Annarasumanara

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La primera vez que leí el título de este manhwa pensé: “¿Esta palabreja qué es? ¿Sánscrito? ¿Un mantra?” Pero más tarde supe que era una fórmula mágica, tipo abracadabra o hocus pocus, que el autor Ha Il-kwon inventó para su obra. Es el hechizo que el personaje, en torno al cual gira todo, enuncia para crear magia.

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Este manhwa de 3 tomos y 27 capítulos narra la historia de una inteligente estudiante de instituto, Ah-ee Yoon, y su encuentro en una feria abandonada con un enigmático mago llamado Lee Eul. Este tiene fama de estar chiflado y se aloja de forma irregular en una de las carpas del parque de atracciones, dando pequeños espectáculos de prestidigitación a los niños que se acercan. Ah-ee Yoon vive con su hermana pequeña en condiciones bastante lamentables después de que su padre, un fabricante de juguetes, huyera y las dejara plagadas de deudas. La vida de Ah-ee Yoon no es nada fácil; y en el instituto tiene por compañero a Il-Deung Na, un chico petulante de buena familia que compite con ella por obtener las mejores calificaciones. La manera en que el autor dibuja a este último además es muy elocuente.

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Il-Deung Na cree que lo tiene todo

El argumento está bien articulado y se desarrolla con calma y cierto misterio. El que una de las principales localizaciones usadas sea una antigua feria abandonada (una feria que puede recordar estéticamente al Cirque du Soleil) le otorga un aire nostálgico e irreal; la metáfora absoluta de la niñez a la que se renuncia, castiga y trata de olvidar. Los personajes principales evolucionan acorde a lo esperado y sorprende la delicadeza de sus pensamientos y emociones. Los secundarios son severos, algunos hasta mezquinos; y son la expresión del mundo real contra el que colisionan los protagonistas. Podríamos decir, en síntesis, que Ah-ee Yoon es la duda, Il-Deung Na el despertar y Lee Eul la culminación. Pero es mucho más complejo que eso. Lo sé: no se entiende un carajo así en frío, por eso lo mejor es leerlo. Annarasumanara es triste y profundo; pero accesible y nada aburrido. Habla sobre la soledad, el resentimiento, la clarividencia disfrazada de locura y la búsqueda de libertad. Se lee del tirón. 

El arte es uno de los puntos fuertes de Annarasumanara. Combina texturas y tonalidades creando ambientes únicos y enfatizando las emociones invocadas; es a pesar de ello sobrio y con obvias concesiones al simbolismo. Me llamó la atención sobre todo su dinámica, muy visual y casi cinematográfica, desde luego peculiar; no en vano Annarasumanara originalmente era un webtoon.

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No sé muy bien la razón, pero la atmósfera, la historia que cuenta, sus personajes… me han evocado las obras del escritor Michael Ende, sobre todo a Jojo (1982). Esa manera de mezclar realidad y fantasía tan melancólica y a la vez tan dura; ese combate por no perder la inocencia de la infancia y el conflicto eterno idealismo/materialismo, se encuentran también en el autor alemán. Annarasumanara es una hermosa fábula de moraleja amarga sobre un dilema bastante común: perseguir nuestros sueños o caer bajo la presión de la realidad y la sociedad. No es un tema nuevo, pero Ha Il-kwon ha concebido un cuento muy bello al respecto.

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Annarasumanara es un manhwa completamente recomendable, pero deja una sensación de ahogo en el pecho. No es ni ñoño, ni cursi, ni lacrimógeno a pesar de la robusta carga dramática; y su interpretación final siempre estará en manos del propio lector.

Y después de tres entradas tan seguidas (¿se nota que he tenido tiempo libre?), me tomaré un pequeño descanso en el blog. Creo que me he auto-saturado un poco. Hasta más ver.

ハロウィン

Desde mi “más tierna infancia” (toma frase hecha, jojo) Samhain, más conocida como Halloween, ha sido mi festividad anual favorita. Siempre me han gustado los monstruos; aprecio una buena historia de terror y ese escalofrío en la espina dorsal. Lo del trick-or-treat, los disfraces y las calabazas me dan más igual. En realidad soy fan de lo sombrío.

"La bruja Takiyasha y el espectro esqueleto" de Utagawa Kuniyoshi (c. 1844)
“La bruja Takiyasha y el espectro esqueleto” de Utagawa Kuniyoshi (c. 1844)

Así que he seleccionado unos cuantos mangas que, por un motivo u otro, me parecen perfectos para este día. Hay mejores, evidentemente, y tampoco son todos mis favoritos; pero los releeré hoy con un montón de velas alrededor y mi gata en el regazo. Aviso que algunos de ellos contienen imágenes de violencia extrema, gore y sexo manifiesto. Por si las moscas.

Doctor Du Ming

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Debo aclarar que Doctor Du Ming no es un manga, sino un manhua. Es un único volumen de 15 capítulos donde la autora Jing Zhang despliega una tortuosa historia que se arrastra por los recovecos de la mente de sus protagonistas. Lentamente. En su momento me gustó mucho, tanto por la complejidad de los personajes como por el desarrollo de la historia, con flashbacks y astutos indicios que conducen a un final abrumador. El arte es… perfecto: minucioso, tenebroso y sutil.

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¿Y su argumento? Pues es sencillo: la obsesión de un médico anestesista, Du Ming, por una antigua compañera de universidad, Zhang Qian, que se ha suicidado. Nada es lo que parece. Las revelaciones alrededor de los personajes se irán sucediendo con dolorosa parsimonia alcanzando cotas de crueldad y demencia fascinantes. Una pequeña joya.

La silla humana 

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Escribir de Junji Ito es hacerlo de un artista que ha parido titanes del horror como Uzumaki o Gyo; casi no merece la pena incidir mucho porque este señor ya se ha ganado el cielo con sus obras. Así que hoy releeré este curioso one-shot dedicado a un escritor compatriota suyo, Edogawa Ranpo (pseudónimo que homenajea a Edgar Allan Poe), que tanto bien hizo por la literatura de misterio en Japón y cuya influencia la encontramos hasta en Detective Conan (no es broma). En La silla humana se aúnan dos pesos pesados del terror japonés, solo por eso merece la pena echarle un ojo con una saikirei bien pronunciada por delante. El relato corto de Edogawa Ranpo de por sí es maravilloso; de corte gótico clásico pero con los típicos ramalazos sádicos y retorcidos de la cultura japonesa. Disfrutarlo ya encima a través de los ojos y trazos de Junji Ito es un lujo.

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El argumento es grotesco: un ebanista de gran pericia, decide ocultarse dentro del sillón que considera su obra maestra, pues no desea separarse de él (¡fetichismo al poder!). Este sillón acaba en la recepción de un importante hotel, donde es utilizado por multitud de personas. El ebanista, en plena comunión delirante con su obra, describe sus sensaciones eróticas con los clientes alojados y sus experiencias nocturnas cuando sale, en las que se dedica a cometer delitos. Estas demenciales aventuras las envía por correo a una famosa escritora, Yoshiko, que atónita las lee sin ser capaz de resolver si se trata de una broma o no. Exquisito.

Midori

少女椿

Y continuando con clásicos del manga para una noche de Halloween, llegamos a Midori: la niña de las camelias. Es uno de mis tebeos favoritos de todos los tiempos. DE RODILLAS TODOS, JODER, LAMIENDO EL SUELO.

El argumento no es completamente original de su autor, Suehiro Maruo, sino que está inspirado en un personaje (shoujo tsubaki) de los cuenta-cuentos japoneses (kamishibai): una adolescente indigente que se gana la vida vendiendo camelias en las calles, acaba comprada y forzada a trabajar en un espectáculo ambulante. Por supuesto, Maruo recogió este legado popular y lo pervirtió de manera incalificable.

