado de Jack. Para ellos es una leyenda que les hace sentir esperanza. Este no tiene ni idea de cómo lo idolatran, claro, ya que se encuentra en graves apuros. Una secta femenina dedicada al culto de Aku ha conseguido engendrar siete vástagos de su esencia. Siete jóvenes, con el fuego del demonio en su interior, que han sido adiestradas desde bebés para matar a Samurai Jack. El guerrero se encuentra acorralado, lo que antes habría sido un trago más, lo ha arrastrado al borde de la muerte. ¿Qué sucederá?

La serie está dividida en dos partes diferenciadas en las cuales hasta el ritmo resulta diferente. Siempre dinámico, pero el compás es distinto. Y su atmósfera también. La primera mitad es austera, algo oscura y muy solemne. Se enfoca en destacar la severidad de las condiciones vitales de Jack, no solo físicas, sino psicológicas. Una larga caída a los infiernos del remordimiento y la tristeza. Nuestro protagonista se siente como un moribundo que se resiste a recibir el golpe de gracia. Hasta que toca fondo. Con la percepción del mundo y de sí mismo distorsionada por la culpabilidad, se producirá la inevitable crisis existencial de la que renacerá. Un punto de inflexión que inicia un nuevo camino en el destino del guerrero. Tras liberarse de sus demonios interiores, recupera su poder para enfrentarse al gran demonio del mundo real: su archienemigo Aku. La segunda parte nos reconcilia con el Samurai Jack de hace una década, retomando su cadencia más luminosa y psicodélica; con ese maravilloso sentido del humor entre absurdo e ingenuo que lo ha caracterizado siempre. Hay hasta numerito musical.

Una de las cosas que más me han  gustado de esta última temporada es como su creador, Genndy Tartakovsky, nos ha mostrado nuevas facetas de Jack, exponiendo su vulnerabilidad. Ha roto el hieratismo que rodea siempre al héroe definitivo, humanizándolo. Hemos podido observar al samurái enfrentándose a situaciones inéditas que nunca había tenido que experimentar en el pasado; y ver evolucionar ante nuestros ojos, capítulo a capítulo, su espíritu. Todo un privilegio. Esto es debido a que estos 10 capítulos han sido más bien la historia de la búsqueda interior de Jack, su sanación. Las metáforas que lo revelan (el lobo herido, la ceremonia del té…) son meridianas. De ahí que Aku, salvo al inicio y al final, haya tenido escasa presencia.

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Samurai Jack fue, y es, una revolución pop a la que se le endilgó la etiqueta de de culto, cuando la serie es una historia que todos conocemos y hemos leído millones de veces. Continúa fascinándonos porque es atemporal y universal: la lucha entre el Bien y el Mal. Trabaja nuevos y viejos arquetipos que resuenan constantemente dentro de nuestros cráneos; sin embargo es su presentación y ese extraordinario envoltorio los que han sabido siempre realzar (a veces hasta transmutar) esos cuentos de aroma eterno que encontramos en la serie. Su arte es grandioso, un perfecto pastiche de cultura popular, misticismo oriental y fantasía exuberante. Ecléctico como él solo, e imbuido de reverencia hacia la naturaleza. Porque en Samurai Jack también hay poesía, en sus elegantes nociones de la geometría, en sus contrastes de luz y sombra, en su simplicidad sobrecogedora. Y los combates, ay, esas estupendas peleas. La alta definición le ha sentado muy bien, incluso el uso de un CGI comedido le ha aportado cierta brillantez.

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Esta quinta temporada de Samurai Jack era muy necesaria, y ha estado completamente a la altura de lo que se le pedía, incluso más. No es un mero ejercicio de nostalgia, también ha abierto las puertas a nuevas dimensiones que, aunque no son demasiado inesperadas, han enriquecido el universo de Jack. Desde un principio se siente la despedida, resulta en sus planteamientos tajante y no se recrea tanto como en las anteriores. Natural, es el adiós. Y por eso mismo, porque deja la miel en los labios, se hace muy corta. Esta quinta temporada no es suficiente, señores. ¿Solo 10 episodios cuando las demás han sido de 13? Meeeeeeeeeeh.  Si tengo que ser honesta, en realidad nunca hay bastante de Samurai Jack. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Wombs de Yumiko Shirai

Una sigue a su marcheta, y ya que me encuentro en plena racha sci-fi, la entrada de hoy va a continuar con la categoría. Como es 23 de abril, por estas tierras de Aragón resulta que es fiesta importante, así que realmente no estoy aquí con vosotros (me he pirado al monte a hacer el cabra un rato). Es un enlatado como decimos la gente de la radio, en este caso una entrada programada. Y como además es el Día Internacional del Libro, aprovecho para recomendaros un gran manga contemporáneo, y que gracias al blog Kappa Bunko me enteré de que había recibido el Gran Premio de Ciencia Ficción de este año en Japón. No suelen galardonar tebeos, pero como tampoco existen limitaciones de formato, en su 37ª edición Wombs ha sido elegida mejor obra del género. Solo dos mangas han logrado con anterioridad estos laureles: Dômu (1981) de Katsuhiro Ôtomo y Barbara Ikai (2006) de Môto Hagio. Y en 2017 es una desconocida, Yumiko Shirai, la que se ha llevado el gato al agua. Digo desconocida porque, al menos servidora, no ha leído nada de ella previo. No obstante, tiene un fandom robusto en Japón, aunque por estos lares no sepamos muy bien quién es. Todavía. He oído hablar muy bien de dos obras suyas anteriores, Tenken (2007) y Rafnas (2015), ambas también encuadradas en el sci-fi y la acción, pero he sido incapaz de hacerme con ellas. Espero que este trofeo estimule la curiosidad de las editoriales cercanas y podamos conseguir prontito material de esta mangaka.

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Wombs, para los que no sepan inglés, significa úteros, matrices. Y aunque el nombre parezca un tanto extraño para un seinen, no es un título elegido al azar. Resulta muy adecuado además. Se trata de un manga ya finalizado de 5 tankôbon y 43 episodios, publicado por la tristemente ya desaparecida Ikki. Las protagonistas del manga, como bien sugiere el título, son mujeres. Pero no mujeres cualquiera, no. Mujeres embarazadas. Y, a partir de ahí, ya podéis abandonar toda idea preconcebida que tengáis sobre el llamado “estado de buena esperanza”, porque las féminas de Wombs son de armas tomar. Literalmente. Son guerreras.

Debo admitir que la primera vez que leí el nombre del manga y me informé de que pertenecía a la ciencia-ficción, me quedé así algo como con el culo torcido. Levemente (una está ya curada de espanto). Cuando leí la sinopsis pensé “¿qué mierda es esta?” y como me pareció una bizarrada digna de la más cavernosa serie B o Z, me lancé de cabeza. Pero nada que ver, resultó en cambio una de esas raras ocasiones donde mi curiosidad malsana por lo excéntrico me condujo a buen puerto. Wombs, y sin exagerar un ápice, es de lo mejorcito que he leído de sci-fi en mucho tiempo. A nivel general además, no solo en formato tebeo. Y, aunque el título y su planteamiento pueden provocar cierta incomodidad (incluso rechazo) inicial, es un manga que pulveriza todo tipo de prejuicio una vez se sumerge el cerebro en él. Mucho más si encima se es amante del género.

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¿Cómo empezar a contar qué sucede en Wombs? Buf, no es fácil. Las sinopsis que he leído por ahí no hacen nada de justicia al universo que Shirai ha imaginado con tanto detalle. Bien, seguiré el sistema chino: de lo general a lo específico. Hekiou era un planeta selvático hasta que llegaron los Primeros Colonos y comenzaron a terraformarlo para poder vivir en él. Les costó mucho esfuerzo conseguirlo, con unos medios además no demasiado avanzados, por eso cuando llegaron los Segundos Colonos, mucho más adelantados tecnológicamente, no les hizo mucha gracia que se aprovecharan de todo su trabajo y exigieran encima sometimiento. La guerra estalló, una guerra de más de veinte años y sangriento recorrido, durante los cuales la población ha sufrido, y sigue sufriendo, penosas consecuencias. ¿Cómo es posible que la contienda se haya alargado así estando los Primeros tan poco desarrollados en comparación con los Segundos? wombs2Pues porque los Primeros han logrado acceder a una tecnología de teletransportación que les permite moverse por todo el globo en cuestión de nanosegundos. En jerga militar lo llaman “volar”. Ese conocimiento no procede de ellos, sino que pertenece a la población autóctona del planeta, los niebass. Además, no todo el mundo puede acceder a él. Los Primeros observaron que eran las niebass embarazadas las que usaban el Espacio de Coordenadas, una dimensión simultánea y unida a la conocida que funcionaría como un multihub, conectando diferentes puntos físicos del orbe. Y siempre con la presencia de la luna. Por tanto, los Primeros llegaron a la conclusión de que preñar a mujeres humanas con material genético niebass pondría a su disposición este medio de transporte. Así que crearon el Cuerpo de Transferencia, un grupo de élite imprescindible dentro del ejército, ya que el éxito de la guerra se sustenta en su trabajo, la única ventaja (y no baladí) con la que cuentan frente a los Segundos. Por supuesto, estos últimos ansían hacerse con semejante poder, aunque de momento está fuera de su alcance. Se conforman exacerbando la guerra psicológica y propagandística, tratando de evitar que las mujeres se alisten al Cuerpo de Transferencia, al que consideran una aberración inmoral. ¿Lo es?

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Pertenecer al Cuerpo de Transferencia, a pesar de su papel indispensable en la contienda, no es nada sencillo. Aparte de tener que lidiar con los prejuicios y desdén de la mayoría de los miembros del ejército y la población, que las consideran poco menos que prostitutas que se han acostado con niebass, también deben enfrentarse a los efectos secundarios de los tratamientos hormonales e implantes nanotecnológicos en sus cerebros, a los incovenientes de llevar en sus vientres ADN alienígena, y moverse en el Espacio de Coordenadas, que no fue, ni muchísimo menos, diseñado para la psique humana. Es un lugar peligroso donde la fortaleza mental lo es todo y la locura un riesgo continuo. Y no se encuentra vacío. Su adiestramiento militar es exigente y muy estricto, especializado tanto en ataque, defensa y rescate. El Cuerpo de Transferencia son tipas muy, muy duras. ¿Y quiénes se alistan en él, a pesar de su mala fama? Pues personas de toda condición, desde mujeres que solo desean poder comer en condiciones, las que así logran que les conmuten tiempo de la cárcel, rebeldes que quieren obtener los últimos avances sanitarios para llevarlos al pueblo o patriotas sinceras que desean un final de la guerra. En el último grupo de reclutas ha llegado Mana Oga, una chica de campo, vida sencilla y hasta con novio, que ha decidido poner su útero al servicio del país. Su natural talante tranquilo e inteligencia sólida hacen de ella una soldado ejemplar; además posee una habilidad especial para moverse en el Espacio de Coordenadas, que la distingue del resto de su equipo. Sabe adaptarse a las circunstancias y aprende con facilidad, no obstante, y como todo el mundo, arrastra sus propios fantasmas. Y esos fantasmas jugarán un papel destacado en el desarrollo de la historia. La vertiente psicológica de Wombs es trascendental.

