Subversión y la televisión líquida: Æon Flux

Afirma un antiquísimo mito que, hace millones de eones, la MTV retransmitía música. Y no solo eso, programas especializados en géneros determinados, conciertos completos, entrevistas con artistas y… lo más increíble de todo: dibujos animados. Pero no unos dibujos animados cualquiera, no, ¡dirigidos a adultos! Alucinante, ¿verdad?  Pues sí.

Uno de esos programas donde ponían garabatos en movimiento, se llamaba Liquid Television (1991-1995) y tenía la osadía de centrarse en obras de artistas independientes, informar sobre festivales de animación y televisar series como Beavies & Butt-Head o la que hoy nos compete: Æon Flux. Oh, wait. ¿Pero este blog no es sobre manga, anime y otros entes japoneses? Æon Flux es norteamericana y su creador, Peter Chung, coreano. Efectivamente, todo eso es cierto. Pero he considerado oportuno hacer una reseña sobre esta serie por los siguientes muy sensatos motivos:

  • La influencia de la animación japonesa en Æon Flux es brutal, de hecho está concebida casi como un seinen.
  • Es un pequeño hito en Occidente a tener en cuenta al tratarse de una serie dirigida al público adulto por completo. Algo bastante insólito en su época, ya que todavía se estaba batallando con el prejuicio de que la animación era solo para niños.
  • Es mi blog y escribo de lo que me da la gana.

Æon Flux no es, ni muchísimo menos, la primera animación occidental que se hizo para seres humanos ya plenamente desarrollados. No os llevéis esa impresión. Eso sería minusvalorar a mucha gente importante como Servais (¡¡lo amo!!), Topor o Bakshi entre otros. Pero siendo ese tipo de producto escaso en comparación por esta zona del planeta, sí supuso por parte de MTV una jugada audaz. Eran otros tiempos, desde luego, la Music Television actual produce arcadas.

Así que henos aquí, en 1989, cuando al británico Japhet Asher se le ocurrió que ya era hora de producir un espacio televisivo donde los animadores y demás creativos hicieran un poco lo que les saliera de los genitales. Y en el seno de la MTV brotó este cajón de sastre donde tuvieron cabida multitud de formatos y estilos, heterogéneo a tope. Liquid Television fue una anomalía maravillosa, que con solo media hora y a una velocidad incontenible, se atrevió a acercar al público general experimentos y demás bizarrías animadas.

Liquid Television tuvo una primera encarnación con tres temporadas y luego una segunda vía web el pasado año 2014, pero que solo duró 5 episodios. Aunque es en esta primera etapa de los 90’s donde encontramos una de sus series más emblemáticas: nuestra protagonista Æon Flux.

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Æon Flux no es para todos los públicos. Sé perfectamente que digo esto mucho en el blog, lo que me hace cavilar un poco sobre mi criterio a la hora de seleccionar contenidos. ¿Demasiadas marcianadas? ¿Debería moderarme? ¿A estas alturas de mi vida (dios míooooo) me he convertido en una hipster de mierda? Bueno, da igual, a lo que iba: esta serie tiene contenido explícito violento y sexual. EXPLÍCITO. MUY. Luego ya el arte y su dirección general continúan siendo, en el s. XXI, nada convencionales. También advierto que Æon Flux ha provocado reacciones viscerales en muchos de los que la han visto. Despierta amores y odios profundos; en mi caso no ha sido ni una cosa ni otra, pero comprendo perfectamente que para algunas personas sea así.

¿Y de qué va todo este embolao (porque lo es)? Por la misma naturaleza de la serie, resulta algo complicado hablar de un argumento consecutivo, pero sí se puede ofrecer una mínima guía. Æon Flux es ciencia-ficción distópica, y nos traslada a una realidad surrealista, altamente tecnológica, fluida como el mercurio y violenta. Brega y Monica, países con modelos de Estado opuestos, se encuentran sumidos en una agresiva guerra fría. Brega es una especie de dictadura capitalista con las deficiencias que eso conlleva y Monica una nación anarquista. Los personajes principales son el líder supremo de Brega, Trevor Goodchild, y una espía de Monica, Æon Flux. Ella no es una anti-heroína, es simplemente ella; carente de moral y disciplinada. Él es un controlador nato, perverso aunque de intenciones sorprendentemente puras. Ninguno de ellos es villano, tampoco bueno.

Aunque la serie se centra más en Æon, todo gira en torno a esta pareja. Su relación de amor/sexo/odio, en la que intentan someterse, matarse y seducirse implacablemente, es vital. Las distintas misiones en las que se ve involucrada son el arranque inicial de la obra, y a través de ellas van sucediéndose los acontecimientos. Hay humor raro, guarrerías varias y sadomasoquismo; mucha acción y conceptos que difícilmente se esperaría encontrar en un entorno sci-fi.

