¡Peligro! ¡Demonios en la lavadora!

Si todo va según lo previsto, mientras lees estas letras me encontraré meneando mi culo estofado por las calles de Yazd. Espero no estar sufriendo demasiado calor y tampoco haberme quemado. Al menos no mucho, surtida de crema solar voy a ir. Bueno, al turrón, chobenalla. El presente post está dedicado a un cómic europeo por lugar de nacimiento, pero con espíritu mestizo por naturaleza. Y como no podía ser de otra forma, uno de sus ascendientes es japonés, muy japonés. Se trata de El Nao de Brown (2012), escrito y dibujado por Glyn Dillon. ¿Te suena de algo? No sería de extrañar. Por una vez no voy a escribir sobre un cómic de l’any de la picor. Nada de eso. El Nao de Brown ganó en 2014 el Premio del Jurado en el Festival de Angulema, y ha sido considerado por muchos críticos como una obra maestra de nuestro tiempo. Yo no iría tan lejos, pero desde luego sí me parece un buen tebeo que merece se le eche un vistazo atento (si no se ha hecho todavía).naodebrown

Los que no se muevan mucho fuera de los márgenes del manga japonés o el cómic asiático, es probable que no tengan interés en asomar el hociquillo fuera de su zona de confort. Pero aquí está SOnC para despertar la curiosidad e intentar que vuestros horizontes de malvados otacos asociales se amplíen un poquito más. El Nao de Brown tiene una evidente influencia del mundo del manga, creo que hasta se podría incluir en la nouvelle manga. No es que se haya adscrito de manera oficial a ese movimiento que iniciaron Frédéric Boilet y Kiyoshi Kusumi, pero quizá de manera involuntaria respalda su esencia transcultural. Se trata de un tebeo dirigido al público adulto, enfocado en el slice of life y que expresa gran sutileza psicológica. Puede alardear de potencial para atraer tanto público occidental como nipón. Además por estos lares Glyn Dillon ya es conocido, sobre todo por sus trabajos con Peter Milligan en Shade, el hombre cambiante (¡lo amo, lo amo!) o en Las Benévolas (Sandman) de Neil Gaiman. En Japón ya no estoy tan segura, porque además los lectores de manga nipones suelen ser menos permeables a las influencias exteriores.

Pero me da que Dillon no pensaba en paja mental semejante cuando creaba esta obra (¿o sí?); y no se debe olvidar que, a pesar de las semejanzas compartidas con la nouvelle manga, sigue siendo cómic europeo. No obstante, el hecho de que exhiba con desparpajo esa noción de que todo tebeo es tebeo venga de donde venga porque en el fondo es el mismo medio, seguro que alegró a Boilet. Y a los que participamos de la misma filosofía también.

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Nao y mi querido Steve compartiendo momentos otacos en la tienda

El argumento se centra en el día a día de Nao Brown, una joven residente en Londres y que se dedica a la ilustración. Nao es hâfu, de madre inglesa y padre japonés, quien acabó abandonándolas y regresando a su país. Nunca he comprendido del todo el término hâfu, que deriva del inglés half, porque siempre he pensado que las personas con progenitores de nacionalidades distintas en realidad no son mitad, sino dobles. Disfrutan de las ventajas de dos culturas, no de una fracción de ellas. Es el caso de Nao, aunque ella se siente completamente inglesa. De hecho, acaba de regresar de visitar a su padre en Tokio para cerrar una etapa de su vida. Porque Nao necesita llevar una disciplina mental férrea, padece TOC (Trastorno obsesivo-compulsivo) y su enfermedad la embiste con pensamientos realmente angustiantes y muy violentos. Para ello se sirve de ciertos mecanismos mentales o “deberes” que la auxilian en su ejercicio de autocontrol; y el estudio del budismo la ayuda a mitigar los accesos de ofuscación. Nao se siente muy culpable por su dolencia, porque las ideas que la asaltan son verdaderamente atroces, y se considera incapaz de dominar sus brotes. Cree que es una mala persona.

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Nao comienza a trabajar en el bazar de juguetes de un antiguo compañero de la Facultad de Bellas Artes, Steve Meek, con el que comparte aficiones: ambos son dos asquerosos otacos, ambos son fans acérrimos del anime de ciencia-ficción Ichi. Aunque como pronto deja claro Nao, es mejor el manga. Un día, por casualidad, conoce en la tienda a un reparador de lavadoras que, a sus ojos, es idéntico a La Nada, su  personaje favorito de Ichi. Se enamora y decide entablar una relación con él. Como imaginaréis, las cosas no transitarán por una senda recta, porque si Nao tiene graves problemas con su TOC, Gregory, que aparte de arreglar electrodomésticos también resulta un hombre cultivado capaz de componer haikus, también lleva lo suyo a sus espaldas con la bebida. Pero que estas circunstancias, tan manidas en los dramones, no os lleven a engaño. Son simplemente eso, circunstancias, que no se apoderan del tebeo para sobredimensionar la emotividad. Este cómic no es un melodrama televisivo sobre la lucha contra la locura. Ni por asomo. Dillon es bastante higiénico en ese aspecto, y aprovecha la dolencia de Nao para mostrarnos el mundo a través de sus ojos. Sin hipérboles o lágrima fácil; aunque los latigazos de la enfermedad tampoco los oculta, plasmándolos en toda su confusión y dolor.

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Como excelente slice of life que es, El Nao de Brown posee un interesante elenco de secundarios que da forma a la realidad de nuestra protagonista con gran precisión. Su compañera de piso, Tara, que es enfermera y comprende bien su dolencia; el adorable e inteligente Steve ❤ ; sus compañeros del centro budista; Pam, la madre de Gregory, etc. La profundidad psicológica de Nao además es extraordinaria, la arquitectura del personaje, robusta. Resulta un personaje inolvidable y tierno, que no permite que la fuerza de su enfermedad la devore.

El Nao de Brown se alza además como una lectura estratificada, de poderosas y continuas metáforas que van desentrañando las capas de la psique con delicadeza. No es casual que incluyera dentro del argumento un cuento paralelo donde el mundo fantástico del manga Ichi resulta el hilo conector que hilvana la mente de Nao. Allí Dillon da rienda suelta al lenguaje visual más surrealista, de una riqueza lírica conmovedora.

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Me han llamado la atención mucho las referencias musicales que Dillon introduce (Magazine, P.J. Harvey,  The Shangri-Las, The Pixies, The Velvet Underground, Chuck Berry, Yoko Ono, Roxy Music, The Breeders, Kate Bush, The Buzzcoks… ¡qué sé yo!) porque ¡ME GUSTAN TODAS, DIOS MÍO! El tebeo se encuentra repleto de cientos de detalles a todos los niveles, construyendo unos escenarios complejos y verosímiles. Desde luego, las espléndidas acuarelas del autor, con ese minucioso arte heredero de Moebius y Miyazaki, muy versátil en su expresividad (los colores, maravillosos), solo acaban de pulimentar un cómic que, si no fuera por ese final, resultaría redondo. Porque El Nao de Brown no es perfecto, y su mácula principal es un cierre que se precipita a gran velocidad, desembocando en un epílogo… sosito. Aunque me consuela ver a Steve sonreír.

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¡Qué cinta más maja le grabó en sus años mozos Steve a Nao!

¿Pueden los sucios otacos como nosotros disfrutar de un tebeo como este? No es que puedan, es que es inevitable gozar con él. Desde una perspectiva bastante equilibrada y compasiva sobre los trastornos mentales, Glyn Dillon utiliza el de Nao como coartada para así presentar una mirada a la vida bastante original. Y con moraleja. Se lee del tirón sin dificultad y, lo mejor de todo, es que te deja con ganas de volver para recorrer su páginas de nuevo y saborear nuevos matices. ¡Dadle una oportunidad! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El paraíso en la tierra de Guy Delisle

Y con esta entrada cerramos las votaciones twitteras de vuesas mercedes, privilegiados lectores de SOnC. Al cómic occidental lo condenasteis a un desdichado último lugar (shame on you, infelices otacos!), pero no por ello era una propuesta menos significativa. El post de hoy está dedicado a una obra con una relevancia que nadie debería poner en duda. Trabaja una temática que importaba cuando fue escrita en 2003, y que ahora también preocupa bastante. Escribir una reseña sobre la materia que trata además con un mínimo de objetividad no resulta nada sencillo, porque hay una intoxicación propagandística bidireccional tremebunda. Y tomar una posición equidistante tampoco es sinónimo de imparcialidad y rigor. Ni mucho menos. Exacto, doy tanto rodeo porque hablar sobre esos vecinos tan especiales que tiene Cipango al otro lado del Mar de Japón, sí, esos que aman con todo su kokoro al Gran Camarada Líder Supremo y que de vez en cuando montan fiestas con misiles y submarinos nucleares, no es tarea fácil. Corea del Norte continúa siendo un enigma. Feo.

