Feliz Navidad, señor Lawrence

Parece que ya casi nadie se acuerda. Pero yo sí. Y eso que no me consideraba una fan a ultranza, ni siquiera me planteé que estuviera entre mis diez artistas favoritos. O entre los veinte. No pensaba en ello porque siempre había estado ahí y, a pesar de que su carrera me pareció bastante irregular, con momentos históricos y otros no tanto; a pesar de que lo vi en concierto, triturando sus clásicos bajo las cuchillas de una horrible batidora electrónica; a pesar de que me resultaba un guay insolente, una verdadera sanguijuela musical; a pesar de todo eso y más, lo admiraba y respetaba. Estoy sorprendida de lo mucho que me ha afectado su desaparición, no me esperaba este boquete en el pecho. Y que pasados unos meses continúe ahí. Que no era mi padre, leches. Ni siquiera lo conocí. Pero estas cosas suceden aunque resulten incomprensibles e inesperadas. Así que voy a rendirle un homenaje como merece, por aliviar un poco el asunto también. No sé si sabéis de quién estoy escribiendo, pero me refiero a David Bowie.

¿Y qué hace Bowie en un blog de japonesadas? Pues protagonizar la reseña de una película: Merry Christmas, Mr. Lawrence (1983) Gracias a este film descubrí a uno de mis compositores favoritos, Ryûichi Sakamoto, que realizó su espléndida banda sonora además de interpretar a ese Mishima de afeites magnéticos que es el capitán Yonoi. La primera vez que la vi era muy niña, pues mis padres adoraban las películas bélicas de la Segunda Guerra Mundial. En casa eran sagradas. La cuestión es que este film me impactó bastante. Recuerdo que Sakamoto me produjo auténtico pavor, me entristeció mucho que el rubio valiente (Bowie) acabara de esas trazas y todos en general me parecieron unos cabronazos. Incluido el rubio. Esa habría sido mi crítica si la hubiera escrito entonces, no sé cuántos años podía tener, ¿seis?, ¿siete?, calculo que por ahí iría la cosa.

Ahora estoy algo más crecidita, y encontrándose ya lejos ese halo de la infancia que todo lo idealiza, Merry Christmas, Mr. Lawrence la percibo de otra manera. No puedo evitar sentir cariño por ella, pero el tiempo no pasa en balde. Este film fue una coproducción japonesa y británica, que se basó en las experiencias personales del afrikáner Laurens van der Post como prisionero de guerra en la isla Java. Experiencias que recogió en su libro The seed and the sower (1963). No he tenido el gusto de leerlo todavía, pero imagino que tarde o temprano tendrá que caer. El director y guionista fue Nagisa Ôshima, todo un personaje con el que merece la pena detenerse un poco, así que me permitiréis la licencia.

MerryChristmasMrLawrence_1983

Nagisa Ôshima (1943-2013) fue un director que libremente escogió alejarse del academicismo cinematográfico de su país. No quería tratar grandes temas clásicos como hacía Kurosawa, Ôshima sentía una atracción por lo marginal que lo llevó a crear obras que convulsionaron profundamente. Fue un rebelde y admirador del cine occidental, armado de una causticidad que no cesó de dirigir su ojo crítico hacia todo aquello en lo que la sociedad japonesa evitaba posar su mirada. Muchos lo consideraron un provocador, y lo era, aunque no sin motivo. Ôshima fue un hombre con mucha ira dentro a causa de cómo su patria había gestionado todo lo concerniente a la Segunda Guerra Mundial. Los mismos líderes que metieron al pueblo japonés en la guerra y le hicieron creer que su emperador era un dios omnipotente destinado a la victoria, tras la derrota cambiaron de chaqueta sin hacer un mínimo ejercicio de autocrítica.

Podríamos tomar como ejemplo para ilustrar esa hipocresía y mirar a otro lado que Ôshima criticaba de su país, el horror de las comfort women: aproximadamente unas 300.000 niñas y adolescentes de los territorios ocupados fueron secuestradas, torturadas y usadas como esclavas sexuales por el ejército nipón. Una gran parte murieron y las supervivientes sufrieron secuelas físicas y psíquicas durante toda la vida. No ha sido hasta hace poco tiempo que Japón ha reconocido la existencia de estas ianfu; y fue en diciembre del 2015 que pidió oficialmente disculpas a Corea del Sur por ello. Aunque los países con víctimas de estos abusos y asesinatos fueron más, entre ellos China, Filipinas, Indonesia o Tailandia.

