Per aspera ad astra: mujeres en la animación japonesa

Se acerca ya el fin del 2017, durante el cual SOnC ha tratado de celebrar, a su cutre manera de blog amateur, el centenario de la animación japonesa. ¡Un siglo de anime, camaradas otacos! Por lo que la sección, si no toca ya a su fin con esta entrada (depende del tiempo que me reste para escribir otro post que tengo planeado), le queda realmente muy poquito. No ha sido el apartado de la bitácora que más lecturas ha tenido y eso, hasta cierto punto, resulta algo preocupante, pues denota falta de inquietud hacia las raíces, historia y esencia de nuestros amados dibujitos chinos. Pero eso ya sería otro tema, que enlazaría con la percepción de la cultura como mero producto de consumo y entretenimiento, una fábrica de dinero sin más. El capitalismo y sus cosillas de la mercantilización, ya sabéis.

Pero antes de que empiece a desvariar paseando por esos aromáticos cerros de Úbeda que Marx visitó un soleado 10 de diciembre de 1856, vamos a centrarnos en lo que toca hoy. Y es que, a pesar de que he intentado divulgar un poco el imprescindible legado de Tadahito Mochinaga, Tadanari Okamoto o Noburô Ôfuji, algo me resonaba por dentro continuamente: ¿y las mujeres en el anime? ¿dónde estaban? ¿dónde están? Porque haberlas, las hubo y las hay. Y no pocas. Pero creo que es de dominio público el recio machismo de la sociedad japonesa, por lo que su posición en el mundo de la animación estaba supeditada a la masculina. Aunque la presencia femenina puede rastrearse desde los años 50 y en abundancia, sus puestos eran menores. Por realizar el mismo trabajo recibían un sueldo considerablemente más bajo, no se les solían ofrecer tareas creativas o de cierta importancia; y en cuanto se casaban debían abandonar, según contrato además, su empleo, por lo que las posibilidades de medrar y desarrollarse profesionalmente eran casi nulas.

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“Mujer joven saltando desde el balcón del templo Kiyomizu” (1765) de Suzuki Harunobu

Al contrario que en el manga, donde la mujer fue ocupando su espacio a partir sobre todo de los años 70, el anime mantuvo una robusta presencia masculina. De hecho, actualmente todavía existe una enorme brecha entre hombres y mujeres, un techo de cristal que, poco a poco y lentamente, va tornándose más permeable. Aunque las mujeres ya están realizando labores fundamentales, como el diseño de personajes o la key animation, la dirección aún permanece sobre todo en manos varoniles. Así pues, la entrada de hoy está dedicada a esas personas que trabajaron y trabajan en un medio todavía adverso, luchando día a día contra los prejuicios, la minusvaloración y el desdén. Mujeres que decidieron saltar al vacío a pesar de las circunstancias y que han hecho, y están haciendo, historia en la animación japonesa. Cada vez van apareciendo más, con un talento equiparable y en ocasiones superior al de sus colegas masculinos, ocupando un lugar que les pertenece por derecho propio como los seres humanos con capacidad de pensar y crear que son.

Así que, un poco más abajo, tenéis a vuestra disposición una lista con 10 animadoras que merecen atención. Es probable que conozcáis a casi todas porque, como es patente, no son muchas las que consiguen asomar su cabeza a la superficie. La gran mayoría de mujeres que trabajan en el anime continúa desarrollando tareas en las que es difícil hacerse un nombre o destacar. Aunque, de forma paulatina, el panorama va virando. Las mujeres hemos estado en el mundo de la animación desde sus inicios, artistas como mi amada Lotte Reiniger (1899-1981), Lillian Friedman (1912-1989) o  Laverne Harding (1905-1984) son la muestra de ello, pero esta disciplina siempre ha sido un club de chicos. Muchas animadoras simplemente no aparecían en los créditos por el hecho de ser mujeres; otras optaban por cambiarse el nombre a su versión masculina para evitar ser ninguneadas.

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Las novelas de “Seirei no Moribito” (Kaiseisha, 1996) de Naoko Uehashi fueron ilustradas por Makiko Futaki.

En Occidente no lo tuvieron nada fácil, sin embargo en Japón las perspectivas eran todavía menos halagüeñas. Toei Doga o Mushi Pro contaban con personal femenino, pero no dejaban de reflejar la sociedad reaccionaria de la que habían surgido. Aunque hubo creadoras que combatieron con tenacidad la desigualdad, como Reiko Okuyama o Kazuko Nakamura, de las que hablo un poquito en el listado.

También en Ghibli, por nombrar otros estudios emblemáticos, trabajaron y continúan trabajando artistas como Masako Shinohara, que comenzó en Toei como el propio Miyazaki; Megumi Kagawa, que ha intervenido en todos y cada uno de los films de los estudios; Atsuko Kanaka, una de las mejores especialistas en escenas de acción de la actualidad; y la fallecida en 2016 Makiko Futaki, uno de los tesoros mejor guardados de Ghibli y cuya indeleble huella la podemos encontrar tanto en sus producciones como en otras obras legendarias como Tenshi no Tamago (1985),  Ginga Tetsudô no Yoru (1985) o Akira (1988). Mientras, todavía hay que soportar comentarios sexistas como el de esta noticia, que Hiromasa Yonebayashi utiliza para justificar que aún no haya entre las filas de Ghibli ni una sola directora. Por lo que en honor a todas esas mujeres que han trabajado, y trabajan, en el mundo de la animación japonesa va esta entradilla. En un siglo de anime también el esfuerzo y sudor de las mujeres poseen su lugar. Ojalá no hubiera que prestar atención al hecho de si el que ha dirigido tal obra o escrito tal guion es hombre o mujer. Ojalá. Sin embargo, mientras el mundo resulte así de desigual y subestime de forma tan injusta el empeño y labor de la mitad de la población del planeta, habrá que continuar alzando la voz.

 


 

Saori Shiroki (1984, Tokio) es una animadora independiente centrada en la realización de cortometrajes. Se ha especializado en la técnica paint-on-glass o pintura al óleo sobre cristal, y su estilo está muy influido por la animación europea de Aleksandr Petrov o Caroline Leaf. Este tipo de arte es una herramienta extraordinaria, si se sabe utilizar con la suficiente pericia, para expresar la intensidad y el fluir de las emociones. Y Shiroki es una verdadera maestra, pues con gran sofisticación consigue hacerlo. Sus obras, hasta ahora, poseen una robusta carga simbólica que las hace suavemente melancólicas, capaces de invocar sentimientos que se sentían ya lejanos. Y no trata temas sencillos (la muerte, el maltrato, la soledad), además siempre acude a recursos más propios del cine mudo que del mundo de la animación para brindar más efectismo a sus cuentos. Una creadora a quien no perder de vista.

Obras de interés: Monotonous Purgatory (2012), Yubi wo Nusunda Onna (2010)

 


 

Rie Matsumoto (1985, Japón) es una de las mentes más creativas que hay en estos momentos pululando en el mundillo del anime. No estoy exagerando, a esta mujer no le ha importado en ningún instante correr riesgos; y posee un background estilístico para mear y no echar gota. Le gusta jugar y experimentar con diversas influencias, lo que resulta maravilloso. Esa es su filosofía, aunque en ocasiones choque frontalmente con los acostumbrados corsés de la industria de la animación. Porque lo suyo es ganar dinero, las aspiraciones artísticas no son prioritarias para el negocio. Y estas constricciones son las que pueden acabar sofocando la llama de esta creadora. En Kekkai Sensen se la vio un poquillo apurada, sin embargo el resultado fue estupendo, sobre todo si lo comparamos con lo que está siendo la actual segunda temporada. No obstante, es en Kyôsôgiga donde podemos apreciar a una Matsumoto en su salsa; y con el generoso horizonte que otorga pensar que estamos solamente ante sus primeras obras, podemos sentirnos relativamente tranquilos. Rie Matsumoto tiene bastante que ofrecer aún, mucho que madurar y evolucionar. Y con semejante talento, esperamos grandes cosas de ella. Veremos si acaba superando nuestras expectativas. O no.

Obras de interés: Kekkai Sensen (2015), Kyôsôgiga (2013)

 


 

Kiyoko Sayama (1975, Saitama) ha dirigido unos cuantos animierder, no es por nada. Vampire Knight es una bosta gigantesca, y con un fandom tan enorme como el hedor que desprende. Pero no estoy aquí para ganarme enemigos, ni tampoco para que huyáis de esta señora. La he incluido por buenos motivos. Muchas veces en la vida no se puede elegir, y toca apechugar con lo que toca de la mejor forma posible. Y Sayama-sensei sabe dirigir. Es extremadamente competente. Además, como no podía ser de otra forma, ha estado involucrada en proyectos como Romeo x Juliet (2007), Nana (2006-2007) o Seirei no Moribito (2007) que compensan los bodrios en los que ha tenido que trabajar. Sin embargo, no se debe olvidar que se trata de una animadora orientada ante todo a la vertiente más comercial del anime, en la que se mueve con soltura y eficacia. ¿Es eso malo? No tiene por qué, pero también es cierto que en el mainstream hay muchas más posibilidades de tropezarse con un zarrio. Al menos con Kiyoko Sayama está garantizada la profesionalidad.

Obras de interés: Seirei no Moribito (2007), Skip Beat! (2008), Vampire Knight (2008)

 


 

Sayo Yamamoto (1977, Tokio) es una de las animadoras más populares de la actualidad. Obras como Michiko to Hatchin, que se han hecho hace tiempo ya un merecido hueco en el kokoro de los otacos, o la celebérrima Yuri!! on Ice la han catapultado a la fama. Estos anime pueden gustar más o menos, lo que es indudable es el talento de esta mujer, que hasta el mismo Satoshi Kon supo apreciar, invitándola a colaborar con él en Millennium Actress (2002). Aunque por cuestiones de políticas de estudio el asunto no llegó a cuajar. Lástima. Yamamoto ha trabajado en numerosos proyectos como Samurai Champloo (2004), que fue un antes y un después a nivel creativo para ella, X (2001), Space Dandy (2014) y un largo etcétera; además en diversos puestos, que oscilaron entre el storyboard, la dirección de episodios o la dirección asistencial. Siempre ha procurado aprender lo máximo posible del puesto que ha ocupado, y siempre ha insistido en crear personajes femeninos fuertes, que dejaran su marca como dueñas de su destino.

Obras de interés: Michiko to Hatchin (2008), Ergo Proxy (2006), Lupin III: the woman called Fujiko Mine (2012)

 


 

Con Reiko Okuyama  (1935-2007, Miyagi) voy a detenerme un poquito más, ya que se trata de una de las animadoras más importantes de la historia de Japón. Junto a Kazuko Nakamura, cambió muchas cosas. Ambas fueron pioneras en muchos aspectos.

Okuyama-sensei tuvo una infancia enfermiza que pasó sobre todo en cama, por lo que pronto desarrolló un gusto especial por el dibujo. Por no decir que era una chica rebelde que leía a Shakespeare y a Simone de Beauvoir. Sin embargo, su llegada a la animación fue casi accidental, pues cuando se presentó en Toei Doga para conseguir empleo, pensó que se trataba de una editorial que buscaba ilustradores para cuentos infantiles. Esto no la amilanó, ni mucho menos, y comenzó a trabajar para ellos como in-betweener o interpoladora. Esto sucedió en 1957, y en 1959, a pesar de la discriminación sexual que existía en la empresa, ascendió al puesto de segunda animadora. Pero las cosas se torcieron cuando se casó con su compañero de trabajo Yôichi Kotabe y quedó embarazada. Toei Doga esperaba que dejara su empleo y se convirtiera en ama de casa; sin embargo, Okuyama no lo hizo. Aunque los estudios amenazaron con despedir a su marido, ella no cedió y con el apoyo de los sindicatos del medio, entre cuyos miembros más activos estaba Isao Takahata, consiguió uno de los grandes logros laborales para la mujer, no solo en el gremio de la animación, sino en toda la nación: las japonesas, a partir de entonces, ya podrían casarse y tener hijos sin la obligación de renunciar a sus carreras profesionales.

Continuó trabajando para Toei Doga hasta 1976, donde fue la segunda al mando, por ejemplo, justo detrás de Miyazaki en la película Horus, Prince of the sun. A partir de entonces, trabajó como freelance junto a su marido en numeroso proyectos como Marco (1976) Taro, the Dragon boy (1979) o Jarinko Chie (1981), aunque también empezó a ilustrar libros para niños. Hasta que falleció en 2007, continuó dibujando y ocupándose de la animación.

Obras de interés: Mazinger Z (1972-1974), Hotaru no Naka (1988), Sally the Witch (1966-1968), Horus, Prince of the sun (1968)

 


 

Kazuko Nakamura (1934, Japón) es la primera mujer japonesa que se dedicó a los dibujos animados, por eso muchos la llaman “la madre del anime“. También fue la primera en dirigir la animación de una serie de TV completa: Ribbon no Kishi.

En 1956, Nakamura-sensei empezó a trabajar en Nichidô Eiga, un año después los estudios fueron absorbidos por Toei y se convirtieron en Toei Doga. Pero no duró mucho por allí, pues Osamu Tezuka, mientras visitaba el estudio para trabajar en Saiyûki (1960), se percató de sus impresionantes habilidades y la reclutó para su propia productora: Mushi Pro. Kazuko Nakamura estaba encantada, pues el ambiente de libertad creativa que se respiraba en Mushi Pro era muy diferente del de Toei Doga, en el que además tenía que lidiar con un recalcitrante sexismo. Nakamura pudo desarrollar su potencial casi en plenitud, pues aunque no consiguió dirigir como tal una obra, si logró convertirse en su animadora más importante. Fue en las dos primera películas de Animerama1001 Nights (1969) y Cleopatra (1970), donde Nakamura dejó su huella de manera más elocuente. Los diseños de los personajes femeninos se alejaban por completo de la acostumbrada hipersexualización, redefiniendo la feminidad de una forma más natural y emotiva. Osamu Tezuka apreciaba mucho a Kazuko Nakamura, ella fue una de esas escasas personas a las que acudió luego tras el desmantelamiento de Mushi Pro.