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Ya comenté algo por encima sobre “el reino ermitaño” en la entrada que dediqué al documental de Megumi Yokota aquí, y casi prefiero no añadir más. Me centraré en el tebeo protagonista de hoy, que merece al menos una lectura por toda mente curiosa con ganas de saber algo más del país, aunque sea a través del filtro personal de su autor. Se titula Pyongyang (2003) y su creador es el quebequés Guy Delisle. Fue publicado por Astiberri en 2005. Y sí, es un cómic muy célebre. A no ser que te hayas pasado los últimos diez años con la cabeza enterrada en un volcán de mangas, anime y videojuegos, comunicándote con el resto del planeta mediante papelitos filtrados bajo la puerta de una celda acolchada, debería sonarte. Lo que quiero decir con tamaña gilipollez es que Pyongyang de Guy Delisle es una historieta famosa. Y si no la conoces de nada, deberías ponerle remedio. En serio. Continuar leyendo esta reseña ya es un comienzo.

pyongyang3En el momento en el que Delisle realizó el tebeo apenas llegaban datos de primera mano al gran público sobre Corea del Norte. No es que en la actualidad podamos presumir de un flujo de información abundante y fidedigno, pero hace catorce años el panorama era todavía más exiguo. En realidad, esta severa apertura no fue en absoluto voluntaria. Se debió a la terrible crisis humanitaria que sufrió el país entre 1994 y 2001, una hambruna sin precedentes causada por la deforestación, las continuas inundaciones y la interrupción de la ayuda de sus hasta entonces benefactores, China y la Unión Soviética. La incapacidad además de gestionar adecuadamente la situación por parte del nuevo líder, Kim Jong-il (1941-2011), condenó a morir de inanición a entre medio millón y tres millones de personas. Debido a las características especiales de la República Democrática Popular de Corea, no se conoce la cifra exacta, solo aproximaciones que varían según la fuente. El nuevo Querido Líder llamó a esta catástrofe “La Ardua Marcha”. Era necesario el auxilio internacional si no se quería diezmar la población aún más. El ideal de autarquía no podía continuarse así. Y esta horrible desgracia fue la grieta por la que empezó a colarse el resto del planeta.

Guy Delisle cuenta lo que fue su vida durante dos meses en Pyongyang. Es un tebeo autobiográfico, repleto de anécdotas, curiosidades y descubrimientos bizarros. No sigue un hilo argumental, es un diario. Su diario. Llega a Corea en un momento en el que todavía están terminando de superar la grave crisis, y necesitan no solo la ayuda de las ONGs, que son las únicas que gozan de cierta libertad de movimiento y autonomía, sino la entrada de tecnología y divisas del extranjero para dinamizar la infraestructura estatal y su economía. Él ha sido contratado para trabajar en los estudios de animación SEK (Scientifical Educational Korea) y asesorar a su personal en un proyecto didáctico para niños. Como todos los extranjeros, que residen aislados de la población en hoteles mantenidos exclusivamente para ellos, Guy forma parte de una pequeña comunidad internacional que es vigilada escrupulosamente y escoltada a diario por un guía personal. Tiene prohibido hablar con cualquier ciudadano norcoreano, tampoco puede dar un paseo por su cuenta y menos solo; todo lo que quiera visitar en sus ratos de ocio debe ser informado sin falta y supervisado. De hecho, nada más entrar a Corea le confiscan el teléfono móvil y revisan todas sus pertenencias, por si lleva consigo material subversivo.

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La Corea del Norte que experimentó Delisle en sus carnes no es la misma que la presente. Algunas cosas continúan igual: el totalitarismo, la represión, el adoctrinamiento, la censura, el miedo. Otras han avanzado. Con timidez, pero algo es algo. El actual Líder Supremo Kim Jong-un ha transigido un poco más que su padre en el aspecto económico, permitiendo que el dinero acceda en el sistema mediante las divisas que los norcoreanos emigrados a Japón envían, o con los sobornos a los oficiales del Ejército y altos funcionarios, que dominan los negocios. Una élite al estilo de la antigua nomenklatura soviética comienza a pasearse por las calles de Pyongyang con sus Audis y Mercedes. También se observan más vehículos en circulación, de la marca nacional Pyeonghwa, por supuesto; ya se permite el uso de la telefonía móvil, existen unas pocas hamburgueserías y se vende incluso Coca-Cola. Empieza a llegar turismo, muy restringido, pero acude, con todo lo que ello implica. Sin embargo, fuera de la capital prosigue una precariedad agrícola medieval, con la electricidad solo disponible un par de horas al día. Si este panorama resulta desalentador mirado desde nuestro punto de vista, cuando lo visitó el canadiense era infinitamente peor. Por eso su Pyongyang, aparte de ser un cómic, muta en el documento histórico que refleja un momento muy concreto e importante del país del Juche.

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Es posible que Guy Delisle no se diera cuenta de que, mientras escribía el tebeo sobre sus vivencias en Corea del Norte, este fuera a alcanzar la trascendencia que consiguió. Pero así fue. No era la primera vez que acometía una empresa similar, en Shenzhen (2000) ya había afilado los lápices para contar sus avatares en la susodicha ciudad del sur de China. Y tras Pyongyang haría lo mismo con Burma Chronicles (2008) y Jerusalem (2010). Antes de encarar nuestro cómic protagonista, hay que tener muy presente que se trata de una visión completamente personal y subjetiva; aunque se describen hechos y escenas que resultan incontestables, todos se hallan teñidos de cierto retintín occidental. Quizá haya sido ese prejuicio, ese escepticismo cargado de causticidad y aire paternalista, lo que me ha terminado irritando un pelín. La eterna posición eurocentrista, en este caso hasta algo insolente, que los occidentales portamos allá donde vamos. No estoy defendiendo la dictadura norcoreana (Luzbel me libre), sino señalando una actitud de superioridad moral que he observado (y presenciado) en bastantes ocasiones cuando he viajado: la del turista petulante. Tampoco estoy criticando a Delisle, como ya he advertido, este tebeo es como su diario personal. En él ha sabido plasmar con gran minuciosidad lo que le permitieron captar del país. Pero somos humanos, y él, como ser humano también, lo imbuyó, con todo el derecho del mundo que para eso era (y es) su obra, de una compasión e ironía simultáneas que me acabaron cansando.

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No obstante, ¿de qué otra manera habría podido afrontar Delisle la estancia en un lugar así? El sarcasmo y el humor fueron su escudo ante la tristeza y estupor que debió de sentir cada día. Y no hay duda de que suele resultar un procedimiento excelente para transmitir asuntos peliagudos. Sobre todo si además se pretende entretener. ¿Y qué presenció Guy Delisle? Pues toda posible situación extraña y disparatada que un país sumido en una alienación casi absoluta es capaz de ofrecer a su visitante. Resumiendo: de todo. Pyongyang no solo es una crítica mordaz e hiriente a la nación asiática, sino también  al propio Occidente, al que siempre le ha convenido alargar y preservar el régimen norcoreano en su actual estado. Delisle fue de los primeros que hicieron visible la situación, y logró encima llegar al gran público. Es un relato accesible y homogéneo, a veces puede hacerse algo monótono porque su ritmo es muy, muy constante, aunque no llega a aburrir en ninguno de sus tramos. El dibujo es sencillo pero eficaz, expresa de manera contundente el vacío, la soledad y el orgullo de un país confinado en su propia paradoja del absurdo.

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Pyongyang es un tebeo que recomiendo fuertefuertefuerte. No lo considero la obra maestra que muchos braman a los cuatro vientos que es, pero creo que Guy Delisle vierte un par de cosas trascendentales en ella. Es muy buen cómic, y ayuda a comprender un poco más las circunstancias de esa nación. Como curiosidad, comentar que estuvo a punto de tener una adaptación cinematográfica en 2014, pero tras serias amenazas de terrorismo por parte del grupo GPO (Guardians of Peace), que hackeó además la base de datos personal de Sony Pictures, los estudios Regency se negaron a continuar con el proyecto. GPO se valió del chantaje y la intimidación para impedir que Sony estrenara la comedia The Interview (2014) en cines, una sátira política sobre el régimen norcoreano. Temiendo una reacción similar con Pyongyang, cancelaron la producción al completo. Todo normal, todo bien.