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Midori y su inocencia chocan frontalmente contra un freak show salvaje. Humillaciones, abusos sexuales, violencia gratuita… la lista de brutalidades es infinita, la depravación grandiosa, las fronteras entre realidad y pesadilla inexistentes. Y entre tanta atrocidad, el amor también aparece. Y su tragedia. En una insania así solo se puede pudrir. Maruo además es explícito. Explícito de una forma tan imaginativa, delicada y preciosista que quita el aliento. Esta obra es esplendor y regurgitación a la vez. Maruo-sensei está majara. Desde luego no es apta para todos los públicos. Vade retro estómagos sensibles, Midori puede haceros mucho daño. El que avisa no es traidor: la belleza también puede ser horrible.

Hellsing

ヘルシング

Y finalizaré mi día de fantasmagorías con un manga mucho más ligero. Hellsing de Kouta Hirano es un completo descerebre, pero lo adoro y será el colofón perfecto tras tres mangas mucho más espesos.

Hellsing son vampiros, nazis, sociedades secretas, el Vaticano y un Reino Unido tan glamurosos como solo un japonés enfermo por el hentai y las armas de fuego gigantes puede concebir. Hellsing tiene acción a mansalva, conspiraciones e intrigas, sangre (mucha, mucha sangre) y… y tiene a Alucard. Y a Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, ¡menuda mujer!, pero sobre todo tiene a Alucard. El resto de personajes no son desdeñables en absoluto (la pánfila de Seras Victoria, el brasas de Alexander Anderson, el elegante Walter, el ahostiable Schrödinger…), pero Alucard brilla entre todos ellos como un reactor nuclear. Hellsing no es un tebeo profundo ni tiene esa vocación. Son aventuras extremadamente pasadas de vueltas, con mucho humor negro y muy, muy entrañables.

Son noventa y pico capítulos y 10 tomos que, lógicamente, no voy a releer todos de una sentada, pero comenzaré desde el principio hasta que el sueño me venza. Las hazañas de estos caballeros protestantes británicos en guerra continua contra vampiros, hombres lobo y demás criaturas sobrenaturales son un verdadero tónico. Las alusiones a Lovecraft, Star Wars, La Chaqueta Metálica o Dune incrementan todavía más el afecto que siento hacia este manga. Que no será ni el más original ni el más trascendente del planeta, pero un lugar en mi kokoro lo tiene ganado hace tiempo.

alucard

Mmmmm… si me quedo con ganas de más marcha, seguramente caiga El niño gusano de Hideshi Hino. Esa ferocidad kafkiana siempre hay que recuperarla de vez en cuando.

Feliz noche, feliz madrugada.

A la mierda

Pues sí, he decidido mandar a la mierda ya algunos animes de los que comencé a ver hace unas semanas. Cada uno por motivos diferentes, pero con el nexo común de que no quiero que me hagan perder más tiempo.

"Nueva estación en Yotsuya" de Ando Hiroshige (1857)
“Nueva estación de Naito en Yotsuya” de Utagawa Hiroshige (1857)

El primero de todos es World Trigger. He aguantado tres capítulos y he pensado: BASTA. Basta de animación chapucera, basta de argumentos trillados, basta de personajes-eco. Tengo que reconocer que lo que más me ha decidido a abandonar la serie es la animación. Aunque la historia y los protagonistas no tienen nada de original, se pueden apreciar buenas ideas detrás de ellos. Muy por detrás. Probablemente el manga sea bastante interesante. Pero no voy a malgastar mi tiempo en escarbar entre esa porquería que es en conjunto World Trigger para encontrar sus bondades. No tengo por qué esforzarme además, debería ser trabajo de los estudios ofrecer un producto atractivo al público. Y no lo han hecho. Si algún día me veo con una gran motivación por descubrir los enigmas de los Neighbors y saber más del psicópata de Yuuma Kuga, leeré el manga y a correr.

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Donten ni Warau me aburre. Debería quizás tener más paciencia y esperar a que la serie entre en harina, pero el rumbo ya desde el principio me resultó anodino y los personajes algo laxos (además al tanuki ya no lo he vuelto a ver, MUY MAL). No me veo siguiendo semana tras semana la serie esperando que la cosa arranque. Cuatro capítulos que me han resultado tediosos; y eso que en principio me molaba mucho el tema, pero para mí ha sido un desinfle total. A otra cosa, mariposa.

¡Dale duro, Soramaru-kun!

Me lo olía desde el principio, y aunque está gustando bastante (con buenas cifras de audiencia), Magic Kaito 1412 es demasiado pueril para mi estado mental actual. No considero que sea una mala serie de momento y sé perfectamente que su target además es ese, un público infantil; pero a pesar de que no soy la persona más madura del planeta ni mucho menos, Magic Kaito 1412 me impacienta demasiado por ese tono aniñado para poder seguirla a gusto. Quizás en otro momento le dé otra oportunidad (sé que la merece), ahora no.

magickaito

Sanzoku no Musume Ronja, con ese CGI atroz ofrecido por Polygon, iba a ser uno de mis caballos de batalla este otoño. La he incluido en esta entrada, pero no la voy a abandonar. Es espeluznante el contraste entre esos maravillosos fondos tan característicos de Ghibli (parecen acuarelas) y los personajes en movimiento con un 3D grosero y afilado; completamente fuera de lugar en un argumento así. Pero a pesar de que los ojos casi me lloran sangre viéndola, sobre todo pensando en lo prodigiosa que sería sin ese excremento de animación, no puedo darle la espalda porque… porque la historia es fantástica, está dirigida con fluidez y gusto; y los personajes están bien construidos (no podía ser de otra forma, la obra original de Lindgren es genial). La fragancia a Ghibli y su cariño están por todas partes. Aunque no sea su obra más memorable, los fans de este estudio podemos disfrutar. Es imposible no hacerlo. Reconozco que el CGI se me está haciendo duro, pero el resto compensa con creces esa cerdada.

ronja

Las tres series que envío a zurrir mierdas con un látigo las sustituiré seguramente con Gundam G no Reconguista y Garo; y dudo entre añadir Akatsuki no Yona (por lo que he leído me recuerda levemente a Saiunkoku Monogatari y me echa p’atrás un poco) o Gugure! Kokkuri-san (¿uno de los personajes es un calco de Tomoe de Kamisama Hajimemashita o solo me lo parece a mí? ¡JO-DER!), ya veré lo que hago. Me voy a dormir, buenos días.

La alopecia de Kurosaki: Dengeki Daisy

電撃デイジー

Kurosaki, Teru y Souichirou
Kurosaki, Teru y Souichirou

“En la revista Betsucomi publican mangas shoujo, ¿no? esos donde salen personajes pastelosos que les late el corazón rápido, se dan besitos y tal. Me avergüenza más comprar eso que una revista porno.”

Tasuku Kurosaki, conserje de instituto y pervertido

Estas son las palabras del protagonista masculino de Dengeki Daisy, un manga shoujo que además se publicó en la Betsucomi hasta este enero de 2014, que finalizó. Su autora, Kyousuke Motomi, suele dibujarse a si misma con bigote y medio calva. Al principio pensaba que era un hombre, porque además se solía referir a su persona en masculino, pero no, es una señora. Doy cada día gracias a Dios, Satanás, Marduk, Avalokiteshvara, Krishna, Odín, Amaterasu, Sedna, Coatlicue, la Pachamama, los midiclorianos y Takhisis porque haya nacido. NO ESTOY EXAGERANDO. Bueno, a lo mejor un poco. Pero es que este manga me encanta, no lo puedo evitar.

En España es Ivrea la que está sacando adelante los tomos; son en total 16 y actualmente van por el 12. Y como la propia editorial dice, Dengeki Daisy es la historia de “Teru Kurebayashi, que un día accidentalmente rompe un cristal de la escuela, lo cual provoca la ira del conserje, Tasuku Kurosaki, y la pone a hacer tareas para reparar el daño. Una relación que irá del odio al amor paulatinamente. ¿Y Daisy? Daisy es un personaje virtual con el que se comunica a través de mensajes de texto, a quien el hermano mayor de Teru le encargó acompañar a su hermana cuando él no esté. Cuando éste fallece, Daisy se transforma en la compañía de Teru, y ahora tras conocer a Tasuku, empieza a dudar de quién podría ser realmente el que está detrás de Daisy…” La verdad es que los de Ivrea se podrían haber currado una introducción menos cutre, pero no les vamos a llevar la contraria, básicamente el inicio es ese. El inicio, repito.

