Manga vs. Anime: Made in Abyss

Este verano me he sentido muy reticente a la hora de comenzar algún anime de la temporada porque casi todos me parecían o aburridos o directamente bochornosos. Un perezón horrible se me apoderó, aunque tenía en el punto de mira al protagonista de hoy. Ya solo por la dirección artística y los fondos con ese ramalazo steampunk me atraía bastante; sin embargo cada vez llevo peor ver semanalmente una serie, prefiero hacerlo de golpe o dosificarla a mi gusto sin depender de emisiones, traducciones y demás. Y, la verdad, hice muy requetebién en esperarme y devorar Made in Abyss de una sola vez. ¡Ñam!

Hacía bastante que no escribía un Manga vs Anime, y mucho más tiempo todavía que no dedicaba una reseña a un anime de temporada en SOnC. Así que recién engullido en mi asiento del avión, he decidido que es una ocasión estupenda para despertar la sección; y de paso sacar la nariz un poquitín de la animación antigua. Tranquilos, sin spoilers a la vista. Here we go!

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Made in Abyss es un manga en publicación desde 2012 en Web Comic Gamma. Su autor es Akihito Tsukushi, del cual no había oído hablar nunca, así que ha sido un placer conocerlo a través de este tebeo. Su adaptación animada, como bien sabréis, se emitió este verano de 2017 y fue realizada por los estudios Kinema Citrus. De todo el apartado técnico, realmente lo que más me ha interesado ha sido su director, Masayuki Kôjima, que también fue responsable de las estupendas Monster (2004) y Master Keaton (1998). Y, ¿cuál ha sido el efecto de la serie entre la otaquería? Pues, en general, ha sido una triunfada. Ha gustado mucho de verdad. Y tampoco es una sorpresa, pues tiene todos los ingredientes para atraer y retener la atención de los espectadores. Es un buen producto que ha puesto de nuevo en el punto de mira la fantasía y sci-fi de esencia más clásica y occidental sin caer en los clichés o la cutrez. Y eso no está nada mal para empezar. ¿Se puede decir lo mismo del manga? Pues para eso vamos a destripar la obra en el Manga vs. Anime de hoy. No obstante, os recomiendo fervientemente la reseña que mis compis Magrat y Pau de Otakus Treintañeras tienen preparada para dentro de muy poquito. En ella encontraréis un pormenorizado análisis del anime con garantía de qualité. Permaneced atentos a su publicación.

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Made in Abyss cuenta las aventuras de un par de pre-adolescentes, Riko y Reg, en su habitual búsqueda de identidad pero en vez de recorrer los pasillos de un instituto o perderse en el vacío infinito del espacio exterior, lo hacen sumergiéndose en los terribles y asombrosos submundos de las entrañas de la tierra. El concepto de una tierra hueca en la que existan en su interior otros mundos y formas de vida es muy, muy antiguo, podemos rastrearlo en el Irkalla sumerio (la tierra de la que no se vuelve), el Patala hindú o el Hades de la Antigua Grecia; de hecho todavía perviven en la actualidad cantidad de teorías pseudocientíficas que asumen este tipo de creencias como verdaderas. En la literatura también han sido abundantes las referencias a esta noción del subterráneo habitado, siendo en Made in Abyss sus máximas influencias el poema Inferno de la Divina Comedia (1320) de Dante Alighieri, Viaje al centro de la tierra (1864) de Julio Verne, las novelas de Pellucidar (1914-1963) de Edgar Rice Burroughs y el Alicia en el País de las Maravillas (1865) de Lewis Carroll. Una bonita mezcla. Así que podríamos situar esta obra japonesa dentro del subgénero denominado ficción subterránea, que oscila entre los de ciencia-ficción, aventuras y fantasía. Sin embargo, a pesar de estos poderosos ascendientes, Akihito Tsukushi se las arregla para otorgarle una frescura inaudita, así como un trasfondo que, lentamente, va alejándose de los tópicos del género.

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Cartel publicitario de “Viaje al centro de la tierra” (1959) de Henry Levin. Nótese que el inefable rockero de cartón-piedra Pat Boone fue su protagonista.

Made in Abyss contiene también muchos elementos del monomito o periplo del héroe, no en vano se trata de una narración de tipo épico 100%. Y acudiendo a la clasificación demográfica nipona, es un seinen de la cabeza a los pies. Algo que puede obviarse si uno se atiene a la primera impresión que ofrece el estilo de su dibujo o el tono general de su comienzo. Aunque los protagonistas sean niños, casi adolescentes, no es un shônen. Y mucho menos un shôjo. Es un seinen. Punto. El tema de que las demografías japonesas resulten bastante sexistas sería otro interesante asunto a tratar (en un futuro no muy lejano caerá); no obstante, insisto, con Made in Abyss no hay que perder de vista el hecho de que es un seinen. Y la demografía es como es. Akihito Tsukushi avisa, no es traidor.

Como toda obra de fantasía o ciencia-ficción, el autor ha tenido que diseñar una arquitectura propia para su mundo. ¿Es sólida, es coherente? Hasta donde he leído, sin fisuras. Ha creado un universo intrincado de cimientos robustos poblado de personas y relaciones complejas. Es lo que ha hecho verosímil su obra, una buena base sobre la que hacer crecer su historia. La contextualización es básica: hace 1900 años, en un  planeta donde cada rincón estaba ya explorado, se descubrió una gigantesca oquedad en una isla al sur del mar de Beloskur. El último reducto de oscuridad: el Abismo. Terra incognita. O como remarcaban los antiguos romanos en sus mapas sobre los territorios inexplorados o peligrosos: hic svnt leones. Esos leones, dragones y monstruos de los pergaminos medievales también, que es precisamente lo que se encuentra en el Abismo. Tiene 1 kilómetro de diámetro, posee una profundidad desconocida y se han cartografiado solo las partes esenciales. Se subdivide en diferentes capas o estratos, cada una con sus propias particularidades.

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Y en torno al Abismo, se fundó y medró la ciudad de Orth, que convirtió la sima en su fuente principal de riqueza. Porque en el Abismo se encuentran los vestigios de una antigua y avanzada civilización, cuyos abundantes restos arqueológicos se venden a los países del exterior. Orth posee el monopolio de su explotación, aunque otras naciones intentan, por supuesto, acceder de manera ilegal. El comercio de estos restos vertebra completamente la economía y sociedad de la isla; y son los excavadores el personal cualificado e imprescindible para extraerlos. No se sabe nada de esa cultura extinta, nada sobre de dónde vinieron, por qué desaparecieron o si sus descendientes continúan allí, en lo más profundo.

El resto de naciones del planeta no es que sean amantes de la historia antigua, su tenaz interés por los hallazgos en el Abismo de Orth se debe a que los artefactos encontrados poseen una tecnología a años luz de la suya, con atributos físicos y espirituales casi mágicos. Evidentemente, no todas las reliquias tienen el mismo valor; conforme se profundiza, más complejos y poderosos son los artefactos encontrados. Y todos ellos son minuciosamente clasificados en diferentes grados según su capacidad de alterar el mundo de la superficie.

El Abismo tiene sus propias reglas, que afectan a todos los habitantes de Orth tanto en superficie como, evidentemente, cuando se viaja a su interior. La fauna y flora del Abismo es inmensa, y en casi 2000 años no se ha logrado catalogar del todo. Un escudo de fuerza de naturaleza desconocida impide la observación externa, solo el trabajo de campo permite su estudio. Este escudo filtra la luz solar y se adapta a la vida y consciencia de toda criatura que se encuentre dentro. Es el responsable también de la Maldición del Abismo, un mal equiparable al de la descompresión submarina. Cuanto más se profundiza, peores son los efectos en el ascenso; los síntomas van desde leves mareos, vómitos o alucinaciones en las tres primeras capas (-7000 m), hasta hemorragias masivas en la cuarta (-12000 m), o la pérdida de humanidad y muerte en las dos últimas (-20000 m aprox.). Existe un punto de no-retorno en el quinto estrato o Mar de los Cadáveres, del cual no es posible el regreso. A ese lugar se le denomina “la Última Inmersión”. La energía del escudo de fuerza es muy potente en su centro, volviéndose bastante más tenue conforme se aleja hacia la periferia. Esto procura cierto alivio en lo que a la Maldición se refiere. También las especies alejadas del centro son menos agresivas.

Por todo esto, se requiere un adiestramiento severo y existe una rígida jerarquía para acceder a los diferentes estratos del Abismo. El grado de especialización se refleja mediante la herramienta básica de cualquier excavador: el silbato, cuyo color especifica su categoría. El orfanato Belchero, en el distrito oeste de Orth, educa a los nuevos excavadores que proveerán de nuevos artefactos y reliquias a su ciudad. La élite son los excavadores más fuertes (blancos y negros) que han logrado llegar más abajo y regresar trayendo con ellos reliquias o artefactos valiosos. Son considerados auténticos héroes. En realidad toda la ciudad sufre como una especie de fiebre del oro, un vértigo casi religioso por el Abismo. Su misterio y esencia maravillosa, que trascienden las leyes naturales de la superficie, su grandeza y superioridad tecnológica representan esa eterna atracción hacia lo desconocido, generando leyendas que alimentan su enigma sin cesar. Como en todo culto mistérico (porque lo es), Akihito Tsukushi introduce sutilmente la noción de sacrificio. El Abismo reclama siempre, de una manera u otra, un holocausto. Los que no se adaptan del todo a este peculiar sistema capitalista-religioso, quedan relegados a sus márgenes en el distrito sur de Orth, llamado El Muelle. En ese barrio de cientos de chabolas amontonadas, casi hundidas en  el Abismo, residen excavadores piratas y sus familias.