Obras de interés: Ribbon no Kishi (1967-1968), Aru Machi Kado no Monogatari (1962), Cleopatra (1970)

 


 

Sôbi Yamamoto (1990, Hiroshima) es la más joven de las animadoras elegidas para la lista. Y aunque todavía está un poquillo verde, con la sombra de Makoto Shinkai bastante visible en su obra, promete mucho, sobre todo dentro del sekaikei y yaoi. Es una creadora eminentemente indie, pero esto puede cambiar muy pronto. Solo para empezar, Studios Deen confió en ella para dirigir Meganebu!, un anime un pelín tontorrón pero que hará las delicias de aquellos que disfruten con historias donde la sencillez y la diversión primen. Un producto ligero y alegre para matar el tiempo, muy bien estructurado. Y ese parece ser, de momento, el camino elegido por Yamamoto, el de los relatos cotidianos donde las personas, sus sentimientos y percepción del mundo son esenciales. Un enfoque reflexivo y comercial a la vez, veremos con qué nos sorprende en el futuro.

Obras de interés: Meganebu! (2013), Robotica*Robotics (2010)

 


 

Atsuko Ishizuka (1981, Okazaki) llegó a esto de la animación un poco por casualidad. A ella lo que realmente le interesaba, desde el instituto, eran las artes gráficas y la música, por lo que solía realizar vídeo musicales animados. Uno de estos cortos, Gravitation (2003), llamó la atención simultáneamente de Madhouse y de NHK, ofreciéndole ambos una oportunidad para trabajar con ellos. Ishizuka eligió los estudios, ocupando el puesto de asistente de producción. Pero NHK no se rindió, y negoció con Madhouse una colaboración con su nueva empleada para realizar un video-clip: Tsuki-waltz (2004). Esa sería su primera obra profesional. A partir de entonces, Ishizuka iría ascendiendo en Madhouse, logrando trabajar en posiciones de mayor responsabilidad e importancia. Es una mujer diligente a la que le gusta ponerse a prueba, y uno de los cerebros creativos actuales de los estudios.

Obras de interés: Nana (2006-2007), Aoi Bungaku (2009), No Game No Life (2014)

 


 

Fusako Yusaki (1937, Fukuoka) es una especialista en claymation o animación con arcilla. De hecho es conocida en Italia como la regina della plastilina. Y es un título bien merecido que no seré yo quien lo discuta. ¿Y por qué es tan famosa en el país con forma de bota? Pues porque muy pronto, recién graduada en Bellas Artes, consiguió una beca para estudiar en  L’Accademia di Belle Arti di Brera, en Milán, allá en un lejano 1964. Y ya no volvió a Japón. Fue una buena decisión por su parte quedarse en Europa, pues con toda probabilidad en su tierra no habría tenido las mismas oportunidades. Y eso que en esa época tampoco por aquí las cosas eran estupendas para las mujeres. Fundó sus propios estudios independientes, Studio Yusaki, y empezó a trabajar realizando spots televisivos y colaborando con la RAI y la NHK.

Yusaki-sensei fue una auténtica pionera, pues en la década de los 60 eran contadas con los dedos de una mano las mujeres que conseguían hacerse un nombre y triunfar. A lo largo de su carrera ha logrado multitud de galardones, ha sido jurado en los festivales de Annecy, Zagreb, Hiroshima, etc., y es profesora en l’Istituto Europeo di Design de Milán. Además sus películas forman parte de la exposición permanente del Museo Hara de Arte Contemporáneo, en Tokio. Fusako Yusaki es una leyenda que, más allá de Italia o Japón, apenas es conocida. Y es algo a lo que debería ponerse remedio.

Obras de interés: Naccio + Pomm (2001-2016), Peo in Svizzera (1997-2002), L’albero azzurro (1990- )

 


 

Fumiko Magari (1936, Okayama) es profesora en la Escuela de Animación Artística Laputa y dirige su propio estudio de animación, Magari Jimusho. Está especializada en stop-motion y ha realizado cientos de anuncios para la televisión, aunque ha trabajado en distintos campos, no solo el de la publicidad. El vídeo sobre consejos nutricionales que tenéis debajo forma parte de una serie de encargos que le hizo Nestlé en 2015. Es una de las mejores animadoras actuales en su especialidad, y no podía ser menos, pues se formó y comenzó a trabajar con los mejores: en MOM Production junto a Tadahito Mochinaga y en diversos proyectos con Tadanari Okamoto. No es muy fácil hallar material suyo en la red (¡y eso que es abundante!), pero si se es persistente, pueden encontrarse algunas cosillas. Y merecen muchísimo la pena echarles un vistazo. Fumiko Magari no solo trabaja el stop-motion o las marionetas, siempre ha estado abierta a otras técnicas y en sus más de cincuenta años de carrera así lo ha ido demostrando. No obstante, aunque recurre en ocasiones al CGI, es absoluta partidaria del trabajo manual. Es una artesana de corazón. Sus obras forman parte de los recuerdos de millones de japoneses, solo falta que la podamos descubrir en Occidente adecuadamente.

Obras de interés: Woof, the little bear (1983), Kentoshi monogatari (1999), Nutcracker Fantasy (1979), The New adventures of Pinocchio (1960)

 


Podría haber añadido también a Michiyo Yasuda, veterana de Ghibli que nos dejó el pasado octubre de 2016; Yoshihiko Takakura, responsable de la animación en decenas de episodios y películas de Crayon Shin-chan; a Yamada Naoko, que forma parte de KyoAni y ha llevado la batuta en series como K-On! o Tamako Market; a Kon Chiaki, que ha dirigido un montonazo de series para ser mujer (Nodame Cantabile, Junjô Romantica, Golden Time, etc); a Kase Mitsuko, responsable de dirigir Ristorante Paradiso o realizar el storyboard de InuYasha; o a Jinbo Matsue, una de las primeras directoras de anime de la historia. Y otras cuantas más pero, como siempre indico, esta es mi selección personal y no tiene por qué coincidir con el criterio más extendido.

Espero que esta entrada os estimule a querer conocer y apoyar más a las animadoras japonesas. Personas de indudable capacidad y talento que merecen el mismo reconocimiento y oportunidades que sus colegas masculinos. Si además escribes en un blog, te animo a que dediques entradas a creadoras y profesionales del anime, entre todos podemos darles más presencia y contribuir con nuestro granito de arena a una mayor difusión de sus trabajos. Lo merecen. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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¡Sin Orden ni Concierto en la radio!

Lo anuncié un poco de pasada en twitter, pero es cierto. SOnC tiene su pequeño espacio radiofónico en el programa Somos Series, que acaba de comenzar su andadura en la emisora Eres Radio, en el 91.2 de la FM de Madrid. Se trata de un proyecto coordinado y presentado por los periodistas David Cuevas y Jesús Ortega, en el que colaboramos un porrón de gente tratando distintas temáticas: videojuegos, crimen, historia, juegos de rol y… anime. Como el nombre indica, Somos Series está dedicado a series de televisión. Porsiaca. Y se emite en riguroso directo todos los jueves de 6 a 8 de la tarde.

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Así que ahí estaré una vez al mes, difundiendo la Sagrada Palabra Otaca a través de las ondas hertzianas hacia todo el universo. La sección mantiene el mismo nombre que el blog, pero al disponer de solo 10-15 minutos, se centrará sobre todo en series televisivas. Los contenidos tampoco serán tan especializados como en la bitácora escrita; y ya que se trata de un programa dirigido a una audiencia neófita, tendrá unas características diferentes.

  • Ausencia de la nomenclatura japonesa. Los títulos de las obras estarán en inglés o español para evitar confusiones.
  • Descarte de las demografías tradicionales shônen, shôjo, josei y seinen, que tienen cierto poso sexista y que además son poco conocidas por los occidentales profanos. Apuesta por los géneros habituales para la clasificación de anime: drama, terror, comedia, fantasía, ciencia-ficción, etc.
  • Salvo excepciones, se hablará exclusivamente sobre anime televisivo con una orientación más comercial que en la bitácora. Pero sin perder la personalidad de SOnC… prometo sorpresas, camaradas otacos.

Para todo lo demás, estará, como siempre, el blog, que es la raíz, corazón y cerebro de su vástago radiofónico. Y en el reproductor de un poco más abajo tenéis el programa enterito. No he dispuesto aún del tiempo necesario para poder escucharlo al completo, ni siquiera mi propia colaboración, por lo que no sé qué tal habrá salido. Si he de ser sincera, por mi parte fue un completo caos. Ahora me río, pero en el momento en el que me llamaron por teléfono estaba cagándome en todo lo cagable de la galaxia. ¿Por qué? Durante las tardes de los martes y jueves me encuentro en la Escuela Oficial de Idiomas aprendiendo mandarín. Tuve que escabullirme de clase y meterme en los baños para buscar algo de tranquilidad, pero nanay. Gente entrando, saliendo, tirando de la cadena, hablando… y con el estupendo plus de que se fue la luz en el ala oriental por un buen rato. Aun así, espero que disfrutéis del programa y de mi intervención, donde hablé un poquito de los estrenos destacados animescos en Netflix, Amazon Prime y la televisión japonesa. Dentro de unas semanas haré un resumen del 2017, con 5 anime estupendos y 5 anime decepcionantes, más o menos como lo que he ido realizando todos estos pasados años. Seguirá teniendo su versión bloguera, por supuesto, bastante más detallada.

Y, por supuesto, añado más aventuras radiofónicas, esta vez sin relación alguna con el mundo japonés, pero que estoy realizando con muchísima ilusión. En esta ocasión en una emisora local de la ciudad donde resido, Zaragoza: Radio Mai, 102.8 FM. Se llama Versus y en él yo me lo guiso y yo me lo como todo: guion, locución, ejecución técnica, etc. Se trata de un proyecto mucho más personal. Es un programa eminentemente musical, donde enfrento dos discos míticos de la música popular de los ss. XX-XXI y animo a la gente a participar para que elijan un vencedor. Para tal efecto, dejo disponible durante una semanita una encuesta en twitter.

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Empecé con esto de la radio con apenas dieciséis añitos, y ha sido siempre una constante en mi vida. He pasado por numerosas emisoras trabajando de técnico, dirigiendo programas, locutando, de invitada, de colaboradora… de todo. Porque en la radio siempre te toca de todo. Y aquí seguimos, es difícil deshacerse del virus una vez se inocula, ¡y que no me apetece para nada librarme de él, carallo! Hacer radio es una de las actividades más placenteras de mi vida junto a la lectura, la escritura y la composición musical. No podría subsistir sin ella. De momento, por la corta existencia de Versus han desfilado Joy Division, Siouxsie and the Banshees, The B52’s, R.E.M, Nara Leâo, Maysa, AC/DC… y este próximo miércoles enfrentaré a los legendarios Saicos de Perú contra los estadounidenses Sonics. Será una batalla interesante.

Admito que la otaquería suele tener unos gustos musicales radicalmente opuestos a los míos, que poquita cosa del J-Pop y derivados suelo aguantar, pero nunca se sabe. Os dejo en el reproductor de arriba el último Versus dedicado al Debut (1993) de Björk y el Born to Die (2012) de Lana del Rey. Si sentís más curiosidad, aquí tenéis el canal de ivoox donde podréis encontrar todos los programas emitidos hasta ahora. Gracias por vuestro apoyo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Los cuentos del viento o de cómo los gatos pueden volar

La reseña de hoy para mí es muy especial, pues está dedicada a uno de mis anime favoritos. Adoro un montón de series y películas animadas, me resulta tedioso (y complicado) hacer listados y demás zarandajas bastante, aunque reconozco que son perfectos para atraer y distraer a los lectores; sin embargo, si tuviera que realizar un top 10 con mis slice of life preferidos, Fûjin Monogatari o Windy Tales (2004) estaría entre ellos sin ninguna duda. Creo que no es muy conocido, aunque me gustaría pensar lo contrario, pues se trata de una serie realmente atípica. Quizá por eso mismo no suele ser recordada ni apreciada por la otaquería, así que desde SOnC vamos intentar apañar un poco ese injusto despiste.

Fûjin Monogatari utiliza en su receta todos los ingredientes habituales de un anime sobre vida escolar y slice of life. Y eso, a priori, para mí era un problema. Los school life a menudo acaban cansándome porque siempre trabajan el tema de la preadolescencia y la pubertad de la misma manera, parecen fotocopias. Y si ya brota el típico romance que deja todo con una baba pringosa a su paso, adiós muy buenas. De ahí que suela huir del género, y tiene que ser algo cocinado de forma un poco distinta para que lo vea hasta el final. Y lo disfrute, claro. Pues Windy Tales fue un descubrimiento total para mí, y una grata sorpresa. Fûjin Monogatari me conquistó por completo (y no solo porque salieran gatos por doquier, ¡viva!).

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Nao y Ryôko

Realizado por Production I.G. en 2004, consta de 13 episodios que fueron dirigidos por Junji Mishimura e Itsurô Kawasaki. Es curioso, porque de estos dos directores me ha gustado muy poca cosa de su trabajo, sin embargo Fûjin Monogatari brilla en toda su filmografía como una gema extraña. No hay nada en sus carreras, al menos de momento, que pueda equipararse al resto de sus creaciones en términos de calidad y rareza.