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Todas y cada una de las compañeras de Mana son esbozadas con gran esmero. Es una maravilla, porque sus perfiles psicológicos ni están desdibujados ni son una masa informe de topicazos. Un clan bien conformado y realista, con sus circunstancias y problemas particulares. Aunque el protagonismo se lo lleva Mana, claro. Pero de todos los personajes, el que más destaca sin duda es la extraordinaria Sargento Armea. La adoro. Una mujer fuerte, hecha a sí misma e implacable, con una variedad de matices fascinante. Y gran talento. Es mi personaje favorito. Ella es la encargada de instruir a las novatas y es tan severa como podría esperarse; sin embargo, es lo único que se interpone entre los altos mandos y el Cuerpo de Transferencia. Su posición todavía le permite proteger a sus soldados de los abusos y pretensiones poco éticas de los capitostes militares y médicos. Pero Armea no es omnipotente pese a una hoja de servicio excepcional de cinco ciclos (embarazos). Tampoco el equipo médico y sus superiores en la base. Y en nombre de la guerra se pueden justificar muchas barbaridades que la basura donante acabará sufriendo. No dejan de ser consideradas carne de cañón.

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Existen diferentes niveles en la historia: la personal de Mana, sus compañeras y la sargento Armea; la guerra entre Primeros y Segundos, y la relación con los niebass. Todo acaba engarzado y fundido en una realidad terrible y hermosa al mismo tiempo. Nada es lo que parece. Van surgiendo bastantes interrogantes en el argumento que la mangaka no resuelve de forma inmediata ni completa. Se guarda sus ases en la manga, para marcar un ritmo que nos acompase al de Mana. Como la narración se sustenta en la perspectiva de los Primeros, una desea conocer la otra versión de la historia también y, aparte ya del conflicto meramente humano, ¿qué ocurre con los habitantes originales de Hekiou?, ¿quiénes y qué son los niebass?, ¿qué introducen verdaderamente en los úteros de las mujeres soldado?, ¿qué es en realidad el Espacio de Coordenadas?, ¿cuáles son las consecuencias de usarlo o permanecer en él? Y conforme el tebeo avanza, algunas incógnitas se desvelan y otras amplían más el misterio, porque enlazan con cuestiones más profundas como: ¿qué es ser mujer?, ¿la feminidad se define en base exclusiva a la maternidad?, ¿es posible separar ambos conceptos? ¿ser mujer te obliga a ser madre? Y la disyuntiva raíz: ¿el fin justifica los medios? Dudas insignificantes, bah.

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Yumiko Shirai crea un mundo completamente nuevo desde sus cimientos, y lo desmenuza de forma metódica, dosificando la información además con esa seguridad del que sabe que tiene la partida ganada. Porque Wombs es una triunfada total, que nadie lo dude. Tiene el buen sentido también de no presentar la historia de forma ordenada, sino más bien intuitiva, siguiendo el pulso vital de la protagonista, Mana Oga. Esto puede resultar algo difuso, sobre todo porque hace que te preguntes cosas a menudo, pero la mangaka siempre aclara lo suficiente para poder comprender y proseguir el relato. Este proceder brinda mucha frescura al tebeo, así como una cuota de intriga administrada con precisión. Este aire tan dinámico que se respira en la estructura y argumento del tebeo se apoyan en un arte a la altura. De hecho es uno de los puntos fuertes de Wombs, el dibujo enérgico y pletórico de Shirai. Resulta espectacular en los momentos de acción, con una violencia en el pincel realmente prodigiosa, casi rozando la abstracción. La cuidada caracterización de los personajes y la gran expresividad de su estilo consiguen transmitir al lector un gran abanico de emociones, incluidos el terror y el caos que reinan en la batalla.

Wombs es un manga que recomiendo mucho. A pesar de su temática bélica, resulta increíblemente sutil y complejo. Como todas las buenas obras de ciencia-ficción, obliga a reflexionar. Y, por supuesto, deja mal cuerpo porque los dilemas que propone no tienen respuesta clara. No es una historia de blancos y negros, sino de una intrincada escala de grises, poliédrica. Admito que no es una obra para todo el mundo, porque algunos de los asuntos que trata son polémicos y se encuentran en la muga de lo políticamente correcto. Pero es que la autora no busca en ningún momento escribir un tebeo que se aclimate a nuestros valores actuales, sino crear un mundo distante y ajeno donde cuestionarlos y poner a prueba sus límites de elasticidad.  Merece la pena leer Wombs, porque no solo consigue entretener sin problemas, sino que hace pensar. Y esa actividad es taaaan escasa en la actualidad, ay. Solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para llorar fuerte. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime

Pues estaba yo tan tranquila ojeando twitter, cuando observé que Jean de Laberinto Invernal había sacado una entrada dedicada a los dos primeros capítulos de esta (¡por fin!) nueva temporada de Samurai Jack. Al rato, Wanda de Entre sábanas y almohadas subió unos pics de la serie que estaba viendo en ese momento, Over the Garden Wall. Poco después, en el Gato Curioso me preguntaron por South Park. En un breve lapso de tiempo, surgían ante mis atónitos ojos tres de mis cartoons preferidos. Era una señal. Y me dije: “¿es posible que los otacos seamos capaces de ver otras series de animación que no sean japonesas?”. La pregunta, ya de por sí imbécil, merecía una respuesta contundente: “¡Rayos, claro que sí!”. La frontera, que parece más complicada de traspasar con los tebeos, en los dibujos animados se difumina. Así que cavilé (no mucho rato, la verdad, convertí la señal en excusa) una buena forma de irritar a los camaradas otacos con un tag.

TAG: 10 respuestas para una vida más allá del anime es simple, directo y no sirve absolutamente para nada salvo hacer perder el tiempo: ¿cuáles son tus 10 series de animación no-japonesas favoritas? Favoritas, no las que consideres mejores (es distinto). Series, que no películas o cortos. ¿Las tienes en mente? Muy bien, pues ahora piensa en 6 blogs que estén dispuestos a continuar dispersando este miasma. Voilà. Lo has logrado, ¡hay una existencia allende los dibujitos chinos que gozar! ¡Aleluya! Ya puedes copipastear esto.

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Mis 10 preferidas creo que son muy, muy conocidas. Ha sido difícil hacer la selección, pero me he dejado guiar por las tripas y no el intelecto. Las amo a todas sin ninguna objeción, y forman parte ya de mi vida. Junto a otras muchas, claro, pero esta decena es especial. Antes de comenzar, allá van los afortunados que tienen el (ejem) honor de estar nominados a tan insigne y novísimo tag:

Las series están en riguroso orden de preferencia. Por una vez lo he hecho así. No creo que vuelva a repetirse semejante fenómeno otra vez, no obstante. Si lees esto y te apetece hacer el tag, siéntete libre de realizarlo y nominar a quien te dé la gana. La única condición es que nombres la procedencia, lógicamente. Comencemos.


10 ✪  SOUTH PARK

South Park (1997-2016) es una de las series más irreverentes y políticamente incorrectas que ha parido la televisión. Tiene un humor que roza bastante a menudo el mal gusto y la pura grosería, pero de una manera inteligente, nunca ha dado puntada sin hilo. kenny South Park no es un mero exabrupto o un colosal eructo cuyo eco resuena en las montañas. Es ya historia de la animación, un clásico. También es verdad que no está dirigido a todo el mundo, y es necesario cierto talante para poder disfrutar de su comedia negra, y ese arte que imita los cut-outs de las producciones setenteras del este de Europa. Lo que me he reído con esta obra no lo sabe nadie. Ni Isis. Es simplemente magnífica.

9  ✪  THE WIND IN THE WILLOWS

He dicho que creía que todas eran muy conocidas, ¿no? Pues bueno, The Wind in the Willows (1984-1988) quizá no lo sea tanto. Esta serie británica, basada en el enorme clásico de Kenneth Grahame del mismo nombre (y que fue uno de los primeros libros que leí en mi vida), es una joyita del stop-motion y de la delicadeza. No he encontrado ningún gif adecuado, pero sí el primer episodio de la primera temporada. Los recuerdos que tengo ligados a esta pequeña maravilla son tan tiernos como la propia serie. Sus minuciosos detalles, las historias, la ejecución, el diseño de las marionetas… TODO es admirable en The Wind in the Willows.

8 ✪  BATMAN

Es la SERIE de Batman (1992-1995). Definitivamente. A pesar de que ha tenido más encarnaciones, la de Bruce Timm es la que más se ha acercado, al menos desde mi punto de vista, al Batman urbano detectivesco sin caer en lo camp. Oscuro, pero no ridículo. Poderoso, pero humano y vulnerable. batmanY sin recurrir al nihilismo recalcitrante de Nolan que, sin considerarlo malo (Luzbel me libre), se ha hecho algo cansino; y ha contagiado su saturnismo a otros superhéroes que no tenían nada que ver con esa clase de espíritu (véase Superman o Spiderman). El Batman de esta obra es equilibrado y vigoroso, más cercano al de Miller o Moore que otros que vinieron después. Un 10 para esta serie. Batman Beyond (1999-2001) en comparación se me quedó algo cojilla. Y eso que Timm le sacó un partido tremendo.

7 ✪  SCOOBY DOO, ¿DÓNDE ESTÁS?

Algunos de los dibujos animados de la lista se encuentra vinculados estrechamente a mi infancia. Es algo inevitable. Y, a pesar de que ya desde enana mostraba una preferencia muy clara hacia la animación japonesa, también había obras occidentales que me gustaban mucho. Es el caso de Scooby Doo, ¿dónde estás? (1969-1970). scoobyAún en la actualidad me veo un par de capítulos de vez en cuando, y pese a la barbaridad de años que han transcurrido desde su estreno televisivo, resultan llanos y divertidos. Anticuados (normal), pero frescos. Mis personajes favoritos eran (y son) Shaggy y Velma; Fred y Daphne, tengo que reconocerlo, me caían bastante mal. Pero todos ellos hacían un buen equipo para resolver misterios. Que eso era lo que más me gustaba de la serie, el descubrimiento y resolución de tramas y enigmas. Disfrutaba (y disfruto todavía) muchísimo viéndola. Más adelante, la llegada de Scrappy-Doo me fastidió un poco, porque nunca fue un papel que me gustara demasiado. Pero no hay problema, siempre nos quedará la etapa clásica inicial.

6  ✪ HORA DE AVENTURAS

Un clásico contemporáneo que me dolió lo indecible cuando comunicaron que iba a finalizar. ¡¿Por qué, por qué?! Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Hora de aventuras (2010-2018) es de los dibujos animados más originales y delirantes que he visto nunca. Una parodia de los cuentos infantiles, por eso tanto niños como adultos son capaces de entretenerse con ella. ¡Y mucho! No existen tantas obras que puedan trabajar a diferentes niveles. Me siento afortunada de poder haberla seguido mientras se emitía, ser contemporánea de ella. Hora de aventuras es como el puntillo que se coge cuando se bebe cerveza, alegre, dicharachera, irónica y luminosa. ¡Ay, qué penica que vaya a acabar!

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5 ✪ BEAVIES AND BUTT-HEAD

Beavies and Butt-Head (1993-2011) era una serie sobre dos adolescentes de lo más cafre y borrego que os podáis imaginar. Muy listos tampoco eran. bbPero esos comentarios mongólicos sobre los vídeos musicales que veían, su limitado lenguaje basado en gruñidos, risitas tontas y balbuceos, los líos en los que se metían continuamente por tocar las narices al personal, etc, tienen un lugar en mi kokoro por su perfecta representación del típico adolescente asocial con evidentes problemas neurológicos. Formaban una pareja tan patética como hilarante. Me hice con todos sus cómics, que publicó Marvel en España (los tengo a buen recaudo), y aunque no añadían nada de particular a su ristra de astracanadas cotidianas, siguen aún siendo muy entrañables. Dos vírgenes idiotas, a rebosar de hormonas y malicia, no pueden traer nada bueno. Para nuestro deleite televisivo, claro.