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Y en esta ciudad de Orth y en el orfanato Belchero estudia Riko, la protagonista principal de Made in Abyss. Ella, junto a sus compañeros Natt y Shiggy son Silbatos Rojos con muy  distintas ambiciones. El chiquitín Kiyui (cascabel) y el profesor Jiruo (Silbato Luna) también conforman la pequeña familia de Riko, que sueña con convertirse en un Silbato Blanco como su madre, Lyza “la Aniquiladora”. No es una vida idílica y los castigos que recibe son más que rigurosos, pero se siente arropada en su entorno y en la ciudad. Allí están también el entrañable Silbato Negro Habolg o la protectora tía Lafy.

Riko, desde muy niña, ha sentido una fascinación irreprimible por el Abismo, y su carácter entusiasta (y algo inconsciente) la han conducido siempre a tomar decisiones bastante arriesgadas para su edad y condición. Se ha quedado incluso con reliquias de cierto valor, lo que equivale a robar, en su delirio infantil de llegar hasta las capas más hondas. Pero la aparición del silbato de su madre y una misteriosa carta suya, donde dice estar en el fondo del Abismo esperando a Riko, la espolean definitivamente para adentrarse en sus profundidades. Y no lo hará sola, sino acompañada de Reg, un extraño muchacho con características de robot con el que Riko se topa en el primer estrato de manera extraordinaria.

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Reg, indignado, parafraseando a Lyza. Uno de los castigos más recurrentes es colgar desnudos durante horas a los niños. Todos sabemos que los japoneses tienen una faceta lolicon un poquitín… alarmante.

El elenco de personajes con el que se van encontrando Riko y Reg en sus andanzas es variado y abundante. Todos están bosquejados con cuidado y, aunque algunos son muy reconocibles, (Shiggy el empollón, Habolg el gigante bonachón, etc) son piezas que encajan bien y dan forma a la historia. Para mí los más interesantes son la Silbato Blanco Ozen y la Narehate Nanachi, con unas psicologías muy poco obvias. Tienen bastante potencial. Leer más “Manga vs. Anime: Made in Abyss”

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Manga vs. Anime: Ristorante Paradiso

 

Lo prometido es deuda. Y aunque estoy pasando unos días un pelín locos a causa de la escasez de tiempo para mí misma, aquí está el Manga vs. Anime que empató en la encuesta twittera de hace una semana. Tenía la sección algo abandonadilla, con varios borradores además a medio hacer, así que debía aparecer tarde o temprano. Mi idea inicial era escribir sobre 3-gatsu no Lion, pero como tendremos segunda temporada (¡BIENREQUETEBIÉN!), lo consideré algo tonto, prefiriendo retrasar la entrada hasta que el anime finalice. ¿Qué otras opciones me quedaban? Pues una de ellas la que presento hoy: Ristorante Paradiso (2005) de Natsume Ono. Como dentro de unos días tendré la reseña de ACCA: 13-ku Kansatsu-ka para Otakus Treintañeras, me pareció adecuado elegir una obra de la misma autora y ponerme un poco… in the mood.

Natsume Ono es una mangaka que me gusta bastante, creo que es una de las mejores creadoras que hay en este momento y que goza además de cierta popularidad en Occidente. No entre el público medio otaku, ya que Ono se aleja de los parámetros comerciales, sino entre los consumidores adultos de cómic. Publicar josei continúa siendo un riesgo, aunque los lectores parece que se van abriendo más, así que Milky Way decidió apostar por Ristorante Paradiso el pasado 2015. El desafío no acabó del todo bien. Porca Miseria. En España parece que no ha gustado demasiado, una gran lástima, pero en Francia o Estados Unidos es una autora de prestigio. Lo malo es que pasará un tiempo hasta que alguien se anime otra vez a publicar algo de Ono, por lo que sus (escasos) fans en la península ibérica estaremos obligados a recurrir al extranjero (vaya novedad). Y no podremos disfrutar, por ejemplo, de la continuación-precuela de Ristorante Paradiso, Gente (2006).

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Isis, la Guardiana del Manga

Pero dejemos las cosas claras: que servidora sea admiradora de alguien no implica que, a ojos cerrados, mastique y trague todo lo que publique. Nanay, camaradas otacos. Y algo similar me ocurrió con Ristorante Paradiso, de modo que sí, lo que tenéis delante es un Manga vs. Anime de una obra que no me convence del todo. No considero que sea mala, pero en comparación con otras que he leído (y visto) de la mangaka, es flojilla. Sin más. Nastume Ono de momento tiene tres adaptaciones al anime. La primera fue esta, después la magnífica Sarai-ya Goyô (2010) cuya reseña tenéis aquí; y la última la recién finiquitada ACCA: 13-ku Kansaitsu-ka. La más destacada continúa siendo Sarai-ya Goyô, sin duda; la más endeble Ristorante Paradiso. Todas transmiten una verdad indiscutible respecto al arte de Ono: el color le sienta muy, muy bien. Mejor que el B/N clásico del manga. Esto no quiere decir que ese trazo vigoroso de reminiscencias cubistas tan característico suyo no sea suficiente por sí mismo. Nada de eso, sino que resplandece cuando se encuentra a color. Su estilo me encanta, sin embargo admito que a mucha gente acostumbrada a formas más estándar pueda resultarle chocante. Pero es su arte uno de los puntos fuertes de Ono, y el que le otorga una importante ración de originalidad. Porque sus historias también tienen un poso en común, y es cierta languidez. Una suave melancolía que sobrevuela sus narraciones sin doler, aunque a ratos se convierta en algo… insípido. Nadie es perfecto. ¿Sucede esto en Ristorante Paradiso? Un poquito, aunque concurren más elementos para que me llegara a decepcionar. No demasiado, pero… pero.

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Ristorante Paradiso evoca con su nombre esa maravilla cinematográfica que fue Cinema Paradiso (1988). No tienen mucho más en común, salvo la declaración de amor que son cada una al cine y a la gastronomía. Dos paraísos en la tierra. Y que ambas son para degustarse con tranquilidad, porque aluden con sutileza al frágil universo de los recuerdos y los sentimientos. Pero si en verdad Ristorante Paradiso conjura a un género del cine, es a la comedia romántica. Pero no a una comedia romántica cualquiera, no. En esta obra resuena con fuerza el eco de Vacaciones en Roma (1953), de Sabrina (1954), donde casi todo es posible y el mundo está poblado de buenas personas. Esa ingenuidad y elegancia de la comedia romántica clásica hollywoodiense, que en la actualidad no existe porque se ha convertido en un pastiche cursi y ruidoso, es lo que encontramos aquí. Y es algo que debemos tener en cuenta, la potente idealización que Ono aporta a su obra. Idealización de la Vieja Europa, con los clichés de la somnolienta y alegre Roma: el saber disfrutar de la vida con serenidad a través de los pequeños detalles, como una copa de buen vino o un postre delicado. Si tenemos en cuenta esto, podremos entonces saber qué pedir o no a Ristorante Paradiso. Es un drama costumbrista con romance ligero de fondo, nada más. Simple, tierno, pero no profundo. Y claro, yo esperaba una miqueta más.

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La comedia romántica es un género que me suele desquiciar bastante. Sobre todo por absurda y babosilla. Hay excepciones, por supuesto, y Ristorante Paradiso, como bebe directamente de las fuentes primigenias menos azucaradas, no me resultó demasiado indigesto. Y en lo que respecta al romance principal, es realista, lo que se agradece. Mucho. Pero sigue siendo una comedia romántica, y sus (cansinos) tópicos refulgen como la bella Rigel a los pies de Orión. Si mezclamos todo esto con las peculiaridades del manganime japonés, tenemos Ristorante Paradiso. Se trata de un reverse harem donde los muchachos no son tan muchachos, y la protagonista no es tan idiota como en un shôjo/josei tradicional. Con retranca. Ese papel (el de descerebrada) lo cumple la madre de nuestra heroína. De hecho, es una pequeña crítica por parte de Ono a toda esa infinita ristra de protagonistas femeninas medio lelas que pueblan los romances en el tebeo nipón. Pero vayamos en orden.

Nicoletta es una joven de 21 años que se ha criado junto a su abuela. Su madre, Olga, después de quedarse viuda, no tuvo mucho tiempo para su hijita pues su trabajo como abogada era muy absorbente. Además, poco después, volvió a enamorarse. Pero el hombre con el que acabó casándose no quería saber nada de mujeres que hubieran tenido hijos de otras relaciones, por lo que Olga ocultó a Nicoletta. La abandonó por el amor de un hombre y solo se ponía en contacto con ella en ocasiones puntuales. ristorante1Nuestra protagonista creció sana y bien cuidada, pero el resentimiento hacia su madre fue creciendo hasta que, por fin, decidió ir a Roma para desenmascararla. Pero las cosas no resultaron como ella pensaba. Su madre es una mujer realizada con su trabajo y, ante todo, feliz por el amor incondicional que siente hacia su marido, Orsini. Su padrastro regenta un restaurante muy peculiar, donde todos sus trabajadores son caballeros de mediana edad con gafas. Olga le pide que no la delate todavía, y Nicoletta accede, todavía sorprendida gratamente de lo que encuentra allí. Y como no puede vivir del aire, chantajea a su madre para que pueda trabajar en la Cassetta dell’Orso como pinche de cocina. Nicoletta conocerá ahí al personal y hará buenas migas con todos, en particular con Claudio, del que se enamora. Pero ella no es la única, el restaurante tiene una clientela habitual femenina que no cesa de fangirlear en torno a Luciano, Gigi,  Teo, Vito y Furio; aunque el favorito de las novatas es Claudio. Todos son extremadamente corteses y atentos, lo que embelesa a la mayoría de las comensales. Btw,  mi favorito es Gigi, el sumiller ❤ .