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Y para finalizar, aquí os dejo un caramelito para los que hayáis leído el tebeo ya. Una forma divertida e instructiva de conocer los lugares por los que Guy Delisle transitó, de poder masticar en la distancia esa realidad amorfa que es la República Popular Democrática de Corea del Norte. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El monstruo que habita en ella

Hacía ya un tiempo que no dedicaba una entrada al cómic occidental. Los habituales ya sabréis que, de vez en cuando, escribo sobre tebeos europeos o americanos con algún tipo de vínculo japonés. Por lo que aquí tenemos Monstress de Marjorie Liu y Sana Takeda, una joyita que no se puede dejar escapar. Ya tardaba en asomar la nariz en SOnC, por cierto.

Veamos cómo podemos abordar el tema: ¿Te gusta la fantasía épica? ¿Steven Erikson, Patrick Rothfuss o Andrzej Sapkowski son tus autores contemporáneos de cabecera? Además de todo esto, ¿eres un mugriento otaco? Si tus respuestas han sido afirmativas, entonces Monstress es tu cómic. No lo dudes. Quizá incluso ya lo conozcas, porque hay un hype enorme rodeándolo. Y con razón.

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En realidad no es necesario que conozcas a esos ilustres escritores ni que seas fanático de la alta fantasía; si disfrutas con una buena historia y un puñado de figuras pintorescas, es más que suficiente. Añadiendo también un poquito de sangre. Y violencia a saco. Sí es verdad que los acostumbrados al género encontraremos familiares muchos rasgos del tebeo, e incluso podamos predecir algunos de sus pasos; pero Monstress, a pesar de no ser revolucionario, ofrece una perspectiva fresca y, de momento, es requetentretenido. Solo llevo 9 números leídos, pero estoy entusiasmada. Aunque comencemos por el principio: una presentación conveniente.

Monstress es una obra escrita por Marjorie Liu y dibujada por Sana Takeda para Image Comics. Ninguna de las dos es novata, y han realizado trabajos para Marvel, DC e Image. Ambas coincidieron en X-23 de Marvel, y como el feeling fue muy bueno, un poco más adelante Liu propuso a Takeda un nuevo proyecto: Monstress. Y eso es algo que se nota conforme el tebeo avanza, existe una gran compenetración entre las dos. Para ellas este cómic iba a ser algo completamente distinto, una temática y un género que ninguna había tocado todavía, por lo que suponía un reto emocionante. También una oportunidad para replantear sus propios estilos, crecer y arriesgar ofreciendo algo diferente. Así que en noviembre del 2015 publicaron su primer número y… ¡KA-BOOOOOOM!

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Nadie sabe lo que ocurrió en realidad, pero lo sucedido en Constantine acabó con la guerra de cuajo… y con la vida de millones de personas en cuestión de segundos. Muy pocos sobrevivieron y ninguno de ellos guardó una memoria clara sobre qué tipo de arma provocó semejante devastación. La Federación de Humanos creyó que los arcánicos habían sido los responsables, así que levantaron un muro y vigilaron la frontera. Pero los años pasaron, y la poderosa orden religiosa militar de las Cumaea rumia inquieta en una tensa Guerra Fría. El enorme poder político que ostenta dentro de la Federación necesita seguir legitimándose, y para ello requiere de huesos y cuerpos arcánicos, de los que extrae el precioso lilium, elixir de juventud y vida eterna. El tráfico de esclavos, sobre todo de niños secuestrados al otro lado del muro, sustenta sus experimentos y producción de lilium. Pero la maquinaria de la guerra comienza de nuevo a rodar cuando Maika, una adolescente arcánica superviviente de Constantine, decide buscar respuestas en la ciudad de Zamora, en la Federación.

Maika vive una existencia errante junto a su amiga Tuya; juntas consiguieron sobrevivir a un campo de concentración humano. Se mueven entre las tierras que hay entre la Corte del Amanecer y la Corte del Ocaso, libres del peligro humano pero… Maika ha desarrollado repentinamente unos poderes mortíferos. En su interior hay un monstruo sin nombre que, cuando el hambre lo apremia, emerge violentamente de su brazo izquierdo devorando la vida de todo lo que se cruce en su camino. Maika no puede controlarlo y no puede controlarse a sí misma. El monstruo usa su propio cuerpo para alimentarse, poniendo en grave peligro a los que la rodean. A causa de ello, decide buscar soluciones en el único lugar donde puede encontrarlas: entre las Cumaea que traicionaron y asesinaron a su madre. ¿Por qué la mataron? ¿Qué le está sucediendo? Maika quiere también vengarse, por lo que dejará que la capturen y la vendan a la orden de las monjas-brujas.

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Ya imaginaréis que Maika no solo no encuentra respuestas, sino más interrogantes; y se ve envuelta en una conspiración que precede su nacimiento. En su odisea será acompañada por la niña arcánica Kippa (sí, a mí también me recuerda a Shippô) y el nekomante Ren Mormorian, un gato tortilla de dos colas y actitud ambigua. Porque los mininos tienen especial importancia en este universo. Una tierra polarizada entre las sangrientas trifulcas de humanos vs. dioses y arcánicos, también otorga su lugar a los gatos, raza de poetas y hechiceros que siguen su propia senda. Es además el sabio Profesor Tam Tam,  que vive en el templo Is’hami, el que, al final de cada número, nos brinda lecciones sobre este lindo mundo de caníbales y asesinos.

Liu y Takeda nos presentan un universo repleto de atrocidades, pero también de amistad y búsqueda de conocimiento. La protagonista es oscura, imperfecta y con mal carácter; no sabe si será capaz de contener la bestia de su interior, y eso la atormenta. Es como una especie de Mary Sue invertida, pero con una personalidad creíble y bien construida. El resto del elenco, que va perfilándose poco a poco, es atractivo y, aunque amarrado a algún que otro estereotipo, va creciendo y ganando profundidad. Hay que tener en cuenta además que solo tenemos 9 números de momento. Hasta ahora Liu y Takeda han sabido cimentar y levantar un mundo verosímil y atrayente, con un bildungsroman feroz de telón de fondo y personajes más que decentes. A algunos les llama la atención que casi todas sean figuras femeninas y las masculinas solo dos o tres. Este mundo es un matriarcado, por lo que es lógico encontrar una representación así. La gran mayoría de las obras clásicas de fantasía épica tienen una proporción de mujeres muy baja porque plasman sociedades patriarcales; no tiene nada de particular crear algo a la inversa. Incluso puede resultar revelador para ciertas personas.

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Kippa quiere mucho a Ren

Una de las primeras cosas que se perciben es que Monstress resulta el híbrido perfecto entre manga y cómic americano; entre Oriente y Occidente. A todos los niveles. Un argumento que superficialmente sigue los parámetros de la fantasía heroica, con un aire inequívocamente grimdark; pero que no duda en recurrir al folclore japonés (jelou, Inuyasha!) y a la arquitectura asiática para construir una fantasmagoría delicada y agresiva a la vez. Monstress aumenta en complejidad a cada episodio, solo para que, lentamente, seamos capaces de vislumbrar la rica ficción de un tapiz en el que todos los hilos acaban entrelazados. Nada parece casual, ¿o sí? Su urdimbre es fascinante.

¿Y qué encontramos en este tebeo? Kaijû con el hálito de Miyazaki y la naturaleza de los Primigenios de Lovecraft, cuyos cadáveres deambulan en una dimensión desconocida; otros acechan en el vacío exterior. Brujas que descuartizan, matan y se comen de verdad a los niños. Odio basado en un tenebroso racismo que se justifica y disfraza hasta límites inimaginables. Kami, yôkai, han’yô, humanos y gatos traicionados por su propio egoísmo y ambiciones. El profundo horror de la guerra. La búsqueda del yo, de la propia identidad y solo encontrar en su lugar monstruos, monstruos reales. Caos y destrucción.

Monstress es la recreación de un cuento clásico pero mil veces más deslumbrante y terrorífico, porque da un paso fuera del marco y nos agarra por el pescuezo: estamos aquí, en el maldito mundo adulto. Por eso sus concesiones al gore son coherentes, y las crueldades que aparecen sin descanso forman parte del entramado de su universo. No se pueden ni deben evitar. El arte refleja todo esto con muchísimo vigor. Takeda está soberbia, su dibujo impresiona, eyacula magnificencia. Tiene la gran fuerza expresiva del manga y el minucioso detalle del Art Déco. No es complicado distinguir cierto ramalazo steampunk, ver revolotear apuntes de Stargate (1994) o Metropolis (1927); o las siempre escalofriantes tinieblas barrocas de H.R.Giger. Y Hokusai, que no falten ni Hiroshige ni Hokusai en el festival, porque también están bien presentes.

