Tránsito II: Kami no Kodomo

Este segundo Tránsito está dedicado a un Portador de Muerte, que también tienen su papel en esto del fenecer. Existen muchos tipo de dadores de muerte, por supuesto, desde bacterias, reptiles hasta meteoritos. El de hoy es humano, que son la peor ralea de todos. Y, de entre ellos, he escogido al más despiadado: el asesino en serie.

Kami no Kodomo es un manga bastante perturbador. Creado por los hermanos Nishioka en 2009, tiene de protagonista a un muchacho que, desde su niñez, ha poseído una personalidad de rasgos psicopáticos bastante acentuados. Pero no me voy a adelantar. Los Nishioka Kyôdai, que así suena más yakuza, son una encantadora parejita de ilustradores cuyas obras son de lo más singular. Llegaron a publicar en la mítica Garo, por lo que os podréis hacer una idea de que lo suyo no es el manga comercial. Y aunque solo he tenido acceso a cuatro o cinco de sus obras, los rastros con los que me he ido topando me han dejado salivando desaforadamente (repugnante, lo sé). Admito que es completamente insensato hacerme ilusiones con que publiquen en España algo de ellos (este Kami no Kodomo mismo), pero la esperanza es lo último que se pierde. No hay mucho que contar sobre ellos personalmente, se han guardado mucho de proteger su intimidad (hacen bien) y, salvo cuatro datos biográficos vagos y dos fotografías enanas nada agraciadas, poco más se sabe. Pero el mundo literario y artístico que han ido construyendo es fascinante, lleno de inocencia perversa y un marcado afán por transmitir la belleza de lo grotesco. Kami no Kodomo no es distinto.

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Así nos da la bienvenida este manga, mediante la bendición de un Prithvi Mudra en la mano derecha del protagonista. Todo un Satán, el auténtico Señor de la Tierra, nos mira desde sus ojos enrojecidos. El hijo de Dios encarnado para liberarnos a través de su venganza; pero no nacido como sol invictus, sino bajo el influjo de un sol negro. Sí, la simbología de este tebeo es densa; choca bastante con la apariencia general del arte limpio, estilizado y de influencias cubistas.

El argumento parte con la propia gestación de este zagal, del que no llegamos a saber el nombre en ningún momento. Lo suyo no es para nada normal desde el principio, aunque no se puede dilucidar si se trata de un delirio producto de su cabeza o algo real. Este hombre no se desarrolla en el útero sino en el estómago, y la primera emoción que siente es el miedo a morir digerido por su propia madre. Su alumbramiento, repleto de connotaciones místicas, tiene lugar a través del recto, por lo que nace rodeado de sangre y excrementos. Un nacimiento impío, impuro, que se cerrará con un desenlace de magnitud similar. Un círculo de inmundicia completo. Me recordó un poco al personaje principal de El Perfume (1985) de Patrick Süskind, aunque nuestro protagonista de hoy goza a lo largo de la obra de una vida ordinaria, en una ciudad pequeña, con unos padres corrientes.

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Él se sabe especial y distinto; no es como los demás. Desprecia a sus padres, a los niños de su edad con los que evita mantener contacto; y, a causa de su aislamiento voluntario (y otro tipo de actividades… digamos que poco higiénicas), sus progenitores lo llevan con otros niños problemáticos. Pero no sirve de nada, claro, y su soberbia y el asco que siente por la especie humana no decrecen en absoluto. Él mismo describe sus procesos mentales y sensaciones, sus experiencias y acciones. Todos sus síntomas apuntan, como bien deduciréis, a un grave trastorno mental y de personalidad, que pasa desapercibido al menos en su auténtica envergadura. Así que conforme va creciendo, aprende a mimetizarse con el resto de la gente que lo rodea, a mantener un perfil medio, a fingir ser como los demás. Pero su verdadero yo no tarda en aflorar y comienza a matar.

El desfile de barbaridades es tremenda: coprofilia, necrofilia, maltrato animal, suicidios, parricidio, acoso escolar de la peor especie, canibalismo, pederastia, tortura, asesinato. Y no falta tampoco la secta mesiánica. Una especie de espiritualidad depravada, demoníaca, lo rodea todo; no en vano a veces se representa al protagonista como un efebo Belcebú, Señor de las Moscas. Kami no Kodomo recoge el legado de lo mejor de cada serial killer histórico (y alguno cinematográfico como el señor Lecter) haciéndolo converger en la figura de este mozalbete. Mozalbete mediante el cual también se aprovecha para hacer una crítica implacable de la sociedad y naturaleza humanas. Con mucha lucidez, he de decir.

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El Hijo de Dios, a pesar de que es un manga, está concebido como un Ehon o libro ilustradoNo hay diálogos, la historia transcurre a través de una narración en primera persona, cruda y sencilla. Son once capítulos de gran impacto visual y no muy largos; la lectura se hace ágil y, a pesar de que los dibujos son de naturaleza estática, la energía que emana de las viñetas es sobrecogedora. Con un estilo pulcro, de aire infantil y casi esquemático, logra transmitir el horror de una manera eficaz. Y sin recrearse demasiado en detalles truculentos. No hace falta. Todo hay que decirlo, el arte es muy hermoso, lo mejor de Kami no Kodomo. Las influencias son variadas, van desde el gran maestro Seiichi Hayashi hasta el surrealismo pasando por Marc Chagall y la psicodelia. Llama mucho la atención cómo a través de un arte tan candoroso se trabaja una temática tan feroz y subversiva. Es hasta poético. El contraste resulta atroz, aunque es marca de la casa. Al menos en los tebeos que he catado de los Nishioka.

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Kami no Kodomo es un manga duro, muy duro, a pesar de su apariencia delicada. No da tregua y, con unos recursos concisos, bosqueja el retrato, muy sobrio, de un asesino nato. Una gran mayoría de los que hayáis leído esta mini-reseña no tocaréis ni con un palo esta obra (comprensible), pero el que no tema enfrentarse por un rato a los recovecos más oscuros de la mente humana (pero muy oscuros, colegas), lo disfrutará. Es una historia breve como una cuchillada, profundiza lo suficiente para no decepcionar. Porque hay que recordar que son solo una decena de episodios, nada más.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Autor: Sho-Shikibu

Me gusta el chocolate y matar moscas con un periódico viejo. Resido en los komorebi y practico tsundoku, lo que me entristece a veces.

4 comentarios en “Tránsito II: Kami no Kodomo”

  1. Buenos días!!!
    Parece interesante, creo que lo podré aguantar aunque el estilo es encantador. La forma cómo coloca el cuerpo en la última imagen es bastante artístico, se parece un poco a los asesinatos de Rikako Oryo de Psycho pass. Y también se me viene en mente el nombre de Gorey, quizás por el estilo tan delicado e infantil que parece.
    Abrazos!!!

    Le gusta a 1 persona

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