Ristorante Paradiso es un manga sin sobresaltos, con los giros habituales de la comedia romántica más plácida y sin complicaciones. Todo gira en torno al amor, la comida y el vino. El microcosmos de la Cassetta dell’Orso está muy lograda, así como las breves pinceladas que sirven para definir a cada personaje. Se percibe muy rápido el entorno cálido y acogedor, de excelencia profesional y enorme cariño por el trabajo. Por ese lado, la ambientación y los perfiles son impecables, nada que objetar. Sin embargo, comparada con otras obras de Ono, me resultó deshilachada y algo hueca. ¿Ocurriría lo mismo con el anime?

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A pesar de los pesares, gana el manga. No muy de largo, pero el tebeo es el verdaderamente triunfador. El anime es irregular, da una de cal y otra de arena constantemente, y eso termina agotando. Por lo menos a mí. Del espanto más espantoso se puede pasar como el rayo a una escena construida con tino y buen gusto. Y así no se va a ningún sitio, camaradas otacos. No obstante, son once episodios que a nivel argumental se desarrollan con calma, sin aspavientos ni intensos melodramas. Capta muy bien la esencia del manga en general, de hecho algunos capítulos son bastante fieles; sin embargo, falla estrepitosamente en dos aspectos: el arte y el redondeo.

Natsume Ono es espectacular en color, por lo tanto era de esperar que en el anime de Ristorante Paradiso pudiéramos contemplar su estilo realzado. Y no acaba de ser así. La paleta de colores resulta demasiado apagada para la fuerza de los trazos de Ono, es casi casi preferible en el original B/N. Le falta acidez, viveza. Para rematar la faena, es meridiano que el presupuesto de David Production era muy ajustado, porque aunque los personajes están trabajados con normalidad, hasta cierto esmero a veces, los fondos, la ambientación, el mobiliario, etc, cuando caen en las garras del CGI derivan en un auténtico naufragio. Aparte de que hay una incuestionable pobreza visual en los interiores, el modelado 3D y esos horribles zooms de algunos planos pueden provocar el advenimiento del Anticristo. Hacen mucho daño, tanto por lo atroz como por el contraste que genera. En los primeros episodios me sorprendió observar cómo jugaban con las texturas de los tejidos de las ropas, un poco al estilo de Gankutsuô (2004) pero más discreto, sin embargo esos acertados detalles quedaron muy pronto eclipsados por la gran guarrería informática restante.

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El manga es muy breve, solo tiene 7 capítulos, lo que hacía un poco difícil realizar una adaptación coherente. Por lo tanto, acudieron a su precuela, Gente (2005), para tornear y ampliar el horizonte de la Cassetta dell’Orso. Esto ayudó a que conociéramos mejor a los personajes y sus vidas, la historia de la creación del restaurante, etc. En teoría una buena idea para redondear un tebeo que quizá se hace demasiado veloz y superficial. La cuestión aquí es con qué se redondeó la obra y cómo. Bueno, pues el anime de Ristorante Paradiso elevó mis niveles de glúcidos en sangre a cotas estratosféricas. Aunque añadieron más datos que contribuyeron a completar los huecos del manga inicial, esos mismos datos los adulteraron con azúcar refinado. De ese tan rico que es excelente para desarrollar una robusta diabetes. Si el manga en sí se encontraba en mi límite de tolerancia, el anime no respetó ese comedimiento tan fabuloso de la comedia romántica clásica, zambulléndose de pleno en la contemporánea. Y yo con ella no puedo. No me la creo, me parece cutre e idiota. No obstante, debo advertir que si Love Actually (2003), El diario de Bridget Jones (2001) y otros engendros infectos del mismo pelaje los disfrutaste, Ristorante Paradiso es muy posible que te guste. Por mi parte, prefiero mil veces la simplicidad casi austera del manga que un rebozado empalagoso.

Pero, ¿tiene algo de bueno el anime? Aparte de averiguar más sobre el pequeño universo de Ristorante Paradiso, la música. La música es maravillosa, y me refiero también al opening y ending. Suelo ignorarlos por sistema, pero en este caso no pude hacerlo. El conjunto resulta espléndido. La mezcla de jazz con arreglos de música tradicional italiana es prudente y elegante, muy efectiva. Un 10.

Entonces, ¿recomiendo el manga, el anime, ambos, ninguno…? Pues vosotros mismos. No me arrepiento de haberlo visto ni de haber comprado el manga, Natsume Ono es una autora de la que siempre se puede sacar algo en limpio, hasta de sus obras más normalitas. Me ha gustado sobre todo el que haya buscado inspiración en las comedias románticas de los años 50-60, tenían un no sé qué difícil de lograr ahora. También los gustos de la gente cambian, y actualmente el hedor postmoderno más sentimental lo envuelve todo (es una plaga). Habrá que esperar a que cambien las tendencias, aunque la demora está siendo larga desde hace ya un tiempo.

Y como en todos mis cumpleaños, siento la extraña necesidad de hacer algo, ser útil, no dejar pasar el día sin haber realizado algo de provecho o que me llene. Escribir lo hace, así que este es mi regalo para vosotros. Gracias por estar ahí. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Hacia la Tierra

Ya no sé ni cómo mitigar la impaciencia por tener en mis manos 11-nin Iru!. El 19 de septiembre queda todavía tan lejos… Gracias, Tomodomo, por haber puesto al fin una fecha a mi espera. De momento encuentro consuelo en otros mangas del género y misma época, como el protagonista de la presente entrada. Este Manga vs. Anime está dedicado a una de las obras más importantes de su autora; y también es el ejemplo de cómo creadoras pudieron, a pesar del prejuicio y la entonces corriente mayoritaria en el sector, escribir y dibujar historias que lograron redefinir por completo la esencia y forma del shôjo.

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“Terra e…” de Keiko Takemiya

Estas creadoras fueron, entre otras, Môto Hagio, Ryôko Yamagishi, Yumiko Ôshima, Riyoko Ikeda o la que hoy nos atañe, Keiko Takemiya. Todas conformaron el que se denominó Hana no 24 nen gumi o Grupo Floreciente del 24, y enriquecieron el mundo del manga con perspectivas innovadoras, engendrando nuevos géneros como el shônen-ai. Hasta entonces habían sido principalmente autores masculinos los que desarrollaron la demografía shôjo, recurriendo casi siempre a la clásica historia romanticona de chica de vida azarosa que sufre mal de amores.

Pero no me olvido del trabajo de mangakas previas, como las esenciales Toshiko Ueda o Hideko Mizuno. El Grupo del 24 recogió el legado de estas pioneras que modelaron el género, para revolucionar el panorama a fondo. Junto al que se llamó Grupo post-24 y la labor de autoras como Shio Saitô, Kyôko Okazaki e incluso Rumiko Takahashi, es que podemos disfrutar del manga comercial tal como lo conocemos ahora. Su contribución fue fundamental, porque estas creadoras no se limitaron a transformar el shôjo y shônen introduciendo temáticas hasta entonces impensables, sino que se adentraron en los paisajes estelares de la ciencia ficción, hurgaron en conceptos filosóficos complejos, escribieron historias intrincadas de gran calado o innovaron en la disposición y estructura de las viñetas para intensificar la emotividad. Fue un tsunami tanto formal como intelectual.

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Esta SEÑORA es Keiko Takemiya

Keiko Takemiya vivió durante un par de años en la misma casa que Môto Hagio, en Ôizumi, Nerima (Tokio). Por ahí también empezaron a pasarse otros artistas, creando lo que más tarde se denominaría Ôizumigakuen: un lugar de encuentro, intercambio y aprendizaje. Allí ambas descubrieron publicaciones como Barazoku y leyeron obras como Le ville dont le prince est un enfant (1951) o Les amitiés particulières (1943), que les abrieron las puertas a un universo oculto, el de la homosexualidad masculina. No dudaron en inspirarse en el material que les ofrecía ese nuevo mundo para crear algo completamente transgresor: el shônen-aiyaoi. No es difícil encontrar los ecos de Les amitiés particulières en Thomas no Shinzô (1974) de Hagio y, sobre todo, en Kaze to Ki no Uta (1976-1984) de Takemiya. No soy especialmente fan de esos géneros, de hecho la sobredosis de idealización romántica que suele acompañar sus historias me aburre, pero en sus inicios el asunto era bastante diferente. Fue un reducto donde acudieron autores con poco miedo a la experimentación, y esa tendencia todavía persiste en cierta forma. Ahí tenemos a Asumiko Nakamura, por ejemplo. Pero regresando a la casa de Ôizumi, también ambas leyeron a Robert E. Heinlein o Alfred Elton van Vogt, por lo que era completamente lógico que apareciera una obra como la que vamos a tratar hoy: Terra e… o Hacia la Tierra.

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¿Dónde está el emblema de la Flota Estelar que falta en el uniforme? ¡A ver qué pasa aquí!