El argumento arranca con Nao Ueshima y Miki Kataoka, ambas miembros del Club de de Fotografía Digital del instituto. A Nao le encanta captar con su cámara las nubes, siente fascinación por cómo el viento las moldea, así que suele subir a la azotea a menudo para fotografiarlas. Pero un día, observa que un gato, lánguidamente, comienza a volar… ¡junto a otras decenas de gatos que parecen flotar en el viento! Totalmente asombrada, se descuida y al intentar atrapar con su cámara el prodigio, se precipita al vacío. La intervención del profesor Taiki, que lanza hacia ella una fuerte corriente de aire, la libran de una muerte segura; pero Nao, intrigada, sabe lo que ha visto, y se percata de lo ocurrido. Así que decide averiguar cómo es posible que alguien pueda manipular y controlar el viento. Esto la conduce a ella, a Miki y Jun-kun, que anda enamoriscado de Miki, hacia el pueblo de Taiki-sensei, para pedirle que les enseñe esa destreza. Una destreza que se puede aprender, pues Ryôko, que también suele subir al tejado a alimentar al Gato del Viento, ha sido discípula de Taiki allí mismo.

Así que en Fûjin Monogatari, como en cualquier otro anime escolar, podemos esperar el primer beso, el festival escolar, la compañera modelo y actriz, la excursión estival, el concurso de actividades extraescolares, la visita a la enfermería, etc. Los típicos elementos que se encuentran en un school life, así como los problemas habituales con los que deben lidiar los adolescentes, se trabajan en Fûjin Monogatari, pero es su peculiar enfoque el que lo cambia todo. Hasta los personajes son un poquitín los acostumbrados en un inicio: Miki, entusiasta e impulsiva; Ryôko, tímida y sensible; Nao, sensata y soñadora; Jun, irreflexivo y leal. Sin embargo, conforme el anime progresa, sus personalidades van adquiriendo más y más matices, asentando unas personalidades creíbles y realistas. Y otros personajes, que aparecen esbozados mediante brochazos dispersos, van ganando profundidad. Poco a poco, porque Cuentos del viento se toma su tiempo.

El aire, el viento es el leitmotiv de Fûjin Monogatari, y vertebra tanto sus historias como su cadencia. Es la metáfora real y absoluta, no se casa con nadie pero es una presencia continua y necesaria. También los gatos son un recurso constante. Ellos introducen el misterio del control del viento, y sus peludas figuras surgen everywhere, desde marcas de refrescos, bentô, ropa, etc; hasta en los eyecatchers insertados para dividir los capítulos, donde aparecen con sus propios nombres y características. Cuentos del viento es un anime creado por amantes de gatos para amantes de gatos. Ellos son los únicos en la serie que de manera instintiva han aprendido a manejar los vientos y sus corrientes, utilizándolos a voluntad. Hay momentos verdaderamente oníricos con ellos de estrellas absolutas, una pizca de humor absurdo los rodea también.  Pero la comedia en Fûjin Monogatari es bastante austera, circunscrita sobre todo a Jun Nomura. Además, conforme el anime va alcanzando su final, una leve melancolía va cubriéndolo todo.

Es recomendable ver la serie poco a poco, un atracón de Fûjin Monogatari es desaprovecharla por completo. Se trata de un anime que marca un ritmo sosegado, de ahí que sea preferible degustarlo con calma. Salvo los dos primeros episodios, que presentan la historia de los Manipuladores del Viento, la serie está estructurada como diferentes miniaturas que presentan una parte del mundo donde Nao y sus amigos viven. Un mundo, por otro lado, muy normal. Quizá sea esa peculiar mixtura entre lo normal y lo maravilloso, tan límpida y estable, la que otorga a Fûjin Monogatari ese donaire tan especial. Estas miniaturas, que son los distintos episodios, presentan pequeñas historias de gran sencillez donde vamos conociendo a todos los personajes. El desarrollo de sus psicologías, su crecimiento y evolución personal, son llevados de manera paulatina, casi imperceptible, y con mucha naturalidad. Hay que destacar también que la arquitectura interna de los capítulos en bastantes ocasiones no es lineal, se nota el esfuerzo por trabajar cada episodio individualmente, para otorgarle su propio sello distintivo.

Otra de las cosas que me encantan de Cuentos del viento es la inexistencia de oposición entre el universo adulto y el de los adolescentes. No existe esa dicotomía, aunque los personajes sí tengan claro su rango de edad. A pesar de que los protagonistas principales son jóvenes, la perspectiva que ofrece el anime es amplia, muestra una misma realidad pero conformada de los distintos puntos de vista de los personajes. Los adultos no se encuentran alejados o en una esfera superior, están ahí, formando parte de la misma vida. Esa falta del habitual egocentrismo quinceañero, tan abundante en este tipo de series; así como de la ausencia de montañas rusas emocionales, en las que los chavales se creen eternas víctimas, son un auténtico soplo de aire fresco.

Si hay algo que llama la atención de Fûjin Monogatari es, sin duda, su arte. No tiene nada que ver con el estándar del anime, si hay que buscarle una filiación claramente es la vanguardia de los mangas publicados por Garô. Autores como Shigeru Tamura o Seiichi Hayashi son influencias muy evidentes. Esto vincula la serie a una faceta experimental robusta, que se centra en una severa simplicidad en la línea del dibujo por un lado, y una explosión de color por el otro. El resultado es muy, muy expresivo; los diseños angulosos de reminiscencias geométricas, sin apenas volumen, pueden evocar en cierta manera las formas del cubismo, aunque también se muestra cierta tendencia a la abstracción. A veces parecen simples bocetos en movimiento; y esos cielos, de maravillosas nubes imposibles y azul infinito, son hipnóticos.

Sin embargo, a pesar de ese amor feroz hacia el minimalismo en el trazo, que para un ojo poco acostumbrado puede pasar por desidia, los fondos poseen una minuciosidad y cuidado sorprendentes, que contrastan con la extrema sencillez de las figuras humanas. No obstante, cuando se requiere, las escenas pueden llegar a ser increíblemente detalladas y realistas. No en vano, hay que tener presente que el director artístico de Fûjin Monogatari fue Shichiro Kobayashi, que trabajó en la impresionante e indispensable Tenshi no Tamago (1985).

No suelo distraerme mucho con el aspecto musical de las series, porque la mayoría de las veces suele ser una decepción para mí si no una auténtica tortura. Para Cuentos del viento Kenji Kawai compuso una banda sonora etérea, abierta y sencilla. Como el mismo viento. Su presencia es la justa y las melodías fácilmente reconocibles y bonitas. Me gusta mucho. Como todo Fûjin Monogatari, posee un espíritu netamente japonés. Y eso puede resultar un obstáculo importante para los paladares otacos occidentales, que están acostumbrados a productos más intensos. Este anime destaca por la sutilidad y la armonía que emana, que quizá resulten insípidas para aquellos que esperen algo más de drama, algo más de romance, algo más de acción. Cuentos del viento es una obra serena y que, aunque no esconde grandes enseñanzas ni es especialmente trascendente, resulta muy eficaz a la hora de contar sus pequeñas historias cotidianas. Sin aspavientos, sin afectación. El elemento fantástico se encuentra insertado de tal forma en el argumento que la sensación es la de estar viendo un tierno cuento surrealista. Es todo muy apacible; sueños, fantasía y realidad se engarzan con suavidad, fluyendo plácidamente.

En general, Fûjin Monogatari es un slice of life ligero, delicado y extraño. Como una brisa fresca, pasa abriendo suavemente las ventanas y moviendo los visillos; trae aromas de parajes familiares y agradables, sin detenerse demasiado en el melodrama que suele acompañar las vivencias de adolescentes, lo que es un alivio tremendo. Como suele ocurrir con las series de capítulos autoconclusivos, nunca tuvo muchas papeletas para gustar a una mayoría, pero aquellos que deseen saborear un anime diferente, que ni siquiera necesita recurrir a las tradicionales demografías japonesas (¡BIEEEN!), y disfrutar de la belleza de las teselas y del mosaico a la vez, Cuentos del viento puede resultar perfecto. Elegante y equilibrado, desde luego no fue creado para que lo apreciara un público masivo; no obstante, tampoco carece de comercialidad, solo requiere del espectador una mínima atención para captar sus sutilezas. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Microrreseña: Umami de Ken Niimura

Vuelven las Microrreseñas, esta vez con el primer número del esperadísimo nuevo tebeo de Ken Niimura. ¡Qué ganicas tenía ya de hincar el diente a material fresco! En esta ocasión el mangaka hispano-japonés nos presenta un cómic con la gastronomía como telón de fondo. Y ocupando un espacio también importante en su historia, claro. Su nombre: Umami.

Como todos los que me leáis a menudo ya sabréis, soy espantosa en la cocina, la destructora de los fogones, apodada también “La Carbonizadora de los Nauts Pirenèus“. Es una frustración muy grande resultar una abominación en cuestiones culinarias, y no será porque no le haya puesto ganas. Uno de mis mejores amigos, al que quiero un montón, es un chef maravilloso (y al único que le permito que me cocine carne, por lo demás podríamos decir que soy vegetariana) y se ríe mucho con mis sufrimientos. Alguna vez le ha tocado padecerlos también, con todo el estoicismo que le brinda su profesionalidad. El día que comió el bizcocho amorfo de dulce de leche que horneé no dijo ni pío, es un santo. ¿Y qué hace una criminal de la cocina como yo leyendo un manga así? Pues disfrutar, como puede hacer cualquier hijo de vecino, porque este primer episodio ha sido genial.

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Hacen falta dos para cocinar: las aventuras de una chef y una cocinera.

Dos chicas, de caracteres muy distintos, unen sus caminos para llegar a la capital del reino. Una necesita conseguir sal, pues parece que todas las poblaciones de las inmediaciones de Minas Alba, su aldea, se encuentran desabastecidas. Otra se dirige al palacio del Rey, donde tendrá el gran honor de trabajar entre sus fogones. A ambas les encanta cocinar, pero con dos puntos de vista diferentes. Mientras nuestra protagonista diminuta otorga prioridad a la diversión y la espontaneidad, su espigada compañera de viaje es una orgullosa alumna de la Academia Real de Artes Culinarias, donde se forma a los mejores profesionales de la disciplina con las últimas técnicas y deliciosas recetas. Como el agua y el aceite, sin embargo las cualidades de ambas combinadas son imprescindibles para cocinar bien. ¿Qué aventuras les esperan recorriendo el país? Ah, pues para conocerlas habrá que leer Umami, por supuesto.

Umami hace referencia al quinto de los sabores básicos, identificado científicamente en 1908 por el profesor de química de la Universidad Imperial de Tokio Kikunae Ikeda. Creó este neologismo para designar este nuevo sabor, haciéndolo universal. Su traducción al castellano sería algo así como “sabroso, delicioso”. Es el que brinda palatabilidad a los alimentos, el que nos hace disfrutar. Y también es un juego de palabras… que para poder desentrañar no hay que perderse el tebeo.

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Este primer capítulo es fresco y dinámico, realmente entretenido y con un sentido del humor muy especial, a veces absurdo, otras insolente; pero siempre luminoso. La disposición de las viñetas para su lectura en pantalla informática es buena, con mucho ritmo y acomodada a una acción trepidante que estalla en un arte lleno de fuerza y cierta ingenuidad también.  Lo que me encanta de Umami, además, es cómo acerca el mundo del cómic occidental y el oriental y los fusiona con total naturalidad. Y es que, en realidad, estamos hablando del mismo medio, así que su combinación no deja de ser algo lógico y enriquecedor.

En este enlace puedes descargar Umami (2017) desde la web de Panel Syndicate. Tú marcas el precio de su primer número. La voluntá, como diría aquel. Eh, y disponible en inglés y castellano, camaradas otacos. Umami es un cuento con ingredientes tradicionales, pero que parece que vaya a ser guisado de una manera distinta. Ha comenzado con muy bien pie. Yo le daría una oportunidad, porque la cosa promete. Y mucho. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

HAFU: la experiencia de ser mestizo en Japón

Hace ya un tiempecito que vi el documental protagonista de la entrada de hoy: Hafu: the mixed-race experience in Japan (2013), y aunque tenía un borrador de entrada prácticamente finalizado, ahí lo tenía muerto de risa, olvidado. Pero desde hace bastantes meses. No puede ser, camaradas otacos. Ahora que voy bastante apretada con los horarios de las clases, los exámenes de mandarín, mis obligaciones familiares, la natación, los ensayos y demás actividades radiófonicas, voy a ir desempolvando las entradas a medio cocer que tengo en reserva. Que para momentos así fueron concebidas. Y hoy le ha tocado el turno a esta película, que en su momento me pareció bastante interesante.

Ya sabéis que SOnC hace milenios que dejó de servir en exclusiva a las huestes del animanga para ofrecer también sus favores a otros amos igual de sugestivos, como el cine o la literatura. Así que desconozco hasta qué punto a la otaquería puede interesarle una temática tan alejada del manganime. Pero aquí estamos, escribiendo sobre la xenofobia en Japón. Hafu: the mixed race experience in Japan es una introducción a ciertas facetas de la sociedad nipona que reflejan un conflicto soterrado. Un conflicto de baja intensidad que manifiesta un cambio paulatino, aunque imparable, entre sus habitantes. ¿Es Japón un país esencialmente racista? ¿Qué hay de cierto en esa pretendida homogeneidad étnica de la que se presumía hasta no hace tanto? De manera indirecta, este documental responde a esas preguntas, y lo hace plasmando unos momentos de las vidas de cinco personas hafu. O, lo que es lo mismo, cinco personas con ascendencia japonesa y de otro país.

