Tránsito VII: La Casa

Y tras un fin de semana en el que he masacrado mi salud en pro de la música y el periodismo, creo que me veré capaz, tras haber dormido 19 horas seguidas, de finalizar por fin los Tránsitos con un broche de oro. Un colofón que, como todos los anteriores, importará un carajote al espectador de anime medio. Pero, por supuesto, no es óbice para que tengáis ante vuestros ojos esta estupenda reseña dedicada a una de las deformidades y bizarradas máximas que ha parido el mundo del cine: Hausu (1977). Podéis huir, no os guardaré rencor. Esa X de la esquina derecha os reclama, lo sé. Los imprudentes que decidan ignorar esa llamada, por favor, que me sigan bien agarraditos de la mano sin separarse. Esta película es de miedo. En todos los aspectos.

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Tenía pensado escribir sobre Hideshi Hino y su Panorama Infernal (1982), Death Sweepers de Shô Kitagawa y alguna cosilla más, pero al final el tiempo se me ha echado encima. Los dejaré para más adelante. Imagino. Porque tampoco quiero saturar demasiado el blog con terror. Al menos de forma tan continua.

Y como ya hemos dejado atrás estos días tan macabros, nada mejor que tocar las narices un poco con este remate final. Conforme vayáis leyendo, lo comprenderéis. Hausu no tengo, después de haberla visto tropecientas veces, ni puta idea de cómo clasificarla. Ni siquiera de cómo realizar una reseña en condiciones, os aseguro que es un reto de verdad. Así que comenzaré por lo fácil, que es hablar un poquito de su director, Nobuhiko Ôbayashi, para intentar comprender las razones de la existencia de algo como Hausu.

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Nobuhiko Ôbayashi (1938) no había realizado todavía ningún largometraje hasta Hausu. Pero no era un novato, provenía de la escena de cine experimental de Tokio. Este hombre no fue, ni es, un don nadie, alternaba con gentuza como Takahiko Iimura, Yôko Ono o Genpei Akasegawa. Un artista pionero, también pianista, que trabajó más adelante en comerciales televisivos, donde introdujo innovaciones importantes. De hecho se hizo bastante célebre en el campo de la publicidad, dirigiendo más de 2000 anuncios con estrellas como Catherine Deneuve, Sophia Loren o Charles Bronson. A Ôbayashi le gustaba crear nuevos conceptos y sorprender, y es lo que hizo durante ese tiempo… hasta que Tôhô llamó a su puerta para que trabajara en un producto que respondiera al gigantesco impacto que había supuesto Jaws (1975) de Steven Spielberg. Pero Ôbayashi no era el estadounidense, y tenía otra manera de concebir el terror palomitero. El guion de nuestro amigo no encontró un director dispuesto a llevarlo a cabo así que, a pesar de que Ôbayashi sí quería dirigirlo, tuvo que esperar dos años hasta que Tôhô claudicó. La conclusión del estudio fue que estaban hartos de tirar dinero con películas comprensibles, por lo que ya estaban preparados para el guion completamente incomprensible de Ôbayashi. Todo muy razonable.

(Es Charles Bronson, TENGO que ponerlo)

El argumento de Hausu es de las cosas más trilladas que existen dentro del cine de terror. Cuadrilla de adolescentes incautas que deciden pasar un fin de semana en una casita en el campo. Y esa casa, por supuesto, se halla encantada. Pero claro, topamos con la no poco significativa variable de que es un producto nipón. Y detrás no hay un japonés cualquiera, además. Y que parte del guion lo escribió la hija de 7 años de ese japonés. Un cúmulo de circunstancias que hacen de Hausu, a pesar de su historia más sobada que una barra del metro, un producto extraño y alucinante. No sabes si reír, llorar, cagarte en los muertos de Ôbayashi o indignarte. Es desconcertante a la par que absorbente. Eso sí, obligatorio no tener prejuicios.

El padre de Gorgeous (toma nombre, Oshare en el japonés original) es un famoso compositor de cine que se codea con el mismísimo Ennio Morricone. Tras ocho años viudo, decide volver a casarse con una bella diseñadora de joyas, lo que para Gorgeous resulta una traición a su madre. Enfadada y triste, escribe a su tía para pasar unos días de las vacaciones de verano, junto a su grupo de amigas, en la antigua casa de su mamá en el pequeño pueblo de Satoyama. Mientras redacta la carta, una misteriosa gata blanca aparece en su habitación…

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Cuando están viajando en el tren, Gorgeous, mediante un flashback bastante original, cuenta la historia de su madre y su tía. El amor, la guerra, la bomba atómica… un relato indispensable que explica muchas, muchas cosas de las que suceden. Y que no dejan de tener una raíz muy tradicional; el folclore y budismo japoneses se huelen por todas partes.  Y así, en un entorno idílico que casi da un poco de vergüenza ajena por lo que recuerda a Heidi: Girl of the Alps, nuestras intrépidas y alegres protagonistas llegan al pueblecito. Todas ellas tienen motes, a cada cual más doloroso, que indican el arquetipo que representan: Melody (fanática de la música), Fantasy (miedosa e imaginativa), Kung Fu (valiente y amante de las artes marciales), Sweet (ama de casa perfecta), Mac (solo piensa en comer), Gorgeous (fashion victim vanidosa) y Prof (la inteligente gafotas). Muy pronto, y ya en la casa, el ambiente se percibe enrarecido y la tía de Gorgeous resulta algo extraña (una especie de Miss Havisham). Salvo Fantasy, las jovencitas ignoran todas las “señales” como auténticas zopencas. En realidad todos en el film se comportan como si tuvieran coágulos cerebrales, para qué engañarnos… todos menos la gata. Y Hausu va oscureciendo su registro paulatinamente, sin perder de vista para nada el halo candoroso. Evoluciona con fluidez hasta convertirse en un sindiós con un final muy a la japonesa.