4 ✪ OVER THE GARDEN WALL

Más allá del jardín (2014) es todo lo que los cuentos infantiles deberían ser. Con un toque de ferocidad y esa elegancia burtoniana tan comedida. Siempre es otoño en Over the garden wall (mi estación preferida), una época del año que llama a la reflexión, donde las sombras crecen. El creador es Patrick McHale, que también trabajó en Horas de Aventuras, así que cuando me enteré de este nimio detalle, no tardé mucho en sumergirme en sus bosques tenebrosos. Amo esta serie. Es divertida, surrealista y profunda, un Maravilloso mago de Oz (1900) pervertido con ternura. Y encima es musical. Lo único malo que tiene es que resulta demasiado breve, solo diez episodios. Ains.

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3 ✪ SAMURAI JACK

Samurai Jack (2001-2017 ) es otro de esos clásicos contemporáneos que nadie, absolutamente nadie, con un mínimo de interés en los dibujos animados, debería perderse. El año pasado tenía planeado escribir una reseña sobre sus primeras temporadas, samuraijackademás creo recordar que algunos lectores votasteis esta opción en la pertinente encuesta que hice en twitter. Pero el disco duro donde la tenía se fundió y desapareció junto a diverso material inencontrable (todo bastante antiguo, y si digo antiguo quiero decir de principios del s. XX) que ya no podré volver a recuperar… porque no se vende en ningún sitio. Fue un golpe duro, me cagué mucho en los antepasados de Toshiba, pero las cosas suceden así. Quizá más adelante la escriba, pero prefiero terminar de ver ¡la actual temporada de Samurai Jack! ¡Ha vuelto, ha vuelto! Jack is back!

2 ✪ AEON FLUX

Sobre Aeon Flux (1991-1995) escribí largo y tendido en esta entrada, así que no voy a añadir mucho más. Al igual que Beavies & Butt-Head, representa una época dorada en la MTV que, oteando el actual horizonte, parece increíble que haya existido en algún momento. Pero así fue, la gran M estuvo a la vanguardia en muchos aspectos. Y luego se fue a la caca. Larga vida al reality show, larga vida a la cochambre televisada. Junk food para la mente.

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1 ✪ EL SHOW DE LA PANTERA ROSA

El show de la Pantera Rosa (1969-1976) es una obra maestra. Es, por ejemplo, todo lo que yo no soy: elegante, sofisticada, ingeniosa, sutil, divertida… por eso la amo con locura. Es el “menos es más” de van der Rohe elevado a la surrealista potencia. Una maravilla sin diálogos donde la música de Henry Mancini lleva la batuta; un rosario de gags de comedia sencilla pero chispeante. pinkpantherY el arte, ¡ah, el arte! Todo en El show de la Pantera Rosa es de un minimalismo estentóreo. Es curioso cómo las casualidades se convierten en imprescindibles de forma involuntaria. Porque aunque la película donde apareció por primera vez, The Pink Panther (1963), merece un vistazo (o más), ese diamante felino que solo tenía un propósito decorativo, se convirtió en un icono pop que la superó en fama. Y bien merecida. Mil gracias, Freleng y DePatie, por esta criaturita tan singular


Podría haber colado también Vaca y Pollo, Looney Tunes, Ren & Stimpy, PopeyeEl laboratorio de Dexter, Dragones y MazmorrasLas Supernenas, Los Simpsons… pero los que he puesto han significado más para mí. Y, exacto, he procurado ser breve. Esa es la intención del tag, no dar excesivas explicaciones, sino lo justo para aclarar las decisiones tomadas. Directo y conciso, las propias elecciones deberían ser ya lo suficientemente elocuentes. Espero no haberos aburrido mucho y que así hayáis conocido algo más sobre mí.

A los nominados: no es obligatorio realizar el tag, tampoco hay una fecha límite (solo faltaría). Sin embargo, no voy a negar que me gustaría verlo circular y saber así más de lo que se cuece, fuera del anime, en las cabecitas de otros camaradas otacos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Lady Killer o la venganza como una de las Bellas Artes

Esta es una de esas entradas que tengo atascadas desde hace meses. No porque no sepa qué escribir, el motivo es bastante más estúpido: se me olvida. Iba a formar parte de los Tránsitos del pasado octubre, sin embargo mi fabulosa memoria ha decidido que sea un día fresco y lluvioso de febrero la que alumbre esta reseña literaria. Bienvenida al mundo de internet, cariño, no te va a leer mucha gente pero por fin estás aquí.

El próximo mes de abril hará un año de la muerte de una de las grandes escritoras del noir en Japón: Masako Togawa (1933-2016). Si Edogawa Ranpo es el padre del género en las islas, Masako Togawa es la madre. Y menuda madre además. Esta mujer fue de lo más peculiar, tuvo una vida apasionante y multifacética. Da la sensación de que en nuestra actual sociedad hiperespecializada, una persona no pueda dedicarse a dos, tres, cuatro o diez actividades profesionales diferentes y hacerlo encima bien. Como si fuéramos hormiguitas concentradas en una única labor. Pues va a ser que los humanos, por norma general, pueden desarrollar distintas habilidades perfectamente. Togawa es lo que hizo. Era cantante y compositora de canción francesa, escritora, actriz, empresaria, guionista de TV y tertuliana. Casi nada. Pero es a su vertiente literaria a la que nos vamos a referir. Porque esta señora, aparte de un aspecto estrafalario con su pelo afro tricolor, ganó el prestigioso galardón Edogawa Ranpo en 1962 con su primera novela: La llave maestra (1961). Masako Togawa iba escribiendo sus obras detrás de los escenarios, entre canción y canción. En ellas plasmaba fragmentos de su propia vida y de la realidad que respiraba. Así nació también la novela de la reseña de hoy, The Lady Killer (1963), que triunfó por todo lo alto.

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Masako Togawa y su potente voz de contralto

Masako Togawa fue todo un personaje, muy célebre y querido en su país. Y ahora que parece que está tan de moda atacar el feminismo, señalar que esta dama fue feminista y murió feminista. Defensora también de la comunidad LGTBI, resultó un espíritu libre que no se dejó atar por las convenciones de un Japón conservador. Venció. No voy a eternizarme escribiendo su vida y milagros, pero es importante destacar que fue activista convencida, una creativa original y pionera audaz en diversos campos. Masako Togawa consiguió salir adelante en un género, el suiri shôsetsu, que había sido tradicionalmente feudo masculino. No escribió novelas dirigidas a un público femenino al que le gustara el noir, dejemos eso claro. Ese es un prejuicio, con cierto arraigo todavía, que da por hecho que las mujeres crean para mujeres, y los hombres para toda la gente. La perspectiva neutra y universal es, por defecto, la masculina; mientras que la femenina es específica, representa únicamente el universo de la mujer y solo tiene relevancia para ella. Pues no. Masako Togawa en los años 60 dejó muy claro que esto no era así. Una visión femenina del género negro podía ser tan válida, global y atractiva para todos como la masculina.

Suiri shôsetsu se traduce como ficción de misterio, donde el sendero del razonamiento y la deducción son primordiales. Pero, como podréis imaginar, en Japón tomó características peculiares, ya que se trata de una nación de fuerte personalidad. Comparte un aire con el cine polar francés, o al menos así lo percibo yo: la calma, la sordidez y un realismo brutal. El suiri shôsetsu también se preocupa mucho por expresar esa eterna frialdad que destila la sociedad nipona, la profunda soledad y las venganzas que se deciden en silencio y sirven ultracongeladas. Todo con una elegancia de tintes líricos maravillosa, desplegándose con serenidad incluso en los escenarios más lóbregos.

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Portada de la edición publicada por Dodd, Mead & Co. en 1985

¿Cumple esas directrices The Lady Killer? Por supuesto, trabajó en asentarlas de hecho. Existen unas cuantas autoras en la actualidad como Natsuo Kirino, Miyuki Miyabe o Mitsuyo Kakuta, que han contribuido a esa tremenda explosión del suiri shôsetsu o noir japonés contemporáneo. Ahora que se ha relajado un poco el hype, es un momento excelente para escarbar entre las raíces y recordar de dónde procede todo este alboroto. Y Masako Togawa es uno de los cimientos sin duda. De las novelas escritas por ella que han caído en mis manos, The Lady Killer es mi favorita; aunque supongo que no será la mejor. Dilucidar esos abismos de la qualité ya es oficio de entendidos, y solo soy una lectora. Lo que no he conseguido ver es su adaptación al cine, rodada en los estudios de la inefable, gloriosa y mítica productora Shaw Brothers de Hong Kong. Algún día caerá, espero.

Togawa plasmó con su pluma minuciosa un aspecto de la fémina japonesa que se ignora de manera flagrante: el rostro de millones de mujeres que no son ni kawaii, ni sumisas, ni se comportan de forma infantil, ni tampoco cumplen con el arquetipo de femme fatale. Solo son personas, normales y corrientes, inmersas en sus vidas grises. Algunas incluso basculando en los límites de la marginalidad. ¿Qué sucede con las mujeres que no son ni especialmente hermosas ni sexies? ¿Son menos mujeres, carecen de interés? Para Togawa sí que lo tenían… y continúa siendo así para otros escritores aún. Ella abrió la veda del personaje femenino dentro del noir que no se deja encorsetar por las exigencias sociales y estilísticas del género. Adiós, muñeca de porcelana; sayonara mujer dragón; hola, mujer melancólica.

La melancolía es un sentimiento muy curioso que, con suma facilidad, puede mutar en plaga y licuar el corazón con su bilis. La mujer melancólica de Togawa no está loca, pero la amargura la ha transformado. En silencio, lentamente. ¿Y por qué surge esta melancolía? Los motivos no son únicamente sentimentales. Puede ser algo tan acuciante como la falta de dinero o el nacimiento de un hijo muerto; pero irá creciendo, poco a poco, hasta que detone en un calculado estallido de oscuridad sin fin.

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“Belleza verdadera” (1897) de Toyohara Chikanobu

The Lady Killer es una obra corta, meticulosa y absorbente. El punto de vista gira como una peonza de un personaje a otro, creando una atmósfera de atmósferas traslúcidas. A pesar de su estructura, no resulta borrosa en ningún momento porque el estilo nítido y agudo de Togawa no da pie a la confusión. Todos los personajes aparecen delineados con pericia y claridad según su relevancia, enmarcados en su propia realidad desapasionadamente. Porque los espacios que describe la autora son los que conoció en vida muy bien, la noche de los clubs tokiotas con su pintoresca fauna. Entre ellos se mueve Ichirô Honda, un ingeniero de éxito casado con una rica heredera. Es un hombre atractivo que presume de un narcisismo indigesto y esconde un talante cobarde. Nada tampoco del otro mundo, como él hay cientos, pero que sabe sacar provecho muy bien de su aspecto algo exótico. Tiene una noción del mundo muy propia del hombre japonés de la época, donde la mujer no deja de ser un bonito accesorio intercambiable.

Son los años 60, el país disfruta en pleno del “Milagro japonés” que tras la derrota en la II Guerra Mundial y la ocupación americana, relanzó a Japón de nuevo a la palestra como una nación moderna y competitiva. Honda representa eso. Indolente, egoísta, brillante… y víctima de su triunfo. Pura testosterona. Tiene mucha seguridad en sí mismo y es un gran seductor. Lleva incluso un listado pormenorizado, al que llama Diario del cazador, en el que explica sus numerosas conquistas sexuales. Pero sus presas, a las que deshumaniza sin contemplaciones, no son del todo casuales. Siempre son mujeres vulnerables y solitarias, doloridas por la falta de afecto. Honda estudia con precisión a la víctima elegida y se metamorfosea en el tipo de hombre que anhela. Miente sin ningún tipo de rubor para lograr sus fines. Y a la noche siguiente a por otra. Y otra, y otra, y otra. Sin mirar atrás y sin remordimientos, convertidas en trofeos cinegéticos de su diario. Es una compulsión de la que no puede escapar y a la que muy pocas se resisten.