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Monstress podría haber sido perfectamente una novela, porque tiene su estructura y el argumento pertenece sin duda a la fantasía contemporánea. Pero, por fortuna, Liu decidió expresar su historia mediante las maravillosas imágenes de Takeda. Y aquí estamos, en pleno viaje. No tengo ni idea de si el barco llegará a buen puerto, pero por ahora me parece de lo más interesante que se está publicando en cómic mainstream americano. Que Monstress de americana (al menos en la noción trumpiana) tiene la editorial y poco más, ya que Liu aprovecha su ascendencia taiwanesa para inspirarse y Takeda es japonesa residente en Tokio. Es un tebeo que podría haberse gestado en Hong Kong u Osaka, su peso oriental es notorio. Sin embargo, tampoco podemos negar sus particularidades occidentales, porque resultan ser los rieles de la obra. En resumen: estoy siguiendo este tebeo con muchísima atención. Además no voy a ser yo la que contradiga al gran Neil Gaiman, que también lo está disfrutando bastante. ¿Lo recomiendo? Mucho. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Héroes y villanos japoneses que se odian, retuercen y lo pasan bien

Creo que todavía no he hecho ninguna reseña sobre dôjinshi o fanzines comiqueros japoneses. Quizá se deba a que viviendo en Europa y siendo la afortunada dueña de una cabeza de chorlito como la mía, no he tenido ni he aprovechado las oportunidades de agenciarme alguno. Y tampoco es que se escaneen y traduzcan muchos que digamos… pocos hay, pero ahí están. Como además llevo unas cuantas entradas seguidas un poco más añejas de lo que me gustaría, escribir sobre una obra del 2015 me viene de perlas. Y calma mi conciencia culpable por estar atiborrándoos de material antediluviano. Que no tiene nada de malo si posee interés, pero en la variedad está el gusto. O eso dicen.

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Esta portadaca la ha dibujado my friendly neighbourhood David López, y es la presentación perfecta de lo que podemos encontrar en las páginas de Alenzyas (2015). Se trata de un tebeo coordinado por Ken Niimura, donde han participado 6 mangakas más: Takeshi Miyazawa, Est Em, Takehito Moriizumi, Tabao Obata, Murai y Mopuko. Todos sangre fresca. Y a todos ellos Niimura-sensei propuso la creación de un superhéroe y un villano, para luego inventar una historieta en la que el antagonista fuese el concebido por otro artista del mismo proyecto. Un desafío interesante para los autores, desde luego, y que para los lectores tampoco carece de atractivo.

Como soy una desgraciada, no he podido hacerme con ninguna copia física de Alenzyas. Me habría gustado, pero las tiradas de los dôjinshi no suelen ser grandes, y por lo que pude husmear en twitter por mi cuenta, se vendieron casi todos los ejemplares en el propio Japón. Unos pocos fueron enviados al extranjero, pero a conocidos y amigos del círculo de los dibujantes. Meeeeeeh. Sin embargo, un alma bienhechora tuvo la idea de subirlo a varias plataformas on-line (y traducirlo, claro). En junio me topé muy felizmente con él. Pero, ¡ay!, no estaba completo, faltaban dos capítulos: el 5 y el 6. ¡¿POR QUÉ?! He pasado unos meses esperando a que alguien subiera lo que faltaba, pero estamos a mediados de septiembre y la cosa sigue incompleta. Aun así pensé que mejor son cinco one-shots que ninguno, teniendo en cuenta que de otra forma me hubiera resultado muy difícil poder leerlos. En realidad tarde o temprano habría caído (el agua de Aragón no es buena, hace que crezca la cabeza), pero de esta manera piratona total pude disfrutar de Alenzyas sin apenas esfuerzo y ahora tú, amado lector, también puedes leer esta magnífica reseña. Todo bien, ¿no? Pues eso. Dudo que los creadores lleguen a leer esto, así que puedo respirar tranquila, que no enviarán sicarios a mi chamizo por utilizar mangafox. Creo.

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“Nighthawk vs. Yukawa” de Murai

Alenzyas son historias muy breves, cada una de una madre y con el estilo propio de cada autor. Es una obra heterogénea y variada, pero con un nexo común: ¿cómo serían unos superhéroes à la japonaise? He sido desde niña lectora de cómics y lleva circulando por mi sistema cardiovascular el virus Marvel/DC muchísimos años, por lo que sé de sobras qué es un tebeo de superhéroes. Sin duda es el género rey dentro de la historieta occidental, el que más pasta genera, el más popular… y el que más detractores furiosos posee también, sobre todo cierto desprecio sordo hacia el norteamericano. La verdad es que el cómic de superhéroes tiene sus luces y sus sombras, como ocurre con todo; y suelen ser los tebeos que se alejan de los patrones más comerciales, buscando nuevas sendas y perspectivas, los que han brillado sobre el resto.

Alenzyas es como una especie de experimento, pero es la prueba de que el material más atractivo es precisamente ese, el que busca su propio camino. Un camino libre sin las exigencias de una línea editorial, un manual de estilo, etc. No es malo que existan, de hecho son necesarias, pero en un dôjinshi es el artista el que marca sus límites y eso siempre, SIEMPRE, es más interesante. No por obligación mejor, pero sí más seductor. Y es lo que encontramos en Alenzyas, una brisa refrescante y agradable gracias a los ventiladores artísticos de gente que está creciendo en el panorama del tebeo. ¿Qué nos pueden contar unos mangakas sobre superhéroes que no hayamos leído ya? Pues su visión. Alenzyas es la combinación de un género ultrapopular con una perspectiva diferente, tanto en forma como en contenido; pero con sencillez, de forma muy inmediata. No es nouvelle manga, pero recoge en cierta forma su legado sincrético.

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“Life is one-two punch” de Est Em

Algunos de los creadores ya están más que familiarizados con este tipo de cómic: Takeshi Miyazawa, por ejemplo, está trabajando ahora con Kamala Khan, la nueva Ms. Marvel; aunque en el pasado se prodigó en X-men Unlimited, Runaways o Generation Hope. Javier Pina, que ha hecho la contraportada, ha dibujado la Cosa del Pantano, Aves de Presa o Escuadrón Suicida; David López… en fin, si no conoces a David López, you know nothing (y tienes que ponerle remedio). Ken Niimura se está haciendo hueco realizando trabajos para Marvel y pequeñas maravillas en el Yearbook de Gotham Academy para DCPero tampoco esto tiene una importancia capital, los demás autores no me suena que hayan realizado nada para cómic norteamericano (me puedo estar columpiando perfectamente, conste) y eso es lo bonito también, observar a creadores esforzándose en un registro ajeno y haciéndolo suyo.

Por eso Alenzyas es un manga bastante curioso, que mezcla Oriente y Occidente con un resultado natural y eficaz. No se trata de un híbrido, o al menos yo no lo considero así. Es muy japonés, un buen shôyu ramen al que se le han añadido unos cuantos ingredientes foranos y, oigan, que ha quedado sabrosote. No tiene vocación comercial, pero posee todo para que un fan de los tebeos lo disfrute con tranquilidad.

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Contraportada de Javier Pina.

Por supuesto, no conocía a todos los autores propuestos y espero tener pronto la oportunidad de poder leer algo de ellos. Es el caso de Takehito Moriizumi, Mopuko y Tabao Obata. Precisamente, son los one-shots de Moriizumi y Obata los que no están subidos todavía; y por el primero siento una curiosidad inmensa. Así que a joderse. Habrá que esperar y estar ojo avizor a cualquier oportunidad.

Life is one-two punch de Est Em es una buena representación de las exigencias del ámbito laboral japonés, mediante una historia veloz pero impactante. El ¿desenlace? resulta como la vida misma. Catty rival de Miyazawa tiene de protagonista a un gato con ansias de dominación mundial (como tiene que ser) que topa con un rival humano imbatible. Muy divertido este cuento. Nighthawk vs. Yukawa de Murai es mi favorito, más clásico en su planteamiento pero tierno también. Sword Hilda vs. Zombies de Mopuko está repleto de acción y violencia, donde las adorables mascotas deportivas se han convertido en unos muertos vivientes, que la espadachina Hilda tratará de destruir con su terrible katana. Incluye moraleja. Y, finalmente, Test de Niimura no defrauda. Los que somos fans de su elegancia, tenemos un relato de gran dinamismo y escenas espectaculares. Genial.