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Lo que en Europa, América y otras partes del mundo es considerado algo común, en Japón hasta hace escasas décadas no lo era en absoluto. Me refiero a los matrimonios o parejas internacionales. Debido a su historia particular de aislacionismo, Japón no ha sido protagonista de grandes flujos migratorios, haciendo del país un territorio étnicamente más homogéneo que la media. El pueblo yamato o waijin conforma una mayoría aplastante frente a los ainu o ryukyuanos, que son también población autóctona de las islas. También se encuentran en desventaja numérica los coreanos, chinos y taiwaneses, que son los extranjeros más abundantes residentes en Japón (zainichi). Esta falta de variedad (que es donde dicen que reside el buen gusto, por cierto) ha sido motivo de orgullo nacional durante mucho tiempo, lo sigue siendo todavía, y ha servido también para invisibilizar y discriminar a cientos de miles de personas.

Con la apertura al mundo que supuso la Restauración Meiji (1866-1869), Japón necesitaba fortalecer su identidad nacional frente al exterior. Así nació la nihonjinron, una exaltación del yamato-damashii o espíritu japonés, para remarcar su singularidad y diferencia frente al resto de pueblos del planeta. La dicotomía nosotros-los otros fue uno de los ejes de esta política que se vio además afianzada por las victorias bélicas frente a chinos y rusos. A esto hay que sumarle su filosofía de priorizar lo colectivo frente al individuo. En este nosotros no tenía (¿tiene?) cabida lo que no fuera netamente japonés. El culto imperial sublimaba toda esta noción totalitaria de la cultura nipona, que arrebataba su legítimo espacio a las minorías étnicas y foráneos, siendo una herramienta de propaganda política poderosísima. Japón es distinto de los demás, Japón es único, Japón es un pueblo superior. Durante el Periodo Taishô y el Shôwa que abarca hasta el desenlace de la II Guerra Mundial, se alcanzaron cotas delirantes de nacionalismo que certificaban la superioridad racial y cultural de los yamato frente al resto de las naciones asiáticas.

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Abanico de Japón y sus aliados (circa. 1930)

Y este clima de efervescencia apoteósica de ultranacionalismo y xenofobia, que ninguneaba y denigraba lo que no fuera puramente japonés (yamato), encajó uno de los golpes más fuertes que pudiera sufrir: la derrota definitiva en la guerra y la ocupación de las tierras niponas por parte de extranjeros, los estadounidenses. Un disparo certero al ego sobredimensionado de la nación, una cura de humildad que asumieron con gran dignidad. Porque aunque el nivel de enardecimiento bajó de intensidad, ese sentimiento de nosotros frente a los otros continuó muy vivo. Hasta bien entrados los años 70 del s. XX, el koseki o libro familiar era un arma arrojadiza para marginar en todos los aspectos de la vida a ainu, burakumin, coreanos, etc. Una segregación racial en toda regla.  La “pureza de la sangre” juega incluso ahora, por desgracia, su papel en la sociedad japonesa, porque la aceptación oficial e inclusión de estas minorías no es prioritaria para los actuales gobiernos japoneses, de tendencia conservadora.

Pero, ¿qué ocurre con los hafu? Hafu proviene del inglés half, y hace referencia a las personas que son mitad japonesas, mitad de otro país. Con la llegada de los norteamericanos a Japón tras la II Guerra Mundial, comenzaron a normalizarse las parejas y matrimonios mixtos, y el nacimiento de niños hafu aumentó. Fue a finales de los años 60, cuando estos niños alcanzaron la mayoría de edad y comenzaron a ser más visibles socialmente, que se acuñó el término. Probablemente arrancase del nombre del grupo Golden Half (Goruden Hafu)que estaba conformado por cinco intérpretes hafu, especializadas en hacer versiones japonesas de éxitos musicales occidentales. Todas tenían madre nipona, siendo sus padres de Tailandia, Italia, Estados Unidos, Alemania y España respectivamente. El quinteto encarnaba el clásico estereotipo que los japoneses tenían de las extranjeras: eran algo impúdicas (llevaban minifaldas y cantaban con voces sexy) y agresivas en su actitud. Aun así, Golden Half lograron bastante éxito, aunque su carrera no fue muy larga. Ellas también fueron las responsables del encasillamiento que, posteriormente, han sufrido muchos hafu: el de pertenecer al mundo del espectáculo y la moda; un universo aparte del de la vida cotidiana de los japoneses-japoneses.

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Las mozas de “Golden Half”

Entonces, ¿en qué espacio se mueven los hafu? ¿Son nosotros o son los otros? Lamentablemente todavía son los otros. Es cierto que resultan mejor aceptados los que poseen ascendencia europea, considerados modelo de belleza y que además personifican el canon de lo que debe ser un hafu. Pero continúan siendo los otros porque no son racialmente puros y, además, ¿qué sucede con el grueso del resto? Aunque los que tienen ciudadanía japonesa no suelen sufrir rechazo institucional y no ven vulnerados sus derechos humanos como otros grupos de personas en Japón, su día a día, su interacción social no es igual a la de un ciudadano japonés sin mestizaje. ¿Por qué motivo? El primero, y más evidente, es que su aspecto físico suele divergir de los nativos. No es solo necesario hablar japonés y ser japonés, sino también parecerlo. Segundo, la propia gente trata a los hafu de forma distinta. Y aquí es donde, por fin, tras este preámbulo, presentamos el documental Hafu: the mixed-race Experience in Japan.

Hafu: the mixed-race Experience in Japan nació como un proyecto muy personal de sus directoras Megumi Nishikura, australiana-japonesa, y Lara Pérez Takagi, hispana-japonesa. Ambas mujeres querían plasmar la realidad de los hafu, más allá del cliché del artista o modelo glamuroso. La vida de personas, orgullosas de su herencia japonesa, pero que no son consideradas enteramente como tales. ¿Cómo afrontar un reto así? ¿Qué hacer para plasmar en imágenes ese cambio gradual que está sufriendo la sociedad de Japón? Para empezar, Nishikura y Pérez Takagi necesitaban dinero, así que decidieron que una parte fuera financiada a través de crowdfunding. Y lo lograron, en un tiempo récord consiguieron la cantidad necesaria para emprender su película. Y aquí las tenéis a ellas, todas contentas por el apoyo recibido, ¡y no solo económico!

Existen otras obras audiovisuales como Smile (2009), serie televisiva de TBS, o la película Doubles (1995), que trabajan una temática similar; sin embargo, Hafu: the mixed-race Experience in Japan resulta mucho más ambiciosa, pues prefiere estampar las vivencias no de una, sino cinco hafu diferentes. La razón es lógica: todas las personas tienen sus propias y muy particulares circunstancias; ningún hafu es igual porque ningún ser humano lo es. Por eso Nishikura y Pérez Takagi decidieron abrir la perspectiva lo máximo posible para mostrar la mayor cantidad de matices posibles. Y la conclusión principal que se saca es que la experiencia de ser mestizo en Japón no es nada sencilla. ¿Y quiénes son ellos? Pues los protagonistas del documental son los siguientes:

hafu7ED es de padre venezolano y madre japonesa. A pesar de que nació en América, se crió en Japón manteniendo la nacionalidad venezolana. Se ha casado con una hafu argelina-japonesa, y piensa en establecerse de forma definitiva en Kansai. Ello implica tener que renunciar a su ciudadanía venezolana, pues ser japonés exige exclusividad. Ed habla de sus vaivenes e incertidumbres identitarias, cómo los sentimientos de pertenencia a un lugar u otro han fluctuado con el tiempo. El conocer a otros hafu y formar la comunidad  Mixed Roots Kansai le ha ayudado a comprender muchos aspectos de sí mismo, y cree que es una base importante para dar visibilidad a más personas como él.

hafu5SOPHIA es de padre japonés y madre australiana. Ha vivido siempre en Sidney y apenas conoce el idioma y las costumbres de Japón. Cree que está perdiendo una parte importante de su herencia, ignorando un mundo del que forma parte también; así que decide ir con su abuela un año, dejando atrás toda su vida, para conocer su otro yo. Empezando desde cero, esperando poder integrarse. Quizá sea esta la historia más floja de las cinco, la que menos interés suscita. Aun así, su punto de vista, aunque no especialmente relevante, completa el horizonte bastante bien.

hafu6ALEX tiene nueve años y es de padre japonés y madre mexicana. Son una familia acomodada muy atenta a la educación y crecimiento de su hijo porque, formando parte de un entorno doméstico multicultural, puede encontrarse con dificultades en un país como Japón. Su hermana pequeña Sara no parece que en el colegio japonés tenga mayores problemas; sin embargo, Alex sí que padece una de las lacras más comunes entre los hafu: el acoso escolar. Así que su madre, después de enviarlo unas semanas a México para que se recupere, decide cambiarlo a un colegio internacional en Nagoya.

hafu4DAVID es de madre ghanesa y padre japonés. Aunque nació en África, se ha criado en Japón en un orfanato con sus otros dos hermanos, pues sus padres se divorciaron ante la incapacidad de su madre de adaptarse al país. Se considera por completo japonés (de hecho me parece el más japonés en su manera de pensar, hablar y actuar de los protagonistas) pero su piel oscura provoca muchos prejuicios entre los que le rodean. Lo consideran directamente gaijin. A pesar de todos estos problemas, David es una persona de voluntad fuerte que recauda fondos para abrir escuelas en su Ghana natal.

hafu8FUSAE no supo que su padre era coreano hasta que cumplió los 16 años. Existe un fuerte prejuicio hacia los zainichi, a los que siempre se ha considerado ciudadanos de tercera, vinculados también a la delincuencia. Para ella supuso un shock, y todavía no entiende cómo no fue capaz de interpretar esos pequeños detalles (familiares hablando con acento fuerte, su abuela cocinando platos coreanos) que indicaban su ascendencia joseon. Aún lucha por encontrar su lugar en Japón, y participar en las actividades de la Mixed Roots Kansai la ayuda bastante.

Hafu: the mixed-race Experience in Japan está planteada de manera sencilla y clara, con alguna steady-cam pero sobre todo cámara en mano, para otorgarle cercanía y realismo. Que de eso se trata, de brindar presencia, de aproximar y dar a conocer la realidad de la multiculturalidad en una de las naciones más homogéneas del planeta. No hay grandes sobresaltos, y las directoras se limitan a reflejar esa parte de las vidas en las que ser hafu los distingue de los demás. Quizá sea ese precisamente uno de sus defectos, la ausencia de un clímax obvio y cierto tono monocorde mientras se suceden las vivencias de los protagonistas. Aunque no por ello resulta un documental aburrido, y además consigue su objetivo plenamente, que es transmitir la complejidad de la cuestión hafu. ¿Lo recomiendo? Absolutamente sí. Es una obra muy atractiva, sobre todo para los que estamos interesados en conocer de Japón algo más que lo obvio; y comprender así más de su idiosincrasia, cómo va mutando en un mundo cada vez más globalizado. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

El hermoso mundo de Kino

En 2013 falleció, para nuestra desgracia, Ryûtarô Nakamura con escasos 58 años. A él le debemos trabajos tan especiales y únicos como Serial Experiments Lain (1998), del que no tardará en caer entrada; trabajó también en clásicos maravillosos como 11-nin Iru! (1986), del que tenéis su reseña aquío dirigió la serie animada protagonista de hoy: Kino no Tabi (2003). Quizá como un homenaje póstumo a su interesante labor, esta temporada otoñal de 2017 tenemos en la cartelera animesca su remake. Como ya comenté en el blog de Otakus Treintañeras, no entiendo la necesidad de recrear obras que son ya estupendas de por sí, a no ser que se desee aportar algo realmente distinto del original. De momento, su nueva versión en los cinco capítulos que he visto no me ha dicho absolutamente nada. Lo veo semanalmente por la curiosidad que me despierta el rostro nuevo de Kino, con una animación y enfoque más modernos, y en algún instante espero que llegue a sorprenderme… para bien. Sin embargo, por ahora no está siendo así, aunque tampoco puedo decir que esté resultando una experiencia mierder. Se ve.

Y la nostalgia me condujo a rememorar la dirigida por Ryûtarô Nakamura, por lo que decidí que era una buena oportunidad para escribirle una pequeña review en SOnC. ¿Ha soportado adecuadamente el paso del tiempo? Cuando la vi por primera vez me deslumbró por su aparente sencillez. Un anime desnudo en su forma, pero con un contenido intenso, profundo. Ya os lo adelanto: Kino no Tabi sigue siendo una rareza extraordinaria no apta para todos los paladares. Su urdimbre es de una complejidad demasiado sutil para los consumidores habituales de animanga, quizá acostumbrados a productos más inmediatos. Eso fue válido hace 15 años, y lo es todavía ahora, porque las nuevas generaciones de otacos tampoco han cambiado en lo básico tanto.

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Toma, Kino, corre, ponte esta diadema de orejitas de gato antes de que te devore el kokoro con mi hipermegakawaiinessdelinfiernosatanás.

El germen de Kino no Tabi en realidad son las novelas ligeras del escritor Keiichi Sigsawa, que consiguió quedar finalista en los Dengeki Shôsetsu Taishô del 2000. Fue así que llamó la atención de Ryûtarô Nakamura. Estas novelas alcanzaron un éxito notable y, aparte de la serie de anime, han tenido otras encarnaciones en el mundo del manga, los videojuegos y varias secuelas y precuelas animadas, una de ellas dirigida por Nakamura: Kino no Tabi: Byôki no Kuni – For You (2007). No he tenido la fortuna de leer ninguno de los 21 volúmenes que, por ahora, conforman la saga de estas light novels; pero existen traducciones disponibles en inglés y alemán, por lo que no tardaré en hincarle o catirón en un futuro.

