Huesos de sirena, balas de caramelo

Poco a poco, en estas latitudes el verano se va deslizando, qué alegría. Queda un mes solamente para que llegue mi querido otoño. Tengo unas ganas enormes de que los calores desaparezcan, pero mientras también disfruto de las noches estivales. Y durante esas horas nocturnas, he ido leyendo un manga que tenía pendiente desde hace bastante tiempo. Ya sabéis, esos tebeos, libros o pelis que por ningún motivo en particular se van dejando y dejando y dejando… Hasta que me he dicho, “bueno, ya toca, ¿o qué?”, y ha resultado ser una de esas lecturas perfectas para el verano, ligeras aunque con enjundia.

Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai (2007) es un manga corto de 13 capítulos publicado en dos tankôbon por la revista shônen Dragon Age. Las artífices de la obra son la artista Iqura Sugimoto y la autora Kazuki Sakuraba. ¿Dos mujeres creando shônen? No sería la primera vez, claro; y no se trata de un shônen mongoloide como suele ser habitual. De hecho, yo no consideraría que este tebeo vaya dirigido a ningún público en particular. Esa es una de las cosas que me han gustado, que a pesar de publicarse en un magazine para chicos, es completamente neutro. Pero me estoy adelantando para variar. Vayamos por partes.

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No sé mucho de la dama que ha manejado los pinceles, pero de Kazuki Sakuraba sí. Imagino que muchos de vosotros también la conoceréis. Es una escritora de novelas y light novels bastante competente; su obra Red Girls: The legend of the Akakuchibas (2006), logró un Premio Naoki, y estuvo nominada en otra ocasión al mismo galardón con Watashi no Otoko (2007). Hay unas cuantas historias suyas con adaptaciones al anime, al cine y al manga, por lo que se la puede considerar una celebridad en toda regla. Y este tebeo es una de esas adaptaciones. Como se trata de una escritora bastante versátil, no sabía muy bien qué iba a encontrar en Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai; tampoco, al no haber leído la novela ligera original, podía adivinar si me iba a topar con una buena traslación o no. Pero tenía ganas de leer algo liviano, un manga apropiado para esta época del año. En resumen, que me entretuviese sin muchos jaleos. Pues bien, me equivoqué. Porque, aunque es de lectura veloz y entretiene, jaleos tiene unos cuantos.

Si conocéis a Sakuraba por Gosick (2011), ya podéis olvidar por completo ese manganime, ya que Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai (o A lollipop or a bullet) no tiene nada que ver. Es una galaxia distinta. Resulta una obra equívoca, quizá la responsabilidad de esta pequeña farsa sea más de Iqura Sugimoto que de Sakuraba; y, con honestidad, es un engaño que me ha entusiasmado. Imagino que si hubiera investigado más sobre este manga, la sorpresa no habría sido tal; pero suelo huir de todo aquello que hieda a spoilers. He llegado a desarrollar un olfato muy fino hacia ellos, por cierto (qué remedio). Así que, como estoy siendo un poco críptica, que es una manera elegante de decir que, otra vez, estoy adelantando cosas y mezclando asuntos según van brotando como repollos en mi cerebro, voy a regresar de nuevo a la casilla número uno. Sinopsis, mon amour.

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Nagisa Yamada es una chica de 13 años que vive en una zona rural del noroeste de Japón. Su padre falleció y el sueldo de su madre no es suficiente para mantenerlos a ella y a su hermano, así que piensa acabar el curso y alistarse al ejército, cuya escuela se encuentra cerca de su pueblo. Tiene los pies muy asentados en el suelo, y un sentido pragmático de la vida férreo. Pero su visión del mundo dará un vuelco cuando conozca a Mokuzu Umino, una sofisticada jovencita tokiota que ha llegado nueva al colegio. Es la hija de un idol nacido en la región, Masachika Umino, que alcanzó popularidad nacional gracias a su one hit wonder Ningyô no Hone o Huesos de sirena. Al principio todo el mundo en clase está emocionado por la presencia del vástago de la antigua celebridad local, pero pronto descubren que Mokuzu es una muchacha extraña, muy extraña. Proclama ser una sirena estudiando la forma de vida humana, y que se convertirá en espuma de mar si no encuentra un amigo en el tiempo que le resta en tierra firme. Al principio Nagisa solo siente aversión (y mucha) por Nagisa y su actitud extravagante, tan diferente de su forma de pensar; pero poco a poco irá surgiendo una amistad profunda entre las dos.