En 1976, año en el que empezó a publicarse Terra e… hasta su finalización en 1980, las space opera estaban plenamente aceptadas y a puntito de lograr su clímax a nivel popular. Lejos quedaban los años en los que se consideraban un subproducto marginal de la ciencia ficción, pasto de publicaciones pulp de escasa calidad. Es indiscutible la importancia de Isaac Asimov o Ray Bradbury en su desarrollo, pero fue a finales de los 60 y a lo largo de los 70, que este género despegó como un cohete, reconstruyéndose a sí mismo. Y a esa reconstrucción, que abrazó diferentes disciplinas, contribuyeron obras como las míticas series de televisión Star Trek (1966-1969), Battlestar Galactica (1978-1980) o la archiconocida saga cinematográfica de Star Wars (1977-). Keiko Takemiya también aportó su granito de pólvora a esa enorme explosión sideral, y lo hizo en el mundo del tebeo con Hacia la Tierra.

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Terra e… está constituido por 28 capítulos distribuidos originalmente en 5 tankôbon, que en la edición americana redujeron a 3. En 1978 triunfó en la recién creada categoría de mejor cómic en los galardones más importantes dedicados a la ciencia ficción de Japón: los premios Seiun. Môto Hagio ganaría 3 veces en ellos también a los pocos años. En 1980, Hacia la Tierra recibió el Shogakukan al mejor shônen… y otra obra de Takemiya, Kaze to Ki no Uta, al mejor shôjo. Un doblete que Môto Hagio había logrado también en 1976 con Poe no Ichizoku y 11-nin Iru!. Por supuesto, no fue un fenómeno aislado el de Hacia la Tierra. Como decíamos, el space opera estaba en plena ebullición, y en el mundo del manganime su impacto fue notable. Además de Hagio y Takemiya, es obligatorio mencionar al rey del género Leiji Matsumoto, cuyos clásicos han gozado de mucha fama en Occidente (Space Battleship Yamato, Capitán Harlock, etc).

El éxito de Terra e… era incuestionable, así que Toei produjo la película animada que se estrenó en 1980. Su director, Hideo Onchi, no me suena absolutamente de nada, pero otros miembros del equipo que sacaron adelante el proyecto me resultan más familiares, como Masami Suda y, muchísimo más, Yoshinori Kanada (1952-2009). Kanada poseyó una larga y experimentada carrera como animador primario; trabajó en otras películas similares, creaciones de Leiji Matsumoto, como Ginga Tetsudô 999 (1979) o Queen Millennia (1982); aunque sus colaboraciones más destacadas fueron en Nausicaä del Valle del Viento (1984), Mononoke hime (1997) y Metropolis (2001). Hacia la Tierra no pudo presumir de un staff espectacular, pero sí muy eficiente. Tuvo la responsabilidad de adaptar una obra compleja y profunda. ¿Lo logró? Sí y no. Como sucede muchas veces en la vida.

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Este es Jomy Marquis Shin y, entre tú y yo, al principio es un poquitín idiota.

Takemiya-sensei nos introduce en un futuro lejano donde el ser humano ya no vive en la Tierra, sino en Ataraxia. Nuestro mundo fue devastado por la acción del hombre y, este, para procurar su regeneración, decidió abandonarlo y dirigirse hacia las estrellas. Pero la nostalgia del hogar pervive, y la humanidad desea regresar a él, esta vez para no tener que irse. Aunque, ¿son todos dignos de volver? La sociedad que aparece en Terra e… está completamente tecnificada, tanto que las personas se engendran de manera artificial. La humanidad ha olvidado su propia humanidad. Controlada por la superinteligencia artificial SD, que examina, verifica y domina cada estadio de la vida humana, esta sociedad venera el orden, la obediencia y la preservación del statu quo; pero prohíbe totalmente las nociones de libre pensamiento, espontaneidad o evolución. Esta última palabra es clave, pues SD excluye y aísla una variación humana que ha ido surgiendo, una mutación dotada de capacidades parapsicológicas como la telepatía, telekinesis, videncia, etc. que también van acompañadas de algún tipo de discapacidad física. Son los llamados Mu, y en cuanto se detectan, apartados de la sociedad y sujetos a experimentación médica. Pero muchos han conseguido escapar, y conviven ocultos para rescatar a más de los suyos y, finalmente, dirigirse a un planeta que habitar sin ser perseguidos o molestados. Su objetivo, en realidad, es retornar a la añorada morada ancestral: la Tierra.

Los Mu están liderados por Blue Soldier, un gran telépata que lleva mucho tiempo esperando la llegada de un nuevo mutante más fuerte, más poderoso, que pueda liderarlos hasta su nuevo hogar, lejos de Ataraxia. Y, por fin, se presenta en la figura del adolescente Jomy  Marquis Shin. A pesar de reiterados exámenes y pruebas exhaustivos, Jomy todavía no ha manifestado su mutación y, aunque posee un carácter desenvuelto y rebelde, SD no lo considera un Mu. Pero Blue Soldier sí se ha percatado de su presencia y decide llevarlo hasta él. Para ello, decide aprovechar el “Examen de Madurez” (en realidad un lavado de cerebro) al que es sometida toda la población para acceder a la edad adulta. Tras él, si no son desechados, recibirán una intensa reeducación para ser merecedores de regresar a la Tierra.

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Este sería el resumen, sin entrar en grandes detalles, del primer libro del manga. En él Takemiya, con elegante sencillez, expone las circunstancias en las que vive la gran parte de la humanidad. Es un régimen autoritario, de semi-esclavitud e ignorancia, que SD podría considerar de equilibrio y tranquilidad. El argumento se extiende más, pero muchísimo más. Takemiya no narra un momento extraordinario en la vida de alguien, sino que cuenta la historia de la humanidad en el espacio. Se trata de una perspectiva amplia, que trasciende las existencias de los rostros protagonistas. Una obra ambiciosa, de corte épico y con miles de recovecos.

Los personajes más interesantes son, sin duda, Jomy y Keith, su antagonista. De hecho Keith Anyan es brillante, casi cegador. Su presentación en el segundo libro, como estudiante modelo y futuro miembro de la élite social pero, a la vez, consciente del enorme abismo que lo separa de otros compañeros a nivel intelectual y emocional, es premonitoria. Su frustración por saberse distinto, lo conduce  a sentir un profundo vacío existencial. Seki Ray Shiroe, un novato díscolo, será su catalizador, ya que se trata de su completo opuesto. Y, con esa base, el personaje crece, crece y crece. Pero hay más. Takemiya no se centra en un solo bando, ofrece una descripción pormenorizada tanto de los humanos como de los Mu, destacando sus virtudes y defectos. Más equidistante de lo esperado. Y la galería de personajes que va desfilando ante los ojos es abundante; pueden estar más o menos delineados, pueden ser más o menos cliché; pero todos aportan algo al acervo. Es una obra coral donde hasta las voces más insignificantes engrandecen esta polifonía cósmica.

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No hace falta exprimirse mucho la sesera para encontrar, como primera y evidente metáfora, una crítica a la sociedad tradicional japonesa, que premia la sumisión y la entrega total al deber como defensa de la sociedad (wa); y considera una amenaza a la paz y el orden el individualismo, lo diferente. Me viene a la mente el refrán japonés deru kui wa utareru o “el clavo que sobresale recibe un martillazo”. Que no se refiere solo a las envidias o críticas que puede suscitar la diferencia; sino a que la propia sociedad, el colectivo, hará lo necesario (un martillazo) por homogeneizarse y mantener la armonía. Afortunadamente, los tiempos en Japón están cambiando en este aspecto y no son ya los años 70.

Hacia la Tierra es una guerra entre dos formas de vida aparentemente incompatibles entre sí, ambas luchan por sobrevivir, ambas se creen legítimas. En realidad es uno de los combates más viejos del mundo, y que se siguen repitiendo casi siempre para mal. Ese ideal de felicidad filosófico epícureo de la ἀταραξία o ataraxia, esa búsqueda de la imperturbabilidad y calma que ha logrado SD, ¿a qué precio se ha conseguido?, ¿es lo que realmente desea la humanidad?, ¿no es sino una corrupción de ese concepto, donde la voluntad individual se elimina, lo que ha construido a gran escala SD? Estas preguntas y muchísimas más, son las que van brotando a lo largo del manga. Podría profundizar y alargarme en otras ideas también esenciales que Takemiya toca, pero sería destriparlo demasiado. Lo adecuado es leer (o ver en el caso de la película) y que cada uno reflexione sacando sus propias conclusiones.

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Para ser un poco equitativos, he ignorado la serie de televisión que fue emitida en 2007 (muy buena, por cierto, y que está injustamente relegada al olvido). ¿Por qué? Porque para esta sección prefiero que suban al cuadrilátero dos obras coetáneas, impregnadas del espíritu de la misma época. Lo considero más justo. Además la serie ya tiene una reseña excelente, realizada por Wanda en su blog Entre sábanas y almohadasy que os invito a que leáis sin falta.

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Se trata de un combate desigual. Por completo. Es debido a que la película adapta, no un arco argumental o dos, sino todo el manga. Tooooodo lo que supone este tebeo en hora y tres cuartos. Eso es compresión, señores, y no el WinRAR. Esta decisión no fue caprichosa, pues en esa época generalmente era el procedimiento habitual. Aun así imagino que tuvo que ser una tarea embarazosa… y difícil. Por ejemplo, la peculiar estructura del manga, que no sigue una linea temporal continua, en la película queda completamente dislocada, resultando un poco bastante adefesio.

Algo que deberíamos preguntarnos es si el manga o la película han envejecido bien. La respuesta es clara, pero con matices. El manga supera con creces la mayoría de los inconvenientes que un lector actual promedio pueda hallar. El arte es armonioso, muy influido por Tezuka, pero con la orientación clara de un shôjo clásico. Diáfano, a veces psicodélico, y con una alta carga emotiva que Takemiya no se corta en expresar mediante trazos más violentos o fuera de viñeta. En su momento debió de considerarse muy original, actualmente lo valoraríamos como recursos de mucho dinamismo sin más. El argumento en ocasiones peca de ingenuo, con algún que otro agujerillo, pero es inteligente y atractivo; sigue enganchando. Salvo los típicos detalles de asignación de roles de género, que ahora chirrían bastante, y alguna poca cosa más, Terra e… es indudablemente un clásico que debería ser reivindicado con más frecuencia. ¿Le sucede lo mismo al film? Veamos.