Kurosaki
A Kurosaki le va la marcha

Dengeki Daisy es un shoujo y utiliza los recursos propios del género (a veces para ridiculizarlos). Punto. No es espectacularmente original ni tampoco tiene un dibujo lindísimo como otros (me viene a la cabeza Hirunaka no Ryuusei… que en realidad por lo único que destaca es por su extraordinario dibujo, en lo demás es un fluffy shoujo bastante normalito), pero es un manga inteligente, fresco y tremendamente divertido. (No tiene triángulo amoroso, ¡¡¡VIVA!!! lloro, lloro de la emoción) Incorpora elementos shounen, lo que lo hace apto para paladares alérgicos al azúcar, y conforme avanza el argumento, el calificativo de shoujo se va haciendo más borroso. No obstante sigue siendo un shoujo, pero advertencia: el que quiera abundancia de romance & kisses lo lleva claro, este no es su manga.

Dengeki Daisy es una obra donde hay acción, comedia absurda, conspiraciones, delitos informáticos, slice of life y drama. Resumiendo: un thriller. Y lo mejor sin duda son sus personajes, tanto principales como secundarios.

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Riko castiga a Kurosaki; Kiyoshi no da crédito

“Esta serie puede contener imágenes violentas o grotescas”

Aviso de la autora en capítulo 15, página 25

Y patadas voladoras, muchas patadas voladoras. Pero era de los personajes de los que quería hablar. Para empezar, la protagonista femenina, Teru Kurebayashi, no es ni sumisa, ni irritantemente pasiva, ni sufre de oligofrenia, ni es un cardo borriquero (tampoco un bellezón: es flaca, enana y plana), ni es una marginada, ni tampoco es una genki girl. Nada de Mary Sues o topicazos. Es inteligente, tiene sentido del humor y sabe coger al toro por los cuernos. Está caracterizada como una chica normal, con la ingenuidad propia de su edad y una fe inquebrantable hacia las personas que ama (sobre todo por Daisy), pero que no le impide percatarse de sus defectos. Un personaje creíble que evoluciona de forma natural. Su partenaire, Tesuku Kurosaki, podría pasar por un tsundere, pero en realidad es un macarra que se tiñe el pelo de rubio y que tarde o temprano se quedará calvo. O al menos eso es lo que desea Teru cuando se enfada con él, su grito ¡Quédate calvo, Kurosaki! es un clásico. Kurosaki es un personaje complejo del que se van desvelando retazos de su vida y acciones paulatinamente. Es un hombre atormentado (con múltiples razones de peso para ello)  y perspicaz… aunque es un pervertido. Le gusta Dostoyevski y jugar al mahjong (siempre pierde).

La interacción de Teru y Kurosaki es a ratos hilarante y a otros muy tierna; es una pareja con una química increíble cuyo romance, aunque no vaya al ritmo que los fans del shoujo desearían, progresa de manera lógica dadas las circunstancias (y menudas circunstancias). Sin baboserías.

Teru y Kurosaki en un día corriente
Teru y Kurosaki en un día corriente

Los secundarios son de lujo. Desde los compañeros de clase de Teru, hasta los adultos que poco a poco se van dejando caer. Incluso el hermano difunto de Teru, Souichirou Kurebayashi, un genio de la informática, líder de su grupo de trabajo y amado por todos (arf, arf), tiene tela marinera. Souichirou, a pesar de sus alucinantes dotes intelectuales, era un desustanciau como decimos en mi tierra; un payaso encantador que se bañaba poco, defendía a muerte el pecho liso de su hermana (¡las tetas son el mal!), hacía de las fregonas guitarras y se emborrachaba y vomitaba con facilidad. Pero… pero. Es un personaje clave. Hasta ahí puedo decir. La que fue su novia y compañera de empleo, Riko Onizuka, es, simplemente, indescriptible. Yo la adoro, además quiere con locura a Teru. Mención aparte merece Kazumasa Andou, director del instituto (y algo más), masoquista y amante de los espacios pequeños y oscuros (como los armarios escoberos). En realidad casi todos los secundarios no tienen desperdicio: desde el perturbado e inquietante Akira, el tranquilote cocinero Masuda sensei, la borde y engreída presidenta del consejo estudiantil Rena Ichinose, el dulce y circunspecto Kiyoshi Hasegawa (el mejor amigo de Teru) o el feliz de Ryo.

Ryo en todo su esplendor
Ryo posa en todo su esplendor para Kurosaki

Dengeki Daisy no es un manga perfecto, que conste. Muchas veces pierde el hilo principal del argumento despistándose en subtramas y gilipolleces; tiene altibajos fuertes en el desarrollo (sobre todo en los capítulos centrales), algunas cosas las ves venir tan claramente como a un morlaco desbocado, y como decíamos al principio, no tiene nada de extraordinario. El dibujo tampoco es alucinante, pero es pretty decent.

Teru saluda a Kiyoshi
Teru saluda a Kiyoshi

Dengeki Daisy es vigoroso, disparatado y una anomalía entre tanto shoujo empalagoso. Las carcajadas están garantizadas y la historia, aunque suena, mantiene el interés de manera sobresaliente. Es muy cachondo ver la capacidad de autoparodia que se gasta la misma mangaka, pega un repaso soberano a los clichés del género. Sin duda es uno de mis mangas favoritos de los últimos años por su descaro y espontaneidad. Se hace querer inmediatamente, un win-win total.

Otoño: steady, ready, go! – 2

Continuamos con el repaso a los estrenos de este otoño 2014 en anime. Son unos cuantos… y probablemente abandonaré unos cuantos también.

A mediados de mes también debutará la segunda parte de Mushishi: Zoku Shou, pero por cuestiones mías sentimentales completamente estúpidas, no haré reseña alguna sobre esta serie. No hasta que me aclimate lo suficiente a su desaparición y la vea; para mí ha sido un golpe.

"Mujeres volviendo al atardecer otoñal (Sarumayu Dayu)" de Katsushika Hokusay (1835)
“Mujeres volviendo al atardecer otoñal (Sarumayu Dayu)” de Katsushika Hokusai (1835)

Donten ni Warau

¿Qué puedo decir de este primer capítulo? Me ha dejado un poco indiferente, aunque no me ha disgustado. Es simplemente un capítulo de presentación, sin más. No pretende obnubilar ni dejarte con la boca abierta, solo acercarse y decirte: “¡Hola! Soy Donten ni Warau, encantado de conocerte.” Vamos, que no se han mojado mucho en fabricar un cebo atractivo; tampoco desagradable. La animación es correcta (que ya es mucho decir) y los diseños potables. Los personajes de momento son bastante cliché, aunque a mí ya me tienen en el bolsillo porque soy fan de los tanukis a muerte (me gustan los animalitos rollizos, qué pasa). Imagino que todavía faltarán más por aparecer, así que ya veremos cómo se enriquece (o se pudre) el elenco. Por ahora es una tarjeta de presentación apropiada, convencional pero definitivamente sosa. El tufillo misterioso/fantasmagórico no en vano me ha despertado curiosidad, espero que se sepa llevar bien.

don

Shigatsu wa Kimi no Uso

Un primer capítulo vibrante, prolijo y muy bonito. La palabra es esa: bonito. En todos los aspectos. Con una tierna alegoría gatuna inicial (auspicio de lo que vamos a encontrar), la sakura fubuki inunda muchas imágenes casi como seña de identidad de la serie. Han dejado muy bien perfilados los personajes desde el principio; y el slice of life y romance que se pueden husmear son deliciosos… como una tarta de fresas recién hecha, fresca y que se devora ya solo con la vista. Me habría gustado que incidieran más en esa oscuridad del protagonista masculino, que por lo que han dejado caer, tiene pintas de ser algo turbio (ay, las mamás); pero esto no ha hecho mas que empezar y ese deseo solo obedece a mis gustos particulares. Un tipo de serie como este, que exhala alegría y luminosidad por doquier, dudo que se recree demasiado en algo así… Lo que sí querría (petición más realista) es que el drama fuera austero, porque las merengadas nunca las he llevado bien y suelen ser las que me joden las series de este palo. Pero no adelantemos acontecimientos, que el principio ha sido muy bonito, la verdad, muy bonito. ¡Kawaii!