Pero regresando a la serie de 13 episodios del 2003, ¿qué la hace tan especial respecto a otros productos? Para empezar, Kino no Tabi, tras el patadón en el estómago que supuso Serial Experiments Lain, fue un cambio de registro en Nakamura espectacular. Hizo alguna cosilla entremedias de rango comercial para Madhouse y TMS, pero la siguiente obra del director continuadora de su espíritu vanguardista fue, sin duda, Kino no Tabi. Y resultó todo un acierto. Sin dejar de lado tampoco su médula filosófica, El viaje de Kino fue un giro de 180º en su manera de plantear y expresar interesantes dilemas y reflexiones. La obra de Sigsawa, con una robusta impronta de Leiji Matsumoto y Hayao Miyazaki, se prestó a la perfección a sus intereses renovadores.

Kino no Tabi son los viajes de una muchacha por los distintos países de un mundo extraño. Un mundo que se parece también mucho al nuestro. Algunos territorios poseen tecnología muy avanzada, otros parece que no hayan superado la Edad Moderna. Aparecen numerosos anacronismos, pero el carácter libre y fluido, casi como de cuento de hadas, de ese universo no lo hace incongruente. Kino, que así se llama la chica, utiliza como medio de transporte una moto parlante llamada Hermes, y nunca permanecen más de tres días en la misma nación. Tampoco se inmiscuyen en sus asuntos internos. Como en toda odisea, la joven enfrenta situaciones de todo pelaje, también, por supuesto, aquellas en las que su integridad física está comprometida. Pero Kino es una muchacha de recursos, inteligente y una habilidosa pistolera. Evita los conflictos todo lo que puede, pero cuando resultan ineludibles los afronta con absoluta solvencia. Todo un placer poder disfrutar de un personaje femenino de estas características, y encima sin sexualizar. Solo una persona, sin más.

Pero, ¿quién es Kino? ¿Por qué está envuelta en un viaje así? En la serie se esboza su origen y algunas anécdotas; ciertas cavilaciones interesantes sobre las motivaciones de su  periplo; pero no es sino en las OVAS donde podemos profundizar mucho más en su vida. Es una chica misteriosa, seria y con una gran experiencia como viajera; sin embargo, no la utilizan como mero hilo conductor de los episodios. A veces es el narrador, en otras ocasiones son otros personajes los que, desde su perspectiva, nos muestran a Kino y la belleza radical de su mundo. En ocasiones la presencia de Kino es un acicate que dirige a una conclusión positiva, en otras a la tragedia y el desastre. Aunque ella procura intervenir lo mínimo en los países que visita, su mera persona no puede evitar cierto impacto. Kino siempre se mostrará lacónica y algo críptica en su forma evasiva de relacionarse con la gente; pero también saciará su curiosidad con preguntas atinadas y muy perspicaces. Hermes será su Pepito Grillo, que no dudará en evidenciar las contradicciones de Kino. Porque hay que tener muy presente algo esencial: el viaje que plantea esta serie inspirada en las road movies no es el tradicional de autoconocimiento de su protagonista; en realidad es un viaje iniciático para el propio espectador.

Es un retrato panorámico de nuestro propio mundo, en toda su magnificencia, soledad y crueldad. Mediante metáforas y alegorías sencillas pero muy expresivas, es capaz de plasmar las incógnitas vitales de toda persona. Las incoherencias de la naturaleza humana, los desafíos que presentan las ideas y su manifestación en el mundo. Con todo tipo de implicaciones éticas, morales, filosóficas. Así que Kino no solo presencia, sino que toma parte en situaciones surrealistas, donde muchas veces es complicado distinguir entre realidad y delirio. Nuestra protagonista observa, con asombro, cómo el ser humano convierte su existencia, con alegre pasión, en algo fútil; desperdiciando talento, esfuerzo y tiempo. O cómo la tradición inútil y el fanatismo ciegan. ¿Una existencia sin un propósito merece la pena vivirse? ¿Son las figuras de autoridad inamovibles y eternas? Las trampas del pensamiento humano quedan muy bien plasmadas, así como el salto abismal entre el mundo de las ideas y el material. Kino no Tabi es poesía, a veces suave y delicada; otras pétrea y fría.

Cada capítulo está configurado como una pequeña parábola que esconde no una, sino varias reflexiones que dejan la puerta abierta a nuestra interpretación. Aunque inspirados en los relatos budistas, no contienen una moraleja evidente. Y eso es lo bueno, que no predican sino que invitan a la meditación personal. Sin embargo, no se trata de una serie de filosofía japonesa, sino que une maravillosamente lo mejor de los pensamientos occidental y oriental. Es muy divertida, por ejemplo, la referencia directa que hacen a Diógenes el Cínico; o esa demente búsqueda del nirvana mediante exhaustivas técnicas de lavado de cerebro, al más puro estilo Clockwork Orange.

kino6Respecto al arte, Kino no Tabi es un anime al que han desnudado a conciencia. Es simple, de corte limpio y geométrico, que no se pierde en grandes detalles (aunque puede ser extraordinariamente detallado en los momentos necesarios, ojito). ¿Por qué? Porque Ryûtarô Nakamura quería que nos centráramos en las ideas, sin distracciones. Esto no hace de su animación el elemento plano de la serie, porque en esa misma simplicidad reside también su elegancia y mimo. Los filtros que utilizó para brindarle textura y el socorrido tono sepia son una marca de agua que hacen El viaje de Kino difícil de olvidar.

Kino no Tabi es un anime que no fue concebido para todo el mundo. La estructura de capítulos autoconclusivos no ayuda tampoco a atraer la atención de un público numeroso, que tiende a perder interés con esta clase de disposición. Eso no significa que quien no pueda disfrutar de El viaje de Kino sea un cabestro, pero lo que sí resulta cierto es que exige del espectador bajar las revoluciones del motor cerebral y prestar atención. Es un anime para ver poco a poco, no del tirón; porque la cantidad de interrogantes e ideas que propone son de digestión lenta. Un visionado superficial de Kino no Tabi obligatoriamente lo convierte en un producto anodino, porque no es espectacular visualmente, y tampoco ofrece historias llamativas o trepidantes. Se trata de un enigmático slice of life donde el pensamiento es rey. Apacible, pero duro como un diamante. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Tránsito XII: Los insectos en mí

Este 2017 los Tránsitos se han visto reducidos a solo uno. Tenía un par de sorpresas preparadas, sin embargo las circunstancias no han acompañado para que pudiera terminar de escribirlas. Para otra vez será. Samhain es mi festividad favorita del año, así como octubre es mi mes preferido también; por eso esta sección del blog es mi predilecta. Me ha dolido un poquito no poder explayarme como me gustaría, pero al menos el Tránsito presente se puede aseverar que es especial de verdad.

Se trata de un manga singular, un tebeo de una artista plástica, mangaka y también animadora, llamada Akino Kondô. La he nombrado en SOnC ya un par de veces, porque se trata de una mujer realmente fascinante. Lleva ya más de una década sorprendiendo y deleitando a los que le seguimos la pista. Y no resulta fácil hacerlo, al menos desde España, pues no hay nada publicado suyo por estos lares. El cómic protagonista de hoy fue uno de sus primeros trabajos, Hakoniwa Mushi (2004), y es una de las cosas más bonitas, oscuras e inquietantes que he leído en tiempo.

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Skirt of the night (2004) de Akino Kondô

Hakoniwa Mushi fue publicado parcialmente por la editorial francesa Le Lézard Noir con el nombre de Les insectes en moi. Por cierto, me compraría su catálogo de manga enterito. Pero no soy millonaria. Su selección es extraordinaria, late al unísono con mi pobre kokoro de pedantorra pseudohipster. Ay. Ojalá alguna editorial en castellano se atreviera a sacar algo de Akino Kondô también, pero veo bastante difícil el tema. Mientras, seguiré acudiendo fielmente al lagarto negro, porque me está brindando muy, muy buenos momentos comiqueros.

Pero regresando a Les insectes en moi, se trata de una recopilación de 9 one-shots que Kondô fue publicando en las antologías AX y Comic H. También hay un par que son inéditos. De uno de los yomikiri incluidos en este tomo ya escribí hace un tiempo aquí. En las últimas páginas la editorial adjunta reproducciones de las obras pictóricas relacionadas con el universo que plasma en Hakoniwa Mushi, y es un auténtico privilegio poder observarlas en papel.

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Ladybirds’ requiem 2-10-02 (2006) de Akino Kondô

El leitmotiv de Les insectes en moi, como el mismo nombre indica, son los insectos. Akino Kondô, que se crió en un ambiente de artistas (su madre es diseñadora y su padre arquitecto), sintió muy pronto una atracción hacia los bichitos de la madre naturaleza. Al contrario que a muchos humanos a los que les repugnan e incluso los temen, Kondô no. Para ella son una fuente inagotable de inspiración, una fascinación que la ha llevado incluso a participar en seminarios para paladear y comer insectos. Estos animalitos han formado parte de su infancia (tuvo de mascota un escarabajo rinoceronte) y muchos de sus recuerdos están vinculados a sus amiguitos los artrópodos. Y esa especie de nostalgia, los juegos de la memoria, tienen una importancia vital en gran parte de este volumen.

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La protagonista de esta serie de trabajos es Eiko, una niña-muchacha que, como alter-ego de Kondô, expresa sus pensamientos y obsesiones sin rodeos, acudiendo al lenguaje onírico y simbólico de la mente cuando divaga libre. En un mundo imaginario, pleno de tinieblas y luz, absurdo y magia, las ocho historias, aunque independientes, se entretejen unas con otras mediante los delicados filamentos de las pesadillas. Las actividades cotidianas, los objetos más comunes se descubren como resortes que disparan los recuerdos hacia un torbellino donde infancia, sueños y realidad se mezclan. Leer Les insectes en moi es una experiencia única, pues nos adentra en el universo personal de Kondô. La subjetividad pura se adueña de todo, los sentimientos de la autora son los que marcan el rumbo construyendo una galaxia donde las diferentes realidades están conformadas por los deseos, pulsiones y reflexiones de la autora.

Pero no estamos hablando de una obra incomprensible para el lector. A pesar de su naturaleza simbólica, Kondô se sirve de un lenguaje visual cinestésico que, intuitivamente, es muy sencillo de seguir. Solo hay que dejarse llevar y viajar por sus vastos paisajes. Es el suyo un planeta de sutil horror y belleza que, a pesar de las apariencias, no carece de cierta lógica interna. También hay espacio para la ingenuidad y lo ordinario, pero se ven rápidamente transformados en pequeños monstruos de la mente. Las influencias son muy obvias, y están perfectamente asimiladas en su estilo: el surrealismo de Jean Cocteau, la filosofía budista, la cultura pop, el ingente legado de la revista Garo y creadores como Seiichi Hayashi o Toshio Saeki.

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Isis, diosa protectora de libros y tebeos. Obsérvese cómo lanza su patita para defender el volumen hasta de su legítima dueña. AHORA ES MÍO.

En general, Les insectes en moi es una obra que se regocija en su libertad, porque se trata de un tebeo donde Kondô no se inhibió a la hora de derramar sus intestinos. Son retratos viscerales e infantiles; una cirugía exploratoria del yo donde la artista plasma con gran tino cómo palpita su ser. Y el arte, que es su medio básico de expresión, donde apenas hay texto o diálogos, resulta de una simplicidad perversa. Con un estilo minimalista y nítido, de trazo redondeado pero minucioso en los detalles, Kondô logra revelar la complejidad de sus ideas de una manera realmente única. Y hermosa. Se nota, además, que es una autora bastante perfeccionistaLes insectes en moi solo es el comienzo. El principio por el que introducirse a la obra de Akino Kondô. Lo malo es que en Occidente todavía no hay demasiado acceso a sus trabajos, ni tampoco es muy conocida; aunque los pocos que sabemos de ella la admiramos y respetamos. Le Lézard Noir ha publicado también sus vivencias en Nueva York, New York de Kangaechû (2015), de las que haré reseña más adelante; y estoy muriéndome por que se animen a sacar adelante A-ko-san no koibito (2016), porque lo que he olisqueado promete muchísimo. Este último es un josei de enfoque mainstream pero que siendo de Kondô, se pueden esperar unas cuantas sorpresas. ¡Y el josei necesita nuevas ideas! ¡Ya vale de estereotipos idiotas! He dicho.

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Ladybirds’ requiem 1-11 (2007) de Akino Kondô

¿Recomiendo Les insectes en moi? Muchísimo, pero no es un manga comercial, sino situado en la órbita del cómic alternativo japonés. Y tiene una faceta arty que a algunos puede irritar, pero desde ahora aviso de que no es un tebeo pretencioso. Es honesto y directo en su esencia, sin embargo no tiene nada de convencional. Akino Kondô es una artista a quien no perder el rastro porque está haciendo historia, así de claro. Actualmente vive en Nueva York, pues se encuentra muy interesada por la escena de arte moderno de la ciudad, lo que en teoría debería facilitar que sus nuevos trabajos llegaran hasta nosotros. En teoría. Espero que no nos decepcione en el futuro, y que pronto podamos disfrutar de más obras suyas en Occidente. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Neko-chan en el País de las Ghibli-Maravillas

¿Alguien duda de que el sobrenombre perfecto para Japón podría ser Gatolandia? Es por todos conocido el proverbial amor nipón hacia los mininos. A pesar de que se introdujeron en las islas un poco más tarde que en otros lugares del planeta, allá por el s. VI a. C., han formado parte de su cultura, religión y tradiciones de manera fundamental. Muy pronto se erigieron como los vigilantes de las pagodas budistas, cuyos valiosos manuscritos protegían de los roedores. Se hicieron tan indispensables, que se convirtieron en un animal que solo las clases pudientes podían poseer. Más adelante, en el s. XVII, con el impulso de la industria de la seda que requería de sus especiales habilidades para preservar de las ratas la materia prima, se los liberó para que circularan libremente por todo el país. Así se fue construyendo su identidad como criatura protectora y, a la vez, fiera. El gato otorga buena suerte y riqueza a su dueño; pero al mismo tiempo su carácter imprevisible y depredador le confiere un aspecto sobrenatural y salvaje. Así tenemos, por un lado, la linda figura del maneki-neko que con su patita móvil llama a la fortuna, el amor o la salud allí donde se coloque; y, por otro, al bakeneko o al nekomata, cuya naturaleza dentro del folclore japonés es ciertamente peligrosa y ambigua. Por supuesto, goza de sus propios templos shintô donde es merecidamente reverenciado.