Honda se acercó y colocó la mano en su rodilla. Ella la rechazó pero sólo consiguió avivar su deseo, y él se echó encima, tirándola al suelo y atacándola con manos y labios. Se resistió con ferocidad.
Después de treinta minutos Honda se rindió. No podía creer que estuviera pasándole eso a él… ¿Por qué? Se separó de ella y la miró a los ojos.
—Lo siento. Hoy no tengo ganas —le dijo.
Se arregló la falda que casi le había quitado en la lucha. Tenía lágrimas en los ojos.
Ichiro se preparó para marcharse. Se levantó y se dirigió a la puerta. A medio camino se detuvo.
—¿Tienes novio?
—Oh, no. No tengo ninguno.
(…) Esa mujer era distinta a la que había aceptado sus besos, con el cuerpo temblándole de emoción, en la torre de Tokyo apenas unas horas antes. Ahora la veía tal y como era de verdad: obtusa… egoísta… una mujer perdida en sueños de amor verdadero… ignorante… nada.

Pero un día descubre que varias de sus amantes han sido estranguladas. Siendo las muertes de cada una de ellas coartadas encadenadas para Honda, pues lo único que tienen en común esas mujeres asesinadas es que se acostaron con él. Sabe que algo siniestro lo acecha, de cazador ha pasado a presa; y la policía no tarda en darle alcance. Su rutina nocturna en Tokio es a nivel moral bastante reprobable, pero resulta algo muy diferente de matar a varias personas con sus propias manos. Es inocente de los crímenes pero, ¿quién ha tejido esa concienzuda trampa en la que ha caído?

Masako Togawa encauza con habilidad una historia donde nada es lo que parece. Sus dos protagonistas, envueltos en los tentáculos pegajosos del odio, la culpabilidad y el resentimiento, acaban destruyéndose mutuamente. Dos monstruos que se han creado el uno al otro. El desenlace es inesperado, y quizá no satisfaga a todos los lectores, pero al menos no deja ninguna incógnita por desvelar. Todas las piezas del engranaje, que en un principio parecen tan ajenas unas de otras, encajan con precisión milimétrica. No es un argumento que deje buen sabor de boca, Togawa no posee ese leve toque idealizado de Agatha Christie, por ejemplo, que permite un suspirillo de alivio al final. De hecho su visión afilada de la sociedad japonesa es cruda y tiene mucho de ambivalente, sobre todo en lo que respecta a la moralidad. Por eso puede despistar un poco al lector occidental, acostumbrado a finales más categóricos.

¿Recomiendo The Lady Killer? Sí. Es una obra ágil que se lee con facilidad, muy concisa y elegante. Una buena novela de misterio y policial que, si no se está familiarizado todavía con el noir japonés, resulta una introducción perfecta. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El monstruo que habita en ella

Hacía ya un tiempo que no dedicaba una entrada al cómic occidental. Los habituales ya sabréis que, de vez en cuando, escribo sobre tebeos europeos o americanos con algún tipo de vínculo japonés. Por lo que aquí tenemos Monstress de Marjorie Liu y Sana Takeda, una joyita que no se puede dejar escapar. Ya tardaba en asomar la nariz en SOnC, por cierto.

Veamos cómo podemos abordar el tema: ¿Te gusta la fantasía épica? ¿Steven Erikson, Patrick Rothfuss o Andrzej Sapkowski son tus autores contemporáneos de cabecera? Además de todo esto, ¿eres un mugriento otaco? Si tus respuestas han sido afirmativas, entonces Monstress es tu cómic. No lo dudes. Quizá incluso ya lo conozcas, porque hay un hype enorme rodeándolo. Y con razón.

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En realidad no es necesario que conozcas a esos ilustres escritores ni que seas fanático de la alta fantasía; si disfrutas con una buena historia y un puñado de figuras pintorescas, es más que suficiente. Añadiendo también un poquito de sangre. Y violencia a saco. Sí es verdad que los acostumbrados al género encontraremos familiares muchos rasgos del tebeo, e incluso podamos predecir algunos de sus pasos; pero Monstress, a pesar de no ser revolucionario, ofrece una perspectiva fresca y, de momento, es requetentretenido. Solo llevo 9 números leídos, pero estoy entusiasmada. Aunque comencemos por el principio: una presentación conveniente.

Monstress es una obra escrita por Marjorie Liu y dibujada por Sana Takeda para Image Comics. Ninguna de las dos es novata, y han realizado trabajos para Marvel, DC e Image. Ambas coincidieron en X-23 de Marvel, y como el feeling fue muy bueno, un poco más adelante Liu propuso a Takeda un nuevo proyecto: Monstress. Y eso es algo que se nota conforme el tebeo avanza, existe una gran compenetración entre las dos. Para ellas este cómic iba a ser algo completamente distinto, una temática y un género que ninguna había tocado todavía, por lo que suponía un reto emocionante. También una oportunidad para replantear sus propios estilos, crecer y arriesgar ofreciendo algo diferente. Así que en noviembre del 2015 publicaron su primer número y… ¡KA-BOOOOOOM!

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Nadie sabe lo que ocurrió en realidad, pero lo sucedido en Constantine acabó con la guerra de cuajo… y con la vida de millones de personas en cuestión de segundos. Muy pocos sobrevivieron y ninguno de ellos guardó una memoria clara sobre qué tipo de arma provocó semejante devastación. La Federación de Humanos creyó que los arcánicos habían sido los responsables, así que levantaron un muro y vigilaron la frontera. Pero los años pasaron, y la poderosa orden religiosa militar de las Cumaea rumia inquieta en una tensa Guerra Fría. El enorme poder político que ostenta dentro de la Federación necesita seguir legitimándose, y para ello requiere de huesos y cuerpos arcánicos, de los que extrae el precioso lilium, elixir de juventud y vida eterna. El tráfico de esclavos, sobre todo de niños secuestrados al otro lado del muro, sustenta sus experimentos y producción de lilium. Pero la maquinaria de la guerra comienza de nuevo a rodar cuando Maika, una adolescente arcánica superviviente de Constantine, decide buscar respuestas en la ciudad de Zamora, en la Federación.

Maika vive una existencia errante junto a su amiga Tuya; juntas consiguieron sobrevivir a un campo de concentración humano. Se mueven entre las tierras que hay entre la Corte del Amanecer y la Corte del Ocaso, libres del peligro humano pero… Maika ha desarrollado repentinamente unos poderes mortíferos. En su interior hay un monstruo sin nombre que, cuando el hambre lo apremia, emerge violentamente de su brazo izquierdo devorando la vida de todo lo que se cruce en su camino. Maika no puede controlarlo y no puede controlarse a sí misma. El monstruo usa su propio cuerpo para alimentarse, poniendo en grave peligro a los que la rodean. A causa de ello, decide buscar soluciones en el único lugar donde puede encontrarlas: entre las Cumaea que traicionaron y asesinaron a su madre. ¿Por qué la mataron? ¿Qué le está sucediendo? Maika quiere también vengarse, por lo que dejará que la capturen y la vendan a la orden de las monjas-brujas.

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Ya imaginaréis que Maika no solo no encuentra respuestas, sino más interrogantes; y se ve envuelta en una conspiración que precede su nacimiento. En su odisea será acompañada por la niña arcánica Kippa (sí, a mí también me recuerda a Shippô) y el nekomante Ren Mormorian, un gato tortilla de dos colas y actitud ambigua. Porque los mininos tienen especial importancia en este universo. Una tierra polarizada entre las sangrientas trifulcas de humanos vs. dioses y arcánicos, también otorga su lugar a los gatos, raza de poetas y hechiceros que siguen su propia senda. Es además el sabio Profesor Tam Tam,  que vive en el templo Is’hami, el que, al final de cada número, nos brinda lecciones sobre este lindo mundo de caníbales y asesinos.

Liu y Takeda nos presentan un universo repleto de atrocidades, pero también de amistad y búsqueda de conocimiento. La protagonista es oscura, imperfecta y con mal carácter; no sabe si será capaz de contener la bestia de su interior, y eso la atormenta. Es como una especie de Mary Sue invertida, pero con una personalidad creíble y bien construida. El resto del elenco, que va perfilándose poco a poco, es atractivo y, aunque amarrado a algún que otro estereotipo, va creciendo y ganando profundidad. Hay que tener en cuenta además que solo tenemos 9 números de momento. Hasta ahora Liu y Takeda han sabido cimentar y levantar un mundo verosímil y atrayente, con un bildungsroman feroz de telón de fondo y personajes más que decentes. A algunos les llama la atención que casi todas sean figuras femeninas y las masculinas solo dos o tres. Este mundo es un matriarcado, por lo que es lógico encontrar una representación así. La gran mayoría de las obras clásicas de fantasía épica tienen una proporción de mujeres muy baja porque plasman sociedades patriarcales; no tiene nada de particular crear algo a la inversa. Incluso puede resultar revelador para ciertas personas.

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Kippa quiere mucho a Ren

Una de las primeras cosas que se perciben es que Monstress resulta el híbrido perfecto entre manga y cómic americano; entre Oriente y Occidente. A todos los niveles. Un argumento que superficialmente sigue los parámetros de la fantasía heroica, con un aire inequívocamente grimdark; pero que no duda en recurrir al folclore japonés (jelou, Inuyasha!) y a la arquitectura asiática para construir una fantasmagoría delicada y agresiva a la vez. Monstress aumenta en complejidad a cada episodio, solo para que, lentamente, seamos capaces de vislumbrar la rica ficción de un tapiz en el que todos los hilos acaban entrelazados. Nada parece casual, ¿o sí? Su urdimbre es fascinante.

¿Y qué encontramos en este tebeo? Kaijû con el hálito de Miyazaki y la naturaleza de los Primigenios de Lovecraft, cuyos cadáveres deambulan en una dimensión desconocida; otros acechan en el vacío exterior. Brujas que descuartizan, matan y se comen de verdad a los niños. Odio basado en un tenebroso racismo que se justifica y disfraza hasta límites inimaginables. Kami, yôkai, han’yô, humanos y gatos traicionados por su propio egoísmo y ambiciones. El profundo horror de la guerra. La búsqueda del yo, de la propia identidad y solo encontrar en su lugar monstruos, monstruos reales. Caos y destrucción.

Monstress es la recreación de un cuento clásico pero mil veces más deslumbrante y terrorífico, porque da un paso fuera del marco y nos agarra por el pescuezo: estamos aquí, en el maldito mundo adulto. Por eso sus concesiones al gore son coherentes, y las crueldades que aparecen sin descanso forman parte del entramado de su universo. No se pueden ni deben evitar. El arte refleja todo esto con muchísimo vigor. Takeda está soberbia, su dibujo impresiona, eyacula magnificencia. Tiene la gran fuerza expresiva del manga y el minucioso detalle del Art Déco. No es complicado distinguir cierto ramalazo steampunk, ver revolotear apuntes de Stargate (1994) o Metropolis (1927); o las siempre escalofriantes tinieblas barrocas de H.R.Giger. Y Hokusai, que no falten ni Hiroshige ni Hokusai en el festival, porque también están bien presentes.