Hitsugi no Chaika: Avenging Battle

Comienza fuerte la segunda temporada de la serie de las clones de Daenerys Targaryen… digo de las Isis que buscan los restos de Osiris, no, espera, de las Chaikas en su afán coleccionista necrofílico. Buen ritmo y excelente presentación de nuevos personajes; un notable como introducción. Se vislumbra buen material en general y aunque el tema lolis me sigue tocando las narices, mientras haya despliegue de armamento pesado y escenas de acción, transigiré de mil amores. El argumento va ampliando la perspectiva, incluyendo nuevas variables que lo hacen mucho más interesante; y también explican en más detalle algunos aspectos que habían quedado difusos en la temporada anterior. Por lo demás, bien. Sigue la estela marcada en primavera, sin ser algo apabullante o singular, pero que cumple su labor de entretenimiento sin tratar al público de idiota (que a veces suele pasar).

 Kiseijuu: Sei no Kakuritsu

Brillante, divertido y turbador. Este primer capítulo comienza ya de manera impactante, dejando las cosas muy claras. Visto lo visto, he preferido olvidar por completo el manga y enfrentar esta serie como algo nuevo, porque no cesaría en hacer comparaciones y quejarme. Este anime tiene pintaza: animación genial, unos efectos muy logrados y los personajes han sido esbozados de manera efectiva y simple. Muy buen principio, elegante y sin muchas complicaciones, pero magnético por completo. A lo largo de la serie espero más concesiones a lo grotesco, por favor, es absolutamente necesario. Las interacciones del protagonista masculino y su parásito también prometen ser memorables.

Psycho Pass 2

Si fuera el comienzo de cualquier otra serie novel, diría que está perfectamente ejecutada a nivel técnico pero deshilachada en el desarrollo del argumento y en la exposición de sus personajes. Sabiendo que es la segunda temporada de Psycho Pass, añado además que el cambio de roles de algunos de esos personajes no acaba de encajar; y que los nuevos son grises. A Shimotsuki, por ejemplo, directamente me dan ganas de atarle una piedra al cuello y arrojarla a la Fosa de las Marianas; a Tsunemori ese aire omnisciente la hace insípida y tediosa. No hay nada destacable de este comienzo de Psycho Pass 2, porque todo lo positivo era lo esperado teniendo en cuenta su background.  Para mí, que la aguardaba con susceptibilidad, no ha sido mal inicio; y de todas formas, sigue siendo todavía un primer capítulo. Podemos confiar en que haya alguna que otra sorpresa. ¿Va a estar al mismo nivel que la primera temporada? Lo dudo. ¿Va a ser un cagarro infecto? Lo dudo también.

De todas las series que tenía pensado comentar en el blog, solo me falta Sanzoku no Musume Ronja por ver, aunque no sé si escribir algo de ella sabiendo que el CGI me va a producir urticaria severa a los tres minutos de visionado. Si lo considero provechoso, haré una micro-entrada al respecto.

Y estos son los animes en los que he depositado mi confianza para que me hagan pasar un buen rato esta última etapa del año 2014. No pienso hacer reseña semanal de cada capítulo, me parece un coñazo, salvo que alguno concreto me emocione mucho. Antes de que finalicen, haré un repaso general de todas las series que hayan sobrevivido y/o a las que me haya reenganchado.

Y ahora me voy a leer. Buenas noches.

Otoño: steady, ready, go! – 1

Ya han comenzado los debuts otoñales de animes. Ya empieza a infestarse internet de opiniones y veredictos. Yo no iba a ser menos.

El primer capítulo de una serie muchas veces no significa nada. Puede dar una impresión errónea sobre lo que llegará a ser, por lo que pienso que es una sandez hacer un análisis profundo. Todavía faltan por estrenarse unos cuantos de los que tengo planeados seguir, por supuesto, así que seré breve.

Luna de Otoño en Ishimaya de Kikugawa Eizan (circa 1800)
“Luna de Otoño en Ishimaya” de Kikugawa Eizan (circa 1800)

World Trigger

Como esperaba de Toei, la animación es una completa mierda; la música es una bosta también y el desarrollo general ha sido un insulto a la inteligencia de cualquiera. Hasta un niño de once años encontraría este capítulo manido. Lo único que me podía consolar algo, las esperadas escenas de acción (en la segunda parte), han sido de mongolismo profundo. En resumen, no he sabido si echarme a llorar o a reír. ¿Algo bueno? Que acaba de empezar, veremos qué pasa más adelante.

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Fate/stay night: Unlimited Blade Works

No podía ser de otra forma, primer capítulo impecable, meticuloso y emocionante: PERFECTO. EN TODO. Me ha dejado babeando como al puto perro de Pávlov: quiero más. Quizás para aquel que no sepa de qué va el rollo, pueda resultar un poquitín confuso (aconsejable ponerse al día con la saga Fate), pero los datos se dosifican convenientemente y el ritmo de presentación es bueno. Esto no ha hecho mas que empezar, claro, pero ha sido con excelente pie. Espero no llevarme un chasco, sería además un chasco brutal.

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Shingeki no Bahamut: Genesis

Con un comienzo del capítulo grandilocuente y wagneriano (batalla épica tremenda), el resto se ha desarrollado con una acción trepidante a ritmo de una banda sonora impetuosa (con trompetas y castañuelas incluidas jaja LAS ODIO). No han faltado los típicos momentos cómicos, por supuesto. A ratos parecía un western y a otros una peli de Indiana Jones, excesivo lo mires por donde lo mires. Me ha entusiasmado, ¡¡¡me encanta el género de aventuras tan pasado de vueltas!!! Aunque se huelen muchos tópicos de espada y brujería, han sido veinte minutos que han captado mi atención por completo. Sin resuello me he quedado. Imagino que conforme vaya avanzando la serie, irán alterando el compás, ya que este primer capítulo ha sido como un tsunami, y del argumento no se ha desvelado mucho. La animación, a pesar de que el CGI me suele crispar, es magnífica; y los diseños minuciosos y esmerados. Exuberancia es la palabra que define este estreno. Veremos si no se me acaba indigestando.

Me gusta el vinoooo
Me gusta el vinoooo

Magic Kaito 1412

La verdad es que no sabía muy bien qué esperar de este anime como ya indiqué en otra entrada; estaba expectante aunque me temía que fuera una serie algo infantiloide. Y este primer capítulo por lo menos ha confirmado esa sospecha. No pasa nada, eso tampoco es un defecto en sí. Plagada de momentos absurdos y alocados, esta primera toma de contacto, a pesar de que no puedo decir que la deteste, si es algo meh. Ha sido un arranque un poco sin pies ni cabeza, la comedia es estándar y la estructura un poco desordenada. La animación a grandes rasgos es decente, sin embargo cuando hace acto de presencia el CGI se convierte en un espanto (esa jukebox, DIOS MÍOOOOO). No me ha enganchado, y la banda sonora en algunos momentos parecía el tema de apertura de The Love Boat. Eso concretamente me ha hecho gracia. Continuaremos viéndola de todas formas.

Y aquí finaliza esta mini-entrada. A partir del día 9 de octubre, continuaré con el resto de animes que faltan por llegar.