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“La historia de Otomi y Yosaburo” (1860) de Utagawa Yoshiiku

Los gatos son muy queridos y respetados en Japón. Existen, nada más y nada menos, que 11 islas donde sus habitantes son mayoritariamente estos pequeños felinos, de entre las cuales las más conocidas son Aoshima y Tashirojima; Cipango es el país donde más Cat Cafés hay en el mundo (más de 150), y que vio nacer a la gatita más célebre del planeta, Hello Kitty. Estos animalitos son el epítome de lo kawaii, han aparecido por doquier en libros, cientos de ilustraciones, todo tipo de merchandising, series de televisión, anime, manga y un larguísimo etcétera. Uno de mis escritores favoritos, Natsume Sôseki, tiene una maravillosa novela dedicada a la vida de un gato. ¿Qué más se puede decir? Japón ama a los mininos, y Studio Ghibli no iba a ser una excepción.

Como ya anuncié en la anterior entrada de la sección 2017: un siglo de anime, Ghibli tenía que aparecer sí o sí. Se ha vertido ya tanta tinta sobre ellos que resultó difícil encarar un artículo dedicado a su ingente labor sin caer en el tópico o redundar la información. Y no quería aburriros, los datos biográficos, de fundación de los estudios y demás detalles son muy fáciles de encontrar. Así que decidí enfocarlo de una manera distinta, aunque también extremadamente sencilla, a través de una de mis pasiones vitales: el micifuz. Creo que todos mis lectores saben de sobra que soy amante de los mininos y orgullosa amiga de una gordita peluda llamada Isis. Por ende, he aquí una entrada dedicada a los gatos de Ghibli. Así también doy un aire más liviano a la entrada, porque las dedicadas a esta sección en particular me han salido siempre un poquito densas. Hoy tendréis un post ligero (bueno, al menos lo voy a intentar) y sin la habitual farragosa labor de documentación. Solo gatos, gatos, gatos. Este es mi particular y humilde homenaje a uno de los estudios de animación más importantes del mundo. Sin menospreciar el inmenso legado de Disney, la visión de Ghibli lo cambió todo.

Ghibli - Miyazaki, Suzuki and Takahata
Hola, somos Miyazaki, Suzuki y Takahata y venimos a conquistar el universo. ¡Miau!

Los gatetes protagonistas de Ghibli han sido casi siempre un catalizador de eventos importantes en sus películas. Su naturaleza suele ser benigna y cómplice de los protagonistas, ofreciendo una desinteresada, y muchas veces inesperada, ayuda sin la cual el desenlace no resultaría el mismo. ¿Aparecen en todas las obras del estudio? Por supuesto que no, pero aun así se percibe con mucha claridad el amor que sienten hacia estos animales. Ghibli además se caracteriza por su enorme respeto por la naturaleza y sus habitantes, por lo que no podían ser crueles con una criaturita tan querida además en Japón. Es posible que me haya olvidado de algún ghiblineko, pero si la memoria no me falla, aquí tenéis los gatos más interesantes que ha creado el estudio.

6 🌟 KONYARA


Vamos a comenzar no con una película, sino con una serie de cortometrajes dirigidos al mundo de la publicidad. Os presento a Konyara y a su familia (Ko-Konyara, Kuroneko y Buchi), que han servido con mucha eficiencia desde 2010 hasta 2015 a la empresa alimenticia Nisshin Seifun Group CM en su 110º aniversario. El éxito de esta elegante y delicada animación, inspirada en el tradicional sumi-e, fue rotundo en sus tres encarnaciones. El diseño de Konyara corrió a cargo del mismísimo Toshio Suzuki, el storyboard fue de Gorô Miyazaki y la dirección recayó en Katsuya Kondô, que trabajó en los diseños de Kiki: entregas a domicilio (1998).

La música es de la celebérrima Akiko Yano, que trabajó para Ghibli en Mis vecinos los Yamada (1999) y Ponyo en el acantilado (2008) también; por lo que se puede afirmar que los escasos segundos de duración de estos comerciales han estado siempre en manos inmejorables. Una producción cuidadosa y realizada con verdadero cariño. Konyara y su prole son todo ternura.

5 🌟 NIYA


El mundo secreto de ArriettyKarigurashi no Arrietty (2010) de Hiromasa Yonebayashi, no es de mis películas favoritas de Ghibli. De su director me gustó mucho más Omoide no Marnie (2014), que trabaja tangencialmente una temática similar. No creo que el mundo que Mary Norton plasmó en su saga de The Borrowers esté mal adaptada ni muchísimo menos, de hecho creo que la minuciosidad y belleza expresadas en la película son maravillosas; y Miyazaki, que se encargó del guion, le brindó un aire menos infantil, más sobrio también. Los Clock están muy bien representados, con una Arrietty asimismo que gana enteros en la película. Esta familia, conformada por tres miembros diminutos, Pod, Homily y Arrietty (padre, madre e hija), viven escondidos en las casas de los humanos. Sobreviven de sus excedentes, los cuales recolectan por la noche. Porque es esencial que nadie de la gente grande sepa de su existencia. Si por algún descuido o casualidad esto ocurre, se ven obligados a buscar un nuevo hogar para blindar su seguridad.

niya2Es un modo de vida precario y frágil que les obliga a cierto aislamiento, por lo que no saben si hay más de los suyos por el mundo. La familia Clock cree que solo quedan ellos, porque han pasado muchísimos años sin contacto con nadie. Sin embargo, Arrietty no se quiere resignar a una vida tan solitaria, y es mucho más audaz en su manera de pensar. Todo da un vuelco cuando llega a la casa Shô, un chico con una grave enfermedad cardíaca que casi de inmediato nota la presencia de Arrietty. No obstante, él ya conoce algo de las leyendas sobre la gente pequeña que habita la casa. También sabe de ellas la mezquina ama de llaves Haru, que comenzará a atar cabos. La historia no avanza mucho más de lo que podría esperarse de este planteamiento, es muy simple y sin apenas recovecos; lo que la hace, comparada con otras del estudio, bastante plana. Es como si en realidad se quedara a mitad del argumento, con temas esbozados interesantes pero que no se llegan a desarrollar. El Mundo secreto de Arrietty es un bonito cuento, pero que se hace bastante corto. ¿Y el gato? ¿Qué pasa con el gato? ¡Que esta entrada va sobre ellos! Pues el ghiblineko de esta historia es el orondo Niya.

Niya es un gato señor y dueño de sus territorios. La casa, el jardín y las arboledas son su feudo, nada se escapa a su escrutinio. Sabe quién entra, quién sale, quién se esconde y quién es una amenaza. Con la gente pequeña no lo tiene muy claro, pues son como humanos, a los que respeta; sin embargo tienen el tamaño de la comida y se mueven furtivamente. Eso le hace sospechar. Niya enseguida hace buenas migas con Shô, al que intenta proteger a su gatuna manera, intuye que algo no marcha bien con él. Es fiel al chico y le ofrece a menudo compañía porque advierte su soledad. Es un buen gato, peligroso como todo felino, pero inteligente y sabio. Su presencia en la película es sutil, resultando al final ser la levadura para que suba el bizcocho. Porque Niya solo se debe a los que ama.

4 🌟 RENALDO MOON (alias Muta)


Susurros del corazón o Mimi wo Sumaseba (1995), junto a Kaguya-hime no Monogatari (2013) y Sen to Chihiro no kamikakushi (2001) son mi trío favorito de Ghibli. Sin ellas mi vida sería mucho más fea y miserable, no albergo duda alguna al respecto. Whisper of the heart además toca un tema muy importante, que es el de escuchar la voz interior y tener fe en uno mismo. Aunque seas mujer. Y esta apostilla no es ninguna gilipollez, pues en Japón una parte bastante importante de mujeres renuncia a sus anhelos y ambiciones profesionales para formar un hogar tradicional, no así sus parejas. En Occidente también es muy conocida la frase de Groucho Marx “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”, que refleja de forma diáfana esa base social de completa desigualdad que todos conocemos. La mujer debe subordinarse y ceder el protagonismo, quien está destinado al triunfo es el hombre; el papel de la mujer es apoyarlo, suprimiendo sus propias aspiraciones. Es muy habitual además encontrar en todo tipo de obras a mujeres que son meros satélites de una figura masculina. Desgraciadamente, aún se tiene asumido como lo normal.

Sin embargo, Susurros del corazón trata precisamente de lo contrario. Mil gracias, Miyazaki-sensei, mil gracias por representar a las mujeres, una vez más, simplemente como lo que somos: personas. Aunque no todo el mérito del argumento se le debe atribuir a él, la historia fue una adaptación del shôjo Mimi wo Sumaseba (1989) de Aoi Hiiragi. Por una vez, el amor no vuelve imbécil a la protagonista femenina; por una vez, el amor es en realidad estímulo para encontrar la auténtica vocación y perseguir un sueño. No ser un lastre, no seguir la sombra de nadie; sino caminar uno al lado del otro.

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Yoshifumi Kondô

Susurros del corazón es una película especial por muchos motivos, incluso para el mismo Miyazaki, pues fue la primera y última película que dirigió Yoshifumi Kondô,  una de las grandes promesas creativas de Ghibli. Kondô fue un colaborador muy querido que trabajó en obras tan importantes como Akage no Anne (1979) mi muy amado Sherlock Hound (1984) o Mononoke-hime (1997). Pero en 1998 falleció a causa de un aneurisma disecante de aorta. El exceso de trabajo se lo llevó al otro mundo con tan solo 47 años. El karôshi es un problema laboral muy grave en países asiáticos como Japón, Corea del sur, Taiwán y China. El impacto que sufrió Hayao Miyazaki fue brutal, se planteó seriamente abandonar la animación y, a partir de entonces, el ritmo de trabajo en el estudio ralentizó su velocidad.

Pero regresemos a los gatos. En Whisper of the heart tenemos a dos mininos que años más tarde reaparecerían en la película Neko no Ongaeshi (2002): el barón Humbert von Gikkigen y Renaldo Moon, también conocido como Muta. Del barón escribiré un poco más adelante, porque de Susurros del corazón quiero destacar a este regordete de mirada burlona y actitud traviesa.

De momento, ninguno de los ghiblinekos mentados ha padecido del consabido antropomorfismo de los cuentos. Bueno, quizá Konyara un poquito. Por ahora han sido llanamente gatos, comportándose como gatos y viviendo sus vidas como gatos. Moon o Muta, que pasa gran parte del film sin nombre como simple felino callejero, ya comienza a manifestar ciertos rasgos humanos. Ligeros, casi imperceptibles, pero ahí están, brillando en su mirada irónica. Moon es un  gatazo rollizo al que le gusta vagabundear, hacer rabiar a los perros y guiar a esos simios bípedos apestosos a lugares que les pueden resultar… interesantes. Moon además demuestra tener una gran intuición e inteligencia, y sabe cuándo lo necesitan. El se deja querer, y quiere a su vez al que le aprecia; pero su espíritu también es independiente e implacable. Sin su intervención Shizuku, la protagonista, no descubriría su propia senda.

3 🌟 BARÓN HUMBERT VON GIKKINGEN


Da igual cuántas veces Miyazaki-dono lo niegue, pero la Alicia de Lewis Carroll ha sido una influencia vigorosa en muchas de las obras del estudio. Y no tiene nada de malo. Lo fue en El Viaje de Chihiro y lo es en Neko no Ongaeshi (2002) o Haru en el país de los gatos de Hiroyuki Morita. Innegable, su espíritu aletea por todas partes. Lo que empezó planteado como un cortometraje para un parque temático, acabó derivando en una película completa autosuficiente. Un spin-off de Susurros del corazón en el que los dos mininos que aparecen se convierten en personajes ya antropomorfos, y con una fornida presencia en el argumento: Muta y el Barón. Quizá sea una de las películas menos arriesgadas de Ghibli, con recursos bastante tradicionales en su narración y argumento; aun así, continúa siendo una obra muy entretenida perfecta para los amantes de los gatos.

Pero es en el Barón en el que nos vamos a centrar. Neko no Ongaeshi es una obra repleta de mixones por doquier, de hecho el argumento principal trata sobre las aventuras de una chica humana, Haru, en el Reino de los Gatos. Tras haberle salvado la vida al hijo del rey de los mininos, se ve arrastrada hacia una serie de circunstancias absurdas y peligrosas de las que tendrá que librarse con la ayuda de un Muta bastante más sarcástico (y glotón) que en Whisper of the heart, y de un elegante gentleman llamado Humbert von Gikkigen. Barón para más señas.