News1 PR Shoot 30/07/2013 - Glendale Central Library, 22. E. Harvard St. Glendale, CA 91205 - 30/7/13 Bok-dong Kim, a Korean sex slave survivor, sits on a chair, which is a part of a statue remembering Korean sex slave survivors, commonly known as comfort women, is unveiled in honour of the victims of Military Sexual Slavery by Japan during World War II, in Central Park outside the Glendale Central Library in Glendale, California Mandatory Credit: Action Images / Danny Moloshok Livepic
Bok-dong Kim, coreana de 87 años, fue secuestrada a la edad de 14 y forzada a servir como “ianfu” durante 8 años. Aquí posa junto a la estatua que recuerda a todas las víctimas que sufrieron esclavitud sexual bajo el poder japonés, sita en Central Park junto a la Biblioteca Central de Glendale, California.
Mandatory Credit: Action Images / Danny Moloshok

Ôshima se puede decir que fue un activista, aunque a él realmente lo que le interesaba era la dimensión humana y personal, tanto japonesa como extranjera. Su enfoque se centraba en todo aquello que su país no quería ver pero a través del individuo. Fue un revulsivo que aun todavía agita conciencias. Y sin duda sus películas más conocidas en Occidente fueron esa bofetada sexual de In the realm of the senses (1976) y la que hoy nos atañe. En esta última considera precisamente el tema de la Guerra del Pacífico (1937-1945), en sus últimos coletazos ya.

Java, 1942. Japón acaba de invadir las Indias Orientales Neerlandesas. Los indonesios, pensando que así se librarían de los holandeses, los recibieron con los brazos abiertos, pero pronto descubrirían que simplemente fue cambiar un colonizador europeo por otro asiático. Y con la brutalidad añadida de la guerra. Tanto es así que en Indonesia actualmente es recordada mucho más la crueldad japonesa que los siglos de explotación neerlandeses. Japón en pocos años consiguió borrar de un plumazo la poco amable presencia de otras potencias en el Sudeste Asiático mediante una política de atrocidades que tardó en llegar a la opinión pública mundial, eclipsada por la alemana. Pero los nipones no les fueron a la zaga en bestialidades. A uno de esos numerosos campos de concentración y de prisioneros, auténticas fábricas de muerte, nos traslada Ôshima en su Merry Christmas, Mr. Lawrence.

Sakamoto, Ôshima y Takeshi durante una rueda de prensa del film.
Sakamoto, Ôshima y Takeshi durante una rueda de prensa del film.

El capitán Yonoi, fervoroso seguidor del estricto código de honor japonés, dirige el campo de prisioneros al que acudirá, gracias a su intervención, el mayor Jack “Strafer” Celliers. En sus instalaciones también viven el coronel John Lawrence y el sargento Gengo Hara. Dos parejas muy distintas, con una evolución divergente entre sí y que llevarán por completo el peso de la película. Yonoi y Celliers son antitéticos, uno amante del orden y la justicia, otro indómito y audaz; pero ambos poseen algo de lo que avergonzarse en su pasado. Yonoi siente una atracción y curiosidad irresistibles hacia Celliers, que este aprovechará para convertirse en agente del caos. La relación entre Lawrence y Hara es, sin embargo, de otro tipo. Hara es el rostro feroz de la invasión japonesa, un personaje fascinante que representa la dualidad humana por su grosería y, a la vez, profunda ternura. Lawrence, sin embargo, es un hombre tranquilo y cultivado que vivió en Japón, comprende bien el país y lo respeta. Es el puente entre esos dos mundos enfrentados que cohabitan en dominación/sumisión y se mezclan indefectiblemente.