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Hacia la Tierra, si no se ha leído el manga, resulta una película decente; más del montón que memorable, pero que jamás se me ocurriría despreciar. Es entretenida, posee una animación buena y el arte, aunque discreto, sirve con eficiencia a la historia. El argumento, aunque se percibe amputado, deslumbra por sí solo. Es complicado hacer de una historia así estiércol. Muy complicado. Los problemas brotan, como setas en octubre en un pinar, cuando se ha leído antes el manga. No lo hagáis en ese orden, el film parece en comparación un episodio de dos horas de Wacky Races.

La película en realidad es una curiosidad. Una anécdota. Bien realizada para la época, resume lo más básico del manga y lo presenta con coherencia, hasta de manera más clara que el tebeo, que en ocasiones se torna denso y algo confuso. Incluye también pequeños detalles que humanizan a ciertos personajes, otorgándole al conjunto más calidez. Sin duda, se trata de un buen aperitivo para disfrutar antes del tebeo, aunque por sí mismo transmite una idea sesgada. Terra e… no es un shônen. Tampoco un shôjo. En realidad Terra e… es un algo indefinido que sigue sorprendiendo a pesar de los años que han pasado. Tiene características de ambas demografías, ramalazos que todo el mundo inmediatamente identifica: los personajes arquetípicos, la evolución de la historia. Pero hay detrás tal complejidad, que la película se queda en maqueta al confrontarla.

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La conclusión es meridiana: manga wins. La película es recomendable para aquellos que deseen acercarse a esta obra por fisgonear; y si gusta, el tebeo no defraudará en absoluto, es más, entusiasmará. No es la mejor adaptación del universo, no obstante cumple el cometido a pesar de sus carencias. Tampoco es una pérdida de tiempo. Pero una cosa clara: si la obra en general y su historia atraen mucho y no apetece leer demasiado ¡sacrilegio, malditos vagos!, acudir a la serie de TV del 2007 es la opción más sensata. Pero antes de caer es las garras de la pereza gandulesholgazaneshuevones, por favor, leed el tebeo de Hacia la Tierra. No existe comparación con nada. De verdad de la buena, amiguitos.

Acabo de advertir que esta sección se inauguró con la obra de una de las componentes más famosas del Grupo 24, Riyoko Ikeda. Sí, con La Rosa de Versalles. Creo que para todos aquellos que somos amantes del tebeo japonés, es importante (¡y muy interesante!) husmear de vez en cuando entre los clásicos, pasearse entre los cimientos que sustentan esta afición que tenemos. Es una manera de presentar nuestros respetos e, indudablemente, aprender y disfrutar. Supongo que más adelante caerán más oldies imprescindibles por aquí, aunque no deseo hacer de Manga vs. Anime una sección demasiado mmm… vintage. Jojojo, qué mal ha quedado eso.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga vs. Anime: Dôkyûsei

Pues sí, una nueva edición de esta sección que tuve abandonada vilmente casi un año… y ahora en cuestión de menos de un mes, dos entradas. ¿No querían caldo? Pues hale, se atraganten ustedes. Sin embargo, tranquilos, el post va a ser cortito.

Llevaba tiempo esperando, desde que estrenaron su adaptación animada, a que un alma caritativa subiera Dôkyûsei con los subtítulos pertinentes. Dudo muchísimo que llegue a estrenarse en España (pero quién sabe); y mucho menos que se publique en BluRay, aunque en Estados Unidos sí que saldrá a la venta en septiembre al módico precio de 75 pavosMuy bien todo, ¿no? Servidora no es millonaria, pero desde siempre ha hecho sus pequeños gastos en libros, cómics, música, cine, etc. Lo que el bolsillo me ha permitido. La segunda mano también la frecuento bastante, pero 75 dólares por una película se sale por completo de mi presupuesto. Soy pobre, por lo que me seguiré conformando, de mil amores además, con los mangas que Tomodomo tuvo a bien editar bajo el nombre de En la misma clase.

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Isis, la Guardiana del Manga

No soy especialmente fan del yaoi, la verdad. El BL me ha dado siempre un poco igual, pero me sucede lo mismo con cualquier tipo de obra que tenga como tema principal el romance. Me cansan los tópicos que se repiten una y otra vez y suelo coger mucha manía siempre a un miembro de la pareja. El que sea. Con Dôkyûsei no me ocurrió. La primera sorprendida fui yo misma. ¿Por qué?

Pues porque Dôkyûsei tiene clichés a cascoporro, los clichés típicos encima del romance. Cuenta una historia rematadamente sencilla: chicos de temperamentos complementarios se conocen y, sin darse apenas cuenta, se enamoran. Como escribí por aquí hace ya un tiempo, un back to basics inteligente y bien conducido. Que no será el colmo de la originalidad, pero tampoco hace falta crear algo demasiado alambicado para narrar un excelente relato. Nakamura, con los ingredientes más simples, ha conseguido engendrar un cuento con eficacia y ternura sobre el manido paso de la adolescencia a la madurez, la sexualidad y el amor. Y eso es un mérito. También es un meritazo el haber trabajado el tema del rechazo social con honestidad y, a la vez, perspicacia. Porque no nos engañemos, la homosexualidad todavía genera gran cantidad de prejuicios. Eso siendo amable. Nakamura no se limita a contentar a la audiencia femenina ávida de idilios entre bishies de esqueleto lánguido. Uno de los defectos que le encuentro al yaoi, precisamente, es esa forma que tiene de desentenderse del contexto. Me refiero en general, porque existen tebeos y tebeos; pero la idealización absoluta, en ocasiones deformación, que se hace del amor es muy llamativa. También sucede en el mundo del shôjo o el josei, btw.

Pero estoy divagando. Lo que realmente quería declarar es que la autora no ha olvidado ese contexto. Y aunque no tiene por qué ser obligatorio el soplo reivindicativo, es de agradecer que Nakamura haya escrito Dôkyûsei con los pies algo en la tierra. Ojalá no fueran necesarias estas mini-labores pedagógicas, pero el mundo está como está.

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Dôkyûsei tiene el argumento más viejo del mundo, pero también el que más gusta a la gente: el del primer amor. Hikaru Kusakabe y Rihito Sajô son dos mozalbetes que van a un instituto masculino. Nunca se han hablado, nunca se han fijado el uno en el otro, hasta que un día Kusakabe, que toca la guitarra en una banda, se percata de que Sajô finge cantar en la clase de música. Sajô, estudiante aplicado y de naturaleza reservada, no canta. Y eso despierta la curiosidad de Kusakabe. Así que, dejándose llevar por su impulsividad, le ofrece ayuda para poder llegar al día de la actuación del coro con la canción sabida. Pero lo que ninguno de los dos sabe es que, lentamente durante el tiempo que han ido ensayando solos, ha surgido algo más entre ellos.

Sajô es consciente de su orientación sexual y de los problemas que puede acarrearle. Ha aprendido a aislarse, ser discreto y abstraerse en sus estudios, donde destaca con brillantez. Pero sus compañeros ya saben que es uno de esos. Kusakabe nunca se planteó que pudieran gustarle los chicos y, a pesar de que le sorprende haberse enamorado de Sajô, lo acepta con naturalidad. Es directo, extrovertido y muy efusivo, pero honrado con sus sentimientos. Sajô piensa que es una etapa para Kusakabe, opinión que ve reforzada por el parecer del profesor Hara, un hombre de carácter atrabiliario que ofrece a ambos la perspectiva de su experiencia como gay en una sociedad que no lo acepta. Pero respecto a Kusakabe, tanto Hara como Sajô están equivocados. No es una fase. Además Kusakabe se ha dado cuenta de que Hara anda medio enamoriscado de Sajô; y eso espolea sus celos, haciendo que la relación avance y prospere.

De eso va esta obra, de las subidas y bajadas, de los malentendidos y alegrías de una relación amorosa entre adolescentes. Y también de la zozobra que se siente ante la inseguridad de un futuro juntos, con la universidad y una trayectoria profesional por delante. ¿Hasta dónde van a ser capaces de llegar? ¿Sacrificarían su relación por mantener esa falsa armonía de las aparienciasSotsugyôsei  y O.Bresponden un poco a esas preguntas, pero de ellos no voy a escribir. Tampoco de Sora to Hara, aunque os los recomiendo. Este último lo va a publicar en breves Tomodomo. Y no, no me pagan comisión ni nada parecido.

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Asumiko Nakamura ha estructurado el manga de manera muy clara y precisa, acorde a la simplicidad general que planea por todas sus páginas. El humor que ocasionalmente brota, es bastante ingenuo y contribuye a aligerar lo que podría haber sido un tebeo bastante más melancólico. Pero de esta forma, con un par de toques de humor, Dôkyûsei se muestra chispeante. No obstante, su arte es lo más peculiar. Nakamura es una de mis mangakas favoritas de este momento, pues se aleja de los aburriiiiiiidos diseños clásicos. Su estilo es vítreo, ondulante; y estira sus líneas hasta un horizonte de perspectivas grequianas. Es muy probable que ese manierismo tan suyo le resulte chocante a algunos lectores, pero merece la pena adentrarse en él. Es toda una experiencia.