El barón es una estatuilla con una historia triste detrás; una historia de amor, por supuesto. Su origen melancólico y de trasfondo romántico estimulan la imaginación de Shizuku, protagonista de Susurros del corazón, inspirándola para dar un importante paso en su vocación como escritora. En esa película es una figura pasiva, una musa que con su belleza alientan a la chica. Pero, ¿cuándo se pone el sol revive? Quizá sí, quizá no. Sin embargo, en Neko no Ongaeshi nuestro barón sí despierta de su letargo, y dirige con mucha profesionalidad la Oficina de Asuntos Gatunos, donde acude Haru guiada por un reticente Renaldo Moon. En esta obra podemos disfrutar de Humbert en todo su esplendor caballeresco y delicada astucia. Es el ideal Príncipe Azul, valiente, respetuoso, perspicaz y cortés; aunque también completamente inalcanzable. Y encima sabe preparar un té exquisito. Ains.

2 🌟 JIJI


Majo no Takkyûbin (1989) o Kiki: entregas a domicilio de Hayao Miyazaki y Sunao Katabuchi es un film entrañable y de corte juvenil, basado en la novela del mismo nombre de Eiko Kadono. Los cuentos dedicados a aprendices de brujas siempre me han parecido muy apetecibles, y aunque me he aburrido como una ostra más de una vez siguiendo la estela de obras con esta temática, con Kiki no me sucedió. El mundo que plasma es luminoso y sin maldad; existe el egoísmo y el miedo, claro, pero hasta las brujas, a pesar de sus escobas, vestidos negros y sombreros puntiagudos, son personas normales que dedican sus habilidades al servicio de los demás. Cuando cumplen 13 años, abandonan una temporada el hogar para buscarse la vida. Es el paso de la infancia a un momento clave de su vida donde deben demostrar su valía y madurez. Y los padres de las aspirantes a brujas tienen confianza plena en que sus vástagos aprenderán mucho de la experiencia. ¿Lo consigue Kiki? Desde luego, pero no sin los contratiempos esperados que la ayudan a crecer.

¿Y qué se le da bien a nuestra pequeña bruja? Pues sobre todo volar, por lo que un servicio de mensajería y paquetería parece lo más sencillo y plausible. La ciudad que elige para vivir al principio no se lo pone muy fácil, pero la voluntad y buen ánimo de Kiki acabarán superando las dificultades, frustraciones e inseguridades personales que deberá afrontar. Aunque se encuentra lejos de su familia, pronto su soledad se irá difuminando. Y, por supuesto, cuenta con el sostén y aliento de su gato: Jiji.

Jiji es una panterita negra, un lindo minino que acompaña a Kiki en todos sus avatares en su nuevo hogar. Es realista y prudente, algo pesimista pero fiel compañero hasta que conoce a la gatita más coqueta de la vecindad: Lily. No es que la traicione ni mucho menos, pero Jiji no deja de ser un gato, un gato que valora su independencia y que encima está enamorado. Este encuentro con el amor coincide con la crisis de Kiki, con esos momentos en los que la aprendiza deja atrás la niñez. Porque Jiji representa la infancia de la protagonista, de ahí que después de haberse adentrado definitivamente en la travesía hacia la madurez, sea incapaz de entenderlo cuando le habla. Aunque siempre seguirán siendo amigos, los caminos de la vida que ambos eligen son ya distintos.

1 🌟GATOBÚS


Tonari no Totoro (1988) o Mi vecino Totoro de Hayao Miyazaki  es la película más emblemática de Ghibli. Quizá no sea la más célebre ni la más perfecta de su repertorio, pero sí puso al estudio en el mapa mundial de forma irreversible. Fue el nacimiento de la conciencia Ghibli. Totoro es ya un icono cultural en toda regla, y su visionado es obligatorio para cualquier interesado en la historia de la animación contemporánea. Si no has visto esta peli, you know nothing. Sin más. ¿Qué se puede añadir que no se haya escrito ya sobre Mi vecino Totoro? Muy poquita cosa, así que lo mejor es ir directamente al grano, escribir sobre uno de los gatos más bizarros y surrealistas de las artes con permiso del gato de Cheshire, del cual, por cierto, es orgulloso descendiente: el Gatobús o Nekobasu.

Nekobasu no es un minino al uso, es una criatura sobrenatural del bosque, un espíritu; podríamos considerarlo un yôkai o incluso kami, por lo que adopta muchas características del folclore japonés. Es evidente que esa sonrisa inquietante, que fascina y asusta un pelín a la vez, está inspirada en (¡de nuevo!) en la Alicia de Carroll, pero sin duda posee su propia personalidad. Como un ciempiés, Gatobus se mueve a gran velocidad con su docena de patas; acomoda su espacio interior al tamaño del usuario y no hay destino al que no pueda dirigirse. Es el medio de transporte del bosque, que está imbuido de esa sensibilidad panteísta tan nipona.

¿Podríamos considerarlo algún tipo de tsukumogami?, ¿un nekomata o un bakeneko? Pues tiene de todos ellos una miqueta y, sin embargo, es una creación completamente original. Es uno de los símbolos más característicos de la película y muy querido entre los fans, a pesar de su aspecto perturbador. Pero así son también los habitantes fantásticos de Japón. La popularidad de Gatobús es indudable, y ha llevado a realizar en el Museo Ghibli, aparte de un peluche gigante dirigido a los niños, otro similar pero para adultos, que se pudo visitar hasta este pasado mes de mayo. También en el Museo es posible ver un cortometraje, spin-off de Mi vecino Totoro, donde Mei, Nekobasu y otros más de su especie son protagonistas: Mei to Koneko Bus (2002) de Hayao Miyazaki.

Y para despedir esta entrada dedicada a mis peludos favoritos, nada mejor que la gatita anónima que aparece en Kaguya-hime no Monogatari. Pequeña, alegre y espontánea, como la propia Kaguya antes de someterse al mundo de los hombres. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 ¡Miau!

 

Manga vs. Anime: Made in Abyss

Este verano me he sentido muy reticente a la hora de comenzar algún anime de la temporada porque casi todos me parecían o aburridos o directamente bochornosos. Un perezón horrible se me apoderó, aunque tenía en el punto de mira al protagonista de hoy. Ya solo por la dirección artística y los fondos con ese ramalazo steampunk me atraía bastante; sin embargo cada vez llevo peor ver semanalmente una serie, prefiero hacerlo de golpe o dosificarla a mi gusto sin depender de emisiones, traducciones y demás. Y, la verdad, hice muy requetebién en esperarme y devorar Made in Abyss de una sola vez. ¡Ñam!

Hacía bastante que no escribía un Manga vs Anime, y mucho más tiempo todavía que no dedicaba una reseña a un anime de temporada en SOnC. Así que recién engullido en mi asiento del avión, he decidido que es una ocasión estupenda para despertar la sección; y de paso sacar la nariz un poquitín de la animación antigua. Tranquilos, sin spoilers a la vista. Here we go!

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Made in Abyss es un manga en publicación desde 2012 en Web Comic Gamma. Su autor es Akihito Tsukushi, del cual no había oído hablar nunca, así que ha sido un placer conocerlo a través de este tebeo. Su adaptación animada, como bien sabréis, se emitió este verano de 2017 y fue realizada por los estudios Kinema Citrus. De todo el apartado técnico, realmente lo que más me ha interesado ha sido su director, Masayuki Kôjima, que también fue responsable de las estupendas Monster (2004) y Master Keaton (1998). Y, ¿cuál ha sido el efecto de la serie entre la otaquería? Pues, en general, ha sido una triunfada. Ha gustado mucho de verdad. Y tampoco es una sorpresa, pues tiene todos los ingredientes para atraer y retener la atención de los espectadores. Es un buen producto que ha puesto de nuevo en el punto de mira la fantasía y sci-fi de esencia más clásica y occidental sin caer en los clichés o la cutrez. Y eso no está nada mal para empezar. ¿Se puede decir lo mismo del manga? Pues para eso vamos a destripar la obra en el Manga vs. Anime de hoy. No obstante, os recomiendo fervientemente la reseña que mis compis Magrat y Pau de Otakus Treintañeras tienen preparada para dentro de muy poquito. En ella encontraréis un pormenorizado análisis del anime con garantía de qualité. Permaneced atentos a su publicación.

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Made in Abyss cuenta las aventuras de un par de pre-adolescentes, Riko y Reg, en su habitual búsqueda de identidad pero en vez de recorrer los pasillos de un instituto o perderse en el vacío infinito del espacio exterior, lo hacen sumergiéndose en los terribles y asombrosos submundos de las entrañas de la tierra. El concepto de una tierra hueca en la que existan en su interior otros mundos y formas de vida es muy, muy antiguo, podemos rastrearlo en el Irkalla sumerio (la tierra de la que no se vuelve), el Patala hindú o el Hades de la Antigua Grecia; de hecho todavía perviven en la actualidad cantidad de teorías pseudocientíficas que asumen este tipo de creencias como verdaderas. En la literatura también han sido abundantes las referencias a esta noción del subterráneo habitado, siendo en Made in Abyss sus máximas influencias el poema Inferno de la Divina Comedia (1320) de Dante Alighieri, Viaje al centro de la tierra (1864) de Julio Verne, las novelas de Pellucidar (1914-1963) de Edgar Rice Burroughs y el Alicia en el País de las Maravillas (1865) de Lewis Carroll. Una bonita mezcla. Así que podríamos situar esta obra japonesa dentro del subgénero denominado ficción subterránea, que oscila entre los de ciencia-ficción, aventuras y fantasía. Sin embargo, a pesar de estos poderosos ascendientes, Akihito Tsukushi se las arregla para otorgarle una frescura inaudita, así como un trasfondo que, lentamente, va alejándose de los tópicos del género.

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Cartel publicitario de “Viaje al centro de la tierra” (1959) de Henry Levin. Nótese que el inefable rockero de cartón-piedra Pat Boone fue su protagonista.

Made in Abyss contiene también muchos elementos del monomito o periplo del héroe, no en vano se trata de una narración de tipo épico 100%. Y acudiendo a la clasificación demográfica nipona, es un seinen de la cabeza a los pies. Algo que puede obviarse si uno se atiene a la primera impresión que ofrece el estilo de su dibujo o el tono general de su comienzo. Aunque los protagonistas sean niños, casi adolescentes, no es un shônen. Y mucho menos un shôjo. Es un seinen. Punto. El tema de que las demografías japonesas resulten bastante sexistas sería otro interesante asunto a tratar (en un futuro no muy lejano caerá); no obstante, insisto, con Made in Abyss no hay que perder de vista el hecho de que es un seinen. Y la demografía es como es. Akihito Tsukushi avisa, no es traidor.

Como toda obra de fantasía o ciencia-ficción, el autor ha tenido que diseñar una arquitectura propia para su mundo. ¿Es sólida, es coherente? Hasta donde he leído, sin fisuras. Ha creado un universo intrincado de cimientos robustos poblado de personas y relaciones complejas. Es lo que ha hecho verosímil su obra, una buena base sobre la que hacer crecer su historia. La contextualización es básica: hace 1900 años, en un  planeta donde cada rincón estaba ya explorado, se descubrió una gigantesca oquedad en una isla al sur del mar de Beloskur. El último reducto de oscuridad: el Abismo. Terra incognita. O como remarcaban los antiguos romanos en sus mapas sobre los territorios inexplorados o peligrosos: hic svnt leones. Esos leones, dragones y monstruos de los pergaminos medievales también, que es precisamente lo que se encuentra en el Abismo. Tiene 1 kilómetro de diámetro, posee una profundidad desconocida y se han cartografiado solo las partes esenciales. Se subdivide en diferentes capas o estratos, cada una con sus propias particularidades.

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Y en torno al Abismo, se fundó y medró la ciudad de Orth, que convirtió la sima en su fuente principal de riqueza. Porque en el Abismo se encuentran los vestigios de una antigua y avanzada civilización, cuyos abundantes restos arqueológicos se venden a los países del exterior. Orth posee el monopolio de su explotación, aunque otras naciones intentan, por supuesto, acceder de manera ilegal. El comercio de estos restos vertebra completamente la economía y sociedad de la isla; y son los excavadores el personal cualificado e imprescindible para extraerlos. No se sabe nada de esa cultura extinta, nada sobre de dónde vinieron, por qué desaparecieron o si sus descendientes continúan allí, en lo más profundo.

El resto de naciones del planeta no es que sean amantes de la historia antigua, su tenaz interés por los hallazgos en el Abismo de Orth se debe a que los artefactos encontrados poseen una tecnología a años luz de la suya, con atributos físicos y espirituales casi mágicos. Evidentemente, no todas las reliquias tienen el mismo valor; conforme se profundiza, más complejos y poderosos son los artefactos encontrados. Y todos ellos son minuciosamente clasificados en diferentes grados según su capacidad de alterar el mundo de la superficie.

El Abismo tiene sus propias reglas, que afectan a todos los habitantes de Orth tanto en superficie como, evidentemente, cuando se viaja a su interior. La fauna y flora del Abismo es inmensa, y en casi 2000 años no se ha logrado catalogar del todo. Un escudo de fuerza de naturaleza desconocida impide la observación externa, solo el trabajo de campo permite su estudio. Este escudo filtra la luz solar y se adapta a la vida y consciencia de toda criatura que se encuentre dentro. Es el responsable también de la Maldición del Abismo, un mal equiparable al de la descompresión submarina. Cuanto más se profundiza, peores son los efectos en el ascenso; los síntomas van desde leves mareos, vómitos o alucinaciones en las tres primeras capas (-7000 m), hasta hemorragias masivas en la cuarta (-12000 m), o la pérdida de humanidad y muerte en las dos últimas (-20000 m aprox.). Existe un punto de no-retorno en el quinto estrato o Mar de los Cadáveres, del cual no es posible el regreso. A ese lugar se le denomina “la Última Inmersión”. La energía del escudo de fuerza es muy potente en su centro, volviéndose bastante más tenue conforme se aleja hacia la periferia. Esto procura cierto alivio en lo que a la Maldición se refiere. También las especies alejadas del centro son menos agresivas.