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Lawrence y Hara

El argumento arranca con un suceso de índole delicada: el supuesto ataque sexual de un guarda coreano a un prisionero herido holandés. Los dos hombres son descubiertos en circunstancias sospechosas y Hara hace llevar a Lawrence a su presencia para que le asista como intérprete. En verdad no requiere de su ayuda, porque Hara solo desea humillar y castigar lo más cruelmente posible a los hombres. Este evento que puede parecer una manera casual de presentar la historia, en realidad marca una pulsación soterrada a lo largo de toda la película. Un compás de naturaleza homoerótica que será todavía más evidente entre Yonoi y Celliers. Pero Ôshima tampoco se centra en el amor homosexual, eso lo haría más adelante en Gohatto (1999). Solo es uno más de los temas que tocó en el film.

El capitán Hicksley y el Coronel Lawrence
El capitán Hicksley y el coronel Lawrence

La llegada al campo de prisioneros del mayor Jack “Strafer” Celliers es el detonante que desafiará el orden establecido. Contemplaremos, casi como si fuera un documental, las salvajes rutinas y actividades del lugar; las preocupaciones militares de Yonoi, que no cejará en su empeño de recobrar una honra perdida saltándose incluso las Convenciones de Ginebra; la precaria situación de Lawrence, que se encuentra en una Tierra de nadie a pesar de su lealtad a los Aliados; y la amistad que va creciendo entre él y Hara.

-What’s wrong with them, Lawrence?

-I don’t know. They were a nation of anxious people and they could do nothing individually… So they went mad, en masse.

Este fenomenal y simple diálogo que mantienen Celliers y Lawrence a través de la pared de sus celdas, es muy esclarecedor. Ôshima hace una crítica mordiente a la sociedad japonesa mediante la reflexión de una mente objetiva: la de un gaijin que conoce y admira la cultura nipona. Y a la vez es ejemplo de lo que se ve en el film, esa incomprensión mutua Japón-Occidente a pesar de los esfuerzos por superarla. ¿Se logra finalmente hacerlo? Merry Christmas, Mr. Lawrence se ha molestado bastante a lo largo de su metraje en plasmar que estamos hablando solo de seres humanos. Quieran o no, están condenados a entenderse. Las barreras no dejan de ser una construcción, una convención que se puede superar si hay voluntad.

Celliers humilla a Yonoi

Hay algo muy curioso en esta película, y es que aunque esté situada en la década de los 40 del s. XX, podría perfectamente trasladarse a cualquier otra época moderna porque el fondo de la narración es atemporal. De hecho es un vistazo desde el presente hacia el pasado, una reinterpretación a través de su cristal y que muestra que los problemas de Japón siguen siendo los mismos aunque su encarnación sea distinta. Y Ôshima lo hizo de una manera aséptica, desapasionada; procurando intervenir lo menos posible y que fuesen los actores los que sacaran a la luz su espíritu.

Pero Merry Christmas, Mr. Lawrence no es una película perfecta. Aunque dentro del género bélico es una rareza a la que se debería prestar más atención, tiene sus defectos. Uno muy gordo, al menos para mí, es cómo Ôshima desarrolla la acción: a ratos es tediosa. Y ese flashback en medio rompe por completo la estructura narrativa, no está bien incrustado aunque se comprenda su presencia. También existe una diferencia muy marcada entre la interpretación de los actores japoneses y los británicos. No sé si es que sus métodos son distintos o qué demonios ocurre, se me escapa, pero es muy patente y produce una sensación extraña de que las piezas no logran encajar. Sin embargo también pienso que es algo bueno, pues ayuda a subrayar la oposición Japón-Occidente y la falta de entendimiento mutuo.

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Yonoi y Hara

Sin lugar a dudas, los dos personajes que más brillan son el de Celliers y Hara. David Bowie está asombrosamente brillante, desde mi punto de vista este fue el mejor papel que realizó, por mucho que The Hunger (1983) me guste o sea recordado más en general por la mítica Labyrinth (1986). Bowie creó un Celliers soberbio. Por otro lado, Takeshi Kitano dio vida al sujeto más complejo y humano del film: Hara. Es casi lo mejor de la película y su progreso resulta emocionante. Ese final con su primerísimo primer plano… buf, genial. Con esto no quiero decir que Tom Conti lo hiciera mal como Lawrence, pero queda totalmente eclipsado por la fuerza de Hara y Celliers. También Ryûichi Sakamoto sorprende con un atormentado y circunspecto Yonoi, cuya fragilidad es notoria a través de las grietas de su coraza.