Hasta aquí podríamos considerar Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai un tradicional slice of life escolar con el que disfrutar de la evolución personal de cada moza, cómo va creciendo su aprecio mutuo y solventan los habituales dilemas de la recién llegada adolescencia. El arte de Iqura Sugimoto alienta también esa idea de shôjo apacible, con unos diseños de personajes aniñados y dulces, donde incluso hace alguna ligera concesión al shôjo-ai. Pero nada más lejos de lo que es en verdad este manga. It’s a trap!

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Iqura Sugimoto trabaja los contrastes genial. Juega con la dureza de la historia, que se va introduciendo lentamente como un veneno, para mostrárnosla a través de recursos visuales típicos del shôjo.  Pero recordemos, Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai fue publicado en una revista shônen; y, ya me disculparán los editores de Dragon Age, pero este tebeo tampoco tiene mucho de shônen. De hecho, no lo recomendaría a lectores jóvenes o impresionables, es un cómic para adultos. En un principio, nada chocante aparece, es el típico mundo idealizado de los mangas escolares; sin embargo, se comienzan a sentir notas disonantes que van resquebrajando el espejismo creado por Sugimoto.

Nagisa es una chica infeliz, con una vida marcada por la desgracia familiar de un padre fallecido y un hermano mayor hikikomori. Padece muchas estrecheces económicas y el horizonte mezquino de una pequeña comunidad. Su única escapatoria, y a la vez medida para ayudar a su familia, es comenzar a ganarse el sustento lo antes posible. Es consciente de su precaria situación con una madurez impropia de su edad, así como de la amargura que la va corroyendo. Cree que hay pocas cosas peores que sus circunstancias, pero ahí está Mokuzu para demostrarle que no es cierto.

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Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai es una aproximación a la tragedia del maltrato infantil muy hábil y cruda. Sin zarandajas, sin sentimentalismos, sin excesos gore tampoco. La indefensión adquirida, el síndrome de Estocolmo, la disociación emocional, la perentoria necesidad de evasión… todos los síntomas son descritos con minuciosidad. Pero no solo eso, es la representación de la realidad asfixiante que sufren muchas personas, la espeluznante identificación del odio con el amor, la muestra de lo jodida que puede llegar a ser la vida. En su argumento tiene cabida tanto lo horrible como lo maravilloso y, como sucede en el día a día, se mezclan en una pócima mágica de efectos imprevisibles.

Los secundarios, que suelen otorgar el indispensable pulido a los slice of life, tienen una presencia firme, aunque no se encuentren especialmente detallados. Masachika Umino, el padre de Mokuzu, con el que habría sido interesante que se detuvieran más, resulta decepcionantemente unidimesional. No obstante, Tomohiko Yamada, el hermano de Nagisa, sale bastante bien parado; y sus intervenciones, a pesar de ser un personaje pasivo, son esenciales. Me han gustado mucho, por otro lado, las referencias cinéfilas que han dejado caer: Heavenly Creatures (1994) de Peter Jackson, que guarda algunas pequeñas similitudes con el cómic; y Ascenseur pour l’échafaud (1953) de Louis Malle. Sobra decir que ambas películas me parecen excelentes y que si no las habéis visto, ya tardáis.

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Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, dejo este cartelito por aquí.

Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai es un tebeo que empieza mostrando una máscara que, a lo largo de los episodios, se va agrietando hasta dejar a la vista un rostro que nadie quiere ver. Es posible que los que no conozcan demasiado el asunto de los malos tratos infantiles no lleguen a comprender del todo ciertas reacciones en algunos personajes, que les parezcan exageradas o sin sentido. Sin embargo, me temo que la vida real es incluso más chunga que este manga. Y este tebeo lo es un rato. No obstante, tiene algo positivo que valoro muchísimo, y es la ausencia del tono de denuncia que suele acompañar estas temáticas; la higiénica y estupenda falta de moralina. ¡Un auténtico alivio! No suele ser fácil tocar ciertas materias sin caer en el melodrama lacrimógeno, y Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai lo consigue de sobras. En ese aspecto es sobrio, solo cede frente a los sentimientos cuando el propio desarrollo natural de la historia lo exige. ¿Recomiendo Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai? Sí, especialmente a los fans de Inio Asano, porque tiene su mismo punto de crueldad pero sin la vehemencia sexual que lo caracteriza.  Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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