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No tengo ninguna duda: gana el manga por mil. Y también estoy segura de que el mini-análisis que hago a continuación será una opinión impopular. Qué le vamos a hacer.

Hay una palabra en navarroaragonés que define muy bien lo que es esta película: esbafata. No tiene traducción al castellano, lo siento; ni tampoco en inglés, francés o alemán me viene un término adecuado, así que lo explicaré. Esbafar es que algo pierda su aroma, su fuerza de manera imperceptible, silenciosa, pero irremediable. Cuando se pierde la esencia, aunque el continente esté presente, es que se ha esbafato. Todos los elementos están ahí, además este anime es maravilloso a nivel visual. Ha sido un placer de verdad poder ver el dibujo de Nakamura en movimiento, su historia coloreada con ácidas y delicadas acuarelas; observar sus meticulosos detalles; disfrutar de ese elegante minimalismo que transmite tanto con tan poco. El film también ha aportado una riqueza a los escenarios que en el manga no había, ha respetado la historia  y, aunque haya omitido alguna cosa, Dôkyûsei formalmente está.

Pero Nakamura es una autora muy carnal, orgánica, que hace fuerte hincapié en el mundo sensorial. Ese latido erótico, casi lascivo, está muy presente. No solo en Dôkyûsei, sino en casi todas su obras. Y la película abusa de una idealización etérea que, aunque en el manga también aparece, copa el protagonismo dejando la sexualidad con escasa fuerza. El contacto físico, los planos detalle y muy cortos, expresan una intimidad que en la película prácticamente se ha evaporado.

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Es importante también resaltar que Nakamura es una autora de matices y pequeños detalles. Una señora minuciosa que con un ligero movimiento que le otorgue al dedo meñique de un personaje, puede estar explicando todo un universo. Y eso es algo muy complicado de trasladar a la animación. Lo que me lleva a una conclusión: no han sabido interpretar bien el lenguaje de Nakamura… pero es que no es una lengua fácil tampoco. Por supuesto, he echado en falta muchísimo la enorme traducción de Ana Mª Caro, que vertió tan estupendamente ese aire desenfadado y juvenil del manga. No es ninguna tontería, una traducción mediocre puede arruinar hasta la mejor de las obras; y una buena, engrandecerla todavía más.

La película ha seguido la disposición del manga, lo que a veces se hacía un poco raro ya que interrumpía el flujo natural de la historia. Tebeo y anime no deberían llevar un ritmo tan similar, el medio y lenguaje son distintos. Y más en un caso tan especial como el de esta mangaka. Aun así, ese orden y cadencia añaden su no poca particularidad, realzando el atractivo del slice of life.

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¿Entonces es Dôkyûsei un mal anime? En absoluto. Si uno se olvida por completo del tebeo, encontrará un lindo relato, quizá algo insípido, pero realizado con mucho cariño y elegancia. Me ha gustado aunque no haya encarnado del todo bien el espíritu del tebeo. No soy ninguna novata, sé perfectamente que por norma general el manga suele superar al anime. No esperaba que ocurriera lo contrario con Dôkyûsei; es más, ha resultado lo que barruntaba. Por eso tampoco ha sido una decepción. Y recomiendo que, si no se conoce la obra, primero se acuda a la película. Luego el manga se saboreará mejor y podrá continuarse con la historia además. Dôkyûsei se queda en una adaptación decente, pero que por sí sola no se termina de mantener.

A los fans del manga con toda seguridad les va a encantar. Yo soy fan y la he disfrutado, pero tampoco puedo engañarme. Me ha parecido insulsa, porque un argumento tan simple si pierde la magia, se convierte en algo incoloro. Lo dicho, una película bonita, pero esbafata.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Manga vs. Anime: X/1999

Casi tenía olvidada esta sección, pero las CLAMP me obligaron a desenterrarla porque X/1999 bien lo merece. Se encontraba a medio escribir y tras vuestras gentiles votaciones en twitter, que me vinieron muy requetebién, aquí está por fin acabada. Le ha costado salir porque asomó el hocico en borradores allá por enero.

Quería explayarme un poquito con X/1999; y aunque ya se ha escrito muchísimo sobre ella, debía dejar su huella en SOnC ya que es una obra que me impactó muchísimo en su momento. Efectivamente, es uno de esos animes que marcaron mi juventú (ains) y el manga fue el siguiente paso que di, pues Norma lo editó en España. He ido revisando esta obra a lo largo de los años y, como comprenderéis, el transcurrir del tiempo no perdona a nadie. No obstante, sigue siendo mi preferida de las CLAMP porque reúne la mayoría de las características de estas damas, pero dirigidas a un público ya con cierta madurez. Es un shôjo bastante extraño incluso en base a parámetros actuales, y también uno de los motivos por los que llegué a detestar a este grupo de autoras. Casi lo había olvidado, pero releyendo el manga esta última vez he vuelto a experimentar ese odio. AgainMalditas.

A la izquierda, los Dragones del Cielo; a la derecha los Dragones de la Tierra. En medio, la pesada de Kotori (siempre hay una en este tipo de series)
A la izquierda, los Dragones del Cielo; a la derecha, los Dragones de la Tierra. En medio, la pesada de Kotori (siempre hay una en este tipo de series)

La verdad es que Kotori siempre me pareció un muermo de muchacha. Necesaria, incluso crucial, pero uno de esos personajes femeninos con aroma a santidad que son como ese mosquito que está continuamente zumbando en los oídos: un incordio al que aplastar. Pero me estoy adelantando para variar.

X fue un manga que publicó Gekkan Asuka entre 1992 y 2003. Un manga inconcluso, aunque a una parte del fandom le gusta considerarlo un interminable hiato porque no hubo, ni hay, comunicación oficial al respecto. Ahí está, muerto de risa, abandonado por esas bellacas las CLAMP. X/1999 es una de las vergüenzas de estas creadoras, como también una de sus obras con mayor potencial. ¿Por qué se encuentra de vacaciones en Catatonia? Excelentísima pregunta. Se rumorean y deducen cosillas a través de ciertas declaraciones en prensa, pero nada confirmado. Parece que los editores encontraban la escalada de violencia y destrucción del tebeo poco adecuados para las circunstancias que se estaban viviendo (Gran terremoto de Hanshin, Infanticidio de Kobe); así como que las propias CLAMP andaban inquietas por ello. Además también se encontraban trabajando en otros proyectos, sin prestar la atención necesaria a X/1999. Que su temática milenarista ya no pudiera tener el impacto esperado, ya el 2000 sobrepasado, tampoco animaría a las autoras a retomarlo posteriormente. Imagino que para ellas el estímulo no sería el mismo, pues el anime ya había dotado a la obra de una conclusión en cierta forma.

Pues muy mal todo, horriblemente mal. Los otacos ancianos como servidora tenemos memoria de elefante, ¡no olvidamos! Qué menos que finiquitarla, sobre todo cuando se encontraba en su recta final. Hace 10 años (diosmíodiosmíodiosmío) tuvieron a bien publicar el que parece la mitad del último volumen… con un poco de suerte dentro de otra década, cuando la sociedad japonesa esté ya emocionalmente lista para el festín pantagruélico de sangre y aniquilamiento de X/1999, quizá podamos disfrutar de su conclusión.

Sarcasmos y rencores aparte, admito que me faltan datos fidedignos para poder evaluar qué es lo que sucedió con este cómic. Por qué se descuidó, a pesar de su éxito en crítica y ventas, y permanece tristemente inacabado. A lo mejor si conociéramos mejor las circunstancias, podría ser más comprensiva o comerme con patatas mis exabruptos; pero como no sabemos, ni hay visos de que el asunto vaya a progresar, pues me cago en todo lo que se menea. Sin más.

Hola, soy la última página del fantabuloso manga X/1999 y estoy sin finalizar. TE JODES.
Hola, soy la última página del fantabuloso manga X/1999 y estoy sin acabar. TE JODES.

Bueno, ya vale de trollfest, solo necesitaba desahogarme un poquillo. X/1999, a causa de su enorme popularidad, tuvo una adaptación a película en 1996. Pero el manga estaba todavía a medio cocer. Madhouse se hizo cargo con dos pesos pesados al frente: Masao Maruyama y Rintarô. ¿Qué podía salir mal? Pues todo, joder, todo salió mal. No me explico cómo Rintarô fue capaz de dirigir tamaño engendro. Pero claro, hasta las bestias pardas del anime tienen derecho a cagarla alguna vez, humanos son. La película es técnica y artísticamente sublime, pero un soberano gargajo también. De esos espesotes y negros de abuelo fumador. No sé si fueron las prisas por la tremenda demanda que había entre los seguidores, o que no había suficiente material aún para escribir un guión en condiciones; pero el resultado no pudo ser más bochornoso. Un quiero y no puedo inconexo de estructura confusa que no hizo justicia a la obra original ni en broma.

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¡A escaparrar la película!

¿Iba a ser impedimento ese desastre para realizar algo distinto en condiciones? Por supuesto que no. Ya en 2001 y con Yoshiaki Kawajiri al timón, Madhouse volvió a la carga con una serie televisiva de 24 episodios. Fue precedida por una OVA que podría considerarse un preludio, un capítulo 0 donde nos descubrían las bases mediante la intervención de uno de los personajes secundarios: el yumemi Kakyô Kuzuki. Un yumemi en el universo de X/1999 es una especie de onironauta que es capaz de ver el futuro a través de los sueños, unos sueños que puede modificar a su voluntad y en los cuales desarrolla su poder. A cambio pierde algún tipo de facultad física importante. En el caso de Kakyô, es incapaz de moverse y permanece en coma.