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No, no son The Avengers pero resultan unos superhéroes peculiares y muy cercanos. Alenzyas es una obra coral que no cambiará vuestras vidas, pero que funciona, no ya solo como carta de presentación de autores menos conocidos por estos lares, sino como entretenimiento sano. Una alternativa estupenda para los que se suelan mover en lecturas más estándar y quieran descubrir nuevos pinceles japoneses.

Y que me he quedado sin leer Dengeki Drop de Obata y How far are the depths of love de Moriizumi. Cachis. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

17 miradas a Japón

Aquí seguimos, con fiebre pertinaz y asfixiándome cada vez que intento hacer algún tipo de esfuerzo, por lo que continuaré disertando aleatoriamente hasta que desfallezca cianótica perdida. Estoy de coña. Este fin de semana tengo tantas obligaciones acumuladas que, aunque sufra una combustión espontánea o acabe escupiendo los pulmones a cachos, tengo que mover el culo. No hay remedio. Ains. Ya moriré el domingo a la tarde, si eso.

Una de mis últimas adquisiciones (de segunda mano, añado) y que me ha dejado, en general, satisfecha, es el manga del que voy a escribir a continuación. Se trata de un volumen recopilatorio que aúna los trabajos de muy diversos creadores. Tanto es así que más o menos la mitad son occidentales (francófonos) y la otra mitad, japoneses. Se trata de Japan as viewed by 17 authors (2006), y fue un proyecto bastante curioso.

El artista Frédéric Boilet, uno de los primeros occidentales que logró cierto prestigio en el mercado del manga en el mismo Japón (todo un pionero), fue el propulsor de esta iniciativa. Pero creo que antes debería ir un poco más atrás en el tiempo y explicar algunas cosillas, como La Nouvelle Manga. El contexto, en este caso, es importante. Sobre todo para conseguir apreciar en plenitud el esfuerzo y trabajo que supuso este tebeo.

La Espinaca de Yukiko
La Espinaca de Yukiko es deliciosa. Os la recomiendo.

L’Épinard de Yukiko (2001) de Boilet comenzó algo que todavía no sabemos si ha llegado a algún sitio. Plantó una semilla, asentó una intención. Y plasmó una noción que muchos artistas y lectores teníamos en la cabeza desde hace mucho tiempo: que el cómic, tebeo, manga, novela gráfica o como demonios queráis denominarlo, es en realidad un mismo medio, una misma expresión artística que no debería cerrar sus puertas a ninguna influencia que potencialmente enriquezca su panorama. No es la primera vez, ni será la última, que repita esta idea en Sin Orden ni Concierto (tú ya lo sabes, Khalil). La Nouvelle Manga fue y es el empeño por integrar y reconciliar dos mundos aparentemente ajenos; el de la BD (Bande dessinée) y el de la manga. Occidente con Oriente. Aprovechar las carencias y virtudes de uno y otro, realzar sus similitudes (que son más de las que nos pensamos) para crear algo más fuerte e interesante. ¿Tentador? No ya solo eso: es lógica pura.

Boilet, que junto a Kiyoshi Kusumi parió el término inspirado claramente en la Nouvelle Vague cinematográfica, hizo hincapié en la feminización del término manga. La manga para él no es el manga. La manga es aquel cómic japonés que se centra, para entendernos, en el slice of lifeun tebeo dirigido a adultos y alejado de los productos consumidos masivamente por adolescentes, que son los que han invadido prácticamente Occidente (el gran Moebius no tenía una opinión especialmente buena de él, btw). Casi hasta el punto de que se identifica, erróneamente, la superindustria otaku con la totalidad del manga, que engloba muchísimos géneros y demografías. Esta manga, con sus historias de gran sutileza y complejidad psicológica, desprovista de los clichés y sobrecarga dramática del manga superventas, es el complemento perfecto para la BD que, a pesar de su tremenda riqueza visual, se halla(ba) perdida en contenidos sci-fi y fantásticos de guion vacío. El objetivo de Boilet era (¿y es?) una combinación de:

  • Lograr que el público general occidental se deshaga del prejuicio de que el tebeo japonés es exclusivamente para niños y adolescentes.
  • Mezclar lo mejor de ambos continentes para ofrecer obras atractivas, capaces de atraer tanto al público casual japonés como europeo. No es necesaria una especialización previa.

Lo de atraer al público nipón, en concreto, lo veo crudo, ya que tanto la industria como los lectores japoneses son muy poco permeables (cada vez menos, no obstante) a la influencia o inclusión de autores extranjeros en su cultura. Pero ese ya sería otro tema. La Nouvelle Manga es transcultural y de espíritu universal (como lo es, en realidad, casi toda expresión artística); muy ambiciosa. Quizá evidencia cierto elitismo por parte de Boilet, pero no deja de poseer su punto de razón.

Y en este marco se halla Japan as viewed by 17 authors. Con la colaboración de la Embajada, el Instituto Francés y algunos centros educativos en Japón, se llevó a cabo un proyecto que culminó en la creación de un álbum recopilatorio heterogéneo de pequeñas historias cotidianas. Algunas íntimas y dulces; otras surrealistas y descaradas. Dependiendo del creador, claro. No todos ellos se adscriben al movimiento de la Nouvelle Manga, pero sí apoyan, a su manera, la filosofía que defiende.

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Así que esta aventura comiquera arrancó con esa invitación a 16 autores para que escribieran sobre nuestro amado Cipango. De 10 a 16 páginas como máximo. Los mangakas nipones acudirían a sus lugares de nacimiento; los europeos a otras localizaciones de las islas. De sur a norte, así Japan as viewed by 17 authors atraviesa el país, como una especie de guía turística, pero muy particular.

Sintiéndolo mucho por mis paisanos franceses, en conjunto sus contribuciones son mucho más descoloridas que las de sus colegas japoneses. Se han apalancado demasiado en el rol de turista y sus distintas versiones (unas más estúpidas que otras); por lo que las perspectivas que han ofrecido del país rozan a veces el típicotópico aburrido. Pero hay excepciones, claro. En una obra coral donde confluyen estilos y autores tan diferentes, es complicado que guste todo; aunque hay un mínimo nivel de calidad.

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“At the seaside”

Me han gustado especialmente:

At the seaside de Kan Takahama. En las islas Amakusa… nostalgia, el agridulce pesar del amor que se sabe perdido y gatitos. ¿Qué más puedo pedir? Un bonito dibujo. Pues mira, también lo tiene.

Summer Sky de Jirô Taniguchi. Una sencilla y tranquila historia de amor inconclusa, que deja una profunda sensación de melancolía. Tiene lugar en Tottori. Preciosa.

Now I can die! de Aurélia Aurita. Una cuenta atrás personal de su viaje a Japón, comenzando por su destino, la isla de Tokushima, en unos baños termales. Enfocado como experiencia vital. Muy divertido y dinámico, con un sentido del humor fresco y limpio. El dibujo, de corte infantil y a ratos esquemático, me ha encantado por su certera expresividad.

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“Now I can Die”

The New Gods de Nicolas de Crécy. Relato ácido y turbio. Una crítica despiadada a todo lo que le rodea, incluido él mismo. El dibujo resalta la atmósfera densa y angustiosa que sufre el protagonista en una Nagoya vulgar y agotadora. Pero tiene su puntito kawaii también.

Kankichi de Taiyô Matsumoto. Tiene lugar en Kanagawa y es mi favorito de todos los que aparecen. Y no porque sea fan a muerte de este señor, que conste, es que es la mejor historia de todas de largo. Mágica y sorprendentemente simple, con ese inconfundible y maravilloso arte de Matsumoto. Una diminuta gema.

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“Kankichi”

The sunflower de Little Fish. Elegante como él solo, muy cinematográfico. No tiene diálogos pero es tremendamente elocuente. Uno de mis preferidos. Enérgico y de gran pureza visual. Tiene lugar en Tokio.

The festival of the Bell-horses de Daisuke Igarashi. En la indómita región de Tôhoku, concretamente en Iwate, tiene lugar el festival Chagu Chagu Umakko. En él se rinde homenaje a los caballos, en agradecimiento por su duro trabajo en los campos de arroz. ¿Sueño o realidad? La aventura en la que se ve inmerso el niño de esta historia es, aunque conocida, bastante simpática y reconfortante. Muy Miyazaki, por cierto.

Sapporo Fiction de Étienne Davodeau. Es un alivio leer el consabido paseo turístico, pero desde una perspectiva diferente y mediante una historia entretenida. Mucha ternura en ella, sin babosería y para nada pretenciosa. Genial.