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Monstress podría haber sido perfectamente una novela, porque tiene su estructura y el argumento pertenece sin duda a la fantasía contemporánea. Pero, por fortuna, Liu decidió expresar su historia mediante las maravillosas imágenes de Takeda. Y aquí estamos, en pleno viaje. No tengo ni idea de si el barco llegará a buen puerto, pero por ahora me parece de lo más interesante que se está publicando en cómic mainstream americano. Que Monstress de americana (al menos en la noción trumpiana) tiene la editorial y poco más, ya que Liu aprovecha su ascendencia taiwanesa para inspirarse y Takeda es japonesa residente en Tokio. Es un tebeo que podría haberse gestado en Hong Kong u Osaka, su peso oriental es notorio. Sin embargo, tampoco podemos negar sus particularidades occidentales, porque resultan ser los rieles de la obra. En resumen: estoy siguiendo este tebeo con muchísima atención. Además no voy a ser yo la que contradiga al gran Neil Gaiman, que también lo está disfrutando bastante. ¿Lo recomiendo? Mucho. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Héroes y villanos japoneses que se odian, retuercen y lo pasan bien

Creo que todavía no he hecho ninguna reseña sobre dôjinshi o fanzines comiqueros japoneses. Quizá se deba a que viviendo en Europa y siendo la afortunada dueña de una cabeza de chorlito como la mía, no he tenido ni he aprovechado las oportunidades de agenciarme alguno. Y tampoco es que se escaneen y traduzcan muchos que digamos… pocos hay, pero ahí están. Como además llevo unas cuantas entradas seguidas un poco más añejas de lo que me gustaría, escribir sobre una obra del 2015 me viene de perlas. Y calma mi conciencia culpable por estar atiborrándoos de material antediluviano. Que no tiene nada de malo si posee interés, pero en la variedad está el gusto. O eso dicen.

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Esta portadaca la ha dibujado my friendly neighbourhood David López, y es la presentación perfecta de lo que podemos encontrar en las páginas de Alenzyas (2015). Se trata de un tebeo coordinado por Ken Niimura, donde han participado 6 mangakas más: Takeshi Miyazawa, Est Em, Takehito Moriizumi, Tabao Obata, Murai y Mopuko. Todos sangre fresca. Y a todos ellos Niimura-sensei propuso la creación de un superhéroe y un villano, para luego inventar una historieta en la que el antagonista fuese el concebido por otro artista del mismo proyecto. Un desafío interesante para los autores, desde luego, y que para los lectores tampoco carece de atractivo.

Como soy una desgraciada, no he podido hacerme con ninguna copia física de Alenzyas. Me habría gustado, pero las tiradas de los dôjinshi no suelen ser grandes, y por lo que pude husmear en twitter por mi cuenta, se vendieron casi todos los ejemplares en el propio Japón. Unos pocos fueron enviados al extranjero, pero a conocidos y amigos del círculo de los dibujantes. Meeeeeeh. Sin embargo, un alma bienhechora tuvo la idea de subirlo a varias plataformas on-line (y traducirlo, claro). En junio me topé muy felizmente con él. Pero, ¡ay!, no estaba completo, faltaban dos capítulos: el 5 y el 6. ¡¿POR QUÉ?! He pasado unos meses esperando a que alguien subiera lo que faltaba, pero estamos a mediados de septiembre y la cosa sigue incompleta. Aun así pensé que mejor son cinco one-shots que ninguno, teniendo en cuenta que de otra forma me hubiera resultado muy difícil poder leerlos. En realidad tarde o temprano habría caído (el agua de Aragón no es buena, hace que crezca la cabeza), pero de esta manera piratona total pude disfrutar de Alenzyas sin apenas esfuerzo y ahora tú, amado lector, también puedes leer esta magnífica reseña. Todo bien, ¿no? Pues eso. Dudo que los creadores lleguen a leer esto, así que puedo respirar tranquila, que no enviarán sicarios a mi chamizo por utilizar mangafox. Creo.

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“Nighthawk vs. Yukawa” de Murai

Alenzyas son historias muy breves, cada una de una madre y con el estilo propio de cada autor. Es una obra heterogénea y variada, pero con un nexo común: ¿cómo serían unos superhéroes à la japonaise? He sido desde niña lectora de cómics y lleva circulando por mi sistema cardiovascular el virus Marvel/DC muchísimos años, por lo que sé de sobras qué es un tebeo de superhéroes. Sin duda es el género rey dentro de la historieta occidental, el que más pasta genera, el más popular… y el que más detractores furiosos posee también, sobre todo cierto desprecio sordo hacia el norteamericano. La verdad es que el cómic de superhéroes tiene sus luces y sus sombras, como ocurre con todo; y suelen ser los tebeos que se alejan de los patrones más comerciales, buscando nuevas sendas y perspectivas, los que han brillado sobre el resto.

Alenzyas es como una especie de experimento, pero es la prueba de que el material más atractivo es precisamente ese, el que busca su propio camino. Un camino libre sin las exigencias de una línea editorial, un manual de estilo, etc. No es malo que existan, de hecho son necesarias, pero en un dôjinshi es el artista el que marca sus límites y eso siempre, SIEMPRE, es más interesante. No por obligación mejor, pero sí más seductor. Y es lo que encontramos en Alenzyas, una brisa refrescante y agradable gracias a los ventiladores artísticos de gente que está creciendo en el panorama del tebeo. ¿Qué nos pueden contar unos mangakas sobre superhéroes que no hayamos leído ya? Pues su visión. Alenzyas es la combinación de un género ultrapopular con una perspectiva diferente, tanto en forma como en contenido; pero con sencillez, de forma muy inmediata. No es nouvelle manga, pero recoge en cierta forma su legado sincrético.

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“Life is one-two punch” de Est Em

Algunos de los creadores ya están más que familiarizados con este tipo de cómic: Takeshi Miyazawa, por ejemplo, está trabajando ahora con Kamala Khan, la nueva Ms. Marvel; aunque en el pasado se prodigó en X-men Unlimited, Runaways o Generation Hope. Javier Pina, que ha hecho la contraportada, ha dibujado la Cosa del Pantano, Aves de Presa o Escuadrón Suicida; David López… en fin, si no conoces a David López, you know nothing (y tienes que ponerle remedio). Ken Niimura se está haciendo hueco realizando trabajos para Marvel y pequeñas maravillas en el Yearbook de Gotham Academy para DCPero tampoco esto tiene una importancia capital, los demás autores no me suena que hayan realizado nada para cómic norteamericano (me puedo estar columpiando perfectamente, conste) y eso es lo bonito también, observar a creadores esforzándose en un registro ajeno y haciéndolo suyo.

Por eso Alenzyas es un manga bastante curioso, que mezcla Oriente y Occidente con un resultado natural y eficaz. No se trata de un híbrido, o al menos yo no lo considero así. Es muy japonés, un buen shôyu ramen al que se le han añadido unos cuantos ingredientes foranos y, oigan, que ha quedado sabrosote. No tiene vocación comercial, pero posee todo para que un fan de los tebeos lo disfrute con tranquilidad.

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Contraportada de Javier Pina.

Por supuesto, no conocía a todos los autores propuestos y espero tener pronto la oportunidad de poder leer algo de ellos. Es el caso de Takehito Moriizumi, Mopuko y Tabao Obata. Precisamente, son los one-shots de Moriizumi y Obata los que no están subidos todavía; y por el primero siento una curiosidad inmensa. Así que a joderse. Habrá que esperar y estar ojo avizor a cualquier oportunidad.

Life is one-two punch de Est Em es una buena representación de las exigencias del ámbito laboral japonés, mediante una historia veloz pero impactante. El ¿desenlace? resulta como la vida misma. Catty rival de Miyazawa tiene de protagonista a un gato con ansias de dominación mundial (como tiene que ser) que topa con un rival humano imbatible. Muy divertido este cuento. Nighthawk vs. Yukawa de Murai es mi favorito, más clásico en su planteamiento pero tierno también. Sword Hilda vs. Zombies de Mopuko está repleto de acción y violencia, donde las adorables mascotas deportivas se han convertido en unos muertos vivientes, que la espadachina Hilda tratará de destruir con su terrible katana. Incluye moraleja. Y, finalmente, Test de Niimura no defrauda. Los que somos fans de su elegancia, tenemos un relato de gran dinamismo y escenas espectaculares. Genial.

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No, no son The Avengers pero resultan unos superhéroes peculiares y muy cercanos. Alenzyas es una obra coral que no cambiará vuestras vidas, pero que funciona, no ya solo como carta de presentación de autores menos conocidos por estos lares, sino como entretenimiento sano. Una alternativa estupenda para los que se suelan mover en lecturas más estándar y quieran descubrir nuevos pinceles japoneses.

Y que me he quedado sin leer Dengeki Drop de Obata y How far are the depths of love de Moriizumi. Cachis. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Peticiones estivales: Gunsmith Cats

¡Y siguen y siguen vuestras sugerencias! Esta vez es Maffia Machiaveli, desde facebook, el que pide que echemos la vista atrás a esos maravillosos años 90 en los que el anime vivió una época dorada, tanto de calidad como popularidad. Eso no quiere decir que más tarde todo lo que se produjera fuese una bosta, pero el tema se desinfló una miaja y, actualmente, ya sabemos cómo está el tema. Hay algún agorero por ahí que proclama el fin de esta industria, profeta de un apocalipsis animesco que encima resulta ser un individuo del gremio bastante bien informado. ¿Sucederá así? Quién sabe, aunque ese ya es otro asunto. La nostalgia nos hace idealizar el pasado, es una sensación muy común que, en la mayoría de las ocasiones, no se basa en una percepción objetiva. ¿Ocurre eso con el anime? Un poco sí. Un poco. Pero lo cierto es que, desde una perspectiva global, los 90 fueron un segundo boom (el primero fue a finales de los 70) a la espera todavía de que surja un tercero (ojalá). De esa era mítica (jojojo) rescatamos Gunsmith Cats (1995-1996). No es de los mejores productos de la época, sino más bien su serie media, y con una clase que ya les gustaría tener a muchos anime contemporáneos situados en esa franja. Eran otros tiempos, desde luego, la filosofía del entretenimiento era más fiel a su concepto. Y más ingenua.

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Las tres nociones básicas de este anime son: coches, armas y mucha acción. Nada nuevo bajo el sol, salvo que en vez de ser tipos duros las estrellas, son mujeres. Dos señoritas que conducen ese legendario Mustang Shelby GT 500 del 67 y regentan una armería, donde además trabajan de cazarrecompensas. Vamos, una típica trama para demografía seinen en la que el protagonismo de la acción y la trama resulta que es femenino. Eso ya no es tan habitual. Y encima no son un par de inútiles. ¡BIEN!

Las tres OVAs que conforman este anime son la adaptación de un manga del mismo nombre creado por Kenichi Sonoda. Un manga que tuvo un gran éxito además a principios de los 90, relacionado con otro anterior megahit comiquero de la misma temática: Riding Bean. Podríamos considerar Gunsmith Cats un spin-off de este (tuvo también su propia OVA, muy recomendable, por cierto); aunque fue en el que hoy nos atañe donde el autor se explayó muchísimo más en su obsesión con las armas de fuego y coches, con unos diseños fotorrealistas flipantes y, por supuesto, desarrolló una historia y personajes con mayor profundidad. Honestamente, la obra interesante aquí en realidad es el tebeo, podría haber escrito un manga vs. anime donde la serie no habría quedado muy bien parada… pero tampoco habría sido del todo justo. ¿Por qué? Porque estas OVAs son muy dignas, solo pecan de un defecto grave, y de ese único defecto proceden los demás. Si decidís verlas y os gustan, no dudéis ni por un momento de que el cómic os entusiasmará.