Con esta presentación, creo que ya es hora de explicar de qué demonios van este manga, esta película y esta serie. No exagero al afirmar que es una de las obras más escabrosas y difíciles del grupo CLAMP. Está conectada con Tokyo Babylon (que os recomiendo desde ya) y de la que puede considerarse un spin-off. No es imprescindible leerlo antes, pero sí aconsejable. También comparte universo con Tsubasa: Reservoir Chronicle, por supuesto, donde aparecen la mayoría de los Dragones de X/1999.

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Fûma, Kamui y Kakyô

X/1999 es la historia del fin del mundo tal como lo conocemos. Los dos bandos que lucharán entre sí serán los 7 Dragones del Cielo y los 7 Dragones de la Tierra. Los primeros buscarán la conservación de la Tierra a toda costa, evitar la destrucción venidera de lo existente. Los 7 Dragones de la Tierra lucharán por un reset total, ya que el mundo no puede redimirse y suplica una renovación completa desde sus cimientos. Y será la naturaleza crística de un muchacho, Shirô Kamui, la que catalizará este profundo cambio que podría desembocar en el Armagedón. Es su destino y a la vez su elección los que afectarán a los que le rodean y al mundo entero. Todo esto sucede en Tokio, corazón en cuya geografía mística tendrán lugar los sucesos profetizados por los yumemi.

Este podría ser un resumen muy elemental de lo que es X/1999. Pero, como sagazmente deduciréis, hay muchísimo más detrás. Kamui, Fûma y Kotaru son amigos de la infancia y unos niños aparentemente normales. Sin embargo, están señalados para cargar con un terrible peso. Su familia también está marcada y debe cumplir con su ineludible destino por muy penoso que sea. Llegará el momento en el que la suerte del planeta se encontrará completamente en las manos de Kamui, y este, ya entrado en la adolescencia, reniega de esa tarea que le ha sido impuesta. Para traer al mundo el arma sagrada que servirá a Kamui, la madre de Fûma y Kotaru muere de manera horrible; así como la madre de Kamui fallece también para protegerlo. El sacrificio de estas dos mujeres no será el único para que Kamui pueda llevar a cabo su misión.

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Hinoto-hime

Kamui no estará solo en este cometido, sino que tendrá el apoyo de 7 personas más con habilidades extraordinarias. Su origen es variopinto, aunque cuatro de ellos poseen una sólida formación mágico-religiosa budista y sintoísta. Como argumento polarizado, estas siete personas (Dragones del Cielo) tienen su contrapartida en otras siete, con capacidades también fuera de lo común (Dragones de la Tierra). Estos poseen también su propio kamui, ya que la balanza antes del combate debe estar equilibrada.

Dirigiendo el cotarro de los celestes está la onironauta o yumemi Hinoto, una muchacha ciega de gran poder que percibe el futuro en sus sueños. Porque todos sus sueños son realidad, y es algo que siempre la ha atormentado. Hinoto tiene una hermana menor y rival, Kanoe, que aunque solo tiene la aptitud de ver los sueños de Hinoto, resultará la cabecilla en torno a la que se congregarán los Dragones de la Tierra. Son muchos personajes. Y todos con algo significativo que aportar. Paso olímpicamente de hacer una introducción a cada uno de ellos, pero sí me detendré en algunos. Kamui me pareció siempre insufrible, un rebelde medio lelo al principio y un pusilánime después. ¡Kamui al pilón! Pero es el Mesías, a callar, Sho. El monje Sorata Arisugawa es mi favorito, encargado de relajar ese ambiente tan solemne y sobrecogedor. Se hace querer enseguida. Sakurazuka y Sumeragi son tan estupendos como en Tokyo Babylon, pero me temo que en la serie (no en el manga) su presencia se hace algo ortopédica.

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Sumeragi el médium

Cada personaje está cuidadosamente delineado, con un perfil psicológico claro y arquetípico. Y sus interacciones nunca resultan gratuitas, son uno de los grandes atractivos de la obra, las que hacen que todo avance en el fondo. Todos ellos se enfrentan al dilema de mantener la fe en la humanidad o hacer tabula rasa desde sus propias experiencias y reflexiones, de manera muy humana. Para ello las CLAMP pormenorizan, nos cuentan sus vidas y así aprovechan para introducir incluso más temas, como el de la IA o la clonación. Echo de menos más detalles en algunos Dragones de la Tierra, como la criatura asexuada Nataku y, sobre todo, Satsuki Yatôji. Su relación con la máquina Bestia es fascinante, creo que se le podría haber sacado mucho más rendimiento. Penica.

Bestia se pone celosón. no le gusta que Yatôji se vaya de picos pardos con Kigai-san
Bestia se pone celosón. no le gusta que Yatôji se vaya de picos pardos con Kigai-san

¿Y qué podemos encontrar en X/1999? Épica, grandilocuencia y océanos de tragedia (y sangre). Estáis avisados. A quienes los excesos no les agraden, esta obra puede irritar sobremanera. Y el célebre sadismo de las CLAMP está a flor de piel. Los temas principales (hay más) que se tocan son el del libre albedrío, los engranajes de la predestinación y el sacrificio. Casi . Y desde una óptica maniquea, el dualismo es patente. Ah, y el amor, claro, que no falte. De todo tipo. Hasta las fujoshi tienen su ración de yaoi medio disfrazado.

CLAMP para crear este oscuro mosaico se ha inspirado en disciplinas esotéricas y sistemas de creencias muy diversos: la Cábala hebrea, el feng shui, la escatalogía cristiana, el budismo, la gnosis, la hipótesis de Gaia y el sintoísmo. Lo ha mezclado todo et voilà. El grado de coherencia es alto, no chirría nada, resulta sorprendente esa competencia a la hora de entretejer campos tan distintos.

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Fûma haciéndole cosas a Kamui.

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Simplemente porque el anime tiene un final, lo recomiendo por delante del manga. Es una de esas raras ocasiones en las que me tengo que decantar por él. Y eso que el manga, como suele suceder, profundiza muchísimo más y posee un arte apabullante y delicado que en el anime solo se logra atisbar. Pero la frustración que puede llegar a provocar es bastante, bastante gorda. Y no es una advertencia para tomarse a la ligera. Que este tebeo carezca de desenlace es un putadón.

Ese manierismo tan característico de CLAMP junto a la gran riqueza visual de su dibujo, se diluyen en el anime, mucho más austero. Continúa siendo elegante y estilizado, pero al tratarse de 24 soberanos episodios, la economía en los capítulos centrales se nota, reduciendo incluso los fondos casi a su mínima expresión. Es algo que contrasta mucho sobre todo si se conoce el estilo de las autoras. No es por eso una serie chapuceitor, ¿eh? X/1999 es un anime sobresaliente, que incluso ahora se mantiene a la altura sin problemas. Que los diseños se hayan quedado desfasados era de esperar, sin embargo.

Obviando ese ínfimo detalle de que está sin acabar, el manga sin duda es… mejor. Punto. Los personajes y sus relaciones están trabajados con minuciosidad y brindan una perspectiva mucho más amplia pues en el anime, sin ser para nada mal producto (todo lo contrario), queda desflecada, incluso no se llegan a comprender del todo algunas motivaciones y hechos.

Sorata y Arashi
Sorata y Arashi

¿Es completamente fiel el anime al cómic? Como en toda adaptación, existen variaciones; pero en general encontramos casi lo mismo en un medio y en otro. Kamui sigue siendo idiota en ambos, por ejemplo. No es el despropósito de la película aunque se pierden decenas de matices maravillosos. No obstante, es una serie brillante y que destacó en su momento. De hecho es un producto que, aunque no tiene el nivel de detalle y calado que el manga, resulta más redondo y lo más importante: accesible. No por la complejidad, que la serie televisiva ajusta con habilidad, sino por la violencia. El tebeo es brutal. El anime, que tampoco es precisamente una ruta turística al País de los Unicornios, modera bastante el contenido gore. La serie está concebida en términos mucho más comerciales, a pesar de que es dura y no se corta ni un pelo en cuanto a crueldades sin fin.

Sakurazuka es más malo que la quina
Sakurazuka es muuuuuy malvado

X/1999 no es una obra sencilla, en su vertiente animada tampoco. Aglutina gran cantidad de referencias filosóficas, religiosas y culturales muy diversas, que en la serie televisiva son destiladas para facilitar su digestión. Apela a la atención del lector/espectador continuamente ya solo por el número de personajes que desfila, todos con un papel relevante a desempeñar, y se detienen lo suficiente para conocerlos bien. En ese aspecto el manga gana por goleada, tanto por su cuidada caracterización y diseño como por su hondura. Las relaciones entre ellos son indispensables, y forman un conjunto creíble y bien articulado, que en el anime se pierde un poco. Solo un poco.

SANGREEEEE
SANGREEEEE

¿Es suficiente con ver el anime? No es solo bastante, es que para estómagos sensibles o los que prefieran una obra acabada sin fisuras, es lo más recomendable. A no ser que a uno le vaya la marcha… aunque en el anime se sufre también, recordemos que es una tragedia altisonante con un fuerte componente melodramático. La música es otro de los alicientes que enfatizan todavía más la carga emotiva de la serie. Un plus que al manga le falta. Es de espíritu heroico, haciendo especial hincapié en el tono legendario y pasional de la obra; con una orquestación clasicota y rotunda, muy conmovedora.