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“The festival of the Bell-horses”

Japan as viewed by 17 authors es irregular aunque era de esperar. A pesar de ello, merece un vistazo atento porque esconde sorpresas agradables y la intención además del artífice general, Frédéric Boilet, la respeto y comparto. Me habría gustado leer un viceversa: autores japoneses meditando y escribiendo sobre Francia. Para hacer el intercambio cultural completo, digo. A lo mejor se ha hecho ya, lo desconozco (si sabéis algo, podéis dejarlo en comentarios). No obstante, lo que sí hubo fue una secuela pero centrada en CoreaKorea as Viewed by 12 Creators (2009), que no ha caído todavía en mis manos. Ntsch. Todo llegará, todo llegará.

¿Lo recomiendo? Sin reservas. A todo enfermo de japonofilia le tendría que interesar aprender lo máximo posible sobre el país, y con este tebeo se consigue. Y eso, calidades y gustos aparte, también hay que tenerlo (muy) en cuenta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Aquel verano

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Lo habéis adivinado: toca entrada de esas que os importan un pito (en general). Hoy además que anda el planeta enloquecido con Digimon, voy a cortaros el rollo a base bien, Sin Orden ni Concierto ya sabéis que es así (ignoradme, por favor).

Tengo pendientes las primeras impresiones (que ya serán impresiones finales, jojo) de los anime de esta temporada, pero estoy realmente vaga. He dejado la mayoría de las series que seguía en barbecho porque no me han terminado de enganchar. Aunque me estén gustando, las he descuidado. Solo estoy siguiendo fielmente Kagewani (es corta), Muco (me relaja un montón y también es corta) y Dance with devils (compromiso animierder). Pero dadme tiempo, que me recuperaré y haré reseña al final. Bueno, al lío.

Este pasado fin de semana tuvo lugar el Kaigai Manga Festa y, husmeando cómo fue el evento por internet, encontré en el twitter de Ken Niimura una foto que había hecho a su ejemplar de This One Summer (2014). Firmado. Porque Jillian Tamaki, la ilustradora, estaba ahí como parte del Toronto Comic Arts Festival. Agh. Empecé a comerme las uñas hasta convertir mis manos en muñones de la maldita envidia. ¡Yo también quiero mi Summer firmado! Pero lo admito: solo soy una mísera plebeya con un blog cutre por estandarte y tampoco puedo aspirar a que las autoras visiten esta zona del planeta en muuuucho tiempo. Por lo que ya puedo esperar sentada, que esa rúbrica nunca tendrá lugar, salvo milagro. Aun así, decidí que desahogarme un poquillo en el blog, haciendo una reseña de este tebeo, tampoco me vendría nada mal.

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Los que seguís esta bitácora ya sabéis que consumo todo tipo de cómic. Me da igual su origen: Japón, Corea, Estados Unidos, Canadá, Francia, España, Argentina o Vanuatu. También hace unos meses comenté con Khalil por aquí que considero el tebeo, cómic, novela gráfica, manga o historieta, en esencia, lo mismo. Y que el nombre que se le dé me importa tres mierdas. Es mi punto de vista como lectora gañana. Claro que hay diferencias y características propias tanto de la BD, el manga o el cómic americano, pero siempre he abogado por una mayor permeabilidad entre ellos… y no termino de comprender que sean los mismos lectores los que se dediquen a segregar, en ocasiones de manera feroz, cuando estamos hablando del mismo medio. Aunque esa no es la cuestión. Con toda esta pejiguera, lo que quiero decir es que voy a escribir sobre un tebeo que no es manga. Sí tiene influencia del manga y sus creadoras son de ascendencia japonesa, pero es un cómic norteamericano. No es la primera vez que me permito estas licencias (El vástago de Thor, El reverso tenebroso) ni será la última; de todas formas, este This One Summer es un poco como I Kill Giants (2008) en el aspecto de que se está ganando, por méritos propios, un lugar relevante dentro del cómic internacional. Más allá de etiquetas o países. Son obras a las que se debe prestar atención, e imagino que Summer no os será completamente desconocida… ¿o sí? No problemo, tiene solución. A leer.

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En España ha sido editado por La Cúpula, como también lo fue la obra anterior de estas dos damiselas, Skim (2008). Hago las presentaciones oportunas: ellas son Jillian Tamaki (ilustradora) y Mariko Tamaki (escritora). Canadienses. Primas hermanas. Esto ha quedado un poco raro, lo admito. Pero no tengo ganas de reescribir, se queda así.
Como creo que ya os he dicho antes, soy una mísera plebeya (pobre, coñio) y me busqué la vida para encontrar un ejemplar bastante más baratito: Amazon. No obstante, prefiero un millón de veces ir a una librería o acudir a la segunda mano, tengo que decirlo. Pero a veces las ventajas de la selva son imbatibles, en este caso por precio y lengua original. Os cuento mis peripecias por si ocurre el prodigio de que esta reseña os abra el apetito y decidáis adquirirlo. Cúpula, 25 ECUS; Amazon, 11 pavos shipping incluido. La vida es dura, señores.

Pero regresando a lo que realmente importa, This one summer ha sido bastante celebrado; de hecho ha recibido varios galardones importantes dentro del mundo de la novela gráfica, entre ellos un Eisner este 2015. Casi , chavalada. Así que no se trata de uno de esos tebeos rarunos o del año de la polka a los que os tengo acostumbrados (los que os dejáis, claro). This one summer es famoso y premiado. Para que luego me llamen hipster, hala.

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Awago es un pueblecito costero de Canadá donde Rose y sus padres han ido a veranear desde siempre. Allí también acude de vacaciones su amiga Windy, un año menor que ella. Pero este año es diferente, Rose y Windy están cambiando. Actividades que antes realizaban juntas y disfrutaban, resultan ahora un poco insulsas… así que deciden hacerse más intrépidas y buscar retos nuevos. Comienzan a ver películas de terror, restringidas para su edad, como Tiburón (1975), La Matanza de Texas (1974) o Pesadilla en Elm Street (1984), que alquilan en una tiendecita donde trabajan unos adolescentes mayores que ellas. Rose y Windy observan a esa cuadrilla de hormonas desbocadas, los escuchan y comentan entre ellas lo que van descubriendo. Pero, sobre todo, se fijan en un dependiente (feo como un demonio) y sus andanzas con una moza. Rose, aunque lo niega, siente atracción por este chico; y Windy a veces bromea a su costa. Su curiosidad natural por el sexo y lo que va acaeciendo, es la trama principal del tebeo, pero no la única. Los padres de Rose están pasando por un mal momento, aunque sería más preciso decir que es la madre de Rose la que está atravesando por una fuerte depresión, que repercute en el resto de los miembros de la familia. La aparente indolencia del padre y la parcial incomprensión de lo que sucede por parte de Rose, hacen la convivencia muy extraña. Rose está empezando a despertar, y siente frustración e ira hacia su madre.

Windy, por el contrario, todavía no ha madurado tanto en ciertos aspectos como Rose; y a pesar de saber que es adoptada, se siente querida y aceptada en su entorno familiar, que es bastante peculiar. Tiene una personalidad mucho más equilibrada que la de Rose, todo hay que decirlo. Su madre es una hippy vegana lesbiana; y su abuela una fan de la coctelería y las largas siestas. Ronca como un rinoceronte. Windy me ha encantado, es un personaje radiante y sincero. Mi preferido.

El resto del elenco está más difuminado, unos más que otros, pero es que no se trata de una obra coral. Los otros personajes aportan la información pertinente y cumplen su función de enmarcar con eficacia; porque el corazón de This one summer es Rose.

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El arte de Jillian Tamaki es espontáneo, dinámico. No es difícil hallar influencias del manga en él; para empezar, por elegir no usar color. El uso del índigo (en vez de negro) en el entintado me parece muy acertado, pues dota a todo el tebeo de un aire melancólico, del pasado, que se ajusta perfectamente a la historia. Me gusta cómo adapta el dibujo la emoción que se quiere transmitir; puede pasar del estatismo prolijo a una agilidad casi esquemática con una naturalidad pasmosa. El trazo, algo grueso y ligeramente desaliñado, brinda una ingenuidad dulce que realza los personajes principales, Rose y Windy, destacando su todavía poso infantil. La impresión general es la de estar delante de un cómic fresco, muy vivo; a pesar de que estructuralmente pueda ser un poco conservador. Pero, a pesar de esta última aseveración, me rindo incondicionalmente ante esas ilustraciones a doble página tan maravillosas, donde hasta los vacíos poseen fuerte energía. Y algunas viñetas son verdaderamente brillantes.