Haceos un favor y pinchad play en el vídeo. Existen contados con los dedos de mis manos OPs que me gusten. Este es uno de ellos. Hasta la música, compuesta por el batería norteamericano Peter Erskine, me encanta, con ese aire trepidante medio frívolo de serie televisiva norteamericana que recuerda tanto al jazz horterilla de los 80. La influencia que tuvo luego en Cowboy Bebop es meridiana, que es uno de mis openings favoritos de todos los tiempos, el cual también optó musicalmente por el jazz, pero con una vertiente más africana y latina: el mambo. Dios bendiga a Yoko Kanno, btw.

Efectivamente, estas OVAs tienen mucho de estadounidense. No hay nada nipón en ellas, salvo ese minúsculo detalle de que están realizadas en Japón por japoneses, claro. Apesta a yankee, y esa era la intención tanto de Kenichi Sonoda como de los creativos del anime. Se trasladaron incluso a Chicago en varias ocasiones para recrear luego localizaciones y ambientes con fidelidad. Y vaya si lo hicieron, con cuidado y verdadero cariño. Tiene mucho de The Blues Brothers (1980) de Landis en su ritmo y locura argumental; se trata de una historia policíaca con toques de comedia, intriga y acción.

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Los títulos de las OVAs son: Neutral Zone (1995), Swing High! (1996) y High Speed Edge (1996). Son más o menos autoconclusivas, pero la trama de fondo las enlaza en un crescendo la mar de emocionante.

Irene Rally Vincent y May Minnie Hopkins son dos jóvenes que administran una armería, donde venden y reparan todo tipo de pistolas, revólveres, etc. En realidad la especialista es Rally, ya que a Minnie, que trabaja como su ayudante, le van más los explosivos, con los que es muy diestra. Ambas forman una pareja peculiar y contrapuesta: Vincent es sarcástica, inteligente, audaz y toda una profesional; Hopkins es infantil, atolondrada… representa el estereotipo de rubia tonta, aunque de lo suyo sabe un rato. Un poquillo como el tándem de Jane Russell y Marilyn Monroe en Gentlemen prefer blondes (1953), pero con la diferencia de que estas dos zagalas no buscan ni marido ni son bailarinas, sino cazarrecompensas. Y esa labor es aprovechada por el socarrón de Bill Collins, agente de la ATF, que las chantajea para que le ayuden gratuita y extraoficialmente en un caso de contrabando de armas. Este caso va complicándose cada vez más, alcanzando altas esferas políticas de la ciudad, e involucrando a una ex-mercenaria de la KGB, que se convertirá en la antagonista principal de las OVAs.

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Un argumento clasicote del género con persecuciones, tiroteos, huidas espectaculares, explosiones y topos incluidos. Tampoco falta el personaje geek, la pelirroja Becky. ¿Previsible? Sí, pero muy ameno con ese candor tan maravilloso que obliga a admirar la alegría con que se tomaban las cosas antes. No hacía falta hacer un anime especialmente sesudo o profundo para realizar un buen trabajo, Gunsmith Cats es simple esparcimiento, sin más pretensiones. Pero no todo iba a ser estupendo, esta obra posee una tara importante: es corta. Solo 3 OVAs no son suficientes para hacer prosperar un mundo como ese. Se quedan muy, muy pequeñas, para ser un producto perfecto debería haber sido una serie en toda regla con sus buenos 26 episodios. O 12, por lo menos. Esta cortedad revela otras carencias, como unos personajes más abocetados que dibujados o un argumento algo superficial y acelerado. Si se compara con el tebeo ya es el acabose.

Gunsmith Cats es una perfecta introducción al manga. Por sí mismo no deja de ser una obra divertida y de calidad, pero permanece como una especie de amago. Deja con ganas de más, y eso jode. De hecho, a mí personalmente me da mucha pena que no progresara más, porque el potencial era excelente para hacer una serie muy original y entretenida. Los senderos de la industria del anime son inescrutables. Tremenda lástima.

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Aun con todo, el apartado técnico es magnífico. Takeshi Mori hizo un trabajo intachable, y por el equipo también rondaba Mahiro Maeda (¡genio y figura!) de animador primario. Aunque no llega al nivel de prolijidad maníaca de Kenichi Sonoda en los pormenores de armas y coches, es un auténtico regalo para la vista. Las escenas de acción son de una fluidez impecable; el dibujo, aunque tiene un leve aire moe en los diseños femeninos, es rotundo y minucioso. Los fondos, sobre todo los que se ambientan en exteriores, son un reflejo de Chicago muy fiel y los que amamos la ciudad lo sabemos apreciar. Gunsmith Cats tiene todas las virtudes de la entrañable animación noventera y ninguno de sus defectos. Como diría Ed Wood: PERFECT.

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Rally, Minnie y Becky

Gunsmith Cats son unas OVAs muy masculinas ellas, con todos los símbolos fálicos que así lo acreditan… pero controlados por unas mujeres bastante competentes. Hasta el inevitable fanservice es elegante y llevadero, para nada forzado. Y es un verdadero alivio que no haga acto de presencia el romance, que no se les vincule sentimentalmente a nadie. Por cierto, Rally, la protagonista, me encanta. Una profesional en su trabajo y como persona, muy normal. Una Ripley de la vida, con sus cosas buenas y cosas malas, pero que no se deja amilanar. Minnie puede ser el personaje que menos me convence de todos, no llevo muy bien el temita de las pavisosas, pero sabe redimirse. Imagino que el papel de idiota lo tenía que hacer alguien.

¿Recomiendo Gunsmith Cats? Por supuesto que sí. A pesar de que podría haber sido grande y no lo fue, merece que se la recuerde de vez en cuando. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Saudade, memoria y Record of Lodoss War

Este verano he visto muy a gusto Stranger Things de Netflix. Y con la inevitable nostalgia que arrastra, aunque la serie sea mucho más que eso, no he podido evitar recordar mis partidas de rol infantiles. Porque sí, yo jugaba al rol, mea culpa. Y así mi cabeza ha relacionado el tema con Record of Lodoss War, una franquicia creada por Ryô Mizuno, basada en los registros de sus partidas como master de Dungeons & Dragons. Qué cosas. Un estudiante japonés, fascinado por Tolkien y D&D, usa unos replays para crear un nuevo mundo que, con gran éxito, acabó convirtiéndose en uno de los productos más importantes de fantasía épica en el mundo de los videojuegos, anime y manga en Japón: Record of Lodoss War.

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El equipo al completo: Parn, Deedlit, Slayn, Ghim, Etoh y Woodchuck

Fue a partir de 1988 que Mizuno fue publicando en Comptiq estas actas de juegos, las cuales se habían ido desligando del universo D&D o RuneQuest para crear el suyo propio: Forcelia. Se pueden considerar las precursoras de las light novels junto a Arslan Senki, así como también de las primeras obras del país dedicadas al género de Alta Fantasía. La fama que alcanzaron fue enorme incluso entre personas que no eran aficionadas al role-playing; y a su rebufo aparecieron los primeros productos que construirían al gigante: juegos para PC, Gameboy, Dreamcast, etc; mangas, diversas películas y series de animación, todo tipo de merchandising… Pero es de las primigenias 13 OVASLodoss-tô Senki (1990), de las que voy a escribir hoy. El mundo de esta franquicia es amplio y, aunque más lentamente, continúa creciendo en la actualidad. No supo aprovechar del todo sus oportunidades en el momento, todo hay que decirlo, pero conforman uno de esos pilares fundamentales de la fantasía heroica en Japón. No deseo hacer una entrada dedicada a toda la franquicia, me parecería tedioso y larguísimo; sino a esa serie de cuando era una mini-anormal (ahora soy maxi) y de la que guardo tan gratos recuerdos. Creo que todavía andan en mi casa del pueblo los VHS originales. Hechos una mierda, claro, y sin aparato para poder reproducirlos. Ains.

Para los seguidores del género, Lodoss-tô Senki es indispensable, un clásico. Aunque no fue el primer anime en trabajar la sword & sorcery (me viene a bote pronto The Little Norse Prince de Takahata, Ys, que es contemporánea, Tenkû Senki ShuratoLeda), sí es cierto que a partir de Record of Lodoss War esta categoría se asentó a la manera tradicional occidental, creció y se convirtió en una de las más queridas del fandom. Fuera de Japón ya se había tratado la espada y brujería, por supuesto, tenemos desde la estúpida The Sword in the Stone (1963) de Disney, El Hobbit (1977) y El Señor de los Anillos (1978) o las maravillosas El último Unicornio (1982) y Fire and Ice (1982). Entre otras. Pensándolo bien, en la década de los 80 hubo una especie de boom en el género que se plasmó muy bien en el cine (Excalibur, la saga de Conan, Cristal Oscuro, Willow…); y, a pesar de la gran riqueza folclórica de Cipango y la proverbial resistencia hacia lo extranjero, no tardó en calar en las islas.

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Deedlit, la Alta Elfa

Creo que si de un anime se han hecho reseñas, es de este. Los otacos ancianos sabemos muy bien cuál es; los que vinieron después la conocen seguro de oídas e, incluso, hasta algunos se habrán atrevido a verla. Y eso que hay extendida una tremenda alergia a la animación anterior al 2000 entre el público actual. Por eso no tengo intenciones de disertar como una mema pedante (sé que lo soy), ya se han dicho millones de paridas y comentarios sesudos sobre Lodoss-tô Senki. Solo serán apreciaciones personales sin más y un mínimo de información para los que no conozcan la obra.

Vayamos con la información: los estudios fueron los celebérrimos y fantabulosos Madhouse, el director Akinori Nagaoka (el del genial Dr. Slump), como animador primario Hirotsugu Kawasaki (Akira, Ghost in the Shell, Metropolis… lo que se dice un indocumentado) y el storyboard estuvo en manos de Rintarô (si no sabéis quién es Rintarô, tenéis problemas, chatos). Vamos, un equipazo. Apostaron fuerte y la jugada salió bien.

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Esta es la isla o continente de Lodoss. Surgió de los restos que dejó tras de sí la guerra entre la Luz y la Oscuridad. En la última batalla cataclísmica, solo quedaron dos combatientes de entre todos los dioses: Marfa, diosa de toda la creación y Kardis, diosa de la destrucción. Ambas intentaron vencerse con un ataque fulminante, pero ninguna lo consiguió, cayendo ambas en la inconsciencia. El cuerpo de Marfa se derrumbó en Lodoss; el de Kardis en la isla de Marmo. Desde entonces, Lodoss ha sido considerada también la Isla Maldita, y a pesar del esfuerzo de los diferentes reinos por convivir de manera pacífica, la ambición humana y el eterno peligro latente del regreso de Kardis, hacen del continente un lugar inestable y vinculado con el mismísimo destino de Forcelia.

Este es el escenario en el que tienen lugar las aventuras de una compañía muy dispar: Parn, el hijo de un caballero caído en desgracia, Deedlit, una alta elfa del Bosque sin Retorno, Slayn el intelectual y hechicero del grupo; Woodchuck, ladrón y con el don de aparecer en los lugares oportunos; Etoh, sanador y clérigo de Falis, el dios supremo del Bien; y Ghim, un terco y leal enano. Todos representan arquetipos fáciles de reconocer, y sus personalidades tampoco se alejan de lo convencional. Cómo llegan a reunirse y los motivos de su búsqueda del sabio Wort, son punto esencial de lo que podríamos considerar la primera parte, hasta la OVA siete. En ella descubrimos muchas cosas sobre sus vidas, así como la situación de guerra en la que se encuentra sumido de nuevo Lodoss. El emperador oscuro de Marmo, Beld, ha desembarcado en el continente para conquistar y subyugarlo por completo. Ya han caído bajo su poder Kanon y Alania, pero los reyes de Valis y Flame no van a quedarse quietos… Junto a Beld están su general el caballero negro Ashram, el nigromante y adorador de Kardis Wagnard y una misteriosa dama, que se hace llamar Karla. También conocida como la Bruja Gris, esta mujer es un enigma y la única superviviente de la destrucción de Kastuul, el antiguo reino de la hechicería. Maneja los hilos del destino de Lodoss desde hace mucho tiempo, casi podríamos decir que está más allá del bien y del mal, por eso mismo es peligroso confiar en ella, ya que sigue su propia hoja de ruta.