Aku no hana: brotes perversos

惡の華

Odilon Redon - Les origines II y eut peut-être une vision première essayée dans la fleur (1883)
“Les origines II y eut peut-être une vision première essayée dans la fleur” (1883) de Odilon Redon

Como amante del decadentismo, parnasianismo y simbolismo del s. XIX, no podía dejar de lado un manga que directamente tomaba el nombre de una de las obras cumbre de la literatura francesa de esa época: Las flores del mal (1857) de Charles Baudelaire. Para mí era una cuestión de tiempo el acercarme a esta obra de Shuuzou Osimi. Además, por lo que pude columbrar previamente, las constantes alusiones al pintor Odilon Redon (¡¡¡lo venero, lo idolatro, lo reverencio!!!) en el dibujo, hacían inevitable mi colisión con el manga. Como un meteorito, fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Shuuzou Osimi seguro que sabía de la colección de litografías que Redon realizó en 1889 para Las flores del mal (no me extraña teniendo en cuenta que lo que conocía de Osimi era una auténtica bizarrada dedicada al arte y… los penes). Me daba buen karma el tema (soy fácil de persuadir si se me coloca un cebo conveniente), por lo que decidí calcular ese encuentro galáctico una vez hubiera finalizado el manga (en mayo de este año acabó: 57 capítulos en once volúmenes). Y ya lo he terminado de leer. Hace un par de horas.

Pasando como de la mierda de las infinitas opiniones ya vertidas, donde sobre todo se la considera una obra maestra; y pasando también muchísimo de las controversias y escándalos que ha provocado, Aku no hana no me ha gustado en general. No me ha gustado, pero recomiendo su lectura fervientemente. Y no, no me estoy contradiciendo aunque lo parezca.

Pero antes de comenzar con mis habituales pajas mentales, antes de que empiece a desvariar, vayamos a lo básico, ¿de qué va Aku no Hana? Simplificando al máximo, el argumento sería el siguiente: el zagal Takao Kasuga, un bibliófilo de tomo y lomo (especialmente obsesionado con Las flores del mal de Baudelaire), se ha metido en un pequeño problema al robar impulsivamente la ropa de gimnasia de su compañera de clase y amor platónico Nanako Saeki. El pequeño problema no es el hurto en sí, sino que es descubierto por la colega que se sienta detrás de él, una extraña y agresiva muchacha llamada Sawa Nakamura. Nakamura comienza entonces a chantajear al pusilánime de Kasuga ferozmente y se monta un cristo de mil pares de cojones.

Hasta aquí nada raro, ¿verdad? Y una mierda. Este manga es retorcido y extravagante hasta decir basta. Por lo menos lo es hasta el capítulo 34, donde se alcanza el clímax de enajenación total. Y es que Aku no hana tiene dos partes bien diferenciadas hasta estilísticamente hablando. Si en la primera el dibujo de los personajes es aniñado, en escalada de total vesania acorde a la historia; la segunda es mucho más madura y serena, donde el argumento también da un giro melodramático (lógico por otro lado) que hace que el manga en general, para mí, vaya cuesta abajo.

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El lector occidental que se enfrente a Aku no hana debe tener claras una serie de nociones sobre la sociedad japonesa ya de principio, porque si no, puede considerarla una historia algo mmmm… digamos que mojigata (su detonante sobre todo). No es que yo sea especialista en Japón ni muchísimo menos, pero con lo poco que sé y poniéndome en el pellejo de un japonés medio, este manga es bastante salvaje. Decir esto de la nación donde surgió el muzan-e puede sonar un tanto imbécil, pero cualquiera que haya querido informarse un mínimo a través de libros, mangas, películas o animes (o que haya estado allí) sabe que en la sociedad japonesa hay una represión formal respecto a la sexualidad bastante importante. No a la manera victoriana, sino a su propia y japonesa forma, enfermiza y fetichista. Me viene a la cabeza el tema de los buruseras, esos negocios donde se venden, entre otras prendas, bragas usadas. Y cuanto más usadas estén, más valor tienen. Hasta existen máquinas expendedoras del tema. Una institucionalización de las parafilias tal cual. Todo esto en una sociedad tradicional, impasible y disciplinada, donde se da más valor al colectivo que al individuo; con un culto a la forma y la cortesía exquisito y una estructura vertical social (tate shakai) incomprensible para un americano o europeo. Y claro, por algún sitio tienen que reventar los pobres japoneses.

Y de reventar (y sus consecuencias) va precisamente este manga.

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El que Shuuzou Osimi haya escogido Las flores del mal como estandarte de esta obra no es casual. Tampoco son fortuitas sus referencias a otros artistas como Rimbaud, Goya, Redon, el dadaísmo, Breton, Dalí o Topor. No son mero envoltorio para quedar de listo, tienen su sentido (y es un placer encontrarse con esos bonitos detalles).

Las flores del mal fueron un purgante demasiado potente para la sociedad francesa de la época, una obra en la que Baudelaire hablaba sin tapujos de lo morboso, la pesadilla, la decadencia, la muerte, el sexo… y, sobre todo, de su hastío existencial o spleen. Baudelaire describió su propia vida bohemia y diferente, rompiendo los esquemas artísticos previos y quebrando las convenciones sociales. Las flores del mal fueron una revolución que le costó al poeta ser acusado por el gobierno francés de atentar contra la moral pública y las buenas costumbres; y de ofender a la moral política y religiosa. Baudelaire fue multado y su obra mutilada. Esta censura no se levantó hasta el año 1949.

¿Por qué cuento esto? Porque Aku no hana va de eso: del spleen o vacío existencial que sienten Kasuga y Nakamura en una sociedad como la japonesa que los asfixia (y encima en una ciudad pequeña). Kasuga se evade de esa prisión, y también de su propia mediocridad, a través de la lectura de libros que no entiende (pero le hacen sentir especial), para luego pasar a experimentar en carne viva Las flores del mal, para luego verse abocado a comprender lo que significan y lo que son cuando se topa con Nakamura, víctima también del spleen, de la soledad, la incomprensión y la locura. El paralelismo entre Baudelaire-Jeanne Duval (la Venus Negra, amante del poeta) y Kasuga-Nakamura es incuestionable: una relación tortuosa de amor-odio, sadomasoquismo y profunda tristeza.

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Shuuzou Osimi escoge como protagonistas, por supuesto, a adolescentes. La difícil transición de niño a adulto, la búsqueda de uno mismo en un mundo que resulta ser una mierda, la rebelión frente al adocenamiento social y todas esas cositas tan típicas que se atribuyen a la pubertad (Aku no hana no deja de ser un bildungsroman). Ya sabemos que los quinceañeros son bombas de relojería humanas. Y es lo que tratan de hacer Kasuga y Nakamura, escapar al otro lado a través del escándalo, la violencia y la muerte. Hay mucho más, claro, pero eso me obligaría a hacer unos spoilers del tamaño de Betelgeuse como poco, y no estoy por la labor.

Aku no hana es un manga que deslumbra y está bien planteado. Es realista y tiene un sentido del humor sinuoso. A pesar de su embalaje de aires literarios y artísticos, la historia que cuenta es directa y simple. La historia, claro. La historia en sí, repito. Cierto que a Kasuga, sobre todo en los primeros capítulos, me daban ganas de patearle el culo y cuando Nakamura se cebaba con él, sentía mucha satisfacción. Pero la evolución del personaje es buena, incluso a partir de la segunda parte, lo que no puedo decir de Nakamura al final. Nanako Saeki también se desinfla un poco, aunque brinda momentos épicos de violencia sexual totalmente inesperados para un rol como el suyo. Y creo que ya he contado demasiado, hasta me he pasado.

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No es un manga con contenido sexual explícito, que conste, aunque el sexo juega un papel importante. Tenía muchos ingredientes para que me hubiese gustado MUCHO, pero en conjunto no ha sido así. El final me ha parecido demasiado convencional, aunque bien pensado, no podría ser de otra forma si se buscaba coherencia. Pero desde luego, no he considerado su lectura una pérdida de tiempo. De hecho, si voy bien de pasta, es probable que aprovechando que Norma lo está publicando, me vaya haciendo con él. Es un manga de esos que merece la pena releer.