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El apartado musical es uno de los que más me gustan. Sakamoto compuso para este film uno de los temas más famosos y emotivos de su repertorio (lo podéis escuchar en el vídeo). Y aunque es muy evidente la influencia de la legendaria Yellow Magic Orchestra, banda de la que formaba (y forma) parte, sobre todo por la instrumentación casi exclusivamente electrónica de las piezas, en conjunto es una buena banda sonora. La inclusión de motivos procedentes de la música tradicional indonesia, como el gamelán, enriquecen sus matices, a pesar de que la electrónica suele aplanar ese tipo de detalles.

Resumiendo un poco, Merry Christmas, Mr. Lawrence es una película chocante, incluso con un punto estrafalario que puede desconcertar al espectador, sobre todo al actual. De manera personal tampoco la consideraría una obra estrictamente bélica, a pesar de que la guerra sea el telón de fondo. Es un film en realidad sobre las relaciones humanas, mediante las cuales Ôshima aprovecha para hincar los colmillos a Japón. ¿La recomiendo? Sí, por supuesto.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Autor: Sho-Shikibu

Me gusta el chocolate y matar moscas con un periódico viejo. Resido en los komorebi y practico tsundoku, lo que me entristece a veces.

6 comentarios en “Feliz Navidad, señor Lawrence”

  1. Wow! Most excellent!
    O sea que no nomas yo me deleitaba viendo las películas de guerra en mi niñez? Me quedaba pegado al tv fueran mexicanas ( el cementerio de las aguilas, sobre la invasion gringa de 1847 y hay otra sobre la batalla de Puebla que me escapa el nombre, entre otras ), o americanas, estas sobre todo de la WWII ( un puente demasiado lejos y el dia mas largo son joyas estrategicas, mezcladas con drama comercial, pero aun asi muy buenas ).
    Y si, a Bowie se le recuerda mas por Laberinto, pero es bueno conocer sus otras actuaciones…
    ( como a Sting se le reconoce mas por salir en Dune, que por estar en The Police… shoot me now! :D… en Dune tambien salió Patrick Stewart o ya perdi piso? ).
    Ya basta de divagar, muy buena entrada, como menciona Ferr arriba, es como de 25 kilates por lo bajito…
    Saludos!

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    1. NO HE LEÍDO LO DE STING xDDDDDDDD
      En Dune sí, salió Patrick Stewart, pero no me preguntes cuál era su papel, hace siglos que no veo ese film… ¡y eso que soy fan a muerte de Lynch y de la saga Dune de Herbert! Tampoco es que esa peli me guste mucho, pero no creo que sea una mierda como la mayoría piensa que es. Creo que se les fue de las manos bastante, pero hay excelentes ideas ahí pululando. Ostras, ¡me has antojado el volver a ponérmela, maldito! xDDD Este fin de semana caerá, a ver cómo la percibo ahora 😛
      ¡Saludos de vueltaaaa!!!! 😀

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      1. No es mala, su principal problema es que le falta tiempo para contar bien la historia, condensaron mucho. Patrick Stewart era Gurney Halleck, si la memoria no me falla, y tiene una de las mejores muertes que me ha tocado ver en pantalla ( efectos 80’eros y todo pero bastante desesperante ). Igual necesito re-verla porque a veces mi ram se confunde… Sting es el ultimo Harkonnen que se echa Paul Mu’addib ( el carita, porque todos taban medio federales )…
        Hay una adaptacion mas moderna en formato miniserie, que tiene mas tiempo y libertad de adaptar la historia, por ende se siente menos correteada y mas solida o por lo menos mejor explicada…
        saludos!

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        1. Mmm… la serie no la ví, pero si es un mínimo fiel a los libros, me conformo 🙂 ¿Merece la pena Children of Dune? Creo que me voy a poner con las dos, a ver qué tal 😛 Pero después de la peli, un poco de orden xDDDD

          Le gusta a 1 persona

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