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Existe un trasfondo sentimental bastante potente, lo que le otorga cierto aire de melodrama. En realidad Hausu es una historia de amor, de cómo la melancolía puede convertirte en un verdadero monstruo que devora la vida. Es un relato habitual en el folclore japonés sobre la falta de control en las emociones y deseos, anclando las almas sin permitirles avanzar. Nada nuevo bajo el sol, el corazón humano se pudre.

Tampoco hay que negar que la ingenuidad que destila a veces es insultante. Pero se debe tener en cuenta también que gran parte de los actores no eran profesionales, fueron en su mayoría modelos de publicidad con los que había trabajado Ôbayashi. Todo esto unido a su estrafalario modo de trabajo, transmite sensaciones bastante inesperadas y contradictorias. La mezcla de imagen real con animación es sorprendente y, junto a algunos recursos de tipo cómico, hacen que te plantees si esta película es una genialidad o un adefesio. Pero es la tremenda imaginación que colma la cinta de manera inteligente, la que capitanea y obliga al espectador a no despegar la mirada de la pantalla. Porque, ante todo, Hausu es horriblemente divertida. ¿Se trata de una parodia del género de terror? Sí, indudablemente. Se ríe, en primer lugar, de sí misma. Machaca clichés muy evidentes a los que ahora estamos acostumbrados pero que en los años 70 no lo eran tanto. Debió confundir bastante al personal en su momento, de hecho muchos de los tópicos que aparecen fueron una triunfada en el cine de terror norteamericano posterior de los 80.

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Hausu es enternecedora, por mucha sangre que haya (tampoco tanta), violencia o patadas voladoras. Mezcla todo tipo de efectos (cromas, slow motion, cortinillas…), planos inusuales (holandeses, cenitales, etc), una gama de colores básica muy viva (casi infantil), recursos del pop-art, la psicodelia… y todo sin complejos. Destaca muchísimo esa combinación de Occidente con Japón. El resultado, que ha sido emulado hasta la saciedad, es completamente alienígena. Y a ratos hortera, aunque siempre interesante. Todo este batiburrillo de apariencia incoherente en realidad sigue la lógica de un director que ha trabajado en el avant-garde y el mundo de la publicidad televisiva. Lo que hace Ôbayashi es aplicar su experiencia en esos campos en Hausu, no hay más misterio. Es el resultado lo que deja con el culo torcido. Por momentos se convierte en una orgía visual indescriptible y surrealista pero, ojo, no incomprensible. Hausu es asequible, no está enfocada a un espectador elitista. Su target eran adolescentes.

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Hausu es una película muy fácil de ridiculizar, incluso despreciar. Sobre todo si uno espera ver un producto normal. Y no lo es. De convencional no tiene nada. Lo fácil es criticarla por su candidez argumental, sus efectos especiales deliberadamente chocantes o que la función de provocar miedo no se cumple del todo. Eso sería lo más sencillo, valorarla de manera superficial y desde una óptica contemporánea. Yo tengo serias dudas sobre si considerar este film una mierda absoluta o una obra maestra. No soy una experta… aunque tampoco confío demasiado en la crítica especializada, la verdad. Para mí Hausu es algo sin definición todavía, inenarrable. ¿Me gusta? ¡Oh, sí! ¡Me encanta! Y lo paso muy bien cada vez que la veo, no me cansa ni aburre. Además sale Isis. ¿La recomiendo? Pues depende de la persona, y ya no solo por el género en el que está circunscrito. Hausu es mucho Hausu.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Autor: Sho-Shikibu

Me gusta el chocolate y matar moscas con un periódico viejo. Resido en los komorebi y practico tsundoku, lo que me entristece a veces.

4 comentarios en “Tránsito VII: La Casa”

  1. ¡Hola!
    Esa película es demasiado experimental. Tanto que te hace dudar de lo que viste. Yo la vi a través de un mini resumen en youtube y te puedo jurar que eso fue raro, el sentimiento es indescriptible. Después escuché que gano un premio y mi mandíbula se cayó. No hay problema, la volví a colocar donde estaba, pero siempre deja una impresión fuerte. Ahora entiendo mejor el origen de esa cinta. Jejeje
    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Buenas, Vannert! 😀

      Yo tengo a Hausu en ese limbo donde metes las obras que no acabas de tener claras. Me gusta, me gusta MUCHO pero, de manera racional, no soy capaz todavía de calibrarla adecuadamente. Quizás esa naturaleza inclasificable es lo que también me gusta de ella. Y es curioso porque no es una peli inconexa, todo tiene su sentido y razón, es la presentación de los contenidos la que es completamente acojonante. Es una obra singular, desde luego, muy especial. Requiere olvidarse de las convenciones del cine ordinario porque si no, es muy probable que se perciba como una maraña sin sentido, sobre todo a partir de la mitad. Y nada más lejos de la realidad, tiene un argumento muy claro y bastante simple 🙂

      ¡Abrazote, Vannert, nos leemos! 😀

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  2. Esta película me recuerda mucho a la serie de imagen real “Goosebumps” (que mala era, por cierto). Tiene situaciones hilarantes y unos efectos cutrísimos, pero ese el encanto que tiene.

    PD: Siempre quedará grabado en la retina de un servidor el coche lleno de plátanos, o el momento de la cabeza voladora mordiendo el trasero de una de las niñas.

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