Del anime, del que también se ha hablado largo y tendido, haré una reseña más adelante. PORQUE TELA.

Koe no Katachi: crudo como el sushi

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Koe no Katachi o La forma de la voz en español, es un manga que todavía no he terminado de leer. Básicamente porque está sin finalizar, aunque su autora, Yoshitoki Ouima, ya ha anunciado que el 12 de noviembre acaba. Hasta ahora van 7 volúmenes y he leído 54 capítulos.

Hace un tiempo leí el one-shot del mismo nombre y me encantó… aunque también me dejó muy mal cuerpo. Lo que podría haber sido un melodrama supurante de moralina, en realidad resultó un retrato despiadado de la crueldad e hipocresía humanas. Sin zarandajas ni sentimentalismos. ¡GRACIAS! Así que cuando me enteré de que estaban desarrollando la idea principal del one-shot en una serie, decidí darle una oportunidad.

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AVISO: El que busque una historia bonita con una moraleja en la que triunfe esa verdad mentira universalmente aceptada de que el ser humano en el fondo es bueno (vete a la puta mierda, Rousseau), lo lleva claro. Esto es un manga realista. Claro que hay búsqueda de perdón, claro que hay deseo de redención: no es un manga gore, leñes. Es un drama, es un shounen, no una tragedia griega. Pero es realista, insisto, lo que equivale a que no haya compasión.

Sí, soy consciente: estoy dando rodeos sin explicar el argumento; porque hasta yo, cuando me enfrenté la primera vez a la lectura de este manga, tenía mis prejuicios. Y MUCHOS. ¿La razón? Los dos temas principales de Koe no Katachi: la minusvalía física de su protagonista femenina y el acoso escolar. Si no se saben llevar bien (y encima un 2×1) pueden surgir auténticos monstruos de la diabetes; pero Koe no Katachi ha sabido esquivar con maestría los escollos. De hecho, el one-shot original, tuvo problemas a la hora de encontrar un magazine que lo publicara debido a su contenido y cómo se trataba… a pesar de que además había sido premiado. Líos judiciales retrasaron su salida tres años. Para flipar. La ultra-corrección política de la sociedad japonesa en algunos aspectos es desesperante: no pasa nada si dibujas una historia de una tipa que se lo monta con pulpos, pero ojito con qué cojones dices sobre el bullying o los discapacitados. DE ESO NO HAY EN JAPÓN, COÑO, NO INVENTÉIS.

Shouko Nishimiya
Shouko Nishimiya

Pero regresemos al meollo: ¿de qué va Koe no Katachi? El planteamiento es el mismo que el del one-shot y, a partir de ahí, Yoshitoki Ouima lo hace crecer.

Este manga tiene dos protagonistas principales: el tarambana y egoísta Shouya Ishida; y la sumisa y tímida Shouko Nishimiya, que es sorda. Ella accede a la misma clase del colegio que Ishida y, poco a poco, de la curiosidad inicial que provoca en sus compañeros, pasa a ser una víctima en toda regla de acoso escolar. Este acoso además capitaneado por Ishida, cuya insidia espolea la crueldad del resto.

Los perfiles psicológicos son diáfanos: la pasividad y bondad insoportables de Nishimiya provenientes de la profunda culpabilidad que siente por su discapacidad; y la ferocidad y odio irreflexivos de Ishida por la búsqueda de reconocimiento a toda costa. Pero hay mucho más, claro. La mangaka no se corta ni un pelo a la hora de plasmar la actitud cobarde de los que giran la cara hacia otro lado, el fariseísmo e insensibilidad de los profesores, la desbandada irresponsable cuando hay que asumir el mal cometido, el chivo expiatorio como solución exclusiva, etc, etc, etc.: un repaso a la sociedad japonesa de los que hacen historia (y muchos matices serían también extrapolables a otras sociedades, por supuesto). El sempiterno odio a lo distinto, el desdén hacia el débil. Y todo visto, al menos al principio, desde el punto de vista del villano Ishida, cuya evolución es trascendental para la historia. Su caracterización es genial. La serie, como ya hemos dicho, retoma el one-shot y se sitúa cinco años después del espantoso bullying al que someten a Nishimiya. Prefiero no contar más del argumento, todo lo que añadiera sería estropearlo sin remedio.

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No es una serie para corazones delicados, a mí hubo momentos en los que me generó un rencor y desprecio que pocas veces había sentido antes leyendo mangas. Menos aún es para los que andan a la caza de romance, este tebeo no va de eso, aunque pueda parecerlo. Tampoco busca dar lecciones éticas, lo que es un verdadero alivio. Es un manga duro pero, por supuesto, sabe dar treguas y tiene momentos ocurrentes (me encanta la sobrinita hafu de Ishida, tenía que decirlo). Aunque no se aleja mucho de la amargura, no hay puntada sin hilo. Y todo ello a través de un dibujo de trazo grueso y algo desmañado, pero de una enorme dulzura. Los personajes tienen un toque moe que lejos de molestar, hacen un interesante contraste con la historia. No es un dibujo bonito ni detallado, y tampoco hace falta que lo sea.

Veremos qué final le otorga a su historia Yoshitoki Ouima. Se puede intuir lo que tiene pensado (si es eso, a mí no me gusta, pero es que no soy fan de los happy endings) e iría acorde al espíritu general del manga que, a pesar de su aspereza y que pone a los seres humanos a la altura de las cloacas, es optimista.

No digo más (bastante morralla he soltado). Solo resta LEER.

じゃーね 夏

Hasta luego, verano.

La temporada de animes estival está llegando a su fin. Son unos cuantos los que empecé y pocos han sobrevivido a la criba. Por diferentes motivos, destacando el aburrimiento, la decepción y directamente el asco, solo he continuado viendo cuatro: Barakamon, Zankyo no terror, Gekkan shoujo Nozaki-kun y Ao Haru Ride.

Dejé completamente atrás, por nombrar un par, Tokyo ESP y Sailor Moon: Crystal; y aunque me podría haber reenganchado a otras series como Nobunaga Concerto, Tokyo Ghoul o Aldnoah Zero (de estas dos últimas ya hay anunciadas segundas temporadas para enero), he preferido utilizar el verano para haraganear como un perro en vez de pasar tanto rato delante de una pantalla. Ya las veré más adelante.

Quizás es un poco pronto para hacer una evaluación (sobre todo porque todavía no han finalizado); y aunque siempre puede escacharrarse un anime con un final patético, las impresiones generales ya las tengo bastante claras. A por ellas entonces…

"Mujer joven bajo chaparrón de verano" (1765) de Suzuki Harunobu
“Mujer joven bajo chaparrón de verano” (1765) de Suzuki Harunobu

Barakamon

ばらかもん

Barakamon no contaba con ninguna idea especialmente original en sí para empezar. El tema del urbanita altanero y pagado de sí mismo que es exiliado al remoto mundo rural (idealizado, claro) para aprender las cosas verdaderamente importantes de la vida (ya sabéis, la amistad, el amor, la paciencia, la humildad, blablablá) y lograr reencontrarse consigo mismo, está bastante trillado y ya no solo en los animes o mangas. También las similitudes con otras obras como Yotsubato! y que fuera un slice of life con toques de comedia, no eran para mí indicios de que Barakamon se fuera a convertir en una de las series de mi vida.

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Naru vs. Yotsuba

Y, ciertamente, no es una de las series de mi vida, pero sí una de las de este verano sin duda. Seguramente se deba a que el nivel general de los animes que he estado viendo (y abandonando) ha sido penoso, pero tampoco quiero restarle méritos a Barakamon.

No sería justo.