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This one summer es un slice of life de tomo y lomo. Se centra en un momento muy concreto de la vida humana: el paso de la niñez a la adolescencia. No cuenta nada de particular, las experiencias de esa etapa vital se han descrito por activa y por pasiva muchísimas veces; pero es la manera de tratarlas lo que convierte este tebeo en algo especial. Argumento y arte se compenetran maravillosamente para ofrecer una historia cálida, audaz; muy tierna y a ratos dramática. Pero el dramatismo está llevado con sobriedad. Su peso recae en el dibujo, que lo plasma de forma inteligente y clara. This one summer está repleto de detalles evocadores que llenan los silencios de afecto y añoranza. Es un tebeo realizado con cariño y se nota.

El sexo, por supuesto, tiene un papel fundamental, pero desde una perspectiva realista y femenina. Es algo lógico, ya que las autoras son ambas mujeres y las protagonistas de la historia lo son también; pero que esto no os confunda. Voy a tratar de explicarme. Hemos estado acostumbrados durante siglos a que la visión masculina sea considerada la neutral, dirigida a todos. Cuando ha aparecido una artista femenina expresándose desde su punto de vista, de manera automática, se ha valorado que su obra iba dirigida únicamente a mujeres. A veces la intención de la autora ha podido ser esa, otras no. This one summer es un cómic hecho por mujeres para todo el mundo. Me duele tener que hacer este tipo de aclaraciones, pero todavía, aunque cada vez menos, existen ciertos prejuicios de los que no somos ni conscientes. Sobre todo en según qué géneros. Este tebeo es abierto, humano; y plasma muy bien convencionalismos y aprensiones sociales arraigados sobre la sexualidad. Uno importantísimo: el sentimiento de culpa. Las Tamaki no han querido hacer ningún tipo de denuncia sobre el machismo o la sociedad patriarcal, su intención no es esa. Han expresado, con naturalidad y delicadeza, lo que hay. Un tapiz rico y complejo, la vida misma, donde se encuentran entretejidas fibras que nos muestran cómo la responsabilidad de la actividad reproductora humana recae casi exclusivamente en la hembra. Embarazo o no embarazo. Las consecuencias negativas son absorbidas, poco más o menos, de inmediato por la parte femenina, un arreglo injusto aceptado por todos, incluidas las mujeres.

Pero la mayoría de las hebras del tapiz nos hablan de ese momento en el que dejamos atrás la infancia. Una especie de nostalgia, y a la vez conmoción, que golpea al ser conscientes del paso del tiempo. De que el mundo cambia, de que la visión del mundo cambia, de que ocupamos un lugar en ese mundo y nuestra mera presencia tiene consecuencias. Sin vuelta atrás. Y nada mejor para reflejar ese interludio de la pubertad, que el hiato que supone el verano. Un momento donde ese cambio irreversible es más palpable. Los meses en los que la vida cotidiana queda en suspenso bajo unas nuevas leyes más laxas: las vacaciones. Entonces afloran todos esos problemas y cuestiones vitales que se han mantenido enterrados bajo la rutina el resto del año. Y no se pueden eludir, porque miran directamente a los ojos. Hay una mezcla de pasado, presente y futuro, en la que diferentes emociones construyen una realidad incierta que a veces es estupenda… y otras, amarga. La paleta de sentimientos que manejan las autoras es rica y profunda, pero saben conducirlo todo de forma muy liviana.

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Tengo la sensación de que no estoy escribiendo nada, y es que me da miedo ahondar ya que supondría reventar el argumento a spoilerazo limpio. Y no quiero, creo que no es necesario explicar más. Es un tebeo sencillo pero de gran hondura; que tiene todas las papeletas para llegar al kokoro de cualquiera porque lo que narra es cercano, probablemente muchos lo hayamos experimentado también. A los que el slice of life no les guste, que ni se acerquen. Y a los que les guste, deben saber que This one summer tiene una orientación adulta. Con esto quiero decir que a veces es algo cruda. Muy sutil, pero no está adulterada ni con el idealismo del romance ni la comedia. Es realista.

¿Me ha gustado? Sí, bastante, y pienso que un amante del seinen o jôsei lo disfrutará también. No me ha entusiasmado, eso lo tengo que reconocer, de hecho Skim me gustó más; pero también admito que es mucho mejor cómic que Skim. Y no, no me estoy contradiciendo.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

 

El reverso tenebroso

Suele ocurrir que el lector medio de manga ignora casi por completo el cómic occidental (el norteamericano y la BD europea). Y viceversa también. Es una generalización, claro, de colegas bloggers deduzco (puedo equivocarme) que Khalil, Vannert o Magrat los leen, alguno más habrá seguro; pero son mundos que tienden a olvidarse uno del otro… afortunadamente cada vez menos. Por eso quería hacer una entradilla dedicada a aquellos que no estén metidos en el cómic occidental utilizando un cebo. Un señuelo atractivo, como el de tebeos que posean un guiño, o directamente influencia, de Japón. Y así, al que se deje arrastrarlo al reverso tenebroso.

Hay un montón, así que he seleccionado los que me gustan más. No son los mejores ni tampoco una birria, pero sí interesantes cada uno en su estilo. He confeccionado una lista de 5 bastante heterogénea (tampoco quería eternizarme), algunos son verdaderos clásicos, otros no tan conocidos. Espero os incentiven a buscar más por vuestra cuenta o, en el caso de que los conozcáis ya, no aburriros mucho.

Aviso: si el tema te importa tres pepinos, puedes ahorrarte la lectura porque suelto un buen rollo macabeo.

1

Corto Maltés: La juventud

Hugo Pratt

(1981)

¿Cómo presentar a Corto Maltés a alguien que no lo conozca? Buf, no sé, aunque para comenzar estas palabras de su propio creador, el veneciano Hugo Pratt, no están mal:

En un mundo donde todo es electrónico, donde todo se encuentra calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como Corto Maltés.

Corto Maltés es un pirata, un aventurero, un guerrero, un vagabundo, un romántico. Es el arquetipo del individualismo puro, que busca su camino de manera errática y se refugia en la ironía. Este señor merecería, no una entrada para él solo, sino un libro bien grueso para acercarse a todas las facetas que posee. Me he topado con hombres como él en los libros, por eso considero los doce volúmenes en los que aparece obras literarias de verdad. Corto Maltés son palabras mayores. 

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Este caballero tan peculiar nació en la isla de Malta, hijo de una gitana de Sevilla y un marinero de Cornualles, un 7 de julio de 1887. Aunque súbdito británico, Corto Maltés es ciudadano del mundo, sin banderas, pero que no se achantará a la hora de batallar por las de otros, por muy absurdas que parezcan. Aunque en realidad él siempre combatirá por sus propios intereses y los de nadie más, ya que se considera el dueño absoluto de su destino. Poliédrico e intenso, Corto forjará su personalidad a lo largo y ancho del planeta; desde las islas del Pacífico, Egipto, Rusia, Argentina, Etiopía, Afganistán, el Caribe, hasta China o Japón. Y es allí donde nos lleva este noveno volumen de sus correrías, que cronológicamente sería el primero: 1905, Guerra ruso-japonesa.

En este Juventud, Corto Maltés conocerá a su eterna némesis y amigo irreemplazable, Rasputín, habiendo recién desertado del ejército ruso. Y es que en esta obra concreta es más Rasputín el protagonista que Corto. Si os gusta la historia en general, sobre todo la que abarque las primeras décadas del s. XX, con Corto Maltés vais a gozarla, porque Hugo Pratt detalla, no ya solo los eventos históricos, sino el ambiente y sus actores con gran esmero y belleza. Corto se tropieza con celebridades como el futuro Stalin, James Joyce o, en este Juventud, Jack London. Las aventuras de Corto son crueles y llenas de desatinos, como todo lo que sucede en la vida, donde no siempre hay un final feliz o una conclusión definitiva.

2

Tako

Tomo I

Michetz & Yann

(1990)

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Podría haber elegido Kogaratsu (1991), donde Michetz también está a los lápices, pero he preferido dejar la temática del guerrero japonés para otro cómic posterior. De todas maneras, Kogaratsu debería ser lectura obligatoria para todo fan de ShamoVagabond. Que sea BD no debería resultar óbice, una buena historia siempre es una buena historia.

Tras esta pequeña aclaración, os presento Tako. Otro cómic europeo, sí. Son dos tomos, pero me voy a centrar en el primero porque el segundo ni lo tengo ni he podido leerlo. Movidas por haber nacido demasiado tarde para según qué cosas.