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Karla, la Bruja Gris

Aparecen más personajes, que deduzco que en las novelas ligeras estarán más definidos, como la elfa oscura Pirotess, el silencioso mercenario berserk Orson; el rey Kashue, la princesa Fianna, etc. Salvo Karla, son todos lisos como una tabla, pero cumplen su papel eficientemente. Es cierto que, en general, Record of Lodoss War vista en el 2016 es una amalgama de tópicos que la hacen previsible y candorosa. Pero no hay que olvidar cuándo se hizo, señores, y que no resultó un petardazo sin motivos. Los que jugamos RGP, reconocimos inmediatamente la estructura, la base de los protagonistas y sus dinámicas. Los que no, observaréis que sus recursos han sido utilizados miles de veces en series posteriores. Honestamente, Record of Lodoss War se ha quedado antigua. Es como esos cuadros del Quattrocento, que notas cierta rigidez acartonada, los movimientos y posturas congelados y unas expresiones poco naturales. Sin embargo, no te cansas de mirarlos y disfrutar de su belleza, por mucho que obras de periodos siguientes sean técnicamente superiores. Allí están esos esfuerzos por el dominio de la perspectiva, la tridimensionalidad, el uso de la luz. Con Lodoss-tô Senki es igual, abrió nuevas puertas e inspiró a cientos de creadores. Un anime pioneroRespect.

La historia en sí es más o menos lineal, sin demasiados sobresaltos. La vereda que sigue es clara, pero no por ello aburrida. Tras una temática de índole política, que no es otra que la del dominio de Lodoss, existe otra esencial que es la eterna lucha entre Bien y Mal, Luz y Oscuridad. El maniqueísmo en la fantasía épica es bastante común y una de sus marcas de agua. Afortunadamente, se va superando para mayor enriquecimiento del género. Aprendemos del Lodoss del pasado (La Guerra de los Héroes) y sus protagonistas, qué ha sido de ellos y por qué son tan importantes. Descubrimos que el futuro del continente está en las manos de nuestros 6 protagonistas, tan diferentes entre sí, pero que no dudarán en sacrificarse por el bien común. Todos ellos poseen sus circunstancias y pesares; algunos están mejor desarrollados que otros; pero forman el habitual grupo de aventureros que entretienen bien.

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También hay dragones

Respecto al apartado musical, si no escribo esto, explotaré (y no quiero fenecer todavía): tanto el opening como el ending son espeluznantes. Están interpretados por la misma voz de oveja (una señora que se hacía llamar Sherry), desafinando como una bellaca.

Io sono prigionieeeeraaaaa 
kon’ya anataaaa waaaaa… 

HORROR. IGNOMINIA. MUERTE. Los pelos como escarpias, oigan, no ha sido un recuerdo distorsionado del pasado. Era un espanto, sigue siendo un espanto. El resto es la clásica composición orquestal, de aires imponentes y pomposos, con algún arreglo electrónico suelto (el toque horterilla de la época) que asisten perfectamente a la historia sin sobrecargar. La compositora es la inefable Yôko Kanno, así que DE RODILLAS, TODOS, YA.

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A pesar de que los diseños de los personajes de Yutaka Izubuchi en general no han envejecido bien, el arte de Record of Lodoss War es excelente. Muy particular de esa etapa, con rostros picudos y hombros que hacen de Hulk un conejillo campestre; pero que resulta sorprendentemente hermoso en sus fondos, en su arquitectura, en los detalles infinitos de naturaleza inanimada. Casi lloré al percatarme de cuánto puede echarse de menos el dibujo en la animación. El dibujo, sí, DI-BU-JO. Sus líneas y trazos, su textura, su volumen. Lodoss-tô Senki es como un manga en movimiento, irregular, con sensación de ser real. Eso rara vez se consigue ver en los anime más modernos, que en comparación son de una pulcritud y perfección tan uniformes que parecen hospitales. Quizá sea por la digitalización, que suele homogeneizar y dar un acabado aseado. Con esto no quiero decir que la animación antigua sea mejor que la actual, porque sería una afirmación bastante ridícula. Pero todo tiene sus pros y sus contras, y algunas cosas se echan de menos… Lo curioso es que no te das cuenta de que lo has echado en falta porque te has acostumbrado ya, y cuando te enfrentas a un anime de estas características, con un arte tan orgánico y bien recreado, la alegría y sorpresa son hasta placenteras. Y se goza más.

Por cierto, que cuando me refiero a que Record of Lodoss War parece a veces un manga en movimiento, no estoy exagerando. Algunos planos son directamente dibujos estáticos, el movimiento lo otorga el zoom, un desplazamiento focal lateral o ambos combinados. Aunque otorga características arcaizantes, me parece un recurso que estimula la emoción y dramatismo de algunas escenas, y compensa la falta de agilidad que se observa en las secuencias de acción, que es uno de los puntos débiles de esta serie.

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¡De ordeeeen del señor curaaaa, se hace sabeeeeer que Dios es uno y trinooooo!

Record of Lodoss War es una serie de OVAS imprescindible para el fan de la fantasía épica y los amantes de la historia del anime. No es una mera reliquia curiosa, pero sí exige cierta benevolencia por parte del espectador moderno, sobre todo si no se acostumbra a ver material antiguo. Su revisión no me ha supuesto para nada un desencanto, y eso que hacía unos cuantos años que no le hincaba el colmillo. Ha sido una experiencia bonita, llena de recuerdos. Hay hadas, dragones, elfos, kobolds, orcos, magia y aventuras. Hasta un leve aroma a romance. ¿Qué más se puede pedir?

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Hacia la Tierra

Ya no sé ni cómo mitigar la impaciencia por tener en mis manos 11-nin Iru!. El 19 de septiembre queda todavía tan lejos… Gracias, Tomodomo, por haber puesto al fin una fecha a mi espera. De momento encuentro consuelo en otros mangas del género y misma época, como el protagonista de la presente entrada. Este Manga vs. Anime está dedicado a una de las obras más importantes de su autora; y también es el ejemplo de cómo creadoras pudieron, a pesar del prejuicio y la entonces corriente mayoritaria en el sector, escribir y dibujar historias que lograron redefinir por completo la esencia y forma del shôjo.

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“Terra e…” de Keiko Takemiya

Estas creadoras fueron, entre otras, Môto Hagio, Ryôko Yamagishi, Yumiko Ôshima, Riyoko Ikeda o la que hoy nos atañe, Keiko Takemiya. Todas conformaron el que se denominó Hana no 24 nen gumi o Grupo Floreciente del 24, y enriquecieron el mundo del manga con perspectivas innovadoras, engendrando nuevos géneros como el shônen-ai. Hasta entonces habían sido principalmente autores masculinos los que desarrollaron la demografía shôjo, recurriendo casi siempre a la clásica historia romanticona de chica de vida azarosa que sufre mal de amores.

Pero no me olvido del trabajo de mangakas previas, como las esenciales Toshiko Ueda o Hideko Mizuno. El Grupo del 24 recogió el legado de estas pioneras que modelaron el género, para revolucionar el panorama a fondo. Junto al que se llamó Grupo post-24 y la labor de autoras como Shio Saitô, Kyôko Okazaki e incluso Rumiko Takahashi, es que podemos disfrutar del manga comercial tal como lo conocemos ahora. Su contribución fue fundamental, porque estas creadoras no se limitaron a transformar el shôjo y shônen introduciendo temáticas hasta entonces impensables, sino que se adentraron en los paisajes estelares de la ciencia ficción, hurgaron en conceptos filosóficos complejos, escribieron historias intrincadas de gran calado o innovaron en la disposición y estructura de las viñetas para intensificar la emotividad. Fue un tsunami tanto formal como intelectual.

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Esta SEÑORA es Keiko Takemiya

Keiko Takemiya vivió durante un par de años en la misma casa que Môto Hagio, en Ôizumi, Nerima (Tokio). Por ahí también empezaron a pasarse otros artistas, creando lo que más tarde se denominaría Ôizumigakuen: un lugar de encuentro, intercambio y aprendizaje. Allí ambas descubrieron publicaciones como Barazoku y leyeron obras como Le ville dont le prince est un enfant (1951) o Les amitiés particulières (1943), que les abrieron las puertas a un universo oculto, el de la homosexualidad masculina. No dudaron en inspirarse en el material que les ofrecía ese nuevo mundo para crear algo completamente transgresor: el shônen-aiyaoi. No es difícil encontrar los ecos de Les amitiés particulières en Thomas no Shinzô (1974) de Hagio y, sobre todo, en Kaze to Ki no Uta (1976-1984) de Takemiya. No soy especialmente fan de esos géneros, de hecho la sobredosis de idealización romántica que suele acompañar sus historias me aburre, pero en sus inicios el asunto era bastante diferente. Fue un reducto donde acudieron autores con poco miedo a la experimentación, y esa tendencia todavía persiste en cierta forma. Ahí tenemos a Asumiko Nakamura, por ejemplo. Pero regresando a la casa de Ôizumi, también ambas leyeron a Robert E. Heinlein o Alfred Elton van Vogt, por lo que era completamente lógico que apareciera una obra como la que vamos a tratar hoy: Terra e… o Hacia la Tierra.

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¿Dónde está el emblema de la Flota Estelar que falta en el uniforme? ¡A ver qué pasa aquí!

En 1976, año en el que empezó a publicarse Terra e… hasta su finalización en 1980, las space opera estaban plenamente aceptadas y a puntito de lograr su clímax a nivel popular. Lejos quedaban los años en los que se consideraban un subproducto marginal de la ciencia ficción, pasto de publicaciones pulp de escasa calidad. Es indiscutible la importancia de Isaac Asimov o Ray Bradbury en su desarrollo, pero fue a finales de los 60 y a lo largo de los 70, que este género despegó como un cohete, reconstruyéndose a sí mismo. Y a esa reconstrucción, que abrazó diferentes disciplinas, contribuyeron obras como las míticas series de televisión Star Trek (1966-1969), Battlestar Galactica (1978-1980) o la archiconocida saga cinematográfica de Star Wars (1977-). Keiko Takemiya también aportó su granito de pólvora a esa enorme explosión sideral, y lo hizo en el mundo del tebeo con Hacia la Tierra.

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Terra e… está constituido por 28 capítulos distribuidos originalmente en 5 tankôbon, que en la edición americana redujeron a 3. En 1978 triunfó en la recién creada categoría de mejor cómic en los galardones más importantes dedicados a la ciencia ficción de Japón: los premios Seiun. Môto Hagio ganaría 3 veces en ellos también a los pocos años. En 1980, Hacia la Tierra recibió el Shogakukan al mejor shônen… y otra obra de Takemiya, Kaze to Ki no Uta, al mejor shôjo. Un doblete que Môto Hagio había logrado también en 1976 con Poe no Ichizoku y 11-nin Iru!. Por supuesto, no fue un fenómeno aislado el de Hacia la Tierra. Como decíamos, el space opera estaba en plena ebullición, y en el mundo del manganime su impacto fue notable. Además de Hagio y Takemiya, es obligatorio mencionar al rey del género Leiji Matsumoto, cuyos clásicos han gozado de mucha fama en Occidente (Space Battleship Yamato, Capitán Harlock, etc).