Barakamon, a pesar de no ser la serie más innovadora, ha sabido aprovechar a la perfección sus bazas haciéndose querer inmediatamente. Porque Barakamon no cambiará el rumbo del planeta, pero distrae de manera eficaz y lúcida; con una animación digna y sin grandes artificios. Un slice of life típico que hace reír a carcajadas. La palabra que utilizaría para definir Barakamon sería sencillez, que no es lo mismo que decir simplón. Barakamon posee elegancia y sabe fluir sin gilipolleces. Ha tenido algunos capítulos mejores que otros, por supuesto, pero privado de altibajos importantes.

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Salvo algunos momentos en los cuales yo, personalmente yo, no aguanté bien la “blandura” propia de este tipo de series, reconozco que Barakamon de almibarada tiene lo justo y preciso. Es una serie totalmente recomendable si se tiene en cuenta lo que es; y no se olvida que el peso recae en los hombros de prácticamente solo dos personajes: la pequeña Naru y Handa sensei. El resto están más desdibujados. No hay que pedir peras al olmo tampoco.

Espero que el final esté a la altura de lo que ha sido el anime durante estas semanas, aunque con una monumental memez tendrían que descolgarse para que resultara ser una decepción.

Ao Haru Ride

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No voy a repetirme más, en la anterior entrada dejé mi reflexión sobre este anime y lo que podría haber sido si se hubiera planteado de otra forma.

Ao Haru Ride satisfará a los fanáticos del manga sin problemas (a pesar de que saben que lo interesante está por llegar) y los que vean en crudo la serie no se llevarán una gran impresión, salvo en estos últimos episodios donde las cosas despegan… y se truncan, of course. Un anime que queda en amago de buen anime.

Una lástima. Si las ventas del DVD/BD no son las esperadas, la serie quedará en el limbo, como muuuchas otras antes que ella. Lo dicho, una lástima, es un manga que merecía mucho más en su adaptación animada.

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Zankyou no Terror

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Tenía unas expectativas muy altas respecto a esta serie, la verdad, y ha resultado un pequeño bluff hasta cierto punto. Nada serio tampoco, creo que es un anime que merece la pena verse y cumple su cometido. Hasta ahora.

Zankyou no Terror ha sido tan irregular que su final sí podría determinar definitivamente si se convierte en un fiasco o no. A fecha de hoy solo resta un capítulo, y el décimo ha resultado un poco meh.

Desde luego, esperaba bastante más del artífice de joyas como Cowboy Bebop o Sakamichi no Apollon; el listón estaba muy alto, y Watanabe sensei con Zankyou no terror me ha decepcionado.

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La cuestión es que los dos primeros capítulos, incluso el tercero, asentaban unas bases muy sugestivas que finalmente se han ido desarrollando de una manera más tradicional de lo esperado. Mucho ruido y pocas nueces. Hay bastantes “peros” a Zankyou no terror, el principal que esté resultando un anime mediocre, gris, que recuerda a muchas otras series del pasado y que no ofrece novedades. ¿Es eso malo? No necesariamente, y aunque los recursos tópicos-típicos de su género han llevado la batuta, el resultado de momento no puede decirse que sea una completa chunguez.

¿Desilusión? Pues sí. ¿Estoy disfrutando de la serie? Pues sí también, y bastante, qué demonios. Una cosa no quita a la otra. En el apartado técnico, por ejemplo, no tengo queja alguna a pesar de lo tiquismiquis que soy; goza de una banda sonora maja y los personajes son en general correctos. He de reconocer que el detective Shibazaki es mi favorito, y casi he continuado viendo la serie por él; aunque tampoco sea el colmo de la originalidad el personaje.

shibazaki
Shibazaki

Si Shibazaki es mi preferido, no puedo evitar escribir sobre el que me ha estado AGOBIANDO todo lo que llevo de serie. Sin duda es el personaje monguer absoluto de este verano: Lisa Mishima. Lo tiene todo: llorica, inepta y con el proceso mental de un protozoo. Podrían haberle sacado mucho más jugo (su problema familiar daba tanto juego, ay) en vez de utilizarla como macetero balbuciente… pero no. Ahí está ella, en todo su esplendor de suprema víctima del universo de los retarded. De todas formas ella tampoco tiene la culpa, es que la han hecho así…

Lisa en uno de sus típicos momentos de retraso
Lisa en uno de sus típicos momentos de retraso mental

Como ya escribía antes, la conclusión de la serie todavía puede terminarla de joder o dejarla en lo que es de momento: un producto que se consume y disfruta sin dificultad (es lo que importa en el fondo) pero que no sorprende para nada. De Watanabe se esperaba bastante más, pero todo hay que decirlo: aunque no hubiera estado él detrás del tinglado, este anime seguiría siendo lo que es. Punto.

Gekkan Shoujo Nozaki-kun

 月刊少女野崎くん

Y llegamos por fin a la que ha sido para mí una de las alegrías de este verano: Gekkan Shoujo Nozaki-kun. Es reír con ella hasta reventar, completamente hilarante. Aunque la protagonista femenina tenga cierta pinta de loli (¡agh, agh, alergia, alergia!), la he disfrutado MUCHÍSIMO. En realidad este anime es una parodia de lo que son los shoujos, casi una sucesión de gags donde las situaciones absurdas y totalmente surrealistas se disparan como fuegos artificiales. No dejan títere con cabeza.

Lo único que he echado un poco de menos es que las tramas en sí se hayan llevado de manera algo lenta, favoreciendo en su lugar a la comedia. No sé muy bien cómo van a solventar todo eso en el único capítulo que queda, pero seguramente se trate, otra vez, de la PUTA MANÍA de hacer animes cortos que no respetan el ritmo del manga original. Es lo que deduzco, claro, porque el tebeo no lo he leído (ganas no me faltan), así que confío nos hagan el jodido favor de realizar una segunda temporada. GRACIAS.

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Ninguno de los personajes, NINGUNO, tiene desperdicio. Paradójicamente, quizá los menos atrayentes sean los principales, la mini-pelirroja Sakura Chiyo y el impasible (y algo denso también) mangaka Utemarou Nozaki; pero se encuentran estupendamente compensados con la caterva de enfermos mentales que los rodean.

Gekkan Shoujo Nozaki-kun es un anime que no se toma en serio ni a sí mismo; tampoco tiene mensajes profundos que transmitir ya que su objetivo es simple: el entretenimiento puro y duro. Y eso no es infravalorarlo ni muchísimo menos. A veces se tiende a minusvalorar el producto cuyo objetivo es únicamente ese, lo que es un tremendo error. No todo tiene que ser Neon Genesis Evangelion o Monster (que son maravillosos), el esparcimiento también debe poseer su lugar y es tan importante como lo trascendental y sesudo.

Gekkan Shoujo Nozaki-kun ha sido obligación este verano. No tiene especiales pretensiones y es refrescante. ¿Recomendable? Al 100 %. Abstenerse gente impaciente y con escaso sentido del humor.

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Aunque no se trate de una de las series que he continuado viendo (la he dejado en barbecho en realidad), voy a explayarme un poquillo con uno de mis desencantos estivales. Lo merece porque pertenece a una franquicia que es capital en la historia del anime y manga, me refiero a Sailor Moon: Crystal.

Sailor Moon: Crystal

美少女戦士セーラームーン

Puede que no sea justo. Probablemente. Ni siquiera he llegado a ver el quinto capítulo y van a ser 26 en total, así que quizás me esté precipitando con esta reseña. Pero este es mi blog y escribo lo que me apetece; y lo que me apetece ahora es vomitar sapos y culebras sobre Sailor Moon: Crystal. Tengo mis razones.

Era una de las series más esperadas de este verano. Para celebrar el 20 aniversario de este clásico de la animación, qué mejor que adaptar dignamente el manga de Naoko Takeuchi. Y así se está haciendo, hasta el diseño de los personajes ha tratado de ser fiel.

¿Ha sido esa una decisión acertada? Veamos.

manga
manga

Nadie duda de la importancia de los 18 volúmenes de Bishoujo Senshi Sailor Moon, hacerlo sería estúpido; pero también sería estúpido no darse cuenta de que han pasado más de dos décadas desde su publicación y que… han quedado anticuados. Vamos, que no han envejecido nada bien. En muchos aspectos ya no responden a la sensibilidad actual de los amantes del anime y el manga. Y eso, entre otras cosas, es lo que está sucediendo con la serie nueva: es anacrónica en numerosos detalles. Chirría. A ratos es hasta ridícula.