Por todo esto, se requiere un adiestramiento severo y existe una rígida jerarquía para acceder a los diferentes estratos del Abismo. El grado de especialización se refleja mediante la herramienta básica de cualquier excavador: el silbato, cuyo color especifica su categoría. El orfanato Belchero, en el distrito oeste de Orth, educa a los nuevos excavadores que proveerán de nuevos artefactos y reliquias a su ciudad. La élite son los excavadores más fuertes (blancos y negros) que han logrado llegar más abajo y regresar trayendo con ellos reliquias o artefactos valiosos. Son considerados auténticos héroes. En realidad toda la ciudad sufre como una especie de fiebre del oro, un vértigo casi religioso por el Abismo. Su misterio y esencia maravillosa, que trascienden las leyes naturales de la superficie, su grandeza y superioridad tecnológica representan esa eterna atracción hacia lo desconocido, generando leyendas que alimentan su enigma sin cesar. Como en todo culto mistérico (porque lo es), Akihito Tsukushi introduce sutilmente la noción de sacrificio. El Abismo reclama siempre, de una manera u otra, un holocausto. Los que no se adaptan del todo a este peculiar sistema capitalista-religioso, quedan relegados a sus márgenes en el distrito sur de Orth, llamado El Muelle. En ese barrio de cientos de chabolas amontonadas, casi hundidas en  el Abismo, residen excavadores piratas y sus familias.

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Y en esta ciudad de Orth y en el orfanato Belchero estudia Riko, la protagonista principal de Made in Abyss. Ella, junto a sus compañeros Natt y Shiggy son Silbatos Rojos con muy  distintas ambiciones. El chiquitín Kiyui (cascabel) y el profesor Jiruo (Silbato Luna) también conforman la pequeña familia de Riko, que sueña con convertirse en un Silbato Blanco como su madre, Lyza “la Aniquiladora”. No es una vida idílica y los castigos que recibe son más que rigurosos, pero se siente arropada en su entorno y en la ciudad. Allí están también el entrañable Silbato Negro Habolg o la protectora tía Lafy.

Riko, desde muy niña, ha sentido una fascinación irreprimible por el Abismo, y su carácter entusiasta (y algo inconsciente) la han conducido siempre a tomar decisiones bastante arriesgadas para su edad y condición. Se ha quedado incluso con reliquias de cierto valor, lo que equivale a robar, en su delirio infantil de llegar hasta las capas más hondas. Pero la aparición del silbato de su madre y una misteriosa carta suya, donde dice estar en el fondo del Abismo esperando a Riko, la espolean definitivamente para adentrarse en sus profundidades. Y no lo hará sola, sino acompañada de Reg, un extraño muchacho con características de robot con el que Riko se topa en el primer estrato de manera extraordinaria.

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Reg, indignado, parafraseando a Lyza. Uno de los castigos más recurrentes es colgar desnudos durante horas a los niños. Todos sabemos que los japoneses tienen una faceta lolicon un poquitín… alarmante.

El elenco de personajes con el que se van encontrando Riko y Reg en sus andanzas es variado y abundante. Todos están bosquejados con cuidado y, aunque algunos son muy reconocibles, (Shiggy el empollón, Habolg el gigante bonachón, etc) son piezas que encajan bien y dan forma a la historia. Para mí los más interesantes son la Silbato Blanco Ozen y la Narehate Nanachi, con unas psicologías muy poco obvias. Tienen bastante potencial. Leer más “Manga vs. Anime: Made in Abyss”

Gen, el de los pies descalzos

Si existe un evento que haya marcado de manera indeleble la historia de Japón, ese ha sido los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Y no solo de Japón, del planeta entero. Pero los japoneses fueron los protagonistas de esta barbarie sin precedentes, así que no fue de extrañar que plasmaran estos sucesos en el mundo del manganime. Una de las obras más importantes relacionadas con lo ocurrido es, sin duda, el manga Hadashi no Gen de Keiji Nakazawa (1939-2012). Diez tankôbon y 54 episodios en los que Nakazawa, mediante su alter ego Gen Nakaoka, estampó sus experiencias como víctima. Porque Nakazawa, con seis años, fue testigo y superviviente de la monstruosa Little Boy. Su padre y sus cuatro hermanos no tuvieron tanta suerte. El tebeo es un clásico que todo el mundo conoce en Japón. Es un testimonio atroz y verídico de lo que supusieron esos terribles acontecimientos. La verdad es que no hay palabras para expresar un horror semejante, sin embargo Nakazawa decidió dibujarlo.

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Cartel del estreno de “Hadashi no Gen” en Estados Unidos (1985, Los Angeles)

Hadashi no Gen fue publicado en Shônen Jump entre 1973 y 1974. El éxito fue, y sigue siendo, enorme. Ha tenido numerosas encarnaciones, pero la que hemos seleccionado hoy es su película animada, del mismo nombre, realizada por Madhouse en 1983. Tuvo segunda parte, por cierto. La he incluido dentro de 2017: un siglo de anime por dos motivos: porque está basada en un manga icónico, y porque plasma de manera diáfana y sin paños calientes un acontecimiento trascendental en la historia de Japón. Podría haber elegido también La tumba de las luciérnagas (1988), que además es el anime más conocido fuera de Japón que trabaja el mismo tema; pero los estudios Ghibli tendrán una entrada propia en la sección más adelante. Las comparaciones son odiosas, y si habéis visto la obra de Takahata, Hadashi no Gen es bastante más sencilla. No obstante, debemos recordar que Gen, el de los pies descalzos es más antigua, y Madhouse por entonces no manejaba ni los presupuestos ni los recursos de los todopoderosos (y muy amados) Ghibli. Hadashi no Gen resulta más lineal, pero también es más explícita y cruda que Hotaru no Haka.

El manga de Hadashi no Gen, como imaginaréis, tiene un valor histórico incalculable. Y aunque se trate solo de la visión personal de un único individuo, su testimonio sigue siendo poderoso. Keiji Nakazawa comenzó a escribirlo tras el fallecimiento de su madre a causa del cáncer. Ambos fueron los únicos supervivientes de toda su familia. Es curioso, pero la esposa de Nakazawa, tras su muerte, insistió en que lo volcado en el tebeo era bastante comedido; que lo vivido por su marido fue infinitamente más espantoso, pero que decidió escribirlo de una manera más suave sin que perdiera su impacto. Porque el objetivo de Nakazawa siempre fue difundir lo ahí acaecido, que no cayera en el olvido y que sirviera para impedir la proliferación y uso de armas nucleares. Concienciar al mundo de su brutalidad. Quizá iría muy bien que lo leyeran Donald Trump y Kim Jong-un; pero me da que lo de estos dos señores no es la lectura… por lo que la película sería una excelente alternativa en su lugar.

Señor Yo La Tengo Larga y señor Yo La Tengo Más Oh Yeah:

¿Qué tal si se dejan de peligrosas bravuconadas durante una hora y media, y recuperan lo mejor de la infancia (que no es precisamente lo que están haciendo PUTOSCRÍOSQUESOISUNOSPUTOSCRÍOS) viendo una bonita historia sobre masacres colosales, dolor sin fin y enfermedades espeluznantes?

Atentamente,

Humana anónima con blog ridículo sobre dibujitos chinos.

 Hadashi no Gen podría ayudarles a mejorar su comprensión sobre lo que implican las armas nucleares, que a lo mejor no lo tienen muy claro. A no ser que fuesen unos psicópatas de mierda, por supuesto, que entra dentro de lo posible.

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Nakazawa escribió un par de obras más dedicadas al bombardeo de Hiroshima pero, sin duda, su trabajo más emblemático es este Hadashi no Gen, que tampoco ha estado exento de polémica. Ha sido utilizado como material docente en las escuelas japonesas, y entregado como presente oficial del Estado a figuras importantes de la política mundial; sin embargo, por su contenido antibelicista y crítico con el gobierno y ejército nipones de la época, no está bien considerado por los sectores sociales más conservadores. Además de que lo valoran poco adecuado para los críos. En esto último no puedo estar más en desacuerdo, pues Nakazawa precisamente creó este tebeo para chicos, y eso se nota.

La siguiente pregunta que surge es, ¿cuál es mejor? ¿el manga o el anime? El manga es más extenso, profundiza más y los detalles son más ricos. Nada nuevo bajo el sol. Es uno de los mejores tebeos históricos japoneses, competir contra eso es difícil. Sin embargo, la película animada no le va a la zaga, y es un hito del cine bélico japonés. Por su crudeza, por su ingenuidad, por su honestidad. Una producción dirigida al público infantil y juvenil, pero al que trata con respeto, no considerándolo idiota. Un feo vicio cada vez más extendido, la verdad.

Gen Nakaoka vive con su familia en Hiroshima. Son tiempos difíciles, la guerra no marcha nada bien y el racionamiento de los alimentos lleva al hambre y desnutrición de la mayoría de los japoneses. La madre de Gen, Kimie, tiene el embarazo muy avanzado y casi carece de fuerzas por la falta de alimento. A pesar de estas penalidades, son más afortunados que en otras ciudades del país, pues no han sufrido bombardeos tan intensos y destructivos. Es como si los aviones norteamericanos solo se acercasen a Hiroshima a espiar. Y eso también hace que broten algunas sospechas, pues posee una importancia estratégica relevante. Gen y su hermano pequeño Shinji procuran conseguir comida robando, y su natural alegría infantil les hace sobrellevar la situación con más inconsciencia. Son como animalillos que, sencillamente, se adaptan a un entorno hostil lo mejor que pueden.

El pueblo lo está pasando muy mal, sin embargo gran parte de él intenta huir de su miseria dejándose llevar por el fervor patriótico. Muchos continúan pensando que la guerra se ganará, y la fiebre nacionalista ofusca de tal forma que son incapaces de reconocer lo que en realidad está ocurriendo. Daikichi, el padre de Gen, es uno de los pocos que está en desacuerdo con la política belicista y fanática del gobierno, y no se preocupa en ocultarlo (el padre de Nakazawa fue encarcelado por sus ideas pacifistas). Piensa que la guerra acabará en derrota muy pronto, y espera que, a partir de entonces, las cosas mejoren para su familia. Peor que lo que hay no va a ser. Pero Daikichi en eso se equivoca.

El 6 de agosto de 1945 a las 8:16 de la mañana, con la ciudad ya despierta y sumida en sus actividades diarias, sucede lo impensable. El bombardero norteamericano B-29 Enola Gay suelta su carga sobre un hospital en el centro de Hiroshima.

La temperatura se elevó a más de 1.000.000°C, el aire se incendió y una luz intensa iluminó el cielo, todo el sitio quedó en blanco por la explosión nuclear. 90.000 personas murieron inmediatamente. Al menos 60.000 más morirían después a lo largo del año a causa de la radiación. 35.000 heridos y solo 20 médicos supervivientes en toda la zona para tratarlos. La lluvia radiactiva, la tormenta ígnea que arrasó lo poco que quedaba en pie, el agua potable vaporizada o envenenada. Las consecuencias inmediatas y retardadas fueron inenarrables. Y Hadashi no Gen lo cristaliza con impoluta nitidez. Sin rodeos, sin eufemismos o ambigüedades. Más del 80% de la población de Hiroshima eran civiles, y eso se sabía. Con Little Boy solo se buscaba hacer el máximo daño posible, y de paso realizar experimentos de campo. Pero ese ya es otro tema.

La bomba atómica parte por la mitad la película, creando dos arcos argumentales radicalmente distintos. Su desarrollo es directo y sin recovecos, lo que otorga inmediatez a la historia. Gen y su madre consiguen sobrevivir, pero a cambio, aparte de presenciar la muerte de toda su familia bajo los escombros incendiados de su hogar, deben sufrir situaciones terribles, verdaderamente terribles. Todo queda reflejado en este anime: la muerte, los moribundos, la enfermedad, la discriminación hacia los hibakusha, las hambrunas, etc. ¿Cómo seguir viviendo en una ciudad totalmente destruida? Gen y su madre lo logran, pero pagando un alto precio.

gen1El tono de Hadashi no Gen puede parecer, sobre todo para el espectador moderno, incoherente. Pues los personajes infantiles no pierden en ningún instante su dimensión cómica; y el contraste que genera con la tragedia de las circunstancias es algo WTF. Debemos recordar, no obstante, que Gen es un niño de 6 años, por lo que no se deberían esperar tampoco reacciones maduras; no puede comprender del todo lo que ocurre a su alrededor. Por no decir que resultan muy difícil de predecir las reacciones de una persona en situaciones tan extremas. Lo que sí es cierto es que el talante de Gen apenas sufre una evolución perceptible, y mantiene un insensato entusiasmo incluso en momentos sin esperanza. Quizá esto haga más digerible la película en general, a pesar de que contiene escenas atroces. Aunque también el chicuelo llora, llora mucho y por muy buenos motivos. En el apartado técnico, nos encontramos frente a una de las producciones tempranas de Madhouse, por lo que se puede esperar mucho ochenteo y diseños todavía algo acartonados. Pero, en conjunto, bastante aceptables. Yo es que soy fan a muerte de todo lo analógico, así que he disfrutado mucho con su arte y animación tradicionales. En ese aspecto es competente, aunque no deslumbra.

Hadashi no Gen es una película indispensable, igual que su manga. Ya son parte de la historia de Japón, y aunque en el caso del film no se puede decir que sea perfecto, tampoco le hace falta serlo. La trascendencia de esta obra va más allá, desgraciadamente. Es un documento histórico y como tal también hay que considerarlo. Eso sí, resulta feroz y descarnado. Mucho. Con una fuerza expresiva que intimida. Así que ojito los estómagos sensibles. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.