El éxito de Terra e… era incuestionable, así que Toei produjo la película animada que se estrenó en 1980. Su director, Hideo Onchi, no me suena absolutamente de nada, pero otros miembros del equipo que sacaron adelante el proyecto me resultan más familiares, como Masami Suda y, muchísimo más, Yoshinori Kanada (1952-2009). Kanada poseyó una larga y experimentada carrera como animador primario; trabajó en otras películas similares, creaciones de Leiji Matsumoto, como Ginga Tetsudô 999 (1979) o Queen Millennia (1982); aunque sus colaboraciones más destacadas fueron en Nausicaä del Valle del Viento (1984), Mononoke hime (1997) y Metropolis (2001). Hacia la Tierra no pudo presumir de un staff espectacular, pero sí muy eficiente. Tuvo la responsabilidad de adaptar una obra compleja y profunda. ¿Lo logró? Sí y no. Como sucede muchas veces en la vida.

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Este es Jomy Marquis Shin y, entre tú y yo, al principio es un poquitín idiota.

Takemiya-sensei nos introduce en un futuro lejano donde el ser humano ya no vive en la Tierra, sino en Ataraxia. Nuestro mundo fue devastado por la acción del hombre y, este, para procurar su regeneración, decidió abandonarlo y dirigirse hacia las estrellas. Pero la nostalgia del hogar pervive, y la humanidad desea regresar a él, esta vez para no tener que irse. Aunque, ¿son todos dignos de volver? La sociedad que aparece en Terra e… está completamente tecnificada, tanto que las personas se engendran de manera artificial. La humanidad ha olvidado su propia humanidad. Controlada por la superinteligencia artificial SD, que examina, verifica y domina cada estadio de la vida humana, esta sociedad venera el orden, la obediencia y la preservación del statu quo; pero prohíbe totalmente las nociones de libre pensamiento, espontaneidad o evolución. Esta última palabra es clave, pues SD excluye y aísla una variación humana que ha ido surgiendo, una mutación dotada de capacidades parapsicológicas como la telepatía, telekinesis, videncia, etc. que también van acompañadas de algún tipo de discapacidad física. Son los llamados Mu, y en cuanto se detectan, apartados de la sociedad y sujetos a experimentación médica. Pero muchos han conseguido escapar, y conviven ocultos para rescatar a más de los suyos y, finalmente, dirigirse a un planeta que habitar sin ser perseguidos o molestados. Su objetivo, en realidad, es retornar a la añorada morada ancestral: la Tierra.

Los Mu están liderados por Blue Soldier, un gran telépata que lleva mucho tiempo esperando la llegada de un nuevo mutante más fuerte, más poderoso, que pueda liderarlos hasta su nuevo hogar, lejos de Ataraxia. Y, por fin, se presenta en la figura del adolescente Jomy  Marquis Shin. A pesar de reiterados exámenes y pruebas exhaustivos, Jomy todavía no ha manifestado su mutación y, aunque posee un carácter desenvuelto y rebelde, SD no lo considera un Mu. Pero Blue Soldier sí se ha percatado de su presencia y decide llevarlo hasta él. Para ello, decide aprovechar el “Examen de Madurez” (en realidad un lavado de cerebro) al que es sometida toda la población para acceder a la edad adulta. Tras él, si no son desechados, recibirán una intensa reeducación para ser merecedores de regresar a la Tierra.

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Este sería el resumen, sin entrar en grandes detalles, del primer libro del manga. En él Takemiya, con elegante sencillez, expone las circunstancias en las que vive la gran parte de la humanidad. Es un régimen autoritario, de semi-esclavitud e ignorancia, que SD podría considerar de equilibrio y tranquilidad. El argumento se extiende más, pero muchísimo más. Takemiya no narra un momento extraordinario en la vida de alguien, sino que cuenta la historia de la humanidad en el espacio. Se trata de una perspectiva amplia, que trasciende las existencias de los rostros protagonistas. Una obra ambiciosa, de corte épico y con miles de recovecos.

Los personajes más interesantes son, sin duda, Jomy y Keith, su antagonista. De hecho Keith Anyan es brillante, casi cegador. Su presentación en el segundo libro, como estudiante modelo y futuro miembro de la élite social pero, a la vez, consciente del enorme abismo que lo separa de otros compañeros a nivel intelectual y emocional, es premonitoria. Su frustración por saberse distinto, lo conduce  a sentir un profundo vacío existencial. Seki Ray Shiroe, un novato díscolo, será su catalizador, ya que se trata de su completo opuesto. Y, con esa base, el personaje crece, crece y crece. Pero hay más. Takemiya no se centra en un solo bando, ofrece una descripción pormenorizada tanto de los humanos como de los Mu, destacando sus virtudes y defectos. Más equidistante de lo esperado. Y la galería de personajes que va desfilando ante los ojos es abundante; pueden estar más o menos delineados, pueden ser más o menos cliché; pero todos aportan algo al acervo. Es una obra coral donde hasta las voces más insignificantes engrandecen esta polifonía cósmica.

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No hace falta exprimirse mucho la sesera para encontrar, como primera y evidente metáfora, una crítica a la sociedad tradicional japonesa, que premia la sumisión y la entrega total al deber como defensa de la sociedad (wa); y considera una amenaza a la paz y el orden el individualismo, lo diferente. Me viene a la mente el refrán japonés deru kui wa utareru o “el clavo que sobresale recibe un martillazo”. Que no se refiere solo a las envidias o críticas que puede suscitar la diferencia; sino a que la propia sociedad, el colectivo, hará lo necesario (un martillazo) por homogeneizarse y mantener la armonía. Afortunadamente, los tiempos en Japón están cambiando en este aspecto y no son ya los años 70.

Hacia la Tierra es una guerra entre dos formas de vida aparentemente incompatibles entre sí, ambas luchan por sobrevivir, ambas se creen legítimas. En realidad es uno de los combates más viejos del mundo, y que se siguen repitiendo casi siempre para mal. Ese ideal de felicidad filosófico epícureo de la ἀταραξία o ataraxia, esa búsqueda de la imperturbabilidad y calma que ha logrado SD, ¿a qué precio se ha conseguido?, ¿es lo que realmente desea la humanidad?, ¿no es sino una corrupción de ese concepto, donde la voluntad individual se elimina, lo que ha construido a gran escala SD? Estas preguntas y muchísimas más, son las que van brotando a lo largo del manga. Podría profundizar y alargarme en otras ideas también esenciales que Takemiya toca, pero sería destriparlo demasiado. Lo adecuado es leer (o ver en el caso de la película) y que cada uno reflexione sacando sus propias conclusiones.

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Para ser un poco equitativos, he ignorado la serie de televisión que fue emitida en 2007 (muy buena, por cierto, y que está injustamente relegada al olvido). ¿Por qué? Porque para esta sección prefiero que suban al cuadrilátero dos obras coetáneas, impregnadas del espíritu de la misma época. Lo considero más justo. Además la serie ya tiene una reseña excelente, realizada por Wanda en su blog Entre sábanas y almohadasy que os invito a que leáis sin falta.

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Se trata de un combate desigual. Por completo. Es debido a que la película adapta, no un arco argumental o dos, sino todo el manga. Tooooodo lo que supone este tebeo en hora y tres cuartos. Eso es compresión, señores, y no el WinRAR. Esta decisión no fue caprichosa, pues en esa época generalmente era el procedimiento habitual. Aun así imagino que tuvo que ser una tarea embarazosa… y difícil. Por ejemplo, la peculiar estructura del manga, que no sigue una linea temporal continua, en la película queda completamente dislocada, resultando un poco bastante adefesio.

Algo que deberíamos preguntarnos es si el manga o la película han envejecido bien. La respuesta es clara, pero con matices. El manga supera con creces la mayoría de los inconvenientes que un lector actual promedio pueda hallar. El arte es armonioso, muy influido por Tezuka, pero con la orientación clara de un shôjo clásico. Diáfano, a veces psicodélico, y con una alta carga emotiva que Takemiya no se corta en expresar mediante trazos más violentos o fuera de viñeta. En su momento debió de considerarse muy original, actualmente lo valoraríamos como recursos de mucho dinamismo sin más. El argumento en ocasiones peca de ingenuo, con algún que otro agujerillo, pero es inteligente y atractivo; sigue enganchando. Salvo los típicos detalles de asignación de roles de género, que ahora chirrían bastante, y alguna poca cosa más, Terra e… es indudablemente un clásico que debería ser reivindicado con más frecuencia. ¿Le sucede lo mismo al film? Veamos.

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Hacia la Tierra, si no se ha leído el manga, resulta una película decente; más del montón que memorable, pero que jamás se me ocurriría despreciar. Es entretenida, posee una animación buena y el arte, aunque discreto, sirve con eficiencia a la historia. El argumento, aunque se percibe amputado, deslumbra por sí solo. Es complicado hacer de una historia así estiércol. Muy complicado. Los problemas brotan, como setas en octubre en un pinar, cuando se ha leído antes el manga. No lo hagáis en ese orden, el film parece en comparación un episodio de dos horas de Wacky Races.

La película en realidad es una curiosidad. Una anécdota. Bien realizada para la época, resume lo más básico del manga y lo presenta con coherencia, hasta de manera más clara que el tebeo, que en ocasiones se torna denso y algo confuso. Incluye también pequeños detalles que humanizan a ciertos personajes, otorgándole al conjunto más calidez. Sin duda, se trata de un buen aperitivo para disfrutar antes del tebeo, aunque por sí mismo transmite una idea sesgada. Terra e… no es un shônen. Tampoco un shôjo. En realidad Terra e… es un algo indefinido que sigue sorprendiendo a pesar de los años que han pasado. Tiene características de ambas demografías, ramalazos que todo el mundo inmediatamente identifica: los personajes arquetípicos, la evolución de la historia. Pero hay detrás tal complejidad, que la película se queda en maqueta al confrontarla.

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La conclusión es meridiana: manga wins. La película es recomendable para aquellos que deseen acercarse a esta obra por fisgonear; y si gusta, el tebeo no defraudará en absoluto, es más, entusiasmará. No es la mejor adaptación del universo, no obstante cumple el cometido a pesar de sus carencias. Tampoco es una pérdida de tiempo. Pero una cosa clara: si la obra en general y su historia atraen mucho y no apetece leer demasiado ¡sacrilegio, malditos vagos!, acudir a la serie de TV del 2007 es la opción más sensata. Pero antes de caer es las garras de la pereza gandulesholgazaneshuevones, por favor, leed el tebeo de Hacia la Tierra. No existe comparación con nada. De verdad de la buena, amiguitos.

Acabo de advertir que esta sección se inauguró con la obra de una de las componentes más famosas del Grupo 24, Riyoko Ikeda. Sí, con La Rosa de Versalles. Creo que para todos aquellos que somos amantes del tebeo japonés, es importante (¡y muy interesante!) husmear de vez en cuando entre los clásicos, pasearse entre los cimientos que sustentan esta afición que tenemos. Es una manera de presentar nuestros respetos e, indudablemente, aprender y disfrutar. Supongo que más adelante caerán más oldies imprescindibles por aquí, aunque no deseo hacer de Manga vs. Anime una sección demasiado mmm… vintage. Jojojo, qué mal ha quedado eso.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.