El manga original además tampoco es perfecto, tiene un ritmo atropellado que en la lectura se hace llevadero, pero que en anime apesta como olor a repollo. Ese cierto atolondramiento del manga supone también un desarrollo pobre de los personajes que, de nuevo en la serie, destaca para mal a más no poder. No es que las sagas televisivas originales fueran un ejemplo de profundidad psicológica, todo hay que decirlo, pero su avance gradual procuraba una familiarización mucho más natural.

Así que NO. Desde mi punto de vista, ceñirse así al manga no ha sido muy apropiado.

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Tsukini Kawatte Oshioki yo – 月に代わっておしおきよ!!!

Prefiero no entrar en el tema de si el nuevo dibujo y diseños son “buenos” o no. Hay mucha gente que se ha quejado de ellos y prefieren el estilo más redondeado y expresivo de las series originales. Me parece muy bien, de gustos no hay nada escrito. Pero lo que hay que tener claro es que Sailor Moon: Crystal está inspirado en el manga. Incluido el dibujo, que han modernizado una miaja y a correr. ¿Te gusta? Genial. ¿Que no te gusta? A joderse. Repetimos: esto es una adaptación del manga (por si no había quedado claro).

En lo que sí voy a meterme a saco es con la animación de Toei. Siendo breve: CACA.

Es inconcebible que este proyecto, con tanta expectación generada además por los propios estudios y que se supone homenajea uno de los hitos de la historia de la animación japonesa, esté siendo tan torpe. Es lo que le faltaba. Ver a Luna a veces es desolador, más que un gato parece una especie de robot-morcilla mutante. El CGI en las transformaciones también es de traca valenciana; aunque hayan tenido el bonito detalle de mantener la secuencia original de la serie predecesora, pone los pelos de punta.

Lo sé, es Toei; de donde no hay, no se puede sacar.

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Sailor Moon: Crystal es un cúmulo de desatinos que solo la nostalgia más tenaz puede ignorar. O un nivel de exigencia subterráneo, claro. Y hay que añadir además la incomprensible decisión (me lo expliquen, por favor) de emitirla quincenalmente26 capítulosCon un par.

No es necesario hacer comparaciones con las series antiguas, resulta estéril porque Sailor Moon: Crystal cae por su propio peso. El producto es obsoleto, frígido y hortera; eso sí, cromado en alta definición para no perder detalle. ¿Me decidiré a continuar su visionado algún día? Buf, no lo sé. Desde luego no es una de mis prioridades.

Y tras este rollo macabeo de entrada, me retiro unos días para dedicarme a otras labores… como invadir Polonia (o algo).

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Dónde vas, Ao Haru Ride, dónde vas…

Desde el principio, nunca comprendí que solo se hubieran planteado 12 capítulos de anime para este shoujo. No le encontraba mucho sentido y me parecía un error; a no ser que la idea de los estudios fuera adaptar el manga de manera bastante libre y darle un ritmo distinto, claro… no habría sido tampoco una novedad en la historia de la animación japonesa que se traicionara la obra gráfica original.

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Pues habiendo llegado ya casi a la meta, se puede decir que optaron por el camino de la fidelidad rigurosa. Flipante, casi es un calco. Lo que reitera mi inicial confusión respecto a la decisión de que solo fueran 12 capítulos. ¿Por qué mi perplejidad? Muy sencillo: cualquiera que haya leído el manga sabe que la evolución de esta historia no ha hecho sino empezar. Ao Haru Ride es un manga pausado y gradual; inteligente, divertido y repleto de sutilezas que rara vez se observan entre las obras de su género. Y no hablamos solo de romance. Sin renunciar en absoluto a las características propias del shoujo, Ao Haru Ride ha abierto sendas nuevas en muchos aspectos, y lo ha hecho sin aspavientos ni escándalos, con naturalidad. Todo en completa armonía con el trazo delicado y puro de la autora en sus dibujos. Ao Haru Ride es la granazón artística de Io Sakisaka, aquí encontramos todas las particularidades de la autora en plenitud y las ideas que brotaban en mangas anteriores como pequeños ensayos (reconocibles en Watashi no Koibito y Mascara Blues), ya están completamente perfeccionadas aquí. Ese aire de ingenuidad suavemente molesto de Strobe Edge, en Ao Haru Ride se ha superado ya para convertirse en un candor reflexivo de regusto algo amargo. Y el drama no es viscoso ni sentimental, lo que es casi increíble.

Inciso: Entiendo a la perfección que se trata de una decisión empresarial, el cerebro de momento me da hasta ahí. Últimamente y de manera generalizada, casi todas las series tienen 12 capítulos y listo. Si es rentable, entonces se mira hacer otra temporada. Pero de igual forma que se han hecho excepciones en otras produciéndolas en 24-26  (sin particiones), con Ao Haru Ride podrían haber pensado algo similar, ya que el propio manga lo está pidiendo a gritos, que de eso va esta entrada precisamente.

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Vamos, que con 12 capítulos de anime, Ao Haru Ride está todavía en bragas, faltan por asomar la nariz personajes cruciales; y el argumento verdadero solo se acaba de esbozar, porque no se trata simplemente de una historia que comience y tire p’alante. Nononon. Ao Haru Ride no está planteado como un cuento ni tiene estructura de folletín, parte de la base de un pasado complejo que ha formado y sigue moldeando a sus personajes, que los mantiene atrapados y que, para poder progresar y liberarse de él, necesitan descubrirlo, conocerlo y metabolizarlo adecuadamente. Y no basta con hacerlo en solitario, las relaciones interpersonales son las que tienen un papel activo en este combate de autoconocimiento y liberación. Como la vida misma, vamos. Y los lectores también hemos ido explorando esa realidad tejida de pasado-presente conforme leíamos sus páginas; y es ahora, en los últimos capítulos del manga (de momento por el 43), cuando todos estos personajes se están empezando a redimir. EMPEZANDO, COLEGA, EMPEZANDO. Eso ni se huele en el capítulo 14, que es donde finaliza el anime: recién bosquejadas algunas cosillas y con las vacaciones de verano por delante (casi nada).

De esta forma, Ao Haru Ride como anime quedará como una serie inofensiva a ratos lenta, que no ha acabado de despegar a pesar de poseer elementos prometedores, con unos últimos capítulos donde la cosa se anima más (no te jode, es cuando los engranajes comienzan a moverse, lo de antes han sido exordios) y que tampoco ofrece nada original respecto a otros shoujos. Y es irritante porque esa percepción no tiene nada que ver con lo que es Ao Haru Ride en realidad. Ahora resultará que la película en imagen real que se va estrenar este diciembre, será más honrada que el anime… ¡¡AAAGHHHH!! ¡¡¡POR FAVOR, UNA SEGUNDA TEMPORADA, NO SEÁIS LERDOS CODICIOSOS!!!

Ya está, ya me he desahogado, prosigamos…

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Para hacer un poco de justicia a Ao Haru Ride, lo idóneo sería una segunda temporada como mínimo.

Seguimiento y expectación hay de sobra.

Ah, y que metieran un poquito más de pela… porque la animación a partir del octavo capítulo ha sido ligeramente ruin; y mejor no hablar de la vileza del coche en 3D del capítulo 10… ha sido para echarse a llorar.

Pero ya sabemos todos que aquí de amor al arte nada, lo que manda es la pasta y si conviene, se hará otra temporada. Y si no, pues aquí paz y después gloria, no sería la primera vez ni la última que se deja empantanado un anime.

Lo estoy viendo, pasará a la larga lista de series de las que se dice automáticamente: está mejor el manga (y qué manga, señores). Y en este caso no será una frase-recurso para quedar cool, será la puta verdad.