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Esta serie no fue planteada para que se prolongara en parrilla demasiado, de hecho los primeros seis capítulos, todos de 2 minutos, son totalmente inconexos. Aunque fueron luego agrupados y presentados como episodio piloto en las recopilaciones. La considerada segunda temporada, con una duración de 5 minutos por capítulo, sigue las mismas pautas y muestra a la protagonista principal muriendo en cada uno de ellos de forma bastante mongólica. Mongólica, pero si uno lo piensa bien, muy probable. Son casi todas muertes fortuitas y los accidentes en la vida suelen ser, en esencia, estúpidos. Esta primera fase de Æon Flux, que iría desde el episodio piloto emitido en 1991 y la segunda temporada de 1992, es quizá la más desconcertante. Y sin diálogos. No hay un hilo conductor, son pequeñas historias autoconclusivas orientadas formalmente a la acción. Pero no puede ser más engañoso.

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Si osáis shippear a la parejita protagonista, SUFRIRÉIS

Tras el fuerte impactó que produjo y ya Liquid Television fuera de emisión, Æon Flux continuó en solitario una tercera y última temporada de 10 capítulos en 1995. Esta vez con una duración de 20 minutos cada uno y… ¡la aparición de diálogos! Todo lo que había quedado esbozado en la primera y segunda, adquiere mayor hondura y complejidad en la tercera. Peter Chung pisó a fondo y nos mostró también las facetas más personales de los protagonistas, sorprendiendo con la intensidad de sus sentimientos y reacciones frente a ellos. Los enormes dilemas morales obligan al espectador a replantearse muchas cosas, las aristas son flagrantes; pero ya sabíamos desde el principio que no estábamos frente a una obra común. Los argumentos siguen siendo impredecibles tanto en desarrollo como desenlaces.

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Si no se presta atención, solo se percibe un continuum de ensaladas de hostias, tiros, acrobacias y centellas de sexualidad chocante. No hay nada peor que repantingarse para verÆon Flux, esperando encontrar un producto tradicional que lo dé todo mascado. Las claves están ahí, pero requieren un poco de esfuerzo.

Peter Chung, que ya tenía experiencia previa trabajando en Hanna-Barbera o Disney, con Æon Flux se nota que simplemente tenía ganas de experimentar, sin ceñirse a unas reglas o patrón comercial. Pero no solo a nivel argumental, sino estructural y artístico. Los planos que utiliza son en ocasiones sorprendentes, así como la dinámica general de la animación. El dibujo es único, una mezcla genial de anime japonés e influencia europea. Europea, sí. Lo primero que viene a la mente es el estilo de Egon Schiele (1890-1918), tanto en la obscenidad que a veces exhibe como en ese manierismo de los personajes que retuerce sus cuerpos y expresiones. Si Schiele os repele, ni os acerquéis a Æon Flux, porque os parecerá el horror.

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“Hombre desnudo con toalla roja” (1914) de Egon Schiele

Por supuesto, la huella del cómic europeo a través de Moebius, en concreto su trabajo en la mítica Métal Hurlant, es también muy evidente. O la de mi amada Elektra Asesina de Miller, pero acudiendo a América esta vez. Así que tenemos un engendrillo amoroso que no es ni del todo occidental ni del todo japonés, con múltiples influencias amasadas vigorosamente y todo ello presentado con el único objetivo de hacer explotar la cabeza. Para mí, perfecto.

El influjo de Æon Flux ha sido potente, se atisba en los lugares más insospechados porque fascinó a muchos creadores de anime y recogieron muchas de sus ideas para incorporarlas a sus propias obras. Desde algo aparentemente inofensivo como la saga de Slayers de Hajime Kanzaka hasta trabajos más serios y reflexivos como Ghost in the shell. Pero claro, esta serie es un millón de veces más extraña.

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No se le pueden pedir peras al olmo, como tampoco se le puede pedir a Æon Flux la configuración de una serie comercial. A pesar de su éxito y enorme proyección, todavía se encuentra a parsecs del presente. Se adelantó a su momento y continúa siendo una visionaria que no es del todo comprendida. Una prueba de ello es ese colosal excremento que fue (y es) la adaptación cinematográfica del 2005 con Charlize Theron a la cabeza. No entendieron NADA y la cagada, lógicamente, fue nivel manada de triceratops. Lo más higiénico sería reunir todas las copias de la película existentes en el planeta y enterrarlas muy profundo en un cementerio nuclear de Nuevo México. No os acerquéis a esa cosa porque de Æon Flux solo tiene el nombre.

¿La recomiendo? Sí y no. Depende de la tolerancia de cada uno hacia ciertas temáticas (porque se ve DE TODO) y, por supuesto, las ganas personales de contemplar algo raro de cojones. ¿Me gusta? Sí.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Autor: Sho-Shikibu

Me gusta el chocolate y matar moscas con un periódico viejo. Resido en los komorebi y practico tsundoku, lo que me entristece a veces.