Tako significa pulpo y es el blasón del clan Inamura. Un animal frágil, pero que se aferra fuertemente a las rocas y a la vida a pesar de los ataques de las gaviotas. Estamos en el s. XVI al noroeste de Japón, y las tres hijas del anciano señor están esperando la llegada de sus maridos, que hace tiempo han partido al continente para guerrear. Están preocupadas porque una concubina, que calienta el lecho de su padre en el castillo, puede proveer al clan, por fin, de un heredero varón… y convertirse en la nueva señora. Conspiran, murmuran en torno al ciego daimyô, tejiendo una tela de araña sofocante. Estos son los ingredientes que Yann utiliza para crear una tragedia shakesperiana pero de tintes fatalistas claramente japoneses y naturaleza circular.

En este cómic nada es casual ni obvio, y con increíble sutileza Yann va edificando un castillo, un microcosmos desterrado del mundo y unido a este mediante únicamente un desvencijado puente de madera. Blindado a la influencia externa, los estrictos códigos y normas que gobiernan el lugar crean un ambiente angustioso y rígido. Este cómic tiene distintos niveles de lectura, y todos ellos encajan a la perfección con el arte de Michetz, que sabe expresar hábilmente las atmósferas y metáforas. Tako es hermoso y terrible, una obra compleja pero fascinante.

 3

 The teacup tree

Angie Wang

(2012)

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The Teacup Tree, que podéis leerlo online si pulsáis en el link, es un one-shot que la artista canadiense Angie Wang realizó para la publicacion SP7, dedicada íntegramente a homenajear a la legendaria revista Garo.

Angie Wang todavía no es muy conocida, pero creo tiene una sensibilidad bastante curiosa, que cabalga entre el refinamiento del pasado y cierta demencia futurista. Por supuesto, son apreciaciones personales, aunque ha conseguido llamar mi atención en el buen sentido. Este The Teacup Tree es un bonito tributo al gekiga más poético y surrealista. Simple y rebosante de dulzura, no está exento tampoco de melancolía y crudeza. Merece la pena le echéis un vistazo, sobre todo aquellos que hayáis disfrutado, por ejemplo, con el Red Elegy de Hayashi. Es una lectura mucho más ligera pero sin carecer de hondura. The Teacup Tree es eminentemente contemporáneo, aunque utiliza la caligrafía de antaño; y nos cuenta una bella historia sobre los sueños de la infancia, sus anhelos y la muerte inesperada de todos ellos al crecer.

 4

Elektra: Assassin

Frank Miller & Bill Sienkiewicz

(1986-1987)

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Hablar de cómic norteamericano y Japón es aludir a Frank Miller. Este señor (¡de rodillas, todos, YA!) es la cabeza más visible de lo que podríamos considerar como la niponofilia en el tebeo occidental. Me ha resultado difícil seleccionar una obra, porque todas las relacionadas con Cipango que ha creado este hombre me entusiasman. Destacaría la imprescindible Rônin (1984), influida enormemente por uno de mis mangas favoritos: Lone Wolf and Cub (1970-1976) de Koike y Kojima; no en vano Miller realizó sus portadas para la edición americana. También la mítica serie Lobezno: Honor (1982) con Chris Claremont (qué grande, TODO, joder), pero he escogido, quizá, la menos japonesa. La relación es más bien tangencial, pero es que no puedo evitar derretirme como chocolate pisoteado al sol cuando pienso en Elektra: Asesina.

Elektra Natchios fue un personaje creado por Frank Miller a principios de los 80 en la serie de Daredevil. Es importante recalcar que Miller sacó del fango esta serie y dotó a su protagonista (Matt Murdock) de la personalidad que todos ahora conocemos. Introdujo elementos característicos de los bajos fondos tokiotas y la yakuza a través de La Mano, entidad japonesa de naturaleza mística y mafiosa; inyectó su devoción por el bushidô en las historias y, por supuesto, nos regaló a la maravillosa Elektra. Es de las mujeres más especiales dentro del universo Marvel, para mí mil veces más compleja y fascinante que la Viuda Negra, por poner un ejemplo; y que ha sufrido una intrincada y profunda evolución a lo largo de su historia. Esta dama recibió desde la niñez entrenamiento en artes marciales, pero encasillarla como simplemente guerrera ninja es amputar chapuceramente su personaje. Elektra es gris, una anti-heroína, un personaje trágico como bien proclama su nombre, invocando las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Las ha pasado muy putas.

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Este cómic nos presenta a una Elektra en sus horas más bajas, recluida en un manicomio con el cerebro totalmente frito. Y su estabilidad mental no mejora a lo largo del cómic, que es lo realmente interesante: el adalid que lucha contra el mal es una asesina ninja de habilidades físicas-psíquicas portentosas que está como unas maracas. La locura de Elektra, sus mecanismos mentales y percepción del mundo están genialmente plasmados además a través de los pinceles de Bill Sienkiewicz. ¿Quién es Sienkiewicz? Fácil: DIOS. Si el argumento de esta obra y su desarrollo son ya de por sí formidables, con esa crítica feroz a la hipocresía social norteamericana y la política de Ronald Reagan, el dibujo y color de Bill son espeluznantes. Pero espeluznantes de lo maravillosos que resultan, cada una de las viñetas es una maldita obra de arte. No estoy exagerando, os lo prometo, el trabajo de Sienkiewicz es magistral. Se atrevió a experimentar con acuarelas, collage, etc, fundiendo multitud de estilos y corrientes artísticas para crear algo único. ¿Cómo fue posible que surgiera una criatura así en Marvel? Pues porque Elektra era (y es) un personaje secundario con una colección poco importante, lo que proporcionó bastante manga ancha a nivel creativo. Por no hablar ya de que fue publicada sorteando el CCA mediante una filial de Marvel, Epic ComicsElektra Asesina es un antes y después, no ya solo para sus propios artífices, sino para la historia del cómic… y no habríamos podido disfrutar de ella sin el amor de Miller hacia Japón.

 5

Scott Pilgrim

Bryan Lee O’Malley

(2004-2010)

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Why so serious? Ya vale de tanto cómic solemne y vamos cerrar esta lista amorfa con una comedia. Vamos a finiquitar el repertorio con Scott Pilgrim. Esta obra, que consta de seis volúmenes, es un slice of life lleno de chifladuras. Se podría resumir como los intentos de un pringao, Scott Pilgrim, por conseguir el afecto de una distante moza llamada Ramona Flowers. Vamos, una comedia romántica con el estereotipado argumento chico-gusta-chica y poco más, ¿eh? Pues no.

Cierto que Scott es un memo y un completo inútil por el que no se puede evitar sentir cierta compasión, pero Lee O’Malley consigue despertar el interés del lector usando un contexto poco habitual en los cómics: el de los videojuegos. La vida de Scott y la de los demás personajes es como si fuera eso, un enoooorme videojuego; y el autor usa sus recursos de manera brillante. La obra en sí es un híbrido entre manga y cómic, posee elementos de ambos y está presentada de manera fresca y accesible. Es muy fácil entender los pensamientos y emociones de los que por allí pululan y, conforme la historia avanza, los problemas que se plantean ganan en profundidad. Los lastres que cada uno porta, las relaciones pasadas, las heridas mal cerradas. Son dilemas reconocibles que, probablemente, habremos padecido en nuestras propias carnes alguna vez. Real como la vida misma. Pero no se centra solamente en las cuestiones sentimentales aunque sean la raíz; también de cómo el mundo se transforma cuando nosotros cambiamos. Y esa permuta a veces viene acompañada de amargura. Y, por supuesto, se examina la concepción de la amistad a través de un elenco de secundarios maravilloso. Su interacción durante toda la historia es la sal y pimienta del cómic.

Scott Pilgrim es divertido y dinámico; con patadas voladoras y combates alucinógenos; repleto de referencias y guiños a la cultura popular. Es una obra generacional, como lo fue Hate de Peter Bagge, aunque menos descarnada y corrosiva que esta última. Admito que Hate me gusta más que Scott Pilgrim, pero que eso no os desanime a la hora de leer este. Es solo una opinión personal y ni por asomo pienso que sea mal tebeo.

Tiene adaptación cinematográfica que, por supuesto, plasma solo de manera fragmentaria lo que se puede encontrar en los seis volúmenes. No es para nada mala película, pero resulta opaca respecto al cómic, así que quedáis advertidos.

¿Has llegado hasta aquí sin emitir ronquidos? Genial, gracias por tu atención. Deseo que mi admiración desaforada por Elektra Asesina u otros de los tebeos que he mencionado no haya sido molesta. No solo de anime y manga vive el hombre, el universo es muy amplio y, si se tienen ganas y tiempo, nunca está de más atisbar más allá de las fronteras que solemos imponernos.

P.D.: Si te has quedado con ganas de más marcha, una última sugerencia: Yoko Tsuno. Una joyita pop de la ciencia-ficción.