Si después de ver la serie continúa habiendo fame, el manga cubrirá los huecos del anime y aportará más información (y no poco importante). Por no hablar de que siempre es puro gozo contemplar los trazos de las CLAMP. Pero, ay, que no tiene final. La que avisa no es traidora.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Manga Vs. Anime: La Rosa de Versalles

¡Tachán, tachán! Queda inaugurada nueva sección en el blog. Es un poco monger, pero creo se le puede sacar algo de rendimiento seleccionando obras interesantes. El objetivo es simple: comparar manga y anime de una misma obra. Dos medios diferentes para tratar de contar y expresar una misma historia. Los recursos, lógicamente, no son iguales y veremos cuáles de ellos han sabido adaptarse o aprovecharse con mayor fortuna. Y nada mejor para el estreno que meterme en el imponente berenjenal de un clásico entre clásicos: La Rosa de Versalles.

(Si es que me va la marcha, no tengo remedio)

¡A tope con el shôjo, ouyeah!

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Versailles no Bara (ベルサイユのばら) es un manga creado por Riyoko Ikeda que fue publicado durante los años 1972 y 1973 en la revista Margaret. Creo que es inútil hacer más presentaciones porque quien más, quien menos ha oído hablar de él o lo ha leído. Su fama es proverbial, justamente ganada además, y fue un éxito tremendo en su momento. Tras 82 episodios y 10 volúmenes publicados, La Rosa de Versalles se convirtió en una obra pionera del shôjo, siendo explícita al incluir escena de cama, moléculas yuri y travestismo. Por ello no fue extraño que, unos años después, su versión animada (1979-1980) también triunfara y se haya convertido en un clásico.

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Berubara tiene todos los rasgos de un folletín francés decimonónico, con sus virtudes y sus defectos. Busca inspiración en las obras de Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Honoré de Balzac; y posee sus excesos grandilocuentes recargadotes de drama, situaciones rocambolescas y coincidencias inverosímiles. La autora los tuvo bien presentes y manejó a la perfección para asentar las bases de lo que luego se emularía hasta la saciedad. Su influencia la vemos en Lupin, Utena; se alude a ella en multitud de obras que van desde Hôrô Musuko hasta Hirunaka no Ryûsei. Sus tentáculos se extienden por todo el shôjo; Berubara es la Reina Madre del género. ¡Y sin heroína retarded! Curiosamente esa es una de las cosas que más llaman la atención de Versailles no Bara: una protagonista de armas tomar y que no es eclipsada por sus motivaciones amorosas. ¡BIEN! Oscar François de Jarjeyes, en un inicio, solo funciona como un nexo para todo lo que va aconteciendo; pero una figura como la suya, completamente insólita, es lógico que acapare más adelante toda la atención. Una dama noble, educada como un caballero del Antiguo Régimen, que lucha por encajar y probar su valía. Su papel, que debería ser el de mero adorno procreador en la época, choca con su temperamento indómito y autosuficiente. Una fémina totalmente contemporánea y también una anacronía absoluta.

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Sin embargo esta obra no surgió de la nada. Es patente que la autora conocía en profundidad el María Antonieta (1932) de Stefan Zweig; libro que, desde ya, os recomiendo y resulta imprescindible para comprender a esta reina y los eventos históricos en los que se vio inmersa. Pero no solo se perciben las influencias de Europa en La Rosa de Versalles, Riyoko Ikeda bebió, como casi todo mangaka, de Osamu Tezuka. En concreto de su obra Ribbon no Kishi (1953-1956) para crear a su fascinante Oscar; y podemos rastrear también ese danshô no reijin (belleza con ropa masculina) en la famosa espía Yoshiko Kawashima o en el espectáculo del Takarazuka Revue. No en vano La Rosa de Versalles fue también adaptada por esta compañía teatral.

Versailles no Bara, como buen folletín, no se corta ni un pelo en plasmar crueldades y emociones exaltadas a la enésima potencia. Pero en otros aspectos es ingenua, casi infantil; aunque es certera a la hora de transmitir todo lo que importa. De blanda no tiene nada, aviso, por muchos pétalos al viento, floripondios, estrellitas o lagrimones en los ojos que haya. Cursi a ratos, de acuerdo, pero mete unos leñazos también de campeonato. Así que aquellos que odiéis las hipersaturaciones románticas y la teatralidad rimbombante, ya podéis huir como perros de La Rosa de Versalles. No obstante, sería una lástima que os perdierais esta obra por algo así, ya que tiene bien merecido, como mínimo, echarle un vistazo. Es un culebrón a la antigua usanza, pero un culebrón apasionante, épico, que se va oscureciendo conforme avanza. Historia pura desde todos los puntos de vista.

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Riyoko Ikeda supo armonizar los eventos históricos y sus protagonistas con la ficción de un relato atractivo. La galería de personajes está bien articulada y es abrumadora: Luis XV, Luis XVI, María Teresa de Austria, María Antonieta, Madame DuBarry, Luis Felipe II de Orleans, Madame de Polignac, Necker, Jeanne de Valois, Axel von Fersen, Robespierre, Louis de Saint Just y muchos más. Los de su propia invención son incluso más sugestivos, comenzando por la misma Lady Oscar, André, Rosalie, Bérnard, Alain… De las bitches me quedo sin ninguna duda con la Valois. Inmensa esa mujer, se las come a todas.

bitchofbitches
The real bitch is here!

La autora, de manera muy elemental pero hábil, bosqueja el contexto social de la Francia prerrevolucionaria, tanto de los estamentos privilegiados como del Tercer Estado. Sus preocupaciones, sus vidas y destinos en el devenir de unos acontecimientos arrolladores. Arranca de manera candorosa, centrado en la corte de Versalles y sus intrigas caprichosas, completamente ajenas al mundo exterior; pero, lentamente, con una pincelada por allí y otra por allá, Ikeda va introduciéndonos en la auténtica situación del país y los padecimientos de sus gentes, hasta que al final engullen al lector. Los diferentes arcos argumentales, con sus propios villanos y dilemas, están basados la mayoría en la misma Historia; y no se puede evitar sentir cierta compasión al observar a sus protagonistas como simples marionetas dominadas por su ceguera, sufrimiento y ambiciones. Es muy interesante la trasformación paulatina de los personajes y, en el caso de algunos, cómo la amargura de sus decisiones y circunstancias los van destruyendo.

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Suele ser complicado discernir, y más según con qué obra, qué medio ha resultado el más idóneo para su expresión. En algunos casos manga y anime se complementan, pero en este concreto, y en mi humilde opinión, no hay duda: ¡viva el manga!

El anime parece mecánico en comparación con el cómic; el dibujo es más sencillo incluso algo tosco, aunque es el habitual de esa etapa. También es menos detallado no solo en la presentación, sino en el argumento y profundidad psicológica de los personajes. Podríamos decir que es una simplificación del tebeo, aunque el resultado sigue siendo maravilloso. Las variaciones en la historia no son importantes en sí, se cubre eficientemente la esencia del manga y comunica sin problemas. La gran emotividad no pierde garra, pero carece de la fluidez del tebeo. No estoy diciendo que el anime no sea fluido, sino que no lo es tanto y resulta algo acartonado en contraste. En ciertos capítulos se nota bajón de calidad también, no es un anime del todo homogéneo; y el cambio de dirección a mitad de la serie no sentó bien al conjunto. Evidentemente, los recursos técnicos de los años 70 para realizar un anime de 40 capítulos eran mucho más limitados que los que pudieran utilizarse en la creación de un cómic, por lo que es natural que en ese aspecto salga perdiendo. Aun así, ha sobrevivido con muchísima dignidad al paso del tiempo; fue, a grandes rasgos, un buen trabajo. Tampoco hay que negarle la espectacularidad del color, del movimiento, de la música, que un manga no puede brindar. Además hace escasas concesiones a la comicidad, muy abundante en el tebeo (otro legado de Tezuka), otorgándole una solemnidad muy apropiada. Porque no lo olvidemos: esto es una tragedia, por si las moscas. Y muere gente. Mucha.

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¿Es suficiente con ver la serie? Sí, lo es. Es un anime bastante fiel a la obra original aunque no posea algunos matices y particularidades importantes. El lenguaje que se utiliza no es el mismo, así que es lógico toparse con disonancias y carencias (¡qué pasó con esa bed scene, yo os maldigo!). Por eso también, para aquel que desee disfrutar por completo de la experiencia de La Rosa de la Versalles, es obligatorio leer el manga. Mucho más redondo, mucho más opulento; aunque todo ello sin ánimo de desmerecer la serie televisiva, que resulta amena y nada pesada en ningún tramo. A veces surgen cosillas que hacen que te preguntes si has sufrido alucinaciones (como una cama en medio de la calle entre una turba de miles de personas con palos y antorchas) y algunos fallos de raccord; pero se disculpan porque hasta resultan divertidos.

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Como último apunte, apostillar que el Occidente actual es heredero directo de la Ilustración y la Revolución Francesa. Nuestra manera de pensar y percibir el mundo procede en su mayor parte de sus ideales, por mucho que estemos embarrados de posmodernismo. Las semillas de conceptos que ahora consideramos irrenunciables como la libertad política, la justicia social o el cosmopolitismo, emanan de ahí; por eso siempre es interesante reexaminar las raíces de nuestro pensamiento, meditar sobre ellas y observar cómo marcha el planeta desde esa perspectiva. Y una forma excelente de hacer esto puede ser mediante La Rosa de Versalles que, a pesar de que iba dirigida a un público juvenil, está bien documentada al respecto (con licencias, pero nada serio) y deriva en una travesía histórica la mar de entretenida. Elijas manga o escojas anime (mejor ambos), no resultará una pérdida de tiempo. There’s plenty to dig in.

P.D.: Me encanta cómo están todo el día empinando el codo, siempre encuentran una excusa para darle al vino. Alucinante.