12 comentarios en “Subversión y la televisión líquida: Æon Flux”

  1. Bueeenas!

    Te parecerá raro pero lo que más me ha llamado la atención es que en un anime se vea claramente que un personaje está… “haciendo popó”. Lo pongo en fisno porque soy una señorita, jajaja

    Además de ese pequeño apunte, el anime pinta genial, me gusta que se desmarque de lo de siempre, aunque sea en plan guarrete ^^)

    Una genial reseña, Sho! 😉

    Saludete

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    1. ¡Muy requetebuenas, Pau! 😀

      Hacer popó es muy importante, sin ello no se puede vivir!! reivindico una escatología más rotunda en las artes!! (mentira)

      La verdad es que esta serie es tela marinera en todos y cada uno de los aspectos, a mí me dejó flipando pero de bien. Aunque no sea para todos los estómagos, cuando la veas te darás cuenta…

      ¡Muchas gracias por pasarte por aquí, Pau! ¡Besazo enooooorme!!! ❤ ❤

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  2. Las imágenes de por sí ya me dan miedo, así que no me queda más remedio que pasar de esta recomendación 😄
    No sigo mucho la MTV actual pero es sorprendente que antes ofreciera algo más que los realities por lo que es conocida.
    Besos

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    1. En serio, eran 24 horas de videos, videos, videos… De mis tiempos, cuando tener un video era promover macizo a tu grupo, y estos se fueron haciendo cada vez mas complejos y con historias y efectos que llamaran la atencion o salieran de lo ordinario. Competencia pura entre todos. Hoy dia paso por el MTV, MAS RAPIDO que Flash haciendo zapping con el control remoto…

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    2. ¡Buenas, Jane! 😀

      No veo Aeon Flux mucho de tu estilo, eso es cierto, pero quién sabe, a lo mejor pasado un tiempo, si te sientes más “valiente”, puedas llegar a darle una oportunidad… o no. Desde luego no es para todo el mundo.

      Hace años que no tengo tele y solo la veo cuando voy a casa de amigos, hermano, mi madre, lo típico. Siempre me quedo como una lerda mirando los anuncios y cosas así (me parecen super idiotas y curiosos a la vez, alucino con eso) pero lo de la MTV es… no aguanto ni un minuto. ¡Se dedican a retransmitir la vida de auténticos subnormales! Imagino que toda esa telerrealidad de baja estofa les saldrá rentable, claro. Es una lástima que con lo que fue la MTV, pionera en muchos campos, se haya degradado hasta convertirse en algo VACÍO. Qué le vamos a hacer. A mí me quedan los VHS que grababa mi hermano por entonces, con un montón de vídeos y programas. El 120 minutes, por ejemplo, era genial.

      ¡Un besico muy fuerte, Jane! ❤ ❤

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  3. Aeon Flux… Recuerdo que el capitulo que mas me gusto, fue uno donde no sale Aeon, sino un tipo con una espada ( Si, con una espada vs metralletas ) y hace una carniceria, para que al final le den un tiro medio perdido y sin chiste… 😀 Fue genial, como toda la serie.
    Bastante fuera de la ortodoxia, pero si es muy recomendable, minimo como referencia de estilo ironico, post moderno…
    Saludos!

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    1. ¡Ah, ese capítulo es de la segunda temporada! 😀 El espadachín está defendiendo a una niña, que está oculta en una habitación. Es uno de tantos momentos bizarros que tiene la serie. A mí me gusta una de las muertes de Aeon, completamente absurda, en la que tropieza caminando hacia atrás, cae y se desnuca con una especie de banco. Así, sin más, toma castaña. Y sale un montón de sangre, por supuesto, parece un matadero xD

      ¡Gracias por comentar, Khalil! ¡Abrazooooo! ❤

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  4. ¡Æon Flux! No supe de su existencia hasta que salió aquella película, pero como me dejó ni fu ni fa imaginé que la serie estaba igual, aunque no se me olvida el pobre amigo con el que la vi, que no paraba de decir que la película fue un bodrio y que DEBIA conocer la serie original.
    La había olvidado hasta ahora xD y ahora me ha picado mucho más la curiosidad ❤
    ¡Un bezaso!

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    1. ¡Hola, Mishusina! 😀

      Tu amigo tenía TODA la razón, la película es un chiste MUY MALO comparado con la obra original. 😦 Si de verdad te interesa saber de Æon Flux, olvídate de esa bazofia. Se puede considerar un insulto, a mí me encabritó bastante.
      Espero que esta entrada te haya servido para conocer algo más de la serie, ya solo por sus innovaciones merece un vistacillo 🙂

      ¡Un beso, Mishusina! ❤ ❤ ❤

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  5. Creo que me jodí mi infancia.
    Recuerdo un canal que se llamaba Locomotion, que ponían cualquier clase de animacion, desde animes como Evangelion, Cowboy Bebop, hasta Beavis and Butthead y Ren and Stimpy. Creo que ese tiempo yo tenia menos de 10 años y en ese condenado canal había una franja para mayores de 18 (animacion del tipo Æon Flux y más) que podía ver gracias a la diferencia de huso horarios que había en aquel tiempo. Eran como las 9 y empezaba agent Aika.
    Volviendo al tema, no recuerdo mucho sobre Æon Flux, pero si tengo en mi cabeza algunas imágenes. Tocara volverlo a ver (algún día).
    ¡¡Abrazos!!

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